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	<title>Fuente y Cumbre &#187; Sugerencias musicales</title>
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	<description>Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. (Sal 146)</description>
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		<title>Fuente y Cumbre &#187; Sugerencias musicales</title>
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		<title>Domingo I de Adviento &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Nov 2011 19:16:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
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		<description><![CDATA[DOMINGO I DE ADVIENTO ciclo B El Adviento es tiempo de esperanza, pero de esperanza responsable y vigilante. Para el antiguo Israel la espera del Mesías significó una larga preparación, no siempre fiel, para sentir la necesidad de un Redentor, que fuera revelación plena y personal del amor de Dios. Para nosotros en la Iglesia, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=645&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>DOMINGO I DE ADVIENTO ciclo B</strong></p>
<p>El Adviento es tiempo de esperanza, pero de esperanza responsable y vigilante. Para el antiguo Israel la espera del Mesías significó una larga preparación, no siempre fiel, para sentir la necesidad de un Redentor, que fuera revelación plena y personal del amor de Dios. Para nosotros en la Iglesia, el Adviento significa la responsabilidad y la fidelidad ante el que ha venido como Redentor,  pero que volverá un día para coronar en nosotros su obra de salvación en la eternidad.<strong></strong></p>
<p>El Adviento es una espera y una certidumbre. Es la espera de que el Dios vivo va a venir a nuestra vida. Es una certidumbre de que ha venido realmente. Es una llamada para que le abramos nuestras puertas.</p>
<p>Este es el sentido del Adviento: prepararnos para acoger la presencia del Dios vivo, terrible y purificador, que derrite los montes de nuestro egoísmo, de nuestra indiferencia y de nuestra injusticia. &#8220;¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!&#8221;, grita el AT por boca del profeta Isaías. Y después continúa: &#8220;Bajaste y los montes se derritieron con tu presencia&#8221;. En la medida que los creyentes tengamos valor y amor para derretir los montes del egoísmo, en esa medida será inteligible la Buena Nueva de que el Cristo vino a transformar a la humanidad<strong>.<span id="more-645"></span></strong></p>
<p><strong>1.      </strong><strong>Oración: </strong></p>
<p><strong>Oh Misterio inefable que sustentas el Ser y la Vida, al cosmos y al ser humano dentro de él: acoge nuestro deseo de caminar por la vida confiados en la bondad primordial de tu iniciativa, que nos antecede y supera, y en la que queremos tener el coraje de cifrar nuestra esperanza a pesar de todos los signos de desesperanza que nos rodean. Te presentamos la expresión de nuestros sentimientos más profundos. Acógela. Amén.</strong><strong></strong></p>
<p><strong></strong><strong>2.      </strong><strong>Textos y comentario</strong></p>
<p><em><strong>2.1. </strong><strong>Lectura del libro de Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7</strong></em></p>
<p><strong>Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es Nuestro redentor. Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en e1. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.</strong></p>
<p><em><strong></strong>Contexto histórico:</em></p>
<p>Los capítulos 56-66 del libro de Isaías son obra de un profeta desconocido, de la escuela, valga la expresión, de Isaías (II). Desempeñó su misión en Is­rael en los tiempos inmediatos a la llegada a Palestina de los primeros des­terrados de Babilonia. Se le suele llamar Tritoisaías, el tercer Isaías.</p>
<p>El <em>Deuteroisaías</em>, <em>Segundo Isaías</em> (capítulos 40-55), había prometido a su pueblo, en nombre de Dios, un brillante porvenir a la vuelta del destierro. Dios iba a levantar su brazo poderoso en aquellos días, e iba a realizar grandes maravillas: un nuevo éxodo, una creación nueva. El pueblo saldría del destierro ágil, purificado, santo, lleno de bendiciones. La realidad, en cambio, se presentaba ahora de muy distinto color: deplorable. Surgían por doquier dificultades y tropiezos: ruinas, malas cosechas, hostilidades de los vecinos, mediana acogida de os que allí vivían, prácticas paganas… Casi to­tal abandono, cundía el desaliento, se enfriaba la fe; crecía la codicia de unos en menoscabo de otros; se apagaba el fervor, disminuía el interés por las cosas santas y descendía alarmantemente la práctica religiosa del pue­blo. La salvación completa, ya prometida, no llega. El pueblo se alejaba de Dios. Y alejarse de Dios es fabricarse la propia ruina. Ruina que comenzaba a percibirse como realidad dolorosa en las ruinas de Jerusalén. En medio de la desilusión y del descontento surgen voces autorizadas que claman en nombre de Dios. Son los profetas. Uno de ellos, nuestro Isaías.</p>
<p>El texto que nos ocupa refleja con claridad la situación descrita. Ante el panorama desolador, que obscurece de lágrimas los ojos del profeta, surge, de lo más hondo del corazón, espontánea, ardiente, incontenible, una bellí­sima oración. Es un clamor, un grito angustioso, una súplica desgarrada, un apremio urgente por la pronta salvación: Ah, si rompieras los cielos y baja­ras. Hay mucha fe y profundidad en ese clamor: Padre nuestro, Salvador nuestro, ¡Somos tu pueblo!, ¡Somos arcilla!, ¡Estamos manchados!… Nótese ese afectuoso y apremiante; Nuestro y tú que hace de la oración algo indefec­tible: Danos tu salvación. El profeta mueve todos los resortes a su alcance: es de vida o muerte. Se trata, borrando el pecado, de levantar una nueva creación. Y Dios Padre y Señor, que habla por los profetas, escuchará la oración.</p>
<p><em><strong>2.2.</strong><strong>Salmo responsorial (Sal 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 4)</strong></em></p>
<p><strong>Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.</strong></p>
<p><strong>Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos.</strong></p>
<p><strong>Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra planto, y que tú hiciste vigorosa. </strong></p>
<p><strong>Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti; danos vida, Para que invoquemos tu nombre.</strong></p>
<p>Lamentación pública en una desgracia, súplica. El Señor, que se sienta sobre querubines, lleno de poder, es nuestro Dios. El Dios de los ejércitos es nuestro Pastor. Es el constructor de la casa y el dueño de la viña. Somos su viña y su rebaño. Y nos encontramos en ago­biante necesidad. ¡Señor restáuranos! El aire de súplica domina el salmo. Basta fijarse en los imperativos: restáuranos, vuélvete, fíjate… La restaura­ción es, en cierto sentido, una nueva creación. Al Dios, Señor y Pastor, se le pide fervorosamente un acto bondadoso de su poder: la salvación. Y es que cuando la necesidad apremia, el grito salta espontáneo: danos vida. Vida que ha de consumirse en un esmerado y cordial servicio. Servicio fiel y afec­tuoso que es el sentido de la vida. Restáuranos y sálvanos. La salvación, pues, en forma de restauración. El pueblo ha de ser restaurado para vivir. La viña ha de gozar de los cuidados de su Señor para poder dar fruto. Y el fruto apetecido es No nos alejaremos de ti.<strong></strong></p>
<p><em><strong>2.3.</strong><strong>Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,3-9<br />
</strong></em></p>
<p><strong>Hermanos: La gracia y la Paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado, el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel! </strong></p>
<p>Nos encontramos todavía en el encabezamiento de la carta. Contiene inte­resantes afirmaciones y es rico en pensamientos de importancia. Notemos de paso que cada una de las frases acaba con el nombre de Cristo. Cristo es, pues, el centro. Cristo, el Señor, domina toda la vida cristiana.</p>
<p>La lectura comienza con un saludo típicamente cristiano, que ha pasado por su gracia y valor al uso litúrgico. Nótese el inciso «nuestro Padre» refe­rido a Dios, cargado de afectuosidad. Dios Padre, al fondo, como origen de todo bien. Podemos ver en a referencia a los dones una alusión -estamos en la carta de los carismas- al Espíritu Santo. En la obra de Cristo se halla presente la Santísima Trinidad ¿Quién no abrirá su corazón agradecido?.</p>
<p>Cristo es fuente de gracia y de riqueza: paz, alegría, dones en el hablar y en el saber. La misma existencia de Corinto de una comunidad floreciente es de por sí un testimonio irrecusable de la presencia salvadora de Cristo. La obra de la salvación ha comenzado.</p>
<p>La riqueza, no obstante, no es absoluta. Es participación en misterio de lo que se avecina. Esperamos algo definitivo: la manifestación de Cristo en glo­ria y majestad. No hay por qué inquietarse. Dios está a nuestro lado. El me­jor y más seguro testimonio, la presencia entre nosotros de su Hijo. El co­menzó la obra, él la llevará a cabo. ¡Dios es fiel! Dios nos dará fuerzas para permanecer fieles hasta el fin. Y el fin y destino no puede ser más soberano y glorioso: Participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. Cristo es el Señor resucitado. Toda nuestra vida tiende a él.</p>
<p><strong> </strong><em><strong>2.4.</strong><strong>Lectura del santo evangelio según san Marcos 13, 33-37</strong></em></p>
<p><strong>En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -&#8221;Mirad, vigilad: pues no sabéis cuando es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: !Velad!&#8221;</strong></p>
<p>Fin del discurso escatológico. Allá en el lejano horizonte, en el límite de los tiempos, se perfila como segura, aunque borrosa, la Venida del Hijo del Hombre. Marcos remata las palabras de Jesús, a modo de broche apelativo, con dos parábolas un tanto embrolladas: a) el hombre que se fue de viaje, de­jando a cada criado una tarea (Mt 25, 14); y b) el dueño que se presenta de forma inesperada en la obscuridad de la noche (Lc 12, 36). Las instancias a permanecer en vigilancia se interfieren a modo de trama: al principio, en medio y al fin. Es lo que quieren advertir las dos parábolas. La voz de Jesús se carga de seriedad para anunciar y amonestar, el gran acontecimiento: el Señor viene. Puede que el término «noche» sugiera la condición actual -el mundo en tinieblas- en que se encuentra el hombre en espera de la luz del Señor que viene.</p>
<p>La Parusía es elemento integrante y esencial del Evangelio, del misterio de Cristo. También lo es la necesidad de esperarla vigilantes. Se avecina algo grande y definitivo. Hay qué esperarlo. Y esperarlo significa, en el con­texto en que nos encontramos, vigilar atentamente. Y vigilar es: estar con los brazos abiertos, con las manos extendidas, con el corazón latiendo, con el pensamiento vivo. Todo el hombre en acción: actuando los bienes que se nos han concedido (primera parábola) y dando respuesta cumplida de ellos a la venida del Señor. Debemos ser auténticos siervos responsables, siervos que saben responder con su vida, en condición de tales, al soberano Señor. La amonestación va para todos, en especial, quizás, para los dirigentes.</p>
<p><strong>Reflexión</strong></p>
<p>Comienza el año litúrgico. Uno tras otro van sucediéndose en nuestra vida los años con sus problemas, con sus vicisitudes, con sus esperanzas y sus temores, con sus pérdidas y ganancias. Pero hay algo muy seguro: tu­vimos un principio, nos dirigimos a un fin. No podemos perder de vista el fin que nos espera. Ya desde el comienzo nos es conveniente dirigir nuestras mi­radas hacia él. Todo será ganancia, todo será triunfo, si el Día aquel nos en­cuentra vigilantes. Todo en cambio, se convertirá en lamentable pérdida, si en aquel momento nuestra disposición es deficiente. Las lecturas de hoy vuelven a presentarnos estas verdades bajo un aspecto relativamente nuevo, respecto a los domingos anteriores.</p>
<p>A) La primera lectura es un clamor, un grito, una sentida oración que nace de lo más profundo del corazón. Los antiguos clamaron angustiados, conscientes de la necesidad en que se encontraban, y acuciados por el dolor: «¡Señor, rompe los cielos y baja!». Se sentían huérfanos y clamaron al Padre, perdidos y clamaron por un Salvador, manchados y extendieron sus manos hacia las aguas vivas, quebradizos y endebles y se acogieron a su Hacedor, al Fuerte. El Señor, fiel siempre a su palabra, no desoyó oración tan angus­tiosa; les envió el Salvador.</p>
<p>Nosotros nos encontramos ciertamente en mejor situación que los anti­guos. Sin embargo, también nosotros sentimos vivamente ante la considera­ción de nuestra propia flaqueza y miseria, ante la consideración de los males morales y físicos del mundo que nos rodea, injusticia, irreligiosidad, opre­sión, infidelidad, hambre y destrucción, la necesidad de que Dios se acerque más sensiblemente a nosotros. Con todo corazón debemos clamar: «¡Padre, Salvador nuestro, rompe los cielos y desciende!». La conciencia de que somos arcilla y barro, de que estamos manchados, de que la iniquidad nos rodea, debe acrecentar el volumen e insistencia de nuestra oración. Nos prepara­mos para la venida del salvador.</p>
<p>B) Cristo ya vino. Nuestra situación por eso ha mejorado considerable­mente. Pero Cristo no ha venido definitivamente. Siempre viene.</p>
<p>La segunda lectura nos asegura la realidad de los dones divinos en noso­tros. Poseemos la Salvación; poseemos ya la Gracia. Dios está más cerca de nosotros. Dios se muestra más Padre. Dios nos ha llenado de dones, nos ha comunicado su espíritu. Pero todo esto, aunque es para siempre por parte de Dios, no es definitivo en nuestras manos. Nos cansamos, nos fatigamos y co­rremos el peligro de abandonarlo todo. Debemos reavivar la esperanza. No hay por qué desanimarse. Dios ha comenzado la obra; Él la llevará a buen término. Dios es fiel. El Señor viene.</p>
<p>C) Nos preparamos para la primera venida del Señor, sin perder de vista la segunda. O si se quiere, nos preparamos para la segunda venida, mi­rando de cerca a la primera. El Señor viene. La mejor preparación es la oración sentida e insistente. Clamemos y oremos con gemidos, confiados en la misericordia del Señor, Padre y Salvador nuestro: «¡Señor, VEN!». Este será el mejor estado de vigilancia. Actuemos y provoquemos su venida con buenas obras. Quien deje escapar la ocasión está perdido. Pues el que se salva sabe, y el que no, no sabe nada.</p>
<ol>
<li><strong>3.      </strong><strong>Oración a nuestra señora del nuevo Adviento</strong></li>
</ol>
<p>Nuestra Señora del Adviento, madre de todas nuestras esperas, tú que has sentido tomar en tu seno la esperanza del pueblo, la Salud de tu Dios, sostén nuestras maternidades y paternidades, carnales y espirituales.</p>
<p>Madre de todas nuestras esperanzas, tú que acogiste el poder del Espíritu, para dar carne a las promesas de Dios, que seamos capaces de encarnar el amor que es signo del Reino de Dios en todos los gestos de nuestra vida.</p>
<p>Nuestra Señora del Adviento, madre de todas las vigilancias, tú que diste un rostro a nuestro futuro, fortalece a los que dan a luz dolorosamente un mundo nuevo de justicia y de paz.</p>
<p>Tú que contemplaste el niño de Belén, haznos atentos a los signos imprevisibles de la ternura de Dios.</p>
<p>Nuestra señora del adviento, madre del crucificado, tiende tu mano a todos los que mueren y acompaña su nuevo nacimiento en los brazos del Padre.</p>
<p>Nuestra Señora del Adviento, icono pascual, haznos capaces de la gozosa vigilancia que discierne, en la trama de lo cotidiano, los pasos y la venida de Cristo, el Señor, AMÉN.</p>
<p>En este nuevo tiempo de Adviento tenemos que dar un relieve especial a los cantos del Ordinario que tienen resonancias y armónicos de expectación: “venga tu Reino” (Padre nuestro); “Ven Señor Jesús” (Aclamación al Memorial); Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Santo).</p>
<p>En este primer domingo tiene un carácter marcadamente escatológico (del fin de los tiempos): el Señor va a venir. Hay que estar en vela, vigilante, con los ojos abiertos, aun durante la noche, y con el corazón sosegado. El evangelista Marcos pone el acento en la perseverancia.</p>
<p><span style="text-decoration:underline;"><strong>Sugerencia para el canto de Entrada:</strong></span></p>
<p>VAMOS A PREPARAR EL CAMINO ( Carmelo Erdozaín)</p>
<p>NUEVO ADVIENTO (A. Alcalde)</p>
<p><span style="text-decoration:underline;"><strong>Para el canto de presentación de los dones:</strong></span></p>
<p>CON AMOR TE PRESENTO, SEÑOR (C. Erdozaín)</p>
<p><span style="text-decoration:underline;"><strong>Cantos para la procesión de la comunión:</strong></span></p>
<p>QUEDATE AQUÍ (Kairoi)</p>
<p>VENID, OH REY MESÍAS</p>
<p>VEN SEÑOR JESÚS (Kairoi)</p>
<p><strong><span style="text-decoration:underline;">Para la salida:</span></strong></p>
<p>MADRE DE LOS HIJOS POBRES (Kairoi)</p>
<p>A TI MADRE (Mercedes Gonzales)</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Domingo 30 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2011 14:24:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<h1>DOMINGO TRIGÉSIMO DEL TIEMPO ORDINARIO</h1>
<p>En este domingo en el que la Iglesia dedica una especial atención a las necesidades particulares de las misiones en otras iglesias más pobres, nos reunimos en torno al altar de nuestra eucaristía sintiéndonos más hermanos suyos, en comunión con toda la Iglesia, hoy más universal y católica si cabe. Escuchemos la Palabra de Dios que nos alienta a vivir la fe con entrega y celebremos la acción de gracias a Dios por todo lo que somos y recibimos de Él.<br />
<span id="more-633"></span><br />
<strong>1. Oración por la Misión Continental en Guatemala</strong></p>
<p dir="ltr">Gracias, Señor Jesús, por el acontecimiento de Aparecida, en él nos has convocado a la Misión Continental para ser tus testigos hasta los confines de la tierra. Quédate con nosotros, Señor, Tú eres la Luz en nuestros corazones, para anunciar a nuestros hermanos que has resucitado. Quédate con nosotros, Señor, Tú eres la Verdad, ilumina nuestras mentes con la Palabra. Ayúdanos a sentir la belleza de creer en tí. Quédate con nosotros, Señor, Tú eres la Vida que da sentido a nuestra vida. Quédate, Jesús, con nuestros niños y convoca a nuestros jóvenes, para construir contigo el mundo nuevo. Quédate, Señor, con aquellos a quienes se les niega la verdad y la justicia, la libertad y el amor. Quédate con las víctimas de la violencia y los pobres, con los ancianos y enfermos.<br />
Intercede ante el Padre para que juntos nos envíen el Espíritu Santo y asumamos con pasión el llamado que nos haces. Con la ayuda y la solicitud de nuestra Madre, Nuestra Señora del Rosario, queremos ser, como Ella, tus discípulos misioneros. Amén.</p>
<p dir="ltr"><strong>2. LECTURAS Y COMENTARIO</strong></p>
<p dir="ltr"><strong>2.1. Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26</strong></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»</strong></em></p>
<p dir="ltr">La liberación, con todo, no ha terminado en la salida de Egipto. El paso portentoso del Mar Rojo ha sido un momento importante. Le seguirán otros: el maná, el agua, el cruce del desierto… Destaca la imponente teofanía en el Sinaí: la majestuosa presencia de Dios en medio de su pueblo dentro del marco de una alianza. La verdadera liberación de Israel se verifica y consuma en la conviven cia, que Dios le ofrece gratuitamente, y en la responsable aceptación, que el pueblo hace de ella. El Decálogo señalará el cuadro elemental dentro del cual han de moverse los liberados para ser realmente libres. Libertad personal y comunitaria como participación de la libertad salvadora de Dios. Libertad responsable y creativa en la creatividad libre y responsable de Dios. El De cálogo viene ofrecido en función de la auténtica libertad del hombre. Resu mido sería así: amor a Dios de todo corazón y amor al prójimo como a uno mismo. Libertad para amar y amar para crecer en divina libertad. Dialéc tica vital.</p>
<p dir="ltr">Conviene leer el texto en esa perspectiva. De he cho intentan ser, a su modo, explicitación concreta de las exigencias de una convivencia liberadora con Dios. Imita a Dios, de quien eres imagen y seme janza, y serás, como él, hacedor del bien. Y al hacer el bien, crecerás, te multiplicarás y verás surgir, a tu paso y sombra, un sinfín de bondades que manifestarán e irradiarán la presencia bondadosa de Dios, tu Señor.</p>
<p dir="ltr">La lectura de hoy subraya las exigencias del segundo mandamiento: amor al prójimo. El color de las expresiones es más bien básico, fundamen tal, sin demasiados matices; el sabor, arcaico y la visión ceñida a los tiem pos antiguos: el huérfano, la viuda, el forastero, el pobre… Puede que entre nosotros hayan cambiado los nombres, pero no así las realidades: las mil ne cesidades y opresiones que padece el hombre de hoy en nuestra cercanía.</p>
<p dir="ltr">La presencia de Dios entre nosotros y en nosotros, con su carga de amor liberador, exige de nosotros una liberación de nosotros mismos en beneficio de una salvadora liberación a los demás. En Cristo se afirman y radicalizan las posiciones y se extiende hasta el infinito la visión. Tu Dios y tu prójimo son tú. No lo olvidemos; sería fatal.</p>
<p dir="ltr"><strong>2.2. Salmo Responsorial</strong></p>
<p dir="ltr">Se trata de un Salmo puesto en boca de David, quien le agradece a Dios por haberlo librado de sus enemigos y más exactamente de Saúl (ver el episodio de 2 Samuel 22). De esta manera se nos da el esquema para orar una experiencia de salvación.</p>
<p dir="ltr">El Salmo combina imágenes de solidez y de fuerza (“escudo, roca, fortaleza”), con imágenes de liberación: Dios “fuerza salvadora”, “quedo libre de mis enemigos”, “diste gran victoria…”.  En medio del uso de términos fuertes, tomados del mundo militar, se nota también un lenguaje muy tierno. La idea de fondo es que Dios le permite al rey, y en consecuencia al pueblo del cual es responsable, vivir libremente y con espacio para prosperar. Dios es grande, fuerte y digno de toda confianza, en Él hay seguridad y paz.</p>
<p dir="ltr"><strong>Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 5lab(R.: 2)</strong></p>
<p dir="ltr"><em><strong>R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu Ungido. R.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><strong>2.3. Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10</strong></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Hermanos: Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios habla corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.</strong></em></p>
<p dir="ltr">La primera carta a los Tesalonicenses es el primer escrito de Pablo y el primero también del Nuevo Testamento. Posturas fundamentales, líneas maestras, primeras experiencias en el apostolado. Entusiasmo en la predi cación, alabanza a Dios por el éxito, gozo del Espíritu en medio de las tribu laciones. Cierta frescura y sabor de inmediatez.</p>
<p dir="ltr">Sobresalen los últimos versículos; señalan el kerigma primitivo en su es tructura más elemental. Se hace irrenunciable: conversión del culto a los ídolos en obediencia a Dios; servicio leal al Dios de la vida -los otros dioses son dioses muertos-; tensión vital hacia el futuro -ojos abiertos, brazos ex tendidos, boca exultante hacia el Hijo de Dios que viene desde los cielos-; re surrección de los muertos y acción salvífica que nos libra de la intervención punitiva de Dios, supremo Juez.</p>
<p dir="ltr">No podemos dejar en el olvido ninguno de esos elementos: somos converti dos, en estado de vital y constante conversión; en progresivo -y a veces san grante- alejamiento de todo aquello que, de alguna manera, intente apartar nos del Dios revelado en Jesús; siempre en actitud servicial y en ejecución responsable de su santa voluntad, convencidos de que así nos configuramos con él. Después, la Resurrección gloriosa de su Hijo de entre los muertos, acontecimiento definitivo de salvación que nos introduce en la esperanza viva de una participación inefable en su exaltación, cuando venga desde los cielos, como Señor y Rey, a librarnos de la ira futura.</p>
<p dir="ltr">La comunidad cristiana, y el individuo en ella, debe edificarse sobre estas realidades so pena de caer desplomado en cualquier momento sobre su pro pia inconsistencia. Nos apoyamos en Cristo Jesús, Hijo de Dios, resucitado de entre los muertos, a la espera de un encuentro transformante con él al fi nal de los tiempos. La celebración eucarística lo recuerda.</p>
<p dir="ltr"><strong>2.4. Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40</strong></p>
<p dir="ltr"><em><strong>En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:</strong></em><br />
<em><strong>-«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: -«&#8221;Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. &#8221; Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: &#8220;Amarás a tu prójimo como a ti mismo.&#8221; Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»</strong></em></p>
<p dir="ltr">Según todos los indicios, parece que hay que remontarse hasta Jesús para dar sentido y explicación de la formulación del mandamiento grande, tal como se encuentra en Mateo. El judaísmo, a pesar de ciertos balbuceos, no había llegado hasta ahí: ni a unir tan inseparablemente el amor de Dios con aquél referido al prójimo, por una parte, ni, por otra, a extender tan ampliamente el concepto de prójimo a todo hombre, por el mero hecho de ser hombre. Así lo recibió la Iglesia de Jesús y así ha de presentarlo en todo momento. También la Iglesia actual. Señalemos algunos detalles.</p>
<p dir="ltr">a) Comencemos, primeramente, por el último versículo: de estos manda mientos pende toda la Ley y los Profetas. El amor a Dios y el amor al prójimo son el compendio de toda la Ley y los Profetas. Dando un paso adelante, la Ley y los Profetas son explicitación de estos mandamientos. Por último, es tos mandamientos son el criterio auténtico de toda acción humana, que me rezca el nombre de tal; criterio, pues, para entender la Ley y los Profetas.</p>
<p dir="ltr">b) El segundo mandamiento -el amor al prójimo- es semejante al primero. Hay que admitir, por una parte, cierta distinción y evitar, por otra, toda se paración. Son en verdad uno y un solo mandamiento que, por nuestras natu rales relaciones –vertical-horizontal-, mira simultáneamente a dos objetos: a Dios y al hombre. No puede darse el uno sin el otro. Ni amaremos a Dios debidamente, si no amamos debidamente al objeto de sus amores, el hombre; ni amaremos con dignidad al hombre, si no es como objeto de los extremados amores de Dios. El amor al prójimo se encuentra involucrado en el amor a Dios y el amor a Dios involucra a los hombres. San Juan lo declara excelen temente: ¿Cómo dices que amas a Dios, a quien no ves, si no amas al her mano a quien ves? También Isaías lo manifestó suficientemente en el pre cioso Cántico de la viña: Esperaba justicia y he ahí crímenes (Is 5, 1-7). La falta de respuesta en la esposa a los amores del esposo es la negación de respeto al prójimo: crímenes. Jesús, por último, indicó a Pedro cuál había de ser la auténtica expresión de amor a su persona: Apacienta mis ovejas.</p>
<p dir="ltr">c) El amor a Dios compromete a toda la persona; también, por concomi tancia, el debido al prójimo: mente, alma y corazón; pensamiento, senti miento, voluntad y acción. De esta manera, el hombre se encuentra orien tado existencialmente hacia aquél de quien es, por definición, imagen y se mejanza. En el ejercicio del amor encontrará su madurez y perfección. En el amor al prójimo entra, sin duda alguna, el recto amor a sí mismo. La propia y personal experiencia de tu limitación y necesidad te ha de abrir a la per sonal necesidad del prójimo como propia y personal.</p>
<p dir="ltr">d) La raíz se encuentra en la manifestación amorosa que Dios hace de sí mismo en Cristo: Dios es insondable y desbordante misterio de amor; Dios es amor. Un Dios que ama tan entrañablemente al hombre no puede ser dig namente correspondido por él si éste, a su vez, no incluye en su amor a todo hombre. Así son las cosas. Ignorarlas y desatenderlas es ignorarse y des trozarse sin remedio. Por eso es el gran mandamiento. La Iglesia recibe como misión manifestar vitalmente con todo esplendor el amor a Dios y al prójimo. Fracasar aquí es negarse existencialmente a sí misma. Son, pues, de capital importancia para definir nuestra propia identidad.</p>
<p dir="ltr"><strong>Meditemos:</strong></p>
<p dir="ltr">Dios es libertad absoluta y absoluto amor. Jesús, el Verbo encarnado, se mueve en las coordenadas de extrema libertad y amor extremo. Tengo poder para poner mi vida y tengo poder para tomarla de nuevo, dice Jesús en Juan; y el evangelista: los amó hasta el extremo. Y en este mismo contexto incide el concepto de obediencia–mandato: Este mandato he recibido de mi Padre. Nosotros, inicial imagen y semejanza de Dios, llamados a crecer inde finidamente en la condición de hijos, disponemos, por creación y gracia, de libertad en el amor y de amor en libertad. En Cristo Jesús somos introduci dos de forma inefable en ese misterio de libertad amorosa. La Verdad -comunicación del Dios salvador en Cristo- nos hará libres. !Vivamos nuestro amor–libertad.!</p>
<p dir="ltr">Conviene, pues, tocar en las consideraciones, ya la raíz y naturaleza de nuestro amor–libertad como participación del libérrimo amor trinitario, ya las relaciones recíprocas que los definen como integración existencial perso nal de nuestro amor y libertad. El hombre de hoy, sensibilizado especial mente a estas realidades, no se siente con el poder suficiente para unirlas eficazmente: no vive en libertad de amor ni en amor que genere auténtica li bertad. Ahí entra nuestra misión. El momento eucarístico -libre amor del Padre en la libre entrega amorosa del Hijo- es el más apropiado para recor darlo, celebrarlo, beberlo y asimilarlo.</p>
<p dir="ltr">A partir del evangelio se impone la aplicación a casos concretos; ya en la liturgia: perdón mutuo de los pecados, oración de unos por otros, el apretón de manos, etc; ya en la vida diaria: en la familia, esposo–esposa (don de sí mismo en Cristo al otro; consideración del otro como don de Dios en Cristo), padres–hijos; en el trabajo, en la vecindad, en la política, en las relaciones humanas, tanto nacionales como internacionales…</p>
<p dir="ltr">Respecto a la segunda lectura, cabe señalar la importancia, siempre vi gente, de las realidades fundamentales de nuestra condición de hijos de Dios: el credo cristiano. Cualquiera de esas verdades puede ser objeto de conside ración, vinculado al tema del amor.</p>
<p dir="ltr"><strong>2.5. Releamos el evangelio con un Padre de la Iglesia</strong></p>
<p dir="ltr">La caridad está por encima de todo. San Agustín se pregunta: ¿Qué hay de más caro que la caridad?</p>
<p dir="ltr">“Bien, hermanos míos, interróguense a sí mismos, toquen la puerta de su interioridad: vean y dense cuenta si tienen alguna caridad, y aumenten lo que encuentren. Estén atentos a un tesoro de estos, de manera que sean ricos por dentro. Llamamos “caras” a aquellas cosas que tienen un precio elevado, y no es por acaso. Examinen su modo de hablar: ‘Esto es más caro que aquello’. ¿Qué quiere decir ‘más caro’ sino que es más precioso?</p>
<p dir="ltr">Si es caro aquello que es precioso, habrá algo más caro que la propia caridad, mis hermanos? ¿Cuál consideramos que es su precio? ¿Dónde se encuentra su valor? El precio del trigo es tu moneda; el precio del campo, tu plata; el precio de la piedra preciosa, tu oro; ¡el precio de tu caridad eres tú! (…)</p>
<p dir="ltr">Si procuras un campo para comprar, buscas dentro de ti. Si quieres tener caridad, ¡búscate a ti y encuéntrate! ¿Por ventura tienes miedo de darte para no gastarte? Por el contrario: si no te das, te pierdes.</p>
<p dir="ltr">Es tu propia caridad que habla por boca de la sabiduría y que te dice algo para que no te asustes con lo que te fue dicho: Date a ti mismo. Si alguien te quisiera vender un campo, te diría: ‘Dame tu oro’; y quien te quiera vender cualquier otra cosa dirá: “Dame tu moneda, dame tu plata’.</p>
<p dir="ltr">Oye lo que te dice al caridad por la boca de la Sabiduría: ‘Hijo, dame tu corazón’… Sea para mí, y no se pierda para ti”. (San Agustín, Sermón 34,7)</p>
<p dir="ltr"><strong>3. Oración final</strong></p>
<p dir="ltr">Dios, Padre nuestro: aumenta nuestra fe, nuestra esperanza y, sobre todo, aumenta nuestro amor y nuestro sentido de la justicia, de modo que vivamos siempre próximos a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados. Por Jesucristo.</p>
<h2><strong>DOMINGO TRIGÉSIMO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A</strong></h2>
<h2><strong>Sugerencias y orientaciones para la celebración</strong></h2>
<p dir="ltr"><strong>MONICIÓN DE ENTRADA</strong></p>
<p dir="ltr">Un domingo más tenemos la suerte de reunirnos con los hermanos para celebrar el momento más importante de toda la semana: la eucaristía dominical. Nos ayuda a vivir este día dando gracias a Dios, examinando un poco más nuestro modo de vivir y teniendo un poco más en cuenta a los demás. ¡Qué la Palabra de Dios ilumine nuestro modo de proceder! ¡Que el pan eucarístico fortalezca nuestra fe para vivir con alegría!</p>
<p dir="ltr"><strong>MONICIÓN A LAS LECTURAS</strong></p>
<p dir="ltr">La Palabra de Dios siempre tiene algo que enseñarnos y, a veces, hace una llamada especial a nuestra vida. Estemos atentos al mensaje de este domingo. Dios es compasivo con los más necesitados y nadie debe oprimir y explotar a los pobres.</p>
<p dir="ltr"><strong>DESPEDIDA</strong></p>
<p dir="ltr">Desde la mesa de la eucaristía somos enviados para prolongar lo que aquí hemos vivido. La Carta a Diogneto, un escrito cristiano del siglo I decía que &#8220;los cristianos hemos de ser el alma del mundo&#8221;. El alma es el principio de la vida, lo que anima, lo que vivifica. Por tanto, hermanos, somos enviados a vivificar con nuestro testimonio el ambiente en el que vivimos.</p>
<p dir="ltr"><strong>CANTOS</strong></p>
<p dir="ltr">Entrada: Alabemos al Señor. Juntos como hermanos. Iglesia peregrina</p>
<p dir="ltr">Ofrendas: Este pan y vino; Traemos a tu altar (Madurga).</p>
<p dir="ltr">Comunión: Sois la semilla; Donde hay caridad y amor; atardecer de la vida; El amor es nuestro canto (Kairoi); Pescador de hombres.</p>
<p dir="ltr">Final: Hombres nuevos (Espinosa); Nos envías (Gabarain); Id y enseñad; Canción del testigo. Canción del misionero.</p>
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		<item>
		<title>Domingo 23 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Sep 2011 21:47:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario ciclo A &#8220;Si yo falto al amor o falto a la justicia, me aparto infaliblemente de Ti, Dios mío, y mi culto no es más que idolatría. Para creer en Ti, tengo que creer en el amor y en la justicia; vale mil veces más creer en estas cosas [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=588&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<div>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:large;"><strong>Domingo vigésimo tercero del tiempo ordinario ciclo A</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">&#8220;Si yo falto al amor o falto a la justicia, me aparto infaliblemente de Ti, Dios mío, y mi culto no es más que idolatría.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Para creer en Ti, tengo que creer en el amor y en la justicia; vale mil veces más creer en estas cosas que pronunciar Tu nombre.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Fuera de ellas es imposible que te encuentre; y quienes las toman por guía están en el camino que lleva hasta Ti&#8221;.</span></p>
<p align="justify"><span id="more-588"></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>1. Oración:</strong> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Oh Dios que por Jesús nos has dicho: “todo lo que aten en la tierra, el Cielo lo tendrá por atado”; haz que tu Iglesia sienta sobre sí la responsabilidad de ser generosa como Tú, y de no imponer a tus hijos, nuestros hermanos y hermanas, “más cargas que las necesarias”, haciéndoles experimentar que “donde está tu Espíritu está la libertad”. Por Jesucristo nuestro Señor.</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>2. Liturgia de la Palabra</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestra corresponsabilidad comunitaria. La fe es una respuesta personal, pero se vive en el seno de una comunidad. Por eso todos somos responsables de la vida de cada hermano.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>1ª  lectura (Ez 33, 7-9): </strong>¿Hasta dónde llega la responsabilidad del que habla en nombre del Señor? ¿Es necesario nuestro testimonio cristiano? Las palabras del profeta Ezequiel nos pueden ayudar a encontrar respuesta a estas preguntas.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>2.1.  Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Así  dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: &#8220;¡Malvado, eres reo de muerte!&#8221;, y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.» </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Ezequiel es profeta del exilio. Se presenta como el vigilante de su pueblo. También otros profetas han utilizado esta imagen para caracterizar su misión. La actitud vigilante es un rasgo del auténtico profeta. Estar atento a lo que pasa para alertar y prevenir al pueblo. El profeta verdadero está siempre atento a escuchar la Palabra de Dios. Lee los acontecimientos de la historia y los interpreta a la luz de la Palabra de Dios. El vigilante, celador, velador, centinela o como se le llame en nuestro medio está pendiente de los peligros que acechan al pueblo. Por eso, el profeta es responsable directo de lo que le pueda pasar. El profeta tiene la misión de abrir los ojos. Pero también el pueblo puede aceptar o rechazar la interpelación profética. Lo que no está bien es pasar por alto el peligro.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>2.2. Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8)</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R. </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R. </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Ojalá  escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»  R.</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>2ª  lectura (Rom 13, 8-10):</strong> Una vez más nos habla el apóstol de lo que tenemos que hacer para cumplir todo lo que Jesús nos dice en el Evangelio: amar. Escuchémoslo en esta breve lectura.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>2.3. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. » Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Pablo en la carta a los Romanos invita a los creyentes que edifiquen su vida sobre la base del amor para que puedan responder a los desafíos del momento histórico que a cada creyente y a cada comunidad le toca vivir. El amor es resumen, síntesis vital, compendio de todo tipo de precepto de orden religioso. Así, Pablo entra en perfecta sintonía con la propuesta evangélica. Ciertamente que no es un rechazo rotundo de la ley. Pero el amor supera la fuerza de la ley. Quien ama auténticamente no quiere hacerle daño a nadie. Por el contrario, siempre buscará la forma de ayudarle a crecer como persona y como creyente. La conversión, la metanoia, es cambio rotundo de mente y corazón. Quién se convierte asume el amor como única “norma” de vida. El amor se traduce en actitudes y compromisos muy concretos: servicio, respeto, perdón, reconciliación, tolerancia, comprensión, verdad, paz, justicia y solidaridad fraterna.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>  Evangelio (Mt 18, 15-20): </strong>¿Cómo actuar a la hora de corregir al hermano? ¿Tiene la Iglesia poder de perdonar los pecados? Escuchemos lo que nos dice el evangelio de hoy.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>2.4. Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. » </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">El evangelio de Mateo nos presenta el pasaje que se ha denominado comúnmente la corrección fraterna. El Texto revela los conflictos internos que vivía la comunidad mateana. Nos encontramos, entonces, ante una página de carácter catequético que pretende enfrentar y resolver el problema de los conflictos comunitarios. El pecado no es solamente de orden individual o moral. Aquí se trata de faltas graves en contra de la comunidad. El evangelista pretende señalar dos cosas importantes: no se trata de caer en un laxismo total que conduzca al caos comunitario. Pero tampoco se trata de un rigorismo tal que nadie pueda fallar o equivocarse. El evangelista coloca el término medio. Se trata de resolver los asuntos complicados en las relaciones interpersonales siguiendo la pedagogía de Jesús. No es un proceso jurídico lo que aquí se señala. El evangelista quiere dejar en claro que se trata ante todo de salvar al trasgresor, de no condenarlo ni expulsarlo de entrada. Es un proceso pedagógico que intenta por todos medios salvar a la persona. Ahora bien, si la persona se resiste, no acepta la invitación, no da signos de arrepentimiento&#8230; entonces sí la comunidad se ve obligada a expulsarse de su seno. Al no aceptar la oferta de perdón la persona misma se excluye de la comunión. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Nuestro compromiso como creyentes es luchar por la verdad. Nuestras familias y comunidades cristianas deben ser, ante todo, lugares de reconciliación y de verdad. Exigir respeto por las personas que se equivocan pero que quieren rectificar su error es imperativo evangélico. Tampoco se trata de caer en actitudes laxistas o que respalden la impunidad. Pero ante todo, el compromiso con la justicia, la verdad y la reconciliación es una actitud profética.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">¿Cómo vivimos los valores de la verdad, la justicia, la reparación y la reconciliación al interior de nuestras comunidades? ¿Qué actitud asumimos frente a los medios de comunicación que manipulan y tergiversan la verdad? ¿Nos sentimos corresponsables de la suerte de nuestros hermanos?</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">El evangelio de hoy habla también de la comunidad como sujeto de perdón: «Todo lo que aten ustedes en la tierra será atado en el cielo&#8230;». Puede ser una oportunidad interesante para hablar tanto de la grave crisis que atraviesa este sacramento en la práctica más extendida en la Iglesia, como de la posibilidad y legitimidad de la reconciliación comunitaria. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Reflexiones: </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>El profeta Ezequiel llama a Dios &#8220;El Señor&#8221;</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Los cristianos llamamos a Jesús &#8220;El Señor&#8221; porque El es Dios. En su tiempo algunos llamaban a Jesús maestro, porque aun no le conocían. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>La diferencia entre maestro y Señor es abismal: </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>El maestro </strong> imparte conocimientos pero el alumno toma lo que quiere y sigue su vida por su cuenta.   <strong>El Señor</strong> exige, como escuchamos en el Evangelio la semana pasada, que sus discípulos mueran a si mismos, tomen su cruz y le sigan. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">El cristiano no solo aprende de Jesús sino que se somete en todo a El, reconociéndolo como Dios, la sabiduría encarnada. El es la Cabeza y nosotros su cuerpo. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Muchas personas reconocen a Jesús como maestro y practican muchas de sus enseñanzas, pero no son cristianos. No le reconocen como Dios, se sienten libres de rechazar las doctrinas que no les acomoden. Basándonos en este criterio, ¿soy yo cristiano o solo admirador del maestro Jesús?</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Reconocer a Jesús como Señor y someternos a su doctrina y moral es la base para entender el Evangelio de hoy. Porque el propósito de Jesús para la corrección entre los hermanos es que se ayuden a evitar el error para caminar en la verdad. </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>No confundamos la corrección con el reproche.</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">La corrección es por amor, ayuda reconocer lo que esta mal para poder reanudar el camino.  El reproche nace del propio ego herido. Causa resentimientos y división porque no es de Dios. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>No confundamos la corrección con el chisme y la calumnia</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>&#8220;No habléis mal unos de otros&#8221;</strong>, dice la Escritura (St 4,11). </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Con gran frecuencia se habla mal de otros. Se </span><a href="http://www.corazones.org/diccionario/calumnia.htm" target="_blank"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>calumnia</strong></span></a><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>,</strong> dando por probado aquello que no lo es o exagerando la culpa.   </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Fácil hablar de otros a su espalda. La corrección siempre se hace con el hermano presente.  </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>RECIBIR CORRECCION. </strong>Si bien el Evangelio hoy llama a la corrección, también llama a que seamos capaces de recibir corrección. Eso no nos gusta.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Sin embargo, <strong> ser capaces de recibir con agradecimiento y humildad la corrección es señal de  </strong>madurez cristiana</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Nadie debe corregir si no es capaz de ser corregido. El resultado de <strong>la corrección dada </strong>al hermano depende de el. Pero el resultado de la <strong>corrección recibida</strong> depende de nosotros</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Para entender la corrección cristiana hace falta recordar otras dos enseñanzas del Evangelio</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">1-<strong>PRIMERO DEBEMOS CORREGIRNOS NOSOTROS MISMOS.</strong> &#8220;¿Cómo es que miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: &#8216;Hermano, deja que saque la paja que hay en tu ojo&#8217;, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo?&#8221; (Lc 6, 41 s.).</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">2<strong>-PERDON. </strong> Ante el pecado del prójimo, <strong>el primer deber no es la corrección, sino el perdón.  </strong>Dice Jesús que hemos de perdonar 70 veces 7</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Una vez que hemos considerado seriamente la actitud necesaria para la corrección: estamos dispuestos a recibir corrección, a corregirnos a nosotros mismos y a perdonar, entonces debemos considerar si el Señor nos está llamando a corregir a un hermano para ayudarle a salir del error.  No siempre es nuestro lugar hacerlo. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Pero si el Señor nos manda a corregir y no lo hacemos, el nos pedirá cuenta por nuestra negligencia (primera lectura).<br />
</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>La corrección es un deber hacia personas que están bajo nuestra autoridad o con las que tenemos una relación cercana. </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Es un deber de los padres con sus hijos &#8220;¿Qué hijo hay a quien su padre no corrige?&#8221; (Hb 12,7);  </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Corregir a los jóvenes es ayudarles a formarse en virtud, los buenos hábitos y evitar lo opuesto. &#8220;Endereza la planta mientras está tierna, si no quieres que crezca irremediablemente torcida&#8221;. Claro que el joven necesita saber que quien le corrige en verdad le ama. </strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Repréndele a solas&#8221;.</strong> Esto es por respeto a la persona y su relación ante los demás.  Da a la persona la posibilidad de explicarse. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>San Pablo, en la segunda lectura, </strong>nos enseña como conducir todas las relaciones fraternas: «<strong>Amarás a tu prójimo como a ti mismo. » Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.</strong> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Oración final:</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Oh Dios, insondable Misterio último, a quien llamamos Padre de todo lo existente, como Fuerza suprema de la Vida, que suscita el caos y promueve la convergencia de todo hacia nuevas formas de Ser y de Vida. Danos imitar tu magnanimidad y tu tolerancia, que todo lo hace concurrir finalmente al Bien. Danos espíritu de comprensión y libertad, para que sepamos siempre perdonar y rescatar para el bien a todos nuestros hermanos. Nosotros te lo pedimos por Jesús, tu hijo, nuestro hermano.</strong></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Entrada: </strong> Juntos como hermanos; Alegría de vivir; </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Ofrendas: </strong> Te ofrecemos, Señor.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Comunión: </strong> Ven y sígueme; Hombres nuevos; Te conocimos al partir el pan ; Donde hay caridad y amor Canción del profeta. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;"><strong>Final: </strong> Canción del testigo. Diremos que sí (Kairoi).</span></p>
</div>
</div>
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		<item>
		<title>Domingo 21 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 19:49:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
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		<description><![CDATA[DOMINGO VIGESIMO PRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A Dichosa nuestra comunidad porque llevamos dentro la convicción de fe que Pedro confiesa, dichosa nuestra reunión porque nos abrimos, desde nuestras vacilaciones y pequeña fe, a la fe de toda la Iglesia, a la fe de los apóstoles. 1. Lectura del profeta Isaías (22,19-23) Así dice el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=564&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p id="internal-source-marker_0.9035148427005" dir="ltr"><strong>DOMINGO VIGESIMO PRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A</strong></p>
<p dir="ltr">Dichosa nuestra comunidad porque llevamos dentro la convicción de fe que Pedro confiesa, dichosa nuestra reunión porque nos abrimos, desde nuestras vacilaciones y pequeña fe, a la fe de toda la Iglesia, a la fe de los apóstoles.</p>
<p><span id="more-564"></span></p>
<p dir="ltr"><strong>1. Lectura del profeta Isaías (22,19-23)</strong></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: &#8220;Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Elcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a la casa paterna.&#8221;</strong></em></p>
<p dir="ltr">En un primer plano se trata de sustituir un funcionario indigno por otro digno. Es el Señor  quien elige y hace cesar, quien concede y quita todo poder, quien ejecuta el rito de la  investidura&#8230; Aunque cualquier ser humano pueda ocupar un cargo en la institución de Dios,  el Señor sigue siendo el dueño de esa institución, pudiendo deponer y poner a otro en el  cargo. El &#8220;funcionario&#8221;  está para servir y no para  aprovecharse del cargo y así labrarse sepulcros que perpetúen su memoria.</p>
<p dir="ltr">En un segundo plano, el texto se abre a una lectura mesiánica: sólo el Mesías cumplirá  plenamente con la exigencia de su elección. Él será el mayordomo de la casa del Padre, él  poseerá autoridad para abrir y cerrar, para admitir y expulsar. Él da arraigo a la gran tienda  donde acampamos, camino de la morada definitiva. Él se sentará en el trono como rey y  juez. En todo cumplirá la misión encomendada al servicio de los hombres: ésa es su gloria. Y  no necesitará labrarse ningún mausoleo porque la gloria de su sepulcro es haber quedado  vacío.</p>
<p dir="ltr"><strong>2. Salmo responsorial: 137</strong></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Te doy gracias, Señor, de todo corazón; / delante de los ángeles tañeré para ti, / me postraré hacia tu santuario, / daré gracias a tu nombre. R.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>Por tu misericordia y tu lealtad, / porque tu promesa supera a tu fama; / cuando te invoqué, me escuchaste, / acreciste el valor en mi alma. R.</strong></em></p>
<p dir="ltr"><em><strong>El Señor es sublime, se fija en el humilde, / y de lejos conoce al soberbio. / Señor, tu misericordia es eterna, / no abandones la obra de tus manos. R.</strong></em></p>
<p dir="ltr">Este salmo proclama la &#8220;trascendencia&#8221; de Dios: &#8220;¡qué grande es tu gloria!&#8221; nada original, esto lo hacen todas las religiones auténticas. Toma tiempo dejarse invadir por este sentimiento de adoración que hace &#8220;prosternar&#8221;, el rostro contra el polvo, como dice el salmo, hasta tomar conciencia de &#8220;ante quién estás&#8221;.</p>
<p dir="ltr">Lo que es original, en la revelación que Dios hace de sí mismo a Israel es ante todo, que este Dios &#8220;trascendente&#8221; mira a los humildes con predilección. Prodigio de lo infinitamente grande, ante lo infinitamente pequeño. La grandeza de Dios no es aplastante, es la grandeza del amor, la &#8220;Hessed&#8221;, sentimiento que llega hasta las entrañas. La palabra aparece dos veces en este salmo. Si es amor, Dios da la vida, Dios salva. Dios está contra todo lo que hace daño, su mano se abate contra los enemigos del hombre&#8221;, su mano &#8220;protege al pobre rodeado de peligros&#8221;&#8230; ¡Que tu &#8220;mano&#8221;, Señor, no deje incompleta su obra!</p>
<p dir="ltr"><strong>3. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,33-36)</strong></p>
<p dir="ltr"><em><strong>¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.</strong></em></p>
<p dir="ltr">Estos vv. finales del tema tratado en los tres capítulos precedentes son como la reacción ante lo expuesto. No son doctrinales, porque no siempre en la Biblia hay un mensaje ideológico o conceptual, sino son más un ejemplo de reacción humana ante Dios. Para que aprendamos a reaccionar también así Realmente es un acto de adoración, de reconocimiento y aceptación de la forma de proceder de Dios. Un proceder muy suyo, de justificar a quien no lo merece, al lejano. Modo de proceder muy diferente del humano, incomprensible desde nuestras categorías comerciales, que solemos también aplicar a Dios. Pero se nos escapa. No vemos por qué habría de salvar a Israel ni al pecador, pero lo aceptamos agradecidos, porque también nosotros somos Israel y pecadores. Esto sería importante. No considerarse fuera del plan de Dios expuesto antes, como espectadores de Israel y su historia, no concernidos por ella. Porque, aparte de la vinculación histórica nuestra con los judíos, su historia es la nuestra como veíamos anteriormente. Por lo tanto, damos gracias y reconocemos un plan de Dios que nos afecta.</p>
<p dir="ltr">También es acto de contemplación, de sobrecogimiento y de glorificación. Uno mira y admira. Pero también agradece y glorifica, se mete dentro de ese plan de Dios y se siente contento de estar allí. Da gloria a Dios y con eso mismo entra dentro de ella y participa. Deberíamos ejercitarnos en esta actitud religiosa.</p>
<p dir="ltr"><strong>4. Lectura del santo Evangelio según san Mateo (16,13-20)</strong></p>
<p dir="ltr"><em><strong>En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: &#8220;¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?&#8221; Ellos contestaron: &#8220;Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.&#8221; Él les preguntó: &#8220;Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?&#8221; Simón Pedro tomó la palabra y dijo: &#8220;Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.&#8221; Jesús le respondió: &#8220;¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.&#8221; Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.</strong></em></p>
<p dir="ltr">Saliendo de Betsaida (Mc 8, 22) y remontando el valle del Jordán, Jesús se retira con los &#8220;doce&#8221; a la región de Cesárea de Felipe, al pie del monte Hermón. El Maestro quiere disponer de tiempo y de un lugar tranquilo para iniciar a sus discípulos en el misterio de su persona. Para introducir el tema, Jesús comienza preguntando qué han oído ellos sobre su persona y su misión, de la gente.</p>
<p dir="ltr">Y cada uno de los discípulos dice lo que ha oído al respecto. Según sus respuestas, hay que pensar que la gente se había formado un concepto ciertamente elevado de Jesús: pero no había reconocido en su persona al Mesías prometido, al parecer porque no veía nadie que su comportamiento se ajustase a los prejuicios mesiánicos populares.</p>
<p dir="ltr">Jesús no hace ningún comentario y no valora la encuesta sobre la opinión de la gente; pues lo que realmente le importa en estos momentos es conocer hasta dónde le han comprendido sus discípulos y qué piensan éstos de él.</p>
<p dir="ltr">Todos han respondido a la primera pregunta según lo que han oído a la gente; pero a la segunda responde únicamente Pedro según lo que ha sido revelado por el Padre. Nadie puede penetrar en el misterio de la persona de Jesús sin la ayuda del Padre (cf. 25ss). Algunos comentarios ponen en duda que la confesión de Pedro sobre la divinidad de Jesús fuera ya tan explícita en esta ocasión.</p>
<p dir="ltr">Adviértase que Mateo sigue ordinariamente el esquema del evangelio según Marcos, y que éste en el lugar paralelo no menciona las palabras &#8220;Hijo de Dios vivo&#8221;. Tampoco las menciona Lucas (9, 20; cfr. Mc 8, 29). Es muy posible que Mateo anticipe aquí lo que sólo sería un hecho después de la experiencia pascual de la resurrección: la fe en la divinidad de Jesús y el reconocimiento de que él es el Señor.</p>
<p dir="ltr">Que el conocimiento que Pedro tenía de Jesús no superara con mucho a la opinión de la gente en aquella ocasión, parece probable si tenemos en cuenta su comportamiento en la escena inmediata (vv. 21-23). Pedro confesaría entonces que Jesús era el Mesías; pero la idea que tenía del Mesías estaba sin duda viciada con todos los prejuicios de sus paisanos galileos.</p>
<p dir="ltr">La solemne bienaventuranza que pronuncia Jesús en favor de Pedro enlaza con la confesión de éste de que Jesús es &#8220;el Hijo de Dios vivo&#8221;. Estas palabras de Jesús y la promesa del primado que hace seguidamente, se encuentran, por otra parte, sólo en el texto de Mateo. Por esta razón parece que deben situarse igualmente en un momento posterior a la Resurrección. En general, Mateo se interesa más por una ordenación temática que cronológica.</p>
<p dir="ltr">Jesús conoce la misión que va a encomendarle a Simón; por eso le da también el nombre apropiado. Se llamará Pedro, es decir, &#8220;roca&#8221;. En el A.T se llama &#8220;roca&#8221; a Yavé, también a Abrahán (Is 51, 1ss). Yavé es roca por su fidelidad, porque no le falla al creyente que funda en él su vida. Abrahán y Pedro sólo pueden ser roca por su fe y por su confianza en Dios.</p>
<p dir="ltr">Jesús elige a Pedro como fundamento de su iglesia. Jesús quiere construir algo nuevo desde el fundamento; su iglesia no es un apaño del viejo Israel. Y esta iglesia que Jesús edifica es suya, no de Pedro y de sus sucesores.</p>
<p dir="ltr">Las &#8220;puertas del infierno&#8221; o &#8220;poder del infierno&#8221; son, para los judíos, el poder de la muerte, que retiene sin vida a los difuntos. Es el poder de la destrucción. Jesús promete que su iglesia sobrevivirá, no obstante las fuerzas de la destrucción y de la muerte. Poseer &#8220;las llaves&#8221; en sentido bíblico significa tener autoridad suprema en la casa, en este caso, dentro de la Iglesia. &#8220;Atar y desatar&#8221; se refiere a la potestad de interpretar auténticamente una ley o una doctrina; pero, sobre todo, a la de expulsar y admitir en la comunidad eclesial. Todo ese poder debe ejercerse con un espíritu de servicio, sin olvidar que la iglesia es de Cristo, y que el fundamento de cualquier fundamento es, en definitiva, el Señor.</p>
<p dir="ltr">Meditemos la palabra</p>
<p dir="ltr">Si el Maestro me pregunta hoy sobre la opinión que la gente, los hombres y mujeres de nuestro tiempo tienen sobre él, escucharía ciertamente las respuestas más variadas: algunos, muchos, no han oído hablar de él; a otros les ha llegado la noticia, pero parece que no les interesa; para muchos probablemente Jesús es un personaje histórico famoso, un líder, un idealista, un reformador, un Jesús Superstar&#8230;</p>
<p dir="ltr">También podría haber la consoladora respuesta de muchos para los que Jesús es el Señor, el Dios de sus vidas, el tesoro escondido y precioso por el que van dando gota a gota su vida, la respuesta a sus interrogantes, el Maestro Camino, Verdad y Vida, la suprema razón de su existir&#8230;</p>
<p dir="ltr">Pensando en todo esto, me siento en actitud orante ante el Maestro divino, medito su Palabra y le escucho ahora la pregunta más directa y personal: ¿Quién soy yo para ti? Tú, ¿quién dices que soy yo?  Antes de responder, le pido al Espíritu que también yo, al igual que Pedro, abra el oído y el corazón a la revelación del Padre que susurra muy dentro la respuesta que agrada a Jesús, respuesta de una fe no aprendida de memoria, sino vivencial: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo!»</p>
<p dir="ltr">Siento que la respuesta viene de dentro de mi ser, que no puede ni debe ser una simple respuesta fruto de una búsqueda racional, leída en los libros, ni tampoco una respuesta fruto del esfuerzo de mi voluntad, “de la carne y de la sangre”. La fe es siempre y sólo don gratuito del Padre de todo don.</p>
<p dir="ltr">La acojo con humilde y profunda actitud de alabanza y acción de gracias. Y siento que el Maestro también recibe mi respuesta con el mismo gozo que le produjo la adhesión de la “gente sencilla”. Y a mí, como a Pedro y a todo creyente, el Señor me llama dichosa, bienaventurada. Sí, como a María, la Virgen Madre, también nos dice: “¡Dichosa tú que has creído!”.</p>
<p dir="ltr">Con la conciencia y el gozo de esta bienaventuranza, en la Iglesia, edificada sobre Pedro, yo también siento que estoy llamada a ser, por gracia, “piedra viva” (cf. 1Pe 2,5).</p>
<p dir="ltr">Y, en obediencia y comunión filial con Pedro y con sus sucesores, creo que, en fuerza del Bautismo y de los sacramentos, yo también poseo las “llaves” de la caridad, de la oración, del don de ser instrumento sencillo de liberación, de pacificación, de amor y perdón para todo hermano y hermana, para las mujeres y hombres que Dios pone en mi camino.</p>
<p dir="ltr">Pedro y sus sucesores han recibido “las llaves”, la autoridad del “primado” de la autoridad al servicio del Reino, para la salvación de todos. En dimensión esencialmente distinta, pero también real, todo bautizado está llamado a “atar y desatar” por el poder que nos da el Señor Jesús a través de los Sacramentos y del don  de su Espíritu. Realizamos esta misión mediante la oración de intercesión, la caridad y el perdón de corazón hacia todos, la entrega generosa, el servicio. Un servicio a la liberación más ambicionada: conseguir que, en cuanto pueda depender de mí, de nosotros, todos lleguen a “la libertad plena de los hijos de Dios”.</p>
<p dir="ltr">5. Oración final</p>
<p dir="ltr">Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p dir="ltr"><strong>6. Cantos:</strong></p>
<p dir="ltr">Entrada: Alrededor de tu mesa; Iglesia peregrina; Dios nos convoca (Erdozain); Vamos hacia ti (Kairoi).</p>
<p dir="ltr">Ofrendas: Te presentamos el vino y el pan; Este pan y vino (Erdozain).</p>
<p dir="ltr">Comunión: Creo en Jesús; Tú eres, Señor el Pan de vida;  Grita, profeta (Mateu); Quédate aquí, Señor (Kairoi); Cristo Libertador (C. Erdozaín)</p>
<p dir="ltr">Final: Canción del testigo; Madre de los Apóstoles (J.A. Olivar, F. Palazón)</p>
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		<title>Domingo 15 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Jul 2011 16:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
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		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
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		<description><![CDATA[DOMINGO DECIMO QUINTO DEL TIEMPO ORDINARIO ciclo A A lo largo de muchos años Dios viene sembrando su Palabra en nuestro corazón. Más ¿cuáles son sus frutos? ¿Por qué con frecuencia fracasa? Hoy vamos a reflexionar sobre estos problemas que se relacionan con nuestro inmediato crecimiento en la vida de fe. El mismo Jesús nos [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=544&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<div class="mceTemp mceIEcenter">
<div id="attachment_545" class="wp-caption aligncenter" style="width: 630px"><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/07/parabola-del-sembrador-by-pieter-bruegel-the-elder.jpg"><img class="size-full wp-image-545" title="Prayer of the Sawer de Pieter Bruegel the Elder 1566" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/07/parabola-del-sembrador-by-pieter-bruegel-the-elder.jpg?w=620&#038;h=462" alt="" width="620" height="462" /></a><p class="wp-caption-text">Prayer of the Sawer, Pieter Bruegel the Elder (1566)</p></div>
</div>
<p align="center"><strong>DOMINGO DECIMO QUINTO DEL TIEMPO ORDINARIO ciclo A</strong></p>
<p>A lo largo de muchos años Dios viene sembrando su Palabra en nuestro corazón. Más ¿cuáles son sus frutos? ¿Por qué con frecuencia fracasa? Hoy vamos a reflexionar sobre estos problemas que se relacionan con nuestro inmediato crecimiento en la vida de fe. El mismo Jesús nos dará las pistas para que ahondemos en la reflexión.</p>
<p><strong> </strong>El profeta nos presenta imágenes del mundo de la agricultura y de la naturaleza para hablamos del Reino de Dios, de Dios y de nosotros. La imagen del agua, que hace surgir la vida de la tierra como la eficacia de la Palabra de Dios que cumplirá su encargo.<br />
<span id="more-544"></span><br />
<strong>1.     </strong><strong>Oración</strong></p>
<p><strong> </strong>Señor, que la luz de tu Palabra sea siempre guía en nuestra vida; y que tu amor germine en nosotros, para que podamos dar frutos de vida entre nuestros hermanos, de modo que todos alcancemos la libertad, el gozo y la paz. Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong> </strong><strong>2. Lectura del libro de Isaías </strong>55, 10-11</p>
<p><strong>Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino  después de empapar la tierra,  de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come,  así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»</strong></p>
<p>Cuando la lluvia cae sobre la tierra, ésta responde y hace saltar la semilla hasta alcanzar su fruto. La lluvia no cae en vano. Así es la Palabra de Dios, como la lluvia. Por eso dice el Señor: &#8220;La palabra que sale de mi boca no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo&#8221;. Cuando Dios habla, comienza una verdadera historia en la que no se vuelve nunca al principio como si no hubiera sucedido nada. Dios no habla por hablar, Dios habla para salvar a los hombres. Y los salva.</p>
<p>No es la eficacia de una fórmula sin sentido que opera independientemente de quien la escucha. Si la Palabra de Dios tiene un sentido y va dirigida al hombre, es claro que actúa siempre comprometiendo al hombre. La Palabra de Dios no es un hecho consumado, en el que, una vez conocido, no le quedaría al hombre nada que hacer. Es más bien una promesa que avanza hacia su cumplimiento y que enrola en su dinamismo la voluntad del creyente. Y así no escuchan la Palabra de Dios los que ya la dan por hecha, sino aquellos que la reciben para llevarla a la práctica. La Palabra de Dios está cargada de tensión escatológica; es la palabra del Espíritu que gime en nosotros: ésa es su fuerza. (&#8230;) Todo sucederá porque Dios lo dice, pero nada vendrá si los hombres no escuchan a Dios con la radicalidad de la obediencia. He aquí, pues, cómo el anuncio de lo que esperamos es el imperativo de lo que tenemos que hacer. Y tan absurdo es empeñarse en lo que no será, como estar a la espera de que suceda sin más aquello en lo que no empeñamos la vida.</p>
</div>
<div>
<p><strong>2. SALMO RESPONSORIAL </strong>Sal 64,10abcd. 10e-11. 12-13. 14</p>
</div>
<div>
<p>R/. <strong>La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.</strong></p>
<p><strong><em>Tú cuidas de la tierra, la riegas<br />
y la enriqueces sin medida;<br />
la acequia de Dios va llena de agua.</em></strong></p>
<p><strong><em>Tú preparas los trigales:<br />
riegas los surcos, igualas los terrenos,<br />
tu llovizna los deja mullidos,<br />
bendices sus brotes.</em></strong></p>
<p><strong><em>Coronas el año con tus bienes,<br />
tus carriles rezuman abundancia;<br />
rezuman los pastos del páramo,<br />
y las colinas se orlan de alegría.</em></strong></p>
<p><strong><em>Las praderas se cubren de rebaños,<br />
y los valles se visten de mieses<br />
</em></strong><strong><em>que aclaman y cantan</em></strong></p>
</div>
<div>&#8220;Tú que escuchas la oración&#8221;. Tal era la concepción que Jesús tenía de Dios. &#8220;Pedid y recibiréis. Golpead y se os abrirá&#8221; (Lucas 11,9).</div>
<div>
<p>- &#8220;Tú perdonas nuestras faltas&#8221;. Jesús fue la realización encarnada de esta actitud divina. Lo escuchamos a lo largo de todo el Evangelio (Lucas 15).</p>
<p>- &#8220;Esperanza de todos los confines de la tierra y de las islas lejanas&#8221;. Jesús asumió y amplió esta concepción universal de la religión del verdadero Dios&#8221;. &#8220;Id por todo el mundo, proclamad el Evangelio (Buena Nueva) a todas las criaturas (Marcos 16,16).</p>
<p>- &#8220;Tú cuidas de la tierra y la riegas&#8221;. Jesús debió saborear esta admirable descripción de la primavera por el salmo, El que veía a su Padre como un jardinero que riega el prado, que hace salir el sol, o como el viñador que cuida de su viña (Mateo 5,45), (Juan 15,1).</p>
<p>En un mundo que, a veces, parece absurdo, san Pablo canta a la esperanza: todo el universo camina hacia la plenitud. El espectáculo del sufrimiento universal de la humanidad no debe hacernos desesperar. Todo ese dolor es el precio de la restauración gloriosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos </strong>8, 18-23</p>
<p><strong>Hermanos: Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.</strong></p>
<p>El ser hijos de Dios es todavía un llegar-a-ser hijos de Dios, es una realidad dinámica y en gestación. Hemos sido concebidos; pero aún no hemos nacidos plenamente. Aguardamos la hora de ser hijos de Dios, de serlo del todo; pero el Espíritu Santo, que es el Espíritu de la filiación divina, ya nos ha dado las primicias de la cosecha que está creciendo para nosotros y nos anima a llamar &#8220;Padre&#8221; a Dios. Con todo, es también el Espíritu que gime en nosotros (v. 26s.) hasta que consigamos la plena redención de nuestros cuerpos. Sólo entonces seremos plenamente hijos de Dios.</p>
<p>Empezamos la lectura de las parábolas del Reino de Dios. La clave de la lectura de hoy es traducir &#8220;semilla&#8221; por Palabra de Dios y &#8220;tierra&#8221; por corazón. La parábola del sembrador no es más que la representación de lo que sucede todos los días en nuestra vida.</p>
<p><strong>3. Lectura del santo evangelio según san Mateo </strong>13, 1-23</p>
<p><strong>Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los </strong><strong>pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga. » Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: -«¿Por qué les hablas en parábolas?» Él les contestó: -«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías:  &#8220;Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;  porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos,  ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.&#8221; ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.</strong></p>
</div>
<div>
<p><strong>a) La acción del sembrador: </strong></p>
<p>El relato parabólico habla de un sembrador, no de un campesino y su actividad está caracterizada por el contraste entre la pérdida de las semillas (13, 4-7) y el fruto abundante (13,8). Además, hay que notar una diferencia entre las riquezas de los particulares con la que viene descrita la pérdida de las semillas y la forma concisa del fruto abundante. Pero a la cantidad de experiencias sin éxito y de desilusión representada por las varias pérdidas de semilla (&#8230;<em>en el camino&#8230;en terreno pedregoso&#8230; entre espinas&#8230;</em>) se contrapone la grande cosecha que hace olvidar la experiencia negativa de la pérdida. Además, en la parábola hay una diferencia temporal entre la fase del comienzo de la semilla y la del fin que coincide con el fruto de la cosecha. Si en varios intentos de la semilla el fruto está ausente, tal falta nos lleva al Reino de Dios, al momento en el que se hará la gran cosecha. Jesús, el sembrador, siembra la semilla del Reino (13,19) que hace presente la señoría de Dios sobre el mundo, sobre los hombres y que realiza el fruto final. La parábola tiene tal fuerza persuasiva que lleva al oyente a tener confianza en la obra de Jesús que, aunque a veces se vea llena de fracasos y desilusiones, al final tendrá un éxito clamoroso.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>b) Jesús, aparte, comunica a los discípulos el objetivo de hablar en parábolas (13,10-17): </strong></p>
<p>Después de la narración de la parábola y antes de su explicación (13,18-23) los discípulos se acercan a Jesús ( el verbo acercarse expresa la relación íntima con Jesús) y le hacen una pregunta explícita, no ven el motivo por el que Jesús hable en parábolas a la gente (v.10: <em>¿Por qué les habla en parábolas?</em>). La respuesta a su pregunta los discípulos la reciben en el v. 13: <em>“&#8230;les hablo en parábolas, porque ellos, viendo no ven, y oyendo, no oyen ni entienden”. </em>Es como decir: la gente no entiende, ni comprende. Jesús no pretende forzarle a entender. De hecho, hasta ahora Jesús ha hablado y obrado con claridad, pero la gente no ha comprendido; sin embargo, habiendo disminuido la condición para exponer su mensaje en su radicalidad – esto es, la comprensión – recurre al lenguaje de las parábolas, que siendo más velado, estimula a la gente a pensar más, a reflexionar sobre los obstáculos que les impide la comprensión de la enseñanza de Jesús. Parecen repetirse los tiempos de Isaías, cuando el pueblo estaba cerrado al mensaje de Dios (Is 6,9-10) y cómo tal situación de rechazo previsto por la tradición bíblica se repita ahora en la gente que <em>“ve-escucha”, </em>pero no comprende. Jesús lo muestra en la primera parte de la respuesta cuando distingue entre aquéllos que entran en el conocimiento de los misterios del reino y los que son excluidos. El conocimiento de los misterios de Dios a saber, el plan de Dios, es posible con la intervención de Dios y no con las propias fuerzas humanas. Los discípulos son presentados como aquéllos que comprenden la palabra de Jesús, no porque sean más inteligentes, sino porque es Él mismo, quien les explica su palabra. La incomprensión de la gente se convierte en la causa de hablar en parábolas: ellos no entienden a Jesús, por tanto, ponen en evidencia su abierta incomprensión obstinada o mejor la incapacidad de discernir. Los discípulos, al contrario, son llamados dichosos porque pueden <em>ver y escuchar. </em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>c) La explicación de la parábola (13, 18-23): </strong></p>
<p>Jesús, después de haber expresado los motivos de por qué hablaba en parábolas, ilustra la suerte de la palabra del Reino en los diferentes oyentes. Aunque vienen enumerados cuatro tipos de terreno, dos son las tipologías de oyentes que se ponen en confrontación: quien escucha la Palabra y no comprende (13,19) y quien escucha la Palabra y comprende (13,23). Es interesante notar que Mateo, a diferencia de Marcos, narra la historia en singular. Es el empeño personal el yunque de prueba de la verdadera escucha y de la comprensión. La primera categoría de oyentes están por la escucha de la palabra (19), pero no la comprenden. La comprensión de la Palabra se ha de entender aquí, no a nivel intelectual, sino sapiencial, es necesario entrar en su significado profundo y salvífico. En la segunda (13,20-21) la Palabra, además de ser escuchada, es acogida con gozo. Tal acogida (falta de raíces) se hace inestable cuando al entusiasmo del principio sigue la continuidad de la elección, debida seguramente a experiencias de sufrimiento y persecución, inevitables en todo camino de fidelidad a la escucha de Dios. La tercera posibilidad evoca las preocupaciones materiales que pueden sofocar la Palabra (13,22). Y finalmente, el éxito positivo: la semilla perdida en los anteriores terrenos, se compensa con el resultado fructuoso. En síntesis se evocan en la parábola tres aspectos que siguen al acto de creer, activo y perseverante: el escuchar, el comprender y el llevar fruto.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>5. Pistas meditativas para la práctica eclesial </strong></p>
<p>- ¿Qué puede decir hoy la parábola a la Iglesia? ¿Qué terreno presenta nuestra comunidad eclesial? Y a nivel personal ¿qué disponibilidad interior y comprensión manifestamos ante la escucha de la Palabra? &#8211; ¿No es verdad que los peligros señalados por Jesús a sus discípulos sobre la acogida de la Palabra nos tocan también a nosotros? ¿Por ejemplo: la inconstancia de frente a las dificultades, la negligencia, la pereza, el ansia por el futuro, las preocupaciones cotidianas? &#8211; Los discípulos han</p>
</div>
<p>interrogarle sobre las preocupaciones y dificultades. En tu camino de fidelidad a la Palabra de Dios ¿a quién diriges tus interrogativos, tus preguntas? De la cualidad de nuestras preguntas dependen también las respuestas que Jesús sabe comunicarnos en la relación íntima y personal con Él. &#8211; La figura del sembrador nos lleva a la de la Iglesia en su empeño de evangelización: saber comunicar de un modo nuevo la figura de Jesús y los valores del evangelio. La Iglesia debe distinguirse por la autoridad de su enseñanza, por la franqueza de su predicación y por la fuerza de la acción. Hoy se necesitan evangelizadores fiables, solícitos e infatigables. Cada comunidad eclesial está llamada por la parábola del sembrador a no realizar una acción selección sobre las personas o contextos sociales donde anunciar el evangelio; es necesario tener amplitud de miras y dedicarse también a las situaciones que parecen imposibles para comunicar el evangelio. Cada acción pastoral de evangelización conoce un primer momento de efímero entusiasmo, al cuál, sin embargo, puede seguir una respuesta de frialdad y oposición. Los varios intentos de la pastoral, se comparan a los tres intentos del sembrador, que al final son recompensados con la abundancia del triple fruto. Ciertamente la palabra de Jesús germina y fructifica en los corazones disponibles a su acción, pero no se necesita desistir en el despertar del sopor, la indecisión y la dureza de oídos de muchos creyentes.</p>
<p><strong>6. Oración final </strong></p>
<p>Señor, tu parábola del sembrador, nos enseña a cada uno de nosotros, los caminos de nuestra vida, la dureza del vivir cotidiano, las dificultades y los momentos de docilidad y que constituye nuestro paisaje interior. Todos somos, muchas veces: caminos, pedregales y espinas. Pero también tierra fértil, buena. Líbranos de la tentación de las potencias negativas que intentan anular la fuerza de tu palabra. Fortifica nuestra voluntad cuando las emociones fugitivas, inconstancias hacen menos eficaz la seducción de tu Palabra. Ayúdanos a conservar el gozo que el encuentro con tu Palabra sabe engendrar en nuestro corazón. Haz fuerte nuestro corazón para que en la tribulación no nos sintamos indefensos y expuestos al desánimo. Danos la fuerza de resistir a los obstáculos que ponemos a tu Palabra cuando sobrevienen las preocupaciones del mundo o estamos engañados por el brillo del dinero, seducidos por el placer, por las vanidades de aparentar. Conviértenos en terreno bueno, personas acogedoras, para ser capaces de ofrecer nuestro servicio a tu Palabra. Amén</p>
<p><strong>Sugerencia de Cantos:</strong></p>
<p><strong>Entrada: </strong>Vienen con Alegría (C. Gabaraín) Iglesia Peregrina (C. Gabaraín) <strong>Presentación de Dones: </strong>Pan y Vino de Amor (Brotes de Olivo), Entre tus manos (Ray Repp), Este pan y vino (C. Erdozaín). <strong>Comunión: </strong>Cada mañana (C. Gabaraín) Un hombre, una tierra (F. Palazón), Para que escuchase el viento (F. Palazón), El Sembrador (A. Taulé) El Sembrador (K. Arguello) Que sea tu palabra (J. Elezkano) <strong>Salida: </strong>Id y enseñad (C. Gabaraín), María es esa Mujer (C. Gabaraín) María, la madre buena (Kairoi).</p>
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			<media:title type="html">Prayer of the Sawer de Pieter Bruegel the Elder 1566</media:title>
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		<title>Domingo 14 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jun 2011 18:04:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[DOMINGO CATORCE DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A San Agustín, en el primer libro de las Confesiones, hace esta plegaria: &#8220;Tú me incitas a que me deleite en alabarte, porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no repose en Ti&#8221;. Y en una carta afirma: &#8220;amamos el reposo, pero si [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=538&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/14ordinario.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-539" title="14Ordinario" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/14ordinario.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<div>
<p align="center"><strong>DOMINGO CATORCE DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A</strong></p>
<p>San Agustín, en el primer libro de las Confesiones, hace esta plegaria: &#8220;Tú me incitas a que me deleite en alabarte, porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no repose en Ti&#8221;. Y en una carta afirma: &#8220;amamos el reposo, pero si no es amando a Dios no lo encontramos&#8221;. Aquel obispo de Hipona, en el siglo IV, tuvo una vida apasionada que le sembró vanas inquietudes en el corazón y le hizo caer en la cuenta del ansia de una Verdad para reposar espiritualmente. Él buscaba, sentía la necesidad de conversión, pero su corazón regateaba con Dios. La experiencia de nuestro héroe de la santidad manifiesta los sentimientos de los corazones humanos de todas las épocas. Todos los hombres están en proceso de búsqueda. Todos querrían un punto que sostuviera y unificara el haz de los sentimientos y deseos. Uno se da cuenta de que hay una búsqueda de la felicidad, de la verdad y del sentido. Pero no siempre la gente acierta a encontrarlos.</p>
<p>Una de las invitaciones más cordiales del Evangelio: &#8220;Venid a mí&#8230;&#8221; Una invitación conmovedora. Uno adivina que las palabras de Jesús, sin duda, son el secreto de la coherencia de la propia vida. No es complicado. Es cuestión de sencillez, de dejarse arrebatar por la persona de Cristo. A fin de cuentas, ofrece reposo. Él hace que el corazón de los que se entregan, avancen serenamente por las rutas que el Espíritu tiene trazadas para cada bautizado. Y, para que no todo quede en bellas palabras, valdría la pena meditar esta semana sobre este evangelio. Convertirlo en oración personal. Hacer el propósito de confiar a Cristo las preocupaciones, las fatigas, los desencantos, las trabas de la vida&#8230; Aprender a encontrar algún momento diario de silencio para confiarse al Señor a través de la contemplación de su existencia reflejada en los evangelios.<br />
<span id="more-538"></span><br />
<strong>1. Oración inicial </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Te bendecimos, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido grandes cosas a los ‘sabios y prudentes’, y se las has revelado a los sencillos. Te pedimos que también a nosotros nos des un corazón de pobre, un amor a la Causa de los pobres, y el desprendimiento necesario para no dejarnos atar por los intereses egoístas, de forma que siempre sepamos captar el sentido de “estas cosas” que revelas a los sencillos. Amén. </strong></p>
<p>2. Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10</p>
<p><strong>Así dice el Señor: «Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén;  mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén, dictará la paz a las naciones;  dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.» </strong></p>
<p>Jerusalén se ha de alegrar y aclamar a su rey, que hará la entrada en la ciudad. Se trata del Mesías esperado. Su misión: salvar al pueblo. Sus armas: la bondad, la humildad y la paz El hecho de que vaya montado en un asno, más que un gesto de humildad, es un gesto de paz. En la guerra, combatían a caballo. Si el rey entra montado en un asno quiere decir que viene en son de paz. De hecho, es esto lo que el texto quiere subrayar expresamente: eliminará todos los ingenios para la guerra, carros, caballos y arcos. La acción del rey-Mesías se dirige a todo el pueblo, al reino del Norte (Efraín) y al del Sur (Jerusalén era su capital). Pero aun va más allá: todos los pueblos podrán oír sus palabras de paz. La extensión del dominio del rey es la extensión ideal en tiempos de Salomón: &#8220;Dominará de mar a mar&#8221; (desde el Mar Muerto hasta el Mediterráneo), &#8220;del Gran Río (el Eufrates) al confín de la tierra&#8221; (el torrente de Egipto, hasta la frontera con este país).</p>
<p><strong>3. SALMO RESPONSORIAL</strong> Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. 13cd-14 R.</p>
<p>El salmo proclamado hoy es una gozosa alabanza al Señor como soberano amoroso y tierno, preocupado por todas sus criaturas. En efecto, el centro del canto está constituido por la celebración intensa y apasionada de la realeza divina, que es la expresión del proyecto salvífico de Dios.</p>
<p>No estamos sometidos a fuerzas oscuras, ni estamos solos con nuestra libertad, sino que hemos sido confiados a la acción del Señor poderoso y amoroso, que tiene para nosotros un designio, un reino que instaurar. Este reino no consiste en el poder o el dominio, el triunfo o la opresión, como sucede con frecuencia en los reinos terrenos, sino que es la sede de una manifestación de piedad, ternura y bondad, como afirma el Salmo: «el Señor es lento a la cólera y rico en piedad». Por eso comenta San Pedro Crisólogo: «&#8221;Grandes son las obras del Señor&#8221;, pero más grande aún es su misericordia».</p>
<p>R/. <strong>Te ensalzaré, Dios mío, mi rey,<br />
bendeciré tu nombre por siempre jamás.</strong></p>
</div>
<div>
<p><strong><em>Te ensalzaré, Dios mío, mi rey,<br />
bendeciré tu nombre por siempre jamás.<br />
Día tras día te bendeciré<br />
y alabaré tu nombre por siempre jamás.</em></strong></p>
<p><strong><em>El Señor es clemente y misericordioso,<br />
lento a la cólera y rico en piedad;<br />
el Señor es bueno con todos,<br />
es cariñoso con todas sus criaturas.</em></strong></p>
<p><strong><em>Que todas las criaturas te den gracias, Señor.<br />
Que te bendigan tus fieles,<br />
que proclamen la gloria de tu reino,<br />
que hablen de tus hazañas:</em></strong></p>
<p><strong><em>El Señor es fiel a sus palabras,<br />
bondadoso en todas sus acciones.<br />
El Señor sostiene a los que van a caer,<br />
endereza a los que ya se doblan.</em></strong></p>
</div>
<p><strong>4. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13</strong></p>
<p><strong>Hermanos: Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.</strong></p>
<p>a) La carne designa el camino que el hombre elige en una preocupación de autosuficiencia, sin referirse a esta ayuda particular de Dios que es el Espíritu. La ley, aun siendo don de Dios puede pertenecer al orden de la carne cuando el hombre desnaturaliza hasta tal punto su observancia que hace de ella un medio para presentarse ante Dios con títulos y méritos. &#8220;Vivir en la carne&#8221; es, pues, querer la independencia que Adán ha buscado en la desobediencia y que los observadores exclusivos de la ley buscan en la obediencia formalista. Una y otra actitud avocan a la muerte, es decir, aislamiento con relación a Dios y a la era escatológica. &#8220;Vivir en el Espíritu&#8221; es aceptar que El &#8220;vive&#8221; en nosotros, que nuestro ser esté abierto entonces a una iniciativa de Dios para ser conducido por El a la vida y a la paz. Si vive en nosotros es como Maestro, aun cuando fuera aparentemente huésped de un cuerpo muerto, como ya lo fue en Jesús amortajado.</p>
<p>b) La vida de los cristianos en &#8220;espíritu&#8221; está en estrecha relación con la resurrección de Cristo, porque el mismo poder de Dios y el don de su único Espíritu (cf. Rom 1, 4) actúan tanto en un caso como en el otro (v. 11). Es por esto por lo que la vida del cristiano en espíritu es el mejor testimonio posible de la resurrección de Cristo.</p>
<p><strong>5. Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30</strong></p>
<p><strong>En aquel tiempo, exclamó Jesús: &#8211; «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»</strong></p>
<p><strong>1) Algunas preguntas para comprender el texto</strong></p>
<p>a) ¿Cuál es el punto del texto que más ha llamado mi atención y que más me gusta?</p>
<p>b) En la primera parte (25-27), Jesús se dirige al Padre. ¿Qué imagen del Padre revela en su oración? ¿Cuáles son los motivos que le empujan a dar alabanza a Dios? Y yo ¿qué imagen tengo de Dios? ¿Cómo y cuándo alabo al Padre?</p>
<p>c) ¿A quién se dirige Jesús en la segunda parte (28-30)? ¿Cuál es el yugo que mayormente pesaba sobre el pueblo de aquel tiempo? Y ahora ¿cuál es el yugo que más cansa?</p>
<p>d) ¿Cuál es el yugo que me da descanso?</p>
<p>e) ¿Cómo pueden las palabras de Jesús ayudar a nuestra comunidad a ser un lugar de reposo para nuestras vidas? f) Jesús se presenta como revelador y como camino al Padre. ¿Quién es Jesús para mí?</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>2) Comentemos el texto:</strong></p>
<p>Mateo 11, 25-26: <strong><em>Sólo los pequeños pueden entender y aceptar la buena nueva del Reino.</em></strong><em></em></p>
<p>De frente a la acogida del mensaje del Reino por parte de los <em>pequeños</em>, Jesús tiene un gran gozo y espontáneamente, transforma su gozo en una oración al Padre<em>:<strong> &#8220;Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque así te plugo&#8221;. </strong></em><em></em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Los sabios, los doctores de aquel tiempo, habían creado una serie de leyes en torno a la pureza legal, que después imponían al pueblo en nombre de Dios (Mt 15, 1-9). Ellos pensaban que Dios exigía todas estas observancias, para que el pueblo pudiese tener paz. Pero la ley del amor, revelada por Jesús, afirmaba lo contrario. De hecho, lo que cuenta, no es lo que hacemos por Dios, sino más bien, ¡lo que Dios, en su gran misericordia, hace por nosotros! Los <em>pequeños </em>oían esta nueva noticia y se alegraban. Los sabios y doctores no conseguían entender tal clase de enseñanza.</p>
<p>Hoy, como en aquel tiempo, Jesús está enseñando muchas cosas a los pobres y a los <em>pequeños</em>. Los sabios e inteligentes harán bien en convertirse en discípulos de estos <em>pequeños</em>. ¡Jesús oraba mucho! Oraba con los discípulos, oraba con el pueblo, oraba solo. Pasaba noches enteras en oración. Llegó a resumir todo su mensaje en una oración de siete peticiones, que es el <em>Padre Nuestro. </em>A veces, como en este caso, los evangelios nos informan del contenido de la oración de Jesús (Mt 11,25-26; 26-39; Jn 11,41-42; 17,1-26). Otras veces nos dan a conocer que Jesús rezaba los Salmos (Mt 26,30; 27,46). En la mayoría de los casos, sin embargo, dicen simplemente que Jesús oraba. Hoy por todas partes se están multiplicando los grupos de oración. En el Evangelio de Mateo, el término <em>pequeños </em> a veces indican a los niños, otras veces indica sectores excluidos de la sociedad. No es fácil distinguir. A veces lo que se llama <em>pequeño </em>en un evangelio, es llamado <em>niño </em>en otro. Además, no siempre es fácil distinguir entre lo que pertenece a la época de Jesús y lo que es, por el contrario, del tiempo de las comunidades para las que han sido escritos los evangelios. Pero, aun siendo esto así, lo que resulta claro es el contexto de exclusión que reinaba en aquella época y la imagen de persona acogedora de los <em>pequeños </em>que las comunidades primitivas tenían de Jesús.</p>
<p>Mateo 11,27<em>: E<strong>l origen de la nueva Ley: el Hijo conoce al Padre</strong></em></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong>Jesús siendo el Hijo, conoce al Padre y sabe lo que el Padre quería, cuando en el pasado, había llamado a Abrahán y a Sara para formar un pueblo o cuando consignó la Ley a Moisés para reforzar la alianza. La experiencia de Dios como Padre ayudaba a Jesús a entender de una manera nueva las cosas que Dios había dicho en el pasado. Lo ayudaba a reconocer errores y límites, dentro de los cuales la buena nueva de Dios había estado prisionera de la ideología dominante. La intimidad con el Padre le ofrecía un criterio nuevo que lo colocaba en contacto directo con el autor de la Biblia. Jesús no iba de la letra a la raíz, sino de la raíz a la letra. Él buscaba el sentido en la fuente. Para entender el sentido de una carta es importante estudiar las palabras que contiene. Pero la amistad con el autor de la carta puede ayudar a descubrir una dimensión más profunda en esas palabras, que el solo estudio no es capaz de revelar.</p>
<p>Mateo 11,28-30 Jesús invita <strong>a <em>todos</em></strong><em> </em>aquéllos que están cansados y promete su descanso.</p>
<p>El pueblo de aquel tiempo, vivía cansado, bajo el doble peso de los impuestos y de las observancias exigidas por las leyes de pureza. Y Jesús dice: <em>&#8220;Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es blando y mi carga ligera&#8221;</em>. A través del Profeta Jeremías Dios había invitado al pueblo a investigar en el pasado para conocer qué camino bueno podría dar descanso a las almas (Jer. 6,16). Este camino bueno aparece ahora en Cristo. Jesús ofrece descanso a las almas. Él es el camino (Jn 14,6). <em>Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. </em>Como Moisés, Jesús era manso y humilde (Num 12,3). Muchas veces esta frase ha sido manipulada para pedir al pueblo sumisión, mansedumbre y pasividad. Lo que Jesús quiso decir es todo lo contrario. Él pide que el pueblo, para poder entender las cosas del Reino, no le dé tanta importancia a &#8220;los sabios y doctores&#8221; esto es, a los profesores oficiales de la religión del tiempo y que confíen más en los <em>pequeños</em>. Los oprimidos deben comenzar a aprender de Él, de Jesús, que es &#8220;manso y humilde de corazón&#8221;. En la Biblia muchas veces la palabra <em>humilde </em>es sinónimo de <em>humillado</em>. Jesús no hacía como los escribas que se envanecían de su ciencia, sino que era como el pueblo humilde y humillado. Él, el Maestro, sabía por experiencia qué cosa pasaba por el corazón del pueblo y cuánto el pueblo sufría en la vida de cada día.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3) Para iluminar las actitudes de Jesús: </strong></p>
<p>El estilo de Jesús en el anuncio de la buena nueva del Reino En su modo de anunciar la buena nueva del Reino, Jesús revela una gran pasión por el Padre y por el pueblo humillado. Diferente de los doctores de su tiempo, Jesús anuncia la buena nueva de Dios, en cualquier lugar en donde encuentra gente que lo escucha. En las <em>sinagogas </em>durante la celebración de la Palabra (Mt 4,23). En las <em>casas </em>de los amigos (Mt 13,36). Caminando por los <em>caminos </em>con los discípulos (Mt 12,1-8). En el mar, a lo largo de las <em>playas</em>, sentado en la barca (Mt 13,1-3). Sobre la <em>montaña </em>donde proclama las bienaventuranzas (Mt 5,1). En las <em>plazas </em>de los pueblos y de las ciudades, donde el pueblo transporta a los enfermos (Mt 14,34-36). También en el <em>templo </em>de Jerusalén durante las peregrinaciones (Mt 26,35). En Jesús ¡todo es revelación de lo que dentro le anima! No sólo anuncia la buena nueva del Reino, sino que Él es una prueba viva del <em>Reino</em>. En Él aparece ya lo que acontece cuando una persona humana deja que Dios reine y tome posesión de su vida.</p>
<p>La invitación de la Sabiduría Divina a todos los que la buscan Jesús invita a todos los que sufren bajo el peso de la vida a encontrar en Él reposo y alivio (Mt 11,25-30) En esta invitación resuenan las palabras tan bellas de Isaías que consolaba al pueblo cansado por el destierro (Is 55,1-3). Esta invitación está en relación con la Sabiduría Divina, que convoca en torno a sí a las personas (Sir 24,18-19) afirmando que &#8221; sus caminos son caminos deleitosos y son paz todas sus sendas&#8221; (Prov 3, 17). También dice: &#8221; La sabiduría exalta a sus hijos y acoge a los que la buscan. El que la ama, ama la vida, y los que madrugan para salir a su encuentro, serán llenos de alegría&#8221; (Sir 4, 11-12). Esta invitación revela un aspecto importante del rostro femenino de Dios, la ternura y el acogimiento que consuela, revitaliza las personas y les hace sentir bien. ¡Jesús es el alivio que Dios ofrece al pueblo fatigado!</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>6. Oración final </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén </strong></p>
<p><strong>Sugerencia de Cantos:</strong></p>
<p><strong>Entrada: </strong>El Señor nos llama (A. Taulé) <strong>Presentación de dones: </strong>Tuya es mi Vida (M. Valverde) <strong>Comunión: </strong>Venid a Mi (Fernando M. Viejo) Venid a mi (Noviciado de la Consolación) Pacto de Esperanza (M. Valverde) Señor, no soy digno (J. A. Espinosa) El espíritu del Señor (Kairoi) El Señor es mi Fuerza (J. A. Espinosa) <strong>Salida: </strong>Tú eres del Señor (Kairoi)</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Ciclo A</title>
		<link>http://fuenteycumbre.com/2011/06/21/corpus-christi-a/</link>
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		<pubDate>Tue, 21 Jun 2011 18:07:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO Tanto las lecturas como las oraciones y el prefacio sitúan bien el contenido de la fiesta de hoy. Conviene que los leamos y meditemos antes de la celebración con profundidad. Y mucho mejor si los podemos comentar en grupo, con el equipo de liturgia, por ejemplo, si lo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=529&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/corpus.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-530" title="corpus" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/corpus.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:center;"><strong>SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO</strong></p>
<div>
<p>Tanto las lecturas como las oraciones y el prefacio sitúan bien el contenido de la fiesta de hoy. Conviene que los leamos y meditemos antes de la celebración con profundidad. Y mucho mejor si los podemos comentar en grupo, con el equipo de liturgia, por ejemplo, si lo hay. Y que hagamos un comentario que nos ayude a relacionarlo todo con la vida del lugar donde nos encontramos. Así, la preparación misma será imagen de la asamblea eucarística, Cuerpo de Cristo, como nos dice san Pablo: &#8220;El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan&#8221;.<br />
<span id="more-529"></span><br />
<strong>1. Oración:</strong></p>
<p>Señor Jesucristo, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tu que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p><strong>2. Lectura del libro del Deuteronomio 8,2-3. 14b-16a.</strong></p>
<p><strong><em>Habló Moisés al pueblo y dijo:</em></strong> <strong><em>Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. El te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná que tú no conocías ni conocieron tus padres para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.</em></strong></p>
<p>El <strong>Deuteronomio</strong> pone en boca de Moisés tres grandes y solemnes discursos ante el pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. Algunos han catalogado el Deuteronomio como el &#8220;testamento de Moisés&#8221;, refiriéndose a sus últimas palabras, llenas de unción y de una honda espiritualidad. Moisés hace memoria del pasado, para dar sentido al hoy de cada generación. La primera palabra de nuestro texto es &#8220;recuerda&#8221;. Recordar, hacer memoria, conectar con el pasado glorioso, es parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios no sólo ha irrumpido en un momento dado en la historia de este pueblo, sino que ha estado presente en todos los momentos alegres y tristes. Nunca le ha abandonado. Más aún las pruebas sufridas en el desierto, fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir exclusivamente de Yahvé, sin apoyos humanos. El desierto es símbolo de la fe pura. El hambre, necesidad básica y urgente se convirtió en prueba para medir la fe-confianza en el Dios que sacia plenamente. Más tarde en una sociedad próspera y consumista el pueblo se olvidó de Yahveh. Fue entonces cuando estos discursos de Moisés adquirieron plena actualidad. Se les recuerda que: &#8220;<em>no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios</em>&#8220;. Desde esta perspectiva el ayuno adquiere su sentido profundo. Recuérdese que Mateo retomará este verso para enfrentar las tentaciones de Jesús. En la fiesta de hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, ante las hambres de nuestros desiertos. El es el verdadero maná que Dios da a la humanidad. Todos los demás panes (el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder&#8230;) no logran saciar plenamente las ansias de hambre del corazón humano, más aún dejan un hambre mayor&#8230; Viene entonces Jesús con su palabra y sus gestos, con su propuesta de Reino y Alianza y hace posible un mundo lleno de posibilidades en donde todo se comparte y nadie pasa necesidad.</p>
<p><strong>3. Salmo</strong><strong> </strong><strong>responsorial (Sal 147)</strong><strong></strong></p>
<p>La Iglesia nos propone este salmo en la &#8220;Fiesta del Corpus Christi&#8221;, la Fiesta del  &#8220;Cuerpo y Sangre&#8221; del Señor. Este &#8220;pan de trigo que nos sacia&#8221; no puede menos de  hacernos pensar en este &#8220;pan de vida&#8221; del que Jesús habló con frecuencia (Juan 6).</p>
<p>El salmo 147 dice que Dios &#8220;envía su palabra a la tierra&#8230; y que su Verbo la recorre&#8230;&#8221;.  Se trata de una &#8220;palabra&#8221; casi personificada, que tiende a ser distinta de quien la profiere.  El autor del salmo no podía pensar en una tal perspectiva, pero nosotros no podemos  olvidar las palabras de San Juan: &#8220;El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros&#8221; (Juan  1,14). Sí, Jesús fue la mejor &#8220;expresión&#8221; de Dios. Sus hechos, sus gestos, sus palabras,  nos hablan mejor de Dios que todos los estudios que se han hecho sobre El. El es  &#8220;verdaderamente la Palabra&#8221; de Dios en el mundo.</p>
<p>Seguridad material. Alimentos terrenales. Felicidad humana: Hubo una época en  la Iglesia en que aparentemente se despreciaron los goces sencillos de esta tierra. Una  predicación &#8220;espiritualista&#8221;, desencarnada, hizo sospechosos estos goces humanos. La  religión de Israel era más realista y daba gracias a Dios cuando los &#8220;barrotes de las puertas  de la ciudad&#8221; habían resistido a los asaltos de los agresores&#8230; O cuando las provisiones de  la ciudad eran abundantes&#8230; O cuando la paz reinaba en las fronteras. ¿Por qué no volver  a los mismos temas para agradecer a Dios de todo lo bueno que hay en nuestras vidas  cotidianas? Gracias, Señor, por la casa que me protege&#8230; Gracias, Señor, por la comida y  el alimento que no falta&#8230; Gracias, Señor, por la libertad y la paz que tenemos&#8230; Pero de inmediato otra oración aflora en nuestros labios: danos, Señor, la seguridad en  estos tiempos de violencia&#8230; Sacia, Señor, a los hambrientos&#8230; Da, Señor, la paz a los  pueblos que están en guerra, a los perseguidos, a los desdichados.</p>
<p>El hombre tiene hambre de Dios. Cuando el hombre se hace las preguntas más  radicales, las fundamentales, sólo las puede resolver en Dios. ¿Qué es el hombre? ¿Qué  significan el sufrimiento, el mal, la muerte, que subsisten a pesar de tantos progresos? ¿De  qué sirven estas victorias pagadas a tan alto precio? ¿Qué sucederá después de esta  vida? ¿Por qué el hombre es ilimitado en sus deseos, conociendo muy bien sus límites? A  todas estas preguntas, no hay respuesta en el sistema cerrado sobre el hombre. Pero, ¿por  qué el hombre se encierra en sí mismo? En ciertos momentos, especialmente en los  grandes acontecimientos de la vida, nadie puede evitar este género de interrogantes.  Solamente Dios los puede responder plenamente. &#8220;¡Glorifica al Señor, Jerusalén! ¡Alaba a  tu Dios, oh Sión! ¡Qué alegría es la tuya, comparada con aquellos que la ignoran!&#8221;.</p>
</div>
<p><strong><br />
</strong></p>
<div>
<p><strong>SALMO RESPONSORIAL</strong><br />
<em>Sal 147,12-13. 14-15. 19-20</em></p>
<p>R/. <strong>Glorifica al Señor, Jerusalén</strong>.</p>
<p><strong><em>Glorifica al Señor, Jerusalén;<br />
alaba a tu Dios, Sión,<br />
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas<br />
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.</em></strong></p>
<p><strong><em>Ha puesto paz en tus fronteras,<br />
te sacia con flor de harina;<br />
él envía su mensaje a la tierra<br />
y su palabra corre veloz.</em></strong></p>
<p><strong><em>Anuncia su palabra a Jacob;<br />
sus decretos y mandatos a Israel;<br />
con ninguna nación obró así<br />
ni les dio a conocer sus mandatos.</em></strong></p>
</div>
<p><strong><br />
</strong></p>
<p><strong>4. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 10,16-17.</strong></p>
<p><strong><em>Hermanos:</em></strong><em> <strong>El cáliz de nuestra Acción de Gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?</strong></em><em> <strong>El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.</strong></em></p>
<p><strong>Pablo</strong> orienta a una comunidad de los peligros de división. Aprovecha el contexto comunitario de la Eucaristía para hacer algunas aplicaciones prácticas a este respecto. La palabra clave es: el Cáliz, el Pan&#8230; ¿no nos &#8220;une&#8221; a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo?. El tema es: La unión de todos en el cuerpo y la sangre de Cristo. De este modo revela el grave compromiso de unidad (común &#8211; unión) entre todos. Beber el Cáliz, comer el Pan&#8230;expresan el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos en Cristo. Si esto no está claro, nuestras Eucaristías están vacías de sentido, o son un mero rito religioso intimista, muy lejos de lo que lo que Pablo quiso inculcar a su comunidad. Acto seguido el Apóstol de los gentiles remacha el tema con la comparación &#8220;el Pan es uno&#8230; nosotros somos muchos&#8221;&#8230; para concluir que al comulgar &#8220;formamos un solo cuerpo&#8221;. La unidad en la universalidad, es un tema de gran actualidad. Pero también &#8220;el cuerpo&#8221; expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas visibiliza al Cristo total.<em></em></p>
<p><strong>5. Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,51-59.</strong></p>
<p><strong><em>En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.</em></strong> <strong><em>Disputaban entonces los judíos entre sí:</em></strong> <strong><em>¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?</em></strong> <strong><em>Entonces Jesús les dijo:</em></strong> <strong><em>Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.</em></strong> <strong><em>Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.</em></strong> <strong><em>El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.</em></strong> <strong><em>El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí.</em></strong> <strong><em>Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.</em></strong></p>
<p><strong>Situación vital de nuestro texto:</strong></p>
<p>La gente había sentido resistencia frente a las palabras de Jesús cuando dijo “<strong><em>He bajado del cielo”.</em></strong><em> </em>Inmediatamente dijeron: pero si conocemos a la mamá, al papá, si este es Jesús! Y entonces la encarnación suscitó una gran dificultad. Hoy nos encontramos con otra resistencia. Cuando Él dijo<strong><em> “Mi carne para la vida del mundo”</em></strong> inmediatamente la gente se pregunta: <strong><em>“¿Cómo puede éste hombre darnos a comer su carne?”.</em></strong></p>
<p>La gente no entendía. Y si no entendían en aquella época, menos hoy nosotros. Nosotros vemos cómo responde Jesús entonces. Jesús responde con siete afirmaciones. El evangelio de este domingo contiene siete afirmaciones. Le gusta el número siete al capítulo 6 de Juan. Al discurso del pan de vida. Recuerdan ustedes que les había dicho que hay siete preguntas que sirven de hilo conductor y que dan la estructura, el esqueleto, de todo el discurso del  pan de vida, de esta bella catequesis. Hay siete preguntas. Pues, ahora la última lección de Jesús está compuesta de siete afirmaciones.</p>
<ol>
<li><strong>1.     </strong><strong>Las siete afirmaciones de la parte final del discurso del “Pan de Vida”</strong></li>
</ol>
<p>En las siete afirmaciones se repite el mismo concepto. En las siete afirmaciones se repite siempre, ni una sola vez falta, la palabra “<strong>comer”</strong>. Comer significa asimilar, significa saber decir el Amén eucarístico, significa hacer verdaderamente la comunión. No un Jesús al cual contemplamos a distancia. Un Jesús al cual ahora nosotros encarnamos. Al cual ahora nosotros hacemos una sola cosa con nosotros. Siete afirmaciones en las cuales se repite la palabra comer. Pero ni una sola afirmación se repite al pie de la letra. Siempre hay una variante, siempre hay una nueva luz, siempre se abre una nueva ventana para que comprendamos la profundidad del misterio.</p>
<p>La primera es una afirmación que comienza en negativo, en condicional. <strong><em>“Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”</em></strong>.</p>
<p>La segunda, por el contrario es positiva: <strong><em>“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>Enseguida en la tercera vuelve a insistir: <strong><em>“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>La cuarta afirmación vuelve sobre el mismo concepto con una proposición bellísima que habla ahora de la alianza. <strong><em>“El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mi y yo en él”.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>La quinta se basa en una comparación: <strong><em>“Así como el Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me coma vivirá por mi”. </em></strong>La naturaleza de la alianza entre el discípulo y el Maestro viene de la comunión del Padre y del Hijo porque comulgar es hacer viva alianza con Cristo y en Él con la Trinidad.</p>
<p>La sexta afirmación es otra afirmación impositiva, muy bonita. Jesús dice lo que ocurre enseguida: <strong><em>“Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron vuestros antepasados,  ellos murieron”</em></strong>.</p>
<p>Y partiendo de esta realidad negativa, <strong><em>“ellos murieron”</em></strong>en seguida la séptima afirmación, la última, la más vibrante, la más alta, es la positiva para aquel que entra en alianza y en comunión con Cristo a través de la Eucaristía. <strong><em>“El que coma de este pan vivirá para siempre”.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong>Profundicemos el texto:</strong></p>
<p>Como ya hemos dicho, las siete afirmaciones repiten una sola idea. Jesús es el verdadero pan, el pan que da la vida, la vida eterna, vivimos de Él. Vivimos de lo que recibimos y este pan tiene que ser comido, y comerlo significa no solamente asimilarlo como palabra y como ejemplo, como modelo de vida sino asimilarlo como víctima ofrecida en sacrificio por mí. Víctima con la cual hay que entrar en una misteriosa comunión. Cada vez que comulgamos nosotros estamos invitados a asimilar el pan; Cristo. Usted no puede decir que desayunó simplemente colocando el pan sobre la mesa, mirándolo un par de minutos y pensando que ya desayunó No Usted tiene que coger el pan y tiene que comerlo. Pues bien, esa analogía explica la comunión. A Jesús hay que comerlo. ¿Qué quiere decir eso? No basta únicamente con mirarlo y mirarlo y mirarlo. Hay que encarnarlo. Y lo que nosotros encarnamos, asimilamos, lo hacemos una sola cosa con nosotros es nada más y nada menos que la cruz. Cuando comulgamos encarnamos el sentido de la muerte y resurrección de Cristo, estamos comulgando con la cruz. De esa manera, al asimilar a Cristo nos hacemos también Cristo crucificado para los demás, o sea, aquel que da la vida.</p>
<p>No podemos comulgar en la Eucaristía y regresar a la casa egoístas. No puede ser. Cuando comulgamos hacemos alianza con Cristo, nos hacemos uno con Él: ‘Él en mi y yo en Él’. Uno solo. Y entonces la cruz, Cristo con los brazos abiertos dando vida está en nosotros amando a todos los demás.</p>
<p>En estas palabras encontramos nosotros una expresión de lo que los otros evangelios presentan en la institución de la Eucaristía. En los otros evangelios Jesús dice <strong><em>“Tomad y comed esto es mi cuerpo, tomad y bebed esta es mi sangre”.</em></strong> Juan lo dice aquí de otra manera.</p>
<p>En definitiva, Jesús quiere subrayarnos que el hombre, nosotros, ustedes y yo, estamos llamados a alimentarnos del Verbo hecho carne, alimentarnos de Él como Palabra en la que hay que creer, como ejemplo que hay que seguir, como víctima propiciatoria a la que hay que adherirse. Adherirse místicamente, profundamente en un acto sacramental. En términos más sencillos y más pobres, Jesús es la vida del hombre.</p>
<p>El hombre está hecho para vivir <strong>en</strong>, <strong>con</strong>, <strong>por</strong>, e inclusive <strong>de</strong> Jesús. Vivir de Él mediante la fe que escucha su Palabra. Que le recibe como un Hijo de Dios, que cree que Él es el Hijo de Dios encarnado, el Hijo de Dios que ha dado su vida por mí. Comulgar es encarnar el sentido de la muerte y resurrección de Cristo, el acto salvífico por excelencia. Es traer a mí todo el poder y la fuerza de la cruz y hacerme uno con el crucificado mediante la comunión misteriosa con su sacrificio, su muerte, su cuerpo y su sangre benditos, entregados por nosotros en la cruz. Nosotros estamos destinados a vivir de Jesús. A encontrar en Cristo la plenitud de nosotros mismos y a realizar su destino en la comunión y en la identificación con Él.</p>
<p>Comulgamos con sus opciones, con sus actitudes, con sus comportamientos, con todo el evangelio. Y comulgamos con la mayor de todas sus opciones, la de dar la vida por los demás.</p>
<p><strong>Oración final</strong><br />
Señor Jesús, que partiste y repartiste tu pan, tu vino, tu cuerpo y tu sangre, durante toda tu vida, y en la víspera de tu muerte lo hiciste también simbólicamente; te pedimos que cada vez que nosotros lo hagamos también &#8220;en memoria tuya&#8221; renovemos nuestra decisión de seguir partiendo y repartiendo, como tú, en la vida diaria, nuestro pan y nuestro vino, nuestro cuerpo y nuestra sangre, todo lo que somos y poseemos. Te lo pedimos a ti, que nos diste ejemplo para que nosotros hagamos lo mismo.</p>
<p><strong>Sugerencia de Cantos:</strong></p>
<p><strong>Entrada:<br />
</strong>Reunidos en el nombre del Señor (F. Palazón) El Señor nos llama (A. Taulé) Alrededor de tu mesa (F. Palazón) Juntos como hermanos (C. Gabaraín)<strong> Presentación de dones: </strong>Bendito seas, Señor (F. Palazón) Con amor te presento, Señor (C. Erdozaín) Te ofrecemos, Señor (F. Palazón) Te presentamos el vino y el pan (J. A. Espinosa) <strong>Comunión: </strong>Yo soy el pan de la vida (C. Gabaraín) Fiesta del Banquete (C. Erdozaín) Maná Maná (P. E. Zezinho) Acerquemonos todos al altar (F. Palazón) Eucaristía (A. Luna) Señor, tú eres el pan<br />
Yo soy el pan de vida (S. Toolan) El pan de vida (Brotes de Olivo) Donde hay caridad y amor (J. Madurga) <strong>Salida: </strong>María, la Madre Buena (Kairoi) Santa María del Amén (J. A. Espinosa)<strong><br />
</strong></p>
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		<title>Solemnidad de Pentecostés &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jun 2011 22:53:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/el-aliento-de-dios.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-519" title="el-aliento-de-dios" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/el-aliento-de-dios.jpg?w=620&#038;h=465" alt="" width="620" height="465" /></a></p>
<div>
<p align="center"><strong>SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS CICLO A</strong></p>
<p>La Iglesia es la comunidad convocada por el Espíritu &#8220;para formar un solo cuerpo&#8221;, un cuerpo de hombres y mujeres transformados por dentro, por haber &#8220;bebido&#8221; el Espíritu, y que se siente &#8220;enviada&#8221; a hablar de las maravillas de Dios, hoy podríamos resaltar qué es lo que hace que merezca la pena pertenecer a esta comunidad convocada por el Espíritu: la Iglesia es el conjunto de hombres y mujeres que a lo largo de la Historia se han ido transmitiendo el testimonio de Jesucristo, hasta llegar a nosotros; es el lugar en el que podemos vivir y llenarnos de estos signos simples en los que reconocemos la presencia de Jesucristo; es el encuentro con otros que, como nosotros, quieren vivir la presencia y el seguimiento de Jesucristo, y sin los que nosotros andaríamos demasiado solos como para poder intentar de verdad ser cristianos.</p>
<p><strong>I. Oración</strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><em>V/ Ven, ¡oh Santo Espíritu!, llena los corazones de tus fieles  R/ y enciende en ellos el fuego de </em> <em>tu amor. </em></p>
<p>V. <em>Envía tu Espíritu y todo será creado. </em>R<em>. Y se renovará la faz de la tierra. </em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Oremos </strong></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>¡Oh Dios!, que instruiste los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos, según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo, Señor nuestro, </em></p>
<p>R. <em>Amén. </em></p>
<p><strong>2. Leamos despacio el texto de Hechos de los Apóstoles 2,1-11: </strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>“</em></strong><strong><em>1</em></strong><strong><em>Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. </em></strong> <strong><em>2</em></strong><strong><em>De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. </em></strong><strong><em>3</em></strong><strong><em>Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; </em></strong><strong><em>4</em></strong><strong><em>quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. </em></strong><strong><em>5</em></strong><strong><em>Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. </em></strong><strong><em>6</em></strong><strong><em>Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. </em></strong><strong><em>7</em></strong><strong><em>Estupefactos y admirados decían: „¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? </em></strong><strong><em>8</em></strong><strong><em>Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? </em></strong> <strong><em>9</em></strong><strong><em>Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, </em></strong><strong><em>10</em></strong><strong><em>Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, </em></strong><strong><em>11</em></strong><strong><em>judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios</em></strong><strong><em>‟</em></strong><strong><em>”. </em></strong></p>
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<p><strong>1. La comunidad reunida en un día de fiesta (Hechos 2,1) </strong></p>
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<p><strong>1.1. La fecha: “<em>Al cumplirse el día de Pentecostés…</em></strong><strong>” (2,1ª) </strong></p>
<p>La palabra “<strong><em>Pentecostés</em></strong>” quiere decir “el día número 50” o “el quincuagésimo día”. Se trata del nombre de una fiesta judía conocida como “Fiesta de las Semanas”, más exactamente la de las “siete semanas” que prolongaban la celebración de la gran fiesta de la Pascua. Se sumaba así una semana de semanas (7&#215;7), número perfecto que se celebraba al siguiente del día 49.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>La fiesta de la cosecha de los cereales </em></strong></p>
<p>En un principio se trataba de una fiesta campesina: después de recoger las primeras gavillas, los campesinos festejaban agradecidos el fruto de la siega, “<strong><em>las primicias de los trabajos, de lo sembrado en el campo</em></strong>” (Éxodo 23,16). De ahí que se acostumbrara ofrecerle a Dios dos panes con levadura cocinados con granos de la primera gavilla (ver Levítico 23,17). Pero con el tiempo, la fiesta campesina se convirtió en fiesta religiosa en la que se celebraba el gran fruto de la Pascua: el don de la Alianza en el Sinaí. Por esa razón los israelitas ofrecían también en esta fecha “<strong><em>sacrificios de comunión</em></strong>” (Levítico 23,18-20). La fiesta era tan grande que merecía el suspender todos los trabajos: “<strong><em>No harás ningún trabajo servil</em></strong>” (Números 28,26). Puesto que era una las tres fiestas de peregrinación para los que vivían fuera de Jerusalén, sumado al hecho de que fuera día vacacional, se explica suficientemente el que hubiera tanta gente en la calle ese día en Jerusalén (ver Hechos 2,5-6).</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>De la fiesta campesina la fiesta de la Alianza del Sinaí </em></strong></p>
<p>La antigua fiesta campesina se transformó después en una fiesta “histórica” que celebraba la Alianza del Sinaí. Después que Dios sacó a su pueblo de Egipto, y en medio del desierto, lo condujo hasta el Monte Sinaí para hacer con él la Alianza. Allí Dios se manifestó en medio de una tormenta, cargada de viento y fuego.  Según Éxodo 19, las doce tribus fueron reunidas al pie de la santa montaña para recibir los mandamientos. Algunas leyendas judías dicen que la voz de Dios se dividía en setenta voces, en setenta lenguas, para que todos los pueblos pudieran entender la Ley, pero sólo Israel aceptó la Ley del Sinaí. En fiesta de “Pentecostés”, Dios renovaba su Alianza con los judíos de nacimiento y con los convertidos y simpatizantes del judaísmo (“temerosos de Dios” y “prosélitos”), que venían en peregrinación a Jerusalén. En el relato que vamos a leer enseguida notamos que así como en el Sinaí había doce tribus, en Jerusalén había gente venida de doce países diferentes: desde peregrinos venidos de Roma –centro del Imperio- hasta venidos de la región del mediterráneo así como del desierto.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>Un nuevo “Pentecostés”: la realización plena del don de la Alianza </em></strong></p>
<p>Lucas encuadra el acontecimiento de la venida del Espíritu Santo en este ámbito histórico y religioso. Un detalle importante es que Lucas no se limita a darnos un dato cronológico sino que en su narración le da el énfasis de un “cumplimiento”, por eso el texto griego se puede leer como: “<strong><em>cuando se cumplió la cincuentena</em></strong>” (2,1). Con esto muestra que se trata del cumplimiento de una promesa. En efecto, ya en Lucas 24,49 y en Hechos 1,4-5.8 el terreno había sido preparado con la palabra profética sobre la venida del Espíritu Santo. Por lo tanto el trasfondo de la fiesta judía es retomado y notablemente superado por la palabra y la obra de Jesús: estamos ante la plenitud de la Pascua de Jesús. En el Pentecostés cristiano, la gracia de la Pascua se convierte en vida para cada uno de nosotros por el poder del Espíritu Santo, mediante una alianza indestructible, porque está sellada en nuestro interior.</p>
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<p><strong>1.2 El lugar: “…<em>Estaban reunidos todos en un mismo lugar</em></strong><strong>” (2,1b) </strong></p>
<p>La expresión “<strong><em>todos juntos</em></strong>” recalca la unidad de la comunidad y es una característica del discipulado en los Hechos de los Apóstoles. Una frase parecida la encontramos en 1,14. Así se anuncia quiénes van a recibir el don del Espíritu Santo. Se trata de la comunidad que había sido recompuesta numéricamente cuando se eligió al apóstol Matías (1,26). Una comunidad cuyo número indica el pueblo de la Alianza que aguarda las promesas definitivas de parte de Dios. En ella no se excluyen, puesto que estaban “<strong><em>todos</em></strong>”, la Madre de Jesús y un grupo más amplio de seguidores de Jesús. Este “<strong><em>todos</em></strong>” anuncia también la expansión del don a todas las personas que se abren a él, como efectivamente lo irá narrando –a partir de este primer día- el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero, ¿cómo recibieron el don del Espíritu y qué hicieron enseguida? Veamos.</p>
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<p><strong>2. Dentro del cenáculo: la efusión del Espíritu (Hechos 2,2-4) </strong></p>
<p><strong>2.1. Dos signos: el viento y el fuego (2,2-3) </strong></p>
<p>Así como cuando el cielo nos hace presentir que algo va a pasar, sea una tempestad u otra cosa, así sucede aquí: primero Dios manda signos que atraen la atención sobre lo que está a punto de suceder; este preludio de su manifestación da paso, luego, a la experiencia de su maravillosa presencia. En la manifestación de la venida del Espíritu Santo al hombre, encontramos dos signos que despiertan nuestra atención: uno para el oído y otro para los ojos.</p>
<p><strong>(1) Un signo para el oído: el viento (2,2) </strong></p>
<p>Primero hay un viento, que es un signo para el oído, un viento que se hace sentir: “<strong><em>De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban” </em></strong><strong>(2,2). </strong> El viento en la Biblia, está asociado al Espíritu Santo: se trata del “Ruah” o “soplo vital” de Dios. Ya el profeta Ezequiel había profetizado que como culmen de su obra Dios infundiría en el corazón del hombre “<strong><em>un espíritu nuevo</em></strong>” (Ez 36,26), también Joel 3,1-2; pues bien, con la muerte y resurrección de Jesús, y con el don del Espíritu los nuevos tiempos han llegado, el Reino de Dios ha sido definitivamente inaugurado. No sólo Lucas nos lo cuenta, también según Juan, el mismo Jesús, en la noche del día de Pascua, sopló su Espíritu sobre la comunidad reunida (ver el evangelio de hoy: Juan 20,22: “<strong><em>Sopló sobre ellos</em></strong>”; también Juan 3,8). Pero lo que aquí llama la atención es el “<strong><em>ruido</em></strong>”, elemento que nos reenvía a la poderosa manifestación de Dios en el Sinaí, cuando selló la Alianza con el pueblo y le entregó el don de la Ley (Éxodo 19,18; ver también Hebreos 12,19-20). El “<strong><em>ruido</em></strong>” se convertirá en “<strong><em>voz</em></strong>” en el versículo 6. Éste es producido por “<strong><em>una ráfaga de viento impetuoso</em></strong>”, lo cual nos aproxima a un “soplo”.  Observemos que se dice “<strong><em>como</em></strong>”, o sea, que se trata de una comparación; el término en el lenguaje bíblico nos indica lo indescriptible que es la experiencia religiosa. El hecho que provenga “<strong><em>del cielo</em></strong>”, quiere decir que se trata de una iniciativa de Dios. El cielo no se ha cerrado con el regreso de Jesús a él, todo lo contrario, como dice Pedro más adelante: “<strong><em>Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís</em></strong>” (Hechos 2,33).</p>
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<p><strong>(2) Un signo para la vista: el fuego (2,3) </strong></p>
<p>Enseguida aparece un signo hecho para la vista: “<strong><em>Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos” </em></strong>(2,3). Las “<strong><em>lenguas como de fuego</em></strong>”, también de origen divino, son un signo elocuente. Lo mismo que el “viento”, en la Biblia el “<strong><em>fuego</em></strong>” está asociado a las manifestaciones poderosas de Dios (ver Éxodo 19,18) e indica la presencia del Espíritu de Dios No debería tomarnos por sorpresa. En este mismo evangelio, ya san Juan Bautista ya nos había familiarizado con el signo: “<strong><em>El os bautizará en Espíritu Santo y fuego</em></strong>” (3,16). Por su parte Jesús había dicho: “<strong><em>He venido a traer fuego a la tierra y cuánto deseo que arda</em></strong>” (13,49).  Así como en el signo visual que el evangelista presentó en la escena del Bautismo de Jesús (“bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma”, Lucas 3,22), lo mismo sucede aquí pero con la imagen del “<strong><em>fuego</em></strong>” que se “<strong><em>posa sobre cada uno de ellos</em></strong>”. Pero a diferencia de la misteriosa imagen de la paloma, la imagen del fuego es coherente y más fácilmente comprensible dentro de lo que está narrando. La forma de “lengua” atribuida al fuego sirve para describir la distribución del mismo fuego sobre todos, pero crea un bello juego de palabras con el término “lengua” que asocia las “<strong><em>lenguas como de fuego</em></strong>” (v.3) del Espíritu con el “<strong><em>hablar en otras lenguas</em></strong>” (v.4) por parte de los apóstoles. Se cumple la profecía de Juan Bautista sobre el bautismo en Espíritu Santo y fuego (ver Lucas 3,16).</p>
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<p><strong>2.2. La realidad: “quedaron todos llenos del Espíritu Santo” (2,4a) </strong></p>
<p>Después de los signos iniciales, de referente externo, Lucas nos invita a entrar en la experiencia interna y así captar el significado: ¿Qué es lo que está pasando en el corazón de los discípulos? ¿Cuál es la acción interior del Espíritu Santo?</p>
<p>Después de los signos emerge la realidad, una realidad que se describe con sólo una línea: <strong><em>“</em></strong><strong><em>Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo” </em></strong><strong>(2,4ª)<em>. </em></strong>Este es sin duda, el acontecimiento más importante de la historia de la salvación, junto con la creación, la encarnación, el misterio pascual y la segunda venida de Cristo. ¡Y está descrito solamente en una línea! (dan ganas de ponerse de rodillas). Decir que los discípulos “<strong><em>quedaron llenos</em></strong>” del Espíritu Santo, que el mismo Dios los llenó de Espíritu Santo, es como decir, para explicarnos con un ejemplo, como un gran embalse de agua –de esos que se utilizan para generar energía- que de repente se convirtiera en una inmensa catarata que se vacía a través un dique y entonces toda esa enorme masa de agua, que es la vida trinitaria, se vaciara en los pequeños recipientes de los corazones de cada uno de los apóstoles.</p>
<p>“<strong><em>Quedaron llenos</em></strong>”. Después de purificar a los hombres por la cruz de su Hijo, de prepararlos como odres nuevos, Dios los hace partícipes de su misma Vida. El corazón de los discípulos ha sido hecho partícipe, por así decir, como un vaso comunicante, de la vida trinitaria. Por el don de su Espíritu, Dios infunde su amor en cada criatura y la recrea con su luz.</p>
<p>“<strong><em>Quedaron llenos</em></strong>”. Los discípulos hicieron la experiencia de ser amados por Dios, una experiencia verdaderamente transformante, puesto que sana a fondo todas las fisuras que permanecen en el corazón por los dolores de la vida, por las carencias, y le da a la vida un nuevo impulso, una nueva proyección.</p>
<p>“<strong><em>Quedaron llenos</em></strong>”. La palabra que repetimos con tanta frecuencia, “el amor de Dios”, que muchas veces es una palabra vacía, aquél día fue para los apóstoles una gran realidad. Les cambió la vida. Les dio un corazón nuevo, el corazón nuevo prometido por Jeremías (31,33) y por Ezequiel (36,26). Y, como veremos enseguida, se nota que desde ese momento, los apóstoles comenzaron a ser otras personas.</p>
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<p><strong>2.3. La reacción de los destinatarios de la unción: hablar en lenguas (2,4b) </strong></p>
<p>El “viento” se convierte en “soplo” santo que inunda a todos los que están en el cenáculo y las “lenguas como de fuego” sobre cada uno se convierten en nuevas “lenguas”, en una capacidad nueva de expresión. Aquí se nota el primer cambio en la vida de los discípulos de Jesús. El Espíritu Santo, el soplo vital de Dios, lleva a hablar otras lenguas: “<strong><em>Y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse</em></strong>” (2,4b). El término “<strong><em>otras</em></strong>” (lenguas) es importante aquí para que lo distingamos del hablar incomprensible (la oración en lenguas o “glosolalia”), la cual necesita de un intérprete (de esto habla Pablo en 1ªCorintios 12,10). Lo que sucede aquí parece más próximo a lo que el mismo Pablo dice en 1ªCorintios 14,21, citando a Isaías 28,11-12, y está relacionado con la predicación cristiana a los no convertidos. En otras palabras, lo que el Espíritu Santo pone en boca de los discípulos es el “kerigma” (ver el evangelio del domingo pasado), el cual recoge “<strong><em>las maravillas de Dios</em></strong>” (2,11) realizadas a través de Jesús de Nazareth, particularmente su muerte y resurrección. Pero esta capacidad de comunicarse irá más allá: se convertirá poco a poco en el lenguaje de un amor que se la juega toda por los otros, que ora incesantemente, que perdona y se pone al servicio de todos. No hay que perder de vista que el don del Espíritu es del amor de Dios. Lo que aquí comienza como “lengua” o “comunicación”, terminará generando el mayor espacio de comunicación profunda que hay: la comunidad cristiana. Su motor es el amor. Es como si el Espíritu continuamente nos dijera al oído: “en todo pon amor”, “lleva siempre amor en tu corazón”, “si corriges, pon amor; si la dejas pasar, pon amor; si callas, pon amor”.</p>
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<p><strong>3. Fuera del cenáculo (Hechos 2,5-11) </strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>La segunda escena ocurre en la plaza frente al cenáculo. Allí vemos como el corazón nuevo de los apóstoles se expresa concretamente en la vida.</p>
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<p><strong>3.1. La gente estaba estupefacta (2,5-6) </strong></p>
<p>Todos quedaron fuertemente admirados. Los efectos de la venida del Espíritu son los mimos que se daban cuando Jesús entraba poderosamente en la vida de las personas; por ejemplo, cuando manifestó sobre el lago su potencia divina, se dice que quienes lo vieron quedaron estupefactos (ver Lucas 8,25). Aquí se dice lo mismo con relación a la manifestación del Espíritu Santo: “<strong><em>la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. (Estaban) estupefactos y admirados&#8230;</em></strong>”.</p>
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<p><strong>3.2. La congregación de todos los pueblos (2,7-11) </strong></p>
<p>Confrontando los humildes galileos con la multitud internacional y pluricultural que se congrega frente al cenáculo, Lucas sigue el relato haciendo la lista de las naciones (ver 2,7-11ª). La enumeración sigue círculos concéntricos. La lista termina diciendo, “<strong><em>todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios</em></strong>” (2,11b). Así aparece otro elemento importante del mensaje de Pentecostés. Teniendo presente el relato la torre de Babel (ver Génesis 11,1-9), Lucas nos muestra una gran transformación operada por la venida del Espíritu Santo. En Babel se confunden las lenguas: hay caos lingüístico que representa cómo cuando cada persona se apega a su propio proyecto y no es capaz de abrirse al de los demás, nunca es posible construir un proyecto comunitario. Babel, entonces, es caos ideológico, reflejo del caos sicológico puede darse dentro de uno: conflicto de proyectos y de deseos contradictorios que emergen continuamente. Babel se repite todos los días: se comienza hablando una misma lengua, se diseñan proyectos comunes, pero de repente aparecen los intereses personales que mandan todas las alianzas al piso, que rompen en definitiva las relaciones. Pero en Pentecostés todos son capaces de comprenderse: todos hablan diversas lenguas (y por eso esa laga lista de pueblos), pero llega un momento en que todos se entiende, como si estuvieran hablando una misma lengua. Esta lengua es la del amor, cuya máxima expresión es el amor de Dios: “<strong><em>las maravillas de Dios</em></strong>”.</p>
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<p><strong>3.3. La honra al nombre de Dios (2,11b) </strong></p>
<p>Retomemos la frase final: “<strong><em>Todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios</em></strong>” (2,11b). Recordemos que en Babel la torre allí mencionada en realidad era un templo en forma de pirámide sacra, por lo tanto se trataba de una experiencia religiosa. ¿A qué se alude? Se alude a un problema que puede surgir de una experiencia religiosa mal llevada. El mismo texto lo dice: “<strong><em>Hagámonos un </em></strong><strong>nombre <em>para que no nos dispersemos sobre la faz de la tierra</em></strong>” (Génesis 11,4; la Biblia de Jerusalén traduce: “hagámonos famosos”). Aquí el pecado no está en el hecho de honrar a la divinidad con un templo sino querer “<strong><em>hacerse un nombre</em></strong>”, es decir, el querer ser adorados ellos mismo y no Dios. Esto sucede a veces, es lo podemos llamar la “instrumentalización” de Dios. Se dice que se trabaja por Dios pero en el fondo podría estarse buscando otra cosa: “<strong><em>hacerse un nombre</em></strong>”.  En Pentecostés es distinto: los apóstoles no trabajan para sí mismos, no quieren hacerse un nombre, sino darle honra al nombre de Dios, esto es, proclamar las grandes maravillas de Dios: “<strong><em>Todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios” </em></strong>(v.11 Cuando en el mundo de las relaciones cada uno trata de hacerse un nombre, se crean polos, tantos polos cuantas sean las personas que están centradas en sí mismas. Babel es la guerra de los egoísmos, en cambio Pentecostés es la formación de la comunidad en la comunión de diversidades cuyo centro es Dios.  Los mismos discípulos que antes de la Cruz de Jesús discutían quién era el mayor, viven ahora una conversión radical que es como la revolución copernicana: se han descentrado de sí mismos –están llenos de amor- y se han centrado en Dios. Todo está orientado hacia la gloria de Dios, hacia la alabanza de Dios y es en Él en quien convergemos todos, poniendo nuestros mejores esfuerzos en ayudar a construir su proyecto creador en el mundo. Esta es la conversión que nos aguarda a todos. Lo que sucedió el día de Pentecostés fue apenas la inauguración; el evento nos sigue envolviendo a todos los que los que lo aguardamos con el corazón ardiendo por la escucha de la Palabra de Dios y la oración. Así, en cada uno de sus miembros, la Iglesia adquiere todos los días un rostro nuevo, reflejo del amor de Dios.</p>
<p><strong>II. SALMO RESPONSORIAL </strong><strong><em>Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 3</em></strong></p>
<p>El salmo 103 proclama a Dios admirable en las obras de la creación. Para el creyente, la creación se hace transparente, y ve en ella la mano de Dios. Especialmente, en el misterio de la vida. Una misma palabra, &#8220;ruah&#8221;, designa en hebreo el viento, el aliento y el espíritu vital (los traductores griegos lo llamarán pneuma, y los latinos spiritus). Si un hombre, animal o planta muere, el salmista que contempla la naturaleza entiende que Dios le ha retirado el ruah, y por eso vuelve al polvo de donde había salido (v. 29). Pero Dios no cesa de enviar su espíritu a la tierra, renovando así la creación y repoblando la faz de la tierra (v. 30, R/). Todo aliento de vida de la creación es una participación o reflejo del ruah de Dios. Si hay vida sobre la tierra es porque Dios no cesa de enviar su aliento. Por eso la vida es sagrada. El gesto de Jesús exhalando su aliento sobre los discípulos sugiere el sentido cristiano de este salmo.</p>
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<p><strong><br />
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<p><strong> </strong></p>
<p>R/. <strong>Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra</strong>.<strong></strong></p>
<p><strong><em>Bendice, alma mía, al Señor.<br />
¡Dios mío, qué grande eres!<br />
Cuántas son tus obras, Señor;<br />
la tierra está llena de tus criaturas. </em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>Les retiras el aliento, y expiran,<br />
y vuelven a ser polvo;<br />
envías tu aliento y los creas,<br />
y repueblas la faz de la tierra. </em></strong></p>
<p><strong><em>Gloria a Dios para siempre,<br />
goce el Señor con sus obras.<br />
Que le sea agradable mi poema,<br />
y yo me alegraré con el Señor.</em></strong></p>
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<p><strong><em><br />
</em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>III. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,3b-7. 12-13.</strong></p>
<p><strong>Hermanos:</strong> <strong>Nadie puede decir «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.</strong> <strong>Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.</strong></p>
<p>Un solo Espíritu&#8230;, un solo Señor&#8230;, un solo Dios. Dios es la fuente de los diversos dones que tienen los creyentes, y es además el modelo de cómo la diversidad se compagina con la unidad. Una larga comparación con el cuerpo viviente permite entender lo que es la Iglesia y, al mismo tiempo, nos muestra cómo tenemos que complementarnos y respetarnos unos a otros. No hay comunidad auténtica, si cada uno no participa activamente en la vida de esa comunidad, poniendo su talento al servicio de todos. Hasta el cristiano más humilde, o más pobre, puede tener riquezas de orden moral, artístico, etc., con que puede servir a los demás. Cuando uno se compromete en la vida cristiana, el Espíritu despierta en él nuevas capacidades, muchas veces inesperadas. Si sabemos demostrar más atención a las riquezas propias de cada uno, y despertarle la conciencia de su dignidad y de su responsabilidad, veremos brotar en la Iglesia una multitud de iniciativas, fruto del Espíritu.</p>
<p><strong>III. Lectura del santo Evangelio según San Juan 20,19-23.</strong></p>
<p><strong><em>Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:</em></strong> <strong><em>-Paz a vosotros.</em></strong> <strong><em>Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:</em></strong> <strong><em>-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.</em></strong> <strong><em>Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:</em></strong> <strong><em>-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.</em></strong></p>
<p>El autor del cuarto evangelio sitúa las apariciones del Señor resucitado narradas en el capítulo 20, del que hoy la Iglesia nos propone unos versículos, con los detalles del tiempo y lugar en que se realizan. Teniendo presente su estilo habitual, sabemos que todas estas indicaciones tienen un sentido preciso, son ellas también “<strong>signos</strong>”, con un valor teológico profundo.</p>
<p>Así pues, el texto que hoy proclamamos y que nos acompaña en la oración personal y en la celebración, nos sitúa en el domingo de Pascua, <em>“<strong>el primer día de la semana</strong></em><em>”</em>. Este apelativo en el Nuevo Testamento indica siempre el domingo. A finales ya del primer siglo, el vidente de Patmos lo llamará también “el día del Señor” (Ap 1,10). Día importante, porque recuerda la resurrección de Cristo el Señor (cf. Mc 16, 9), y también el día en el que el mismo Resucitado se aparece a los discípulos, sus “hermanos” (cf. Mt 28,10) y a las mujeres que “muy de madrugada van al sepulcro” (Mt 28,9-10; Mc 16,2; Lc 24,1; Jn 20, 1).</p>
<p>La primera aparición del Maestro resucitado tiene, pues, lugar en “el atardecer de aquel día, el día primero de la semana” (Jn 20, 19). Los discípulos están “<strong>en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos</strong>”. Cristo resucitado es Señor del tiempo y del espacio: las puertas cerradas, lo mismo que la muerte, ya no constituyen un obstáculo para que él se manifieste, “ya no tienen dominio sobre él” (cf. Rom 6, 9.</p>
<p>Entra en casa, se pone en medio de los suyos, les muestra las señales que lo identifican: <em>“<strong>las manos y el costado</strong></em><em>”</em> con las heridas propias del Crucificado el viernes santo.</p>
<p>Por dos veces les saluda con el saludo propio de Israel, “<strong>Shalom</strong>!”, que aquí es también <strong>el primer don de su resurrección</strong>. Inmediatamente los saca de sus miedos, los lanza al anuncio, a la misión, la misma que él realizó por voluntad del Padre. En las palabras del envío “<strong><em>Como el Padre</em></strong><em> me envió os envío <strong>yo también</strong></em><em> a vosotros”</em> (v. 21), encuentro una expresión repetida de la igualdad entre Jesús y el Padre. Esta fórmula es frecuente en el evangelio de Juan de manera especial. Me gusta por lo menos citar alguna otra, teniendo en cuenta no sólo ni tanto la belleza literaria de las expresiones cuanto más bien la profunda realidad ontológica que revelan: “<strong>El Padre y yo somos uno</strong>” (cf. Jn 5, 19.21.23.26; 10, 15.25.30; 14, 6-7.11.20; 15, 9; 17, 21).</p>
<p>“<strong>Como el Padre, así también Yo</strong>”. El modelo, el referente es siempre el Abbá, el Padre. Y Jesús hablará de lo que le ha oído al Padre, hará las obras que ha visto realizar al Padre; como el Padre le conoce íntimamente a él, él conoce a sus ovejas, a los que son suyos, a los que el Padre le ha confiado. ¡Que seguridad le tenía que dar a Jesús esta igualdad con el Padre en todo y qué seguridad me da también a mí! Con Jesús está siempre el Padre&#8230;</p>
<p>Juan prosigue en su narración: <em>“<strong>Dicho esto</strong></em><em>”,</em> <strong>el Maestro exhala su aliento, su “ruah” sobre los discípulos y les comunica el Espíritu Santo</strong>. Otro gesto preñado de significado: Jesús exhala sobre los discípulos su mismo Espíritu. Les transmite así el verdadero don pascual. &#8220;Es <strong>el Pentecostés joaneo,</strong> que el evangelista aproxima al evento de la resurrección para subrayar su particular perspectiva teológica: es única la “hora”, a la que tendía toda la existencia terrena de Jesús, es la hora en la que glorifica al Padre mediante el sacrificio de la cruz y la entrega del Espíritu en la muerte, y es también, inseparablemente, la hora en la que el Padre glorifica al Hijo en la resurrección. En esta hora única Jesús transmite a los discípulos el Espíritu”.</p>
<p>En la cruz, “sabiendo Jesús que todo estaba cumplido”, había entregado el espíritu (cf. Jn 19, 28.30), como preludio de esta efusión plena la tarde de Pascua. La entrega-comunicación del Espíritu está aquí relacionada con el poder de perdonar el pecado. El Espíritu es, en efecto, “la remisión de los pecados”. Así lo identifica la liturgia.</p>
<p>Entremos en este camino, haciendo nuestra esta bella oración:</p>
<p>“<strong><em>Ven, oh Espíritu Santo, y danos un corazón grande, abierto a tu silenciosa y potente palabra inspiradora; </em></strong> <strong><em>(un corazón) hermético ante cualquier ambición mezquina; un corazón grande para amar a todos, para servir a todos, para sufrir con todos; un corazón grande, fuerte para resistir en cualquier tentación, cualquier prueba, cualquier desilusión, cualquier ofensa; </em></strong> <strong><em>un corazón feliz de poder palpitar al ritmo del corazón de Cristo y cumplir humildemente, fielmente, virilmente, la divina voluntad</em></strong>”</p>
<p>(Pablo VI, el 17 de mayo de 1970).</p>
<p>Sugerencia de Cantos:<br />
<strong>Entrada:</strong> Ser Testigos (Alfonso Luna &#8211; Testigos en la Fe), Llenos del Espíritu de Dios (Mercedes Gonzales &#8211; Balada del Camino) <strong>Secuencia:</strong> Ven Espíritu Divino (Antonio Alcalde &#8211; Espíritu Santo Guíanos) <strong>Aleluya:</strong> Canta Aleluya ( Luis Alfredo &#8211; Ven Espíritu Santo) <strong>Presentación de Dones</strong>: Este pan y vino (Carmelo Erdozaín &#8211; Cerca está el Señor)<strong> Comunión:</strong> Envía tu Espíritu (Joaquín Madurga &#8211; Unidos en la Fiesta) Oh Señor, envía tu Espíritu ( Lucien Deiss &#8211; Pueblo de Reyes) El espíritu del Señor (Kairoi &#8211; A tu lado Señor)<br />
La hora del espíritu (Antonio Alcalde &#8211; Espíritu Santo Guíanos o Todavía nacen flores) Soplo de vida (Antonio Alcalde &#8211; Espíritu Santo Guíanos) <strong>Salida:</strong> Reina de los apóstoles &#8211; Antonio Alcalde &#8211; Espíritu Santo Guíanos</p>
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		<item>
		<title>Cantos para el 5o. Domingo de Pascua &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Fri, 20 May 2011 23:06:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Recursos y Materiales]]></category>
		<category><![CDATA[Sugerencias musicales]]></category>
		<category><![CDATA[Cantos]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
		<category><![CDATA[Pascua]]></category>
		<category><![CDATA[Sugerencia de cantos]]></category>

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		<description><![CDATA[ALREDEDOR DE TU MESA F. Palazón – Alrededor de tu mesa Alrededor de tu mesa, venimos a recordar (2) que tu palabra es camino tu cuerpo fraternidad (2) Hemos venido a tu mesa a renovar el misterio de tu amor con nuestras manos manchadas arrepentidos buscamos tu perdón. Juntos y a veces sin vernos, celebramos [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=495&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>ALREDEDOR DE TU MESA</h3>
<p><em>F. Palazón – Alrededor de tu mesa</em></p>
<p><strong>Alrededor de tu mesa,<br />
venimos a recordar (2)<br />
que tu palabra es camino<br />
tu cuerpo fraternidad (2)</strong></p>
<p>Hemos venido a tu mesa<br />
a renovar el misterio de tu amor<br />
con nuestras manos manchadas<br />
arrepentidos buscamos tu perdón.</p>
<p>Juntos y a veces sin vernos,<br />
celebramos tu presencia sin sentir<br />
que se interrumpe el camino,<br />
si no vamos como hermanos hacia ti.</p>
<h3>SEÑOR, TEN PIEDAD</h3>
<p><em>A. Mejía – Asamblea que canta</em></p>
<p><em>Señor, Señor,</em><br />
piedad, piedad. (2)</p>
<p><em>Señor, Señor, Señor, Señor</em><br />
piedad, piedad, piedad, piedad.</p>
<p><em>Cristo,<br />
</em>piedad, piedad. (2)</p>
<p><em>Cristo, Cristo,<br />
</em>piedad, piedad, piedad, piedad.</p>
<p><em>Señor, Señor,<br />
</em>piedad, piedad. (2)</p>
<p><em>Señor, Señor, Señor, Señor,<br />
</em>piedad, piedad, piedad, piedad.</p>
<h3>GLORIA</h3>
<p><em>A. Mejía – Asamblea que canta</em></p>
<p>Gloria, Gloria, a Dios en el cielo,<br />
y en la tierra a los hombres paz (bis)</p>
<p><em>Te alabamos y te bendecimos,<br />
te adoramos, y glorificamos.<br />
</em>Y nosotros hoy te damos gracias,<br />
por tu grande y eterna gloria.</p>
<p>Gloria, Gloria, a Dios en el cielo,<br />
y en la tierra a los hombres paz (bis)</p>
<p><em>Señor Dios Nuestro Padre,</em><br />
Padre, Padre,<br />
<em>Señor Dios Hijo,</em><br />
Piedad, piedad, piedad Señor.<br />
<em>Tú que quitas el pecado del mundo,</em><br />
Escúchanos, escúchanos.<br />
<em>Tú que estás a la derecha del padre,</em><br />
Piedad, piedad, Piedad Señor.</p>
<p><em>Solo tú eres Santo, solo tu Señor,<br />
solo tu Altísimo, Jesucristo.</em><br />
Con el Santo Espíritu en la gloria de Dios Padre, Amén, Amén, Amén.</p>
<h3>¡ALELUYA!</h3>
<p><em>A. Mejía – Asamblea que canta</em></p>
<p><strong>¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!</strong></p>
<h3>EL MILAGRO DE LOS PANES</h3>
<p>Todo lo que tengo en tus manos ahora está<br />
son los frutos de la tierra que tu multiplicarás.<br />
Son también mis manos y con ellas Tú podrás<br />
repartir al mundo entero el pan que a todos saciará.</p>
<p>Solo una gota has puesto entre mis manos,<br />
sólo una gota que ahora quieres que te dé. Ah…<br />
Una gota que entre tus manos en lluvia se convertirá<br />
y la tierra fecundará.</p>
<p>Todo lo que tengo&#8230;</p>
<p>Y nuestras gotas todas hechas lluvia en ti<br />
serán la linfa de una nueva humanidad. Ah…<br />
Y la tierra preparará la fiesta de este pan<br />
que el mundo compartirá.</p>
<p>Y otra vez el viento desde lejos traerá,<br />
el perfume de trigales que el mundo llenará.<br />
Y el amor a todos la cosecha repartirá<br />
y el milagro de los panes de nuevo se repetirá.</p>
<h3>SANTO</h3>
<p><em>A. Mejía – Asamblea que canta</em></p>
<p><em>Santo, santo, santo es el Señor<br />
</em>Dios poderoso del universo.<br />
<em>Los cielos y la tierra están llenos de tu gloria</em><br />
hosanna, hosanna, hosanna en el cielo,<br />
hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.<br />
<em>Bendito el que viene en el nombre del Señor,</em><br />
hosanna, hosanna, hosanna en el cielo<br />
hosanna, hosanna, hosanna en el cielo.</p>
<h3>CORDERO</h3>
<p><em>A. Mejía – Asamblea que canta</em></p>
<p><em>Cordero de Dios,<br />
que quitas el pecado del mundo</em><br />
Ten piedad de nosotros,<br />
ten piedad de nosotros. (bis)</p>
<p><em>Cordero de Dios,<br />
que quitas el pecado del mundo,<br />
</em>Danos la paz, danos la paz,<br />
danos la paz.</p>
<h3>¿A QUIÉN IREMOS?</h3>
<p><em>A. Mejía – Asamblea que canta</em></p>
<p><strong>Señor, ¿A quién iremos?<br />
Tú tienes palabras de vida.<br />
Nosotros hemos creído<br />
que Tú eres el Hijo de Dios.</strong></p>
<p>Soy el pan que os da la vida eterna;<br />
el que viene a mí no tendrá hambre,<br />
el que viene a mí no tendrá sed.<br />
Así ha hablado Jesús.</p>
<p>No busquéis alimento que perece,<br />
sino aquel que perdura eternamente;<br />
el que ofrece el Hijo del hombre,<br />
que el Padre os ha enviado.</p>
<p>No es Moisés quien os dio el pan del cielo;<br />
es mi Padre quien da pan verdadero,<br />
porque el pan de Dios baja del cielo;<br />
y da la vida al mundo.</p>
<p>Pues si yo he bajado del cielo<br />
no es para hacer mi voluntad<br />
sino la voluntad de mi Padre<br />
que es dar la vida al mundo.</p>
<p>Soy el pan vivo que del cielo baja,<br />
el que come de este pan por siempre vive;<br />
pues el pan que daré es mi carne,<br />
que da la vida al mundo.</p>
<p>El que viene al banquete de mi cuerpo<br />
en mí vive y yo vivo en él;<br />
brotará en él la vida eterna<br />
y lo resucitaré.</p>
<h3>JESÚS ES LA VERDAD</h3>
<p><em>Kairoi &#8211; Hermanos</em></p>
<p><strong>Jesús es la verdad, la luz,<br />
camino y vida, es nuestro Señor (Bis)</strong></p>
<p>Tú, que triste vas,  y en el dolor no hayas respuesta<br />
Tú, que crees tener, razón sin más.<br />
Tú, quieres gritar  la libertad como propuesta.<br />
Tú, que al dejar de ser tú, ya no vez donde vas.</p>
<p>Tú, piensas quizá que es falsedad y nada cuenta.<br />
Tú, quieres vivir feliz y en paz.<br />
Tú, quieres vender tu corazón por poca cosa,<br />
Tú, que al sentir el amor puedes dar mucho más.</p>
<p>CAMINO, VERDAD Y VIDA</p>
<p><em>J. A. Olivar, C. Gabarain &#8211; Camino, Verdad y Vida</em><strong></strong></p>
<p><strong>No hablaste de caminos porque eres el camino.</strong><br />
<strong>No hablaste de verdades porque eres la verdad.</strong><br />
<strong>No hablaste de la vida porque eres tú la vida.</strong><br />
<strong>Tú eres el camino, la vida y la verdad.</strong></p>
<p>Camino, Verdad y Vida<br />
es la vida del Señor<br />
desde que pobre nos nace en Belén<br />
hasta que triunfa en su resurrección.</p>
<p>Camino, Verdad y Vida<br />
es la vida de Jesús<br />
desde que oculto nació en Nazaret<br />
hasta que dijo “del mundo soy luz”</p>
<p>Camino, Verdad y Vida<br />
es la vida del Señor<br />
desde que a todo exigió renunciar<br />
hasta que a todos su vida nos dio.</p>
<p>Camino, Verdad y Vida<br />
es la vida del Señor<br />
desde que manda a todos amar<br />
hasta que exige el completo perdón.</p>
<p>Camino, Verdad y Vida<br />
es la vida del Señor<br />
desde que exige la ofensa olvidar<br />
hasta que a todos nos brinda el perdón.</p>
<h3>TU CAMINO Y TU VERDAD</h3>
<p align="left">Kairoi-Vive</p>
<p><strong>Yo quiero ser instrumento de vida<br />
quiero seguir tu camino y tu verdad.(2)</strong></p>
<p>Lo que he vivido me enseñó que eres un Dios de vida y paz.<br />
Que la justicia y el amor, es lo que quieres de verdad.<br />
Quiero seguirte, mi Señor; tus actitudes; asumir.<br />
Y que la duda y el temor no me hagan cómplice del mal.</p>
<p>Como inocente, muerto en cruz, el Padre te resucitó.<br />
Yo te he podido descubrir de tus verdugos, triunfador.<br />
Protege a los que matarán por el delito de pensar,<br />
y abrir la boca y exigir para vivir con dignidad.</p>
<p>Te alabo a ti, Señor Jesús, Tú me has mostrado al Padre Dios.<br />
Te asesinó el viejo poder que usa tu nombre para odiar.<br />
Este poder que te acalló aún hoy mata y dicta ley.<br />
Dame la fuerza para hablar, como profeta denunciar.</p>
<p>Hundes al rico en su ambición. Llenas al pobre con tu paz.<br />
Al orgulloso haces caer y al más humilde das honor.<br />
Yo ya estoy harto de callar y adormecido consentir.<br />
La prepotencia y la opresión contra el que no tiene ni voz.</p>
<h3>MADRE DE LOS APÓSTOLES</h3>
<p><em>J. A. Olivar, C. Gabarain &#8211; Camino, Verdad y Vida</em></p>
<p><strong>María, Tú eres madre<br />
de los que hemos dejado padre y madre<br />
por seguir la llamada del Señor.<br />
ayúdanos, Oh Madre<br />
a llevar a los hombres el mensaje<br />
de tu hijo redentor.</strong></p>
<p>Madre de los apóstoles<br />
María, aumenta nuestra entrega y nuestro amor,<br />
nuestra fidelidad a la palabra<br />
nuestra fe en el poder de la oración.</p>
<p>Madre de los apóstoles<br />
María, incúlcanos el celo abrasador<br />
que tuvieron un día Pedro y Pablo,<br />
respondiendo a la llamada del Señor.</p>
<h3></h3>
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	</item>
		<item>
		<title>Dos Señores &#8211; Francisco Palazón</title>
		<link>http://fuenteycumbre.com/2011/02/25/dos-senores/</link>
		<comments>http://fuenteycumbre.com/2011/02/25/dos-senores/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 26 Feb 2011 02:27:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
				<category><![CDATA[Material externo]]></category>
		<category><![CDATA[Sugerencias musicales]]></category>
		<category><![CDATA[Sugerencia de cantos]]></category>

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		<description><![CDATA[Sugerencia para el domingo VIII del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A Escuchar Partitura Letra: Nadie puede servir a dos señores ni tener dos amores Nadie puede tener dom amos a la vez y a los dos complacer. La amistad por conveniencia; la prudencia cuando es miedo; la bondad por apariencia; la fe por el que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=415&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sugerencia para el domingo VIII del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo A</strong></p>
<p><a href="http://www.goear.com/listen/18f977f/dos-senores-francisco-palazon">Escuchar</a></p>
<p><a href="http://scr.bi/hSLXmq">Partitura</a></p>
<p>Letra:<br />
<span id="more-415"></span><br />
<strong>Nadie puede servir a dos señores<br />
ni tener dos amores<br />
Nadie puede tener dom amos a la vez<br />
y a los dos complacer.</strong></p>
<p>La amistad por conveniencia;<br />
la prudencia cuando es miedo;<br />
la bondad por apariencia;<br />
la fe por el que dirán;<br />
el amor por la rutina;<br />
los favores por dinero;<br />
son el más claro sendero<br />
que aleja de la verdad.</p>
<p>La limosna por alarde;<br />
la humildad por fingimiento;<br />
el callar por ser cobardes;<br />
la paz cuando es por temor;<br />
la estrechez por avaricia;<br />
las disculpas por malicia.<br />
<strong>Son el signo más certero<br />
de que no estamos con Dios. (2)</strong></p>
<br />Filed under: <a href='http://fuenteycumbre.com/category/material-externo/'>Material externo</a>, <a href='http://fuenteycumbre.com/category/celebracion-dominical/sugerencias-musicales/'>Sugerencias musicales</a> Tagged: <a href='http://fuenteycumbre.com/tag/sugerencia-de-cantos/'>Sugerencia de cantos</a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/fuenteycumbre.wordpress.com/415/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/fuenteycumbre.wordpress.com/415/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/fuenteycumbre.wordpress.com/415/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/fuenteycumbre.wordpress.com/415/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/fuenteycumbre.wordpress.com/415/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/fuenteycumbre.wordpress.com/415/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/fuenteycumbre.wordpress.com/415/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/fuenteycumbre.wordpress.com/415/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/fuenteycumbre.wordpress.com/415/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/fuenteycumbre.wordpress.com/415/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/fuenteycumbre.wordpress.com/415/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/fuenteycumbre.wordpress.com/415/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/fuenteycumbre.wordpress.com/415/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/fuenteycumbre.wordpress.com/415/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=415&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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