Domingo 19 del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Domingo XIX del tiempo ordinario

Continuamos reflexionando sobre la persona de Cristo “verdadero pan del cielo”. Es verdad que para muchos Jesús es gran personaje, líder, es admirado, pero no reconocido como hijo de Dios a quien es necesario escuchar y aprender de él. Nosotros reconocemos su origen humano, pero sobre todo, él nos ha enseñado su procedencia de lo alto. Seguir su camino no es del todo fácil, debido a tantos problemas, entramos en crisis de fe, nos cuesta salir de tales situaciones, hoy el Señor nos ilumina con el testimonio de personas que han vivido como nosotros esos momentos de desesperación pero con la luz de Dios se han levantado para seguir el camino. Veamos la primera lectura.

I. Lectura del libro primero de los Reyes 19,4-8.

En aquellos días, Elías llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su criado. Continuó él por el desierto una jornada de camino, y al final se sentó bajo una retama, y se deseó la muerte diciendo: Basta ya, Señor, quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres. Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: Levántate, come. Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo: Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas. Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta el Horeb, el monte de Dios.

Comentario:

Contexto. Este texto pertenece al llamado ciclo de Elías (1 Re 17-19) En el cap. 18 Elías ha puesto en ridículo a los sacerdotes de los dioses baales sobre el Carmelo, pero su triunfo sólo es momentáneo. No hay victorias permanentes, y la reacción no se deja esperar: Elías se ve forzado a huir de la pérfida Jezabel (vs. 1-3). La situación del pueblo de Israel es peligrosa, casi dramática: imbuido en las ideas cananeas, está a punto de suplantar al Dios de la Historia por las fuerzas ocultas de la naturaleza, los dioses cananeos. Por eso Elías confiesa: “Me consume el celo por el Señor de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derruido tus altares y asesinado a tus profetas; sólo quedo yo, y me buscan para matarme”(19, 10.14).

Texto.: Como Moisés, Elías también huye hacia el desierto que lo acoge y lo libera del poder real, pero aún sigue prisionero de sí mismo. Después de una jornada de desierto, Elías, exhausto y desilusionado, se recuesta a la mejor sombra posible de aquellos lares, la de una retama, y se desea la muerte (v. 4). Ha perdido la confianza en sí mismo y en los demás, se siente sólo (v.10). Cansado de luchar, sólo desea que Dios le envíe la muerte. En medio de la angustia, un acontecimiento va a transformar su vida. La voz del ángel y la comida milagrosa (vs. 5-8) harán que la huida que conducía a la desesperación y a la muerte desemboque en peregrinación hacia el Horeb (v. 9a): comienzo de la vida del pueblo y también de Elías. Hay, pues, un retorno al origen del pueblo, al origen de la fe. Su peregrinar durante cuarenta días y cuarenta noches coincide con la permanencia de Moisés en el monte (v. 8; Ex. 34, 28). Así se convierte su caminar en un peregrinaje que conduce a la revelación de Dios en el monte (vs. 11-13; cfr. Ex. 33, 18-21). En este momento Elías va a encontrar la respuesta divina a su angustia y pena. Huracán, terremoto y fuego son elementos clásicos de teofanía (cfr. Ex 19, 16 ss.; Jue. 5, 4; Sal. 18, 7-15…), pero el Señor no estaba en medio de estas espectaculares y bravías fuerzas de la naturaleza.

Reflexiones: En la lista de Elías podemos inscribir a muchos hombres que luchan, con empeño, por la causa del Evangelio y que también se sienten desfallecidos, casi frustrados porque sus hermanos los cristianos, en vez de ofrecer el mensaje límpido de amor y de justicia evangélico, se dedican más al culto de los nuevos baales. Y, como Elías, piden el final de sus días.

El fogoso Elías encuentra a Dios en la suave brisa, en el dulce susurro; Dios no es un ser espectacular y milagrero; se le encuentra en el curso ordinario de la historia y de la vida humana. Y el profeta ha aprendido que aunque le persiga la muerte, Dios está con él. Por eso ha de continuar luchando, la vida ordinaria tiene pleno sentido.

II. SALMO RESPONSORIAL Sal 33,2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
los que buscan al Señor no carecen de nada,
me libró de todas mis ansias.

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles, y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.

Comentario:
Es un salmo de acción de gracias individual. Quien toma la palabra ha atravesado una situación muy difícil, ha pasado por “temores” y “angustias”, “ha consultado al Señor”, ha gritado y ha sido escuchado, librándolo de todas sus angustias.

En todo momento nuestra vida se sostiene en Dios, él nos ayuda a salir de situaciones en conflicto. Las personas acusadas injustamente y perseguidas iban a refugiarse al templo de Jerusalén. Allí pasaban la noche a la espera de la sentencia. Por la mañana, un sacerdote echaba las suertes para determinar si la persona acusada era culpable o inocente. Este fue el caso de quien compuso este salmo. Pasó la noche en el templo, confiado, y por la mañana fue declarado inocente. Entonces decide dar gracias al Señor, manifestando ante los demás pobres que estaban allí las maravillas que Dios había hecho en su favor.

El salmo nos da información acerca de la situación del salmista. Es pobre: “este pobre gritó, el Señor lo escuchó y lo libró de sus angustias”. Invita a los pobres a dar gracias y ensalzar juntos el nombre del Señor.

Cantemos juntos al Señor dándole gracias por la presencia y la acción liberadora de Dios en nuestra vida, especialmente en la vida de los empobrecidos, de los perseguidos y de los que padecen la injusticia. Si nosotros no vivimos una situación semejante a la del Salmista pobre, es bueno que lo cantemos en sintonía y solidaridad con los pobres que van siendo liberados de las opresiones y las injusticias.

III. Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 4,30-5,2.

Hermanos: No pongáis triste al Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave olor.

Comentario:
Aparece un nuevo motivo: “toda expresión pecaminosa entristece al Espíritu Santo”, al que es el lazo de unión en el amor de Cristo (cf. 4, 4; 1 Cor 12, 13: el Espíritu es el sello que marca a los miembros de Cristo como propiedad de Dios; él es el rescate pagado para la entrada en el reino: 1, 31 s. Esta es, pues, la tristeza: dañar la unidad del cuerpo).

En la fuerza del Espíritu ha de afianzarse el cristiano para no perder el dominio de sí mismo. Sólo en él puede encontrar sentimientos de reconciliación frente al enemigo que le ofende. A esto obliga el propio actuar de Dios que entregó a su Hijo para salvación de los hombres (2 Cor 5, 19-21). Se trata aquí de exhortaciones (Mt 6, 12. 14; 18, 21-35; etc) que Pablo recoge y no se cansará de acentuar en sus cartas. En Rom 12, 21 se encuentra una expresión característica y definitiva: “No te dejes vencer por el mal, vence al mal a fuerza de bien”. La apelación de “hijos queridos” determina las exhortaciones que siguen. Los creyentes, en el bautismo, han sido tomados por Dios como hijos y creados de nuevo a su imagen (4, 23s); ahora ellos deben probar esta igualdad de imagen divina en el ejercicio moral de las virtudes para responder plenamente al don (cf. Gn 8, 21; Ex 29, 18; etc.)

IV. Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,41-52.

En aquel tiempo, criticaban los judíos a Jesús porque había dicho «yo soy el pan bajado del cielo», y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?, ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo? Jesús tomó la palabra y les dijo: No critiquéis: Nadie puede venir a mí, sino lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

Comentario:

La fórmula introductoria: murmuraban o criticaban es utilizado para recordar como el pueblo israelita actuó así en el desierto y como también en los tiempos de Jesús la actitud era la misma. De esta manera los oyentes del discurso en Cafarnaún están colocados en la misma situación de sus padres. Y, todo por lo que había dicho, “yo soy el pan bajado del cielo”.

Dos preguntas formulan los judíos:
1. “¿No es éste Jesús, el hijo de José, de quien nosotros conocemos el padre y la madre?” El texto nos ofrece la afirmación del pueblo judío que reconoce que Jesús es hijo de José, el evangelista coloca el punto de contraste para proponer después el verdadero padre de Jesús.

2. “¿Cómo ahora dice que ha bajado del cielo?” Los judíos, de esta manera, exponen su actitud crítica y formulan su abierta murmuración. Siguen en línea de plena ininteligencia.

Nueva revelación de Jesús sobre la fe (vv. 43-45)
Ante la ininteligencia de los judíos Jesús da su respuesta; “no murmuréis”, los judíos habían negado su origen divino, Jesús aprovecha para declarar quien es su Padre. La fe ya había sido presentada como don del Padre. Se añade ahora, que para hacerse discípulos de Jesús es necesario ser conducido por el Padre. La universalidad de este principio se expone al ser válido para cada uno, ya que “ninguno” puede sustraerse a ello. La incapacidad que cada uno tiene es connatural; es la misma incapacidad que se menciona en Jn 15,5 “sin mi nada podéis hacer”, no es que se limite sino que determina cuáles son las posibilidades de la naturaleza humana. El objeto de esta incapacidad lo concreta Jesús en: “venir a mí”; es una fórmula del cuarto evangelio para expresar la fe. El único que puede hacer salir al hombre de su incapacidad es el Padre al atraerlo; ninguno es capaz de venir a mí, si el Padre no lo atrae con su amor.

Se da un salto a la escatología futura “y yo lo resucitaré en el último día” al sentirse atraídos por el Padre, salva su incapacidad y Jesús lo resucitará en el último día. Así la salvación es obra del Padre y del Hijo.

La fórmula citada por san Juan alusiva a los profetas, se puede encontrar en lo que dice Jeremías “pondré mi ley en su interior… todos me conocerán” (Jer 31,31-34), y además en el contexto de la atracción de amor. Esta atracción del Padre en el amor conduce al discípulo al maestro Jesús. La actitud del hombre ante esta acción de Dios, ante su enseñanza: “Todo el que oye del Padre y aprende, viene a mí”. Se concreta en una doble actitud: escucha de Dios y aprendizaje de todo cuanto le enseña. La actitud de escucha del hombre está aludida así: “todo el que oye del Padre”; oír incluye un sentido de sumisión o docilidad a cuanto oye. Lo que se oye viene del Padre, esto no significa una comunicación directa del Padre que habla al hombre sin intermediario. En el cuarto evangelio la escucha directa es exclusiva del Hijo-Jesús. El aprendizaje del hombre sigue a la actitud de escucha: “todo el que oye… y aprende”. El aprender, como fruto del oír, implica una asimilación de lo escuchado, incluso puede ser expresión de la libre acogida de lo oído.

El conjunto de las dos actitudes, escucha y aprendizaje, tiene una función muy concreta en el discurso. Por una parte explican la atracción que el padre ejercita en el hombre sacándolo de su incapacidad natural para creer y venir a Jesús; la atracción la ejerce el Padre a través de la palabra que se oye, y de su enseñanza que se aprende. La iluminación de la atracción del Padre por estas dos actitudes de escucha y aprendizaje está garantizada por la libertad con la se acepta la enseñanza.

Nosotros al igual que los oyentes del tiempo de Jesús estamos tentados a la incredulidad, vivimos muchas veces de espaldas a Dios y, organizamos nuestra vida al margen de Dios. Por eso, decimos muchos creyentes que estamos perdiendo la capacidad de escuchar a Dios; no es que Dios no nos hable, es que estamos llenos de tantos ruidos, posesiones y autosuficiencia, no sabemos percibir del que vive entre nosotros. Así que cuando no se escucha la llamada de Dios es fácil escuchar los intereses egoístas de cada uno, haciendo de la satisfacción de nuestros deseos nuestro único objetivo. Luego constatamos que vivimos en una tremenda soledad aunque estemos llenos de tantas cosas.

Preparemos nuestra celebración Eucarística:

Al igual que Elías que se lamenta por las dificultades de la vida, muchos de nuestros hermanos están o estamos pasando por la misma experiencia, pero Dios nos convoca y así como a Elías le reanima el mensaje del Angel y el alimento que le ofrece, hoy también en la comunidad Dios nos habla a través de su mensajero, y luego seremos alimentados con el verdadero pan de vida.

Entrada: Como el ciervo (A. Mejia). Unidos en la fiesta (J. Madurga). El Señor nos llama (A. Taulé)

Presentación de ofrendas: Este pan y vino (A. Malvezzi). Te presentamos el vino y el pan. Este pan (Alfonso Luna).

Cantos de comunión: Yo soy el pan de la vida (C. Gabarain). Fiesta del banquete (C. Erdozain). Pan de vida (Brotes de Olivo).< Jesús es la verdad (Kairoi)

Salida: Santa María del camino (J. A. Espinosa). Asunción (J.A. Olivar).

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