Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B
Publicado por Voces de paz en Para la reflexión el 18 enero 2012
Domingo tercero del tiempo ordinario ciclo B
La invitación que hace Jesús es a la “conversión”. No puede ser de otro modo, ante una realidad decisiva. “Convertirse significará aceptar, entrando totalmente en él, el mundo de los juicios y de los valores de Jesucristo, la concepción de la felicidad y de las exigencias de la vida según Jesucristo: acoger en el propio interior una mentalidad nueva que es la de Jesucristo… Una conversión que sólo afectara a las ideas, un cambio puramente intelectual, no sería de ningún modo la conversión evangélica, así como tampoco lo sería una conversión que no implicara más que las zonas de la sensibilidad y del sentimiento religioso; o una conversión que únicamente modificara la relación del hombre consigo mismo en el plano de la ética”.
“El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca… …Síganme”
- ORACIÓN INICIAL
Oremos… “Tú, el Cristo, ofreces un tesoro de Evangelio, depositas en nosotros un don único, el de ser portadores de tu vida. Pero, para que sea evidente que la irradiación viene de ti y no de nosotros, has depositado este don insustituible en vasos de arcilla, en corazones de pobres, tú vienes a tomar un lugar en la fragilidad de nuestros seres, allí y no en otra parte. Entonces, sin que sepamos cómo, haces de nosotros, tan insuficientes y vulnerables, la irradiación de tu presencia entre los hombres”.( Hermano Roger de Taizé (+2005))
- 2. LECTURAS Y REFLEXIÓN
2.1.Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10
En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: – «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: – «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.
El libro de Jonás es una pequeña joya que merece una lectura completa. Bajo la forma de un cuento, lleno de humor, aparece en escena un profeta recalcitrante que se resiste a anunciar un mensaje de conversión y de salvación a los habitantes de la ciudad de Nínive. Él los detesta porque son paganos sin fe ni ley. Después del primer llamado, Jonás huye en la dirección opuesta a la gran ciudad pagana. Una tempestad hunde el barco y un gran pez vomita en tierra al triste héroe de esta historia. Dios se dirige por segunda vez a Jonás, quien acepta por fin ir a la gran ciudad. Jonás no se toma la molestia de darle muchos argumentos a los paganos para que se conviertan, se contenta con proferir una amenaza. Y, ¡sorpresa!, los habitantes de Nínive escuchan y comprenden el mensaje. El rey decreta un ayuno para todo mundo, aún para los animales, y dice: “Cada se convertirá de su mal camino y de la violencia de sus manos”. Dios obtiene el resultado que espera, su palabra es eficaz, aún si el mensajero es deficiente. ¡El mensaje de salvación es anunciado y escuchado! “Al ver lo que habían hecho y cómo se convertían de su mala vida, se conmovió Dios…”. Dios quiere que la humanidad renuncie a la violencia y viva en paz. Este mensaje le ha sido confiado al pueblo escogido, él tiene la tarea de comunicarlo al mundo entero.
Mensaje; «El Señor Dios nuestro tuvo piedad de su pueblo». declara el v. 10. Nótese que se trata de Nínive, capital del reino asirio en tiempo de Senaquerib, el más acérrimo enemigo de Israel. Fue notorio por su crueldad inhumana. Destruyó el reino del norte. En este pasaje se le llama «pueblo del Señor». Dios tuvo piedad de él. Dios lo perdonó. Dios, pues, no se desentiende de los hombres que Él ha creado. Se vislumbra ya la vocación de todos los pueblos. Otros profetas también apuntan en este sentido. Véase Is 19, 22 – 24; Jonás preanuncia la misión universal del mensaje divino de salvación. Sugestivo y preciso, el libro de Jonás.
2.2.SALMO RESPONSORIAL
Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 R. Señor, enséñame tus caminos.
Convertirse es, literalmente, cambiar de ruta, entrar en el camino recto. La primera y la tercera estrofa del Salmo delinean el tema del camino. Para el pueblo de Israel, Dios traza el camino por medio de sus mandamientos. El creyente debe conocerlos, amarlos y ponerlos en práctica. Quien se deja guiar por el Señor será salvado. Para ello se requiere reconocer la pequeñez ante Dios. Dios se interesa por los humildes y los pecadores; lo hace enseñándoles el camino a seguir. 13
La segunda estrofa es una oración de confianza dirigida al Señor, el Dios de la Alianza. El Salmo recuerda las grandes cualidades de Dios: su amor, su ternura, su fidelidad. Cuando se invoca el perdón, Dios olvida las rebeldías y los pecados, las faltas de juventud.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R.
2.3.Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31
Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como sí no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.
Se habrá notado que estos domingos primeros toman los textos bíblicos en su segunda lectura de la Carta primera a los Corintios de S. Pablo. En esta Carta responde S. Pablo a diversas cuestiones que los de Corinto le proponen. Son cuestiones prácticas. Los principios, sin embargo, aparecen con frecuencia generales.
El tema que desarrolla en este capítulo 7 es de sumo interés. Coloca S. Pablo la virginidad sobre el matrimonio. La razón fundamental estriba en que la virginidad libera de preocupaciones que impiden a uno darse por entero al servicio del Reino. El hombre casado está solícito por las cosas que comparte. No puede entregarse totalmente a la edificación del Reino de Cristo. Por otra parte, ya con una perspectiva escatológica, advierte S. Pablo que todas estas cosas pasan. No debe uno pegarse demasiado a estas ocupaciones. El tiempo es breve; la figura de este mundo pasa. El Nuevo Mundo es el Reino de Cristo en su forma definitiva. Los bienes de este Reino son los que realmente interesan. Tras ellos hay que ir, pues no pasan.
Adviértase que no se elude el compromiso con el mundo sin más, sino con el mundo que pasa y en cuanto pasa. En este mundo hay realidades que tienen un valor en el Reino; deben ser consideradas atentamente. Primero el reino de Dios y su justicia; después las demás cosas. La virginidad te capacita más que el matrimonio para darte por completo al servicio de este Reino, que consta en el momento actual de realidades materiales y espirituales, según nuestra nomenclatura. El matrimonio no. El Reino ha de sobrevivir a las realidades de este mundo. El matrimonio no, como tal. En el cielo no se casan.
Es, pues, una amonestación la de S. Pablo a no detenerse demasiado en cosas que han de pasar.
2.4. Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
– «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: – «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.
Nos encontramos en Marcos, evangelista ordinario en este ciclo. El tema es evidente. Se trata de la vocación de los Apóstoles.
Nótese:
A) «El Reino de Dios está cerca». Ha llegado el tiempo de la gran decisión para el pueblo de Israel. Urge darse prisa y tomar una actitud decidida en su favor. El Reino de Dios es el tema común de la predicación de Cristo. Cristo lo anunció en sus diversos aspectos a través de toda su vida.
El primer paso, es condición indispensable para entrar en el Reino: «Convertíos», «Creed la buena Nueva» Cambio de postura, abandono de los propios caminos y del pensar propio; asentimiento a la predicación de Cristo. El es la Buena Nueva. Hay que seguirle incondicionalmente. S. Juan desarrollará el tema de la fe en Cristo, como algo insustituible.
B) Llamamiento y seguimiento incondicional al Maestro. La elección recae en los individuos, ineptos humanamente hablando. La voz de Cristo los desdice al seguimiento. Es poderosa la voz del Señor. Ella misma los consagra como Apóstoles. Son constituidos «Pescadores de hombres». Misión bien definida: predicar y anunciar la conversión y la fe en Cristo. Ellos van a dar testimonio de Él y de sus palabras hasta los confines del mundo. En la aceptación de su palabra está vinculada la salvación.
Reflexión:
1) Dios llama a todos a la conversión. A todos alarga la mano bondadosa ofreciendo el perdón. Sin embargo, su palabra salvadora llega a los hombres a través de sus mensajeros. Ahí están Jonás y los doce. Dios nos habla por ellos.
2) La disposición del apóstol debe ser de entrega total. Lo abandonaron todo. La misión de salvar a los demás debe absorberlos totalmente. Jonás y los apóstoles lo dejaron todo. Se dedicaron plenamente al reino de Dios. Lo demás no lo juzgaron digno. Puede que algo de esto nos diga el capítulo 7 de la carta de Pablo a los Corintios. Hay muchas cosas que pasan. Una es la importante: El reino de Dios y su justicia.
3) Dios sigue llamando todavía a la conversión. Recordemos que debemos convertirnos y renovar nuestra fe en Cristo continuamente Dios quiere salvar a todos.
- ORACIÓN FINAL:
Entrando en el camino del discipulado:
¡Que me juegue la vida en tu seguimiento!
“Señor, tú que has nacido por azar al final de un viaje y que mueres como un malhechor después de haber recorrido, sin dinero, todos los caminos -los del exilio, los de las peregrinaciones y de las predicaciones itinerantes- sácame de mi egoísmo y de confort. Que, marcado por la Cruz, no tenga miedo de la vida difícil. Sí, Señor, hazme disponible para la bella aventura a la que me llamas. He comprometido mi vida, Jesús, en tu seguimiento, me la he jugado toda por tu amor. Los otros pueden ser sabios, tú me dices que es preciso ser loco. Otros creen en el orden, tú me dices que crea en el Amor. Otros piensan que hay que guardar, tú me dices que dé.
Otros se instalan, tú me dices que camine y que esté listo para el gozo y el sufrimiento, para los fracasos y los logros, que no ponga mi confianza en mí sino en ti. Me dices que me lance a la aventura cristiana sin preocuparme por las consecuencias y que, finalmente, arriesgue mi vida apoyándome en tu amor”
(Abbé Joly)
Segundo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B
Publicado por Maite en Para la reflexión el 9 enero 2012
Domingo segundo del tiempo ordinario (ciclo B)
Comenzamos el llamado Tiempo Ordinario, que comprende las más de treinta semanas del año litúrgico que no están comprendidas en los tiempos fuertes de Adviento-Navidad y Cuaresma-Pascua. Merece toda nuestra atención pues, como no está enfocado hacia alguna fiesta especial, tiene por objeto celebrar y alimentar la vida cristiana en cuanto centrada en la fe en Cristo muerto y resucitado. En este tiempo litúrgico hemos de poner todo nuestro empeño en la celebración del domingo, el día del Señor, que es como un símbolo de la vida cristiana, pues, en él, recordamos a Cristo muerto y resucitado que se hace presente en la Palabra y en el Sacramento de la misa dominical.
Oración comunitaria
Padre bueno, que hablas siempre en la historia y en lo profundo del corazón humano, y que a nosotros nos hablaste también en Jesús, nuestro hermano mayor, proponiéndonos en él un camino de servicio y donación. Danos espíritu atento a tus llamados, actitud de búsqueda constante y discernimiento para buscar siempre y en todo la fidelidad a tu proyecto de Vida en plenitud para todos. Tú que vives y das vida por los siglos de los siglos.
2. Lecturas y comentario
2.1 Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19
En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: – «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: – «No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí:
- «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: – «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» El comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha”» Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: – «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: – «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.» Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.
Habla, Señor, que tu siervo te escucha.
Elí, venerable, anciano, sumo sacerdote. Una estera en el suelo, un niño que duerme. Una voz que le desvela y le hace saltar hasta el anciano. Ha sido una pesadilla. Tres veces el equívoco. Por fin, la indicación del sacerdote y la respuesta del muchacho a la palabra de Dios. Dios llama de noche, en el santuario, al muchacho Samuel. Desde ahora será un «llamado», profeta del Señor. Samuel ha dado nombre a estos libros. Por el impacto, sin duda alguna, de su recia personalidad. Samuel es la figura más relevante de aquella época y de las más representativas de las Historias de Israel. Samuel, siervo de Dios, dirige los destinos del pueblo santo. Es el último de los «jueces» y el iniciador de la monarquía. Profeta, juez, sacerdote. Un verdadero intermediario entre Dios y los hombres: en el culto, en la palabra, en el gobierno. No es extraño que haya quedado su nombre a la cabeza de los libros que arrancan de aquel momento. Hasta su infancia interesa. Gran figura la de Samuel.
Vocación de Samuel. Dios tiene una voz. Una voz distinta, propia, llena de autoridad y de fuerza. Para el fino de oído, inconfundible. Samuel, niño, no la distingue de inmediato. Pero es su voz. Y como voz, una llamada. Y como llamada, una exigencia. Y como exigencia, un salto y una pronta respuesta: perfecta disponibilidad. A la voz que viene de arriba, la disponibilidad del muchacho se extrema: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Así es el profeta, el hombre de Dios. El profeta podría llamarse, tanto como «vidente», «oidor». Oidor de la palabra de Dios. Siempre atento, siempre alerta, siempre dispuesto. De día, de noche; en la tempestad, en la bonanza: siempre y en todo lugar. Hombre que vive para la palabra de Dios. Dios llama a Samuel, y Samuel responde pronta y decididamente. Dios le ha abierto el oído y le ha afinado la sensibilidad: «Samuel crecía, Dios estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse». Samuel, otro Moisés, es todo un ejemplo: oidor de la palabra de Dios y pronto realizador de sus exigencias. Pensemos en Cristo, tan perfecto oidor y realizador de la voz de Dios que es su voz en carne. Cristo intermediario de Dios y los hombres en todas direcciones.
2.2. Salmo Responsorial: Sal 39, 2 y 4ab. 7. 8~9. 10 (8a y 9a)
Salmo de «acción de gracias». También aparece la súplica. La Liturgia ha conservado en sus estrofas el aire de la primera.
La acción de gracias proclama y canta un beneficio recientemente recibido. Hemos recibido algo. Gratuitamente, por benevolencia, por amor. Hemos recibido algo bueno. Y en el algo bueno, la mano buena y poderosa de Dios. Dios mismo se inclinó a nuestra necesidad y escuchó el grito. Él lo ha hecho todo. ¿Qué decir? ¿Qué hacer? Cantar la bondad del Señor y corresponder a semejante beneficio. Responder con nuestra vida al beneficio de la vida que se nos concede. Y la vida, respecto a Dios, es toda la vida en extensión e intención: «Haré tu voluntad». Haré de mi vida una expresión clara y perfecta de tu ley y de tu voluntad; la llevaré grabada en mis entrañas. Es el mejor canto, la más sincera alabanza, la más lograda acción de gracias. Sin esa voluntad decidida de agradar a Dios, se hace superfluo todo lo que sobrevenga. Cristo vivió en propia carne la disposición del salmo, la voluntad de Dios (Hb 10, 3-10). Y curiosamente aquella voluntad se expresó en un Sacrificio. Preciosa acción de gracias la del Señor. En ella quedamos santificados. ¿No significa «eucaristía» acción de gracias?
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R
Entonces Yo digo: «Aquí estoy – como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R.
2.3. Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6. 13c-15a. 17-20
Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios. No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!
La fornicación es un pecado. Un pecado peculiar. Un pecado que degrada, enajena, embrutece y mancha. Como pecado, una ofensa en y contra el propio cuerpo. Ofensa también a Dios, Señor del cuerpo. El cuerpo es algo digno, santo y venerable (contra las tendencias platónicas). Sí es «carne», pero «espiritualizada», por la presencia en él del Espíritu Santo, para la «resurrección». Lo deshonramos con el abuso, lo profanamos con el pecado. Por el bautismo somos una cosa con el Señor. Nos ha comprado a gran precio. Pensemos en la muerte y en la resurrección. El es nuestro Dueño. Somos templos del Espíritu Santo. No nos pertenecemos. Dios habita en nosotros. Y toda la persona, alma y cuerpo, le pertenece. Ay del que profane tan santo templo de Dios. El Señor se vengará. Su presencia actualmente en nosotros santifica todo nuestro ser, alma y cuerpo para el día de la resurrección. El cuerpo está destinado a vivir para siempre en Dios. Y Dios, que vive en él para siempre, exige respeto y veneración.
Si Dios está en nosotros, somos templos santos. Si templos de Dios, su gloria en nosotros. Si su gloria en nosotros, veneración y respeto. Comportamiento, uso y ejercicio, según las exigencias del poseedor, el Espíritu Santo. Todo lo que se haga fuera de su beneplácito es una profanación, y como tal, digna de castigo. El cuerpo no es un instrumento u objeto de placer. El cuerpo es parte íntegra de mi «yo». Y yo, en todo mi ser, soy de Cristo. Debo hacer brillar esa pertenencia en todos mis actos, para que un día brille su gloria plenamente en todo el compuesto: en el alma y en el cuerpo. «Glorificad a Dios en el alma y en el cuerpo.».
2,4. Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
- «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: – «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: – «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: - «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: _«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: – «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»
Vieron donde vivía y se quedaron con él.
El evangelista relata en este pequeño cuadro, parte de otro más completo (1, 35-51) la «vocación» de los primeros discípulos. Convenía colocarla al comienzo del evangelio. Todo arranca del testimonio de Juan Bautista. Juan, antorcha, Juan, testimonio, señala con la palabra y el gesto al que «tenía que venir» como «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (1, 29). Misteriosa designación de Jesús como Mesías. Sea que el evangelista haya «conformado» las palabras del Bautista a la luz de la revelación posterior, sea que lo haya hecho ya la tradición anterior a él, sea -menos probable- que el Bautista haya pronunciado «textualmente» tales palabras, el hecho es que ese título compendia de alguna forma el misterio de Jesús. Le seguirán otros más. La presente sección ofrece alguno de ellos: Maestro, Mesías…
Podemos movernos, para entender el pensamiento de evangelista, en dos o tres direcciones, por separado o conjuntas. El Cordero puede hacer referencia -Padres griegos- a la muerte expiatoria de Cristo: los cánticos del Siervo de Yavé, al fondo. Los Padres latinos piensan, en cambio, en el Cordero pascual: pensamiento presente en el evangelista a la hora de la muerte de Jesús (viernes por la tarde, momento de sacrificar el cordero pascual). ¿Habría que pensar también, según algunas corrientes apocalípticas, en el «cordero», jefe victorioso al frente del rebaño? Probablemente el evangelista no se mueve en una dirección tan solo. Juan apunta a Jesús. Y ahí acaba su misión. Ha llegado el más fuerte, el que bautiza en el Espíritu Santo. Juan debe dejar paso y señalar el Camino que conduce a Dios, Jesús de Nazaret.
Dos de sus discípulos han captado la señal, han acogido su testimonio. Hombres piadosos que esperan la redención de Israel. Corren tras el personaje misterioso. Se quedan un día con él. Jesús colmó sus ansias, disipó sus dudas mesiánicas. Probablemente les habló «con autoridad» de las Escrituras. Jesús les «convenció». Le siguieron, se quedaron para siempre con él. Se hizo paso en ellos la fe. Y la fe, activa y dinámica, se hizo evangelizadora. Uno de ellos, Andrés, empujó a Pedro. La fe de Pedro provocó en Jesús una notable decisión: le impuso un nombre, le encomendó una función. Y desde en
tonces para siempre, Pedro será la «roca» visible de Jesús. Maravillas de Cristo, maravillas de la fe.
Reflexión
Partamos, como siempre, de Cristo. Las lecturas de la fiesta del bautismo del Señor nos lo presentaba como el «Ungido» y el «Consagrado» para el cumplimiento de una misteriosa misión: lleno del Espíritu Santo, Hijo de Dios. Se dan ahora los primeros pasos. Veamos los matices.
A) Jesús el gran «llamado» de Dios. Podríamos comenzar por el salmo responsorial: «No quieres sacrificios… pero he aquí que vengo a hacer tu voluntad». Jesús tiene por misión «cumplir la voluntad del Padre». Hebreos comenta: «… voluntad en la que hemos sido santificados, gracias a la oblación del cuerpo de Jesucristo de una vez para siempre» (10, 10). La voluntad, al margen de los sacrificios antiguos, si convierte en el gran Sacrificio por los pecados: Muerte expiatoria en la cruz. Sacrificio expiatorio de alcance infinito, que nos reporta la salvación. Cristo obediente, Cristo paciente, cumple la voluntad de Dios. Obediencia a Dios y amor a los hombres. Es su vocación y su destino. El evangelio lo anuncia ya, de forma misteriosa, en las palabras de Juan: «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Siervo obediente, como cordero sin abrir la boca, que se deja conducir al sacrificio. Cordero pascual que, degollado, salva de la esclavitud del pecado y de la muerte al pueblo nuevo que se reúne en torno a él. Es así constituido «Señor» del rebaño, vencedor del mal. La primera lectura dibuja de lejos su disponibilidad en la persona de Samuel. La voz de Dios que llama, la voz del «llamado» que responde. Disponibilidad absoluta. De este profeta son las palabras memorables: «… la obediencia vale más que el sacrificio y la docilidad más que la grosura de los carneros» (1 S 15, 22). Contemplemos, pues, a Cristo, el «llamado» de Dios, sumiso y decidido cumplidor de su voluntad. Admiremos su misión y agradezcamos cordialmente la voluntad benévola que nos trajo la salvación.
B) Los «llamados». Dios, que llamó a Cristo, sigue llamando en Cristo. El evangelio nos ofrece algunos ejemplos: Andrés, Pedro… Los apóstoles. Ellos irán con Jesús, vivirán con Jesús, y con Jesús serán un día «salvadores» de los hombres. Y Jesús se vale, hoy también, de unos para llamar a otros. El Verbo de Dios hecho hombre se vale de los hombres para llevar a Dios. El apóstol ha de seguir a Cristo, ha de vivir con él, ha de conocerlo bien y ha de tenerlo por «maestro» y Señor. Total disponibilidad. La lectura primera vuelve a esclarecer este misterio: el niño Samuel, ejemplo clásico del «llamado» y del hombre de Dios. Siempre dispuesto a escuchar y a cumplir la palabra de Dios. El apóstol escucha y sigue a la mismísima Palabra de Dios. Pensemos a este respecto en los «llamados». En todos, en especial en los «llamados» al apostolado. Son los «siervos» de la Palabra, de la evangelización, «servidores» de la salvación. También el salmo puede ayudarnos a pensar en ello.
C) Dedicación a Dios. Toquemos, como tercer punto, el tema de la segunda lectura. Somos santos. Somos de Cristo. Somos templos de Dios, como comunidad y como individuos. Somos hombres de Dios. No nos pertenece
mos. Entera disponibilidad y dedicación al Señor. Es Señor de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es santo: algo grande y nuevo. Santo ha de ser nuestro comportamiento. El cuerpo de Cristo sirvió de ofrenda a Dios y resucitó para siempre. El nuestro, redimido, sirve a Dios y se dispone, en el servicio, a la transformación en el Señor. Si peca, se mancilla. Si se mancilla, se profana. Si se profana, infiere una injuria a su Señor. Y si infiere una injuria a su Señor, merece la muerte. ¿Un cuerpo hecho para la salvación nos conducirá a la muerte? La fornicación deshonra al Señor y nos deshonra a nosotros mismos. No podemos admitirlo. Nuestro cuerpo posee una dignidad y nosotros con él una responsabilidad. El cuerpo no es para el placer. Debe re
flejar la presencia del Espíritu Santo. Fornicar es perder la dignidad y huir de la responsabilidad. Es un tema de gran actualidad. Hoy como en los tiempos de Pablo, la sociedad circundante se muestra reacia a percibir y admitir con claridad y decisión la dignidad y santidad del cuerpo del hombre. Negada la dignidad y santidad del cuerpo, pronto se niega la dignidad y santidad del compuesto. Todo el hombre corre peligro y con él no solo la digna civilización «humana», sino la salvación del hombre. Y el hombre ha sido salvo en Cristo. El cristiano debe vivirlo con decisión y entereza. Es consciente de su dignidad y pertenencia a Cristo. Hay que insistir en ello.
Oración final:
¡Señor Jesús! Mi Fuerza y mi Fracaso eres Tú. Mi Herencia y mi Pobreza. Tú, mi Justicia, Jesús. Mi Guerra y mi Paz. ¡Mi libre Libertad! Mi Muerte y Vida, Tú, Palabra de mis gritos, Silencio de mi espera, Testigo de mis sueños. ¡Cruz de mi cruz! Causa de mi Amargura, Perdón de mi egoísmo, Crimen de mi proceso, Juez de mi pobre llanto, Razón de mi esperanza, ¡Tú! Mi Tierra Prometida eres Tú… La Pascua de mi Pascua. ¡Nuestra Gloria por siempre Señor Jesús!
Domingo de la Epifanía del Señor – Ciclo B
Publicado por Voces de paz en Para la reflexión, Solemnidades el 2 enero 2012
DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Navidad y epifanía surgen en la Iglesia como dos fiestas idénticas. En lugares distintos, en fechas y con nombres distintos, pero con un mismo contenido fundamental. Al menos en su fase original, ambas solemnidades celebraron el nacimiento del Señor. Sin embargo, después de un proceso de sedimentación, al asentarse ambas fiestas definitivamente en Oriente y Occidente se configuran con perfiles distintos, hasta ofrecer un contenido específico con matices propios e independientes.
El contenido de la fiesta de epifanía aparece claramente definido en dos antífonas, ya existentes en el antiguo breviario y que la nueva Liturgia de las Horas ha conservado en su oficio: «Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial ‘Esposo, porque en el Jordán Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino» (Antífona para el Benedictus). Y en la antífona para el Magníficat en II Vísperas: «Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: Hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos».
La tradición popular ha vinculado siempre la fiesta de epifanía con el episodio de los reyes magos. Lo cual se justifica, en efecto, por las referencias que hacen a los magos casi todos los elementos propios de la fiesta, tanto en la misa como en el oficio. Sin embargo, las dos antífonas citadas vienen a ser como la clave de interpretación de todo el conjunto. Esto nos obliga a considerar el contenido de la fiesta desde la perspectiva que señalan dichas antífonas.
En primer lugar, epifanía no se centra en un hecho o episodio concreto. El foco de interés, en el que polariza la atención de la Iglesia al celebrar esta solemnidad, se sitúa más allá de los hechos. Por otra parte, el criterio básico que se ha puesto en juego al instituir esta fiesta no hay que entenderlo en clave histórica o cronológica. La constelación de solemnidades que siguen a la fiesta del 25 de diciembre no celebran, sin más, los acontecimientos de la infancia ni se siguen según un orden cronológico. La clave de interpretación no es histórica. Hay que buscarla en otra línea de carácter teológico.
En silencio delante de Dios
Hoy, en este domingo en el que Dios se manifiesta como luz de los hombres, queremos pedir al Señor “la pasión de escucharlo” con las palabras de la Beata Isabel de la Trinidad: “¡Oh Verbo eterno!, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme toda docilidad para aprender todo de Vos. Luego, a través de todas las noches, todos los vacíos, todas las impotencias, quiero estar siempre pendiente de Vos y permanecer bajo vuestra gran Luz” (Elevación a la Santísima Trinidad, 21 noviembre 1904) Leer el resto de esta entrada »
Solemnidad de Santa María Madre de Dios – Ciclo B
Publicado por Voces de paz en Para la reflexión el 26 diciembre 2011
DOMINGO DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS Ciclo B
Hoy es la octava de navidad y el primer día del nuevo año, una conclusión y un comienzo. La Iglesia lo dedica a la “Virgen del camino”, a la que encontramos en cada estadio de la andadura de la vida, en su momento inicial y “en la hora de nuestra muerte”.
Se le ha dado ese título en el nuevo calendario litúrgico revisado. La denominación pone claramente de manifiesto que se trata de una fiesta de Nuestra Señora, y que tiene por objeto honrar su maternidad divina con la solemnidad conveniente. Antes de cambiarse el título en 1969, se conocía la fiesta como la “Circuncisión de nuestro Señor”. También se conmemora esto, la imposición del nombre de Jesús al niño de María pero el objeto principal de la fiesta es la maternidad virginal de María contemplada a la luz de la navidad. Leer el resto de esta entrada »
La bella historia de la Navidad
Publicado por Voces de paz en Celebración Dominical, Solemnidades el 20 diciembre 2011
La bella historia de la Navidad Lucas 2, 1-20
“En cuanto adoramos el nacimiento de nuestro salvador, celebramos también nuestro propio inicio” (San León Magno)
Recibamos este grandioso día diciendo junto con uno de los mayores cantores de la Navidad que ha conocido la historia: “Hoy la Virgen da a luz al Trascendente, y la tierra le ofrece una gruta al Inaccesible; los ángeles y los pastores lo alaban, y los Magos tras la estrella avanzan, porque hoy ha nacido por nosotros, cual Niño Pequeñito, el Dios que existe desde antes de los siglos” (Romano el Melode, S.VI, “Contaquio”) Leer el resto de esta entrada »
Misa de la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo
Publicado por Voces de paz en Para la reflexión, Solemnidades el 19 diciembre 2011
Misa de la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.
En la Eucaristía -que los cristianos repetimos sobre todo el domingo, el día del Señor- se nos hace presente de un modo sacramental y se nos da como alimento el mismo Jesús que nació en Belén hace veinte siglos, y el mismo Jesús que vendrá al final de los tiempos como Señor Glorioso y Juez de la historia. En cada Eucaristía entramos en comunión con Él. Cada Eucaristía es como la Navidad, la Pascua y la Venida final, condensadas para nosotros, con toda la gracia y la salvación que el Hijo de Dios ha querido traer a nuestras vidas. Leer el resto de esta entrada »
Cuarto domingo de Adviento – Ciclo B
Publicado por Voces de paz en Para la reflexión el 12 diciembre 2011
Domingo IV de adviento ciclo B
1. Oración:
Oh Dios, que en otros tiempos, y de muchas formas, hablaste por tus profetas en todos los pueblos y naciones, y que para nosotros, en nuestro hermano Jesús de Nazaret, hiciste brillar tu amor de un modo inefable; haz que a la luz de tu Palabra, diseminada por todo el mundo, todas las religiones acojan el don de tu Palabra y la pongan en práctica en la fraternidad-universal que a todos nos has prometido. Tú que vives y haces vivir, amas y haces amar, por los siglos de los siglos. Amén.
Introducción:
Llegamos ya al cuarto domingo de Adviento, próxima ya la celebración de la Navidad. Es tiempo de avivar la esperanza. El Evangelio es el de la anunciación. María es una figura suave, anónima, silenciosa… Y es significativa en el adviento. En la anunciación parece imposible que una virgen conciba sin concurso de varón. Pero ella creyó lo que le dijo el mensajero del Señor. Y creyó precisamente “porque para Dios no hay nada imposible”. A veces sólo esta fe nos permite a los cristianos creen que otro mundo es posible.
2. Lecturas y comentario:
2.1.Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16
Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: – «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.» Natán respondió al rey: – «Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.» Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor: – «Ve y dile a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido, y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”»
El interés principal del relato reside en el último versículo. El resto del pasaje viene a ser como el marco histórico donde las palabras de Dios – su decisión irrevocable de favorecer a la Casa de David, reciben sentido y vida. Para la mejor inteligencia del texto, léanse también los versículos 12. 14-15; nos ayudarán a comprender mejor la tercera lectura y a relacionarla con la primera. Es, pues, de notar:
1) Religiosidad del rey David: En agradecimiento al Señor de los Ejércitos, que le ha ayudado a someter a sus enemigos, ha determinado el piadoso rey edificar a su Dios una Casa, un Templo. La Casa ha de ser amplia, construida con materiales nobles, firme, duradera, perenne; una Casa que desafíe la intemperie de los tiempos; en lo más insigne de la ciudad.
2) Disposición divina: Dios responde a esta buena voluntad del rey con una disposición paralela, pero muy superior. El también ha dispuesto hacer duradera, perenne, firme, para siempre la Casa de David. Ha determinado colocarla en un lugar distinguido, en lo más grande de la historia de la humanidad. «Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme eternamente». Así el versículo 16. Pero el v. 14 asegura a sus descendientes: «Yo seré para él padre y él será para mí hijo». De aquí parten principalmente las profecías mesiánicas. La revelación posterior irá apuntando hacia un Rey, Hijo de Dios (salmos 2 y 110). Se perfila ya claramente la figura del Mesías, Rey descendiente de David.
2.2. Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.
«Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: “Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.”» R.
Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. R.
Salmo real. Un tanto complejo. La primera parte es un himno; la segunda, con cierto aire jubiloso, el canto-recuerdo de las disposiciones divinas sobre la casa de David; la tercera y última, una queja o lamentación. La liturgia toma del himno su primera estrofa y la segunda y tercera de la «disposición» de Dios en favor de David. En esta liturgia no hay lugar para las quejas; todo lo contrario, Dios fiel y misericordioso merece un canto por todas las edades.
Dios ha prometido especial providencia a su «elegido», el «ungido» de Israel. Es una promesa estable como estable es el sol. Dios lo declara «hijo» y se deja llamar por él «padre». Esta maravillosa «disposición» apunta al futuro. Y el futuro nos lo revela en Cristo, Ungido hijo de Dios. Cristo es el Rey de Dios. Es la fidelidad de Dios hecha carne. Cantemos eternamente las misericordias del Señor. Es bueno y guarda su alianza. Bendito sea por siempre: nos dio a Cristo, el Señor.
2.3. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27
Hermanos: Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Nos encontramos en los últimos versículos de la carta. Se trata de una preciosa y sentida doxología. ¡Gloria a Dios por los siglos y los siglos! He ahí, pues, el tema: ¡Gloria a Dios! Nótese: el sujeto a quien debe darse gloria es Dios. «Dios, que es el Único Sabio. Por Cristo Jesús».
Según esto, el grito de admiración y de entusiasmo, que brota jubiloso de la boca de Pablo, nace de la consideración del magnífico plan de Dios «Misterio». Dios ha revelado por fin su «Misterio»; Dios ha puesto en marcha de forma sorprendente su plan de salvación; Dios ha hablado definitivamente, como dice la Epístola a los Hebreos, y perfectamente a su Hijo. «Misterio» éste dispuesto a ser manifestado desde todos los siglos. Dios lo ha hecho todo maravillosamente, sabiamente.
Piénsese en toda la historia de la salvación, diseñada a través de todo el A. T.: La creación del universo, comprendido el hombre; la elevación del hombre a la amistad con Dios; su pecado, la promesa de una redención; la vocación de Abraham; la liberación de Egipto; la predicación mesiánica de los profetas…, etc.
Todo ello necesitaba de una aclaración, pedía un cumplimiento. Y esto ha sucedido ahora, al presente, en la revelación realizada en Cristo. He aquí el «Misterio», Cristo. Cristo revelador del Padre: en Cristo Dios se muestra misericordioso, bueno, compasivo, atento a nuestras necesidades: Cristo Salvador de la humanidad: en Cristo nos ofrece Dios la salvación, el favor, la gracia. Cristo Principio y Fin de la Creación: En Cristo cobran sentido todas las cosas; el hombre, alejado de Dios, vuelve al estado primitivo de amistad con Dios, las cosas están en paz; Cristo las ha pacificado unas con otras.
En Cristo se ha manifestado la Sabiduría de Dios – Cristo es nuestra Sabiduría, dirá Pablo – de forma sorprendente. Los caminos de Dios son maravillosos; distan mucho del pensar de los hombres. (Léanse los versículos 17- 31 del cap. 1 de la 1 Co). De ahí la sorpresa y la admiración mezclada de entusiasmo de Pablo. ¡Dios da salvación en Cristo a los gentiles! ¡Y esto mediante la fe en Cristo muerto en la Cruz! He ahí, pues, la Sabiduría de Dios: la salvación en Cristo por la fe.
2.4.Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: – «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: – «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel – «¿Cómo será eso pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: – «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: – «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.
Se trata del precioso pasaje de la Anunciación. Texto profundo y denso de su sencillez. No es momento este de anotar en detalle todas las particularidades de esta escena y de aducir todos los textos-promesa del A. T. a que se alude y se trata de responder, dándoles exacto cumplimiento, en este pasaje. Sería muy largo el camino a recorrer. He aquí lo más saliente:
A) Las palabras del Ángel. Para la mejor comprensión de ellas léase como fondo So 3, 14-17 y Za: 9, 9.
«Alégrate… No temas…»: Estas palabras no serían, según autores competentes, expresión de un saludo de corte griego; algo así como el «Salve» de los romanos. Se trata aquí, por el contrario, de una referencia a aquellas profecías antiguas, donde se anuncia un gran gozo a Jerusalén en los tiempos mesiánicos. En concreto sería una referencia a Sofonías y Zacarías en los pasajes ya citados. Se trata entonces de una invitación a la alegría, a la alegría mesiánica. Ha llegado el momento de alegrarse con toda el alma: Dios cumple ahora su promesa, ahí está el Mesías.
Meditemos:
1) Dios es bondadoso. Dios es misericordioso. Dios es fiel a sus promesas de salvación. Dios es justo. ¡Dios nos ha dado la salvación.
2) Dios es magnífico. Dios es sorprendente en sus obras. Dios nos ha dado la salvación de una forma insólita: una Virgen Madre, un Dios Hombre, un Rey siervo, una Vida que Muere, una Muerte que nos da la Vida, un Espíritu que engendra, una humanidad llamada a la divinidad. No es extraño que Pablo se quede atónito ante tanta maravilla.
3) El papel importante de la fe. Fe que está unida a la esperanza y a la caridad.
4) Debemos Contemplar este Misterio, cantando: «¡Gloria a Dios por los siglos de los siglos. Amén!». Esa debe ser nuestra actitud.
5) ¿No es asombrosa la dignidad de María?
6) María modelo y Madre de la Iglesia.
3. Oración final:
Dios misericordioso, que iluminas las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de tus Palabras: acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado, para que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y el amor que has encendido en nuestro corazón. Por Jesucristo, tu hijo y nuestro hermano, amén.
Tercer domingo de Adviento – Ciclo B
Publicado por Voces de paz en Para la reflexión el 6 diciembre 2011
Domingo III de Adviento ciclo B
1. Oración comunitaria</strong
Oh Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo: al acercarse las entrañables fiestas de la navidad te pedimos que hagas aflorar en nuestras vidas lo mejor de nuestro propio corazón, para que podamos compartir con los hermanos que nos rodean tu ternura, tú mismo amor, del que nos has hecho partícipes. Haz que lo vivamos como lo vivió Jesús, nuestro hermano, que contigo vive y reina, y con nosotros vive y camina, por los siglos de los siglos. Amén.
El tema de este domingo es de alegría y gozo en la perspectiva de una realidad salvífica esperada, pero ya “misteriosamente” presente. En este clima se mueve la primera lectura y el salmo responsorial. La segunda lectura es una invitación a la alegría y el evangelio nos presenta el motivo o fundamento de la misma: la venida del Señor. Presencia real y operante aunque pocos sabrán apreciarla y tomar conciencia de que “en medio de vosotros está uno que no conocéis”. La misión del Bautista es dar testimonio del Mesías que viene.
Leer el resto de esta entrada »
Domingo II de Adviento – Ciclo B
Publicado por Voces de paz en Para la reflexión el 1 diciembre 2011
Domingo II de Aviento ciclo B
1. Oración:
Oh Dios que nos has puesto en este mundo sin darnos todas las respuestas a los interrogantes que de él nos brotan sobre él mismo y sobre el sentido de nuestra propia existencia; te expresamos nuestro deseo de encarnarnos en él, de buscarte sumergidos en él, siendo conscientes de las responsabilidades divinas que contienen para nosotros cada uno de los «afanes mundanos» que nos has encomendado. Tú que vives y haces vivir, desde siempre y para siempre. Amén. Leer el resto de esta entrada »
Domingo I de Adviento – Ciclo B
Publicado por Voces de paz en Para la reflexión, Sugerencias musicales el 24 noviembre 2011
DOMINGO I DE ADVIENTO ciclo B
El Adviento es tiempo de esperanza, pero de esperanza responsable y vigilante. Para el antiguo Israel la espera del Mesías significó una larga preparación, no siempre fiel, para sentir la necesidad de un Redentor, que fuera revelación plena y personal del amor de Dios. Para nosotros en la Iglesia, el Adviento significa la responsabilidad y la fidelidad ante el que ha venido como Redentor, pero que volverá un día para coronar en nosotros su obra de salvación en la eternidad.
El Adviento es una espera y una certidumbre. Es la espera de que el Dios vivo va a venir a nuestra vida. Es una certidumbre de que ha venido realmente. Es una llamada para que le abramos nuestras puertas.
Este es el sentido del Adviento: prepararnos para acoger la presencia del Dios vivo, terrible y purificador, que derrite los montes de nuestro egoísmo, de nuestra indiferencia y de nuestra injusticia. “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!”, grita el AT por boca del profeta Isaías. Y después continúa: “Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia”. En la medida que los creyentes tengamos valor y amor para derretir los montes del egoísmo, en esa medida será inteligible la Buena Nueva de que el Cristo vino a transformar a la humanidad. Leer el resto de esta entrada »



