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	<title>Fuente y Cumbre &#187; Solemnidades</title>
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	<description>Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. (Sal 146)</description>
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		<title>Fuente y Cumbre &#187; Solemnidades</title>
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		<title>Reflexiones de Semana Santa</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Apr 2012 01:39:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>

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		<description><![CDATA[Pueden encontrar material en nuestro archivo: Lunes Santo Martes Santo Miércoles Santo Jueves Santo Viernes Santo Sábado Santo &#8211; Vigilia Pascual Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor Filed under: Para la reflexión, Solemnidades<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=769&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pueden encontrar material en nuestro archivo:</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.com/2011/04/18/lunes-santo/">Lunes Santo</a></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.com/2011/04/19/martes-santo/">Martes Santo</a></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.com/2011/04/20/miercoles-santo/">Miércoles Santo</a></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.com/2011/04/21/jueves-santo/">Jueves Santo</a></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.com/2011/04/22/viernes-santo/">Viernes Santo</a></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.com/2011/04/23/sabado-santo-vigilia-pascual/">Sábado Santo &#8211; Vigilia Pascual</a></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.com/2011/04/24/domingo-de-resurreccion/">Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor</a></p>
<br />Filed under: <a href='http://fuenteycumbre.com/category/celebracion-dominical/para-la-reflexion/'>Para la reflexión</a>, <a href='http://fuenteycumbre.com/category/solemnidades/'>Solemnidades</a>  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/fuenteycumbre.wordpress.com/769/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/fuenteycumbre.wordpress.com/769/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/fuenteycumbre.wordpress.com/769/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/fuenteycumbre.wordpress.com/769/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/fuenteycumbre.wordpress.com/769/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/fuenteycumbre.wordpress.com/769/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/fuenteycumbre.wordpress.com/769/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/fuenteycumbre.wordpress.com/769/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/fuenteycumbre.wordpress.com/769/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/fuenteycumbre.wordpress.com/769/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/fuenteycumbre.wordpress.com/769/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/fuenteycumbre.wordpress.com/769/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/fuenteycumbre.wordpress.com/769/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/fuenteycumbre.wordpress.com/769/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=769&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Domingo de la Epifanía del Señor &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jan 2012 16:28:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>

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		<description><![CDATA[DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Navidad y epifanía surgen en la Iglesia como dos fiestas idénticas. En lugares distintos, en fechas y con nombres distintos, pero con un mismo contenido fundamental. Al menos en su fase original, ambas solemnidades celebraron el nacimiento del Señor. Sin embargo, después de un proceso de sedimentación, al asentarse [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=725&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR</strong></p>
<p>Navidad y epifanía surgen en la Iglesia como dos fiestas idénticas. En lugares distintos, en fechas y con nombres distintos, pero con un mismo contenido fundamental. Al menos en su fase original, ambas solemnidades celebraron el nacimiento del Señor. Sin embargo, después de un proceso de sedimentación, al asentarse ambas fiestas definitivamente en Oriente y Occidente se configuran con perfiles distintos, hasta ofrecer un contenido específico con matices propios e independientes.</p>
<p>El contenido de la fiesta de epifanía aparece claramente definido en dos antífonas, ya existentes en el antiguo breviario y que la nueva Liturgia de las Horas ha conservado en su oficio: «Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial &#8216;Esposo, porque en el Jordán Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino» (Antífona para el <em>Benedictus). Y </em>en la antífona para el <em>Magníficat </em>en II Vísperas: «Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: Hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos».</p>
<p>La tradición popular ha vinculado siempre la fiesta de epifanía con el episodio de los reyes magos. Lo cual se justifica, en efecto, por las referencias que hacen a los magos casi todos los elementos propios de la fiesta, tanto en la misa como en el oficio. Sin embargo, las dos antífonas citadas vienen a ser como la clave de interpretación de todo el conjunto. Esto nos obliga a considerar el contenido de la fiesta desde la perspectiva que señalan dichas antífonas.</p>
<p>En primer lugar, epifanía no se centra en un hecho o episodio concreto. El foco de interés, en el que polariza la atención de la Iglesia al celebrar esta solemnidad, se sitúa más allá de los hechos. Por otra parte, el criterio básico que se ha puesto en juego al instituir esta fiesta no hay que entenderlo en clave histórica o cronológica. La constelación de solemnidades que siguen a la fiesta del 25 de diciembre no celebran, sin más, los acontecimientos de la infancia ni se siguen según un orden cronológico. La clave de interpretación no es histórica. Hay que buscarla en otra línea de carácter teológico.</p>
<p><strong>En silencio delante de Dios</strong></p>
<p>Hoy, en este domingo en el que Dios se manifiesta como luz de los hombres, queremos pedir al Señor “la pasión de escucharlo” con las palabras de la Beata Isabel de la Trinidad: “¡Oh Verbo eterno!, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme toda docilidad para aprender todo de Vos. Luego, a través de todas las noches, todos los vacíos, todas las impotencias, quiero estar siempre pendiente de Vos y permanecer bajo vuestra gran Luz” (Elevación a la Santísima Trinidad, 21 noviembre 1904)<span id="more-725"></span></p>
<p><strong>1.      </strong><strong>Lecturas y reflexión:</strong></p>
<p><strong>1.1.</strong><strong>Lectura del libro de Isaías 60, 1-6</strong></p>
<p><strong>¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.</strong></p>
<p>Libro de Isaías. Tercera parte. Algunos llaman al autor «tercer Isaías». Palestina después de la vuelta del destierro. Dificultades en la vida religiosa y comunitaria. Tardan en cumplirse las antiguas promesas. La realidad no corresponde al cuadro imaginado por el «segundo Isaías» en la segunda parte del libro. Cunde el desánimo. De nuevo, como siempre en tales casos, la voz autorizada de lo alto. Voz que canta la «disposición» de Dios. Es un poema. Un poema a Sión. Sión, la ilustre, es la destinataria de la decisión de Dios. Una buena nueva para Sión. Sión es el centro.</p>
<p>Dios habla. Dios intenta levantar el ánimo. Para Sión un gran destino. Luz sobre Sión, luz en Sión: Sión-Luz. La gloria de Dios-Dios, poder y luz, que se manifiesta- entra en Sión. Sión irradia, trastocada, la gloria de Dios. Sión, convertida en Luz, impregnada de la gloria de Dios. Fuera de ella, las tinieblas, la oscuridad, la muerte. Sión, centro del universo. Todas las mira­das se dirigen allí: la luz disipa las tinieblas y la vida ahuyenta la muerte. En Sión, Dios poderoso salvador. La salvación y la luz se expanden a todos los pueblos. Lo verán todos los pueblos. Todos los pueblos afluirán a Sión. Con ellos sus tesoros y sus riquezas. Las gentes vienen a adorar a Dios en Sión. Gran porvenir para Sión. Sión, la grande, la hermosa, debe cantar la promesa del Señor. Todos los pueblos se beneficiaran de la promesa de Dios en Sión. Motivo para levantar el ánimo, motivo para cantar. Dios lo ha dis­puesto, Dios lo realizará.</p>
<p><strong>1.2. Salmo Responsorial: (Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13)</strong></p>
<p><strong><em> R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.</em></strong></p>
<p><strong>Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.</strong></p>
<p><strong>Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.</strong></p>
<p><strong>Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R.</strong></p>
<p><strong>Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.</strong></p>
<p>Salmo real. El rey de Israel es «ungido» de Dios. Dios ha dispuesto cosas maravillosas para el rey de Israel. Un grupo de salmos lo recuerdan y lo cantan. Este, en concreto, lo celebrará en forma de súplica: una confiada sú­plica por el «ungido» del Señor. Dios ha prometido a su pueblo un rey cabal, un rey perfecto: lleno de justicia, socorredor del pobre, defensor del oprimido, señor de las gentes. La súplica urge el cumplimiento de la promesa: «Danos ese rey». El estribillo insiste en la disposición de Dios. Disposición que toca a todas las gentes. Subrayemos, pues, el universalismo de la divina disposi­ción. En forma de súplica, naturalmente. El Cristo de Dios, Jesús de Nazaret, ha venido. Su reino está en marcha. Lo cantamos y lo proclamamos. También lo pedimos y lo suplicamos. Es un deseo, una confesión y todo un plan de acción. Queremos que florezca la jus­ticia y que reine la paz. Hagamos en Cristo la justicia y trabajemos la paz. Lo verán todas las gentes.</p>
<p><strong>1.3.</strong><strong>Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6</strong></p>
<p><strong>Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio. </strong></p>
<p>Pablo se encuentra prisionero. Por Cristo, naturalmente. Por Cristo ha emprendido los más arriesgados viajes. Por Cristo las más serias y tremen­das privaciones. Por Cristo él perdió la libertad. Todo por Cristo: la vida toda por Cristo. Porque Cristo lo es todo. Y todo encuentra sentido en el sen­tido que Cristo da. Pablo ha encontrado a Cristo; Pablo ha encontrado la vida. Las limitaciones, las privaciones, las negaciones de una vida humana en este mundo, vividas en Cristo han dejado abierto el corazón del apóstol y lo han ensanchado hasta los confines del mundo. El corazón de Pablo abarca todo en el todo que llena Cristo. Prisionero ahora por el evangelio de Cristo, el apóstol medita y contempla la grandeza de Dios en el «misterio» de Cristo. Obra magnífica que lo llena todo. Dios lo ha revelado últimamente, en estos que son los últimos tiempos (Hebreos), y lo ha extendido a todas las gentes. El espíritu que todo lo invade, ha invadido a los profetas y apóstoles y los ha impelido a publicarlo a todas las gentes. He aquí el misterio precioso de Dios: «Que también los gentiles son coherederos animosos del mismo cuerpo, partícipes de la misma causa en Jesucristo por el Evangelio; a todos va diri­gido el <em>mensaje</em> a todos la <em>promesa</em>, a todos la <em>Bendición </em>de Dios: todos tie­nen un puesto en el Cuerpo Santo de Cristo, todos encuentran la plenitud de su vida en la vida de Cristo. Todos hayan su sentido, el sentido de su per­sona y de su vida en la vida y en la persona de Cristo, -a todos ya dirigida- reciben la promesa, y la promesa no es otra cosa que el Don del Espíritu Santo: de Dios en el Espíritu. Una gracia inefable. Una gracia confiada a Pablo. La vida de Pablo ya libre, ya preso, recibe su sentido de esa misión. Pablo se deleita en el misterio que se le ha confiado predicar. Obra maravi­llosa: ¡todos herederos del Reino! Los gentiles, separados hasta ahora del Reino, son constituidos, por el Espíritu en Cristo, herederos y miembros del Reino; son ya Reino. Todo obra de Dios en Cristo.</p>
<p><strong>1.4.</strong><strong>Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12</strong></p>
<p><strong>Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. » Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: &#8220;Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea,  pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.&#8221;» Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.</strong></p>
<p>Un rayo de luz en un mundo en tinieblas. Una chispa de fuego en un blo­que de hielo. Una estrella radiante en una noche oscura. Y la luz se ha pre­cipitado sobre Belén. Ha surgido un lucero brillante y nadie se ha percatado de él. Se ha encendido el cielo y nadie se ha percatado de él. Se ha encendido el cielo y nadie lo ha percibido. Nadie ha despertado, nadie se ha movido. Los ojos de aquel pueblo siguen cerrados incomprensiblemente. El pueblo de Is­rael sigue dormido. No ve. Tan sólo unos extraños se han percatado del fe­nómeno. Pocos, muy pocos, para tan gran acontecimiento. El cielo les ha ad­vertido de un gran de un gran acontecimiento. El cielo les ha advertido de un gran suceso. La sedienta tierra que sentía brotar de sus entrañas la mara­villosa Vara de Jesé, ha suspirado tan hondamente que se han conmovido los astros. Y uno de ellos, el más ágil y atrevido, ha ido a besar, juguetón, aquel vástago de cielo. Unos «magos», desconocidos y extravagantes quizás, han notado el milagro y han corrido presurosos a saludar al recién nacido. Porque el recién nacido es un pedazo de cielo.</p>
<p>La luz, pues, sirve de contraste: para poner de relieve la indebida pos­tura de Israel para con el Mesías que nace. Estamos en Mateo, no lo olvide­mos. Israel, luz de las naciones, se ha quedado a oscuras. Las naciones, no­che y tinieblas, han visto la luz. Que bochorno para Israel; qué honor para los gentiles. Los gentiles señalan a Israel el camino para encontrar al Me­sías: Basta mirar al cielo. Israel no mira al cielo. Israel, pegado al polvo de tradiciones inconsistentes, se ha quedado ciego. Las palabras del profeta le resultan vacías y vanas. Nadie da un paso a Belén. Los profetas darán tes­timonio, en el día del juicio, contra él.</p>
<p>Jesús recién nacido, en medio, como acontecimiento trascendente. «Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron», confiesa amargamente Juan. La in­fancia de Jesús, ya evangelio, anuncia el Evangelio: para Jesús, Mesías de Israel, ignorancia, desprecio, persecución. Herodes, escribas, letrados y sa­cerdotes, pueblo. Ignoran a su Dios. Los magos, impuros y obscuros paga­nos, le han encontrado. La estrella que nace se lo ha revelado. La Estrella era también para ellos. Y han venido. El recién nacido, Dios en persona, los ha llamado. La vocación de los gentiles está dentro del Evangelio. Obra magnífica de Dios. Así Mateo.</p>
<p><strong><em>Reflexionemos: </em></strong></p>
<p>Fiesta de la Epifanía del Señor. Fiesta de la «Manifestación» del Señor. El Señor se manifiesta, el Señor se revela. El Señor desciende en forma de luz a los pueblos, y los pueblos se visten de luz. Los cielos dejan caer la gloria di­vina, y los pueblos quedan glorificados. Dios se manifiesta salvador. Jesús, Hijo de Dios, manifiesta la bondad de Dios, salvando a los hombres. Dios llama a todos los hombres a su Reino. Imprescindible, hoy, hablar de la vo­cación de los gentiles a la luz de Dios. Cristo es el centro.</p>
<p>La primera lectura lo anuncia como determinación de Dios en forma de canto. Cantemos tal decisión. Es una maravilla, una bondad del Señor. Dé­mosle gracias. El salmo nos recuerda por una parte los bienes mesiánicos; por otra, nos invita a impetrarlos. La obra de está ya en marcha. Nuestra oración al rey de reyes ha de ir por ahí: venga tu Reino, Señor; que todos los reyes se postren ante el Señor de los señores. El acatamiento del Rey no es una esclavitud, es una bendición. Con él reinamos, con él somos bendecidos. La segunda lectura, palabras de Pablo, caminan en la misma dirección: los gentiles son coherederos del Reino. La herencia evoca la condición de filia­ción, y ésta la de partícipes de la Promesa. La promesa, el Espíritu Santo, trastoca a todos y los glorifica. La epifanía del Señor es una promesa para todo el que la recibe. Y recibirla pueden todos. Mateo lo señala como evange­lio a la altura de Pablo: los gentiles han visto la gloria de Dios. Y ver la glo­ria de Dios es recibirla y ser transformado por ella. Es parte del misterio de Dios. Más, es el Misterio de Dios. Cantemos, meditemos, demos gracias: Dios se ha manifestado bueno y generoso con todos, al margen de nuestros méritos.</p>
<p>La Fiesta de la Epifanía del Señor, nos hace pensar también en la Iglesia como «epifanía» de Dios. La llamada a todos los pueblos a la salvación es una realidad actual: la Iglesia. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, irradia -debe irra­diar- la gloria de Dios. Somos apóstoles y profetas de ese misterio. Y lo so­mos en la medida en que vivimos la vida del Espíritu que se nos ha dado como prenda de la vida eterna. La gloria se transparenta a través del anun­cio vital de la palabra de Dios, del Evangelio. Y somos evangelio cuando nuestras palabras y nuestras acciones, de un modo u otro, manifiestan la presencia de Dios en nosotros: paz, justicia, asistencia a los humildes. El evangelio no debe ser letra muerta como lo fue en su tiempo la Escritura para el pueblo de Israel. Somos «estrella», luz, ofrenda, canción, portadores de una riqueza que no tiene precio. Llevamos a Dios en nosotros. Celebramos en esta Fiesta nuestra vocación a la Herencia y nuestro destino a serlo ya en esta vida. Somos la Sión de Dios. Levantemos los ojos y admiremos la disposición de Dios y en ella la participación de su gloria. Una alabanza, un canto y una oración: que florezca la justicia, que se extienda el Reino de Dios a todos los pueblos y gentes. Somos distribuidores de la gracia de Dios.</p>
<p><strong>1.5.</strong><strong>Oremos juntos</strong></p>
<p>Luz de Dios, Jesús, Hijo de María Amaneciste un día en nuestro mundo cuando estaba sumido en la oscuridad. Desde entonces, la luz de tu mensaje ha llegado a todos los rincones de la tierra hasta nuestros corazones. Contigo nos inundaron bienes sin número, las riquezas de Dios: Su amor, su paz, su sabiduría, su consuelo y la Presencia constante de tu Espíritu. Tu Presencia en la Eucaristía, en la Iglesia, en cada persona. Tu Presencia sobre todo en los más débiles y desvalidos. Tu Presencia y tu Compañía en nuestras situaciones de sufrimiento, de frustación, de añoranza y soledad. Gracias, Señor, por tanto bien, por tu amor y tu misericordia. Te alabamos y te bendecimos. Haz que, iluminados por ti podamos ser luz a nuestro alrededor. Amén</p>
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		<title>La bella historia de la Navidad</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 16:16:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Celebración Dominical]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
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		<description><![CDATA[La bella historia de la Navidad Lucas 2, 1-20 “En cuanto adoramos el nacimiento de nuestro salvador, celebramos también nuestro propio inicio” (San León Magno) Recibamos este grandioso día diciendo junto con uno de los mayores cantores de la Navidad que ha conocido la historia: “Hoy la Virgen da a luz al Trascendente, y la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=682&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>La bella historia de la Navidad Lucas 2, 1-20</h1>
<p style="text-align:right;">“<em>En cuanto adoramos el nacimiento de nuestro salvador, celebramos también nuestro propio inicio</em>” (San León Magno)</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/belenavidad.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-683" title="belenavidad" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/belenavidad.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Recibamos este grandioso día diciendo junto con uno de los mayores cantores de la Navidad que ha conocido la historia: “<em>Hoy la Virgen da a luz al Trascendente, y la tierra le ofrece una gruta al Inaccesible; los ángeles y los pastores lo alaban, y los Magos tras la estrella avanzan, porque hoy ha nacido por nosotros, cual Niño Pequeñito, el Dios que existe desde antes de los siglos</em>” (Romano el Melode, S.VI, “Contaquio”)<span id="more-682"></span></p>
<p>Una inmensa alegría nos embarga en este día, es el gozo de Dios que nos invade y nos hace cantar y festejar. San Efrén el Sirio habla de estos sentimientos navideños describiendo la llegada de este día como la emoción del encuentro con un rostro amigo: “<em>Este día es semejante a ti; es amigo de los hombres. Regresa cada año a través de los tiempos; envejece con los viejos, y se renueva con el niño que ha nacido… La naturaleza no puede hacer lo menos; como tú, este viene en ayuda de los hombres en peligro. El mundo entero, oh Señor, está sediento del día de tu nacimiento… Por eso que este año sea semejante a ti, que traiga paz entre el cielo y la tierra</em>”. Celebremos esta solemnidad de la mano del Evangelio, siguiendo paso a paso en el evangelio de Lucas la Historia de la Navidad:</p>
<ul>
<li>Veamos cómo se cumple el anuncio del nacimiento.</li>
<li>Acompañemos a José y María en las peripecias que rodearon el parto.</li>
<li>Saludemos la navidad de Jesús junto con los ángeles y participemos en el coro celestial que proclama la significación que el recién nacido tiene para la humanidad.</li>
<li>Alabemos a Dios con la admiración de los humildes pastores, representantes de los pobres de la tierra y marginados de la sociedad, testigos privilegiados del magno acontecimiento.</li>
<li>Guardemos como un tesoro, como el mejor secreto que decantamos en nuestro corazón, así como lo hizo María, cada instante, cada palabra, cada signo cada rostro, cada emoción.</li>
</ul>
<p>Nada parece ser casual en el evento histórico en el que el Todopoderoso Dios deja ver su rostro en el Salvador recién nacido en las más humildes condiciones pero rodeado de dignidad desde el cielo por la alabanza celestial y cubierto en la tierra por el cariño de su madre.</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/virgen.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-684" title="virgen" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/virgen.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Sigamos el hilo del relato de Lucas 2,1-20 (cuyos primeros 15 versículos leemos en la Misa de Medianoche y los restantes en la Misa de la Aurora) observando cuidadosamente cada una de sus tres partes:</p>
<ol>
<li>El marco histórico (2,1-3)</li>
<li>El nacimiento de Jesús (2,4-7)</li>
<li>El relato de los pastores (2,8-20)</li>
</ol>
<h2><strong>1. El marco histórico: armando el escenario (2,1-3)</strong></h2>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/censo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-685" title="censo" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/censo.jpg?w=620&h=431" alt="" width="620" height="431" /></a></p>
<blockquote><p>1Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. 2Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. 3Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.</p></blockquote>
<p>Jesús nace en el rincón más apartado del mundo. Pero antes de ello, como si quiera partir de lo macro para descender a lo pequeño, el evangelista Lucas nos transporta primero a los fastuosos palacios imperiales sobre el Palatino de la ciudad de Roma. De allí sale un decreto con la firma del emperador que ordena un censo de los habitantes de su imperio: “<strong>Salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo</strong>” (2,1).</p>
<p>Por otra parte la manera de empezar el relato ya es significativa. Con la frase “<strong>Sucedió que por aquellos días</strong>” (2,1a), una forma lucida de escribir digna de un historiador-teólogo como Lucas, quedan yuxtapuestas las noticias anteriores sobre Juan Bautista, quien “<strong>vivió en lugares desiertos</strong>” aguardando “<strong>el día su manifestación a Israel</strong>” (1,80), con los días de un acontecimiento secular y de magnitud imperial como es el censo ordenado por Augusto. El contraste repentino entre el desierto y su profeta con el gesto arrogante de un emperador es enorme, pero da acertadamente un buen punto de partida.</p>
<p>Es paradójico, pero en la práctica Lucas nos anticipa lo que al final se dirá en los Hechos de los Apóstoles, y es que estas cosas “<strong>no han pasado en un rincón</strong>” (26,26).</p>
<p>Veamos entonces algunas pinceladas que le dan el colorido al escenario de la navidad</p>
<p><strong>1.1. César Augusto: los intereses del Amo del mundo</strong></p>
<p>El emperador César Augusto entra en la historia de la navidad como punto de referencia que ubica los acontecimientos desde el punto de vista externo, pero también su mención –por contraste- permite captar la dimensión interna, la importancia del nacimiento del hijo de Dios.</p>
<p><em><strong>Un hombre que se cree divino</strong></em></p>
<p>El “<strong>César</strong>” es el título que lleva el emperador (ver también 3,1; 20,22.24-25; 23,2). En este caso recae sobre el emperador Octaviano, quien reinó entre los años 31 aC y 14 dC. A éste el senado romano le concedió, en el año 27 aC, un título latino que lo exaltaba como una “<strong>divinidad</strong>”: “Augusto” (en griego se dice “sebastós”, es decir, el altísimo, el divino). Sus sucesores se seguirán atribuyendo el honroso título.</p>
<p>Con base en su autoridad divina y como Sumo Pontífice de su propia religión que se articuló en torno al proyecto político-económico-militar denominado “Pax Romana”, el Augusto sometió todos los países de su imperio prometiéndoles a cambio de su fidelidad una gloriosa prosperidad.</p>
<p><em><strong>El censo: una acción de sometimiento</strong></em></p>
<p>Para asegurar sus ingresos administró un sistema de impuestos (sin impuestos un gobierno no tiene como sostenerse) basado y justificado por el vasallaje. Es aquí donde entra el evento del “Censo”: la estadística de los miembros de su imperio, con el inventario preciso de sus bienes, actividades comerciales y rentas, le permite establecer un sistema de control de los ingresos de las arcas imperiales. Todos los bienes de los países conquistados se consideran propiedad personal del emperador. Los “censos” empeoraban las exigencias y agravaban la dominación. Es por eso que los “censos” no eran bien vistos.</p>
<p>El “decreto” imperial (en griego “dogma”) por medio del cual se ordena la realización de un censo parece decir que abarca todos los habitantes del imperio: “<strong>ordenando que se empadronasen todos los habitantes del mundo</strong>” (=el “mundo habitado”, que es la manera como se autodenomina el Imperio). Aunque un censo de estas proporciones parece improbable, Lucas nos lo cuenta para que podamos captar cómo andaban las cosas en ese tiempo: ¡La tierra de Dios, sometida a un patrón extranjero!</p>
<p><strong>1.2. Quirino: un gobernador romano prestigioso pero discutido</strong></p>
<p>La repetición de la palabra “censo” (2,1.3.5) le va dando el hilo a la primera parte de la historia. Ahora, en segunda instancia, aparece el realizador del censo en la provincia romana de Siria: Cirino. Se dice que “<strong>Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino</strong>” (2,2).</p>
<p>Esta provincia romana de “<strong>Siria</strong>” (desde el año 64 aC y con Antioquía como capital) incluía dentro de sus territorios a Judea (territorio éste que después del año 70 dC tendrá autonomía como provincia romana), aunque mientras tanto se le permitía una administración propia (ver 3,1).</p>
<p>Cirino (en latín “Quirinus”, más exactamente: “Publius Sulpicius Quirinus”) es presentado como “<strong>gobernador</strong>” (en el sentido estricto de “Legatus Augusti pro Pretore”). Las provincias senatoriales eran gobernadas por procónsules, pero las imperiales, que tenían un fuerte control militar, tenían gobernadores.</p>
<p>De él sabemos poco, pero su hoja de vida reporta esto: durante doce años estuvo a la cabeza de una banda de bandidos en las fronteras de Galacia; después de comandar una guerra en el norte de África, fue ascendido a cónsul romano en el año 12 aC. Se le conoció como guía y supervisor del joven príncipe Gayo César en Armenia (3-4 dC) y luego como legado de Siria entre el 6-9 dC. Murió en torno al año 21 dC (Anales de Tácito 3,48).</p>
<p>El censo cuya realización debía garantizar la autoridad de Cirino parece que no fue el único (“<strong>Este primer empadronamiento…</strong>”). No se duda de la historicidad (lo confirma el “Lapis Venetus”; CIL 3 Suplemento No.6687), pero puesto que las fechas del censo no parecen coincidir con las del nacimiento de Jesús, se ha tenido que acudir a diversas hipótesis.</p>
<p>Según Lucas, como consecuencia del decreto, “todos” debían viajar a sus propias ciudades. Se sabe que esto se hacía con mayor razón si las personas tenían propiedades en otro lugar. Este deber de ir a la propia ciudad, en el territorio patrio, se aplicaba a los pueblos conquistados; un signo más de dominación.</p>
<p><strong>1.3. En consecuencia: las tres dimensiones del escenario</strong></p>
<p>Las coordenadas geográficas, históricas y teológicas quedan establecidas.</p>
<p>Los datos iniciales no están puestos solamente por satisfacer la curiosidad académica, éstos intentan conectar la historia del nacimiento de Jesús con la historia mundial: Jesús nace en un contexto, en un tiempo y en medio de unas circunstancias políticas concretas. Además, como lo muestra una y otra vez la Biblia, Dios se puede valer del “hágase esto” de un gobernante terreno para llevar a cabo propósitos superiores más importantes. Sin quererlo, el mandato imperial termina siendo la causa del nacimiento de Jesús en el lugar que lo acreditaría como legítimo Mesías, descendiente de otro rey, uno de quien la proclamación de su “Señorío” relativizará el supuesto “señorío” –su título y la estrategia político religiosa que fundamenta su poder– del emperador terreno. Además, el emperador romano que era considerado y exaltado por todos como “portador de la paz”, será contrapuesto a aquel que trae la verdadera paz de Dios. Entonces, hay mucho más que una simple ubicación en el tiempo y en el espacio, ya que no se trata solamente de un evento mundial que influye en las circunstancias del nacimiento de Jesús sino del anuncio de que este nacimiento de Jesús tiene también incidencia mundial. El proyecto de Dios subvertirá el del emperador que acaba de entrar en el escenario con su gesto de afirmación de su poder absoluto.</p>
<h2>2. El nacimiento de Jesús (2,4-7)</h2>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/nic3b1o-jesus.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-690" title="niño-jesus" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/nic3b1o-jesus.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<blockquote><p>4Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, 5para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. 6Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, 7y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.</p></blockquote>
<p>En el enclave histórico descrito, ahora sí entran los personajes implicados directamente en la Navidad: José, María y Jesús.</p>
<p>José aparece como un hombre que cumple la ley, no participa en la rebeldía de los zelotas contra Roma. En obediencia al edicto emprende viaje desde Galilea hasta la montaña de Judea (“<strong>sube</strong>”). El motivo: su pertenencia “<strong>a la casa y la familia de David</strong>” (dato que había sido anticipado en 1,27). El viaje atravesando el país de norte a sur no fue corto: Belén estaba en ese entonces a unos 7 kilómetros de Jerusalén y a 144 kilómetros de Nazaret. Es decir que el trayecto hasta Belén debió emplear al menos tres días.</p>
<p>Nos encontramos de repente en Belén. Su nombre tenía como etimología popular “casa de pan”. Fue el lugar donde David nació y donde según Miqueas 5,2 el Mesías debía nacer. Jesús, quien gracias a José se inserta en la descendencia de David, nacerá por esta eventualidad histórica en la ciudad de David, lo cual le concede a Jesús las credenciales de Mesías.</p>
<p>María, por su parte, es presentada como “esposa” (o “prometida en matrimonio”) de José. Se deja entender que ella estaba viviendo con él, aunque el matrimonio no hubiera sido consumado todavía (ver Mt 1,25). El viaje de una mujer en avanzado estado de gravidez ciertamente era riesgoso tanto para la madre como para el niño.</p>
<p>Justo al llegar a Belén se completan las semanas para la hora del parto (ver 1,6).</p>
<p>Jesús viene al mundo en calidad de hijo “primogénito” de María (Pablo lo subrayará en Romanos 8,29 y Colosenses 1,15). De esta manera se pone de relieve la dignidad particular de este niño y se comprende mejor por qué es consagrado a Dios con especial solemnidad en el Templo (ver 2,22-24; poniendo en práctica Ex 13,12; 34,19). Nace el “Hijo” anunciado por el Ángel Gabriel en 1,31-33, al cual le cabían tantos títulos.</p>
<p>Este destaque de la dignidad divina del Hijo hace ver más el contraste, ya de por sí sorprendente, con la descripción de las circunstancias del nacimiento.</p>
<p>Jesús nace como todos los niños del mundo y es atendido como tal. Pero Lucas se detiene en dos detalles de las acciones que realiza la madre:</p>
<p>(1) <em><strong>“Le envolvió en pañales”</strong></em></p>
<p>Era habitual en los tiempos bíblicos que el pañal consistiera en una gran tira de tela angosta y que los niños fueron envueltos en ellas para mantener sus miembros estirados.</p>
<p>Con el profeta Ezequiel comprendemos que los primeros cuidados que se tenían con un recién nacido era: cortar el cordón, lavar con agua, frotar con sal y, finalmente, envolver en pañales (ver Ez 16,6). Colocar el pañal permanecerá como el símbolo de todos los cuidados. Como dice el libro de la Sabiduría:</p>
<blockquote><p>“Al nacer, también yo respiré el aire común, caí en la tierra que a todos nos recibe y mi primera voz, como la de todos, fue el llanto. Me crié entre pañales y cuidados” (7,3-4).</p></blockquote>
<p>Un detalle tan sencillo se convertirá en el signo del reconocimiento del Mesías (ver 2,12). Lo que se quiere decir es que se trata de un recién nacido: un ser humano en la máxima fragilidad. ¿Será este un verdadero “signo” cuando podía haber tantos otros niños recién nacidos?</p>
<p>(2) <em><strong>“Lo acostó en un pesebre”</strong></em></p>
<p>Lo que sí no es común es que haya sido recostado en un pesebre.</p>
<p>Un “pesebre” era el comedero de los animales, un espacio inapropiado para un recién nacido.</p>
<p>La tradición ha visto en torno a Jesús recién nacido algunos animales. Aquí no se menciona la presencia de animales, si bien no es improbable. La presencia de los animales fue insertada en esta historia de Navidad a partir de las citas de Isaías 1,3: “<strong>conoce el buey a su dueño, y el asno al pesebre de su amo / Israel no conoce, mi pueblo no discierne</strong>”. Los animales irracionales cuestionan nuestra incomprensión –voluntaria o no- del misterio.</p>
<p>El hecho es que Jesús no encontró espacio para él en la sociedad humana en los primeros instantes de su estancia en la tierra, excepto los brazos amorosos de su mamá. Esta será la condición de vida de Jesús: “<strong>Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tienen donde reclinar la cabeza</strong>” (9,58).</p>
<p>En cualquier caso no había un cuarto privado disponible para el nacimiento y María y su niño fueron privados del más mínimo confort. Desde el siglo II dC proviene una tradición que sitúa el nacimiento de Jesús en una cueva (así el Proto-evangelio de Santiago18-19; Justino; Orígenes). Por esta razón el emperador Constantino hizo elevar una basílica en Belén sobre una cueva (actual basílica de la Natividad). Pero el NT no habla de cueva. Si bien las cuevas son muchas veces utilizadas para acomodar animales, por eso se procuraba construir casas cerca para aprovecharlas con este propósito. De todas maneras la tradición de la gruta no invalida lo dicho sobre el pesebre.</p>
<p><strong>Los dos gestos forman una unidad</strong></p>
<p>El nacimiento de Jesús sucede en la extrema pobreza. Paradójicamente, quien viene a salvar al mundo aparece ante el mundo como un necesitado de ayuda, de cercanía y de valoración. Serán precisamente los humildes del pueblo los primeros que lo comprenderán y le ofrecerán el espacio humano requerido. Por lo pronto, el Mesías que no recibió la digna recepción de la sociedad humana solamente cuenta con los cuidados tiernos de la madre, esos gestos que generalmente no ven o en los que pocos reparan, pero que rápidamente se olvidan. Es el lenguaje mundo del amor que no todos entienden.</p>
<h2>3. El relato de los pastores (8-20)</h2>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/feliz_navidad.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-694" title="feliz_navidad" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/feliz_navidad.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Justo cuando se ha dicho que el nacimiento de Jesús ocurre en bajas circunstancias, entran en el escenario los pastores, lo representantes del pueblo humilde y despreciado de la tierra. La nota de rechazo preanunciada en el espacio digno que no encuentra el Mesías al nacer, es equilibrado ahora por la de la acogida simple pero sincera del pueblo ordinario, humilde y necesitado que recibe la revelación divina y le responde con su visita y su adoración. Ellos son escogidos como testigos privilegiados del nacimiento de Jesús.</p>
<p><em><strong>3.1. El anuncio (2,8-15)</strong></em></p>
<p>Hay una iniciativa de Dios. Es él quien escoge comenzar la evangelización por este lado de la sociedad: “<strong>Había en la misma comarca unos pastores&#8230;</strong>” (2,8).</p>
<p><em>(1) Los pastores</em></p>
<p>No ha faltado quien ha dicho que podría tratarse de los propietarios del lugar donde estaba el pesebre. Esto es posible puesto que los pastores sabían dónde estaba el pesebre, pero Lucas no nos dice nada al respecto.</p>
<p>Lo que sí parece más claro es por qué son escogidos: por pertenecer al estrato más bajo de la sociedad. Si es verdad que en la poesía helenista los pastores representan el ideal del mundo paradisíaco, en general eran mal vistos por el pueblo: algunos los consideraban maleducados y ladrones.</p>
<p>Una serie de datos nos da Lucas en 2,8:</p>
<ul>
<li>Ellos estaban “<strong>en la misma comarca</strong>”, o sea en los alrededores de Belén.</li>
<li>“<strong>Dormían al raso…</strong>” (2,8), es decir, estaban afuera, a la intemperie y el cielo abierto era su dormitorio. Esto sucedía sobre todo entre los meses de Abril y Noviembre, cuando las condiciones climáticas lo permitían.</li>
<li>“<strong>Vigilaban por turno durante la noche su rebaño</strong>”. Este era el comportamiento habitual. Existían cooperativas de pastores, lo cual les permitía establecer turnos entre sí para cuidar de los ladrones y los animales salvajes los rebaños de todos en el redil, en cuanto los demás descansaban.</li>
</ul>
<p><em>(2) La aparición del Ángel del Señor (2,9-12)</em></p>
<blockquote><p>“9Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. 10El ángel les dijo:<br />
&#8220;No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: 11os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; 12y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre&#8221;”.</p></blockquote>
<p>El Ángel aparece repentinamente y se aproxima. La ambientación nocturna pone de relieve la irradiación de la “<strong>luz</strong>” de “<strong>la gloria del Señor</strong>”, la cual es signo de la presencia divina (ver 9,34; Hechos 12,7). La irradiación de “gloria” parece provenir del mismo Ángel.</p>
<p>La reacción inmediata es el “<strong>temor</strong>” (ver 1,12-13), la cual es adecuada para el evento porque es una manera de expresar que reconocen estar ante el mismo Dios.</p>
<p>El Ángel entonces hace el anuncio.</p>
<h3>Primera parte: del temor a la alegría (2,10)</h3>
<p><em><strong>“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo”</strong></em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/3_angel-shepherds.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-701" title="3_angel-shepherds" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/3_angel-shepherds.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>El mandato a “no temer” va acompañado de la razón: él es portador de buenas noticias que serán causa de alegría. Por lo tanto, la conciencia de estar en la presencia de Dios (“temor”) los debe llevar más bien a escrutar en el momento histórico presente los signos concretos de su novedosa presencia. La “<strong>alegría</strong>” que van experimentar es un signo de salvación, de plenitud de vida: saldrán de la tristeza, del abandono, de la marginación, de la desgracia y verán coronados sus sueños. Ellos aparecen como los primeros destinatarios, pero Dios está pensando en “<strong>todo el pueblo</strong>”. Ya no habrá más exclusiones (ver cómo el evangelio va tratando el tema: 1,10; 2,31; 3,21; 7,29; 8,47; 9,13; 18,43; 19,48; 20,6.45; 21,38; 24,19). El nacimiento beneficiará a todos los que escuchen esta noticia sobre Jesús. Esta forma de hacer el anuncio del nacimiento de Jesús tiene un gran parecido con la manera como se anunciaba el nacimiento del emperador: “<em>el día del nacimiento del dios fue el comienzo para el mundo de las buenas noticias debidas a él</em>” (Inscripción Priene, 9 dC aprox.; OGIS 458). La contraposición entre el “Augusto” y Jesús, a quien ahora se le van a dar sus títulos, es clara.</p>
<h3>Segunda parte: el contenido de la Buena noticia y razón de la alegría (2,11)</h3>
<p><em><strong>“Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor”</strong></em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/pastores_belen.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-698" title="pastores_belen" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/pastores_belen.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Se anuncia del “<strong>hoy</strong>” de la salvación en el acontecimiento presente, en un hecho histórico concreto como lo es un nacimiento. El sello mesiánico no falta: “<strong>en la ciudad de David</strong>”, como profetizó Miqueas: “<strong>Y tú Belén de Éfrata…</strong>” (5,1).</p>
<p>El Mesías que ha nacido recibe dos títulos:</p>
<p><span style="text-decoration:underline;"><strong>“Salvador”</strong></span>. Es un atributo divino. Por tanto se anuncia que Dios viene en ayuda de su pueblo a través de Jesús. Zacarías nos había preparado con su cántico para este glorioso momento (ver 1,69.71.77), ahora es una realidad.</p>
<p>El hecho que este término también se le aplicara al emperador romano y a otros gobernantes helenistas, que fuera corriente en algunos movimientos religiosos de la época (el culto de Esculapio, por ejemplo), señala inmediatamente el contraste con las instituciones políticas y religiosas del momento, las cuales dicen pero no ofrecen la salvación.</p>
<p><span style="text-decoration:underline;"><strong>“Cristo Señor”</strong></span>. ¿Qué categoría tiene este “salvador”? El salvador es visto como el “Mesías-Yahvé”, su intervención en la historia es una manifestación de Dios. Esto es tan importante que el mismo Pedro luego confesará su fe reconociéndolo como “<strong>Cristo de Dios</strong>” (9,20).</p>
<p>El término “<strong>Cristo</strong>” significa “ungido”, “destinado para una misión”. Porque proviene de Dios, Jesús es un “ungido de Dios” y es “rey” (ver 23,2). Ya desde la anunciación se había hecho la proclamación: “<strong>El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará por siempre sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin</strong>” (1,32-33). Cuando llegue la hora la pasión Jesús no negará su realeza (22,30.67-69) y mostrará cómo ejerce esta realeza respondiendo a la oración del bandido: “<strong>Acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino</strong>” (13,42)</p>
<h3>Tercera parte: el signo de la verdad del mensaje (2,12)</h3>
<p><em><strong>“Y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”</strong></em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/2124722726_4bedb58be1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-700" title="2124722726_4bedb58be1" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/2124722726_4bedb58be1.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Finalmente el Ángel le da a los pastores una señal que confirma la verdad del mensaje (como ocurre en el Antiguo Testamento; por ejemplo: Ex 3,2; 1 Sm 2,34; Is 37,30). El propósito no es sólo identificar al niño diciendo dónde se encuentra (ver Mt 2,9) sino también de esta manera autenticar la proclamación mesiánica. La señal es que los pastores encontrarán un niño recién nacido y acostado en un pesebre. El propósito no tanto identificar dónde se encuentra el niño sino en su reconocimiento como Mesías: el Mesías prometido será encontrado en las más humildes y bajas condiciones que desdicen de su dignidad. Esta paradoja no es normal.</p>
<p><em>(3) La alabanza celestial (2,13-14)</em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/gloria.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-702" title="gloria" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/gloria.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<blockquote><p>“13Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: 14‟Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace‟”.</p></blockquote>
<p>Los signos siguen. Enseguida aparece un signo del cielo: al Ángel del Señor es acompañado por los ejércitos celestiales. Casi una parada militar celebrativa, pero del cielo; o más exactamente una solemne liturgia que se percibe desde la tierra, una vez que los cielos han sido abiertos.</p>
<p>Los pastores tienen ante sus ojos una manifestación (decimos “una teofanía”) del Reinado de Dios: un evento digno del nacimiento del Rey. De esta forma la “gloria del Señor” que comenzó a manifestarse con el Ángel, llega a su momento apoteósico.</p>
<p>El canto celestial, que es ante todo un himno de alabanza dirigido a Dios, tiene dos líneas que se complementan entre sí.</p>
<ul>
<li>Glorifica a Dios en el cielo, donde él habita (ver 1,78). Dios ha dejado ver su majestad y los ángeles la celebran proclamando que sólo a él le pertenece. Esta se ha revelado en la venida de su Hijo.</li>
<li>El efecto en la tierra es la paz. Aquí la paz es un don de salvación. En el relato anterior Zacarías había dicho: “<strong>Para guiar nuestros pasos por el camino de la paz</strong>” (1,79). La venida del Mesías tiene un efecto social (ver Isaías 9,5-6; Miqueas 5,4), gracias a él se entabla una nueva situación de paz entre Dios y los hombres, de cual se derivan muchas bendiciones.</li>
</ul>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/lgpp30963an-angel-proclaiming-glory-to-god-peace-on-earth-angel-1904-poster.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-703" title="lgpp30963+an-angel-proclaiming-glory-to-god-peace-on-earth-angel-1904-poster" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/lgpp30963an-angel-proclaiming-glory-to-god-peace-on-earth-angel-1904-poster.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>El don de la paz es para los hombres amados por Él. Es una acción que proviene del beneplácito de Dios, de su condescendencia (como cuando Jesús dice en una oración: “<strong>Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito</strong>”, 10,21). Dios escoge libremente a los que salva. Es decir, que la salvación no depende nuestros méritos humanos sino de la amorosa y gratuita iniciativa de Dios.</p>
<p><em>(4) La reacción de los pastores (2,15)</em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/pastores41.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-704" title="pastores4[1]" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/pastores41.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<blockquote><p>15Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: „Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado‟”</p></blockquote>
<p>Los ángeles regresan a la morada de Dios, el cielo. La luminosa escena acaba y se escucha ahora solamente la voz de los pastores que toman la decisión de ir a Jerusalén.</p>
<p>Ellos van a ver “<strong>lo que ha sucedido</strong>” (literalmente: “el evento que ha sucedido”; ver 1,37) y se les dio a conocer en primer lugar. Dios no ha tenido secreto con ellos.</p>
<p><strong>3.2. La visita al pesebre (2,16-20)</strong></p>
<p>Parece ser ya una constante bíblica: así como María después de la anunciación “va de prisa” (1,39) donde Isabel a ver el signo anunciado (una anciana estéril embarazada; 1,36), también los pastores “fueron a toda prisa” (2,16ª) a verificar el nuevo anuncio del Ángel del Señor.</p>
<p>La búsqueda tiene éxito: <strong>“encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre</strong>” (2,16bc).</p>
<p>Los pastores parecen encontrar otras personas del vecindario (hay un plural genérico). El evangelista entonces nos describe tres reacciones frente al acontecimiento:</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/nacimientodejesus.jpg?w=800&h=361" alt="" width="800" height="361" /></p>
<p>(1) Los oyentes: la admiración ante la revelación</p>
<p>Los que están allí presentes (“<strong>todos los que lo oyeron</strong>”, 2,18ª): se llenan de admiración: “<strong>se maravillaban de lo que los pastores decían</strong>” (2,18b). Estas reacciones que parten del pesebre continuarán a lo largo del evangelio (ver 2,33; 8,25; 11,14). Con esta reacción dejan entender que están ante una revelación.</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/virgen-maria-nacimiento-de-jesus-101.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-705" title="Virgen-Maria-Nacimiento-de-Jesus-101" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/virgen-maria-nacimiento-de-jesus-101.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>(2) María: el silencio que medita</p>
<p>“María”, por su parte ve la situación desde un punto de vista más profundo: “<strong>guardaba todas estas cosas</strong>” (2,19ª). En contraste las reacciones de admiración en la algarabía de los presentes ante el pesebre, el silencio de María presiona en otra dirección: ella penetra el sentido de lo que ha sucedido. Precisamente ella, a quien se le había anunciado la gran dignidad de su Hijo nueve meses atrás, ahora, después de largo adviento, lo tiene ante sus ojos. Ella sostiene una tensión mental, afectiva y espiritual hacia Jesús; se vuelva sobre él.</p>
<p>También “<strong>las meditaba en su corazón</strong>” (2,19b). La serenidad espiritual es importante y básica, pero los eventos tienen que ser ponderados con inteligencia y sensatez (ver Hch 4,15; 17,18). María intenta captar la unidad de los acontecimientos para captar su significado correcto.</p>
<p>Un ejemplo de lo que ahora María hace nos lo da la escena del nacimiento de Juan. Allí se dice que todos los que oían las noticias “<strong>las grababan en su corazón</strong>” (1,66ª). Para ello se preguntaban: “<strong>¿Qué será de este niño?</strong>” (1,66b)</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/adoracion-de-los-pastores-balestra.jpg"><img class="aligncenter" title="adoracion-de-los-pastores-balestra" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/adoracion-de-los-pastores-balestra.jpg?w=620&h=270" alt="" width="620" height="270" /></a></p>
<p>(3) Los pastores: la alabanza</p>
<p>Tres etapas se completan: la admiración de los oyentes, la profundización de María y finalmente la celebración de los pastores.<br />
Los pastores no regresan a sus casas de la misma manera, lo hacen “g<strong>lorificando y alabando a Dios</strong>” (2,20ª; otra constante del Evangelio: 4,15; 5,25s; 7,16; 13,13; 17,15; 18,43; 23,47).</p>
<p>La celebración no parte de simples sentimientos sino de la conexión entre las palabras del anuncio y la realidad de su cumplimiento: palabra y vida se han dado la mano.</p>
<p>Fue la escucha de las palabras que provenían de lo alto las que les permitieron captar el profundo significado, la gran dignidad de un nacimiento que, si no hubiera sido por ello, habría pasado desapercibido. El evangelio de la Navidad termina en fiesta. De la misma manera veremos concluir este evangelio: “<strong>Volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios</strong>” (24,53).</p>
<p>La última acción de los pastores es su canto, un canto que expresa que han comprendido lo que los sabios del mundo tuvieron dificultad para entender. Parecen anticiparse las palabras de Jesús: “<strong>Padre… has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños… tal ha sido tu beneplácito</strong>” (10,21).</p>
<p>La última actitud de los pastores es una nueva y prolongada mirada hacia Dios. El encuentro con el recién nacido en Belén, el más humilde de todos los nacidos en la tierra, remite a lo más alto en los cielos, de dónde proviene toda gloria y bendición.</p>
<p>Se ha manifestado para el mundo el proyecto salvador de Dios. No hay justificación para que haya ningún tipo de ruina en ningún lugar del planeta. Dios ama el mundo que creó y aquí está para probarlo.</p>
<p>Entre tanto, en medio del bullicio de la fiesta, María permanece ahí en su contemplación, dándole una profunda tensión espiritual a los eventos que rodean la navidad de Jesús. Como bien la retrató san Juan de la Cruz:</p>
<p style="text-align:center;"><em>“Y la Madre estaba en pasmo que el tal trueque veía: el llanto del hombre en Dios, y en el hombre la alegría; lo cual de el uno y de el otro tan ajeno ser solía” (San Juan de la Cruz)</em></p>
<p style="text-align:center;"><em>“El estado de infancia que el Hijo de Dios asumió sin considerarlo indigno de su majestad, se fue desarrollando con la edad, hasta llegar al estado del hombre perfecto y, una vez consumado el triunfo de su pasión y resurrección, pasaron todas las acciones que eran propias de su estado de aniquilamiento, que el Señor aceptó por amor a nosotros. Y, con todo, la fiesta de hoy renueva para nosotros el sagrado inicio de la vida de Jesús, nacido de la Virgen María. Y en cuanto adoramos el nacimiento de nuestro salvador, celebramos también nuestro propio inicio. Efectivamente, la generación de Cristo es el origen del pueblo cristiano: la Navidad de la cabeza es también la Navidad del Cuerpo. Aunque cada uno sea llamado por su vez y todos los hijos de la Iglesia se diferencien en la sucesión de los tiempos, con todo, la totalidad de los fieles, nacida en la fuente del bautismo, así como fue crucificada con Cristo en su Pasión, resucitada en su resurrección, colocada a su derecha del Padre en su ascensión, así también nació con Él en esta Navidad”. (San León Magno)</em></p>
<h2>Anexo 1: Pistas sobre las otras lecturas</h2>
<p>Sumario: El pueblo que caminaba en tinieblas vio el surgimiento de una luz grande, dice el profeta Isaías. Los pastores en la noche de Navidad ven esta luz. La gracia de Dios se manifiesta para la salvación de todos los hombres. En la persona de Jesús, Dios le da la paz al mundo. Dejémonos iluminar por la revelación de este misterio divino. En esta noche iluminada (primera lectura), la liturgia nos ofrece un “bouquet” de buenas noticias: fiesta y luz, paz y gozo, gloria y salvación, amor y felicidad nos son ofrecidos como regalos. Los que esta noche nos intercambiamos intentarán significarlos.</p>
<p><strong>Primera lectura: Isaías 9,1-6</strong></p>
<p>Isaías se dirige a un pueblo apesadumbrado que “<strong>camina en tinieblas</strong>”.</p>
<p>Un enemigo avanza hacia él. Entonces el profeta anuncia una esperanza: a las tinieblas les contrapone la luz, a la tristeza la alegría; los signos de la opresión desaparecerán: el yugo, el bastón, el látigo, las botas militares de los enemigos.</p>
<p>La liberación se logrará gracias a una intervención de Dios, así como en otras ocasiones: como “<strong>en el día de la victoria sobre Madián</strong>”. Esta alusión nos remite al libro de los Jueces, donde Gedeón venció al enemigo con la ayuda de Dios.</p>
<p>Luego Isaías anuncia una nueva intervención de Dios: Él le da al pueblo un nuevo rey. Será como el amanecer que disipa las tinieblas. Al ser entronizado como rey, se convertirá en hijo adoptivo de Dios. Enseguida se enumeran los calificativos del nuevo rey, que son otros tantos calificativos de Dios:</p>
<ol>
<li>Dios es un <strong>maravilloso consejero</strong>. Teniendo el poder de definir los proyectos que se realizarán, él le da consejos al rey.</li>
<li>Dios es <strong>fuerte</strong>: dispone del poder absoluto sobre el mundo y sobre la humanidad. Él le transmite esta fuerza al rey.</li>
<li>Dios es el<strong> Padre de todos los hombres</strong>, los ha creado a su imagen. Él le delega su poder paternal al rey.</li>
<li>Dios <strong>hace reinar la paz</strong>. Él invita al rey a hacer lo mismo y lo constituye “príncipe de la paz”. Pero la paz no se establecerá de forma duradera si no se apoya sobre el derecho y la justicia.</li>
</ol>
<p>Con el nacimiento de Jesús, los cristianos celebramos la llegada del nuevo rey, el Príncipe de la Paz. En el niño del pesebre, contemplamos “¡lo que hizo el amor invencible del Señor del universo!”.</p>
<p><strong>Salmo responsorial: Salmo 95</strong></p>
<p>Este Salmo real (“del rey”) canta el reinar de Dios.</p>
<p>En la primera estrofa el orante se dirige en primer lugar a la tierra para ella bendiga el nombre de Dios: “Cantad al Señor, tierra entera”. Después se dirige hacia el pueblo de Dios para que proclame a todas las naciones las maravillas de Dios: “de día en día, proclamad su salvación”.</p>
<p>El rol del pueblo de Dios es el de testimoniar entre las naciones las obras poderosas de Dios. Sin él, las naciones paganas no conocerán la salvación de Dios.</p>
<p>Viene entonces el momento sublime. El canto es amplio: abraza a todo el cosmos, asociando la tierra con el cielo, el mar con los campos. La naturaleza está en fiesta y los árboles se ponen a danzar. El “<strong>canto nuevo</strong>” celebra un acontecimiento extraordinario: la venida de Dios.</p>
<p>Este Salmo prolonga la profecía de Isaías y anuncia el mensaje angelical de la noche de la Navidad: Dios vino para gobernar al mundo con justicia. Esta venida se concreta en la venida del niño que es recostado en el pesebre.</p>
<p><strong>Segunda lectura: Tito 2,11-14</strong></p>
<p>La “<strong>gracia</strong>” es una palabra bíblica con honda significación. Evoca el favor, la condescendencia gratuita, el don generoso de Dios.</p>
<p>Esta “<strong>gracia</strong>”, que Dios le concede a todo hombre, se ha manifestado en el don que nos ha hecho en la persona de Jesús. Por su parte, Jesús, prosiguiendo el don inaugurado por el Padre, se “ha dado a sí mismo por nosotros”.</p>
<p>El perdón, que no es sino otro nombre de la gracia, tiene la capacidad de renovar el corazón, de purificarlo radicalmente y de hacernos “<strong>su pueblo</strong>”, el pueblo que Él reúne y que, como su Señor, actúa en bien de todos.</p>
<h2>Anexo 2 Para quienes animan la celebración dominical</h2>
<p>I</p>
<p>El tiempo de la Navidad comienza en la tarde del 24 de Diciembre, con la Misa de la Vigilia, y se prolonga hasta la Solemnidad del Bautismo del Señor.</p>
<p>II</p>
<p>Aunque la Misa de la Vigilia tradicionalmente es poco valorada (generalmente se le da más importancia a la « Misa de Medianoche » o «Misa de gallo »), conviene celebrarla allí donde se celebra la misa vespertina por la tare. Para el día de la Navidad se prevén tres Misas (de la Media noche, de la Aurora y del Día). Cada una tiene sus oraciones y lecturas propias. Con relación a las lecturas, la rúbrica del Leccionario permite alguna libertad de escogencia entre las propuestas. Con todo, no hay que omitir en la Misa de Media Noche el tradicional relato de la Natividad según san Lucas, ni tampoco, en la Misa principal del día.</p>
<p><a href='http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/la-bella-historia-de-la-navidad.pdf'><img class="alignleft size-full wp-image-322" title="descarga" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2010/11/docdown.png?w=620" alt=""   /> La bella historia de la Navidad</a></p>
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		<title>Misa de la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 17:43:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
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		<description><![CDATA[Misa de la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo. En la Eucaristía -que los cristianos repetimos sobre todo el domingo, el día del Señor- se nos hace presente de un modo sacramental y se nos da como alimento el mismo Jesús que nació en Belén hace veinte siglos, y el mismo Jesús que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=678&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>Misa de la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.</h1>
<p>En la Eucaristía -que los cristianos repetimos sobre todo el domingo, el día del Señor- se nos hace presente de un modo sacramental y se nos da como alimento el mismo Jesús que nació en Belén hace veinte siglos, y el mismo Jesús que vendrá al final de los tiempos como Señor Glorioso y Juez de la historia. En cada Eucaristía entramos en comunión con Él. Cada Eucaristía es como la Navidad, la Pascua y la Venida final, condensadas para nosotros, con toda la gracia y la salvación que el Hijo de Dios ha querido traer a nuestras vidas.<span id="more-678"></span><br />
<strong>1. </strong><strong>Oración:</strong><br />
Dios, Padre Nuestro, que en Jesús nos has dado tu Palabra, hecha carne y sangre, fuerza y ternura, muerte y resurrección; te pedimos nos des la fuerza necesaria para seguir sus pasos por el camino que él nos trazó para llegar hasta ti, abrazando en nuestro caminar hacia ti a todos los hermanos y hermanas. Por Jesucristo Nuestro Señor.</p>
<h3>2. Textos y comentario</h3>
<p><strong>2.1.</strong><strong>Lectura del libro de Isaías 52,7-10</strong><br />
<strong>¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.</strong><br />
El pueblo de Israel ha experimentado en propia carne la llaga mortal del exilio. Se hace necesaria una mano amiga que ayude algo, que levante el ánimo del creyente que flaquea. Eso es lo que pretende el II Isaías. En este pasaje tenemos un himno de entronización en honor de Jerusalén: se acoge con júbilo al mensajero que trae la buena noticia de la liberación, del decreto de repatriación.<br />
La realeza de Dios es el gran mensaje de salvación que trae el mensajero (cf 40, 9-10) y que los primeros testigos, los montes, escuchan para proclamarlo a una con el mensajero. No es un mensaje orgulloso, como los de antes del exilio, sino sencillo, que promete días de ventura en el camino de la alianza.<br />
Los vigías son los segundos testigos del gran acontecimiento que lo ven de forma muy real, casi lo tocan, ya que &#8220;ven cara a cara al Señor&#8221;. El Dios que se había alejado del pueblo, que lo había &#8220;entregado&#8217; al desastre, vuelve otra vez. Su gloria aparece revoloteando de nuevo sobre el santuario (cf Ez 43, 1-5). Mensaje de alegría para un pueblo abatido y sin horizontes: ¡Dios vuelve! Mensaje para el que se siente desanimado: ¡Dios sigue entre los que creen! El tercer testigo son las ruinas de Jerusalén. La ciudad sin futuro, las ruinas asoladas, la ciudad medio desierta y el templo abatido van a tener un restaurador (cf Is 62, 6-7). El que cree en el mensaje piensa que la restauración de una sociedad en ruinas es posible. Mensaje para el creyente de hoy. Este himno de acción de gracias resonará en otras páginas del AT (cf Sal 97, responsorial), en las que el triunfo de Dios aparece como una activa esperanza. Quien escucha este himno se ve animado a una seria colaboración con el Dios que actúa en la historia y se preocupa del hombre.<br />
2.2.<strong>Salmo responsorial Sal 9 7, 1. 2-3ab. 3cd~4. 5-6 (v.: 3c)</strong><br />
<strong>Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.</strong><br />
<em>Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.</em><br />
<em>El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.</em><br />
<em>Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.</em><br />
<em>Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.</em></p>
<p>Creo en tu victoria, Señor, como si ya hubiera llegado, y lucho por ella en el campo de batalla como si aun hubiera que ganarla con tu poder y mi esfuerzo a tu lado. Esa es la paradoja de mi vida: tensión a veces, y certeza siempre. Tú has proclamado tu victoria ante el mundo entero, y yo creo en tu palabra con confianza absoluta, contra todo ataque y toda duda. Tú eres el Señor, y tuya es la victoria. Sin embargo, Señor, tu tan anunciada victoria no se deja ver todavía, y mi fe está a prueba. Ese es mi tormento.<br />
Proclamo la victoria con los labios y lucho con las manos para que venga. Celebro el triunfo y me esfuerzo por que suceda. Creo en el futuro y sudo en el presente. Me regocijo cuando pienso en el último día y me echo a temblar cuando me enfrento a la tarea del día de hoy. Sé que pertenezco a un ejército victorioso, que al final, acabará por derrotar a toda oposición y conquistar todo el mundo; pero caigo en el campo de batalla con sangre en el cuerpo y desencanto en el alma. Soy soldado herido de un ejército triunfador. Mío es el triunfo y mías las heridas. Piensa en mí, Señor, cuando anuncies tus victorias.<br />
Robustece mi fe y abre mis ojos para hacerme ver que tu victoria ya ha llegado, aunque quede velada bajo apariencias humildes que ocultan la gloria de toda realidad celestial mientras seguimos en la tierra. Tu victoria ha llegado porque tú has llegado; tú has andado los caminos del hombre y has hablado su lengua; tú has gustado su miseria y has llevado a cabo su redención; tú has hallado la muerte y has restaurado la vida. Sé todo eso, y ahora quiero hacerlo realidad en mi vida para que yo mismo viva esa fe y todos sean testigos. Hazme gustar la victoria en el alma para que pueda proclamarla con los labios.<br />
Entre tanto, gozo viendo en sueño y profecía la victoria final que te devolverá la tierra entera a ti que la creaste. Entonces todos lo verán y todos entenderán; la humanidad se unirá, y todos los hombres reconocerán tu majestad y aceptarán tu amor. Ese día es ya mío, Señor, en fe y esperanza.</p>
<p><strong>2.3. Lectura de la carta a los Hebreos 19 1-6</strong><br />
<strong>En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.<br />
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo»? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios.»</strong></p>
<p>Dios nos ha hablado por su Hijo.<br />
El autor de la carta a los Hebreos nos presenta la venida de Cristo como un momento privilegiado de la revelación divina a lo largo de la historia. Ha sido él quien ha hablado a lo largo de la historia, muchas veces y de muchas maneras, a los hombres, primero por boca de los profetas, después por la de su propio Hijo.<br />
A esta afirmación fundamental, que tan bien encaja con la celebración de la Navidad, sigue un discurso sobre la naturaleza del Hijo de Dios. Considerado en sí mismo, él es resplandor de la gloria y sello de su mismo ser. El autor utiliza el lenguaje sapiencial del helenismo judío, cuando hablaba de la Sabiduría divina concedida a los hombres (cf. Sa 7,25-26). Él es imagen, icono de Dios. Por medio de estas imágenes trata de expresar lo mismo que Jesús dice a Felipe en el evangelio de Juan: &#8220;Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre&#8221; (14,9). Él es, con el Padre, el creador y el conservador del universo; por medio del cual todo había sido hecho (cf. Jn 1,1-3).<br />
En relación con la obra de salvación que ha realizado con su misterio pascual, Cristo es aquel que ha expiado el pecado de la humanidad (cf. Rm 3,24-25; Ef 1,7; Col 1,13-14), y el que ha sido exaltado por encima de todo (cf. Fl 2,9-11), siendo hijo y heredero por encima de los ángeles (cf. Rrn 8,17; Mt 21,38).<br />
La acción salvífica de Jesús se inscribe, para el autor de la carta a los Hebreos, en la lista de acciones reveladoras de Dios en la historia. Pero no como una de tantas, sino como la principal de todas ellas. Jesús, que nos ha purificado de los pecados (referencia al misterio pascual) es icono de Dios; el hombre Jesús, sentado ahora a la derecha de los ángeles, ha heredado un nombre superior al de los mismos ángeles.</p>
<p>2.4.<strong>Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18</strong><br />
<strong>En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. </strong><br />
<strong>Juan da testimonio de él y grita diciendo: &#8211; «Este es de quien dije: &#8220;El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.&#8221;» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.</strong><br />
<strong>A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. Juan es llamado el águila entre los evangelistas, por la sublimidad de sus escritos, donde Dios nos revela los más altos misterios de lo sobrenatural. En los dos primeros versos el Aguila gira en torno a la eternidad del Hijo (Verbo) en Dios. En el principio: Antes de la creación, de toda eternidad, era ya el Verbo; y estaba con su Padre (14, 10 s.) siendo Dios como El. Es el Hijo Unigénito, igual al Padre, consubstancial al Padre, coeterno con El, omnipotente, omnisciente, infinitamente bueno, misericordioso, santo y justo como lo es el Padre, quien todo lo creó por medio de El (v. 3).<br />
5. No la recibieron: Sentido que concuerda con los vv. 9 ss.<br />
6. Apareció un hombre: Juan Bautista. Véase v. 15 y 19 ss.<br />
9. Aquí comienza el evangelista a exponer el misterio de la Encarnación, y la trágica incredulidad de Israel, que no lo conoció cuando vino para ser la luz del mundo (1, 18; 3, 13). Venía: Literalmente: estaba viniendo. Cf. 11, 27.<br />
12. Hijos de Dios: &#8220;El misericordiosísimo Dios de tal modo amó al mundo, que dio a su Hijo Unigénito (3, 16); y el Verbo del Padre Eterno, con aquel mismo único amor divino, asumió de la descendencia de Adán la naturaleza humana, pero inocente y exenta de toda mancha, para que del nuevo y celestial Adán se derivase la gracia del Espíritu Santo a todos los hijos del primer padre&#8221; (Pío XII, Encíclica sobre el Cuerpo Místico).<br />
13. Sino de Dios: Claramente se muestra que esta filiación ha de ser divina (cf. Ef. 1, 5 y nota), mediante un nuevo nacimiento (3, 3 ss.), para que no se creyesen tales por la sola descendencia carnal de Abrahán. Véase 8, 30 &#8211; 59.<br />
14. Se hizo carne: El Verbo que nace eternamente del Padre se dignó nacer, como hombre, de la Virgen María, por voluntad del Padre y obra del Espíritu Santo (Luc. 1, 35). A su primera naturaleza, divina, se añadió la segunda, humana, en la unión hipostática. Pero su Persona siguió siendo una sola: la divina y eterna Persona del Verbo (v. 1). Así se explica el v. 15. Cf. v. 3 s. Vimos su gloria: Los apóstoles vieron la gloria de Dios manifestada en las obras todas de Cristo. Juan, con Pedro y Santiago, vio a Jesús resplandeciente de gloria en el monte de la Transfiguración. Véase Mat. 16, 27 s.; 17, 1 ss.; II Pedr. 1, 16 ss.; Marc. 9, 1 ss.; Luc. 9, 20 ss.<br />
16. Es decir que toda nuestra gracia procede de la Suya, y en El somos colmados, como enseña S. Pablo (Col. 2, 9 s.). Sin El no podemos recibir absolutamente nada de la vida del Padre (15, 1 ss.). Pero con El podemos llegar a una plenitud de vida divina que corresponde a la plenitud de la divinidad que El posee. Cf. II Pedro, 1, 4.<br />
17. La gracia superior a la Ley de Moisés, se nos da gratis por los méritos de Cristo, para nuestra justificación. Tal es el asunto de la Epístola a los Gálatas.<br />
18. Por aquí vemos que todo conocimiento de Dios o sabiduría de Dios, tiene que estar fundado en las palabras reveladas por El, a quien pertenece la iniciativa de darse a conocer, y no en la pura investigación o especulación intelectual del hombre.</p>
<p><strong>3. Oración final: </strong><br />
<strong>¡Gracias, Padre, por tu Hijo!</strong><br />
Él se encarnó para decirnos que tú nos amas,<br />
que quieres que vivamos con perfil de hijos tuyos<br />
y de hermanos entre nosotros.</p>
<p><strong>¡Gracias por María</strong>, la Madre,<br />
que con su docilidad a tu Palabra<br />
fue la Madre y la discípula<br />
que hizo posible la encarnación de tu Verbo!</p>
<p>¡<strong>Gracias por los ángeles que cantaron tu gloria</strong><br />
sobre la gruta de Belén y que anunciaron<br />
a los pastores la buena Nueva del nacimiento de Jesús!<br />
Y ¡gracias, Padre, por los muchos ángeles silenciosos<br />
que hoy siguen, con sus esfuerzos<br />
por la paz y la fraternidad,<br />
anunciando al mundo que es posible ser felices!<br />
Hoy nosotros también cantamos con esperanza y alegría:</p>
<p><strong>¡GLORIA a Dios en el cielo y en la tierra PAZ!</strong><br />
Que el poder de tu Espíritu<br />
siga suscitando profetas valientes,<br />
hombres y mujeres entregados a construir<br />
una sociedad conforme a tu Proyecto de amor.<br />
¡Amén, Padre!</p>
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		<item>
		<title>Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jun 2011 18:07:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Sugerencias musicales]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo A]]></category>
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		<description><![CDATA[SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO Tanto las lecturas como las oraciones y el prefacio sitúan bien el contenido de la fiesta de hoy. Conviene que los leamos y meditemos antes de la celebración con profundidad. Y mucho mejor si los podemos comentar en grupo, con el equipo de liturgia, por ejemplo, si lo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=529&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/corpus.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-530" title="corpus" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/corpus.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:center;"><strong>SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO</strong></p>
<div>
<p>Tanto las lecturas como las oraciones y el prefacio sitúan bien el contenido de la fiesta de hoy. Conviene que los leamos y meditemos antes de la celebración con profundidad. Y mucho mejor si los podemos comentar en grupo, con el equipo de liturgia, por ejemplo, si lo hay. Y que hagamos un comentario que nos ayude a relacionarlo todo con la vida del lugar donde nos encontramos. Así, la preparación misma será imagen de la asamblea eucarística, Cuerpo de Cristo, como nos dice san Pablo: &#8220;El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan&#8221;.<br />
<span id="more-529"></span><br />
<strong>1. Oración:</strong></p>
<p>Señor Jesucristo, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tu que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.</p>
<p><strong>2. Lectura del libro del Deuteronomio 8,2-3. 14b-16a.</strong></p>
<p><strong><em>Habló Moisés al pueblo y dijo:</em></strong> <strong><em>Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. El te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná que tú no conocías ni conocieron tus padres para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.</em></strong></p>
<p>El <strong>Deuteronomio</strong> pone en boca de Moisés tres grandes y solemnes discursos ante el pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. Algunos han catalogado el Deuteronomio como el &#8220;testamento de Moisés&#8221;, refiriéndose a sus últimas palabras, llenas de unción y de una honda espiritualidad. Moisés hace memoria del pasado, para dar sentido al hoy de cada generación. La primera palabra de nuestro texto es &#8220;recuerda&#8221;. Recordar, hacer memoria, conectar con el pasado glorioso, es parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios no sólo ha irrumpido en un momento dado en la historia de este pueblo, sino que ha estado presente en todos los momentos alegres y tristes. Nunca le ha abandonado. Más aún las pruebas sufridas en el desierto, fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir exclusivamente de Yahvé, sin apoyos humanos. El desierto es símbolo de la fe pura. El hambre, necesidad básica y urgente se convirtió en prueba para medir la fe-confianza en el Dios que sacia plenamente. Más tarde en una sociedad próspera y consumista el pueblo se olvidó de Yahveh. Fue entonces cuando estos discursos de Moisés adquirieron plena actualidad. Se les recuerda que: &#8220;<em>no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios</em>&#8220;. Desde esta perspectiva el ayuno adquiere su sentido profundo. Recuérdese que Mateo retomará este verso para enfrentar las tentaciones de Jesús. En la fiesta de hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, ante las hambres de nuestros desiertos. El es el verdadero maná que Dios da a la humanidad. Todos los demás panes (el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder&#8230;) no logran saciar plenamente las ansias de hambre del corazón humano, más aún dejan un hambre mayor&#8230; Viene entonces Jesús con su palabra y sus gestos, con su propuesta de Reino y Alianza y hace posible un mundo lleno de posibilidades en donde todo se comparte y nadie pasa necesidad.</p>
<p><strong>3. Salmo</strong><strong> </strong><strong>responsorial (Sal 147)</strong><strong></strong></p>
<p>La Iglesia nos propone este salmo en la &#8220;Fiesta del Corpus Christi&#8221;, la Fiesta del  &#8220;Cuerpo y Sangre&#8221; del Señor. Este &#8220;pan de trigo que nos sacia&#8221; no puede menos de  hacernos pensar en este &#8220;pan de vida&#8221; del que Jesús habló con frecuencia (Juan 6).</p>
<p>El salmo 147 dice que Dios &#8220;envía su palabra a la tierra&#8230; y que su Verbo la recorre&#8230;&#8221;.  Se trata de una &#8220;palabra&#8221; casi personificada, que tiende a ser distinta de quien la profiere.  El autor del salmo no podía pensar en una tal perspectiva, pero nosotros no podemos  olvidar las palabras de San Juan: &#8220;El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros&#8221; (Juan  1,14). Sí, Jesús fue la mejor &#8220;expresión&#8221; de Dios. Sus hechos, sus gestos, sus palabras,  nos hablan mejor de Dios que todos los estudios que se han hecho sobre El. El es  &#8220;verdaderamente la Palabra&#8221; de Dios en el mundo.</p>
<p>Seguridad material. Alimentos terrenales. Felicidad humana: Hubo una época en  la Iglesia en que aparentemente se despreciaron los goces sencillos de esta tierra. Una  predicación &#8220;espiritualista&#8221;, desencarnada, hizo sospechosos estos goces humanos. La  religión de Israel era más realista y daba gracias a Dios cuando los &#8220;barrotes de las puertas  de la ciudad&#8221; habían resistido a los asaltos de los agresores&#8230; O cuando las provisiones de  la ciudad eran abundantes&#8230; O cuando la paz reinaba en las fronteras. ¿Por qué no volver  a los mismos temas para agradecer a Dios de todo lo bueno que hay en nuestras vidas  cotidianas? Gracias, Señor, por la casa que me protege&#8230; Gracias, Señor, por la comida y  el alimento que no falta&#8230; Gracias, Señor, por la libertad y la paz que tenemos&#8230; Pero de inmediato otra oración aflora en nuestros labios: danos, Señor, la seguridad en  estos tiempos de violencia&#8230; Sacia, Señor, a los hambrientos&#8230; Da, Señor, la paz a los  pueblos que están en guerra, a los perseguidos, a los desdichados.</p>
<p>El hombre tiene hambre de Dios. Cuando el hombre se hace las preguntas más  radicales, las fundamentales, sólo las puede resolver en Dios. ¿Qué es el hombre? ¿Qué  significan el sufrimiento, el mal, la muerte, que subsisten a pesar de tantos progresos? ¿De  qué sirven estas victorias pagadas a tan alto precio? ¿Qué sucederá después de esta  vida? ¿Por qué el hombre es ilimitado en sus deseos, conociendo muy bien sus límites? A  todas estas preguntas, no hay respuesta en el sistema cerrado sobre el hombre. Pero, ¿por  qué el hombre se encierra en sí mismo? En ciertos momentos, especialmente en los  grandes acontecimientos de la vida, nadie puede evitar este género de interrogantes.  Solamente Dios los puede responder plenamente. &#8220;¡Glorifica al Señor, Jerusalén! ¡Alaba a  tu Dios, oh Sión! ¡Qué alegría es la tuya, comparada con aquellos que la ignoran!&#8221;.</p>
</div>
<p><strong><br />
</strong></p>
<div>
<p><strong>SALMO RESPONSORIAL</strong><br />
<em>Sal 147,12-13. 14-15. 19-20</em></p>
<p>R/. <strong>Glorifica al Señor, Jerusalén</strong>.</p>
<p><strong><em>Glorifica al Señor, Jerusalén;<br />
alaba a tu Dios, Sión,<br />
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas<br />
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.</em></strong></p>
<p><strong><em>Ha puesto paz en tus fronteras,<br />
te sacia con flor de harina;<br />
él envía su mensaje a la tierra<br />
y su palabra corre veloz.</em></strong></p>
<p><strong><em>Anuncia su palabra a Jacob;<br />
sus decretos y mandatos a Israel;<br />
con ninguna nación obró así<br />
ni les dio a conocer sus mandatos.</em></strong></p>
</div>
<p><strong><br />
</strong></p>
<p><strong>4. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 10,16-17.</strong></p>
<p><strong><em>Hermanos:</em></strong><em> <strong>El cáliz de nuestra Acción de Gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?</strong></em><em> <strong>El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.</strong></em></p>
<p><strong>Pablo</strong> orienta a una comunidad de los peligros de división. Aprovecha el contexto comunitario de la Eucaristía para hacer algunas aplicaciones prácticas a este respecto. La palabra clave es: el Cáliz, el Pan&#8230; ¿no nos &#8220;une&#8221; a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo?. El tema es: La unión de todos en el cuerpo y la sangre de Cristo. De este modo revela el grave compromiso de unidad (común &#8211; unión) entre todos. Beber el Cáliz, comer el Pan&#8230;expresan el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos en Cristo. Si esto no está claro, nuestras Eucaristías están vacías de sentido, o son un mero rito religioso intimista, muy lejos de lo que lo que Pablo quiso inculcar a su comunidad. Acto seguido el Apóstol de los gentiles remacha el tema con la comparación &#8220;el Pan es uno&#8230; nosotros somos muchos&#8221;&#8230; para concluir que al comulgar &#8220;formamos un solo cuerpo&#8221;. La unidad en la universalidad, es un tema de gran actualidad. Pero también &#8220;el cuerpo&#8221; expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas visibiliza al Cristo total.<em></em></p>
<p><strong>5. Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,51-59.</strong></p>
<p><strong><em>En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.</em></strong> <strong><em>Disputaban entonces los judíos entre sí:</em></strong> <strong><em>¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?</em></strong> <strong><em>Entonces Jesús les dijo:</em></strong> <strong><em>Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.</em></strong> <strong><em>Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.</em></strong> <strong><em>El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.</em></strong> <strong><em>El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí.</em></strong> <strong><em>Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.</em></strong></p>
<p><strong>Situación vital de nuestro texto:</strong></p>
<p>La gente había sentido resistencia frente a las palabras de Jesús cuando dijo “<strong><em>He bajado del cielo”.</em></strong><em> </em>Inmediatamente dijeron: pero si conocemos a la mamá, al papá, si este es Jesús! Y entonces la encarnación suscitó una gran dificultad. Hoy nos encontramos con otra resistencia. Cuando Él dijo<strong><em> “Mi carne para la vida del mundo”</em></strong> inmediatamente la gente se pregunta: <strong><em>“¿Cómo puede éste hombre darnos a comer su carne?”.</em></strong></p>
<p>La gente no entendía. Y si no entendían en aquella época, menos hoy nosotros. Nosotros vemos cómo responde Jesús entonces. Jesús responde con siete afirmaciones. El evangelio de este domingo contiene siete afirmaciones. Le gusta el número siete al capítulo 6 de Juan. Al discurso del pan de vida. Recuerdan ustedes que les había dicho que hay siete preguntas que sirven de hilo conductor y que dan la estructura, el esqueleto, de todo el discurso del  pan de vida, de esta bella catequesis. Hay siete preguntas. Pues, ahora la última lección de Jesús está compuesta de siete afirmaciones.</p>
<ol>
<li><strong>1.     </strong><strong>Las siete afirmaciones de la parte final del discurso del “Pan de Vida”</strong></li>
</ol>
<p>En las siete afirmaciones se repite el mismo concepto. En las siete afirmaciones se repite siempre, ni una sola vez falta, la palabra “<strong>comer”</strong>. Comer significa asimilar, significa saber decir el Amén eucarístico, significa hacer verdaderamente la comunión. No un Jesús al cual contemplamos a distancia. Un Jesús al cual ahora nosotros encarnamos. Al cual ahora nosotros hacemos una sola cosa con nosotros. Siete afirmaciones en las cuales se repite la palabra comer. Pero ni una sola afirmación se repite al pie de la letra. Siempre hay una variante, siempre hay una nueva luz, siempre se abre una nueva ventana para que comprendamos la profundidad del misterio.</p>
<p>La primera es una afirmación que comienza en negativo, en condicional. <strong><em>“Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”</em></strong>.</p>
<p>La segunda, por el contrario es positiva: <strong><em>“El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>Enseguida en la tercera vuelve a insistir: <strong><em>“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>La cuarta afirmación vuelve sobre el mismo concepto con una proposición bellísima que habla ahora de la alianza. <strong><em>“El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mi y yo en él”.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>La quinta se basa en una comparación: <strong><em>“Así como el Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me coma vivirá por mi”. </em></strong>La naturaleza de la alianza entre el discípulo y el Maestro viene de la comunión del Padre y del Hijo porque comulgar es hacer viva alianza con Cristo y en Él con la Trinidad.</p>
<p>La sexta afirmación es otra afirmación impositiva, muy bonita. Jesús dice lo que ocurre enseguida: <strong><em>“Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron vuestros antepasados,  ellos murieron”</em></strong>.</p>
<p>Y partiendo de esta realidad negativa, <strong><em>“ellos murieron”</em></strong>en seguida la séptima afirmación, la última, la más vibrante, la más alta, es la positiva para aquel que entra en alianza y en comunión con Cristo a través de la Eucaristía. <strong><em>“El que coma de este pan vivirá para siempre”.</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong>Profundicemos el texto:</strong></p>
<p>Como ya hemos dicho, las siete afirmaciones repiten una sola idea. Jesús es el verdadero pan, el pan que da la vida, la vida eterna, vivimos de Él. Vivimos de lo que recibimos y este pan tiene que ser comido, y comerlo significa no solamente asimilarlo como palabra y como ejemplo, como modelo de vida sino asimilarlo como víctima ofrecida en sacrificio por mí. Víctima con la cual hay que entrar en una misteriosa comunión. Cada vez que comulgamos nosotros estamos invitados a asimilar el pan; Cristo. Usted no puede decir que desayunó simplemente colocando el pan sobre la mesa, mirándolo un par de minutos y pensando que ya desayunó No Usted tiene que coger el pan y tiene que comerlo. Pues bien, esa analogía explica la comunión. A Jesús hay que comerlo. ¿Qué quiere decir eso? No basta únicamente con mirarlo y mirarlo y mirarlo. Hay que encarnarlo. Y lo que nosotros encarnamos, asimilamos, lo hacemos una sola cosa con nosotros es nada más y nada menos que la cruz. Cuando comulgamos encarnamos el sentido de la muerte y resurrección de Cristo, estamos comulgando con la cruz. De esa manera, al asimilar a Cristo nos hacemos también Cristo crucificado para los demás, o sea, aquel que da la vida.</p>
<p>No podemos comulgar en la Eucaristía y regresar a la casa egoístas. No puede ser. Cuando comulgamos hacemos alianza con Cristo, nos hacemos uno con Él: ‘Él en mi y yo en Él’. Uno solo. Y entonces la cruz, Cristo con los brazos abiertos dando vida está en nosotros amando a todos los demás.</p>
<p>En estas palabras encontramos nosotros una expresión de lo que los otros evangelios presentan en la institución de la Eucaristía. En los otros evangelios Jesús dice <strong><em>“Tomad y comed esto es mi cuerpo, tomad y bebed esta es mi sangre”.</em></strong> Juan lo dice aquí de otra manera.</p>
<p>En definitiva, Jesús quiere subrayarnos que el hombre, nosotros, ustedes y yo, estamos llamados a alimentarnos del Verbo hecho carne, alimentarnos de Él como Palabra en la que hay que creer, como ejemplo que hay que seguir, como víctima propiciatoria a la que hay que adherirse. Adherirse místicamente, profundamente en un acto sacramental. En términos más sencillos y más pobres, Jesús es la vida del hombre.</p>
<p>El hombre está hecho para vivir <strong>en</strong>, <strong>con</strong>, <strong>por</strong>, e inclusive <strong>de</strong> Jesús. Vivir de Él mediante la fe que escucha su Palabra. Que le recibe como un Hijo de Dios, que cree que Él es el Hijo de Dios encarnado, el Hijo de Dios que ha dado su vida por mí. Comulgar es encarnar el sentido de la muerte y resurrección de Cristo, el acto salvífico por excelencia. Es traer a mí todo el poder y la fuerza de la cruz y hacerme uno con el crucificado mediante la comunión misteriosa con su sacrificio, su muerte, su cuerpo y su sangre benditos, entregados por nosotros en la cruz. Nosotros estamos destinados a vivir de Jesús. A encontrar en Cristo la plenitud de nosotros mismos y a realizar su destino en la comunión y en la identificación con Él.</p>
<p>Comulgamos con sus opciones, con sus actitudes, con sus comportamientos, con todo el evangelio. Y comulgamos con la mayor de todas sus opciones, la de dar la vida por los demás.</p>
<p><strong>Oración final</strong><br />
Señor Jesús, que partiste y repartiste tu pan, tu vino, tu cuerpo y tu sangre, durante toda tu vida, y en la víspera de tu muerte lo hiciste también simbólicamente; te pedimos que cada vez que nosotros lo hagamos también &#8220;en memoria tuya&#8221; renovemos nuestra decisión de seguir partiendo y repartiendo, como tú, en la vida diaria, nuestro pan y nuestro vino, nuestro cuerpo y nuestra sangre, todo lo que somos y poseemos. Te lo pedimos a ti, que nos diste ejemplo para que nosotros hagamos lo mismo.</p>
<p><strong>Sugerencia de Cantos:</strong></p>
<p><strong>Entrada:<br />
</strong>Reunidos en el nombre del Señor (F. Palazón) El Señor nos llama (A. Taulé) Alrededor de tu mesa (F. Palazón) Juntos como hermanos (C. Gabaraín)<strong> Presentación de dones: </strong>Bendito seas, Señor (F. Palazón) Con amor te presento, Señor (C. Erdozaín) Te ofrecemos, Señor (F. Palazón) Te presentamos el vino y el pan (J. A. Espinosa) <strong>Comunión: </strong>Yo soy el pan de la vida (C. Gabaraín) Fiesta del Banquete (C. Erdozaín) Maná Maná (P. E. Zezinho) Acerquemonos todos al altar (F. Palazón) Eucaristía (A. Luna) Señor, tú eres el pan<br />
Yo soy el pan de vida (S. Toolan) El pan de vida (Brotes de Olivo) Donde hay caridad y amor (J. Madurga) <strong>Salida: </strong>María, la Madre Buena (Kairoi) Santa María del Amén (J. A. Espinosa)<strong><br />
</strong></p>
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		<title>Solemnidad de la Santísima Trinidad &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 14:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/trinidad.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-526" title="trinidad" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/trinidad.jpg?w=620" alt=""   /></a>SourceURL:file://localhost/Users/agribble/Desktop/Domingo%20de%20la%20solemnidad%20de%20la%20Sant%C3%ADsima%20Trinida1.doc</p>
<p align="center"><strong>Domingo de la solemnidad de la Santísima Trinidad ciclo A</strong></p>
<p>Nuestro Dios lo hemos conocido con Jesús, el Hijo, que ha compartido la condición humana hasta la muerte, para la salvación del mundo (evangelio). Al fin y al cabo, a través de Jesús hemos comprendido que la actitud básica de Dios es amar: toda la historia de Dios es una historia de amor, una voluntad de amor más fuerte que el mal de los hombres.</p>
<p>Contemplando a Jesús, vemos en él un diluvio de gracia, que es presencia de ese amor absoluto de Dios: una gracia y un amor de los cuales se nos hace partícipes por ese don de comunión que es el Espíritu (2a.lectura). Y todavía, todo eso, tiene como consecuencia dos actitudes a potenciar en nosotros: primero, el agradecimiento y la alabanza a este Dios grande y amoroso (salmo); y segundo, la experiencia gozosa de vivir en comunidad de seguidores de este Dios que está con nosotros (2a.lectura)</p>
<p><strong>1. Lectura del Libro del Exodo 34,4b-6. 8-9.<em></em></strong></p>
<p><strong><em>En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.</em></strong> <strong><em>El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.</em></strong> <strong><em>El Señor pasó ante él proclamando:</em></strong> <strong><em>Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.</em></strong> <strong><em>Moisés al momento se inclinó y se echó por tierra.</em></strong> <strong><em>Y le dijo:</em></strong> <strong><em>-Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.</em></strong></p>
<p>Los israelitas habían roto la alianza adorando a un ídolo como salvador del pueblo. Moisés había roto las tablas de piedra. Pero, no obstante, no dejó de interceder al Señor en favor de su pueblo. Su intercesión se hace cada vez mas osada, hasta el extremo de pedir poder ver la gloria del Señor, algo que no puede hacer ningún mortal. No obstante, el Señor le invita a subir otra vez a la montaña, donde rehará la alianza y se le revelará. La montaña es un lugar común de la manifestación de Dios. La nube es símbolo de la presencia divina. Proclamar el nombre es darse a conocer. En este sentido es importante darse cuenta de que el Señor se da a conocer en términos de acción amorosa. Más que una definición de él mismo (imposible de hacer si no se quiere convertir a Dios en un ídolo), el Señor señala cómo actúa: con esta indicación será posible seguir los caminos que conducen a Dios, caminos de compasión, de amor fiel.</p>
<p>Ante Dios, la única actitud correcta del hombre es la adoración.</p>
<p>Es lo que hace Moisés. Y su adoración se transforma en petición: Moisés, como tantas veces, pide la presencia del Señor en medio de su pueblo a pesar de la infidelidad constante de este pueblo. De hecho, Moisés está diciendo que sin la compasión y el amor fiel es imposible la vida.</p>
<p>En el Salmo proclamamos un fragmento del himno de los tres jóvenes que se halla en el texto griego de Daniel. Es una letanía que canta la gloria de Dios, este Dios trascendente, pero que se hace presente en la historia de los hombres: es el &#8220;Dios de nuestros padres&#8221;, está presente en &#8220;el templo de tu santa gloria&#8221;, a la vez que se sienta &#8220;sobre el trono de tu reino&#8221;.</p>
<p><strong>2. SALMO RESPONSORIAL</strong><strong><br />
</strong><em>Dan 3,52. 53. 54. 55. 56</em></p>
<p>R/. <strong>A ti gloria y alabanza por los siglos.</strong></p>
<p><strong><em>Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres;<br />
a ti gloria y alabanza por los siglos.<br />
Bendito tu nombre santo y glorioso;<br />
a él gloria y alabanza por los siglos. </em></strong></p>
<p><strong><em>Bendito eres en el templo de tu santa gloria.</em></strong></p>
<p><strong><em>Bendito eres sobre el trono de tu reino.<br />
Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines,<br />
sondeas los abismos.<br />
Bendito eres en la bóveda del cielo.</em></strong></p>
<p><strong>3. Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 13,11-13.</strong></p>
<p><strong><em>Hermanos:</em></strong> <strong><em>Alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz.</em></strong> <strong><em>Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso santo.</em></strong> <strong><em>Os saludan todos los fieles.</em></strong> <strong><em>La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con vosotros.</em></strong></p>
<p>Conclusión de la segunda carta a los Corintios, que tiene muchas semejanzas con las conclusiones de otras cartas. No obstante, en esta está muy presente la situación de la comunidad de Corinto, marcada por las divisiones internas y el cuestionamiento que algunos hacen del ministerio de Pablo.</p>
<p>La alegría, fruto de la fe en Jesucristo, es un motivo presente en otros pasajes de las cartas paulinas. También lo es la &#8220;paz&#8221;, pero en este caso tiene un énfasis especial, dada la situación de la comunidad. Si no viven en paz, ¿cómo podrá estar presente en medio de ellos &#8220;el Dios del amor y de la paz&#8221;? El &#8220;beso ritual&#8221;, típico de las primeras comunidades es un gesto que hace visible la comunión profunda entre los miembros de la comunidad. Pablo no descuida expresar la comunión entre las diversas comunidades; por eso transmite el saludo de&#8221; todos los santos&#8221;.</p>
<p>La fórmula final, que hallamos en la conclusión o en el encabezamiento de otras cartas, es un deseo de bendición en el que se atribuyen a Jesucristo, a Dios y al Espíritu los bienes de la gracia, el amor y la comunión.</p>
<p><strong>4. Lectura del santo Evangelio según San Juan 3,16-18.</strong></p>
<p><strong><em>En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:</em></strong> <strong><em>Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.</em></strong> <strong><em>Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.</em></strong> <strong><em>El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.</em></strong></p>
<p>Nicodemo, que sólo aparece en este evangelio, es presentado como un doctor de la Ley, miembro fariseo del sanedrín. Es el prototipo del judío piadoso preocupado por la cuestión de la salvación, en definitiva por el problema central de todo hombre: el sentido.</p>
<p>El fragmento que leemos es la parte final del diálogo iniciado entre Jesús y Nicodemo. Algunos afirman que se trata de palabras del evangelista que ha introducido como explicación de lo que dice antes Jesús. Pero quizá sencillamente haya que tener presente lo que otros han puesto de manifiesto: el Jesús del cuarto evangelio habla como el autor de la primera carta de Juan, es decir, se hace muy difícil o imposible, y seguramente no hay ninguna necesidad de hacerlo&#8230; separar las palabras de Jesús de las del evangelista.</p>
<p>El mundo es objeto del amor de Dios. La voluntad de Dios es de salvación universal no para unos cuantos y no de condenación ¡y hay quienes todavía no se han enterado!. Su amor por el mundo es tan grande que &#8220;entregó a su Hijo único&#8221;. En esta expresión se esconde evidentemente una alusión a la cruz: de hecho el amor inmenso de Dios se ha visto de una manera palpable en la donación hasta el final, hasta el extremo, de Jesús. Por otro lado, también es clara la alusión al hijo único de Abrahan, Isaac.</p>
<p>Queda abierta la posibilidad de condenación, a pesar de la voluntad única de salvación de Dios. Uno puede rechazar el amor de Dios, o cerrarse a él. Habría que recordar que en la obra juánica creer y amar son sinónimos. Cuidado, pues, en no identificar rápidamente a &#8220;los que creen&#8221; y &#8220;los que no creen&#8221;&#8230;</p>
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		<title>Solemnidad de Pentecostés &#8211; Ciclo A</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jun 2011 22:53:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS CICLO A La Iglesia es la comunidad convocada por el Espíritu &#8220;para formar un solo cuerpo&#8221;, un cuerpo de hombres y mujeres transformados por dentro, por haber &#8220;bebido&#8221; el Espíritu, y que se siente &#8220;enviada&#8221; a hablar de las maravillas de Dios, hoy podríamos resaltar qué es lo que hace que merezca [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=518&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/el-aliento-de-dios.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-519" title="el-aliento-de-dios" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/06/el-aliento-de-dios.jpg?w=620&h=465" alt="" width="620" height="465" /></a></p>
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<p align="center"><strong>SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS CICLO A</strong></p>
<p>La Iglesia es la comunidad convocada por el Espíritu &#8220;para formar un solo cuerpo&#8221;, un cuerpo de hombres y mujeres transformados por dentro, por haber &#8220;bebido&#8221; el Espíritu, y que se siente &#8220;enviada&#8221; a hablar de las maravillas de Dios, hoy podríamos resaltar qué es lo que hace que merezca la pena pertenecer a esta comunidad convocada por el Espíritu: la Iglesia es el conjunto de hombres y mujeres que a lo largo de la Historia se han ido transmitiendo el testimonio de Jesucristo, hasta llegar a nosotros; es el lugar en el que podemos vivir y llenarnos de estos signos simples en los que reconocemos la presencia de Jesucristo; es el encuentro con otros que, como nosotros, quieren vivir la presencia y el seguimiento de Jesucristo, y sin los que nosotros andaríamos demasiado solos como para poder intentar de verdad ser cristianos.</p>
<p><strong>I. Oración</strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><em>V/ Ven, ¡oh Santo Espíritu!, llena los corazones de tus fieles  R/ y enciende en ellos el fuego de </em> <em>tu amor. </em></p>
<p>V. <em>Envía tu Espíritu y todo será creado. </em>R<em>. Y se renovará la faz de la tierra. </em></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Oremos </strong></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>¡Oh Dios!, que instruiste los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos, según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo, Señor nuestro, </em></p>
<p>R. <em>Amén. </em></p>
<p><strong>2. Leamos despacio el texto de Hechos de los Apóstoles 2,1-11: </strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>“</em></strong><strong><em>1</em></strong><strong><em>Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. </em></strong> <strong><em>2</em></strong><strong><em>De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. </em></strong><strong><em>3</em></strong><strong><em>Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; </em></strong><strong><em>4</em></strong><strong><em>quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. </em></strong><strong><em>5</em></strong><strong><em>Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. </em></strong><strong><em>6</em></strong><strong><em>Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. </em></strong><strong><em>7</em></strong><strong><em>Estupefactos y admirados decían: „¿Es que no son galileos todos estos que están hablando? </em></strong><strong><em>8</em></strong><strong><em>Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa? </em></strong> <strong><em>9</em></strong><strong><em>Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, </em></strong><strong><em>10</em></strong><strong><em>Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, </em></strong><strong><em>11</em></strong><strong><em>judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios</em></strong><strong><em>‟</em></strong><strong><em>”. </em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>1. La comunidad reunida en un día de fiesta (Hechos 2,1) </strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong>1.1. La fecha: “<em>Al cumplirse el día de Pentecostés…</em></strong><strong>” (2,1ª) </strong></p>
<p>La palabra “<strong><em>Pentecostés</em></strong>” quiere decir “el día número 50” o “el quincuagésimo día”. Se trata del nombre de una fiesta judía conocida como “Fiesta de las Semanas”, más exactamente la de las “siete semanas” que prolongaban la celebración de la gran fiesta de la Pascua. Se sumaba así una semana de semanas (7&#215;7), número perfecto que se celebraba al siguiente del día 49.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>La fiesta de la cosecha de los cereales </em></strong></p>
<p>En un principio se trataba de una fiesta campesina: después de recoger las primeras gavillas, los campesinos festejaban agradecidos el fruto de la siega, “<strong><em>las primicias de los trabajos, de lo sembrado en el campo</em></strong>” (Éxodo 23,16). De ahí que se acostumbrara ofrecerle a Dios dos panes con levadura cocinados con granos de la primera gavilla (ver Levítico 23,17). Pero con el tiempo, la fiesta campesina se convirtió en fiesta religiosa en la que se celebraba el gran fruto de la Pascua: el don de la Alianza en el Sinaí. Por esa razón los israelitas ofrecían también en esta fecha “<strong><em>sacrificios de comunión</em></strong>” (Levítico 23,18-20). La fiesta era tan grande que merecía el suspender todos los trabajos: “<strong><em>No harás ningún trabajo servil</em></strong>” (Números 28,26). Puesto que era una las tres fiestas de peregrinación para los que vivían fuera de Jerusalén, sumado al hecho de que fuera día vacacional, se explica suficientemente el que hubiera tanta gente en la calle ese día en Jerusalén (ver Hechos 2,5-6).</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>De la fiesta campesina la fiesta de la Alianza del Sinaí </em></strong></p>
<p>La antigua fiesta campesina se transformó después en una fiesta “histórica” que celebraba la Alianza del Sinaí. Después que Dios sacó a su pueblo de Egipto, y en medio del desierto, lo condujo hasta el Monte Sinaí para hacer con él la Alianza. Allí Dios se manifestó en medio de una tormenta, cargada de viento y fuego.  Según Éxodo 19, las doce tribus fueron reunidas al pie de la santa montaña para recibir los mandamientos. Algunas leyendas judías dicen que la voz de Dios se dividía en setenta voces, en setenta lenguas, para que todos los pueblos pudieran entender la Ley, pero sólo Israel aceptó la Ley del Sinaí. En fiesta de “Pentecostés”, Dios renovaba su Alianza con los judíos de nacimiento y con los convertidos y simpatizantes del judaísmo (“temerosos de Dios” y “prosélitos”), que venían en peregrinación a Jerusalén. En el relato que vamos a leer enseguida notamos que así como en el Sinaí había doce tribus, en Jerusalén había gente venida de doce países diferentes: desde peregrinos venidos de Roma –centro del Imperio- hasta venidos de la región del mediterráneo así como del desierto.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>Un nuevo “Pentecostés”: la realización plena del don de la Alianza </em></strong></p>
<p>Lucas encuadra el acontecimiento de la venida del Espíritu Santo en este ámbito histórico y religioso. Un detalle importante es que Lucas no se limita a darnos un dato cronológico sino que en su narración le da el énfasis de un “cumplimiento”, por eso el texto griego se puede leer como: “<strong><em>cuando se cumplió la cincuentena</em></strong>” (2,1). Con esto muestra que se trata del cumplimiento de una promesa. En efecto, ya en Lucas 24,49 y en Hechos 1,4-5.8 el terreno había sido preparado con la palabra profética sobre la venida del Espíritu Santo. Por lo tanto el trasfondo de la fiesta judía es retomado y notablemente superado por la palabra y la obra de Jesús: estamos ante la plenitud de la Pascua de Jesús. En el Pentecostés cristiano, la gracia de la Pascua se convierte en vida para cada uno de nosotros por el poder del Espíritu Santo, mediante una alianza indestructible, porque está sellada en nuestro interior.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>1.2 El lugar: “…<em>Estaban reunidos todos en un mismo lugar</em></strong><strong>” (2,1b) </strong></p>
<p>La expresión “<strong><em>todos juntos</em></strong>” recalca la unidad de la comunidad y es una característica del discipulado en los Hechos de los Apóstoles. Una frase parecida la encontramos en 1,14. Así se anuncia quiénes van a recibir el don del Espíritu Santo. Se trata de la comunidad que había sido recompuesta numéricamente cuando se eligió al apóstol Matías (1,26). Una comunidad cuyo número indica el pueblo de la Alianza que aguarda las promesas definitivas de parte de Dios. En ella no se excluyen, puesto que estaban “<strong><em>todos</em></strong>”, la Madre de Jesús y un grupo más amplio de seguidores de Jesús. Este “<strong><em>todos</em></strong>” anuncia también la expansión del don a todas las personas que se abren a él, como efectivamente lo irá narrando –a partir de este primer día- el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero, ¿cómo recibieron el don del Espíritu y qué hicieron enseguida? Veamos.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>2. Dentro del cenáculo: la efusión del Espíritu (Hechos 2,2-4) </strong></p>
<p><strong>2.1. Dos signos: el viento y el fuego (2,2-3) </strong></p>
<p>Así como cuando el cielo nos hace presentir que algo va a pasar, sea una tempestad u otra cosa, así sucede aquí: primero Dios manda signos que atraen la atención sobre lo que está a punto de suceder; este preludio de su manifestación da paso, luego, a la experiencia de su maravillosa presencia. En la manifestación de la venida del Espíritu Santo al hombre, encontramos dos signos que despiertan nuestra atención: uno para el oído y otro para los ojos.</p>
<p><strong>(1) Un signo para el oído: el viento (2,2) </strong></p>
<p>Primero hay un viento, que es un signo para el oído, un viento que se hace sentir: “<strong><em>De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban” </em></strong><strong>(2,2). </strong> El viento en la Biblia, está asociado al Espíritu Santo: se trata del “Ruah” o “soplo vital” de Dios. Ya el profeta Ezequiel había profetizado que como culmen de su obra Dios infundiría en el corazón del hombre “<strong><em>un espíritu nuevo</em></strong>” (Ez 36,26), también Joel 3,1-2; pues bien, con la muerte y resurrección de Jesús, y con el don del Espíritu los nuevos tiempos han llegado, el Reino de Dios ha sido definitivamente inaugurado. No sólo Lucas nos lo cuenta, también según Juan, el mismo Jesús, en la noche del día de Pascua, sopló su Espíritu sobre la comunidad reunida (ver el evangelio de hoy: Juan 20,22: “<strong><em>Sopló sobre ellos</em></strong>”; también Juan 3,8). Pero lo que aquí llama la atención es el “<strong><em>ruido</em></strong>”, elemento que nos reenvía a la poderosa manifestación de Dios en el Sinaí, cuando selló la Alianza con el pueblo y le entregó el don de la Ley (Éxodo 19,18; ver también Hebreos 12,19-20). El “<strong><em>ruido</em></strong>” se convertirá en “<strong><em>voz</em></strong>” en el versículo 6. Éste es producido por “<strong><em>una ráfaga de viento impetuoso</em></strong>”, lo cual nos aproxima a un “soplo”.  Observemos que se dice “<strong><em>como</em></strong>”, o sea, que se trata de una comparación; el término en el lenguaje bíblico nos indica lo indescriptible que es la experiencia religiosa. El hecho que provenga “<strong><em>del cielo</em></strong>”, quiere decir que se trata de una iniciativa de Dios. El cielo no se ha cerrado con el regreso de Jesús a él, todo lo contrario, como dice Pedro más adelante: “<strong><em>Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros veis y oís</em></strong>” (Hechos 2,33).</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>(2) Un signo para la vista: el fuego (2,3) </strong></p>
<p>Enseguida aparece un signo hecho para la vista: “<strong><em>Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos” </em></strong>(2,3). Las “<strong><em>lenguas como de fuego</em></strong>”, también de origen divino, son un signo elocuente. Lo mismo que el “viento”, en la Biblia el “<strong><em>fuego</em></strong>” está asociado a las manifestaciones poderosas de Dios (ver Éxodo 19,18) e indica la presencia del Espíritu de Dios No debería tomarnos por sorpresa. En este mismo evangelio, ya san Juan Bautista ya nos había familiarizado con el signo: “<strong><em>El os bautizará en Espíritu Santo y fuego</em></strong>” (3,16). Por su parte Jesús había dicho: “<strong><em>He venido a traer fuego a la tierra y cuánto deseo que arda</em></strong>” (13,49).  Así como en el signo visual que el evangelista presentó en la escena del Bautismo de Jesús (“bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma”, Lucas 3,22), lo mismo sucede aquí pero con la imagen del “<strong><em>fuego</em></strong>” que se “<strong><em>posa sobre cada uno de ellos</em></strong>”. Pero a diferencia de la misteriosa imagen de la paloma, la imagen del fuego es coherente y más fácilmente comprensible dentro de lo que está narrando. La forma de “lengua” atribuida al fuego sirve para describir la distribución del mismo fuego sobre todos, pero crea un bello juego de palabras con el término “lengua” que asocia las “<strong><em>lenguas como de fuego</em></strong>” (v.3) del Espíritu con el “<strong><em>hablar en otras lenguas</em></strong>” (v.4) por parte de los apóstoles. Se cumple la profecía de Juan Bautista sobre el bautismo en Espíritu Santo y fuego (ver Lucas 3,16).</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>2.2. La realidad: “quedaron todos llenos del Espíritu Santo” (2,4a) </strong></p>
<p>Después de los signos iniciales, de referente externo, Lucas nos invita a entrar en la experiencia interna y así captar el significado: ¿Qué es lo que está pasando en el corazón de los discípulos? ¿Cuál es la acción interior del Espíritu Santo?</p>
<p>Después de los signos emerge la realidad, una realidad que se describe con sólo una línea: <strong><em>“</em></strong><strong><em>Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo” </em></strong><strong>(2,4ª)<em>. </em></strong>Este es sin duda, el acontecimiento más importante de la historia de la salvación, junto con la creación, la encarnación, el misterio pascual y la segunda venida de Cristo. ¡Y está descrito solamente en una línea! (dan ganas de ponerse de rodillas). Decir que los discípulos “<strong><em>quedaron llenos</em></strong>” del Espíritu Santo, que el mismo Dios los llenó de Espíritu Santo, es como decir, para explicarnos con un ejemplo, como un gran embalse de agua –de esos que se utilizan para generar energía- que de repente se convirtiera en una inmensa catarata que se vacía a través un dique y entonces toda esa enorme masa de agua, que es la vida trinitaria, se vaciara en los pequeños recipientes de los corazones de cada uno de los apóstoles.</p>
<p>“<strong><em>Quedaron llenos</em></strong>”. Después de purificar a los hombres por la cruz de su Hijo, de prepararlos como odres nuevos, Dios los hace partícipes de su misma Vida. El corazón de los discípulos ha sido hecho partícipe, por así decir, como un vaso comunicante, de la vida trinitaria. Por el don de su Espíritu, Dios infunde su amor en cada criatura y la recrea con su luz.</p>
<p>“<strong><em>Quedaron llenos</em></strong>”. Los discípulos hicieron la experiencia de ser amados por Dios, una experiencia verdaderamente transformante, puesto que sana a fondo todas las fisuras que permanecen en el corazón por los dolores de la vida, por las carencias, y le da a la vida un nuevo impulso, una nueva proyección.</p>
<p>“<strong><em>Quedaron llenos</em></strong>”. La palabra que repetimos con tanta frecuencia, “el amor de Dios”, que muchas veces es una palabra vacía, aquél día fue para los apóstoles una gran realidad. Les cambió la vida. Les dio un corazón nuevo, el corazón nuevo prometido por Jeremías (31,33) y por Ezequiel (36,26). Y, como veremos enseguida, se nota que desde ese momento, los apóstoles comenzaron a ser otras personas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>2.3. La reacción de los destinatarios de la unción: hablar en lenguas (2,4b) </strong></p>
<p>El “viento” se convierte en “soplo” santo que inunda a todos los que están en el cenáculo y las “lenguas como de fuego” sobre cada uno se convierten en nuevas “lenguas”, en una capacidad nueva de expresión. Aquí se nota el primer cambio en la vida de los discípulos de Jesús. El Espíritu Santo, el soplo vital de Dios, lleva a hablar otras lenguas: “<strong><em>Y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse</em></strong>” (2,4b). El término “<strong><em>otras</em></strong>” (lenguas) es importante aquí para que lo distingamos del hablar incomprensible (la oración en lenguas o “glosolalia”), la cual necesita de un intérprete (de esto habla Pablo en 1ªCorintios 12,10). Lo que sucede aquí parece más próximo a lo que el mismo Pablo dice en 1ªCorintios 14,21, citando a Isaías 28,11-12, y está relacionado con la predicación cristiana a los no convertidos. En otras palabras, lo que el Espíritu Santo pone en boca de los discípulos es el “kerigma” (ver el evangelio del domingo pasado), el cual recoge “<strong><em>las maravillas de Dios</em></strong>” (2,11) realizadas a través de Jesús de Nazareth, particularmente su muerte y resurrección. Pero esta capacidad de comunicarse irá más allá: se convertirá poco a poco en el lenguaje de un amor que se la juega toda por los otros, que ora incesantemente, que perdona y se pone al servicio de todos. No hay que perder de vista que el don del Espíritu es del amor de Dios. Lo que aquí comienza como “lengua” o “comunicación”, terminará generando el mayor espacio de comunicación profunda que hay: la comunidad cristiana. Su motor es el amor. Es como si el Espíritu continuamente nos dijera al oído: “en todo pon amor”, “lleva siempre amor en tu corazón”, “si corriges, pon amor; si la dejas pasar, pon amor; si callas, pon amor”.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3. Fuera del cenáculo (Hechos 2,5-11) </strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>La segunda escena ocurre en la plaza frente al cenáculo. Allí vemos como el corazón nuevo de los apóstoles se expresa concretamente en la vida.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3.1. La gente estaba estupefacta (2,5-6) </strong></p>
<p>Todos quedaron fuertemente admirados. Los efectos de la venida del Espíritu son los mimos que se daban cuando Jesús entraba poderosamente en la vida de las personas; por ejemplo, cuando manifestó sobre el lago su potencia divina, se dice que quienes lo vieron quedaron estupefactos (ver Lucas 8,25). Aquí se dice lo mismo con relación a la manifestación del Espíritu Santo: “<strong><em>la gente se congregó y se llenó de estupor al oírles hablar cada uno en su propia lengua. (Estaban) estupefactos y admirados&#8230;</em></strong>”.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3.2. La congregación de todos los pueblos (2,7-11) </strong></p>
<p>Confrontando los humildes galileos con la multitud internacional y pluricultural que se congrega frente al cenáculo, Lucas sigue el relato haciendo la lista de las naciones (ver 2,7-11ª). La enumeración sigue círculos concéntricos. La lista termina diciendo, “<strong><em>todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios</em></strong>” (2,11b). Así aparece otro elemento importante del mensaje de Pentecostés. Teniendo presente el relato la torre de Babel (ver Génesis 11,1-9), Lucas nos muestra una gran transformación operada por la venida del Espíritu Santo. En Babel se confunden las lenguas: hay caos lingüístico que representa cómo cuando cada persona se apega a su propio proyecto y no es capaz de abrirse al de los demás, nunca es posible construir un proyecto comunitario. Babel, entonces, es caos ideológico, reflejo del caos sicológico puede darse dentro de uno: conflicto de proyectos y de deseos contradictorios que emergen continuamente. Babel se repite todos los días: se comienza hablando una misma lengua, se diseñan proyectos comunes, pero de repente aparecen los intereses personales que mandan todas las alianzas al piso, que rompen en definitiva las relaciones. Pero en Pentecostés todos son capaces de comprenderse: todos hablan diversas lenguas (y por eso esa laga lista de pueblos), pero llega un momento en que todos se entiende, como si estuvieran hablando una misma lengua. Esta lengua es la del amor, cuya máxima expresión es el amor de Dios: “<strong><em>las maravillas de Dios</em></strong>”.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3.3. La honra al nombre de Dios (2,11b) </strong></p>
<p>Retomemos la frase final: “<strong><em>Todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios</em></strong>” (2,11b). Recordemos que en Babel la torre allí mencionada en realidad era un templo en forma de pirámide sacra, por lo tanto se trataba de una experiencia religiosa. ¿A qué se alude? Se alude a un problema que puede surgir de una experiencia religiosa mal llevada. El mismo texto lo dice: “<strong><em>Hagámonos un </em></strong><strong>nombre <em>para que no nos dispersemos sobre la faz de la tierra</em></strong>” (Génesis 11,4; la Biblia de Jerusalén traduce: “hagámonos famosos”). Aquí el pecado no está en el hecho de honrar a la divinidad con un templo sino querer “<strong><em>hacerse un nombre</em></strong>”, es decir, el querer ser adorados ellos mismo y no Dios. Esto sucede a veces, es lo podemos llamar la “instrumentalización” de Dios. Se dice que se trabaja por Dios pero en el fondo podría estarse buscando otra cosa: “<strong><em>hacerse un nombre</em></strong>”.  En Pentecostés es distinto: los apóstoles no trabajan para sí mismos, no quieren hacerse un nombre, sino darle honra al nombre de Dios, esto es, proclamar las grandes maravillas de Dios: “<strong><em>Todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios” </em></strong>(v.11 Cuando en el mundo de las relaciones cada uno trata de hacerse un nombre, se crean polos, tantos polos cuantas sean las personas que están centradas en sí mismas. Babel es la guerra de los egoísmos, en cambio Pentecostés es la formación de la comunidad en la comunión de diversidades cuyo centro es Dios.  Los mismos discípulos que antes de la Cruz de Jesús discutían quién era el mayor, viven ahora una conversión radical que es como la revolución copernicana: se han descentrado de sí mismos –están llenos de amor- y se han centrado en Dios. Todo está orientado hacia la gloria de Dios, hacia la alabanza de Dios y es en Él en quien convergemos todos, poniendo nuestros mejores esfuerzos en ayudar a construir su proyecto creador en el mundo. Esta es la conversión que nos aguarda a todos. Lo que sucedió el día de Pentecostés fue apenas la inauguración; el evento nos sigue envolviendo a todos los que los que lo aguardamos con el corazón ardiendo por la escucha de la Palabra de Dios y la oración. Así, en cada uno de sus miembros, la Iglesia adquiere todos los días un rostro nuevo, reflejo del amor de Dios.</p>
<p><strong>II. SALMO RESPONSORIAL </strong><strong><em>Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 3</em></strong></p>
<p>El salmo 103 proclama a Dios admirable en las obras de la creación. Para el creyente, la creación se hace transparente, y ve en ella la mano de Dios. Especialmente, en el misterio de la vida. Una misma palabra, &#8220;ruah&#8221;, designa en hebreo el viento, el aliento y el espíritu vital (los traductores griegos lo llamarán pneuma, y los latinos spiritus). Si un hombre, animal o planta muere, el salmista que contempla la naturaleza entiende que Dios le ha retirado el ruah, y por eso vuelve al polvo de donde había salido (v. 29). Pero Dios no cesa de enviar su espíritu a la tierra, renovando así la creación y repoblando la faz de la tierra (v. 30, R/). Todo aliento de vida de la creación es una participación o reflejo del ruah de Dios. Si hay vida sobre la tierra es porque Dios no cesa de enviar su aliento. Por eso la vida es sagrada. El gesto de Jesús exhalando su aliento sobre los discípulos sugiere el sentido cristiano de este salmo.</p>
</div>
<p><strong><br />
</strong></p>
<div>
<p><strong> </strong></p>
<p>R/. <strong>Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra</strong>.<strong></strong></p>
<p><strong><em>Bendice, alma mía, al Señor.<br />
¡Dios mío, qué grande eres!<br />
Cuántas son tus obras, Señor;<br />
la tierra está llena de tus criaturas. </em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>Les retiras el aliento, y expiran,<br />
y vuelven a ser polvo;<br />
envías tu aliento y los creas,<br />
y repueblas la faz de la tierra. </em></strong></p>
<p><strong><em>Gloria a Dios para siempre,<br />
goce el Señor con sus obras.<br />
Que le sea agradable mi poema,<br />
y yo me alegraré con el Señor.</em></strong></p>
</div>
<p><strong><em><br />
</em></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>III. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,3b-7. 12-13.</strong></p>
<p><strong>Hermanos:</strong> <strong>Nadie puede decir «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.</strong> <strong>Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.</strong></p>
<p>Un solo Espíritu&#8230;, un solo Señor&#8230;, un solo Dios. Dios es la fuente de los diversos dones que tienen los creyentes, y es además el modelo de cómo la diversidad se compagina con la unidad. Una larga comparación con el cuerpo viviente permite entender lo que es la Iglesia y, al mismo tiempo, nos muestra cómo tenemos que complementarnos y respetarnos unos a otros. No hay comunidad auténtica, si cada uno no participa activamente en la vida de esa comunidad, poniendo su talento al servicio de todos. Hasta el cristiano más humilde, o más pobre, puede tener riquezas de orden moral, artístico, etc., con que puede servir a los demás. Cuando uno se compromete en la vida cristiana, el Espíritu despierta en él nuevas capacidades, muchas veces inesperadas. Si sabemos demostrar más atención a las riquezas propias de cada uno, y despertarle la conciencia de su dignidad y de su responsabilidad, veremos brotar en la Iglesia una multitud de iniciativas, fruto del Espíritu.</p>
<p><strong>III. Lectura del santo Evangelio según San Juan 20,19-23.</strong></p>
<p><strong><em>Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:</em></strong> <strong><em>-Paz a vosotros.</em></strong> <strong><em>Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:</em></strong> <strong><em>-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.</em></strong> <strong><em>Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:</em></strong> <strong><em>-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.</em></strong></p>
<p>El autor del cuarto evangelio sitúa las apariciones del Señor resucitado narradas en el capítulo 20, del que hoy la Iglesia nos propone unos versículos, con los detalles del tiempo y lugar en que se realizan. Teniendo presente su estilo habitual, sabemos que todas estas indicaciones tienen un sentido preciso, son ellas también “<strong>signos</strong>”, con un valor teológico profundo.</p>
<p>Así pues, el texto que hoy proclamamos y que nos acompaña en la oración personal y en la celebración, nos sitúa en el domingo de Pascua, <em>“<strong>el primer día de la semana</strong></em><em>”</em>. Este apelativo en el Nuevo Testamento indica siempre el domingo. A finales ya del primer siglo, el vidente de Patmos lo llamará también “el día del Señor” (Ap 1,10). Día importante, porque recuerda la resurrección de Cristo el Señor (cf. Mc 16, 9), y también el día en el que el mismo Resucitado se aparece a los discípulos, sus “hermanos” (cf. Mt 28,10) y a las mujeres que “muy de madrugada van al sepulcro” (Mt 28,9-10; Mc 16,2; Lc 24,1; Jn 20, 1).</p>
<p>La primera aparición del Maestro resucitado tiene, pues, lugar en “el atardecer de aquel día, el día primero de la semana” (Jn 20, 19). Los discípulos están “<strong>en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos</strong>”. Cristo resucitado es Señor del tiempo y del espacio: las puertas cerradas, lo mismo que la muerte, ya no constituyen un obstáculo para que él se manifieste, “ya no tienen dominio sobre él” (cf. Rom 6, 9.</p>
<p>Entra en casa, se pone en medio de los suyos, les muestra las señales que lo identifican: <em>“<strong>las manos y el costado</strong></em><em>”</em> con las heridas propias del Crucificado el viernes santo.</p>
<p>Por dos veces les saluda con el saludo propio de Israel, “<strong>Shalom</strong>!”, que aquí es también <strong>el primer don de su resurrección</strong>. Inmediatamente los saca de sus miedos, los lanza al anuncio, a la misión, la misma que él realizó por voluntad del Padre. En las palabras del envío “<strong><em>Como el Padre</em></strong><em> me envió os envío <strong>yo también</strong></em><em> a vosotros”</em> (v. 21), encuentro una expresión repetida de la igualdad entre Jesús y el Padre. Esta fórmula es frecuente en el evangelio de Juan de manera especial. Me gusta por lo menos citar alguna otra, teniendo en cuenta no sólo ni tanto la belleza literaria de las expresiones cuanto más bien la profunda realidad ontológica que revelan: “<strong>El Padre y yo somos uno</strong>” (cf. Jn 5, 19.21.23.26; 10, 15.25.30; 14, 6-7.11.20; 15, 9; 17, 21).</p>
<p>“<strong>Como el Padre, así también Yo</strong>”. El modelo, el referente es siempre el Abbá, el Padre. Y Jesús hablará de lo que le ha oído al Padre, hará las obras que ha visto realizar al Padre; como el Padre le conoce íntimamente a él, él conoce a sus ovejas, a los que son suyos, a los que el Padre le ha confiado. ¡Que seguridad le tenía que dar a Jesús esta igualdad con el Padre en todo y qué seguridad me da también a mí! Con Jesús está siempre el Padre&#8230;</p>
<p>Juan prosigue en su narración: <em>“<strong>Dicho esto</strong></em><em>”,</em> <strong>el Maestro exhala su aliento, su “ruah” sobre los discípulos y les comunica el Espíritu Santo</strong>. Otro gesto preñado de significado: Jesús exhala sobre los discípulos su mismo Espíritu. Les transmite así el verdadero don pascual. &#8220;Es <strong>el Pentecostés joaneo,</strong> que el evangelista aproxima al evento de la resurrección para subrayar su particular perspectiva teológica: es única la “hora”, a la que tendía toda la existencia terrena de Jesús, es la hora en la que glorifica al Padre mediante el sacrificio de la cruz y la entrega del Espíritu en la muerte, y es también, inseparablemente, la hora en la que el Padre glorifica al Hijo en la resurrección. En esta hora única Jesús transmite a los discípulos el Espíritu”.</p>
<p>En la cruz, “sabiendo Jesús que todo estaba cumplido”, había entregado el espíritu (cf. Jn 19, 28.30), como preludio de esta efusión plena la tarde de Pascua. La entrega-comunicación del Espíritu está aquí relacionada con el poder de perdonar el pecado. El Espíritu es, en efecto, “la remisión de los pecados”. Así lo identifica la liturgia.</p>
<p>Entremos en este camino, haciendo nuestra esta bella oración:</p>
<p>“<strong><em>Ven, oh Espíritu Santo, y danos un corazón grande, abierto a tu silenciosa y potente palabra inspiradora; </em></strong> <strong><em>(un corazón) hermético ante cualquier ambición mezquina; un corazón grande para amar a todos, para servir a todos, para sufrir con todos; un corazón grande, fuerte para resistir en cualquier tentación, cualquier prueba, cualquier desilusión, cualquier ofensa; </em></strong> <strong><em>un corazón feliz de poder palpitar al ritmo del corazón de Cristo y cumplir humildemente, fielmente, virilmente, la divina voluntad</em></strong>”</p>
<p>(Pablo VI, el 17 de mayo de 1970).</p>
<p>Sugerencia de Cantos:<br />
<strong>Entrada:</strong> Ser Testigos (Alfonso Luna &#8211; Testigos en la Fe), Llenos del Espíritu de Dios (Mercedes Gonzales &#8211; Balada del Camino) <strong>Secuencia:</strong> Ven Espíritu Divino (Antonio Alcalde &#8211; Espíritu Santo Guíanos) <strong>Aleluya:</strong> Canta Aleluya ( Luis Alfredo &#8211; Ven Espíritu Santo) <strong>Presentación de Dones</strong>: Este pan y vino (Carmelo Erdozaín &#8211; Cerca está el Señor)<strong> Comunión:</strong> Envía tu Espíritu (Joaquín Madurga &#8211; Unidos en la Fiesta) Oh Señor, envía tu Espíritu ( Lucien Deiss &#8211; Pueblo de Reyes) El espíritu del Señor (Kairoi &#8211; A tu lado Señor)<br />
La hora del espíritu (Antonio Alcalde &#8211; Espíritu Santo Guíanos o Todavía nacen flores) Soplo de vida (Antonio Alcalde &#8211; Espíritu Santo Guíanos) <strong>Salida:</strong> Reina de los apóstoles &#8211; Antonio Alcalde &#8211; Espíritu Santo Guíanos</p>
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		<title>Octava de Pascua</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 02:13:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
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		<description><![CDATA[OCTAVA DE PASCUA LUNES DE LA SEMANA PRIMERA DE PASCUA Evangelio según San Mateo 28,8-15. Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: &#8220;Alégrense&#8221;. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=469&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>OCTAVA DE PASCUA</strong></p>
<p align="center"><strong>LUNES DE LA SEMANA PRIMERA DE PASCUA</strong></p>
<p><strong>Evangelio según San Mateo 28,8-15.</strong></p>
<p><strong>Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: &#8220;Alégrense&#8221;. Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: &#8220;No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán&#8221;. Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: &#8220;Digan así: &#8216;Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos&#8217;. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo&#8221;. Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy. </strong></p>
<p>Del sepulcro vacío parten dos embajadas: la de las mujeres convertidas en mensajeras de la resurrección, y la de los guardianes del sepulcro, que se dirigen a los sumos sacerdotes para comunicarles lo ocurrido. Hay un hecho cierto que nadie se atreve a negar; el sepulcro vacío. Lo afirman, por supuesto, las mujeres mensajeras; lo declaran los guardianes del sepulcro; no lo pueden negar los sumos sacerdotes. Sin embargo, este hecho, admitido por todos, tiene diversas posibilidades de explicación; es decir, del sepulcro vacío no se deduce con evidencia la resurrección de quien había sido puesto en él. El presente relato de Mateo recoge dos posibilidades de las apuntadas; una: que Jesús ha resucitado; otra, que el cadáver de Jesús había sido robado. Las dos posibilidades son expuestas por el evangelista aparentemente con gran neutralidad. Debe ser el lector del evangelio quien se decida por una u otra. ¿Es convincente la versión dada por los sumos sacerdotes? Evidentemente que no. El lector debe decidirse a admitir la primera posibilidad: la resurrección de Jesús atestiguada por las mujeres.</p>
<p>Pero lo que ocurrió en los primeros momentos, sigue ocurriendo. La resurrección de Jesús no es un hecho controlable, sino un hecho sobrenatural admisible únicamente desde la fe. Cuando se cierra el corazón a la fe, la resurrección pasa automáticamente al terreno de la leyenda. En el momento en que escribe Mateo su evangelio continuaban las discusiones entre los judíos y los cristianos. El simple hecho de la existencia de la comunidad cristiana en Jerusalén y de su predicación era una denuncia constante contra las autoridades judías.</p>
<p align="center"><strong>MARTES DE LA PRIMERA SEMANA DE PASCUA</strong></p>
<p><strong>Evangelio según San Juan 20,11-18. </strong></p>
<p><strong>María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: &#8220;Mujer, ¿por qué lloras?&#8221;. María respondió: &#8220;Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto&#8221;. Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: &#8220;Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?&#8221;. Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: &#8220;Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo&#8221;. Jesús le dijo: &#8220;¡María!&#8221;. Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: &#8220;¡Raboní!&#8221;, es decir &#8220;¡Maestro!&#8221;. Jesús le dijo: &#8220;No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: &#8216;Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes&#8217;&#8221;. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.</strong> <strong></strong></p>
<p>vv. 11-18. Jesús había anunciado a los suyos la tristeza por su muerte, pero asegurándoles la brevedad de la prueba y la alegría que les produciría su vuelta (16,16-23a). María, en cambio, llora sin esperanza (cf. 11,33) (11); ha olvidado las palabras de Jesús. No se separa del sepulcro, donde no puede encontrarlo.</p>
<p>Los guardianes del lecho (dos ángeles) (12) son los testigos de la re­surrección y están dispuestos a anunciarla. Blanco, color de la gloria di­vina; su presencia es un anuncio de vida. El vestido y la pregunta de los ángeles (13) muestran que no hay razón para el llanto. Mujer, apelativo usado por Jesús con su madre (2,4 y 19,6), la esposa fiel de Dios en la antigua alianza, y con la samaritana (4,21), la esposa infiel. Los ángeles ven en María a la esposa de la nueva alianza, que busca desolada al esposo, pensando haberlo perdido. Respuesta de María: como la primera vez que llegó al sepulcro (20,2), sigue pensando que todo ha terminado con la muerte.</p>
<p>Mientras siga mirando al sepulcro no encontrará a Jesús. En cuanto se vuelve (14), lo ve de pie, como una persona viva, pero la idea de la muerte la domina y no lo reconoce. La pregunta de Jesús (15) repite en primer lugar la de los ángeles: no hay motivo para llorar. Añade ¿A quién buscas?, como en el prendimiento (18,4.7), para darse a conocer.</p>
<p>Pero María no pronuncia su nombre. Hortelano: vuelve la idea del huerto/jardín, según el lenguaje del Cantar (19,41). Se prepara el en­cuentro de la esposa (Mujer) con el esposo (3,29). María, obsesionada con su idea, piensa que la ausencia de Jesús se debe a la acción de otros, si te lo has llevado tú.</p>
<p>Jesús la llama por su nombre (16)y ella reconoce su voz (10,3; cf. Cant 5,2). Se vuelve del todo, sin mirar más al sepulcro, que es el pa­sado. Al esposo responde la esposa (cf. Jr 33,11; Jn 3,29): se establece la nueva alianza por medio del Mesías. Rabbuni, “señor mío”, tratamiento de los maestros, pero también de la mujer dirigiéndose al marido. El lenguaje nupcial expresa la relación de amor y fidelidad que une la co­munidad a Jesús; pero este amor se concibe en términos de discipulado, es decir, de seguimiento. Gesto implícito de María (Cant 3,4: »Encontré al amor de mi alma; lo agarraré y ya no lo soltaré»). La alegría del encuentro hace olvidar a María que su respuesta a Jesús ha de ser el amor a los demás. A ese gesto responde Jesús al decirle: Suéltame. Da la razón (aún no he subido, etc.). La fiesta nupcial será el estadio último, cuando la esposa, la humanidad nueva, haya recorrido su camino, el del amor total, y la creación quede perfectamente realizada.</p>
<p>Jesús envía a María con un mensaje para los discípulos, a los que por primera vez llama sus hermanos: amor fraterno, comunidad de iguales. Antes de la subida definitiva de Jesús al Padre junto con la humanidad nueva, hay otra subida que dará comienzo a la nueva historia. Volverá con los discípulos (14,18). La mención del Pa­dre de Jesús como Padre de los discípulos responde a la promesa de 14,2-3: »En el hogar de mi Padre hay vivienda para muchos, etc.». Jesús sube ahora para dar á los suyos la condición de hijos (mis her­manos), mediante la infusión de su Espíritu (14,16s). Esta experiencia les hará conocer a Dios como Padre (17,3); será su primera experiencia verdadera de Dios. No van a llamar Padre al que conocen como Dios, sino al contrario: llamarán Dios al que experimentan como Padre. No reconocen a otro Dios más que al que ha manifestado en la cruz de Jesús su amor gratuito y generoso por el hombre, comunicándole su propia vida. Es el único Dios verdadero (17,3). La comunidad recibe noticia de la resurrección de Jesús (18).</p>
<p align="center"><strong>MIÉRCOLES DE LA PRIMERA SEMANA DE PASCUA</strong></p>
<p><strong>Evangelio según San Lucas 24,13-35.</strong></p>
<p><strong>Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: &#8220;¿Qué comentaban por el camino?&#8221;. Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: &#8220;¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!&#8221;. &#8220;¿Qué cosa?&#8221;, les preguntó. Ellos respondieron: &#8220;Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron&#8221;. Jesús les dijo: &#8220;¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?&#8221; Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: &#8220;Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba&#8221;. El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: &#8220;¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?&#8221;. En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: &#8220;Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!&#8221;. Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.</strong></p>
<p>A pocos relatos les he dado más vueltas que al de los discípulos de Emaús. Me parece tan rico, tan redondo, tan inagotable, que también este año tiene algo que decirme. Es un itinerario para discípulos frustrados, una terapia intensiva para aprender a reconocer al Resucitado en el camino de la vida. ¿Qué podemos hacer cuando nos sentimos timados, cuando tenemos la impresión de que la fe no produce ni en nosotros ni el mundo los resultados que habíamos soñado? ¿Cómo encajar las decepciones que nos crea a veces nuestra Iglesia? ¿Cómo aceptar que tras dos mil años de cristianismo siga habiendo en el mundo tanto mal?</p>
<p>La terapia de recuperación de la fe pasa por cuatro etapas. La primera consiste en hablar, en poner nombre a todas nuestras zozobras y miedos, en sacar afuera la frustración que guardamos en nuestra bodega, en contársela con pelos y señales a ese misterioso pedagogo que camina con nosotros y que nos pregunta: &#8220;¿Qué asuntos te traen de cabeza? ¡Cuéntamelos! Cuando nos atrevemos a contarle a él lo que nos pasa hemos puesto en marcha un proceso de sanación.</p>
<p>La segunda etapa consiste en escuchar. En la primera, Jesús, como buen terapeuta, ha sido todo oídos para que nosotros pudiéramos ser todo palabra. Ahora se invierten los papeles. Nos toca a nosotros escuchar su Palabra. Esta palabra se nos transmite, sobre todo, en la Escritura. Volver a la Escritura con humildad, sin ansiedades, es el único modo de que nuestro corazón decepcionado comience lentamente a arder. ¡Sólo la Palabra enciende de nuevo las ascuas que están debajo de nuestras cenizas!</p>
<p>La tercera etapa pasa por el comer. A los discípulos de Emaús sólo se les abren los ojos, sólo reconocen al extraño compañero de camino, cuando éste se queda a cenar con ellos y les parte el pan. También hoy para cada uno de nosotros la eucaristía es el &#8220;lugar del reconocimiento&#8221;, en el doble sentido de la palabra: de acción de gracias y de caer en la cuenta.</p>
<p>La cuarta etapa finalmente, es semejante a la que hemos visto en los encuentros de los días anteriores. Consiste en acoger el testimonio de otros y en comunicar el propio. Los discípulos de Emaús, que habían comenzado un itinerario de de misión (el que los llevaba de Jerusalén a su pueblo), emprenden un itinerario de misión, que los lleva de nuevo a Jerusalén, donde está la comunidad. Tras reconocer al Resucitado, han pasado de ser dimisionarios a ser misioneros. Curiosamente, cuando se encuentran con la comunidad, no son ellos los primeros en contar lo que les ha pasado, sino que aceptan la confesión de fe de los Once y de sus compañeros: &#8220;Es verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón&#8221;.</p>
<p>Hablar, escuchar, comer y comunicar son los verbos que marcan las cuatro etapas de un profundo encuentro con el Resucitado. Los discípulos de Emaús no son sino prototipos de lo que tú y yo somos. En su aventura de fe encontramos luz para comprender mejor la nuestra.</p>
<p align="center">
<strong>JUEVES DE LA PRIMERA SEMANA DE PASCUA</strong></p>
<p> <strong>Evangelio según San Lucas 24,35-48</strong></p>
<p><strong>Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: &#8220;La paz esté con ustedes&#8221;. Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: &#8220;¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo&#8221;. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: &#8220;¿Tienen aquí algo para comer?&#8221;. Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: &#8220;Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos&#8221;. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: &#8220;Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto</strong>.</p>
<p>Mientras estaban hablando con los once, se presentó Jesús en medio de ellos. ¡Por cuántos acontecimientos dramáticos pasaron estos pobres hombres!: La ultima cena, el jueves último&#8230; el arresto en el jardín de Gethsemaní&#8230; la muerte en la cruz de su amigo&#8230; Judas, uno de ellos, ahorcado. El grupo de los &#8220;doce&#8221; pasa a ser los &#8220;once&#8221;.</p>
<p>En este contexto tiene lugar la desconcertante &#8220;resurrección. En lo más hondo de su desesperación Tú vienes a decirles: &#8220;¡no temáis!&#8221; En mi vida personal, en la vida del mundo, de la Iglesia, evoco, hoy, una situación en la que falta la esperanza. Pero Tu estás aquí, Señor, &#8220;en medio de nosotros&#8221;.</p>
<p>Aterrados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Jesús les dijo. &#8220;Por qué os turbáis y por qué suben a vuestro corazón estos pensamientos? Ved mis manos y mis pies, ¡que soy Yo! Palpadme y ved que el espíritu no tiene carne ni huesos&#8230;&#8221; En su alegría no se atrevían a creerlo. Jesús, les dijo: &#8220;¿Tenéis aquí algo que comer? Le dieron un trozo de pescado asado, y tomándolo lo comió delante de ellos. Evidentemente, los &#8220;once&#8221; como todos los demás hasta aquí, fueron incrédulos. Todos los relatos subrayan esa &#8220;duda&#8221;. Para esos semitas que ni siquiera tienen idea de una distinción del &#8220;cuerpo y del alma&#8221;, si Jesús vive, ha de ser con toda su persona: quieren asegurarse de que no es un fantasma, y para ello es necesario que tenga un cuerpo&#8230; La resurrección no puede reducirse a una idea &#8220;de inmortalidad del alma&#8221;.</p>
<p>Todos los detalles quieren darnos la impresión de una presencia real. Incluso si resulta difícil imaginarlo, hay que afirmar que la resurrección no es solamente una supervivencia espiritual: el Cuerpo de Jesús ha resucitado y, a través de El, toda la Creación, todo el Cosmos quedan transfigurados. El mismo universo material, ha sido asumido, penetrado por el Espíritu de Dios. &#8220;Nosotros esperamos como salvador al Señor Jesucristo, que transfigurará el cuerpo de nuestra vileza conforme a su Cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas&#8221;, dirá san Pablo (Flp 3, 21).</p>
<p>En la Eucaristía, una parcela del universo, un poco de pan y de vino, es así asumida por Cristo, &#8220;sumisa a Cristo&#8221; como dice san Pablo, para venir a ser el signo de la presencia del Resucitado, y transformarnos poco a poco a nosotros mismos, en Cuerpos de Cristo. ¡He aquí el núcleo del evangelio! ¡He aquí la &#8220;buena nueva&#8221;! ¡He aquí la feliz realización del plan de Dios! ¡He aquí el fin de la Creación! ¡He aquí el sentido del universo! Si nos tomamos en serio la Resurrección, esto nos compromete a trabajar en este sentido: salvar al hombre, salvar el universo, sometiéndolo totalmente a Dios.</p>
<p>Les dijo: Esto es lo que Yo os decía estando aún con vosotros&#8230; Entonces les abrió la inteligencia para que entendiesen las Escrituras, los sufrimientos del Mesías, la resurrección de los muertos, la conversión proclamada en su nombre para el perdón de los pecados&#8230; A todas las naciones, empezando por Jerusalén. Vosotros daréis testimonio de esto. Jesucristo es ahora realmente el Señor, que tiene poder sobre todo el universo, sobre todos los hombres, y que da a los hombres la misión de ir a todo el mundo. En cierto sentido, todo está hecho en Cristo. Pero todo está por hacer. ¿Trabajo yo en esto? ¿Doy testimonio de esto?</p>
<p align="center">
VIERNES DE LA PRIMERA SEMANA DE PASCUA</p>
<p><strong>Evangelio según San Juan 21,1-14.</strong></p>
<p><strong>Después de esto, Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: &#8220;Voy a pescar&#8221;. Ellos le respondieron: &#8220;Vamos también nosotros&#8221;. Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: &#8220;Muchachos, ¿tienen algo para comer?&#8221;. Ellos respondieron: &#8220;No&#8221;. El les dijo: &#8220;Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán&#8221;. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: &#8220;¡Es el Señor!&#8221;. Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: &#8220;Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar&#8221;. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: &#8220;Vengan a comer&#8221;. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: &#8220;¿Quién eres&#8221;, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. </strong></p>
<p>Simón Pedro dijo a Tomás, a Natanael, a los hijos de Zebedeo y a otros dos: &#8220;Voy a pescar.&#8221; Le replicaron: &#8220;Vamos también nosotros contigo.&#8221; Estamos en Galilea, en la orilla del hermoso lago de Tiberíades.</p>
<p>Pedro parece que ha reemprendido su oficio. Los apóstoles no son unos fanáticos, preocupados de inventar cosas fantásticas. No, ellos no han inventado la resurrección. Se les vuelve a encontrar ahora tal como eran: gentes sencillas, sin segundas intenciones y entregados a humildes trabajos manuales. Me los imagino preparando su barca y sus redes para salir a pescar.</p>
<p><strong>Salieron y entraron en la barca, y en aquella noche no cogieron nada</strong></p>
<p>Nada. Nada. El fracaso. El trabajo inútil aparentemente. A cualquier hombre le suele pasar esto alguna vez: se ha estado intentando y probando alguna cosa&#8230; y después, nada. Pienso en mis propias experiencias, en mis decepciones. No para entretenerme en ellas morbosamente, sino para ofrecértelas, Señor. Creo que Tú conoces todas mis decepciones&#8230; como Tú les habías visto afanarse penosamente en el lago, durante la noche, y como les habías visto volver sin &#8220;nada&#8221;&#8230;</p>
<p>Llegada la mañana, se hallaba Jesús en la playa; pero los discípulos no se dieron cuenta de que era El. Pronto descubrirán su &#8220;presencia&#8221; en medio de sus ocupaciones profesionales ordinarias. Por de pronto, Tú ya estás allí&#8230; pero ellos no lo saben. Díjoles Jesús: &#8220;Muchachos, ¿no tenéis nada que comer?&#8221; Conmovedora familiaridad. Una vez más, Jesús toma la iniciativa&#8230; se interesa por el problema concreto de estos pescadores. &#8220;¡Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis!&#8221;</p>
<p>Escucho este grito dirigido, desde la orilla; a los que están en la barca. Trato de contemplarte, de pie, al borde del agua. Tú les ves venir. En tu corazón, compartes con ellos la pena de no haber cogido nada. Tú eres salvador: No puedes aceptar el mal. Echaron pues la red y no podían arrastrarla tan grande era la cantidad de peces.</p>
<p>Como tantas otras veces, has pedido un gesto humano, una participación. Habitualmente no nos reemplazas; quieres nuestro esfuerzo libre; pero terminas el gesto que hemos comenzado para hacerlo más eficaz. Dijo entonces a Pedro, aquel discípulo a quien amaba Jesús: &#8220;¡Es el Señor!&#8221;</p>
<p>Ciertamente es una constante: ¡Tú estás ahí, y no se te reconoce! te han reconocido gracias a un &#8220;signo&#8217;: la pesca milagrosa, un signo que ya les habías dado en otra ocasión, un signo que había que interpretar para darle todo su significado, un signo que ¡&#8221;aquel que amaba&#8221; ha sido el primero en comprender! Si se ama, las medias palabras bastan. Jesús les dijo: &#8220;¡Venid y comed!&#8221; Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio, e igualmente el pescado. Siempre este otro &#8220;signo&#8221; misterioso de &#8220;dar el pan&#8221;&#8230;, de la comida en común, de la que Jesús toma la iniciativa, la que Jesús sirve &#8230; La vida cotidiana, en lo sucesivo, va tomando para ellos una nueva dimensión. Tareas profesionales. Comidas. Encuentros con los demás. En todas ellas está Jesús &#8220;escondido&#8221;. ¿Sabré yo reconocer tu presencia?</p>
<p align="center">SÁBADO DE LA PRIMERA SEMANA DE PASCUA</p>
<p><strong>Evangelio según San Marcos 16,9-15.</strong></p>
<p><strong>Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron. En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: &#8220;Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.</strong></p>
<p>Este relato, la primera parte del último capítulo del evangelio de Marcos, menciona brevemente las apariciones de Jesús a la Magdalena, a los discípulos de Emaús y a los once. Pero la fuerza del relato recae en la incredulidad de los discípulos a quienes el Señor reprocha el no haber dado fe a quienes le habían visto. Es una clara amonestación a los creyentes que vendrían después para que crean a los testigos de la resurrección, aunque personalmente no hayan visto al Señor. No la creyeran. No les creyeron.</p>
<p>Los apóstoles reciben este duro reproche: &#8220;se apareció Jesús a los once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado&#8221;.</p>
<p>Esto es lo más importante de este relato: la incredulidad de los apóstoles. Debemos agradecer que tuvieran el corazón tan duro para aceptar lo que les decían los demás y lo que estaban viendo sus ojos. Porque nuestra fe se apoya en la fe de los apóstoles, no en la fe de los discípulos de Emaús ni en la fe de la Magdalena.</p>
<p>Y no hay nada en la Sagrada Escritura capaz de hacernos suponer que los apóstoles esperaran una Resurrección. Ni siquiera creían que Jesús era Dios. Los apóstoles no tuvieron fe durante la vida terrena de Jesús. Ni siquiera durmiendo el subconsciente de los apóstoles hubiera podido crear la imagen de un Dios hecho hombre que muere, resucita y se lleva tan campantemente su cuerpo al cielo.</p>
<p>Al contrario, bien despiertos, se resistieron siempre a aceptar esta idea y ni siquiera se rindieron ante la evidencia. Porque aunque sus ojos lo estaban contemplando creían que se trataba de un fantasma.</p>
<p>Las ilusiones de aquellos hombres se enterraron con Cristo en el sepulcro. Pero todo cambia radicalmente. Solamente la presencia de Jesús resucitado pudo ser la causa de este milagro moral de hacer vibrar de nuevo aquellos corazones con más osadía que antes, y hacerlos capaces de dar un testimonio a favor de la realidad de un Jesús vivo, con el cual ellos han convivido después de su muerte.</p>
<p>Los apóstoles aparecen como incrédulos, mientras que junto a ellos, otros discípulos, hombres y mujeres, poseen la fe y la proclaman.</p>
<p>Y ocurre algo que no encaja perfectamente en nuestros esquemas mentales; si las mujeres y los discípulos dan muestras de más fe que los apóstoles y si Cristo reprocha a estos últimos su incredulidad y la dureza de su corazón, sin embargo, es a ellos -y no a los discípulos fieles- a quienes. Cristo confía la responsabilidad de la misión, porque el versículo siguiente a este texto del evangelio dice: &#8220;Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que no crea se condenará&#8221;.</p>
<p>Los que salen a proclamar el evangelio por todo el mundo son unos individuos doblemente culpables. Culpables de haber abandonado al Maestro en la Pasión y culpables de incredulidad después de su resurrección.</p>
<p>Precisamente a estos discípulos que han fracasado estrepitosamente en estas dos pruebas decisivas, es a quienes se ordena: Id por todo el mundo hablando de mí. Difícilmente puede expresarse mejor la realidad del que predica el evangelio: es el hombre que lleva un mensaje que no le pertenece, que no es fruto de su propio terreno, y además está siempre sostenido por la fuerza de Otro; si deja de apoyarse en esa fuerza vuelve otra vez a su traición y a su incredulidad, que es la cosecha de su propio corazón. Por eso tiene que proclamar el evangelio; no por ser el mejor o el más inteligente; sino por ser un pecador que ha obtenido el perdón; por ser un incrédulo que ha sido liberado de su incredulidad.</p>
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		<item>
		<title>La asunción de la Virgen María – Solemnidad</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Aug 2010 21:17:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
				<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo C]]></category>

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		<description><![CDATA[SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN Oración: Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por Jesucristo [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=248&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN</strong></p>
<p><strong>Oración: </strong></p>
<p><strong>Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.</strong></p>
<p><strong>1. Introducción</strong></p>
<p>En esta misa conviene relacionar la primera lectura y el salmo con el evangelio. La imagen de la mujer apocalíptica es al mismo tiempo de lucha y de victoria, y la escena de la visitación es introducción al cántico del humilde glorificado, el Magnificat. Lo que estas lecturas destacan es el aspecto &quot;pascual&quot; de la asunción de María. La &quot;victoria es de nuestro Dios&quot;, y María es beneficiaria de esta victoria, &quot;porque has creído&quot;, y Dios se ha complacido en obrar en ella sus maravillas. Estrechamente unida a esta temática, escuchamos la lectura del Apóstol, que manifiesta la razón de fondo del misterio: &quot;Cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, todos los cristianos&quot;. La presentación del misterio de María como participación plena en el misterio pascual de Cristo es, posiblemente, la más justa teológicamente, y la que da más coherencia a la celebración. Con ella enlaza perfectamente la introducción a la Eucaristía, siendo al mismo tiempo un punto de partida exhortativo sobre el sentido pascual de nuestra existencia.</p>
<p><strong>2. Lectura y reflexión de los textos de la solemnidad</strong></p>
<p><strong>2.1. Lectura del libro del Apocalipsis 11,19a; 12,1-6a. 10ab.</strong></p>
<p><strong><em>Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios y dentro de él se vio el Arca de la Alianza. Hubo rayos y truenos y un terremoto: una tormenta formidable.</em></strong> <strong><em>Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba encinta, le llegó la hora, y gritaba entre los espasmos del parto.</em></strong> <strong><em>Apareció otro portento en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas.</em></strong> <strong><em>Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra.</em></strong> <strong><em>El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera.</em></strong> <strong><em>Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos.</em></strong> <strong><em>Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. Mientras tanto la mujer escapaba al desierto.</em></strong> <strong><em>Se oyó una gran voz en el cielo: «Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías».</em></strong></p>
<p><strong>2.1.1. Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal</strong></p>
<p>La lectura del libro del Apocalipsis empieza presentado uno de los temas bíblicos de la fiesta de hoy; el arca de la alianza. Tema que aparece en la primera lectura de la misa de la vigilia, y sirve de enlace en esta primera lectura de la misa del día y volverá a aparecer como trasfondo del evangelio de la Visitación. El arca de la alianza era el &quot;signo&quot; de la presencia invisible de Dios en medio de su pueblo. Contenía el Decálogo, síntesis de la Palabra que Dios había dirigido a su pueblo en el Sinaí.</p>
<p>La visión del arca inaugura, en el libro del Apocalipsis, la sección de los tres signos, de los cuales la lectura nos presenta los dos primeros: la mujer encinta y el dragón rojo. El varón llamado a gobernar a los pueblos es símbolo de Cristo, designado, más adelante, como &quot;la Palabra de Dios&quot; (19,13). La mujer que personifica a la comunidad cristiana es la que gesta y da a luz al que es la Palabra definitiva del Padre. La figura femenina es la verdadera arca de la nueva alianza, &quot;signo&quot; de la presencia de Dios ante los pueblos, a pesar de los rechazos y de las persecuciones.</p>
<p>La lectura mariana de este texto eclesiológico nos lleva a María como la primera cristiana, prototipo y Madre de la Comunidad de creyentes interesada en ofrecer la Palabra de Dios, que es Cristo, a nuestro mundo secularizado.</p>
<p><strong>2.2. SALMO RESPONSORIAL </strong>Sal 44,11.</p>
<p>R/. <strong>De pie a tu derecha está la reina,<br />
enjoyada con oro</strong>.</p>
<p><strong><em>Escucha, hija, mira: inclina el oído,<br />
olvida tu pueblo y la casa paterna.</em></strong></p>
<p><strong><em>Prendado está el rey de tu belleza;<br />
póstrate ante él, que él es tu señor.</em></strong></p>
<p><strong><em>Las traen entre alegría y algazara,<br />
van entrando en el palacio real.</em></strong></p>
<p><strong>2.3. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15,20-26.</strong></p>
<p><strong><em>Hermanos:</em></strong> <strong><em> Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto</em></strong> <strong><em> Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección.</em></strong> <strong><em> Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto; primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los cristianos; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.</em></strong> <strong><em>Cristo tiene que reinar hasta que Dios «haga de sus enemigos estrado de sus pies».</em></strong> <strong><em>El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque dice la Escritura: «Dios ha sometido todo bajo sus pies».</em></strong></p>
<p><strong>2.3.1. La resurrección de Cristo</strong> no fue un hecho aislado, sino una primicia, el primer fruto de una cosecha, que anuncia la resurrección de todos; es así el fundamento de la esperanza. La humanidad entera era solidaria del primer hombre y participaba de su destino. Ahora, con el Mesías, se ha creado una nueva solidaridad. La primera solidaridad conducía a la muerte, la segunda lleva a la vida. Ahora bien, mientras la solidaridad con Adán no era libre, sino que nacía de la naturaleza misma del hombre (Adán=hombre), la solidaridad con el Mesías se crea por la comunicación de su Espíritu (1 Cor. 12, 12-13), don de Dios a los que libremente se adhieren a su Hijo, jefe de la humanidad nueva. El Espíritu, que es la vida, dará la resurrección a los que pertenecen al Mesías (Rm. 8. 11).</p>
<p>El plan de Dios, actuado por el Mesías, Jesús, era comunicar al hombre su misma vida y así salvar para siempre al hombre que creó. El reino del Mesías es un reino de vida en todas sus manifestaciones; su enemigo total es la muerte, destrucción de la obra de Dios. Dios mismo irá venciendo a todos sus enemigos, sometiéndolos al Mesías; el último por vencer será la muerte, para que reine totalmente la vida, y una vida sin fin. Ese será el triunfo de Dios, el final de su obra. &#8211; Cristo es la primicia de los resucitados. Es la primera gavilla de la gran cosecha que Dios recoge de la siembra en el mundo. La primera gavilla indica que la cosecha ha empezado. Reafirma nuestra esperanza en la resurrección. María es también gavilla de las primicias. Esta comparación no tiene para nosotros la misma fuerza que tenía en tiempo de Pablo. La presentación de la primera gavilla, como primicia de la cosecha, era motivo de alegría y de bendición.</p>
<p>La civilización industrial no habla de gavilla, sino de &quot;inauguración&quot;. Pero lo importante es conservar el sentido que hay en el fondo de la comparación. En Jesús la prodigiosa fiesta de su resurrección es la gavilla, la inauguración, la Asunción de María es la primera participante en la fiesta. La resurrección de Jesús y la Asunción de María significan que en Cristo resucitado, centro de la creación liberada, el proceso de restauración llega hasta la materia cósmica. La Asunción de María nos confirma que en la resurrección de Cristo la creación entera llega a su plenitud, que el cosmos y el cuerpo no es sólo el lugar material en que se juega el destino del hombre. La liberación que le espera le hará acceder a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.</p>
<p><strong>2.4. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1,39-56.</strong></p>
<p><strong><em>En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.</em></strong> <strong><em>En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:</em></strong> <strong><em>-¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!</em></strong> <strong><em> ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.</em></strong> <strong><em>María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. </em></strong> <strong><em>Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.</em></strong> <strong><em>Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.</em></strong> <strong><em>El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres-, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. </em></strong> <strong><em>María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.</em></strong></p>
<p>2.4.1. Los dos primeros capítulos de Lucas se orientan hacia la subida de Jesús al templo de Jerusalén (2, 4 y 42). Hay una alusión a la aparición del Arca en el santuario. Hay también un paralelismo muy significativo con la subida o traslado del Arca a Jerusalén en el A.T. El viaje de María hacia las montañas de Judá recuerda simbólicamente el traslado del Arca, 2S 6,1-23. El Arca sube a Jerusalén. La estancia en casa de Obed-Edom, como la estancia de la &quot;Madre de mi Señor&quot; en casa de Zacarías, representa una etapa en el curso de la subida a la ciudad santa. En ambos casos, la estancia es de tres meses y es causa de bendición.</p>
<p>Hay que notar el clima de alegría, Jesús sube a la casa de su padre. María lo lleva&#8230; El canto de María expresa el sentimiento de quien ha comprendido la bondad de Dios hacia los pequeños y su compasión por los pobres. Es un canto de alabanza que los pobres dirigen a Yahvé por la promesa hecha a Abraham y a su descendencia. Hay escasas referencias personales. Parece representar más bien el canto de Israel que el de María como persona particular. Es la plegaria de la Hija de Sión.</p>
<p>Hay que relacionarlo con Habacuc 3, 18 y con el cántico de Ana (1 S 2, 1-10). Se trata de dos maternidades profundamente insertas en la Historia de la Salvación. Las &quot;cosas grandes&quot;, las gestas de Yahvé, son el centro de la Historia de la Salvación y hacen de las personas y de la comunidad el sujeto de las bendiciones. El arco de la Historia de la Salvación tiene dos puntos de apoyo: Abraham y María. En ambos, se realiza la obra de Dios por la fe. Creyó Abraham (Gn 15,6). Bienaventurada tú porque has creído (Lc 1, 45). Ambos han sido llamados por Dios y participan en el sacrificio de su hijo y son inicio de una humanidad.</p>
<p>2.4.2. La alegría de Isabel por la visita de &quot;la madre de mi Señor&quot; y el gozo desbordante de María por la salvación mesiánica que ella trae, forman la lectura evangélica de hoy.</p>
<p>1. María, llevando en sí la presencia de Dios, como nueva arca de la alianza (cf. 2 S 6), se va corriendo a la montaña de Judá para llevar -como hará la predicación apostólica y toda la Iglesia- la Buena Nueva de la salvación y a comprobar con sus propios ojos el signo que le dio el ángel (cf. Lc 1, 36). El primer fruto de esta presencia de María -y del Señor- en casa de Isabel es la donación del Espíritu a la madre del Bautista, su alegría y la bendición de María porque creyó en la realización de todo lo que el Señor le dio a conocer por medio del ángel, bendición que nos recuerda la de Jesús en Lc 11, 28: &quot;Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la guardan&quot;. Las palabras que Isabel dirige a María, &quot;la madre de mi Señor&quot; (recuérdese que Señor es un título mesiánico) son también un modo de expresar el misterio de la encarnación: Dios se ha hecho hombre en el hijo de María.</p>
<p>2. El cántico de María, como en general todo el capítulo primero y segundo de Lucas, está lleno de imágenes y palabras del AT., aunque no se citen explícitamente. María habla en primer lugar como la verdadera hija de Sion en quien culmina la esperanza de todo el pueblo, siervo del Señor (cf. Sal 105, 6). Su alegría se debe a todo lo que hace el Señor; reconoce que todo lo que ella tiene se lo debe al Poderoso que llena de gracia a los humildes. Como Isabel, María expresa la alegría de ver cumplida la hora de la salvación, de la liberación final para Israel y toda la creación.</p>
<p>A partir del versículo 50 el Magnificat canta cuál ha sido y cuál va a ser el modo de actuar de Dios en la historia de la salvación: se dice de diversos modos que Dios se mantiene fiel a su promesa de amor y fidelidad (&quot;su misericordia llega a sus fieles de generación en generación&quot;; &quot;acordándose de la misericordia en favor de Abrahán y su descendencia para siempre&quot;). Y este amor fiel de Dios toma una forma muy concreta expresada en la contraposición entre los humildes a quienes enaltece y los hambrientos a quienes colma de bienes, por un lado, y los soberbios y poderosos a quienes derriba y los ricos a quienes despide vacíos, por otro: la venida de Cristo en &quot;la humillación de su esclava&quot; comporta este cambio de la condición humana y del orden del mundo que supone la instauración del reino de Dios, en el que sólo pueden entrar los que sientan hambre de salvación. María es la primera en cantar este orden nuevo del Reino.</p>
<p>El acontecimiento fundamental para tender la mirada hacia el más allá de la muerte es la Resurrección de Cristo. Es muy importante tener presente y viva esa realidad: No estamos aquí para siempre. Lo sabemos pero vivimos como si esto fuera definitivo, y eso no es bueno. Quien vive consciente de que está de camino, avanza mejor. Lo definitivo para nosotros es Dios, es Cristo.</p>
<p>Después de Cristo, tenemos en María el ejemplo de una persona humana que ya llegó al término. Una persona como nosotros está allá. Eso es lo que celebramos en esta solemnidad. Debemos mirar a &quot;lo último&quot;, no con miedo, sino con esperanza. Nos dice San Pablo: &quot; Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia&quot;. O Santa Teresa que escribió: &quot; Muero porque no muero&quot;.</p>
<p><strong>3. Oración final: </strong></p>
<p>Alégrate y gózate Hija de Jerusalén<br />
mira a tu Rey que viene a ti, humilde,<br />
a darte tu parte en su victoria.</p>
<p>Eres la primera de los redimidos<br />
porque fuiste la adelantada de la fe.</p>
<p>Hoy, tu Hijo, te viene a buscar, Virgen y Madre:<br />
“Ven amada mía”,<br />
te pondré sobre mi trono, prendado está el Rey de tu belleza.<br />
Te quiero junto a mí para consumar mi obra salvadora,<br />
ya tienes preparada tu “casa” donde voy a celebrar<br />
las Bodas del Cordero:</p>
<p>• Templo del Espíritu Santo<br />
• Arca de la nueva alianza<br />
• Horno de barro, con pan a punto de mil sabores.</p>
<p>Mujer vestida de sol, tu das a luz al Salvador<br />
que empuja hacia el nuevo nacimiento</p>
<p>Dichosa tú que has creído, porque lo que se te ha dicho<br />
de parte del Señor, en ti ya se ha cumplido.</p>
<p>María Asunta, signo de esperanza y de consuelo,<br />
de humanidad nueva y redimida, danos de tu Hijo<br />
ser como tú llenas del Espíritu Santo,<br />
para ser fieles a la Palabra que nos llama a ser,<br />
también como tú, sacramentos del Reino.</p>
<p>Hoy, tu sí, María, tu fiat, se encuentra con el sí de Dios<br />
a su criatura en la realización de su alianza,<br />
en el abrazo de un solo sí.<br />
Amén.</p>
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		<title>Corpus Christi – Ciclo C</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Jun 2010 04:56:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
				<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo C]]></category>

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		<description><![CDATA[SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO Lectura del libro del Génesis 14, 18-20 En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&#038;blog=8270919&#038;post=236&#038;subd=fuenteycumbre&#038;ref=&#038;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO <strong>CUERPO Y SANGRE DE CRISTO</strong></p>
<p><strong><br />
Lectura del libro del Génesis 14, 18-20</strong></p>
<p>En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos. Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.</p>
<p><strong>Salmo responsorial<br />
</strong></p>
<p><strong>R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.</strong></p>
<p>Oráculo del Señor a mi Señor:</p>
<p>«Siéntate a mi derecha,<br />
y haré de tus enemigos<br />
estrado de tus pies.» R.</p>
<p>Desde Sión extenderá el Señor<br />
el poder de tu cetro:<br />
somete en la batalla a tus enemigos. R.</p>
<p>«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,<br />
entre esplendores sagrados;<br />
yo mismo te engendré, como rocío,<br />
antes de la aurora. » R.</p>
<p>El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:</p>
<p>«Tú eres sacerdote eterno,<br />
según el rito de Melquisedec.» R.</p>
<p><strong>Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26<br />
</strong>Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.</p>
<p><strong>Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 11b-17</strong></p>
<p>En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.» Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos replicaron:</p>
<p>«No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.</p>
<p><strong><em>ACERCARNOS AL TEXTO</em></strong></p>
<p>Después de escuchar lo que los Doce le cuentan al regreso de la misión, Jesús <strong><em>«se los lleva y se retira con ellos en dirección a un pueblo llamado Betsaida»</em></strong> (v. 10). <strong>Su intención es clara</strong>: de un lado, <strong>los quiere aislar del fervor nacionalista exagerado que habían suscitado en las aldeas judías con su predicación</strong> (por eso se los lleva hacia Betsaida, fuera del territorio propiamente judío); por otro, <strong>quiere hablar en privado con ellos sobre el reinado de Dios y su misión, a fin de corregir visiones y expectativas equivocadas.</strong> Es muy instructivo comparar la vuelta de los Doce con el regreso de los setenta y dos (10, 17ss). <strong>Los setenta y dos volvieron muy contentos</strong>, hecho que <strong>dará pie a Jesús para puntualizar cuál es la verdadera alegría</strong> y que desatará en él, en aquel preciso momento, la mayor explosión de júbilo que constatan los evangelios (10, 20-22). Sin embargo <strong>aquí, en la vuelta de los Doce, no hay alegría</strong>. Al parecer, lo que le contaron no debió de agradar mucho a Jesús. Por eso se retira con ellos para corregirles.</p>
<p>Pero <strong>ante la presencia de la gente que lo sigue ha de cambiar de planes. La necesidad de las personas marginadas es para Jesús el criterio inmediato y práctico de lo que puede o no puede hacer. </strong>Él acoge a la gente, les habla del Reino de Dios y cura a los que lo necesitaban. <strong>Se trata de un signo del Reino que es un reino de vida</strong>. <strong>Los Doce</strong>, convencidos de que Jesús los ha escogido aparte como grupo de selecto, <strong>protestan por la presencia del gentío de seguidores.</strong> Quieren desentenderse de esas multitudes que no van de acuerdo a sus planes y que para ellos son un estorbo. Por eso, se acercan a Jesús para decirle que los despida. <strong>Jesús no comparte su deseo ni su exclusivismo</strong>. Tiene otra cosa en mente. A ellos les toca darles de comer, <strong>eso forma parte de su tarea de anuncio del Reino</strong>. Les contesta:<strong><em>«Dadles vosotros de comer»</em></strong>. La negativa se reviste de sentido común: hablan de lo poco que tienen y de la necesidad de comprar. Sus categorías son las de la sociedad injusta que el Reino interpela. <strong>Continúan «contando» y «alimentándose» con los valores a los que Jesús les había invitado a renunciar cuando los envió en misión</strong>: <strong><em>«No lleven ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero»</em></strong> (9, 3).</p>
<p>Ahora <strong>les descubre y pone de manifiesto que la lógica y distintivo del Reino</strong> va por otro camino: <strong>EN EL COMPARTIR lo que se tiene, ahí está la solución</strong>. <strong>Compartir es un gesto que no tiene límites, cuando se comparte hay de sobra para todos; el amor es siempre abundante</strong>. Jesús toma la iniciativa y comparte lo que tienen; los discípulos son intermediarios. La multitud come a gusto, los hambrientos son saciados. El alimento es otro signo de la presencia del Reino, porque de él depende la vida. Pese a la carencia pretextada por los discípulos, sobran doce canastos. La cifra es simbólica: hay alimento para todo el pueblo (las doce tribus).</p>
<p><strong>La multiplicación de los panes y peces es el único milagro común a los cuatro evangelistas</strong>. Entre todos lo narran seis veces (Mc 6, 30-44; 8, 1-10; Mt 14, 13-21; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-14). Es un relato lleno de simbolismo eucarístico. Las expresiones <strong><em>«tomó el pan»</em></strong>, <strong><em>«alzó la mirada»</em></strong>,<strong><em>«lo bendijo»</em></strong>, <strong><em>«lo partió»</em></strong>, <strong><em>«se lo dio»</em></strong>, aparecen en el mismo orden aquí que en los relatos de la institución de la Eucaristía.</p>
<h1><strong><em>REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES</em></strong></h1>
<h1>En esta narración quedan claramente resaltados, como expresión de lo que es el Reino, el DON DE DIOS y el COMPARTIR HUMANO. Dios quiere que todos vivan y puedan alimentarse hasta saciarse. Pero esa voluntad se hace efectiva únicamente a través de nuestro compartir. Por eso, la Eucaristía, celebración y expresión de lo que debe ser el nuevo pueblo de Dios o la comunidad cristiana, no es auténtica y se contradice a sí misma si, quienes participamos en ella, no somos solidarios; si quienes decimos ser seguidores de Jesús no compartimos lo que tenemos.</h1>
<p>En un mundo donde el hambre, la injusticia y la xenofobia son realidades flagrantes, y donde el ansia de acumular bienes es el anhelo al que dedicamos las mejores horas de los mejores años de nuestra vida, <strong>hemos de afirmar que la celebración de la Eucaristía tiene dimensión social y política y pide una nueva sociedad,</strong> un nuevo orden internacional. <strong>Si no, no es signo mesiánico ni celebración que inaugura el Reino. Sólo si es celebración del compartir la Eucaristía puede considerarse memorial de Jesús.</strong></p>
<p><strong>El relato evangélico de los panes es aleccionador</strong>. Los discípulos, estimando que no hay suficiente para todos, piensan que el problema del hambre se resolverá haciendo que la muchedumbre «compre» comida. A este «comprar», regido por las leyes económicas, <strong>Jesús opone el «dar» generoso y gratuito</strong>: <strong><em>«Dadles vosotros de comer»</em></strong>. Luego, coge todas las provisiones que hay en el grupo y pronuncia las palabras de acción de gracias. De esta manera, <strong>el pan se desvincula de sus poseedores para considerarlo don de Dios y repartirlo generosamente entre todos los que tienen hambre</strong>. Cuando nos liberamos del egoísmo humano, sobra para cubrir la necesidad de todos. <strong>Ésta es la enseñanza profunda del relato evangélico.</strong></p>
<p>No podemos inhibirnos o desentendernos del hambre que hay en el mundo diciendo que sólo tenemos para nosotros. <strong>Compartir hace crecer nuestras posibilidades</strong>. <strong>Así anunciamos el Reino. El COMPARTIR es el rasgo característico del Reino, del nuevo Israel, de la comunidad cristiana, de la Iglesia</strong>. ¡Es la forma de que los bienes mesiánicos lleguen a todo el pueblo!</p>
<h1><strong><em>COMPROMISO DE VIDA</em></strong></h1>
<p>Nos encontramos ante <strong>un mensaje que pone en tela de juicio</strong> <strong>muchos de nuestros comportamientos, formas de ver y de entender la vida</strong>. Es necesario afrontarlo.</p>
<p>¿Cuál es <strong>mi actitud HABITUAL de vida</strong>: acumular y guardar, o sé compartir generosamente lo que tengo y que, a veces, malgasto?</p>
<p>Si la celebración de la <strong>Eucaristía y el COMPARTIR están muy relacionadas</strong>, según el texto evangélico de hoy: ¿<strong>qué gesto o gestos de compartir </strong>voy a llevar a cabo durante esta semana para vivir lo que el Corpus Christi me exige?</p>
<p><strong>Utilizaré cada día de esta semana</strong> la oración, <strong><em>“El milagro de compartir”,</em></strong> para así poder hacer mío su mensaje y contenido.</p>
<p><strong>COMENTARIO</strong></p>
<p>Gn 14, 18-20: Melquisedec ofreció pan y vinoSal 109, 1-4: Tu eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec</p>
<p>1 Co 11, 23-26: Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor</p>
<p>Lc 9, 11-17: Comieron todos y se saciaron.</p>
<ul>
<li><strong>Primera lectura</strong>, Melquisedec ofrece el pan y el vino como elementos para un sacrificio incruento agradable a Dios.</li>
</ul>
<ul>
<li>signo anunciador del sacramento eucarístico.</li>
</ul>
<p>Segunda lectura, Testimonio de San Pablo sobre la institución de la Eucarística en la última cena, anticipo de la muerte de Jesús.</p>
<ul>
<li>Es una “<strong>Tradición que procede del Señor</strong>”. Por Pablo la transmite como revelación divina.</li>
<li><strong>&quot;Tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo&quot;</strong>:</li>
</ul>
<ul>
<li>Categóricamente afirma la “presencia real” y sustancial de Cristo (para la que se requiere una (transustanciación”)</li>
<li>Eucaristía significa &quot;acción de gracias&quot;. Parte la Eucaristía pero El no se divide. Jesús está Presente en cada fragmento. &quot;mi cuerpo&quot; es singular.</li>
</ul>
<p>«que se entrega por vosotros», en una “alianza nueva” sellada con su sangre.</p>
<ul>
<li>La Ultima Cena anticipa el calvario: Su entrega a su Padre por su muerte y resurrección.</li>
<li><strong>Por amor. </strong> Hacernos <strong>partícipes de su Pascua</strong>.</li>
</ul>
<p>“Haced esto en memoria mía”</p>
<ul>
<li><strong>&quot;Haced esto&quot;: Jesús ordenó celebrarla</strong></li>
<li><strong>Memorial </strong>de su “sacrificio”. Jesús es sacerdote, víctima y Altar.</li>
<li>Eucaristía es un <strong>verdadero sacrificio</strong> porque representa –hace presente– el sacrificio de la cruz. <strong>Aplica su fruto.</strong></li>
<li>Estar con nosotros.</li>
</ul>
<p>¿Hasta cuando?: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva».</p>
<ul>
<li>volverá (Segunda Venida) PERO esta con nosotros en la Eucaristía.</li>
<li>Ultimo versículo de Mateo: 28,20 &quot;enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.&quot;</li>
<li>&quot;proclamáis la muerte del Señor&quot;:</li>
</ul>
<ul>
<li>Pablo no se avergüenza de la muerte de Cristo en la cruz porque sabe que nos ganó la redención.</li>
<li>I Corintios 1:23-24 &quot;nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para</li>
<li>los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de</li>
<li>los hombres.&quot;</li>
</ul>
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