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	<title>Fuente y Cumbre &#187; Solemnidades</title>
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	<description>Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. (Sal 146)</description>
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		<title>Fuente y Cumbre &#187; Solemnidades</title>
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		<title>El Bautismo del Señor</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Jan 2010 14:50:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
				<category><![CDATA[Celebración Dominical]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<h1>BAUTISMO DEL SEÑOR</h1>
<h2>Introducción</h2>
<p>La fiesta del Bautismo del Señor enlaza con la Epifanía por su condición de celebración de la primera manifestación pública de Jesús, al comienzo de su ministerio. Hemos pasado, en la celebración de los misterios, de la infancia a la edad adulta de Jesús. La antífona de entrada (Mt 3,16-17) expresa bien el contenido celebrativo de esta solemnidad: &#8220;Apenas se bautizó el Señor, se abrió el cielo, y el Espíritu se posó sobre él. Y se oyó la voz del Padre que decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto&#8221;. Hay varios signos epifánicos: el abrirse el cielo, cerrado para la humanidad por su pecado, el posarse sobre Jesús el Espíritu en un gesto que recuerda la primera creación, ungiéndole como Mesías, y la voz del Padre manifestando que aquel hombre, aparentemente pecador, es su Hijo predilecto (prefacio). Esto mismo expresa la oración colecta: &#8220;Dios todopoderoso y eterno, que en el Bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo&#8221;&#8230; El Bautismo de Jesús es la revelación solemne, la epifanía esplendorosa de quién es aquel que lucha para que Juan le bautice.</p>
<p>Con esta fiesta se cierra el ciclo navideño de las manifestaciones de Dios en la carne, para dar paso al tiempo ordinario.</p>
<p><span id="more-217"></span></p>
<h2>1. Lectura de los textos y comentarios:</h2>
<h3>1.1. Lectura del Profeta Isaías 42,1-4. 6-7.</h3>
<blockquote><p>Esto dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra y sus leyes, que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas. </p></blockquote>
<p>El autor ha vivido entre los deportados a Babilonia, ha conocido las victorias de Ciro, rey de Persia, pero no parece haya visto la caída de Babilonia. Los primeros oyentes del anuncio de la llegada del &#8220;Siervo&#8221; se encontraban en una calle sin salida. Habían perdido la patria, el poder político y el centro de su vida religiosa -el templo- era un montón de ruinas. En esta situación les llega el mensaje del siervo que anuncia la liberación. Se presenta como elegido de Yahvé, consagrado por el espíritu, para que establezca en los pueblos el derecho=la ley de Dios. Es una decisión que ha tomado el Señor ante testigos. Tiene un carácter político. Es como una acción judicial entre Dios y los pueblos y constituye una declaración jurídica según la cual la pretendida divinidad de los dioses es nula y falsa porque sólo Yahvé es Dios. Este parece ser el sentido y contenido de los vv. 1-4. La misión del Siervo se formula con una serie de negaciones y la figura que de ellas resulta es totalmente contrapuesta a la tradición oriental. Según ella, en los procesos, después de proclamar la condena, el heraldo rompía una caña y apagaba una lámpara, signos de muerte. Esto es lo que no hará el Siervo&#8230; El siervo proclamará la misericordia de Dios a todos los pueblos y les hará conocer el derecho de Yahvé. Realizará su misión con firmeza = fidelidad y verdad. Con un juego de palabras, que remite al v. 3, dice que no se apagará ni quebrará hasta que haya cumplido su misión. </p>
<h3>1.2. SALMO RESPONSORIAL Sal 28,1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10</h3>
<blockquote><p><b>R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz.</b></p>
<p>Hijos de Dios, aclamad al Señor,<br />
aclamad la gloria del nombre del Señor,<br />
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.</p>
<p>La voz del Señor sobre las aguas,<br />
el Señor sobre las aguas torrenciales.<br />
La voz del Señor es potente,<br />
la voz del Señor es magnífica.</p>
<p>El Dios de la gloria ha tronado.<br />
El Señor descorteza las selvas.<br />
En su templo, un grito unánime: ¡Gloria!<br />
El Señor se sienta por encima del aguacero,<br />
El señor se sienta como rey eterno </p></blockquote>
<p>El cielo está  oscuro, la tempestad se enfurece, las fuerzas del mal parecen haberse apoderado de cielo y tierra. La tempestad es símbolo y realidad de destrucción y confusión, de peligro y de muerte. El hombre teme a la tempestad y corre a protegerse cuando los rayos descargan. El hombre, desde su infancia personal e histórica, siempre ha tenido miedo a la oscuridad.</p>
<p>Y, sin embargo, tú me enseñas ahora, Señor, que la tempestad es tu trono. En ella avanzas, te presentas, dominas los cielos y la tierra que tú creaste. Tú eres el Señor de la tempestad. Tú estás presente en la oscuridad tanto como en la luz; tú reinas sobre las nubes como lo haces sobre el cielo azul. El trueno es tu voz, y el rayo es la rúbrica de tu mano. He de aprender a reconocer tu presencia en la tormenta oscura, así como la reconozco en la alegre luz del sol. Te adoro como Señor de la naturaleza.</p>
<p>«La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica, la voz del Señor descuaja los cedros del Líbano. La voz del Señor lanza llamas de fuego».</p>
<p>Después de reconocerte en las tormentas de la naturaleza, llego a reconocerte también en las tormentas de mi propia alma. Cuando mi cielo privado se oscurece, tiemblan mis horizontes y rayos de desesperación descargan sobre la soledad de mi corazón. Si las bendiciones vienen de ti, también vienen las pruebas. Si tú eres sol, también eres trueno; y si traes la paz, también traes la espada. Tú te acercas al alma tanto en el consuelo como en la tentación. Tuyo es el día y tuya es la noche; y después de venerarte como Dios de la luz del día, quiero también aprender a venerarte como Señor de la noche en mi propia vida.</p>
<p>Aún te siento ahora más cerca en la tempestad, Señor, que en la calma. Cuando todo va bien y la vida discurre su curso normal, te doy por supuesto, reduzco al mínimo tu papel en mi vida, me olvido de ti. En cambio, cuando vienen las tinieblas y me cubren con el sentido de mi propia impotencia, al instante pienso en ti y me refugio a tu lado. Por eso acepto ahora con gratitud el misterio de la tormenta, la prueba del relámpago y el trueno. Me acerco a ti más en mis horas negras, y me inclino ante tu majestad en el temporal que ruge por los campos de mi alma. El Dios de las tormentas es el Dios de mi vida.</p>
<p>«El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como Rey eterno. El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz».</p>
<h3>1.3. Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10,34-38. </h3>
<blockquote><p>En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él.</p></blockquote>
<p>Pedro se encuentra en casa de Cornelio, comparte con él la misma mesa y le anuncia el Evangelio. Comprende que no debe distinguir ya entre alimentos puros e impuros, tampoco entre gentiles y judíos. Pero proclama la universalidad de la salvación que realiza Dios en Cristo. Todos los hombres son iguales ante la salvación de Dios. Pedro confiesa abiertamente que ahora comprende lo que dicen las Escrituras, que Dios no hace distinciones (Dt, 10, 17; Rm 2, 11; Gal 2, 6) y que el Evangelio no puede detenerse ante las fronteras de ningún pueblo, raza o nación. Sin embargo, para Pedro y los cristianos procedentes del judaísmo se trataba de un cambio radical en su concepción de la historia de salvación. Pero confiesa que el Evangelio es para todo el mundo, porque Jesús es el Señor de todos los hombres (Mt, 28, 18-20; Jn 1, 1ss; Fl 2, 5-11).</p>
<p>Después de esta introducción, Pedro pasa ahora a predicar el Evangelio de Jesucristo. La descripción que se hace aquí de la actividad pública de Jesús a partir del Jordán y comenzando en Galilea recuerda el Evangelio según San Marcos, que recoge precisamente la tradición de San Pedro. En atención a sus oyentes gentiles, Pedro destaca particularmente el poder de hacer milagros y la fuerza con la que Jesús libera a los oprimidos por el diablo. Jesús es el &#8220;ungido&#8221;, es decir, el Cristo o Mesías. Sobre él descendió el Espíritu Santo y fue consagrado con toda la plenitud de Dios. Su dignidad mesiánica está inseparablemente unida a su misión salvadora. Jesús, con la fuerza del Espíritu Santo, pasó por el mundo haciendo bien y curando a los oprimidos. Esta expresión sugiere el título de Salvador y Benefactor, títulos que acostumbraban dar los antiguos a los soberanos después de su ensalzamiento. Claro que todos estos &#8220;salvadores y benefactores&#8221; no entendieron su autoridad como un servicio que se acercaba al menos al que prestó el Siervo de Yahveh. Los cristianos de la naciente Iglesia, confesando su fe en Cristo, el Señor, protestaban contra todo culto a los emperadores. Sólo Jesús vino a servir y no a ser servido, por eso Jesús es el Señor.</p>
<h3>1.4. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3,15-16. 21-22.</h3>
<blockquote><p>En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. El tomó la palabra y dijo a todos: Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.</p></blockquote>
<p>El texto que comentamos está formado por dos relatos diferentes: a) el primero (3, 15-16) precisa la diferencia que existe entre el bautismo de Juan (con agua) y el de Cristo (en el espíritu). b) El segundo (3, 21-22) desvela toda la profundidad del bautismo de Jesús tal como se vive dentro de la iglesia. El bautismo de Juan se mueve en la línea de los ritos de purificación del judaísmo de aquel tiempo: invita a los hombres a la renovación total de su existencia y les mantiene en la esperanza del juicio, representado en la irrupción recreadora del Espíritu. La iglesia sabe que la verdad de esa esperanza se ha cumplido ya en Jesús: por eso bautiza a los hombres con Espíritu Santo y con fuego, es decir, les introduce en ámbito del juicio destructor (fuego) y transformante (Espíritu).</p>
<p>Toda la realidad del bautismo que Jesús ofrece a los hombres se encuentra contenida de un modo ejemplar y supremo en su propio bautismo. La antigua tradición refiere que Jesús recibió el bautismo que impartía Juan (cfr Mc 1,9) y añade que en este momento se vino a desvelar su cometido de enviado de Dios: el cielo se abrió, vino el Espíritu y Dios le proclamó su siervo, hijo o enviado ( cfr Mc 1, 10-11). El evangelio de Lucas (3, 21-22) remodela el sentido de esos datos. Ya no le importa Juan y puede prescindir de su figura. La abertura del cielo no es signo del final del tiempo, sino un medio necesario para que el Espíritu descienda. Todo se ha centrado en ese Espíritu y en la voz del cielo que proclama a Jesús como su hijo. Aquí se centra la base y el sentido del bautismo de la iglesia.</p>
<p>El bautismo constituye antes que nada una revelación o epifanía de Dios en Jesucristo. Jesús se manifiesta desde entonces como el &#8220;Hijo&#8221;. Esto no quiere decir que antes no lo fuera; simplemente afirma que en el fondo de la vida de Jesús hay un misterio que sólo se comprende a través de Dios y de su Espíritu. Pero Jesús no es un ungido más entre los otros. Jesús ha recibido toda la presencia del Espíritu y, por eso, es de verdad &#8220;el Hijo&#8221;, es decir, aquél a quien Dios escoge de una forma definitiva, aquél a quien Dios escoge de una forma definitiva, aquél en quien Dios se ha hecho presente de manera insuperable. Por eso, Jesús no es simplemente un hijo de los hombres al que Dios por su bondad acoge y ama. Jesús proviene desde el fondo del misterio de Dios como su &#8220;Hijo&#8221;: su expresión y su presencia, su enviado. El misterio de Jesús implica según eso dos vertientes: a) por un lado es el Mesías, porque tiene la fuerza del Espíritu y realiza su obra entre los hombres; b) por otro es Hijo, porque se halla cerca de su Padre, ha recibido su palabra creadora (tú eres mi Hijo) y le hace presente sobre el mundo.</p>
<p>De todo esto debemos sacar dos conclusiones: a) la primera pertenece al campo de la fe: somos cristianos los que en el fondo de Jesús descubrimos el amor del Padre que le envía y la fuerza del Espíritu que actúa por medio de su obra; b) la segunda nos introduce en la práctica: aceptar el bautismo de Jesús (3,16) significa recibir su &#8220;Espíritu&#8221; (de gracia y exigencia) como la verdad definitiva, el juicio de Dios sobre la historia. Y no olvidemos que a esto se llega a través del bautismo de conversión que Juan ha proclamado un día en medio de su pueblo.</p>
<h3>1.5. ACCIÓN DE GRACIAS </h3>
<p>Habiendo meditado y celebrado la llegada de Dios hecho hombre, ahora lo contemplamos como el Ungido de Dios, que con su palabra dirige nuestras vidas, oremos diciendo: <b><i>«Tú eres el Hijo de Dios, el amado, el predilecto».</i></b></p>
<p>Bendito, alabado y glorificado seas, Señor Jesús, Hijo amado del Padre, que no ahorraste nada en tu entrega, obediente a la Palabra de Dios buscando siempre su voluntad, para mostrarnos lo mucho que nos quería y ofrecernos su salvación.</p>
<p><b>R/. Tú  eres el Hijo de Dios, el amado, el predilecto. </b></p>
<p>Los hombres estábamos como ovejas sin pastor, tras nuestra decisión de romper la amistad con Dios y encerrarnos en nosotros mismos. Por tu entrega en la cruz, rompiste la tela de araña del pecado, que nos enredaba en nuestro egoísmo y nos abriste de nuevo la puerta de tu amor.</p>
<p><b>R/. Tú  eres el Hijo de Dios, el amado, el predilecto. </b></p>
<p>Llegado el tiempo, tu Padre cumplió las promesas y quiso que nacieras de una Virgen.<br />
Y sólo, unos cuantos pobres, con unos Magos venidos de Oriente, te reconocieron como el Mesías e Hijo de Dios sobre las pajas del pesebre de Belén.</p>
<p><b>R/. Tú  eres el Hijo de Dios, el amado, el predilecto. </b></p>
<p>Y, cuando ibas a emprender tu definitiva misión, para la que el Padre te había enviado, acudiste al Jordán, como uno más de tu pueblo, para que Juan te bautizara con agua. Él te reconoció como el Cordero de Dios y se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”, mientras recibías la unción del Espíritu.</p>
<p><b>R/. Tú  eres el Hijo de Dios, el amado, el predilecto.</b></p>
<p>Nosotros, Señor, hemos sido bautizados en la misma agua y con el mismo Espíritu, para formar parte de tu familia, y, desde ti, poder llamar a Dios Padre. Ahora caminamos en medio de la historia, haciéndote presente en el mundo y siendo signos de que el amor de Dios no ha terminado. Por eso, hoy te pedimos, Señor Jesús, que los hombres descubran en tu Iglesia a tu familia, que nuestras palabras sean eco de tu salvación y que nuestras vidas sean compromiso liberador.</p>
<p><b>R/. Tú  eres el Hijo de Dios, el amado, el predilecto. </b></p>
<h3>Cantos para la celebración de la liturgia dominical:  </h3>
<p>Canto de entrada: Unidos en la fiesta (J. Madurga)</p>
<p>Presentación de ofrendas: Te presentamos el vino y el pan (J.A.Espinosa)</p>
<p>Comunión: Cristo libertador (C. Erdozain). Un solo Señor (L. Deiss). Fiesta del banquete (C. Erdozain).</p>
<p>Salida: Id y enseñad (C. Gabarain) </p>
<br />Publicado enCelebración Dominical, Para la reflexión, Solemnidades, Sugerencias musicales  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/fuenteycumbre.wordpress.com/217/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/fuenteycumbre.wordpress.com/217/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/fuenteycumbre.wordpress.com/217/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/fuenteycumbre.wordpress.com/217/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/fuenteycumbre.wordpress.com/217/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/fuenteycumbre.wordpress.com/217/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/fuenteycumbre.wordpress.com/217/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/fuenteycumbre.wordpress.com/217/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/fuenteycumbre.wordpress.com/217/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/fuenteycumbre.wordpress.com/217/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/fuenteycumbre.wordpress.com/217/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/fuenteycumbre.wordpress.com/217/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/fuenteycumbre.wordpress.com/217/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/fuenteycumbre.wordpress.com/217/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=217&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>La Epifanía del Señor</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Dec 2009 22:19:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<h1>Solemnidad de la Epifanía &#8211; Domingo entre el 2 y el 6 de Enero</h1>
<p>La oración principal de la fiesta, oración atribuida a san Gregorio Magno, sugiere este último enfoque. Es una oración que enlaza tres ideas: la vocación de las naciones, la estrella como símbolo de fe y el premio de la fe, que es la visión de Dios cara a cara. Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Esta oración representa nuestra propia vida como un peregrinar, como una peregrinación de fe. Nosotros somos los magos. La fe es la estrella que nos guía. Belén es nuestra meta.<br />
<span id="more-215"></span></p>
<h2>1. Lectura del Profeta Isaías 60,1-6. </h2>
<blockquote><p>¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;<br />
la gloria del Señor amanece sobre ti!</p>
<p>Mira: las tinieblas cubren la tierra,<br />
la oscuridad, los pueblos,<br />
pero sobre ti amanecerá el Señor,<br />
su gloria aparecerá sobre ti;<br />
y caminarán los pueblos a tu luz;<br />
los reyes al resplandor de tu aurora.</p>
<p>Levanta la vista en torno, mira:<br />
todos ésos se han reunido, vienen a ti:<br />
tus hijos llegan de lejos,<br />
a tus hijas las traen en brazos.</p>
<p>Entonces lo verás, radiante de alegría;<br />
tu corazón se asombrará, se ensanchará,<br />
cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar,<br />
y te traigan las riquezas de los pueblos.</p>
<p>Te inundará una multitud de camellos,<br />
los dromedarios de Madián y de Efá.</p>
<p>Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro<br />
y proclamando las alabanzas del Señor. </p></blockquote>
<p>Contexto: &#8220;¡Levántate!&#8221; (v.1) es el grito que se da para despertar al que está dormido así como también para infundir coraje al que está desesperado. El segundo imperativo: &#8220;¡brilla!&#8221;=revístete de esplendor es la invitación a mostrar un rostro risueño porque la tristeza y desesperación han cesado. Con la vuelta del destierro la situación no había cambiado. Is.II habló de un nuevo éxodo, de un morar de Dios en Jerusalén cuyo dominio se extendería no sólo sobre la Ciudad Santa sino sobre todos los pueblos. Ante la promesa de esta epifanía divina, los primeros repatriados del destierro soportan las enormes dificultades pero los años pasan y la promesa no se cumple (Is 52.). Siguen cometiéndose las mismas injusticias (v.18), la pobreza reina por todas partes (v.17), Jerusalén se halla aún sin murallas (v.10), los pueblos extranjeros no sólo no acuden a la ciudad sino que incluso la desprecian (vv.14s). Los israelitas comienzan a dudar de la fidelidad de Dios y de las palabras de los profetas.</p>
<p>En esta situación de desesperación, Is.III proclama este mensaje de salvación a la ciudad de Jerusalén. Es la respuesta de esperanza al lamento del pueblo: &#8220;&#8230;está  lejos de nosotros el derecho&#8230; esperamos la luz y vienen las tinieblas, claridad y caminamos a oscuras&#8230;&#8221; (59.9; cf. 56.9-57.13). El poeta anuncia un futuro de bendiciones que se cumplirá porque Dios mismo es el que habla (v.22).</p>
<p>Texto: vv. 1-3: se habla de una manifestación o epifanía salvadora del Señor. El poeta está tan seguro de ese futuro que usa los tiempos en pasado, como si ya se hubiese realizado. Hay un contraste entre la luz y las tinieblas (=presencia y ausencia de Dios). La luz, tan ansiada, ya está amaneciendo sobre la Ciudad Santa, en contraste con las tinieblas que se extienden sobre las otras naciones. Este amanecer no guarda relación alguna con la salida del sol sino que hace más bien referencia a la gran epifanía o manifestación de Dios (58.8); el sol y la luna de la primera creación serán sustituidos por la luz eterna del Señor que irradiará un brillo cegador (60.19). Donde está Dios está la luz y está la vida; si Jerusalén desea vivir deberá estar unido a su Dios. Y ante esta epifanía del Señor también los otros pueblos se ponen en movimiento saliendo de la oscuridad.</p>
<p>vv. 4-7: Una nueva época se instaura en la ciudad: no sólo vuelven los desterrados sino también los otros pueblos, atraídos por la luz del Señor se dirigen a Jerusalén. Es la antítesis de la dispersión del año 586. El edicto de repatriación de Ciro sólo hizo volver a algunos, pero la epifanía de Dios, a todos, incluso a los más lejanos que traen los dones más preciados de Oriente. Cuando todo esto acaezca ya no será necesario dar ánimos a Jerusalén. Ella lo verá con sus propios ojos y su rostro se volverá risueño.</p>
<p>Reflexiones: La epifanía que describe Is.III no es tan concreta como la de su predecesor. El cambio tendrá lugar cuando Dios quiera, y por eso debemos estar siempre en una continua espera esperanzadora. La palabra de Dios se ha empezado a cumplir ya con la Epifanía de Jesús. Él es la luz del mundo, y luz verdadera (Jn 1, 4.8); el que le sigue no camina en tinieblas (Jn 8,12). Pero todavía estamos a la espera de una nueva creación epifánica (Ap 21.) La nueva Jerusalén, la Iglesia, debe ser morada epifánica del Señor. Ella no es la luz sino el instrumento que hace posible esta luz. Nuestra humanidad se abate en las tinieblas&#8230; La Iglesia, con sus orientaciones, ¿es vehículo de la luz? ¿Confluyen hacia ella todos los pueblos del s.XXI con sus variadas riquezas: diversidad de opiniones, opciones&#8230;? Tal vez sea necesario gritarle de nuevo: &#8220;¡levántate y brilla!&#8221;, ¡despierta y vístete de esplendor! ¡cambia tu rostro huraño, amenazante, encerrado en ti mismo por la alegría, la esperanza, la apertura&#8230;!</p>
<h2>2. SALMO RESPONSORIAL<br />
Sal 71,2. 7-8. 10-11. 12-13 </h2>
<blockquote><p><b>R/. Se postrarán ante ti, Señor,<br />
     todos los reyes de la tierra. </b></p>
<p>Dios mío confía tu juicio al rey,<br />
tu justicia al hijo de reyes:<br />
para que rija a tu pueblo con justicia,<br />
a tus humildes con rectitud.</p>
<p>Que en sus días florezca la justicia<br />
y la paz hasta que falte la luna;<br />
que domine de mar a mar,<br />
del Gran Río al confín de la tierra.</p>
<p>Que los reyes de Tarsis y de las islas<br />
le paguen tributos;<br />
que los reyes de Sábá y de Arabia<br />
le ofrezcan sus dones,<br />
que se postren ante él todos los reyes,<br />
y que todos los pueblos le sirvan.</p>
<p>Porque él librará al pobre que clamaba,<br />
al afligido que no tenía protector;<br />
él se apiadará del pobre y del indigente,<br />
y salvará la vida de los pobres. </p></blockquote>
<p>El salmo 71, marcadamente mesiánico, con la riqueza y la fuerza evocativa de sus imágenes proclama el reino universal de justicia y de prosperidad, de paz y abundancia de liberación y rehabilitación del rey-mesías, el esperado de Israel. De esta filigrana se destaca la figura ideal del descendiente de David, el verdadero ungido de Dios, dibujado con prerrogativas grandiosas; en efecto, él realizará cosas maravillosas y manifestará su gloria, que es la gloria misma de Dios. La lectura litúrgica ve aquí el sentido pleno de la bendición perenne realizada en Jesucristo.</p>
<h2>3. Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 3,2-3a. 5-6</h2>
<blockquote><p>Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.</p></blockquote>
<p>Esta lectura nos habla del carácter de &#8220;revelación&#8221; que asume el plan de Dios. El &#8220;misterio&#8221; que se ha dado a conocer a Pablo es el plan salvífico que estaba escondido desde la eternidad en Dios. Su revelación es una decisión libre de Dios, fruto del amor que tiene al hombre. Es la salvación que se realiza en Cristo y por Cristo.</p>
<p>Pablo afirma que en el tiempo presente se da una más profunda penetración del misterio de Dios. El proceso de penetración del plan de salvación con frecuencia sigue un camino lleno de dificultades como lo demuestra la misión apostólica de Pablo. La Iglesia está siempre en camino hacia este conocimiento y ha de saber intuir los signos de Dios. En Pablo la visión del misterio de Cristo se ha ido profundizando en el curso de las experiencias misioneras. Ha sufrido en su carne el problema de la unidad de la Iglesia.</p>
<p>La Iglesia tiene hoy una sensibilidad peculiar en el tema de las relaciones con las otras religiones porque su misión es manifestar al mundo la salvación de Dios. En tiempo de Pablo los griegos dividían a los hombres en griegos y bárbaros, y los judíos, en judíos y gentiles. También en nuestros ambientes hay la inclinación a dividir la humanidad en dos partes según el gusto de cada uno. No usamos la misma terminología que los griegos y judíos, pero vivimos la misma realidad. Hoy la Iglesia no está comprometida por la tensión entre judíos y gentiles, pero hay otras tensiones y divisiones. No podemos olvidar que la revelación del plan salvífico de Dios continúa siendo el centro y el punto de referencia de la vida de la Iglesia.</p>
<h2>4. Lectura del santo Evangelio según San Mateo 2,1-12.</h2>
<blockquote><p>Jesús nació  en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:—¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: —En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.» Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:—Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.</p></blockquote>
<p>Esta narración evangélica, que se presenta con frecuencia como el relato de los magos, es una narración midráshica que quiere exponer la historia de la salvación a partir de unos ejemplos típicos. Balaam, que &#8220;venía de los montes de oriente&#8221; había predicho a Judá una estrella (Nm 24, 17). Esta formulación profética, escrita en tiempos de David, para indicar la estrella que debía aparecer, se convirtió en un &#8220;tópico&#8221; mesiánico. Un pagano había predicho a los paganos una luz y un Señor que había de aparecer en el seno de Israel.</p>
<p>La estrella de David se convirtió, en el libro de Isaías, en luz para los paganos. Así el nacionalismo estrecho del reino de David se transformó  en universalismo salvífico. Basta recordar los textos relativos al Siervo de Yahvé que lo definen como luz de las gentes (Is 42, 6-7; 49, 6.9.12). Mateo toma el relato de la estrella y -a la luz de la resurrección- ve en él el cumplimiento de la predicción de Balaam.</p>
<p>El contraste entre los judíos de la capital y Herodes, por una parte, y los magos por otra, es violento y claramente intencionado. El evangelista muestra con este relato que el rechazo de Jesús por parte de los judíos ha sido constante. No aceptan el mensaje y Jesús deberá pasar el reino a otros. Pero esto no se realiza sin tensiones. Se requiere la disponibilidad de la fe y la atención a los signos de los tiempos. Mientras los paganos &#8220;adoran al Niño&#8221;, los representantes del pueblo intentan matarlo. Desde el principio Jesús ha sido piedra de escándalo.</p>
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		<title>Santa María Madre de Dios</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Dec 2009 22:15:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo C]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>

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		<description><![CDATA[Solemnidad de santa María madre de Dios &#8211; Octava de Navidad El Año nuevo nos evoca el paso del tiempo, al que estamos sometidos y que nos arrastra irremediablemente; es un año de gracia, nos recuerda el misterio de la encarnación y la historicidad de nuestra fe. Que el año nuevo se celebre en el [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=213&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>Solemnidad de santa María madre de Dios &#8211; Octava de Navidad</h1>
<p>El Año nuevo nos evoca el paso del tiempo, al que estamos sometidos y que nos arrastra  irremediablemente; es un año de gracia, nos recuerda el misterio de la encarnación y la historicidad de nuestra fe. Que el año nuevo se celebre en el interior de las fiestas de Navidad  es para los cristianos una invitación a vivir a lo largo de todo este lapso de 365 días que  hoy comienza en compañía del Señor Jesús, en quien se nos manifiesta la benignidad de  Dios.<br />
<span id="more-213"></span></p>
<h2>1. Lectura del libro de los Números 6,22-27.</h2>
<blockquote><p>El Señor habló a Moisés: Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré.</p></blockquote>
<p>Composición del relato: Se compone de tres partes: una introducción (vs. 22-23), un poema litúrgico que es una fórmula de bendición (vs. 24-26) y una conclusión (v. 27). En las tres partes una raíz verbal común: &#8220;bendecir&#8221; (vs. 23. 24. 27), y en las tres oraciones del poema (paralelas por su contenido y forma) un mismo sujeto: el Señor (vs. 24-26). Esta triple invocación del nombre del Señor hace eficaz la bendición de los sacerdotes aaronitas (v. 23). En realidad es Dios el que bendice a través de sus mediadores (v. 27).</p>
<p>Comentario: Una de las tendencias dominantes de la primera parte del libro de los Números es poner en claro el papel o función de los sacerdotes. Es cierto que patriarcas, reyes y levitas pueden bendecir, pero aquí esta función está reservada en exclusiva a los sacerdotes (cfr. Sir. 50, 22 ss). La bendición hace presente a Dios en medio del pueblo (v. 27). Toda bendición humana continúa la bendición de Dios a los seres creados y a los patriarcas. Pronunciada, siempre produce su efecto sin poderse revocar. La fórmula de bendición posee un estilo antiguo y conciso. Se implora la bendición divina para que el Señor: 1) Conceda abundantes cosechas, ganados, éxitos en las empresas&#8230; (v. 24; Dt. 28, 2-14). Termino equivalente a bendecir, aunque en forma negativa, es &#8220;proteger&#8221;. 2) &#8220;Ilumine su rostro sobre ti&#8221;: en Prov. 16, 14 ss., esta expresión se opone a la ira del rey. Indica, por tanto, mostrar su favor, conceder el bien y la vida (cfr. Sal 31, 17; 80, 4.8.20). 3) Te concede la paz. La paz es un término muy rico en hebreo, sin traducción posible en nuestras lenguas. Indica la idea de perfección o de totalidad: bienestar, prosperidad material y espiritual tanto a nivel individual como colectivo&#8230; La paz aquí no se opone a la guerra solamente, sino a todo lo que puede perjudicar el bienestar humano y las buenas relaciones de los hombres entre sí y con Dios. </p>
<h2>2. SALMO RESPONSORIAL<br />
Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8</h2>
<blockquote><p><b>R/. El Señor tenga piedad y nos bendiga.</b></p>
<p>El Señor tenga piedad y nos bendiga,<br />
ilumine su rostro sobre nosotros:<br />
conozca la tierra tus caminos,<br />
todos los pueblos tu salvación.</p>
<p>Que canten de alegría las naciones,<br />
porque riges el mundo con justicia,<br />
riges los pueblos con rectitud,<br />
y gobiernas las naciones de la tierra.</p>
<p>Oh Dios, que te alaben los pueblos,<br />
que todos los pueblos te alaben.<br />
Que Dios nos bendiga; que lo teman<br />
hasta los confines del orbe. </p></blockquote>
<p>0</p>
<p>El Señor tenga piedad y nos bendiga (v. 1). Que Dios nos bendiga (v. 8). La lectura &#8220;cristiana&#8221; de estos versículos, es decir, su alcance y comprensión a la luz de la plenitud de la Revelación, los convierten en hondos y luminosos. La bendición de Dios se consuma en su Hijo Jesucristo, por medio del cual nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales. Aprovechemos este silencio contemplativo de nuestra oración para agradecer a Dios Padre estas bendiciones: en primer lugar, la bendición consistente en contemplarnos -antes, incluso, de la creación del mundo- como formando un solo cuerpo en la Persona de Cristo. Un cuerpo que llegará &#8220;al estado de varón perfecto, a la medida de la edad perfecta de Cristo&#8221;. ¡Qué sublime predestinación!; después, la bendición consistente en realizar esta predestinación de una manera admirable: haciéndonos hijos suyos. ¡Qué excelsa dignidad! Por medio de Cristo -de su Pasión y de su Muerte- podemos contemplar de nuevo el rostro del Padre, sereno y bondadoso. Viene, pues, a propósito la conclusión de nuestra meditación con esta antiquísima colecta sálmica: &#8220;Conociendo la tierra tus caminos, Padre santo, y todos los pueblos tu salvación, confesamos que Cristo es nuestro sendero y nuestra patria; por Él caminamos derechamente y llegamos a la más plena victoria; danos, pues, como regalo a aquél que hiciste para nosotros salvación. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.&#8221;</p>
<p>Ilumine su rostro sobre nosotros. Agustín desarrolla su plegaria &#8220;cristiana&#8221; con estas palabras: &#8220;Ya que nos grabaste tu imagen, ya que nos hiciste a tu imagen y semejanza, tu moneda, ilumina tu imagen en nosotros, de manera que no quede oscurecida. Envía un rayo de tu sabiduría para que disipe nuestras tinieblas y brille tu imagen en nosotros &#8230; Aparezca tu Rostro, y si por mi culpa, estuviese un tanto deformado, sea reformado por ti, aquello que Tú has formado.&#8221;</p>
<p>La tierra ha dado su fruto: Son varios los Padres que, en el comentario a este versículo, nos ofrecen una interpretación concorde. ¡La Tierra! La Virgen María, es de nuestra tierra, de nuestra raza, de esta arcilla, de este lodo, de la descendencia de Adán. La tierra ha dado su fruto; el fruto perdido en el Paraíso y ahora reencontrado. La tierra ha dado su fruto. Primeramente ha dado la flor: «Yo soy el narciso de Sarón y el lirio de los valles» (Cant 2: 1). Y esta flor se ha convertido en fruto: fruto porque lo comemos, fruto porque comemos su misma Carne. Fruto virgen nacido de una Virgen, Señor nacido del esclavo, Dios nacido del hombre, Hijo nacido de una Mujer, Fruto nacido de la tierra.&#8221; &#8220;Nuestro Creador, encarnado en favor nuestro, se ha hecho, también por nosotros, fruto de la tierra; pero es un fruto sublime, porque este Hombre, nacido sobre la tierra, reina en los cielos por encima de los Ángeles.&#8221;</p>
<h2>3. Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4,4-7.</h2>
<blockquote><p>Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá! (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.</p></blockquote>
<p>La celebración de Santa María, Madre de Dios, invita a leer el texto más antiguo del NT  entre los que se refieren a María y, concretamente a su maternidad. &#8220;Cuando se cumplió el tiempo&#8230;&#8221;. Dios es el Señor del tiempo y de la historia, y ha  llevado la historia humana a su meta con Cristo. El mismo Dios culmina la obra de la  creación del hombre. &#8220;Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley&#8221;: El Hijo ha sido enviado a la humanidad, hecho hombre entre los hombres. Se ha  presentado por la encarnación en plan de igualdad con aquellos a quienes viene a salvar.  El nacimiento de María y su sumisión a la Ley, como subraya el evangelio de Lucas con el  hecho de la circuncisión, son señales de la verdadera humanidad de Cristo y de hasta qué  punto ha llegado el don de Dios al mundo. Con este don de Cristo, la humanidad ha logrado  su mayoría de edad: la liberación de la tutoría de la Ley y el asumir la condición de hijos. -&#8221;Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo&#8230;&#8221;. Esta mayoría  de edad del hombre en Cristo no es una utopía, sino una realidad ya palpable por la  presencia del Espíritu en los creyentes. Por el Espíritu el discípulo de Cristo tiene  conciencia de que es hijo y vive como tal. El grito &#8220;¡Abba! Padre&#8221; manifiesta la experiencia  de confianza que ha recibido del Hijo. Con él hemos pasado de la esclavitud, de no ser  nada, a ser herederos de las riquezas que vienen del amor de Dios.</p>
<h2>4. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 2,16-21.</h2>
<blockquote><p>En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.</p></blockquote>
<p>¿Quiénes son estos pastores a los que el ángel del Señor ha dirigido su mensaje? Siguiendo una tradición antigua se les identifica con los pobres de la tierra, los que viven alejados de los pueblos y no pueden cumplir reglamentos de la ley ceremonial de los judíos. Todas estas notas parecen ser auténticas. Sin embargo, no podemos olvidar que nos hallamos en Belén, ciudad del rey David, que fue pastor, llamado por Dios de entre el rebaño; tampoco olvidemos a Abraham y los patriarcas, que, siendo pastores, escucharon la llamada de Dios y recibieron su visita. En otros pueblos del oriente antiguo se han contado historias más o menos semejantes. Por todo eso pensamos que los pastores del relato no son simplemente los pobres y alejados, sino también aquéllos que están prontos a escuchar la voz de Dios y a fundar su nuevo pueblo entre los hombres. Sea cual fuere su sentido definitivo, lo cierto es que los pastores aceptan la palabra del ángel, se dirigen a observar el signo y encuentran al niño acostado en el pesebre. Hasta aquí todo parece más o menos lógico. Lo verdaderamente extraño es que el signo les convenza, que hagan suyo el evangelio -creyendo que ha nacido el Salvador- y alaban a Dios por todo ello.</p>
<p>Nosotros, lo mismo que los pastores, nos movemos aquí en el plano del contrasentido fundamental del cristianismo: vemos por un lado a un niño, envuelto en los pañales, indefenso, sencillamente un hombre; o vemos si se quiere a un pretendido profeta del Señor que muere ajusticiado. Tal ha sido el signo, el de Belén o el del Calvario. Pues bien, sobre ese signo se descorre la palabra de la epifanía radical de Dios que anuncia: Os ha nacido el salvador, el Mesías de la esperanza de Israel, el Señor de todo el cosmos. Ante esa paradoja, los pastores han respondido como creyentes; en ellos, que eran quizá los más pequeños de la tierra, ha comenzado a brillar como en Abraham, la nueva luz de la verdad de Dios para los hombres. Ante esa paradoja se nos pide también a nosotros el valor de una respuesta. Como detalle debemos añadir que en realidad no existe adoración de los pastores. Su gesto se refleja en estos rasgos: a) encuentran al niño y le aceptan como signo de Dios ; b) confían en la palabra del ángel, creyendo en su evangelio; c) glorifican a Dios. La historia ha comenzado en Dios, que les ha puesto en camino hacia el niño del pesebre; desde el niño, aceptando el evangelio, todo vuelve a conducirles hacia Dios, a quien alaban por su obra salvadora.</p>
<p>Ante el relato de los pastores, el texto de Lucas nos ofrece dos respuestas. Están a un lado los curiosos, que se admiran por lo extraño del suceso. Está en el otro la figura de María, que conserva todas estas cosas, las medita en su interior y reconoce la presencia de Dios en el enigma de su hijo envuelto entre pañales, recostado en un pesebre. También nosotros nos hemos situado ante el relato: ¿Como los pastores y María? ¿Simplemente como curiosos?</p>
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		<title>La Sagrada Familia</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 17:29:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Domingo después de Navidad &#8211; La Sagrada Familia Navidad es un tiempo hogareño, familiar. Y esto tiene una importancia religiosa y psicológica: necesitamos volver a los orígenes, a las raíces, a la familia de cuando en cuando. En el plano espiritual hacemos esto en nuestras celebraciones litúrgicas, renovando nuestros &#8220;orígenes sagrados&#8221; cuando celebramos el nacimiento [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=208&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>Domingo después de Navidad &#8211; La Sagrada Familia</h1>
<p>Navidad es un tiempo hogareño, familiar. Y esto tiene una importancia religiosa y psicológica: necesitamos volver a los orígenes, a las raíces, a la familia de cuando en cuando. En el plano espiritual hacemos esto en nuestras celebraciones litúrgicas, renovando nuestros &#8220;orígenes sagrados&#8221; cuando celebramos el nacimiento de nuestro Señor. La cueva, el pesebre&#8230;, allí comenzó todo. Pero el hogar fue el entorno en el que aprendimos la fe por primera vez. Para los judíos de otros tiempos era una obligación sagrada la de volver al hogar y a la familia. Toda la noción del Año Jubilar da testimonio de esto: &#8220;Cada uno de vosotros recobrará su propiedad, cada uno de vosotros se reintegrará a su clan&#8221; (Lev 25,10). De esta manera, la navidad es una especie de celebración de familia en el plano humano y en el espiritual. </p>
<p><span id="more-208"></span></p>
<h2>1. Lectura del libro del Eclesiástico 3,3-7. 14-17a. </h2>
<blockquote><p>Dios hace al padre más respetable que a los hijos<br />
y afirma la autoridad de la madre sobre la prole.</p>
<p>El que honra a su padre expía sus pecados,<br />
el que respeta a su madre acumula tesoros;<br />
el que honra a su padre se alegrará de sus hijos,<br />
y cuando rece, será escuchado;<br />
el que respeta a su padre tendrá larga vida,<br />
al que honra a su madre el Señor le escucha.</p>
<p>Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre,<br />
no lo abandones, mientras viva;<br />
aunque flaquee su mente, ten indulgencia,<br />
no lo abochornes, mientras seas fuerte.</p>
<p>La piedad para con tu padre no se olvidará,<br />
será tenida en cuenta para pagar tus pecados;<br />
el día del peligro se te recordará<br />
y se desharán tus pecados<br />
como la escarcha bajo el calor. </p></blockquote>
<p>Las relaciones familiares constituyen una de esas áreas en las que, según el Sirácida, se tiene ocasión de practicar la devoción a Dios. En 30, 1-13 y 42, 9-14 trata de los deberes de los padres en la educación de los hijos; aquí en cambio se refiere a las actitudes que han de observar los hijos frente a los padres. El cuarto de los diez mandamientos era muy importante en el judaísmo tardío (Prov 19, 26; Rut 1, 16; Tob 4, 3-4).</p>
<p>Además de pertenecer a la naturaleza de las cosas, el derecho paterno sobre los hijos está  refrendado por Dios; y la Biblia asocia siempre a la madre a la autoridad del padre: &#8220;Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra, que Yahveh tu Dios te va a dar&#8221; (Ex 20, 12). El anciano Tobías se dirige a su hijo en estos términos: &#8220;honra a tu madre y no le des un disgusto en todos los días de tu vida; haz lo que le agrade y no le causes tristeza por ningún motivo. Acuérdate, hijo, de que ella pasó muchos trabajos por ti cuando te llevaba en su seno&#8221;. Según el Eclesiástico, existen varias maneras de borrar los efectos del pecado. Por supuesto, los sacrificios del templo, pero también la limosna (3, 30), perdonar a los demás (28, 2), ayunar (34, 26), evitar el mal (35, 3) y la piedad hacia los padres: El que respeta a su madre, acumula tesoros. Tanto aquí como en 1 Tim 6, 19, el verbo &#8220;atesorar&#8221; se emplea en sentido metafórico, para designar ese cúmulo de buenas obras y de méritos que son fuentes de recompensas.</p>
<p>Además de recibir el contento de sus propios hijos, el que honra a su padre ve atendidas sus plegarias cuando en momentos de necesidad se dirige a Dios. Es como la ley del talión: la conducta observada con sus padres, esa misma observarán los suyos propios con relación a ellos (cf Mc 4, 24). Finalmente, la piedad hacia los padres se verá compensada con una larga vida.</p>
<p>Los últimos versículos especifican de una manera más concreta el amor y la veneración que se debe a los padres. </p>
<h2>2. Salmo Responsorial</h2>
<blockquote><p><b>R/. ¡Dichoso el que teme al Señor,<br />
      y sigue sus caminos!</b></p>
<p>¡Dichoso el que teme al Señor,<br />
y sigue sus caminos!<br />
Comerás del fruto de tu trabajo,<br />
serás dichoso, te irá bien.</p>
<p>Tu mujer, como parra fecunda,<br />
en medio de tu casa;<br />
tus hijos, como renuevos de olivo,<br />
alrededor de tu mesa.</p>
<p>Esta es la bendición del hombre<br />
que teme al Señor:<br />
Que el Señor te bendiga desde Sión,<br />
que veas la prosperidad de Jerusalén<br />
todos los días de tu vida. </p></blockquote>
<p><b>-SER.</b> Para ser felices, primeramente, hay que reaccionar contra la tendencia al menor esfuerzo&#8230; El espíritu construye laboriosamente, mediante y más allá de la materia. Tal es el sentido del &#8220;trabajo&#8221;&#8230;</p>
<p><b>-AMAR.</b> En segundo lugar para ser felices, hay que reaccionar contra el egoísmo que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, a someter a los demás bajo nuestro dominio. Tal es el sentido de la &#8220;familia&#8221; .</p>
<p><b>-ADORAR.</b> Para ser felices, perfectamente felices, hay que transferir el polo de nuestra existencia al &#8220;más grande&#8221; que nosotros, para alcanzar la zona de las grandes alegrías estables&#8230; Discernir el Inmenso que se hace y que nos atrae&#8230; Subordinar nuestra vida a la vida mayor que la nuestra: ¡adorar! &#8220;Incorporarnos y subordinarnos&#8221; a una totalidad organizada de la cual somos, cósmicamente tan sólo partículas conscientes. Un centro de orden superior nos espera -y ya ha aparecido- más allá y sobre nosotros mismos. El ideal del hombre es pues, primero &#8220;desarrollarse&#8221; uno mismo&#8230; Luego entregarse a otro igual a uno mismo&#8230; Y finalmente someterse y orientar la vida a alguien mayor que uno mismo: ser. amar, adorar&#8230; Tales son las fases de nuestra felicidad. Noviazgo&#8230; Amor conyugal.. Realidades divinas. Bendiciones divinas. El amor humano es algo bueno, creado por Dios, querido por Dios.</p>
<p>Recitemos este salmo pensando en los que amamos, orando por su felicidad, pidiendo que ellos aprendan a &#8220;amar&#8221;. Las dos imágenes, la viña y el olivo, evocan la alegría: dos árboles frutales típicos del oriente&#8230; que dan el vino y el aceite. La imagen de los &#8220;hijos alrededor de la mesa&#8221; nos invita a orar por los niños, por su unión fraternal, porque las oposiciones entre padres e hijos no se agudicen.</p>
<p>El trabajo profesional&#8230; La humanidad&#8230; La Sociedad, la felicidad de Jerusalén condiciona la felicidad de cada familia judía. Ningún hombre, ninguna mujer, ninguna familia, ningún grupo particular construye su felicidad en contra de la felicidad de los demás. La dimensión social de la existencia humana es constantemente subrayada por la Biblia: oro por mi país, por los organismos en que estoy comprometido, por la ciudad en que vivo, por mis conciudadanos. La felicidad&#8230; Tenemos marcada tendencia, a pensar en Dios sólo cuando &#8220;algo va mal&#8221;, como si fuera el &#8220;tapa-huecos&#8221; de nuestras debilidades, de nuestros fracasos. Damos una imagen muy mezquina de Dios, cuando hacemos de El &#8220;motor auxiliar&#8221; de nuestras incapacidades. Descubramos la alabanza, y la oración festiva: que se alegra cuando &#8220;algo va bien&#8221;, y que dice &#8220;¡gracias!&#8221;</p>
<h2>3. Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 3,12-21.</h2>
<blockquote><p>Hermanos:</p>
<p>Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos: la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él. Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.</p></blockquote>
<p>No va dirigida directamente a la vida familiar, sino a las relaciones en el interior de la comunidad cristiana. Pero la comunidad familiar debe ser un lugar privilegiado para vivir cristianamente las relaciones humanas. Además de lo que hemos dicho anteriormente, recojamos su invitación al perdón: &#8220;perdonaos, cuando uno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo&#8221;. Solamente si nos reconocemos perdonados por el Padre de todos y por el Señor Jesús sabremos perdonarnos.</p>
<p>La segunda parte de esta lectura nos remitiría -aplicada a la familia- al tema de la &#8220;Iglesia doméstica&#8221; y a la oración familiar, que hoy resulta difícil, a todos los niveles. La última parte sí habla directamente de las relaciones en el seno de la familia, pero en su formulación es tributaria de una concepción que va quedando atrás: la mujer sumisa al marido y los hijos deben obedecer punto por punto a los padres. Andemos con cuidado en no insistir en estas connotaciones socio-culturales, y mucho menos en decir que Dios quiere que las mujeres estén sometidas a sus maridos y que los hijos se limiten a obedecer a sus padres. Fijémonos, en cambio, en la defensa que hace de la parte débil: &#8220;maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos&#8221;.</p>
<h2>4. Lucas 2, 41-52 </h2>
<blockquote><p>41 Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.42 Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, 43 y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.44 Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; 45 al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.46 A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: 47 todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. 48 Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: &#8211; Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. 49 Él les contestó: &#8211; ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? 50 Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. 51 Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. 52 Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.</p></blockquote>
<p>Comentario. En el siglo primero el judío accedía a la mayoría de edad a los doce años. En el caso de los varones esta mayoría comportaba la asunción total de derechos y obligaciones. Entre estas estaba la de ir a Jerusalén cada año por las fiestas de Pascua. Esta es la situación de la que parte el relato de Lucas. A la luz de ella es evidente que resulta inexacto hablar del niño Jesús. La traducción litúrgica y la costumbre piadosa así lo hacen, basándose probablemente en unos hábitos occidentales y en el término con que el texto griego designa a Jesús. Pero no hay que olvidar que el término griego puede significar, además de niño, muchacho, joven o sencillamente hijo. Cualquiera de estas tres últimas acepciones está más en consonancia con la situación presupuesta por el autor que la de niño. Esta, además, tiene el inconveniente de desvirtuar el relato introduciendo a éste por unos derroteros y una problemática completamente ajenos al autor.</p>
<p>La preocupación, por ejemplo, por justificar a unos padres de lo que en una mentalidad occidental aparece como desatención o descuido por su parte. A nivel de exégesis hay que olvidarse de todo esto, aunque será muy difícil dado lo arraigado emotiva y artísticamente de la visión tradicional. No es, pues, de un niño de lo que el relato trata, sino de un hijo adulto. ¿Quién es este hijo? ¿Cuál es su razón de ser? ¿Cual es su mundo? En estas preguntas podríamos tipificar la preocupaciones de Lucas al escribir el relato. Se evita así también otro riesgo en el que podríamos caer: leer el relato en clave de rebeldía o de emancipación de la familia. También ésta sería una problemática completamente ajena al autor. Lo que éste parece querer decir es que Jesús es el Hijo de Dios, la razón de su vida es el Padre y su mundo es la familia de los hijos de Dios. Todo ello en un contexto y ambiente muy determinados: el de los maestros de Israel, cuyas enseñanzas y orientaciones constituían la base y el alimento del Pueblo de Dios. Lucas nos presenta, pues, a un adulto maestro.</p>
<p>Y paralela a esta imagen, su correlativa de discípulo. Tipificada no en un hombre, sino en una mujer. Predilección de Lucas por los marginados. Su madre conservaba todo esto en su corazón. El evangelista completa así la figura de discípulo que empezó a esbozar en la lectura del día de la Inmaculada y continuó en la del domingo pasado (cuarto de Adviento). Pero estamos todavía en los comienzos de la obra. Todo esto lo escribe el autor como prólogo-preludio de lo posterior. De momento el mundo de Jesús está en el silencio de Nazaret, al que Lucas dedica un escueto y elogioso comentario basado en un verso del libro de los Proverbios que dice así: Alcanzarás favor y aceptación de Dios y de los hombres (Prov.3,4).</p>
<h3>5. Oramos</h3>
<p>María, tú que has vivido una prueba de gran sufrimiento en los días de la Pascua de Jesús en Jerusalén, obtennos buscar al Señor con perseverancia y sin cansarnos. Jesús, concédenos comprender tu misterio, cómo Dios está siempre más allá, y es siempre más grande, no reductible a ninguna medida nuestra, porque es Él el que nos programa a nosotros, sin nosotros saberlo, sorprendiéndonos.</p>
<p>Concédenos no asustarnos por el alternarse de sombras y de luces. Enséñanos a creer que también en la oscuridad nosotros caminamos hacia ti. Haznos leer, en los momentos en los que te escondes, tu amor que nos purifica. Jesús, tú que has dicho que hagamos siempre lo que le complace al Padre, danos comprender que en el Padre está la paz de nuestras elecciones.  </p>
<p>Y tú, Padre, que nos has creado en Jesús, que nos has llenado de Espíritu Santo, que nos amas y nos llevas de la mano, haz que podamos confiar a ti nuestra vida. Señor, concédenos estar contigo y como Tú ante el Padre, en su voluntad, en su proyecto salvífico de amor por nosotros, por cada hombre, por toda la humanidad. Danos, Señor, la libertad que se regala en la obediencia  y la obediencia que engendra libertad.  </p>
<p>María, que has vivido en el sufrimiento y en la oración el desarrollo de la personalidad de Jesús, su crecimiento, el esclarecimiento ante los hombres de su misión, asiste, con paciencia y bondad materna, el entreabrirse, en cada uno de nosotros, de esta personalidad que responde al maravilloso designio de Dios, designio eterno que no tendrá nunca fin.</p>
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		<title>25 de Diciembre &#8211; Navidad</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2009 17:21:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo C]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>

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		<description><![CDATA[Navidad. La Palabra acampó entre nosotros 1. Invocación al Espíritu Espíritu Santo, Tú que eres el gran “precursor” de Jesús, tú que descendiste sobre María para cubrirla con el poder del Padre, ven, introdúcenos en la contemplación del misterio del nacimiento de Jesús. Ilumina nuestra mente, santifica y purifica nuestros corazones para que la Palabra [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=206&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>Navidad. La Palabra acampó entre nosotros</h1>
<h2>1. Invocación al Espíritu</h2>
<p>Espíritu Santo, Tú que eres el gran “precursor” de Jesús, tú que descendiste sobre María para cubrirla con el poder del Padre, ven, introdúcenos en la contemplación del misterio del nacimiento de Jesús. Ilumina nuestra mente, santifica y purifica nuestros corazones para que la Palabra ”acampe” hoy en nuestra vida, se haga carne en ella, y desde aquí, por tu acción, se irradie sobre el  mundo.<br />
<span id="more-206"></span></p>
<h2>2. Lectura del Profeta Isaías 52,7-10.</h2>
<blockquote><p>¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es Rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén: el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.</p></blockquote>
<p>Nuestro texto es uno de los himnos gozosos del Segundo Isaías anunciando el retorno de  los exiliados de Babilonia a Jerusalén, y tiene la forma de un anuncio de restauración  dirigido a la ciudad devastada.</p>
<p>Desde el país de exilio, de monte en monte, un mensajero va transmitiendo la voz, el gran  anuncio. Este anuncio se sintetiza en: la &#8220;paz&#8221;, que es la plenitud de todos los bienes; la  &#8220;buena nueva&#8221; (en griego, &#8220;evangelio&#8221;), que es lo que uno tiene ganas de oír para ser feliz,  la noticia más esperada; la &#8220;victoria&#8221;, que es la liberación de toda opresión; y finalmente, lo  que es la causa de todo: que &#8220;tu Dios es rey&#8221;, él es el que conduce la historia a favor de su  pueblo.</p>
<p>Escuchar este mensaje es una gran alegría, y lo es más aún cuando los centinelas de la  ciudad devastada también se unen a él: el retorno de los exiliados que ya se ven llegar  significa que realmente, definitivamente, el Señor vuelve a estar presente en su ciudad. Ver  el retorno es ver cara a cara al Señor mismo que vuelve.</p>
<p>El profeta, entonces, entusiasmado, entona un cántico dirigido a las ruinas de Jerusalén,  convocadas también a gritar de alegría porque el Señor reconstruye su pueblo y su ciudad. Y acaba proclamando que esta obra maravillosa de Dios es un anuncio de salvación que  se dirige a todos los pueblos de la tierra.</p>
<p>La paz, el evangelio, la victoria, la acción poderosa de Dios, que se hicieron presentes en  el retorno del exilio para el pueblo dispersado y la ciudad devastada, ahora, con la venida de  Jesús, se hacen realidad plena para la humanidad entera dolorida y para todas las  devastaciones que hay en el mundo.</p>
<h2>3.  SALMO RESPONSORIAL</h2>
<p><strong>Sal 97,1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6</strong></p>
<blockquote><p><strong>R/. Los confines de la tierra han contemplado<br />
la victoria de nuestro Dios.</strong></p>
<p>Cantad al Señor un cántico nuevo,<br />
porque ha hecho maravillas.<br />
Su diestra le ha dado la victoria,<br />
su santo brazo.</p>
<p>El Señor da a conocer su victoria,<br />
revela a las naciones su justicia:<br />
se acordó de su misericordia y su fidelidad<br />
en favor de la casa de Israel.</p>
<p>Los confines de la tierra han contemplado<br />
la victoria de nuestro Dios.<br />
Aclama al Señor, tierra entera,<br />
gritad, vitoread, tocad.</p>
<p>Tocad la cítara para el Señor,<br />
suenen los instrumentos:<br />
con clarines y al son de trompetas<br />
aclamad al Rey y Señor.</p></blockquote>
<p>El salmo 97 tiene un claro significado mesiánico y escatológico. Nos hace contemplar la victoria final de Dios sobre el poder del mal y la salvación que conseguirá Israel para todos los pueblos: El Señor da a conocer su victoria.</p>
<p>En este día cantemos, pues, la victoria anticipada de Dios sobre el pecado del mundo, gracias a la Pascua de Jesucristo. Y que, ante esta maravilla, toda nuestra vida sea un cántico nuevo, proclamado ante los confines de la tierra. Que los hombres, que con tanta frecuencia viven faltos de esperanza, comprendan que también a ellos el Señor les revela su justicia, para que los confines de la tierra contemplen, como nosotros, la victoria de nuestro Dios.</p>
<h2>4. Lectura de la carta a los Hebreos 1,1-6.</h2>
<blockquote><p>En distintas ocasiones y de muchas maneras habló  Dios antiguamente a nuestros padres por los Profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.</p>
<p>El es reflejo de su gloria, impronta de su ser. El sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de Su Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado»? O: ¿«Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo»? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios»</p></blockquote>
<p>La exhortación a los &#8220;Hebreos&#8221; comienza con una solemne afirmación: el Dios de nuestros padres ha hablado. Dios se manifiesta, se da a conocer por su palabra. El soplo de Dios, su Espíritu, se hace sonido. Antaño, en la voz de los profetas. Ahora, en esta etapa final, en la encarnación, muerte y exaltación de su Hijo. Esta es la palabra eterna del Padre, hecha hombre, la manifestación luminosa de la gloria del Padre y la impronta de su ser. Las distintas maneras con que Dios se reveló antes se han unificado en Cristo, han llegado a plenitud en la venida de quien es mayor que cualquier profeta. Quien ve a Jesús ve a Dios.</p>
<p>Cristo nos revela el misterio de Dios. Por eso, la entrada del Hijo en la historia de los hombres lleva los tiempos a &#8220;su plenitud&#8221;. El Hijo, la suprema y definitiva manifestación de Dios al mundo, es Jesús de Nazaret. La afirmación de que él ha heredado un &#8220;nombre&#8221; superior a los ángeles introduce el tema de la primera parte de esta carta: Jesús, Hijo de Dios y hermano de los hombres.</p>
<h2>5. Lectura del santo Evangelio según San Juan 1,1-18.</h2>
<blockquote><p>En el principio ya existía la Palabra,<br />
y la Palabra estaba junto a Dios,<br />
y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios.</p>
<p>Por medio de la Palabra se hizo todo,<br />
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.En la Palabra había vida,<br />
y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla,<br />
y la tiniebla no la recibió.</p>
<p>[Surgió  un hombre enviado por Dios,<br />
que se llamaba Juan:<br />
éste venía como testigo,<br />
para dar testimonio de la luz,<br />
para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz,<br />
sino testigo de la luz.]</p>
<p>La Palabra era la luz verdadera,<br />
que alumbra a todo hombre. Al inundo vino y en el mundo estaba;<br />
el mundo se hizo por medio de ella,<br />
y el mundo no la conoció. Vino a su casa,<br />
y los suyos no la recibieron.</p>
<p>Pero a cuantos la recibieron,<br />
les da poder para ser hijos de Dios,<br />
si creen en su nombre.</p>
<p>Estos no han nacido de sangre,<br />
ni de amor carnal,<br />
ni de amor humano,<br />
sino de Dios.</p>
<p>Y la Palabra se hizo carne,<br />
y acampó entre nosotros,<br />
y hemos contemplado su gloria:<br />
gloria propia del Hijo único del Padre,<br />
lleno de gracia y de verdad.</p>
<p>[Juan da testimonio de él y grita diciendo:<br />
-Este es de quien dije:<br />
«El que viene detrás de mí<br />
pasa delante de mí,<br />
porque existía antes que yo».</p>
<p>Pues de su plenitud<br />
todos hemos recibido<br />
gracia tras gracia:<br />
porque la ley se dio por medio de Moisés,<br />
la gracia y la verdad<br />
vinieron por medio de Jesucristo.</p>
<p>A Dios nadie lo ha visto jamás:<br />
El Hijo único,<br />
que está en el seno del Padre,<br />
es quien lo ha dado a conocer.</p></blockquote>
<p>Esta página de san Juan está tan llena de plenitud que no se debería añadir nada. Estas sujeciones de abajo no quieren encuadrar ni reducir la meditación, que, más que nunca, no puede ser tan personal.</p>
<p><b><i>-Al principio&#8230;</i></b> La primera palabra del evangelio nos hace recordar el origen de todas las cosas. De un goIpe de ala vigoroso, el águila de san Juan sube, sube&#8230; tan alto que no existe el horizonte, y, con los ojos penetrantes, ve encima de todo límite, antes del comienzo de los tiempos.</p>
<p><b><i>-Era&#8230;</i></b> Este verbo sencillo, &#8220;ser&#8221;, llena el poema&#8230; Es la palabra más sencilla y la más esencial: la existencia, la razón de todo lo demás. Y este verbo, al pretérito, invoca inmediatamente un &#8220;tiempo inmutable&#8221;, indefinido. En mi rezo, podría emplear estas dos palabras: &#8220;al principio&#8230; era&#8230;&#8221; saboreando su densidad, dejándome ir a su infinita evocación.</p>
<p><b><i>-El verbo&#8230;</i></b> El &#8220;logos&#8221;&#8230; La &#8220;palabra&#8221;&#8230; La &#8220;comunicación&#8221;&#8230; La &#8220;expresión&#8221;&#8230; La sabiduría&#8230; La acción. Juan, en seguida, llama a Cristo el &#8220;Logos&#8221;, en griego. Es una palabra difícil de traducir. Por eso, hemos buscado otras palabras, cercanas, para comprender el sentido más allá de la palabra.</p>
<p>La palabra Logos era ya empleada en la reflexión filosófica griega (la Palabra es una de las maravillas del honre, la expresión propia de la persona, la posibilidad de relación, la manifestación de la inteligencia). Pero, san Juan probablemente ha usado esta expresión para incorporarse a la gran corriente de la literatura bíblica que veía en la Sapiencia o Sabiduría algo así como la expresión misma de Dios: Proverbios, 8, 23-36. &#8220;Yo, la Sabiduría, desde los orígenes fui establecida desde el principio, antes del origen de la Tierra. Cuando aún no existían los abismos, yo fui concebida&#8230; cuando trazó los fundamentos de la tierra, yo estaba a su lado como el arquitecto, él tenía en mí sus delicias, expansionándome en su presencia, sobre la superficie de la tierra y encontrando mis delicias entre los hijos de los hombres.&#8221; (Cf. Eclesiástico, 24-1.22). En el principio era el Verbo. Hijo eterno venido del Padre, el Cristo es la &#8220;expresión&#8221; perfecta del Padre, &#8220;la imagen misma del Dios invisible&#8221; (Filipenses, 2, 6) el &#8220;resplandor&#8221; de la gloria del Padre&#8221; (Hebreos, 1, 3) Jesús es la &#8220;manifestación suprema de Dios a la humanidad&#8221; (I Epístola de san Juan, 1, 2). Verbo = expresión + acción&#8230; palabra activa&#8230;</p>
<p><b><i>-Y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.</i></b> Dos veces solamente en el evangelio de san Juan, Jesús es designado explícitamente como &#8220;Dios&#8221;: aquí, en la primera frase&#8230; y en boca de Tomás, en el ultimo capítulo (Juan, 20, 28): &#8220;¡Señor mío y Dios mío!&#8221;. Todo su evangelio está entre ambas frases.</p>
<p><b><i>-Por El, todo ha sido hecho. En Él estaba la &#8220;vida&#8221;.</i></b> La creación universal es el primer &#8220;acto&#8221;, el primer &#8220;gesto&#8221;, la primera &#8220;expresión&#8221; de Dios. La maravillosa creación es lo que primero revela al Dios invisible. Todo. Todo. Soberanía universal&#8230; Y sin El, nada se hizo. Influencia universal&#8230; Nada. Nada. Nada existe fuera de Cristo.</p>
<p><b><i>-En el mundo estaba&#8230; Vino a su propia casa&#8230; El Verbo se hizo carne&#8230;</i></b> Dios entre los hombres, Dios en nuestros caminos. Dios en la esquina de la calle. Dios por todas partes.</p>
<p><b><i>-Luz verdadera, alumbra a todo hombre que viene a este mundo&#8230; Pero el mundo no le conoció&#8230; Los suyos no le recibieron&#8230; A todos los que le recibieron, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios.</i></b></p>
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