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	<title>Fuente y Cumbre</title>
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	<description>Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. (Sal 146)</description>
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		<title>Domingo 6 del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 14:12:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<h1 align="center"><strong>Domingo sexto del tiempo ordinario ciclo B</strong></h1>
<p>Las lecturas de este domingo giran, en gran medida, en torno a la enfermedad de la lepra: de la visión de la ley y tradición del pueblo de Israel y de cómo se posicionó Jesús ante ella a través de la curación de un leproso. Surge la fe como un punto relevante del poder salvífico de Jesús. La enfermedad, la impureza y el pecado son términos que aparecen relacionados y se nos plantean en primera persona a modo de cuestionamiento y reflexión. Como fondo la indicación de san Pablo a realizar todo lo que hagamos para la gloria de Dios junto con la exhortación a que le sigamos a él como él sigue a Cristo. Toda una oportunidad de reflexión y celebración aprovechando el descanso dominical.<span id="more-744"></span><strong>1.      </strong><strong>Invocación al Espíritu</strong></p>
<p><strong>Maestro mío, Jesús, envíame tu Espíritu Santo prometido para que me explique las Escrituras y me abra a la salvación que, como al leproso de Galilea, quieres regalarme hoy.</strong><strong><em></em></strong></p>
<p><strong><em>2.      </em></strong><strong><em>Lecturas y comentario</em></strong></p>
<p><strong><em>2.1.</em></strong><strong><em>Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46</em></strong></p>
<p><strong>El Señor dijo a Moisés y a Aarón: – «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: &#8220;impuro, impuro!&#8221; Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»</strong></p>
<p>El libro del Levítico, llamado así por los traductores de la Biblia de la así llamada de los Setenta, pertenece al grupo de los libros -los cinco primeros de la Biblia- que los antiguos convinieron en llamar Pentateuco. El nombre indicado de Levítico, responde al material que recoge este volumen. Reciben lugar apropiado en él tradiciones, leyes, costumbres antiguas referentes en su mayor parte a los sacerdotes y al mundo cultual, donde estos se mueven. La idea de la Santidad da coherencia a un conglomerado de leyes de origen y valor muy diversos. El núcleo principal proviene de Moisés.</p>
<p>Dios es Santo. He ahí la clave del libro. La tradición sacerdotal, verda­dera artífice de la obra, presenta la santidad de Dios bajo un aspecto mar­cadamente cultual. Por eso tanto el sacerdote como el pueblo en su trato con Dios deben aparecer Santos cultualmente. De ahí las leyes referentes a la puridad e impuridad, tema este donde nos encontramos en la lectura pre­sente.</p>
<p>La lepra. -Enfermedad terrible y contagiosa-. No podía menos de dedi­carle la tradición sacerdotal un apartado en su colección de leyes. Por una parte, esta enfermedad -descomposición del individuo- no podía aparecer di­sociada de la impureza legal -cadáveres, suciedad, muertos…- dados los co­nocimientos de los antiguos. Por otra parte, su fácil contagiosidad, en un mundo falto de defensas, no podía menos de poner en guardia a los dirigen­tes responsables de la comunidad. Había que velar por ella. La lepra ame­naza su existencia seriamente. El diagnóstico pertenece al sacerdote, más instruido, conocedor oficial del valor cultual de las cosas.</p>
<p>Al leproso se le aleja por impuro de las reuniones litúrgicas, por conta­gioso de la vida de sociedad. Se le arranca de la familia -de los hijos, de los padres, del esposo o esposa, de los parientes- de los amigos; se le priva de la alegría de la convivencia social y del gozo que uno experimenta en el culto a Dios en lugares de concurrencia popular. Debía caminar y vivir solo, anun­ciando a grandes voces su presencia a los transeúntes. Todos se alejaban de él como de una maldición. Situación extremadamente trágica. Se le conside­raba un castigo de Dios. En la disposición del Levítico, al lado de la auténtica lepra, se catalogan aquellas enfermedades de la piel en mayoría- que guardan aparentemente con ella alguna relación. La ciencia de entonces no alcanzaba a distinguir­las. A pesar de todo, nos parece la disposición un tanto cruel.</p>
<p><strong><em>2.2.</em></strong><strong><em>SALMO RESPONSORIAL </em></strong><strong><em>Sal 31, 1-2. 5. 11 R.</em></strong></p>
<p><strong><em>Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.</em></strong><strong><em></em></strong></p>
<p><strong>Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R.</strong></p>
<p><strong>Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.</strong></p>
<p><strong>Alegraos, justos, y gozad con el Señor; aclamadlo, los de corazón sincero. R.</strong></p>
<p><strong><em>2.3.</em></strong><strong><em>Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31 &#8211; 11, 1</em></strong></p>
<p><strong>Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.</strong></p>
<p>S. Pablo da fin en estos versículos al problema un tanto intrincado de los idolotitos. El asunto merecía atención. Pablo lo ha considerado bajo diversos aspectos: libertad en las comidas y bebidas, posible escándalo de algunos, conducta a seguir. La regla de Pablo es siempre la misma: Libertad, limi­tada y ordenada por la Caridad. Esta ha de ser la que determine y dirija las acciones en el mundo cristiano. A la luz de esto debe de entenderse la frase:…Haced todo para gloria de Dios. Nuestras acciones no servirán para gloria de Dios, si con ellas herimos la caridad. No ha de ser la propia comodidad, el propio gusto o provecho, sino la caridad el móvil de nuestras acciones. Con ella todo va hacia Dios; con ella lo indiferente se vuelve santo. Lejos de nosotros, abusando de la li­bertad que hemos adquirido, el escándalo, ya con unos ya con otros. Ahí está el ejemplo de Pablo: todo para todos. Así fue Cristo, que dio la vida por los demás.</p>
<p><strong><em>2.4.</em></strong><strong><em>Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45</em></strong></p>
<p><strong>En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: – «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: – «Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: – «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera9 en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.</strong></p>
<p>Pasaje totalmente transparente. Un leproso. Un hombre alejado de la so­ciedad. Ni civil ni culturalmente tiene acceso a la convivencia con los huma­nos. Se le considera peligroso. Es una amenaza grave para la comunidad. Se le arroja de ella. Todos lo evitan. A algunos pudiera parecer que es un maldito de Dios. Este pobre hombre ve en un momento la posibilidad de reintegrarse a la sociedad. De rodillas pide fervorosamente al maestro, de quien ha oído ma­ravillas, tenga a bien curarlo de su enfermedad. Cristo accede, tiene piedad de él. Un acto de voluntad, una palabra lo deja al momento limpio. Sigue un mandato: «No lo diga a nadie». Era pedir casi un imposible. Naturalmente no es obedecido. La presentación al sacerdote era necesaria para una admisión oficial a la comunidad. Se cumple así el precepto del Levítico. Jesús lo de­vuelve a la comunidad santa, al culto.</p>
<p><strong><em>REFLEXIÓN</em></strong></p>
<p>A) Hay muchas personas que por sus acciones o por su educación y tem­peramento, o por su salud precaria y puede que hasta contagiosa se encuen­tran un tanto marginados de la sociedad. Pensemos en los hospitales, en los asilos, en las cárceles, en los manicomios, en los pobres, en los abandonados. A todos los separa una barrera más o menos gruesa de la sociedad. Muchas veces es ella misma la que los arroja de sí. Algunos son indeseables. La so­ciedad es a veces cruel. ¿Dónde están las instituciones cristianas que los atienden? He ahí un campo inmenso. ¿Nos toca algo de ello a nosotros? Para curar hay que ser médico; para aconsejar, sabio; para consolar, consolador. Se abre un gran horizonte. ¡Queremos ayudarles! Somos la voluntad salva­dora de Dios. Naturalmente esto puede que nos moleste. Ese sería un buen empleo de la libertad, de que habla Pablo. Todo para todos. Salud para el enfermo, con­suelo para el triste. Así fue Cristo. De este modo nuestras obras darán glo­ria a Dios.</p>
<p>B) Cristo cura la lepra. Lo incurable, lo contagioso, lo impuro, la maldi­ción los extirpa Cristo con solo su palabra. Pero no sólo eso. Cristo puede ha­cer cosas más grandes: puede perdonar los pecados. Esa es la verdadera le­pra del hombre. Cristo nos ofrece su mano. Nótese la actitud del leproso: pi­dió encarecidamente, pues se sentía enfermo. Ese es el primer paso. Somos pecadores. Pidamos a Cristo nos sane de todo lo que sepa a pecado, de todo lo que se parezca a lepra. El es el Salvador. El nos promete la vida eterna. Fuera de Él no hay salvación. (El salmo habla del perdón del pecado).</p>
<p><strong>3. Oración final: </strong></p>
<p><strong>Jesús, Divino Maestro, te adoramos como al &#8220;amado&#8221; del Padre, único &#8220;camino&#8221; para llegar a él. Te damos gracias porque te has hecho nuestro modelo, nos has dado ejemplo de santidad, e invitado a todos a seguir tu mismo camino.</strong></p>
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		<title>Domingo 5 del tiempo ordinario &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 15:28:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>Domingo quinto del tiempo ordinario ciclo B</strong></p>
<p>El Tiempo Ordinario no celebra un acontecimiento particular de la vida de Cristo, sino el  mismo misterio de Cristo en su globalidad, principalmente los domingos. Es un período del  año que nos hace vivir de un modo sereno la presencia del Señor Resucitado en medio de  nosotros, el sentido de la comunidad reunida, los valores del domingo, la Eucaristía en sí  misma, la Palabra de Dios que nos va alimentando en nuestra vida de fe&#8230;</p>
<p>La figura de Cristo que aparece hoy en el evangelio sigue siendo la del Profeta que nos  ilumina el camino con su Buena Noticia y nos invita a seguir el estilo de su evangelio. Ha  predicado toda la jornada en un pueblo, y le buscan para que siga haciéndolo al día  siguiente: intuyen que en él tienen al verdadero Maestro. Pero él prefiere ir a predicar a  otros pueblos y aldeas: «para eso he venido&#8230; y recorrió toda Galilea, predicando en las  sinagogas y expulsando los demonios».</p>
<ol>
<li><strong>1.      </strong><strong>Oración comunitaria</strong></li>
</ol>
<p><strong>Padre creador, que escuchas y atiendes los clamores de la humanidad, y que en Jesús nos mostraste el proyecto de Bondad y libertad para tus hijos e hijas. Haz de nosotros creyentes audaces, que libres de todo afán de dominio o ganancia, sepamos ser servidores de todos, especialmente de tus hijos solos y abandonados. Que seamos constructores de un mundo sin exclusiones en el que todos y todas quepamos con igual dignidad e iguales oportunidades, para que la humanidad y la creación que sufre puedan también un día levantarse, y realizarse plenamente en paz y bienestar. Tú que vives y amas por los siglos de los siglos. Amén.</strong></p>
<ol>
<li><strong>2.      </strong><strong>Textos y comentario</strong></li>
</ol>
<p><strong>2.1.</strong><strong>Lectura del libro de Job 7,1-4.6-7</strong></p>
<p><strong>Habló Job, diciendo:</strong> <strong>«El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.</strong> <strong>Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.</strong> <strong>Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza.  Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»</strong></p>
<p>Tema común de estudio y de reflexión es la Providencia divina. Dios tiene providencia del pueblo, de cada uno de los hombres. Pero los caminos segui­dos por Dios son intrincados y misteriosos; no son fáciles de entender. El Sa­bio trata, en lo que cabe, de darles explicación. De ahí la sabiduría, el cono­cimiento de los caminos del Señor. Dios ha obrado y ha hablado en la histo­ria del pueblo de Israel. Allí se centra el estudio del Sabio. Surge entonces una visión de Dios, del mundo y del hombre, muy en consonancia con la reve­lación divina. Tanto es así que para nosotros es parte de una misma revela­ción.</p>
<p>El Sabio viene a ser el teólogo de aquel mundo. La visión que él tiene de las cosas parte de la Revelación. Es una sabiduría divina. Se contrapone na­turalmente a la sabiduría de este mundo. Surge así una apreciación peculiar de las cosas. Los juicios que el Sabio emite son válidos, aunque no siempre completos, pues está por venir todavía la Revelación de Cristo. En esta perspectiva deben enjuiciarse sus palabras. Aquí nos encontramos con un caso. Se trata de Job, del proverbial Job.</p>
<p>Job fue en un tiempo rico, dichoso. Vivía un tiempo bendecido por Dios, estimado de los hombres: tenía numerosa familia, abundantes riquezas, mu­chos amigos y estimación de todos. Pero todo eso huyó como una sombra en día de fuerte viento. Ahora se recuesta en un montón de estiércol. Sus hijos han muerto, sus riquezas han desaparecido. La salud lo ha abandonado; con un tejo tiene que raer la podredumbre que le cubre el cuerpo. Debe dejar la sociedad de amigos y conocidos (es la lepra?). Su misma mujer lo desprecia. Y por si fuera poco hasta sus más sensatos amigos -al fin y al cabo son sa­bios- le acusan de pecado; vienen a arrebatarle la seguridad que él tiene de su justicia. ¿ Cabe mayor desgracia?. En esta amarga experiencia surge la consideración: ¿Qué es el hombre? ¿Qué es la vida del hombre sobre la tierra? El texto de Job nos da la res­puesta: «Es un servicio militar… La vida es soplo…. Un continuo lamento….Una noche de sufrimientos….» Tal es la situación del hombre en este mundo. Es una visión válida, pero no completa y definitiva. ¿Donde encuentra su sen­tido?</p>
<h2><strong>2.2.</strong><strong>Salmo responsorial: </strong><strong><em>Sal </em></strong><strong>146, 1-6: <em>Alabad al Señor, que sana los co­razones quebrantados.</em></strong><strong></strong></h2>
<p>Salmo de alabanza. La alabanza, para ser auténtica, debe tener una mo­tivación. La motivación aquí, tratándose de Dios, son sus acciones. El salmo celebra su bondad para con los hombres: «Sana los corazones destrozados». La experiencia secular de Israel avala el encomio, el canto lo celebra y lo proyecta para el futuro como fundamento real a toda esperanza. La libera­ción de todo mal vendrá por Cristo, que no rehuyó el mal para salvarnos. La definitiva se realizará cuando participemos en plenitud de su gloria.</p>
<p><strong>Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.</strong></p>
<p><strong>Alabad al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel.</strong></p>
<p><strong>Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre.</strong></p>
<p><strong>Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados.</strong></p>
<p><strong>2.3.</strong><strong>Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo</strong> <strong>a los Corintios 9, 16-19. 22-23</strong></p>
<p><strong>Hermanos:</strong> <strong>El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!</strong> <strong>Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.</strong> <strong>Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.</strong> <strong>Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.</strong></p>
<p>Seguimos en la primera carta de Pablo a los Corintios. Pablo ha variado de tema. Venía hablando en el capítulo 8 de los idolotitos. Al robusto en la fe nada le impide comer carne de animales que antes han sido sacrificados a los dioses. Para él no hay más que un Dios verdadero. Los llamados dioses no son sino títeres de los humanos. No suponen para él problema alguno. El se siente libre. Pero debe usar cautamente de su libertad, no sea que ponga en peligro a otros que ven en tal conducta una incitación al mal, por creer que comer de tales carnes es faltar a Dios. La libertad de conciencia tiene un límite: la caridad con el prójimo.</p>
<p>Empalmando con este tema pasa a relacionar su libertad-derechos de apóstol con la conducta personal que él observa. Su conducta está determi­nada no por los derechos que posee, sino por la caridad, por el deseo de ga­nar a todos para Cristo. En tanto usa de esos derechos en cuanto ellos le fa­cilitan el camino para llevar a todos a Cristo. Por eso renuncia a ellos libre­mente cuando de algún modo o de otro éstos pueden ofrecer algún impedi­mento a su misión de evangelizador. El título de Apóstol, con el oficio anejo de predicar, le daba entre otros el derecho de ser mantenido por la comuni­dad. Pablo renuncia a ese derecho; él mismo se gana su sustento. Más aún, trata de probar que en él personalmente no llega a ser derecho. El siente una necesidad, una fuerza mayor que le impele a darse totalmente al Evan­gelio.</p>
<p>Esta es su recompensa: darse sin trabas al cumplimiento de su misión. Todo para el Evangelio. De ahí que es débil con el débil, esclavo con todos… Trabaja con sus propias manos… Célibe… Llora con el que llora y ríe con el que ríe…Así es Pablo. Según esto:</p>
<p>A) ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! No espera, ni quiere otra re­compensa que la misma promulgación del Evangelio. Todo son derechos si es para evangelizar. Todo sobra, a todo se renuncia, si impide o está el margen de la evangelización. Evangelizar de todo corazón, con toda el alma, gratui­tamente, sin reclamar derechos, he ahí el deseo de Pablo. Ciertamente es un grandioso Ideal.</p>
<p>B) Pablo se ha hecho todo para todos con el fin de que Cristo llegue a to­dos. La norma es el amor. El amor no atiende a derechos, sino a obligacio­nes; no busca ganancias, sino la entrega propia. Pablo se ha dado entera­mente a la salvación de los hombres. El Evangelio es su vida, y su vida, el Evangelio. Todo se enjuicia desde este punto de vista.</p>
<p><strong>2.4. Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,</strong><strong> 29-39</strong></p>
<p><strong>En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.</strong> <strong>Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:  &#8211; «Todo el mundo te busca.»</strong> <strong>Él les respondió:  &#8211; «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»  Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.</strong></p>
<p>El cuadro el que nos presenta Marcos.</p>
<p>A) Curación de la suegra de Pedro. Los tres sinópticos traen este pasaje. ¡Se trata de Pedro! La mujer, suegra de Pedro, que les servía, está impe­dida. Cristo la toma de la mano y la libera del mal. He ahí, para el cristiano, una imagen de la resurrección. Este gesto de Cristo de tomar la mano y de levantar, recuerda el poder que Cristo tiene de dar la vida. El fiel resucitará en virtud de la acción de Cristo. Recuérdese para ello el gesto de Cristo con la Hija de Jairo y con el hijo de la viuda de Naín.</p>
<p>B) Continúa la acción taumatúrgica de Cristo. Los demonios se alejan de su presencia. Cristo es más poderoso que ellos. Pero Cristo les impide ha­blar. Se ha hablado mucho de la actitud de Cristo de velar su propia perso­nalidad. Téngase, sin embargo, en cuenta:</p>
<p>1) La idea que el pueblo tiene del Mesías es errónea. Si Cristo se presenta abiertamente como tal va a haber un mal entendido. Lo van a tomar por un Mesías político. Eso no es Cristo.</p>
<p>2) La forma de ser de Dios es de por sí misteriosa. Nada extraño que la actitud de Cristo sea misteriosa. Su Reino, a pesar de las aclaraciones, será siempre un misterio. Cristo se mantiene en un discreto misterio.</p>
<p>C) Cristo predicaba por doquier. Esa es su vocación. Todo lo abandona. Se entrega totalmente a la evangelización.</p>
<p>D) Es de notar la «oración» de Cristo: sólo, en el descampado. San Lucas lo pondrá de relieve. La réplica de Cristo «vamos a otra parte»: contrasta con las palabras de Simón: «Todos te bus­can».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Reflexionemos:</strong></p>
<p>A) Cristo, centro de consideración. Cristo da la salud, Cristo da la vida, Cristo lanza los demonios. Existe un paralelismo antitético: Diablo-pecado-enfermedad-muerte//Cristo-gracia-salud-vida. Cristo lanza al diablo, causa del pecado y de la muerte; perdona los pecados, sana y da la vida eterna. Cristo ha comenzado ya su obra. Ya ha vencido al Diablo; pero quedan en nosotros todavía como cosa pasajera la enfermedad, debilidad y la muerte. Serán vencidas en último lugar. En tanto, nos toca sobrellevar las molestias de esta debilidad humana hasta el fin. He ahí la descripción de Job. La vida humana puede ser muy molesta. Pero tiene un término. Más aún, tiene un sentido, una vez que Cristo se hizo débil (como por uno de) nosotros. Para nosotros no es problema como lo fue para los antiguos. Esperamos que ama­nezca el Día del Señor. Esperamos que este cuerpo corruptible se cubra de incorrupción. Estamos ahora de paso, como en servicio militar. Después rei­naremos.</p>
<p>B) Urge la evangelización. Tanto Cristo como Pablo se entregan total­mente a ella. ¿Cómo nos entregamos nosotros?. La tarea, como divina, es absorbente. Recordemos del domingo pasado el pensamiento de Pablo acerca del celibato. Y recordemos también las condiciones de requisito impuestas por Jesús a sus discípulos: renuncia total.</p>
<p>C) Derechos-obligaciones del Apóstol. Parece ser que para Pablo vale el principio: no reclamo derechos sino aquellos que me facilitan el camino a una más eficaz predicación del Evangelio; aquellos que facilitan el camino a una entrega total al servicio cristiano de la comunidad. Como se ve, el derecho no se valora en razón del provecho personal, de la utilidad o comodidad propia, sino en razón de la utilidad cristiana de los de­más. Serán aquellos que facilitan el cumplimiento de las obligaciones. Las obligaciones -en realidad no hay más que una- son amar la obra de Cristo en toda su extensión y profundidad. Se pierde lo personal para ganar lo comu­nitario. Esto es sin duda alguna un ideal.</p>
<p>D) Supremacía de la caridad. La libertad tiene un límite: la caridad cristiana. La caridad te obliga a restringir el uso de tu libertad. ¿Cuál es nuestro móvil, la libertad «lícita» o la caridad que se obliga?. Contemplemos a Cristo y a Pablo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li><strong>3.      </strong><strong>Oración final: </strong></li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<p>Maestro mío, Jesús, envíame tu Espíritu Santo prometido para que me explique las Escrituras y me abra a la salvación que, como a tantos hombres y mujeres de Galilea, quieres regalarme hoy.</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Domingo 4 del tiempo ordinario &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jan 2012 15:01:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Celebración Dominical]]></category>

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		<description><![CDATA[DOMINGO CUARTO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B &#160; La palabra de Jesús fue siempre una palabra autorizada, llena de verdad y de vida; por eso expulsaba demonios y liberaba a los oprimidos por el mal. ¿Somos verdaderos discípulos de nuestro Maestro? ¿Es nuestra palabra, como la suya, una palabra autorizada y eficaz, que engendra libertad, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=737&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>DOMINGO CUARTO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>La palabra de Jesús fue siempre una palabra autorizada, llena de verdad y de vida; por eso expulsaba demonios y liberaba a los oprimidos por el mal. ¿Somos verdaderos discípulos de nuestro Maestro? ¿Es nuestra palabra, como la suya, una palabra autorizada y eficaz, que engendra libertad, justicia, paz, esperanza, amor y vida a los hermanos más necesitados?</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li><strong>1.      </strong><strong>Oración:</strong></li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios, Padre nuestro, Tu que nos amas hasta el extremo, enséñanos a amar a los demás con todas nuestras fuerzas, y que nuestro amor no se quede en buenas palabras sino que se traduzca en obras de justicia, de amor y de servicio a favor de todas las personas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.</p>
<ol>
<li><strong>2.      </strong><strong>Lecturas y comentario:</strong></li>
</ol>
<p><strong>2.1.</strong><strong>Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15-20</strong></p>
<p><strong>Moisés habló al pueblo, diciendo: </strong><strong>- «Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: &#8220;No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir, &#8220;El Señor me respondió: &#8220;Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá.&#8221;»</strong></p>
<p><em>Suscitaré un profeta y podré mis pa­labras en su boca. </em>Un texto interesante. Por dos razones, especialmente: por hablar de los profetas -figuras siempre atractivas-, y por hablar de un profeta, apertura inicial a una interpretación mesiánica. Moisés es la figura inicial céntrica. Dios se compromete a dirigir a su pueblo, además de por otros -reyes, sa­cerdotes…-, por los profetas. El profeta es el carismático por excelencia; el hombre de la palabra de Dios, movido por la fuerza del Espíritu. Y, como tal, sin vinculación necesaria a una familia de orden cultural &#8211; sacerdote &#8211; o una dinastía monárquica de gobierno -reyes- o a una profesión determinada &#8211; sa­bios o estudiosos; libre de ataduras humanas y suelto de todo compromiso para hablar con libertad en nombre de Dios al pueblo. Dios lo llamará per­sonalmente: a quien quiera, cuando quiera, como quiera, para lo que quiera y por el tiempo que quiera. Pero siempre un enviado de Dios, revestido de autoridad y exigencia. La figura hay que comprenderla en el marco de la alianza: Dios, Señor de su pueblo y en medio de él, pero transcendente, le di­rigirá con fidelidad su palabra en el momento oportuno. El hombre destinado para ello será el profeta. El profeta es, pues, expresión de la benevolencia y fidelidad de Dios, ya critique, ya acuse, ya amenace, ya consuele, ya prometa. Su voz es la voz de Dios. Y, ¡hay del que se atreva a rechazarlo! Será rechazar a Dios. Y, ¡ay también del que se arrogue semejante misión sin poseerla!: morirá sin remi­sión. La palabra del profeta realizará lo que anuncia. Esa será la señal de lo que anuncia. Esa será la señal de su autenticidad. El texto habla del profeta, en singular. ¿Señala, con ello, la serie de pro­fetas que en el transcurso de la historia seguirán a Moisés? Iría bien con el contexto. ¿Apunta, quizás, inicialmente a un profeta singular que emulará y sobrepasará la profecía de Moisés? Así, poco a poco en la tradición judía, samaritana y cristiana. Los sacerdotes y levitas enviados de Jerusalén pre­guntan a Juan (Jn. 1, 21): « ¿Eres tú el profeta? ». Los ojos cristianos, des­pués de contemplar en su conjunto el misterio de Cristo, no pueden menos de ver en el texto la figura del Señor Jesús. Esto no elimina, sin más, una in­terpretación colectiva del texto. En la colectividad, la excelencia de uno. Y ese «uno» es el Verbo encarnado de Dios, Palabra divina hecha hombre y permanente para siempre entre nosotros. Escuchémosle, so pena de ser con­denado por desacato a Dios.<strong></strong></p>
<h2><strong>2.2.</strong><strong>Salmo responsorial: </strong><strong><em>Sal </em></strong><strong>94<em>: Ojalá escuchéis hoy su voz; no endurez­cáis vuestros corazones.</em></strong><strong></strong></h2>
<p>Salmo con aire cultual. Parece reflejar un acto litúrgico. Alabanza en la primera parte; conminación o interpelación profética en la segunda. El estri­billo encaja muy bien con la lectura primera. El escuchar a Dios nos lleva a la salvación.</p>
<p><strong>R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»</strong></p>
<p><strong>Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.</strong></p>
<p><strong>Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R</strong></p>
<p><strong>Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R</strong></p>
<p><strong>2.3.</strong><strong>Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 79 32-35</strong></p>
<p><strong>Hermanos: Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. </strong><strong>Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.</strong></p>
<h2><em>El célibe se preocupa de los asuntos del Señor.</em></h2>
<p>Continúa la lectura de la primera carta de Pablo a los Corintios. No po­demos perder de vista el hilo del pensamiento que sigue Pablo en este capí­tulo. Véase lo que se expuso, a propósito de ello, en el domingo anterior. Entre las preguntas que se han presentado a Pablo, o entre los problemas y cuestiones que suscitan los diversos movimientos o posturas en Corinto -encontradas y paradójicas, por cierto-, se encuentra la preocupación por el matrimonio y la virginidad. Pablo intenta dar respuesta práctica adecuada a cada una de ellas, de tal forma que no comprometa la una a las otras. Al fondo, sin duda, razones de valor que, sin ser constringentes para todos y en todos los casos, justifican, eso sí, debidamente, la postura que se desea o debe tomar. En estos versículos se intenta orientar, de modo especial, a los que se en­cuentran ante la opción entre el celibato y el matrimonio. El apóstol desea y propone libertad cristiana. Y esto quiere decir, moverse con holgura, de con­ciencia y acción, dentro de los valores auténticos manifestados por Cristo, en lo referente a cada uno de los casos, ya matrimonio, ya celibato. El «libre de cuidados» hay que entenderlo en ese contexto: libre para dedicarse a las co­sas del Señor. Con ello se descubre, suficientemente, el sentido profundo del celibato cristiano: por el Señor. Hay cierta preferencia por el celibato, por presentar mayor capacidad de entrega a las cosas del Señor y más facilidad para realizarlo. En el sujeto que opta por él, se verifica cierta unidad pro­funda en el ser, en el sentir y en el obrar: todo para el Señor, sin división al­guna. La última frase manifiesta también la libertad, siguiendo cada uno su conveniencia -en el Señor-, para elegir un estado u otro. Se trata del bien cristiano de los oyentes, no de una trampa en actitudes que por una razón u otra, no responden a la situación y condición real del individuo. La doctrina tradicional de la Iglesia se ha hecho eco de estas enseñanzas. No podemos pasarlo por alto. Ante la transitoriedad del tiempo que vivimos, se echan de ver posturas que viven y manifiestan con más intensidad las re­alidades definitivas cristianas: ser del Señor. Estas alcanzan su expresión concreta, especialmente, en la vida consagrada.</p>
<p><strong>2.4.</strong><strong>Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,21-28</strong></p>
<p><strong>En aquel tiempo, Jesús y sus -discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenla un espíritu inmundo, y se puso a gritar: &#8211; «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.» Jesús lo increpó: &#8211; «Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: &#8211; «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.» Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.</strong></p>
<p><em>Se quedaron asombrados de su ense­ñanza porque enseñaba con autoridad.</em>Tal como Marcos presenta la escena, el pasaje entrelaza magistralmente dos motivos, ligeramente diferenciados: Jesús maestro, Jesús taumaturgo. Es, en efecto, su primer milagro y, también, su primera aparición de «predicador». Esto último parece ser la motivación de fondo y aquello, su con­firmación práctica. Jesús anuncia el reino. Su palabra es palabra de Dios. Es, por lo tanto, auténtica y eficaz: Jesús proclama próximo el reino y lo establece. El reino es una novedad existencial. Entre otras cosas, implica la expulsión del de­monio, el aplastamiento de su poder. Las palabras del endemoniado, en su origen quizás, conminatorias contra el que le aprieta con poder superior, son, en este contexto, manifestación de la autoridad de Jesús: hombre de Dios, Hijo de Dios. Definen, en definitiva, la personalidad de Jesús.<em></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No separemos a Jesús de su palabra, del poder que la anima; ni su poder, de la victoria sobre el demonio; ni la victoria sobre el diablo, de la presencia salvadora de Dios entre nosotros; ni ésta, por último, de la salvación del hombre. El hombre se encuentra, en verdad, dominado por poderes extraños a él, que lo esclavizan, retuercen, deforman y aplastan. Él solo, abandonado a sus fuerzas, no puede salir de su postración. Jesús se presenta -y no con meras palabras tan solo- como su salvador en nombre de Dios. Es, en reali­dad, algo nuevo y único. Cristo Jesús, el Señor de todos los tiempos. La Iglesia ha heredado de Jesús ese poder y esa misión: proclamar exis­tencialmente el reino de Dios y lanzar los demonios. En esa misión nos en­contramos todos, en especial, los que por peculiar «gracia» hemos sido llama­dos a ello. Ahí están los medios: unión íntima con Jesús; oración, sacramen­tos, renuncia… Es nuestra misión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Reflexionemos: </strong>Contemplemos a Cristo, Señor nuestro. El evangelio lo presenta, en acción, poderoso en palabras. Su poder es salvífico. También lo es su palabra. La salvación se manifiesta, en particu­lar, como liberación del poder satánico. Es algo nuevo e inaudito. Jesús es, en definitiva, Hijo de Dios. Pongamos, pues, nuestra confianza en él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las palabras de la primera lectura completan la imagen: el gran Profeta. El hombre de Dios que habla y actúa con poder en su nombre. Debemos es­cucharle: Dios mismo habla y actúa por él. En él está, pues, nuestra salva­ción. Más adelante relatará el evangelista cómo los apóstoles han sido en­viados con la misma misión. También ellos dispondrán, por su medio, del po­der en palabras y obras, para proclamar el reino y verificarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El poder del diablo aparece aquí de forma indirecta, pero real. Podemos imaginar las múltiples maneras que se presenta el mal en el hombre, pri­vándolo de su auténtica libertad de acción para con Dios y las criaturas. El reino de Dios, fuerza liberadora y transformadora suprema, se acerca a él para restituirlo a su dignidad original de Hijo de Dios. Jesús es su único re­medio. Odios, envidias, opresiones, estructuras malvadas… Con todo ello se enfrenta el Señor. La figura de Jesús salvador se perpetúa en la Iglesia. Y dentro de la Igle­sia, especialmente, más no solamente, en los ministros de la palabra, a quie­nes, por eso, se les exige demostración en obras. Toda la Iglesia, sin em­bargo, participa en ello: vida cristiana, oración, obras de misericordia… En lo que a nosotros se refiere -ministros del altar- bien nos viene un responsa­ble examen de conciencia. El modelo lo podemos encontrar unos versículos an­tes: la vocación de los primeros discípulos. Lo dejaron todo y se convirtieron, por la voz de Jesús, en «pescadores de hombres». El abandono de todo es im­portante para ser solo y exclusivamente investidos del poder de Jesús. Por­que es, claro está, el poder de Jesús y no los propios medios los que invisten a los ministros de semejante poder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las palabras de Pablo ofrecen un tema sugestivo. También podemos ha­blar de él: sentido de la vida consagrada; su fundamentación teológica y cristológica -para el reino; su conveniencia y necesidad para la Iglesia- di­mensión eclesial; su importancia actual… Una apelación a los fieles. Uno de los títulos que recibe, especialmente en la actualidad, es de «vida apostólica»; favorece la entrega y dedicación, en palabras y obras, a la proclamación y establecimiento del reino de Dios. Si se habla a religiosos, encomiar su deci­sión, motivarla y ayudarla. Si a seglares, exaltar su conveniencia, necesi­dad y grandeza; intensificar su oración y fomentar su comprensión: es, en defi­nitiva, una bendición para todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li><strong>3.      </strong><strong>Oración: </strong></li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh Dios, que suscitaste líderes y profetas que hablaran en tu nombre y guiaran a tu pueblo en todos los momentos de su historia, y que en la plenitud de los tiempos enviaste a tu hijo para que fuera maestro, camino, verdad y vida. Suscita de en medio nuestro nuevos profetas para que sepamos iluminar con tu palabra los retos que nos plantea la historia y seamos verdaderos testigos de tu proyecto.</p>
<p>Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Tercer Domingo del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 15:41:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo Ordinario]]></category>

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		<description><![CDATA[Domingo tercero del tiempo ordinario ciclo B &#160; La invitación que hace Jesús es a la &#8220;conversión&#8221;. No puede ser de otro modo, ante una realidad decisiva. &#8220;Convertirse significará aceptar, entrando totalmente en él, el mundo de los juicios y de los valores de Jesucristo, la concepción de la felicidad y de las exigencias de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=735&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>Domingo tercero del tiempo ordinario ciclo B</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La invitación que hace Jesús es a la &#8220;conversión&#8221;. No puede ser de otro modo, ante una realidad decisiva. &#8220;Convertirse significará aceptar, entrando totalmente en él, el mundo de los juicios y de los valores de Jesucristo, la concepción de la felicidad y de las exigencias de la vida según Jesucristo: acoger en el propio interior una mentalidad nueva que es la de Jesucristo&#8230; Una conversión que sólo afectara a las ideas, un cambio puramente intelectual, no sería de ningún modo la conversión evangélica, así como tampoco lo sería una conversión que no implicara más que las zonas de la sensibilidad y del sentimiento religioso; o una conversión que únicamente modificara la relación del hombre consigo mismo en el plano de la ética&#8221;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>“<strong><em>El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca… </em></strong> <strong><em>…Síganme</em></strong>”</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>ORACIÓN INICIAL</li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Oremos… <em>“Tú, el Cristo, ofreces un tesoro de Evangelio, depositas en nosotros un don único, el de ser portadores de tu vida. Pero, para que sea evidente que la irradiación viene de ti y no de nosotros, has depositado este don insustituible en vasos de arcilla, en corazones de pobres, tú vienes a tomar un lugar en la fragilidad de nuestros seres, allí y no en otra parte. Entonces, sin que sepamos cómo, haces de nosotros, tan insuficientes y vulnerables, la irradiación de tu presencia entre los hombres”.(</em></strong><em> </em>Hermano Roger de Taizé (+2005))</p>
<ol>
<li><strong>2.      </strong><strong>LECTURAS Y REFLEXIÓN</strong></li>
</ol>
<p><strong>2.1.</strong><strong>Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10</strong></p>
<p><strong>En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: – «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: – «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.</strong></p>
<p>El libro de Jonás es una pequeña joya que merece una lectura completa. Bajo la forma de un cuento, lleno de humor, aparece en escena un profeta recalcitrante que se resiste a anunciar un mensaje de conversión y de salvación a los habitantes de la ciudad de Nínive. Él los detesta porque son paganos sin fe ni ley. Después del primer llamado, Jonás huye en la dirección opuesta a la gran ciudad pagana. Una tempestad hunde el barco y un gran pez vomita en tierra al triste héroe de esta historia. Dios se dirige por segunda vez a Jonás, quien acepta por fin ir a la gran ciudad. Jonás no se toma la molestia de darle muchos argumentos a los paganos para que se conviertan, se contenta con proferir una amenaza. Y, ¡sorpresa!, los habitantes de Nínive escuchan y comprenden el mensaje. El rey decreta un ayuno para todo mundo, aún para los animales, y dice: “<strong><em>Cada se convertirá de su mal camino y de la violencia de sus manos</em></strong>”. Dios obtiene el resultado que espera, su palabra es eficaz, aún si el mensajero es deficiente. ¡El mensaje de salvación es anunciado y escuchado! “<strong><em>Al ver lo que habían hecho y cómo se convertían de su mala vida, se conmovió Dios…</em></strong>”. Dios quiere que la humanidad renuncie a la violencia y viva en paz. Este mensaje le ha sido confiado al pueblo escogido, él tiene la tarea de comunicarlo al mundo entero.</p>
<p><em>Mensaje</em>; «El Señor Dios nuestro tuvo piedad de su pueblo». declara el v. 10. Nótese que se trata de Nínive, capital del reino asirio en tiempo de Se­naquerib, el más acérrimo enemigo de Israel. Fue notorio por su crueldad inhumana. Destruyó el reino del norte. En este pasaje se le llama «pueblo del Señor». Dios tuvo piedad de él. Dios lo perdonó. Dios, pues, no se desentiende de los hombres que Él ha creado. Se vislumbra ya la vocación de todos los pueblos. Otros profetas también apuntan en este sentido. Véase <em>Is</em> 19, 22 &#8211; 24; Jonás preanuncia la misión universal del mensaje di­vino de salvación. Sugestivo y preciso, el libro de Jonás.</p>
<p><strong>2.2.</strong><strong>SALMO RESPONSORIAL</strong></p>
<p><strong>Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 R. <em>Señor, enséñame tus caminos.</em></strong></p>
<p>Convertirse es, literalmente, cambiar de ruta, entrar en el camino recto. La primera y la tercera estrofa del Salmo delinean el tema del camino. Para el pueblo de Israel, Dios traza el camino por medio de sus mandamientos. El creyente debe conocerlos, amarlos y ponerlos en práctica. Quien se deja guiar por el Señor será salvado. Para ello se requiere reconocer la pequeñez ante Dios. Dios se interesa por los humildes y los pecadores; lo hace enseñándoles el camino a seguir. 13</p>
<p>La segunda estrofa es una oración de confianza dirigida al Señor, el Dios de la Alianza. El Salmo recuerda las grandes cualidades de Dios: su amor, su ternura, su fidelidad. Cuando se invoca el perdón, Dios olvida las rebeldías y los pecados, las faltas de juventud.</p>
<p><strong>Señor, enséñame tus caminos,<br />
instrúyeme en tus sendas:<br />
haz que camine con lealtad;<br />
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.</p>
<p>Recuerda, Señor, que tu ternura<br />
y tu misericordia son eternas;<br />
acuérdate de mí con misericordia,<br />
por tu bondad, Señor. R.</p>
<p>El Señor es bueno y es recto,<br />
y enseña el camino a los pecadores;<br />
hace caminar a los humildes con rectitud,<br />
enseña su camino a los humildes. R.</strong></p>
<p><strong>2.3.</strong><strong>Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31</strong></p>
<p><strong>Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como sí no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se habrá notado que estos domingos primeros toman los textos bíblicos en su segunda lectura de la Carta primera a los Corintios de S. Pablo. En esta Carta responde S. Pablo a diversas cuestiones que los de Corinto le proponen. Son cuestiones prácticas. Los principios, sin embargo, aparecen con frecuencia generales.</p>
<p>El tema que desarrolla en este capítulo 7 es de sumo interés. Coloca S. Pablo la virginidad sobre el matrimonio. La razón fundamental estriba en que la virginidad libera de preocupaciones que impiden a uno darse por en­tero al servicio del Reino. El hombre casado está solícito por las cosas que comparte. No puede entregarse totalmente a la edificación del Reino de Cristo. Por otra parte, ya con una perspectiva escatológica, advierte S. Pa­blo que todas estas cosas pasan. No debe uno pegarse demasiado a estas ocupaciones. El tiempo es breve; la figura de este mundo pasa. El Nuevo Mundo es el Reino de Cristo en su forma definitiva. Los bienes de este Reino son los que realmente interesan. Tras ellos hay que ir, pues no pasan.</p>
<p>Adviértase que no se elude el compromiso con el mundo sin más, sino con el mundo que pasa y en cuanto pasa. En este mundo hay realidades que tie­nen un valor en el Reino; deben ser consideradas atentamente. Primero el reino de Dios y su justicia; después las demás cosas. La virginidad te capa­cita más que el matrimonio para darte por completo al servicio de este Reino, que consta en el momento actual de realidades materiales y espiritua­les, según nuestra nomenclatura. El matrimonio no. El Reino ha de sobrevi­vir a las realidades de este mundo. El matrimonio no, como tal. En el cielo no se casan.</p>
<p>Es, pues, una amonestación la de S. Pablo a no detenerse demasiado en cosas que han de pasar.</p>
<p><strong>2.4.</strong><strong> Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20</strong></p>
<p><strong>Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:<br />
– «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: – «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.</strong></p>
<p>Nos encontramos en Marcos, evangelista ordinario en este ciclo. El tema es evidente. Se trata de la vocación de los Apóstoles.</p>
<p>Nótese:</p>
<p>A) «El Reino de Dios está cerca». Ha llegado el tiempo de la gran decisión para el pueblo de Israel. Urge darse prisa y tomar una actitud decidida en su favor. El Reino de Dios es el tema común de la predicación de Cristo. Cristo lo anunció en sus diversos aspectos a través de toda su vida.</p>
<p>El primer paso, es condición indispensable para entrar en el Reino: «Convertíos», «Creed la buena Nueva» Cambio de postura, abandono de los propios caminos y del pensar propio; asentimiento a la predicación de Cristo. El es la Buena Nueva. Hay que seguirle incondicionalmente. S. Juan desa­rrollará el tema de la fe en Cristo, como algo insustituible.</p>
<p>B) Llamamiento y seguimiento incondicional al Maestro. La elección recae en los individuos, ineptos humanamente hablando. La voz de Cristo los des­dice al seguimiento. Es poderosa la voz del Señor. Ella misma los consagra como Apóstoles. Son constituidos «Pescadores de hombres». Misión bien defi­nida: predicar y anunciar la conversión y la fe en Cristo. Ellos van a dar tes­timonio de Él y de sus palabras hasta los confines del mundo. En la acepta­ción de su palabra está vinculada la salvación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reflexión:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1) Dios llama a todos a la conversión. A todos alarga la mano bondadosa ofreciendo el perdón. Sin embargo, su palabra salvadora llega a los hombres a <em>través</em> de sus mensajeros. Ahí están Jonás y los doce. Dios nos habla por ellos.</p>
<p>2) La disposición del apóstol debe ser de entrega total. Lo abandonaron todo. La misión de salvar a los demás debe absorberlos totalmente. Jonás y los apóstoles lo dejaron todo. Se dedicaron plenamente al reino de Dios. Lo demás no lo juzgaron digno. Puede que algo de esto nos diga el capítulo 7 de la carta de Pablo a los Corintios. Hay muchas cosas que pasan. Una es la importante: El reino de Dios y su justicia.</p>
<p>3) Dios sigue llamando todavía a la <em>conversión</em>. Recordemos que debemos convertirnos y renovar nuestra fe en Cristo continuamente Dios quiere sal­var a todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol>
<li>ORACIÓN FINAL:</li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entrando en el camino del discipulado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¡Que me juegue la vida en tu seguimiento!</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong><strong><em>“Señor, tú que has nacido por azar al final de un viaje y que mueres como un malhechor después de haber recorrido, sin dinero, todos los caminos -los del exilio, los de las peregrinaciones y de las predicaciones itinerantes- sácame de mi egoísmo y de confort. Que, marcado por la Cruz, no tenga miedo de la vida difícil. Sí, Señor, hazme disponible para la bella aventura a la que me llamas. He comprometido mi vida, Jesús, en tu seguimiento, me la he jugado toda por tu amor. Los otros pueden ser sabios, tú me dices que es preciso ser loco. Otros creen en el orden, tú me dices que crea en el Amor. Otros piensan que hay que guardar, tú me dices que dé.  </em></strong></p>
<p><strong><em>Otros se instalan, tú me dices que camine y que esté listo para el gozo y el sufrimiento, para los fracasos y los logros, que no ponga mi confianza en mí sino en ti. Me dices que me lance a la aventura cristiana sin preocuparme por las consecuencias y que, finalmente, arriesgue mi vida apoyándome en tu amor”</em></strong></p>
<p>(Abbé Joly)</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Segundo Domingo del Tiempo Ordinario &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 01:30:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Maite</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo Ordinario]]></category>

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		<description><![CDATA[Domingo segundo del tiempo ordinario (ciclo B) Comenzamos el llamado Tiempo Ordinario, que comprende las más de treinta semanas del año litúrgico que no están comprendidas en los tiempos fuertes de Adviento-Navidad y Cuaresma-Pascua. Merece toda nuestra atención pues, como no está enfocado hacia alguna fiesta especial, tiene por objeto celebrar y alimentar la vida [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=728&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>Domingo segundo del tiempo ordinario (ciclo B)</h1>
<p>Comenzamos el llamado Tiempo Ordinario, que comprende las más de treinta semanas del año litúrgico que no están comprendidas en los tiempos fuertes de Adviento-Navidad y Cuaresma-Pascua. Merece toda nuestra atención pues, como no está enfocado hacia alguna fiesta especial, tiene por objeto celebrar y alimentar la vida cristiana en cuanto centrada en la fe en Cristo muerto y resucitado. En este tiempo litúrgico hemos de poner todo nuestro empeño en la celebración del domingo, el día del Señor, que es como un símbolo de la vida cristiana, pues, en él, recordamos a Cristo muerto y resucitado que se hace presente en la Palabra y en el Sacramento de la misa dominical.</p>
<p><b>Oración comunitaria</b></p>
<p>Padre bueno, que hablas siempre en la historia y en lo profundo del corazón humano, y que a nosotros nos hablaste también en Jesús, nuestro hermano mayor, proponiéndonos en él un camino de servicio y donación. Danos espíritu atento a tus llamados, actitud de búsqueda constante y discernimiento para buscar siempre y en todo la fidelidad a tu proyecto de Vida en plenitud para todos. Tú que vives y das vida por los siglos de los siglos.</p>
<p><b>2. Lecturas y comentario<br />
2.1 Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19</p>
<p>En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.» Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: &#8211; «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió Elí: &#8211; «No te he llamado; vuelve a acostarte.»  Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel.  Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: - «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»  Respondió Elí:<br />
- «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.»  Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.  Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: &#8211; «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»  El comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:   «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: &#8220;Habla, Señor, que tu siervo te escucha&#8221;» Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: &#8211; «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: &#8211; «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.» Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.</b></p>
<p><em>Habla, Señor, que tu siervo te escucha.</em></p>
<p>Elí, venerable, anciano, sumo sacerdote. Una estera en el suelo, un niño que duerme. Una voz que le desvela y le hace saltar hasta el anciano. Ha sido una pesadilla. Tres veces el equívoco. Por fin, la indicación del sacerdote y la respuesta del muchacho a la palabra de Dios. Dios llama de noche, en el santuario, al muchacho Samuel. Desde ahora será un «llamado», profeta del Señor. Samuel ha dado nombre a estos libros. Por el impacto, sin duda alguna, de su recia personalidad. Samuel es la figura más relevante de aquella época y de las más representativas de las Historias de Israel. Samuel, siervo de Dios, dirige los destinos del pueblo santo. Es el último de los «jueces» y el iniciador de la monarquía. Profeta, juez, sacerdote. Un verdadero intermediario entre Dios y los hombres: en el culto, en la palabra, en el gobierno. No es extraño que haya quedado su nombre a la cabeza de los libros que arrancan de aquel momento. Hasta su infancia interesa. Gran figura la de Samuel.</p>
<p>Vocación de Samuel. Dios tiene una voz. Una voz distinta, propia, llena de autoridad y de fuerza. Para el fino de oído, inconfundible. Samuel, niño, no la distingue de inmediato. Pero es su voz. Y como voz, una llamada. Y como llamada, una exigencia. Y como exigencia, un salto y una pronta respuesta: perfecta disponibilidad. A la voz que viene de arriba, la disponibilidad del muchacho se extrema: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Así es el profeta, el hombre de Dios. El profeta podría llamarse, tanto como «vidente», «oidor». Oidor de la palabra de Dios. Siempre atento, siempre alerta, siempre dispuesto. De día, de noche; en la tempestad, en la bonanza: siempre y en todo lugar. Hombre que vive para la palabra de Dios. Dios llama a Samuel, y Samuel responde pronta y decididamente. Dios le ha abierto el oído y le ha afinado la sensibilidad: «Samuel crecía, Dios estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse». Samuel, otro Moisés, es todo un ejemplo: oidor de la palabra de Dios y pronto realizador de sus exigencias. Pensemos en Cristo, tan perfecto oidor y realizador de la voz de Dios que es su voz en carne. Cristo intermediario de Dios y los hombres en todas direcciones.</p>
<p><b>2.2. Salmo Responsorial: Sal 39, 2 y 4ab. 7. 8~9. 10 (8a y 9a)</b></p>
<p>Salmo de «acción de gracias». También aparece la súplica. La Liturgia ha conservado en sus estrofas el aire de la primera.<br />
La acción de gracias proclama y canta un beneficio recientemente recibido. Hemos recibido algo. Gratuitamente, por benevolencia, por amor. Hemos recibido algo bueno. Y en el algo bueno, la mano buena y poderosa de Dios. Dios mismo se inclinó a nuestra necesidad y escuchó el grito. Él lo ha hecho todo. ¿Qué decir? ¿Qué hacer? Cantar la bondad del Señor y corresponder a semejante beneficio. Responder con nuestra vida al beneficio de la vida que se nos concede. Y la vida, respecto a Dios, es toda la vida en extensión e intención: «Haré tu voluntad». Haré de mi vida una expresión clara y perfecta de tu ley y de tu voluntad; la llevaré grabada en mis entrañas. Es el mejor canto, la más sincera alabanza, la más lograda acción de gracias. Sin esa voluntad decidida de agradar a Dios, se hace superfluo todo lo que sobrevenga. Cristo vivió en propia carne la disposición del salmo, la voluntad de Dios (Hb 10, 3-10). Y curiosamente aquella voluntad se expresó en un Sacrificio. Preciosa acción de gracias la del Señor. En ella quedamos santificados. ¿No significa «eucaristía» acción de gracias?</p>
<p><b>Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.</p>
<p>Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito; me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios. R.</p>
<p>Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio. R</p>
<p>Entonces Yo digo: «Aquí estoy &#8211; como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R</p>
<p>He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios; Señor, tú lo sabes. R.</b></p>
<p><b>2.3. Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6. 13c-15a. 17-20</p>
<p>Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios. No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!</b></p>
<p>La fornicación es un pecado. Un pecado peculiar. Un pecado que degrada, enajena, embrutece y mancha. Como pecado, una ofensa en y contra el propio cuerpo. Ofensa también a Dios, Señor del cuerpo. El cuerpo es algo digno, santo y venerable (contra las tendencias platónicas). Sí es «carne», pero «espiritualizada», por la presencia en él del Espíritu Santo, para la «resurrección». Lo deshonramos con el abuso, lo profanamos con el pecado. Por el bautismo somos una cosa con el Señor. Nos ha comprado a gran precio. Pensemos en la muerte y en la resurrección. El es nuestro Dueño. Somos templos del Espíritu Santo. No nos pertenecemos. Dios habita en nosotros. Y toda la persona, alma y cuerpo, le pertenece. Ay del que profane tan santo templo de Dios. El Señor se vengará. Su presencia actualmente en nosotros santifica todo nuestro ser, alma y cuerpo para el día de la resurrección. El cuerpo está destinado a vivir para siempre en Dios. Y Dios, que vive en él para siempre, exige respeto y veneración.</p>
<p>Si Dios está en nosotros, somos templos santos. Si templos de Dios, su gloria en nosotros. Si su gloria en nosotros, veneración y respeto. Comportamiento, uso y ejercicio, según las exigencias del poseedor, el Espíritu Santo. Todo lo que se haga fuera de su beneplácito es una profanación, y como tal, digna de castigo. El cuerpo no es un instrumento u objeto de placer. El cuerpo es parte íntegra de mi «yo». Y yo, en todo mi ser, soy de Cristo. Debo hacer brillar esa pertenencia en todos mis actos, para que un día brille su gloria plenamente en todo el compuesto: en el alma y en el cuerpo. «Glorificad a Dios en el alma y en el cuerpo.».</p>
<p><b>2,4. Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 35-42</p>
<p>En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:<br />
- «Éste es el Cordero de Dios.» Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: &#8211; «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron:  &#8211; «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: - «Venid y lo veréis.» Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.<br />
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús;  encuentra primero a su hermano Simón y le dice: _«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: &#8211; «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»<br />
Vieron donde vivía y se quedaron con él.</b></p>
<p>El evangelista relata en este pequeño cuadro, parte de otro más completo (1, 35-51) la «vocación» de los primeros discípulos. Convenía colocarla al comienzo del evangelio. Todo arranca del testimonio de Juan Bautista. Juan, antorcha, Juan, testimonio, señala con la palabra y el gesto al que «tenía que venir» como «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (1, 29). Misteriosa designación de Jesús como Mesías. Sea que el evangelista haya «conformado» las palabras del Bautista a la luz de la revelación posterior, sea que lo haya hecho ya la tradición anterior a él, sea -menos probable- que el Bautista haya pronunciado «textualmente» tales palabras, el hecho es que ese título compendia de alguna forma el misterio de Jesús. Le seguirán otros más. La presente sección ofrece alguno de ellos: Maestro, Mesías…</p>
<p>Podemos movernos, para entender el pensamiento de evangelista, en dos o tres direcciones, por separado o conjuntas. El Cordero puede hacer referencia -Padres griegos- a la muerte expiatoria de Cristo: los cánticos del Siervo de Yavé, al fondo. Los Padres latinos piensan, en cambio, en el Cordero pascual: pensamiento presente en el evangelista a la hora de la muerte de Jesús (viernes por la tarde, momento de sacrificar el cordero pascual). ¿Habría que pensar también, según algunas corrientes apocalípticas, en el «cordero», jefe victorioso al frente del rebaño? Probablemente el evangelista no se mueve en una dirección tan solo. Juan apunta a Jesús. Y ahí acaba su misión. Ha llegado el más fuerte, el que bautiza en el Espíritu Santo. Juan debe dejar paso y señalar el Camino que conduce a Dios, Jesús de Nazaret.</p>
<p>Dos de sus discípulos han captado la señal, han acogido su testimonio. Hombres piadosos que esperan la redención de Israel. Corren tras el personaje misterioso. Se quedan un día con él. Jesús colmó sus ansias, disipó sus dudas mesiánicas. Probablemente les habló «con autoridad» de las Escrituras. Jesús les «convenció». Le siguieron, se quedaron para siempre con él. Se hizo paso en ellos la fe. Y la fe, activa y dinámica, se hizo evangelizadora. Uno de ellos, Andrés, empujó a Pedro. La fe de Pedro provocó en Jesús una notable decisión: le impuso un nombre, le encomendó una función. Y desde en<br />
tonces para siempre, Pedro será la «roca» visible de Jesús. Maravillas de Cristo, maravillas de la fe.</p>
<p><b>Reflexión</b></p>
<p>Partamos, como siempre, de Cristo. Las lecturas de la fiesta del bautismo del Señor nos lo presentaba como el «Ungido» y el «Consagrado» para el cumplimiento de una misteriosa misión: lleno del Espíritu Santo, Hijo de Dios. Se dan ahora los primeros pasos. Veamos los matices.</p>
<p>A) Jesús el gran «llamado» de Dios. Podríamos comenzar por el salmo responsorial: «No quieres sacrificios… pero he aquí que vengo a hacer tu voluntad». Jesús tiene por misión «cumplir la voluntad del Padre». Hebreos comenta: «… voluntad en la que hemos sido santificados, gracias a la oblación del cuerpo de Jesucristo de una vez para siempre» (10, 10). La voluntad, al margen de los sacrificios antiguos, si convierte en el gran Sacrificio por los pecados: Muerte expiatoria en la cruz. Sacrificio expiatorio de alcance infinito, que nos reporta la salvación. Cristo obediente, Cristo paciente, cumple la voluntad de Dios. Obediencia a Dios y amor a los hombres. Es su vocación y su destino. El evangelio lo anuncia ya, de forma misteriosa, en las palabras de Juan: «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». Siervo obediente, como cordero sin abrir la boca, que se deja conducir al sacrificio. Cordero pascual que, degollado, salva de la esclavitud del pecado y de la muerte al pueblo nuevo que se reúne en torno a él. Es así constituido «Señor» del rebaño, vencedor del mal. La primera lectura dibuja de lejos su disponibilidad en la persona de Samuel. La voz de Dios que llama, la voz del «llamado» que responde. Disponibilidad absoluta. De este profeta son las palabras memorables: «… la obediencia vale más que el sacrificio y la docilidad más que la grosura de los carneros» (1 S 15, 22). Contemplemos, pues, a Cristo, el «llamado» de Dios, sumiso y decidido cumplidor de su voluntad. Admiremos su misión y agradezcamos cordialmente la voluntad benévola que nos trajo la salvación.</p>
<p>B) Los «llamados». Dios, que llamó a Cristo, sigue llamando en Cristo. El evangelio nos ofrece algunos ejemplos: Andrés, Pedro… Los apóstoles. Ellos irán con Jesús, vivirán con Jesús, y con Jesús serán un día «salvadores» de los hombres. Y Jesús se vale, hoy también, de unos para llamar a otros. El Verbo de Dios hecho hombre se vale de los hombres para llevar a Dios. El apóstol ha de seguir a Cristo, ha de vivir con él, ha de conocerlo bien y ha de tenerlo por «maestro» y Señor. Total disponibilidad. La lectura primera vuelve a esclarecer este misterio: el niño Samuel, ejemplo clásico del «llamado» y del hombre de Dios. Siempre dispuesto a escuchar y a cumplir la palabra de Dios. El apóstol escucha y sigue a la mismísima Palabra de Dios. Pensemos a este respecto en los «llamados». En todos, en especial en los «llamados» al apostolado. Son los «siervos» de la Palabra, de la evangelización, «servidores» de la salvación. También el salmo puede ayudarnos a pensar en ello.</p>
<p>C) Dedicación a Dios. Toquemos, como tercer punto, el tema de la segunda lectura. Somos santos. Somos de Cristo. Somos templos de Dios, como comunidad y como individuos. Somos hombres de Dios. No nos pertenece<br />
mos. Entera disponibilidad y dedicación al Señor. Es Señor de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es santo: algo grande y nuevo. Santo ha de ser nuestro comportamiento. El cuerpo de Cristo sirvió de ofrenda a Dios y resucitó para siempre. El nuestro, redimido, sirve a Dios y se dispone, en el servicio, a la transformación en el Señor. Si peca, se mancilla. Si se mancilla, se profana. Si se profana, infiere una injuria a su Señor. Y si infiere una injuria a su Señor, merece la muerte. ¿Un cuerpo hecho para la salvación nos conducirá a la muerte? La fornicación deshonra al Señor y nos deshonra a nosotros mismos. No podemos admitirlo. Nuestro cuerpo posee una dignidad y nosotros con él una responsabilidad. El cuerpo no es para el placer. Debe re<br />
flejar la presencia del Espíritu Santo. Fornicar es perder la dignidad y huir de la responsabilidad. Es un tema de gran actualidad. Hoy como en los tiempos de Pablo, la sociedad circundante se muestra reacia a percibir y admitir con claridad y decisión la dignidad y santidad del cuerpo del hombre. Negada la dignidad y santidad del cuerpo, pronto se niega la dignidad y santidad del compuesto. Todo el hombre corre peligro y con él no solo la digna civilización «humana», sino la salvación del hombre. Y el hombre ha sido salvo en Cristo. El cristiano debe vivirlo con decisión y entereza. Es consciente de su dignidad y pertenencia a Cristo. Hay que insistir en ello.</p>
<p><b>Oración final:</b></p>
<p>¡Señor Jesús! Mi Fuerza y mi Fracaso eres Tú. Mi Herencia y mi Pobreza. Tú, mi Justicia, Jesús. Mi Guerra y mi Paz. ¡Mi libre Libertad! Mi Muerte y Vida, Tú, Palabra de mis gritos, Silencio de mi espera, Testigo de mis sueños. ¡Cruz de mi cruz! Causa de mi Amargura, Perdón de mi egoísmo, Crimen de mi proceso, Juez de mi pobre llanto, Razón de mi esperanza, ¡Tú! Mi Tierra Prometida eres Tú&#8230; La Pascua de mi Pascua. ¡Nuestra Gloria por siempre Señor Jesús!</p>
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		<title>Domingo de la Epifanía del Señor &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jan 2012 16:28:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>

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		<description><![CDATA[DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR Navidad y epifanía surgen en la Iglesia como dos fiestas idénticas. En lugares distintos, en fechas y con nombres distintos, pero con un mismo contenido fundamental. Al menos en su fase original, ambas solemnidades celebraron el nacimiento del Señor. Sin embargo, después de un proceso de sedimentación, al asentarse [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=725&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR</strong></p>
<p>Navidad y epifanía surgen en la Iglesia como dos fiestas idénticas. En lugares distintos, en fechas y con nombres distintos, pero con un mismo contenido fundamental. Al menos en su fase original, ambas solemnidades celebraron el nacimiento del Señor. Sin embargo, después de un proceso de sedimentación, al asentarse ambas fiestas definitivamente en Oriente y Occidente se configuran con perfiles distintos, hasta ofrecer un contenido específico con matices propios e independientes.</p>
<p>El contenido de la fiesta de epifanía aparece claramente definido en dos antífonas, ya existentes en el antiguo breviario y que la nueva Liturgia de las Horas ha conservado en su oficio: «Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial &#8216;Esposo, porque en el Jordán Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en vino» (Antífona para el <em>Benedictus). Y </em>en la antífona para el <em>Magníficat </em>en II Vísperas: «Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: Hoy la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán para salvarnos».</p>
<p>La tradición popular ha vinculado siempre la fiesta de epifanía con el episodio de los reyes magos. Lo cual se justifica, en efecto, por las referencias que hacen a los magos casi todos los elementos propios de la fiesta, tanto en la misa como en el oficio. Sin embargo, las dos antífonas citadas vienen a ser como la clave de interpretación de todo el conjunto. Esto nos obliga a considerar el contenido de la fiesta desde la perspectiva que señalan dichas antífonas.</p>
<p>En primer lugar, epifanía no se centra en un hecho o episodio concreto. El foco de interés, en el que polariza la atención de la Iglesia al celebrar esta solemnidad, se sitúa más allá de los hechos. Por otra parte, el criterio básico que se ha puesto en juego al instituir esta fiesta no hay que entenderlo en clave histórica o cronológica. La constelación de solemnidades que siguen a la fiesta del 25 de diciembre no celebran, sin más, los acontecimientos de la infancia ni se siguen según un orden cronológico. La clave de interpretación no es histórica. Hay que buscarla en otra línea de carácter teológico.</p>
<p><strong>En silencio delante de Dios</strong></p>
<p>Hoy, en este domingo en el que Dios se manifiesta como luz de los hombres, queremos pedir al Señor “la pasión de escucharlo” con las palabras de la Beata Isabel de la Trinidad: “¡Oh Verbo eterno!, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme toda docilidad para aprender todo de Vos. Luego, a través de todas las noches, todos los vacíos, todas las impotencias, quiero estar siempre pendiente de Vos y permanecer bajo vuestra gran Luz” (Elevación a la Santísima Trinidad, 21 noviembre 1904)<span id="more-725"></span></p>
<p><strong>1.      </strong><strong>Lecturas y reflexión:</strong></p>
<p><strong>1.1.</strong><strong>Lectura del libro de Isaías 60, 1-6</strong></p>
<p><strong>¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.</strong></p>
<p>Libro de Isaías. Tercera parte. Algunos llaman al autor «tercer Isaías». Palestina después de la vuelta del destierro. Dificultades en la vida religiosa y comunitaria. Tardan en cumplirse las antiguas promesas. La realidad no corresponde al cuadro imaginado por el «segundo Isaías» en la segunda parte del libro. Cunde el desánimo. De nuevo, como siempre en tales casos, la voz autorizada de lo alto. Voz que canta la «disposición» de Dios. Es un poema. Un poema a Sión. Sión, la ilustre, es la destinataria de la decisión de Dios. Una buena nueva para Sión. Sión es el centro.</p>
<p>Dios habla. Dios intenta levantar el ánimo. Para Sión un gran destino. Luz sobre Sión, luz en Sión: Sión-Luz. La gloria de Dios-Dios, poder y luz, que se manifiesta- entra en Sión. Sión irradia, trastocada, la gloria de Dios. Sión, convertida en Luz, impregnada de la gloria de Dios. Fuera de ella, las tinieblas, la oscuridad, la muerte. Sión, centro del universo. Todas las mira­das se dirigen allí: la luz disipa las tinieblas y la vida ahuyenta la muerte. En Sión, Dios poderoso salvador. La salvación y la luz se expanden a todos los pueblos. Lo verán todos los pueblos. Todos los pueblos afluirán a Sión. Con ellos sus tesoros y sus riquezas. Las gentes vienen a adorar a Dios en Sión. Gran porvenir para Sión. Sión, la grande, la hermosa, debe cantar la promesa del Señor. Todos los pueblos se beneficiaran de la promesa de Dios en Sión. Motivo para levantar el ánimo, motivo para cantar. Dios lo ha dis­puesto, Dios lo realizará.</p>
<p><strong>1.2. Salmo Responsorial: (Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13)</strong></p>
<p><strong><em> R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.</em></strong></p>
<p><strong>Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.</strong></p>
<p><strong>Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R.</strong></p>
<p><strong>Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R.</strong></p>
<p><strong>Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.</strong></p>
<p>Salmo real. El rey de Israel es «ungido» de Dios. Dios ha dispuesto cosas maravillosas para el rey de Israel. Un grupo de salmos lo recuerdan y lo cantan. Este, en concreto, lo celebrará en forma de súplica: una confiada sú­plica por el «ungido» del Señor. Dios ha prometido a su pueblo un rey cabal, un rey perfecto: lleno de justicia, socorredor del pobre, defensor del oprimido, señor de las gentes. La súplica urge el cumplimiento de la promesa: «Danos ese rey». El estribillo insiste en la disposición de Dios. Disposición que toca a todas las gentes. Subrayemos, pues, el universalismo de la divina disposi­ción. En forma de súplica, naturalmente. El Cristo de Dios, Jesús de Nazaret, ha venido. Su reino está en marcha. Lo cantamos y lo proclamamos. También lo pedimos y lo suplicamos. Es un deseo, una confesión y todo un plan de acción. Queremos que florezca la jus­ticia y que reine la paz. Hagamos en Cristo la justicia y trabajemos la paz. Lo verán todas las gentes.</p>
<p><strong>1.3.</strong><strong>Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6</strong></p>
<p><strong>Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio. </strong></p>
<p>Pablo se encuentra prisionero. Por Cristo, naturalmente. Por Cristo ha emprendido los más arriesgados viajes. Por Cristo las más serias y tremen­das privaciones. Por Cristo él perdió la libertad. Todo por Cristo: la vida toda por Cristo. Porque Cristo lo es todo. Y todo encuentra sentido en el sen­tido que Cristo da. Pablo ha encontrado a Cristo; Pablo ha encontrado la vida. Las limitaciones, las privaciones, las negaciones de una vida humana en este mundo, vividas en Cristo han dejado abierto el corazón del apóstol y lo han ensanchado hasta los confines del mundo. El corazón de Pablo abarca todo en el todo que llena Cristo. Prisionero ahora por el evangelio de Cristo, el apóstol medita y contempla la grandeza de Dios en el «misterio» de Cristo. Obra magnífica que lo llena todo. Dios lo ha revelado últimamente, en estos que son los últimos tiempos (Hebreos), y lo ha extendido a todas las gentes. El espíritu que todo lo invade, ha invadido a los profetas y apóstoles y los ha impelido a publicarlo a todas las gentes. He aquí el misterio precioso de Dios: «Que también los gentiles son coherederos animosos del mismo cuerpo, partícipes de la misma causa en Jesucristo por el Evangelio; a todos va diri­gido el <em>mensaje</em> a todos la <em>promesa</em>, a todos la <em>Bendición </em>de Dios: todos tie­nen un puesto en el Cuerpo Santo de Cristo, todos encuentran la plenitud de su vida en la vida de Cristo. Todos hayan su sentido, el sentido de su per­sona y de su vida en la vida y en la persona de Cristo, -a todos ya dirigida- reciben la promesa, y la promesa no es otra cosa que el Don del Espíritu Santo: de Dios en el Espíritu. Una gracia inefable. Una gracia confiada a Pablo. La vida de Pablo ya libre, ya preso, recibe su sentido de esa misión. Pablo se deleita en el misterio que se le ha confiado predicar. Obra maravi­llosa: ¡todos herederos del Reino! Los gentiles, separados hasta ahora del Reino, son constituidos, por el Espíritu en Cristo, herederos y miembros del Reino; son ya Reino. Todo obra de Dios en Cristo.</p>
<p><strong>1.4.</strong><strong>Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12</strong></p>
<p><strong>Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. » Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: &#8220;Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea,  pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.&#8221;» Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.</strong></p>
<p>Un rayo de luz en un mundo en tinieblas. Una chispa de fuego en un blo­que de hielo. Una estrella radiante en una noche oscura. Y la luz se ha pre­cipitado sobre Belén. Ha surgido un lucero brillante y nadie se ha percatado de él. Se ha encendido el cielo y nadie se ha percatado de él. Se ha encendido el cielo y nadie lo ha percibido. Nadie ha despertado, nadie se ha movido. Los ojos de aquel pueblo siguen cerrados incomprensiblemente. El pueblo de Is­rael sigue dormido. No ve. Tan sólo unos extraños se han percatado del fe­nómeno. Pocos, muy pocos, para tan gran acontecimiento. El cielo les ha ad­vertido de un gran de un gran acontecimiento. El cielo les ha advertido de un gran suceso. La sedienta tierra que sentía brotar de sus entrañas la mara­villosa Vara de Jesé, ha suspirado tan hondamente que se han conmovido los astros. Y uno de ellos, el más ágil y atrevido, ha ido a besar, juguetón, aquel vástago de cielo. Unos «magos», desconocidos y extravagantes quizás, han notado el milagro y han corrido presurosos a saludar al recién nacido. Porque el recién nacido es un pedazo de cielo.</p>
<p>La luz, pues, sirve de contraste: para poner de relieve la indebida pos­tura de Israel para con el Mesías que nace. Estamos en Mateo, no lo olvide­mos. Israel, luz de las naciones, se ha quedado a oscuras. Las naciones, no­che y tinieblas, han visto la luz. Que bochorno para Israel; qué honor para los gentiles. Los gentiles señalan a Israel el camino para encontrar al Me­sías: Basta mirar al cielo. Israel no mira al cielo. Israel, pegado al polvo de tradiciones inconsistentes, se ha quedado ciego. Las palabras del profeta le resultan vacías y vanas. Nadie da un paso a Belén. Los profetas darán tes­timonio, en el día del juicio, contra él.</p>
<p>Jesús recién nacido, en medio, como acontecimiento trascendente. «Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron», confiesa amargamente Juan. La in­fancia de Jesús, ya evangelio, anuncia el Evangelio: para Jesús, Mesías de Israel, ignorancia, desprecio, persecución. Herodes, escribas, letrados y sa­cerdotes, pueblo. Ignoran a su Dios. Los magos, impuros y obscuros paga­nos, le han encontrado. La estrella que nace se lo ha revelado. La Estrella era también para ellos. Y han venido. El recién nacido, Dios en persona, los ha llamado. La vocación de los gentiles está dentro del Evangelio. Obra magnífica de Dios. Así Mateo.</p>
<p><strong><em>Reflexionemos: </em></strong></p>
<p>Fiesta de la Epifanía del Señor. Fiesta de la «Manifestación» del Señor. El Señor se manifiesta, el Señor se revela. El Señor desciende en forma de luz a los pueblos, y los pueblos se visten de luz. Los cielos dejan caer la gloria di­vina, y los pueblos quedan glorificados. Dios se manifiesta salvador. Jesús, Hijo de Dios, manifiesta la bondad de Dios, salvando a los hombres. Dios llama a todos los hombres a su Reino. Imprescindible, hoy, hablar de la vo­cación de los gentiles a la luz de Dios. Cristo es el centro.</p>
<p>La primera lectura lo anuncia como determinación de Dios en forma de canto. Cantemos tal decisión. Es una maravilla, una bondad del Señor. Dé­mosle gracias. El salmo nos recuerda por una parte los bienes mesiánicos; por otra, nos invita a impetrarlos. La obra de está ya en marcha. Nuestra oración al rey de reyes ha de ir por ahí: venga tu Reino, Señor; que todos los reyes se postren ante el Señor de los señores. El acatamiento del Rey no es una esclavitud, es una bendición. Con él reinamos, con él somos bendecidos. La segunda lectura, palabras de Pablo, caminan en la misma dirección: los gentiles son coherederos del Reino. La herencia evoca la condición de filia­ción, y ésta la de partícipes de la Promesa. La promesa, el Espíritu Santo, trastoca a todos y los glorifica. La epifanía del Señor es una promesa para todo el que la recibe. Y recibirla pueden todos. Mateo lo señala como evange­lio a la altura de Pablo: los gentiles han visto la gloria de Dios. Y ver la glo­ria de Dios es recibirla y ser transformado por ella. Es parte del misterio de Dios. Más, es el Misterio de Dios. Cantemos, meditemos, demos gracias: Dios se ha manifestado bueno y generoso con todos, al margen de nuestros méritos.</p>
<p>La Fiesta de la Epifanía del Señor, nos hace pensar también en la Iglesia como «epifanía» de Dios. La llamada a todos los pueblos a la salvación es una realidad actual: la Iglesia. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, irradia -debe irra­diar- la gloria de Dios. Somos apóstoles y profetas de ese misterio. Y lo so­mos en la medida en que vivimos la vida del Espíritu que se nos ha dado como prenda de la vida eterna. La gloria se transparenta a través del anun­cio vital de la palabra de Dios, del Evangelio. Y somos evangelio cuando nuestras palabras y nuestras acciones, de un modo u otro, manifiestan la presencia de Dios en nosotros: paz, justicia, asistencia a los humildes. El evangelio no debe ser letra muerta como lo fue en su tiempo la Escritura para el pueblo de Israel. Somos «estrella», luz, ofrenda, canción, portadores de una riqueza que no tiene precio. Llevamos a Dios en nosotros. Celebramos en esta Fiesta nuestra vocación a la Herencia y nuestro destino a serlo ya en esta vida. Somos la Sión de Dios. Levantemos los ojos y admiremos la disposición de Dios y en ella la participación de su gloria. Una alabanza, un canto y una oración: que florezca la justicia, que se extienda el Reino de Dios a todos los pueblos y gentes. Somos distribuidores de la gracia de Dios.</p>
<p><strong>1.5.</strong><strong>Oremos juntos</strong></p>
<p>Luz de Dios, Jesús, Hijo de María Amaneciste un día en nuestro mundo cuando estaba sumido en la oscuridad. Desde entonces, la luz de tu mensaje ha llegado a todos los rincones de la tierra hasta nuestros corazones. Contigo nos inundaron bienes sin número, las riquezas de Dios: Su amor, su paz, su sabiduría, su consuelo y la Presencia constante de tu Espíritu. Tu Presencia en la Eucaristía, en la Iglesia, en cada persona. Tu Presencia sobre todo en los más débiles y desvalidos. Tu Presencia y tu Compañía en nuestras situaciones de sufrimiento, de frustación, de añoranza y soledad. Gracias, Señor, por tanto bien, por tu amor y tu misericordia. Te alabamos y te bendecimos. Haz que, iluminados por ti podamos ser luz a nuestro alrededor. Amén</p>
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		<title>Solemnidad de Santa María Madre de Dios &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Dec 2011 20:18:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>

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		<description><![CDATA[DOMINGO DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS Ciclo B Hoy es la octava de navidad y el primer día del nuevo año, una conclusión y un comienzo. La Iglesia lo dedica a la &#8220;Virgen del camino&#8221;, a la que encontramos en cada estadio de la andadura de la vida, en su momento [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=717&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1 align="center"><img class="alignright" src="http://1.bp.blogspot.com/_jpxcYnF7L4w/Szu7W4_sZHI/AAAAAAAAANs/n7jsoOTa7cU/s320/virgen_nativity.jpg" alt="" width="231" height="320" /></h1>
<h1 align="center"></h1>
<h1 align="center"><strong>DOMINGO DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS Ciclo B</strong></h1>
<p>Hoy es la octava de navidad y el primer día del nuevo año, una conclusión y un comienzo. La Iglesia lo dedica a la &#8220;Virgen del camino&#8221;, a la que encontramos en cada estadio de la andadura de la vida, en su momento inicial y &#8220;en la hora de nuestra muerte&#8221;.</p>
<p>Se le ha dado ese título en el nuevo calendario litúrgico revisado. La denominación pone claramente de manifiesto que se trata de una fiesta de Nuestra Señora, y que tiene por objeto honrar su maternidad divina con la solemnidad conveniente. Antes de cambiarse el título en 1969, se conocía la fiesta como la &#8220;Circuncisión de nuestro Señor&#8221;. También se conmemora esto, la imposición del nombre de Jesús al niño de María pero el objeto principal de la fiesta es la maternidad virginal de María contemplada a la luz de la navidad.<span id="more-717"></span></p>
<ol>
<li><strong>1.      </strong><strong>Oración inicial</strong></li>
</ol>
<p><strong>Dios de la Vida, Creador del Universo, que nos has concedido el espacio y el tiempo para vivir desarrollar la Vida, para ser felices y hacer felices a los demás; al comenzar un Año Nuevo te pedimos nos enseñes a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato y vivamos responsable y agradecidamente el don del tiempo que nos concedes. Por Jesucristo nuestro Señor&#8230;</strong></p>
<ol>
<li>Texto y comentario</li>
</ol>
<h2 align="left">2.1.Lectura del libro de los Números 6, 22-27</h2>
<p><strong>El Señor habló a Moisés: –«Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: &#8220;El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.&#8221; Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré. »</strong><br />
<strong><em>Invocarán mi nombre sobre los israeli­tas y yo los bendecirá.</em></strong><br />
El texto, en cuanto al género, es una fórmula (cultual). En cuanto a los destinatarios, el sacerdocio. En cuanto a los beneficiarios, los fieles de Israel. En cuanto al contenido, una bendición de Dios. En cuanto a su origen, Dios. Como fórmula breve y sustanciosa, «bendecir». Bendecir es «decir bien». Y decir bien es desear bien. Y desear bien es hacer bien en cuanto de uno de­pende. La boca de Dios que bendice es el corazón de Dios que desea, es la mano divina que obra el bien. El decir de Dios es creativo, efectivo. Dios que dice el bien a uno, hace el bien a uno. Dios bueno, deseoso de hacer bien. El sacerdote representa a Dios, es su intermediario. Su oficio es mante­ner y continuar las relaciones del pueblo con Dios. Dios bendice en la bendi­ción del sacerdote. Ha sido puesto por él con esta finalidad. El sacerdote del Dios bueno debe ser bueno. El sacerdote del Dios misericordioso debe ser mi­sericordioso. El sacerdote del Dios que bendice debe hacer efectiva la bendi­ción de Dios. Dios bendice a su pueblo a través del sacerdote. El sacerdote bendice al pueblo en nombre de Dios. Es su oficio, es su función. Invocarán su nombre su nombre sobre el pueblo, y el nombre de Dios, bondadoso y atento, lloverá en la bendición. La «bendición» habla de protección. Protección de todo peligro, de todo mal: del enemigo invasor, del criminal, del malhechor, de la epidemia, de las catástrofes, del hambre. Dios protege a su pueblo, como la gallina a sus po­lluelos. Es también favor, gracia, paz. La bendición es expresión de una vo­luntad buena que imparte y asegura la paz. Paz con Dios, paz con los hom­bres. Dios bendice a su pueblo en la voz del sacerdote que invoca su nombre.</p>
<h2 align="left"><strong>2.2.</strong><strong> Salmo responsorial: </strong><strong><em>Sal</em></strong><strong> 66, 2-3.5-6.8: </strong></h2>
<p><strong>R. El Señor tenga piedad y nos bendiga.</strong><br />
El Señor tenga piedad y nos bendiga,<br />
ilumine su rostro sobre nosotros;<br />
conozca la tierra tus caminos,<br />
todos los pueblos tu salvación. R.</p>
<p>Que canten de alegría las naciones,<br />
porque riges el mundo con justicia,<br />
riges los pueblos con rectitud<br />
y gobiernas las naciones de la tierra. R.</p>
<p>Oh Dios, que te alaben los pueblos,<br />
que todos los pueblos te alaben.<br />
Que Dios nos bendiga;<br />
que le teman hasta los confines del orbe. R.</p>
<p>No resulta fácil catalogar este salmo. Alguien pensaría en una acción de gracias. Otro en una alabanza. Probable, de todos modos, su pertenencia al culto: aire cultual. Los tiempos del verbo, en subjuntivo, expresan un deseo. Un deseo que se extiende a todos: a los presentes y a los ausentes, al pueblo fiel y al mundo entero. El deseo se convierte, por un parte, en oración; por otra, en invita­ción. El estribillo insiste en la primera: «El Señor tenga piedad y nos ben­diga». Preciosa oración llena de confianza. También jubilosa la invitación a la alabanza: «Que canten de alegría las naciones». Dios piadoso con sus hi­jos, Dios poderoso en su palabra, es la fuente de salvación para todos. La bendición de Dios suscita la alabanza, que ha de ser como la bendición, uni­versal.</p>
<h2 align="left"><strong>2.3.</strong><strong>Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7</strong></h2>
<p><strong>Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre.» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.</strong></p>
<p>Breve, pero densa. Una verdadera síntesis cristológica, la primera; la se­gunda, teológica. Aunque fuera de todo tiempo, Dios actúa en el tiempo. Obra de condes­cendencia para con el hombre, criatura sujeta al tiempo. El tiempo entra en el plan de Dios. El plan de Dios, salvar al hombre, se realiza en el tiempo. Hay un tiempo «antes» y hay un tiempo «después»: sucesión de los tiempos, diversidad de los tiempos. Tiempo de «preparación» y tiempo de «realización». El plan de Dios modifica o cualifica el tiempo: tiempo de es­pera, tiempo de plenitud. El tiempo llegó a su «momento» cuando Dios deter­minó llenarlo con su presencia, haciéndose tiempo: Dios envió a su hijo. El Hijo de Dios, que ya existía, tomó carne, se hizo hombre, transcurrió su vida en el tiempo. El tiempo recibió así su sentido y plenitud. Para ello había sido creado. El envío del Hijo es la plenitud de los tiempos. Nació de una mujer, sujeto a todas las contingencias del ser humano en el tiempo. La mujer, la conocemos, es la Virgen María. a ella le tocó, con la aceptación del Verbo, dar plenitud a los tiempos. Un nombre, pues, un lugar, un tiempo. «Nacido bajo la Ley»: en el pueblo de Israel, bajo las disposiciones de un Dios que llevaba a un hombre empobrecido a la riqueza de su Reino Vino a rescatar: a levantar al hombre de su miseria, a liberarlo de la ley que se la recordaba, y a encumbrarlo por encima del tiempo y del espacio que le apresaba. Y para rescatarle se hizo hombre. Participó de su condición para elevarle a la suya: para hacerle de esclavo hijo. Una obra magnífica que da sentido al hombre y a los tiempos. Dios llenó el espacio con su voz y el tiempo con su aliento: «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros». Dios nos libró, en el Hijo, de la Ley y nos hizo hijos de adopción. Cristo es el cen­tro de los tiempos Hijos. Y no de nombre. Lo que Dios nombra, hace. Decir y hacer, en Dios, es lo mismo. Nos llama hijos, somos hijos. Participamos de su mismo espí­ritu. El Espíritu de su Hijo, que se ha asentado en nuestros corazones, nos hace hijos. Gozamos, inefablemente, de la naturaleza divina. Dios, hecho hombre, continúa llenando nuestro tiempo, haciéndonos hijos. La plenitud de nuestro tiempo, el sentido de nuestro ser, es ser hijos. Hemos recibido el auténtico Espíritu de hijos. El clama en nosotros: ¡Padre! ¡Papá! Pasamos de ser esclavos a hijos una vez liberados de la Ley. Y somos liberados de la Ley porque la ley está en nosotros: el Espíritu Santo. Ungido nuestro corazón por su presencia, se mueve y actúa al unísono con Dios: somos hijos. Y como hi­jos, herederos. Herederos del Reino, coherederos de Cristo. Todo por la libre y bondadosa disposición de Dios. Dios lo ha hecho en su Hijo Jesús. El tiempo recibe así su plenitud. También en nosotros. Nosotros no somos esclavos del tiempo; somos señores, pues somos hijos. Llenaremos el tiempo si lo llenamos en Cristo, plenitud de los tiempos. Seremos libres si actuamos en el Espíritu. El Espíritu es el preciado Don que nos dispensa el Hijo, nacido de mujer, en el tiempo, para lanzarnos a la eternidad. En el misterio de Cristo, somos Cristo en su misterio.</p>
<h2 align="left"><strong>2.4.</strong><strong>Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21</strong></h2>
<p><strong>En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.<br />
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.</strong></p>
<p>Este Evangelio nos salió ya en la Misa de la Aurora en la Fiesta de Navi­dad. La lectura añade un sólo versículo: la circuncisión del niño. Vuelven a recodársenos las «maravillas» del nacimiento de Jesús: pastores, establos, María, José, admiración y sorpresa, constante reflexión, por parte de María sobre los acontecimientos. Jesús nace como cualquier niño pobre: sin casa, fuera de la ciudad de Nazaret, a las afueras de Belén, con unos incultos pas­tores de admiradores. Todo ello inesperado e inaudito de un Mesías que viene a salvar a su pueblo. Ahora la circuncisión. Es un hebreo, hijo de hebreos. Hebreos, María, su madre y José, fieles devotos, miembros del pueblo santo de Dios. La circun­cisión es la señal externa que expresa la vinculación y pertenencia a Dios en su pueblo. Cumplen religiosamente la Ley. Al niño se le impone el nombre de Jesús. Nombre elegido de lo alto. Nombre que indica su «misión» y natura­leza: Jesús Salvador. Así en la Anunciación y así a los pastores.</p>
<p>Meditación:</p>
<p>Es la Octava de la Natividad del Señor. Es también el día de María. Añadamos como tradicional el día de Año Nuevo. Tratemos de conjugarlos armoniosamente. La Fiesta, como octava de la Natividad, nos recuerda el misterio del na­cimiento de Jesús, Mesías de Dios. En el fondo, el misterio de la Encarna­ción. Podemos recordar a este respecto, además de lo dicho en la Fiesta del Nacimiento, la verdad que toca S. Pablo en la segunda lectura: Jesús nacido bajo la Ley. Dios, sobre toda criatura, se hace hombre, y depende en todo y para todo, como cualquier niño, en una mujer. Humanidad con todas las con­tingencias anejas a la vida humana. Necesita de los cuidados de los hom­bres, él, que sostiene el mundo entero. La circuncisión es también secuela de la Encarnación. Condición, pues de humildad y necesidad. He ahí el misterio. El sentido de la Encarnación tiene un nombre: Jesús. Jesús significa «salvador». Eso es Jesús, y para eso ha venido: para salvar. Y la salvación es, es boca de Pablo, una liberación. Una liberación de la Ley. De la Ley ex­terna, mediante una Ley que se hace de nuestra carne, el Espíritu. Se nos ha concedido el Espíritu de Dios. Somos sus hijos. El Hijo de Dios nos ha ele­vado a la dignidad inefable de ser hijos de Dios. Dios es nuestro Padre. Po­demos invocarle con toda confianza y afecto con el nombre de ¡Padre! Es una realidad. Somos, en consecuencia, herederos. Y como hijos y herederos, li­bres, no más esclavos. Nacimos de Dios por el que nació de mujer; nacimos a la Ley del Espíritu por quien se sometió a la Ley de piedra; somos libres por quien se hizo esclavo; somos supertemporales por quien se hizo carne y tiempo. Toda una bendición (lº Lectura). El salmo nos invita a dar gracias y a cantar tal maravilla. Es el día de la Virgen María. Ese «nacido de mujer» es fundamental. He ahí una mujer hecha Mujer para todos los hombres. En otras palabras, la madre de Jesús es la Madre de todos. Mujer privilegiada, se encuentra próxima, como ninguna, en cuerpo y alma al misterio de Jesús, Salvador. Las oraciones del día van por ahí. A través de ella vino la Bendición. No está de más impetrarla por su intercesión. Madre Virgen, Madre Santa, Madre Buena, Madre Bendita, Madre de Jesús, intercede por nosotros pecadores. La Fiesta de Año Nuevo nos recuerda, en palabras de Pablo, el tema del tiempo. Somos tiempo y estamos en el tiempo. La Salvación ha consistido en librarnos de esa atadura y lanzarnos a la eternidad: somos herederos del cielo. El tiempo tiene un sentido. Y éste se encuentra en Cristo. Llenaremos el tiempo, llenaremos nuestro tiempo, nos llenaremos a nosotros mismos, si vivimos en Cristo, si vivimos como Hijos de Dios. Un año que comienza es un tiempo más a nuestra disposición para vivir la inefable filiación de Dios en el tiempo. Nos vaciará el tiempo, nos hará esclavos si no le damos sentido y plenitud. Y la plenitud de los tiempos es Cristo. También nuestra plenitud. Somos señores del tiempo, no esclavos. Vivamos el tiempo con toda dignidad. El Espíritu que clama ¡Padre! nos depara toda una eternidad en Dios.</p>
<ol>
<li><strong>3.      </strong><strong>Oración final:</strong></li>
</ol>
<p><strong>Dios de la Paz, Padre de todos los hombres y mujeres, que quieres que vivamos como hermanos en unidad fraterna. En este día que da comienzo al nuevo año, te pedimos con todo el corazón nos concedas la Paz, don tuyo y a la vez fruto de nuestros esfuerzos por la Justicia, y que hagas de nosotros sus esforzados constructores, para que merezcamos la bienaventuranza que anunció Jesús, Hijo tuyo y hermano nuestro, por los siglos de los siglos. </strong><strong>Amén.</strong><strong></strong></p>
<p><a href="https://docs.google.com/open?id=109Ho80_j47pYRMn4slHCDoF-ROolzadfp5uBYpcpbRAQbP2mgNPoxivvejrF"><img class="alignleft size-full wp-image-322" title="descarga" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2010/11/docdown.png?w=620" alt=""   /> Solemnidad de Santa María Madre de Dios</a></p>
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	</item>
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		<title>La bella historia de la Navidad</title>
		<link>http://fuenteycumbre.com/2011/12/20/la-bella-historia-de-la-navidad/</link>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 16:16:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Celebración Dominical]]></category>
		<category><![CDATA[Solemnidades]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Navidad]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>
		<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>

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		<description><![CDATA[La bella historia de la Navidad Lucas 2, 1-20 “En cuanto adoramos el nacimiento de nuestro salvador, celebramos también nuestro propio inicio” (San León Magno) Recibamos este grandioso día diciendo junto con uno de los mayores cantores de la Navidad que ha conocido la historia: “Hoy la Virgen da a luz al Trascendente, y la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=682&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>La bella historia de la Navidad Lucas 2, 1-20</h1>
<p style="text-align:right;">“<em>En cuanto adoramos el nacimiento de nuestro salvador, celebramos también nuestro propio inicio</em>” (San León Magno)</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/belenavidad.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-683" title="belenavidad" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/belenavidad.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Recibamos este grandioso día diciendo junto con uno de los mayores cantores de la Navidad que ha conocido la historia: “<em>Hoy la Virgen da a luz al Trascendente, y la tierra le ofrece una gruta al Inaccesible; los ángeles y los pastores lo alaban, y los Magos tras la estrella avanzan, porque hoy ha nacido por nosotros, cual Niño Pequeñito, el Dios que existe desde antes de los siglos</em>” (Romano el Melode, S.VI, “Contaquio”)<span id="more-682"></span></p>
<p>Una inmensa alegría nos embarga en este día, es el gozo de Dios que nos invade y nos hace cantar y festejar. San Efrén el Sirio habla de estos sentimientos navideños describiendo la llegada de este día como la emoción del encuentro con un rostro amigo: “<em>Este día es semejante a ti; es amigo de los hombres. Regresa cada año a través de los tiempos; envejece con los viejos, y se renueva con el niño que ha nacido… La naturaleza no puede hacer lo menos; como tú, este viene en ayuda de los hombres en peligro. El mundo entero, oh Señor, está sediento del día de tu nacimiento… Por eso que este año sea semejante a ti, que traiga paz entre el cielo y la tierra</em>”. Celebremos esta solemnidad de la mano del Evangelio, siguiendo paso a paso en el evangelio de Lucas la Historia de la Navidad:</p>
<ul>
<li>Veamos cómo se cumple el anuncio del nacimiento.</li>
<li>Acompañemos a José y María en las peripecias que rodearon el parto.</li>
<li>Saludemos la navidad de Jesús junto con los ángeles y participemos en el coro celestial que proclama la significación que el recién nacido tiene para la humanidad.</li>
<li>Alabemos a Dios con la admiración de los humildes pastores, representantes de los pobres de la tierra y marginados de la sociedad, testigos privilegiados del magno acontecimiento.</li>
<li>Guardemos como un tesoro, como el mejor secreto que decantamos en nuestro corazón, así como lo hizo María, cada instante, cada palabra, cada signo cada rostro, cada emoción.</li>
</ul>
<p>Nada parece ser casual en el evento histórico en el que el Todopoderoso Dios deja ver su rostro en el Salvador recién nacido en las más humildes condiciones pero rodeado de dignidad desde el cielo por la alabanza celestial y cubierto en la tierra por el cariño de su madre.</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/virgen.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-684" title="virgen" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/virgen.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Sigamos el hilo del relato de Lucas 2,1-20 (cuyos primeros 15 versículos leemos en la Misa de Medianoche y los restantes en la Misa de la Aurora) observando cuidadosamente cada una de sus tres partes:</p>
<ol>
<li>El marco histórico (2,1-3)</li>
<li>El nacimiento de Jesús (2,4-7)</li>
<li>El relato de los pastores (2,8-20)</li>
</ol>
<h2><strong>1. El marco histórico: armando el escenario (2,1-3)</strong></h2>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/censo.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-685" title="censo" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/censo.jpg?w=620&#038;h=431" alt="" width="620" height="431" /></a></p>
<blockquote><p>1Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. 2Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. 3Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.</p></blockquote>
<p>Jesús nace en el rincón más apartado del mundo. Pero antes de ello, como si quiera partir de lo macro para descender a lo pequeño, el evangelista Lucas nos transporta primero a los fastuosos palacios imperiales sobre el Palatino de la ciudad de Roma. De allí sale un decreto con la firma del emperador que ordena un censo de los habitantes de su imperio: “<strong>Salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo</strong>” (2,1).</p>
<p>Por otra parte la manera de empezar el relato ya es significativa. Con la frase “<strong>Sucedió que por aquellos días</strong>” (2,1a), una forma lucida de escribir digna de un historiador-teólogo como Lucas, quedan yuxtapuestas las noticias anteriores sobre Juan Bautista, quien “<strong>vivió en lugares desiertos</strong>” aguardando “<strong>el día su manifestación a Israel</strong>” (1,80), con los días de un acontecimiento secular y de magnitud imperial como es el censo ordenado por Augusto. El contraste repentino entre el desierto y su profeta con el gesto arrogante de un emperador es enorme, pero da acertadamente un buen punto de partida.</p>
<p>Es paradójico, pero en la práctica Lucas nos anticipa lo que al final se dirá en los Hechos de los Apóstoles, y es que estas cosas “<strong>no han pasado en un rincón</strong>” (26,26).</p>
<p>Veamos entonces algunas pinceladas que le dan el colorido al escenario de la navidad</p>
<p><strong>1.1. César Augusto: los intereses del Amo del mundo</strong></p>
<p>El emperador César Augusto entra en la historia de la navidad como punto de referencia que ubica los acontecimientos desde el punto de vista externo, pero también su mención –por contraste- permite captar la dimensión interna, la importancia del nacimiento del hijo de Dios.</p>
<p><em><strong>Un hombre que se cree divino</strong></em></p>
<p>El “<strong>César</strong>” es el título que lleva el emperador (ver también 3,1; 20,22.24-25; 23,2). En este caso recae sobre el emperador Octaviano, quien reinó entre los años 31 aC y 14 dC. A éste el senado romano le concedió, en el año 27 aC, un título latino que lo exaltaba como una “<strong>divinidad</strong>”: “Augusto” (en griego se dice “sebastós”, es decir, el altísimo, el divino). Sus sucesores se seguirán atribuyendo el honroso título.</p>
<p>Con base en su autoridad divina y como Sumo Pontífice de su propia religión que se articuló en torno al proyecto político-económico-militar denominado “Pax Romana”, el Augusto sometió todos los países de su imperio prometiéndoles a cambio de su fidelidad una gloriosa prosperidad.</p>
<p><em><strong>El censo: una acción de sometimiento</strong></em></p>
<p>Para asegurar sus ingresos administró un sistema de impuestos (sin impuestos un gobierno no tiene como sostenerse) basado y justificado por el vasallaje. Es aquí donde entra el evento del “Censo”: la estadística de los miembros de su imperio, con el inventario preciso de sus bienes, actividades comerciales y rentas, le permite establecer un sistema de control de los ingresos de las arcas imperiales. Todos los bienes de los países conquistados se consideran propiedad personal del emperador. Los “censos” empeoraban las exigencias y agravaban la dominación. Es por eso que los “censos” no eran bien vistos.</p>
<p>El “decreto” imperial (en griego “dogma”) por medio del cual se ordena la realización de un censo parece decir que abarca todos los habitantes del imperio: “<strong>ordenando que se empadronasen todos los habitantes del mundo</strong>” (=el “mundo habitado”, que es la manera como se autodenomina el Imperio). Aunque un censo de estas proporciones parece improbable, Lucas nos lo cuenta para que podamos captar cómo andaban las cosas en ese tiempo: ¡La tierra de Dios, sometida a un patrón extranjero!</p>
<p><strong>1.2. Quirino: un gobernador romano prestigioso pero discutido</strong></p>
<p>La repetición de la palabra “censo” (2,1.3.5) le va dando el hilo a la primera parte de la historia. Ahora, en segunda instancia, aparece el realizador del censo en la provincia romana de Siria: Cirino. Se dice que “<strong>Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino</strong>” (2,2).</p>
<p>Esta provincia romana de “<strong>Siria</strong>” (desde el año 64 aC y con Antioquía como capital) incluía dentro de sus territorios a Judea (territorio éste que después del año 70 dC tendrá autonomía como provincia romana), aunque mientras tanto se le permitía una administración propia (ver 3,1).</p>
<p>Cirino (en latín “Quirinus”, más exactamente: “Publius Sulpicius Quirinus”) es presentado como “<strong>gobernador</strong>” (en el sentido estricto de “Legatus Augusti pro Pretore”). Las provincias senatoriales eran gobernadas por procónsules, pero las imperiales, que tenían un fuerte control militar, tenían gobernadores.</p>
<p>De él sabemos poco, pero su hoja de vida reporta esto: durante doce años estuvo a la cabeza de una banda de bandidos en las fronteras de Galacia; después de comandar una guerra en el norte de África, fue ascendido a cónsul romano en el año 12 aC. Se le conoció como guía y supervisor del joven príncipe Gayo César en Armenia (3-4 dC) y luego como legado de Siria entre el 6-9 dC. Murió en torno al año 21 dC (Anales de Tácito 3,48).</p>
<p>El censo cuya realización debía garantizar la autoridad de Cirino parece que no fue el único (“<strong>Este primer empadronamiento…</strong>”). No se duda de la historicidad (lo confirma el “Lapis Venetus”; CIL 3 Suplemento No.6687), pero puesto que las fechas del censo no parecen coincidir con las del nacimiento de Jesús, se ha tenido que acudir a diversas hipótesis.</p>
<p>Según Lucas, como consecuencia del decreto, “todos” debían viajar a sus propias ciudades. Se sabe que esto se hacía con mayor razón si las personas tenían propiedades en otro lugar. Este deber de ir a la propia ciudad, en el territorio patrio, se aplicaba a los pueblos conquistados; un signo más de dominación.</p>
<p><strong>1.3. En consecuencia: las tres dimensiones del escenario</strong></p>
<p>Las coordenadas geográficas, históricas y teológicas quedan establecidas.</p>
<p>Los datos iniciales no están puestos solamente por satisfacer la curiosidad académica, éstos intentan conectar la historia del nacimiento de Jesús con la historia mundial: Jesús nace en un contexto, en un tiempo y en medio de unas circunstancias políticas concretas. Además, como lo muestra una y otra vez la Biblia, Dios se puede valer del “hágase esto” de un gobernante terreno para llevar a cabo propósitos superiores más importantes. Sin quererlo, el mandato imperial termina siendo la causa del nacimiento de Jesús en el lugar que lo acreditaría como legítimo Mesías, descendiente de otro rey, uno de quien la proclamación de su “Señorío” relativizará el supuesto “señorío” –su título y la estrategia político religiosa que fundamenta su poder– del emperador terreno. Además, el emperador romano que era considerado y exaltado por todos como “portador de la paz”, será contrapuesto a aquel que trae la verdadera paz de Dios. Entonces, hay mucho más que una simple ubicación en el tiempo y en el espacio, ya que no se trata solamente de un evento mundial que influye en las circunstancias del nacimiento de Jesús sino del anuncio de que este nacimiento de Jesús tiene también incidencia mundial. El proyecto de Dios subvertirá el del emperador que acaba de entrar en el escenario con su gesto de afirmación de su poder absoluto.</p>
<h2>2. El nacimiento de Jesús (2,4-7)</h2>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/nic3b1o-jesus.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-690" title="niño-jesus" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/nic3b1o-jesus.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<blockquote><p>4Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, 5para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. 6Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, 7y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.</p></blockquote>
<p>En el enclave histórico descrito, ahora sí entran los personajes implicados directamente en la Navidad: José, María y Jesús.</p>
<p>José aparece como un hombre que cumple la ley, no participa en la rebeldía de los zelotas contra Roma. En obediencia al edicto emprende viaje desde Galilea hasta la montaña de Judea (“<strong>sube</strong>”). El motivo: su pertenencia “<strong>a la casa y la familia de David</strong>” (dato que había sido anticipado en 1,27). El viaje atravesando el país de norte a sur no fue corto: Belén estaba en ese entonces a unos 7 kilómetros de Jerusalén y a 144 kilómetros de Nazaret. Es decir que el trayecto hasta Belén debió emplear al menos tres días.</p>
<p>Nos encontramos de repente en Belén. Su nombre tenía como etimología popular “casa de pan”. Fue el lugar donde David nació y donde según Miqueas 5,2 el Mesías debía nacer. Jesús, quien gracias a José se inserta en la descendencia de David, nacerá por esta eventualidad histórica en la ciudad de David, lo cual le concede a Jesús las credenciales de Mesías.</p>
<p>María, por su parte, es presentada como “esposa” (o “prometida en matrimonio”) de José. Se deja entender que ella estaba viviendo con él, aunque el matrimonio no hubiera sido consumado todavía (ver Mt 1,25). El viaje de una mujer en avanzado estado de gravidez ciertamente era riesgoso tanto para la madre como para el niño.</p>
<p>Justo al llegar a Belén se completan las semanas para la hora del parto (ver 1,6).</p>
<p>Jesús viene al mundo en calidad de hijo “primogénito” de María (Pablo lo subrayará en Romanos 8,29 y Colosenses 1,15). De esta manera se pone de relieve la dignidad particular de este niño y se comprende mejor por qué es consagrado a Dios con especial solemnidad en el Templo (ver 2,22-24; poniendo en práctica Ex 13,12; 34,19). Nace el “Hijo” anunciado por el Ángel Gabriel en 1,31-33, al cual le cabían tantos títulos.</p>
<p>Este destaque de la dignidad divina del Hijo hace ver más el contraste, ya de por sí sorprendente, con la descripción de las circunstancias del nacimiento.</p>
<p>Jesús nace como todos los niños del mundo y es atendido como tal. Pero Lucas se detiene en dos detalles de las acciones que realiza la madre:</p>
<p>(1) <em><strong>“Le envolvió en pañales”</strong></em></p>
<p>Era habitual en los tiempos bíblicos que el pañal consistiera en una gran tira de tela angosta y que los niños fueron envueltos en ellas para mantener sus miembros estirados.</p>
<p>Con el profeta Ezequiel comprendemos que los primeros cuidados que se tenían con un recién nacido era: cortar el cordón, lavar con agua, frotar con sal y, finalmente, envolver en pañales (ver Ez 16,6). Colocar el pañal permanecerá como el símbolo de todos los cuidados. Como dice el libro de la Sabiduría:</p>
<blockquote><p>“Al nacer, también yo respiré el aire común, caí en la tierra que a todos nos recibe y mi primera voz, como la de todos, fue el llanto. Me crié entre pañales y cuidados” (7,3-4).</p></blockquote>
<p>Un detalle tan sencillo se convertirá en el signo del reconocimiento del Mesías (ver 2,12). Lo que se quiere decir es que se trata de un recién nacido: un ser humano en la máxima fragilidad. ¿Será este un verdadero “signo” cuando podía haber tantos otros niños recién nacidos?</p>
<p>(2) <em><strong>“Lo acostó en un pesebre”</strong></em></p>
<p>Lo que sí no es común es que haya sido recostado en un pesebre.</p>
<p>Un “pesebre” era el comedero de los animales, un espacio inapropiado para un recién nacido.</p>
<p>La tradición ha visto en torno a Jesús recién nacido algunos animales. Aquí no se menciona la presencia de animales, si bien no es improbable. La presencia de los animales fue insertada en esta historia de Navidad a partir de las citas de Isaías 1,3: “<strong>conoce el buey a su dueño, y el asno al pesebre de su amo / Israel no conoce, mi pueblo no discierne</strong>”. Los animales irracionales cuestionan nuestra incomprensión –voluntaria o no- del misterio.</p>
<p>El hecho es que Jesús no encontró espacio para él en la sociedad humana en los primeros instantes de su estancia en la tierra, excepto los brazos amorosos de su mamá. Esta será la condición de vida de Jesús: “<strong>Las zorras tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tienen donde reclinar la cabeza</strong>” (9,58).</p>
<p>En cualquier caso no había un cuarto privado disponible para el nacimiento y María y su niño fueron privados del más mínimo confort. Desde el siglo II dC proviene una tradición que sitúa el nacimiento de Jesús en una cueva (así el Proto-evangelio de Santiago18-19; Justino; Orígenes). Por esta razón el emperador Constantino hizo elevar una basílica en Belén sobre una cueva (actual basílica de la Natividad). Pero el NT no habla de cueva. Si bien las cuevas son muchas veces utilizadas para acomodar animales, por eso se procuraba construir casas cerca para aprovecharlas con este propósito. De todas maneras la tradición de la gruta no invalida lo dicho sobre el pesebre.</p>
<p><strong>Los dos gestos forman una unidad</strong></p>
<p>El nacimiento de Jesús sucede en la extrema pobreza. Paradójicamente, quien viene a salvar al mundo aparece ante el mundo como un necesitado de ayuda, de cercanía y de valoración. Serán precisamente los humildes del pueblo los primeros que lo comprenderán y le ofrecerán el espacio humano requerido. Por lo pronto, el Mesías que no recibió la digna recepción de la sociedad humana solamente cuenta con los cuidados tiernos de la madre, esos gestos que generalmente no ven o en los que pocos reparan, pero que rápidamente se olvidan. Es el lenguaje mundo del amor que no todos entienden.</p>
<h2>3. El relato de los pastores (8-20)</h2>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/feliz_navidad.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-694" title="feliz_navidad" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/feliz_navidad.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Justo cuando se ha dicho que el nacimiento de Jesús ocurre en bajas circunstancias, entran en el escenario los pastores, lo representantes del pueblo humilde y despreciado de la tierra. La nota de rechazo preanunciada en el espacio digno que no encuentra el Mesías al nacer, es equilibrado ahora por la de la acogida simple pero sincera del pueblo ordinario, humilde y necesitado que recibe la revelación divina y le responde con su visita y su adoración. Ellos son escogidos como testigos privilegiados del nacimiento de Jesús.</p>
<p><em><strong>3.1. El anuncio (2,8-15)</strong></em></p>
<p>Hay una iniciativa de Dios. Es él quien escoge comenzar la evangelización por este lado de la sociedad: “<strong>Había en la misma comarca unos pastores&#8230;</strong>” (2,8).</p>
<p><em>(1) Los pastores</em></p>
<p>No ha faltado quien ha dicho que podría tratarse de los propietarios del lugar donde estaba el pesebre. Esto es posible puesto que los pastores sabían dónde estaba el pesebre, pero Lucas no nos dice nada al respecto.</p>
<p>Lo que sí parece más claro es por qué son escogidos: por pertenecer al estrato más bajo de la sociedad. Si es verdad que en la poesía helenista los pastores representan el ideal del mundo paradisíaco, en general eran mal vistos por el pueblo: algunos los consideraban maleducados y ladrones.</p>
<p>Una serie de datos nos da Lucas en 2,8:</p>
<ul>
<li>Ellos estaban “<strong>en la misma comarca</strong>”, o sea en los alrededores de Belén.</li>
<li>“<strong>Dormían al raso…</strong>” (2,8), es decir, estaban afuera, a la intemperie y el cielo abierto era su dormitorio. Esto sucedía sobre todo entre los meses de Abril y Noviembre, cuando las condiciones climáticas lo permitían.</li>
<li>“<strong>Vigilaban por turno durante la noche su rebaño</strong>”. Este era el comportamiento habitual. Existían cooperativas de pastores, lo cual les permitía establecer turnos entre sí para cuidar de los ladrones y los animales salvajes los rebaños de todos en el redil, en cuanto los demás descansaban.</li>
</ul>
<p><em>(2) La aparición del Ángel del Señor (2,9-12)</em></p>
<blockquote><p>“9Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. 10El ángel les dijo:<br />
&#8220;No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: 11os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; 12y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre&#8221;”.</p></blockquote>
<p>El Ángel aparece repentinamente y se aproxima. La ambientación nocturna pone de relieve la irradiación de la “<strong>luz</strong>” de “<strong>la gloria del Señor</strong>”, la cual es signo de la presencia divina (ver 9,34; Hechos 12,7). La irradiación de “gloria” parece provenir del mismo Ángel.</p>
<p>La reacción inmediata es el “<strong>temor</strong>” (ver 1,12-13), la cual es adecuada para el evento porque es una manera de expresar que reconocen estar ante el mismo Dios.</p>
<p>El Ángel entonces hace el anuncio.</p>
<h3>Primera parte: del temor a la alegría (2,10)</h3>
<p><em><strong>“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo”</strong></em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/3_angel-shepherds.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-701" title="3_angel-shepherds" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/3_angel-shepherds.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>El mandato a “no temer” va acompañado de la razón: él es portador de buenas noticias que serán causa de alegría. Por lo tanto, la conciencia de estar en la presencia de Dios (“temor”) los debe llevar más bien a escrutar en el momento histórico presente los signos concretos de su novedosa presencia. La “<strong>alegría</strong>” que van experimentar es un signo de salvación, de plenitud de vida: saldrán de la tristeza, del abandono, de la marginación, de la desgracia y verán coronados sus sueños. Ellos aparecen como los primeros destinatarios, pero Dios está pensando en “<strong>todo el pueblo</strong>”. Ya no habrá más exclusiones (ver cómo el evangelio va tratando el tema: 1,10; 2,31; 3,21; 7,29; 8,47; 9,13; 18,43; 19,48; 20,6.45; 21,38; 24,19). El nacimiento beneficiará a todos los que escuchen esta noticia sobre Jesús. Esta forma de hacer el anuncio del nacimiento de Jesús tiene un gran parecido con la manera como se anunciaba el nacimiento del emperador: “<em>el día del nacimiento del dios fue el comienzo para el mundo de las buenas noticias debidas a él</em>” (Inscripción Priene, 9 dC aprox.; OGIS 458). La contraposición entre el “Augusto” y Jesús, a quien ahora se le van a dar sus títulos, es clara.</p>
<h3>Segunda parte: el contenido de la Buena noticia y razón de la alegría (2,11)</h3>
<p><em><strong>“Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor”</strong></em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/pastores_belen.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-698" title="pastores_belen" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/pastores_belen.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Se anuncia del “<strong>hoy</strong>” de la salvación en el acontecimiento presente, en un hecho histórico concreto como lo es un nacimiento. El sello mesiánico no falta: “<strong>en la ciudad de David</strong>”, como profetizó Miqueas: “<strong>Y tú Belén de Éfrata…</strong>” (5,1).</p>
<p>El Mesías que ha nacido recibe dos títulos:</p>
<p><span style="text-decoration:underline;"><strong>“Salvador”</strong></span>. Es un atributo divino. Por tanto se anuncia que Dios viene en ayuda de su pueblo a través de Jesús. Zacarías nos había preparado con su cántico para este glorioso momento (ver 1,69.71.77), ahora es una realidad.</p>
<p>El hecho que este término también se le aplicara al emperador romano y a otros gobernantes helenistas, que fuera corriente en algunos movimientos religiosos de la época (el culto de Esculapio, por ejemplo), señala inmediatamente el contraste con las instituciones políticas y religiosas del momento, las cuales dicen pero no ofrecen la salvación.</p>
<p><span style="text-decoration:underline;"><strong>“Cristo Señor”</strong></span>. ¿Qué categoría tiene este “salvador”? El salvador es visto como el “Mesías-Yahvé”, su intervención en la historia es una manifestación de Dios. Esto es tan importante que el mismo Pedro luego confesará su fe reconociéndolo como “<strong>Cristo de Dios</strong>” (9,20).</p>
<p>El término “<strong>Cristo</strong>” significa “ungido”, “destinado para una misión”. Porque proviene de Dios, Jesús es un “ungido de Dios” y es “rey” (ver 23,2). Ya desde la anunciación se había hecho la proclamación: “<strong>El Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará por siempre sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin</strong>” (1,32-33). Cuando llegue la hora la pasión Jesús no negará su realeza (22,30.67-69) y mostrará cómo ejerce esta realeza respondiendo a la oración del bandido: “<strong>Acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino</strong>” (13,42)</p>
<h3>Tercera parte: el signo de la verdad del mensaje (2,12)</h3>
<p><em><strong>“Y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”</strong></em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/2124722726_4bedb58be1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-700" title="2124722726_4bedb58be1" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/2124722726_4bedb58be1.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>Finalmente el Ángel le da a los pastores una señal que confirma la verdad del mensaje (como ocurre en el Antiguo Testamento; por ejemplo: Ex 3,2; 1 Sm 2,34; Is 37,30). El propósito no es sólo identificar al niño diciendo dónde se encuentra (ver Mt 2,9) sino también de esta manera autenticar la proclamación mesiánica. La señal es que los pastores encontrarán un niño recién nacido y acostado en un pesebre. El propósito no tanto identificar dónde se encuentra el niño sino en su reconocimiento como Mesías: el Mesías prometido será encontrado en las más humildes y bajas condiciones que desdicen de su dignidad. Esta paradoja no es normal.</p>
<p><em>(3) La alabanza celestial (2,13-14)</em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/gloria.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-702" title="gloria" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/gloria.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<blockquote><p>“13Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: 14‟Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace‟”.</p></blockquote>
<p>Los signos siguen. Enseguida aparece un signo del cielo: al Ángel del Señor es acompañado por los ejércitos celestiales. Casi una parada militar celebrativa, pero del cielo; o más exactamente una solemne liturgia que se percibe desde la tierra, una vez que los cielos han sido abiertos.</p>
<p>Los pastores tienen ante sus ojos una manifestación (decimos “una teofanía”) del Reinado de Dios: un evento digno del nacimiento del Rey. De esta forma la “gloria del Señor” que comenzó a manifestarse con el Ángel, llega a su momento apoteósico.</p>
<p>El canto celestial, que es ante todo un himno de alabanza dirigido a Dios, tiene dos líneas que se complementan entre sí.</p>
<ul>
<li>Glorifica a Dios en el cielo, donde él habita (ver 1,78). Dios ha dejado ver su majestad y los ángeles la celebran proclamando que sólo a él le pertenece. Esta se ha revelado en la venida de su Hijo.</li>
<li>El efecto en la tierra es la paz. Aquí la paz es un don de salvación. En el relato anterior Zacarías había dicho: “<strong>Para guiar nuestros pasos por el camino de la paz</strong>” (1,79). La venida del Mesías tiene un efecto social (ver Isaías 9,5-6; Miqueas 5,4), gracias a él se entabla una nueva situación de paz entre Dios y los hombres, de cual se derivan muchas bendiciones.</li>
</ul>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/lgpp30963an-angel-proclaiming-glory-to-god-peace-on-earth-angel-1904-poster.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-703" title="lgpp30963+an-angel-proclaiming-glory-to-god-peace-on-earth-angel-1904-poster" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/lgpp30963an-angel-proclaiming-glory-to-god-peace-on-earth-angel-1904-poster.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>El don de la paz es para los hombres amados por Él. Es una acción que proviene del beneplácito de Dios, de su condescendencia (como cuando Jesús dice en una oración: “<strong>Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito</strong>”, 10,21). Dios escoge libremente a los que salva. Es decir, que la salvación no depende nuestros méritos humanos sino de la amorosa y gratuita iniciativa de Dios.</p>
<p><em>(4) La reacción de los pastores (2,15)</em></p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/pastores41.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-704" title="pastores4[1]" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/pastores41.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<blockquote><p>15Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: „Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado‟”</p></blockquote>
<p>Los ángeles regresan a la morada de Dios, el cielo. La luminosa escena acaba y se escucha ahora solamente la voz de los pastores que toman la decisión de ir a Jerusalén.</p>
<p>Ellos van a ver “<strong>lo que ha sucedido</strong>” (literalmente: “el evento que ha sucedido”; ver 1,37) y se les dio a conocer en primer lugar. Dios no ha tenido secreto con ellos.</p>
<p><strong>3.2. La visita al pesebre (2,16-20)</strong></p>
<p>Parece ser ya una constante bíblica: así como María después de la anunciación “va de prisa” (1,39) donde Isabel a ver el signo anunciado (una anciana estéril embarazada; 1,36), también los pastores “fueron a toda prisa” (2,16ª) a verificar el nuevo anuncio del Ángel del Señor.</p>
<p>La búsqueda tiene éxito: <strong>“encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre</strong>” (2,16bc).</p>
<p>Los pastores parecen encontrar otras personas del vecindario (hay un plural genérico). El evangelista entonces nos describe tres reacciones frente al acontecimiento:</p>
<p><img class="aligncenter" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/nacimientodejesus.jpg?w=800&#038;h=361" alt="" width="800" height="361" /></p>
<p>(1) Los oyentes: la admiración ante la revelación</p>
<p>Los que están allí presentes (“<strong>todos los que lo oyeron</strong>”, 2,18ª): se llenan de admiración: “<strong>se maravillaban de lo que los pastores decían</strong>” (2,18b). Estas reacciones que parten del pesebre continuarán a lo largo del evangelio (ver 2,33; 8,25; 11,14). Con esta reacción dejan entender que están ante una revelación.</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/virgen-maria-nacimiento-de-jesus-101.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-705" title="Virgen-Maria-Nacimiento-de-Jesus-101" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/virgen-maria-nacimiento-de-jesus-101.jpg?w=620" alt=""   /></a></p>
<p>(2) María: el silencio que medita</p>
<p>“María”, por su parte ve la situación desde un punto de vista más profundo: “<strong>guardaba todas estas cosas</strong>” (2,19ª). En contraste las reacciones de admiración en la algarabía de los presentes ante el pesebre, el silencio de María presiona en otra dirección: ella penetra el sentido de lo que ha sucedido. Precisamente ella, a quien se le había anunciado la gran dignidad de su Hijo nueve meses atrás, ahora, después de largo adviento, lo tiene ante sus ojos. Ella sostiene una tensión mental, afectiva y espiritual hacia Jesús; se vuelva sobre él.</p>
<p>También “<strong>las meditaba en su corazón</strong>” (2,19b). La serenidad espiritual es importante y básica, pero los eventos tienen que ser ponderados con inteligencia y sensatez (ver Hch 4,15; 17,18). María intenta captar la unidad de los acontecimientos para captar su significado correcto.</p>
<p>Un ejemplo de lo que ahora María hace nos lo da la escena del nacimiento de Juan. Allí se dice que todos los que oían las noticias “<strong>las grababan en su corazón</strong>” (1,66ª). Para ello se preguntaban: “<strong>¿Qué será de este niño?</strong>” (1,66b)</p>
<p><a href="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/adoracion-de-los-pastores-balestra.jpg"><img class="aligncenter" title="adoracion-de-los-pastores-balestra" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/adoracion-de-los-pastores-balestra.jpg?w=620&#038;h=270" alt="" width="620" height="270" /></a></p>
<p>(3) Los pastores: la alabanza</p>
<p>Tres etapas se completan: la admiración de los oyentes, la profundización de María y finalmente la celebración de los pastores.<br />
Los pastores no regresan a sus casas de la misma manera, lo hacen “g<strong>lorificando y alabando a Dios</strong>” (2,20ª; otra constante del Evangelio: 4,15; 5,25s; 7,16; 13,13; 17,15; 18,43; 23,47).</p>
<p>La celebración no parte de simples sentimientos sino de la conexión entre las palabras del anuncio y la realidad de su cumplimiento: palabra y vida se han dado la mano.</p>
<p>Fue la escucha de las palabras que provenían de lo alto las que les permitieron captar el profundo significado, la gran dignidad de un nacimiento que, si no hubiera sido por ello, habría pasado desapercibido. El evangelio de la Navidad termina en fiesta. De la misma manera veremos concluir este evangelio: “<strong>Volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios</strong>” (24,53).</p>
<p>La última acción de los pastores es su canto, un canto que expresa que han comprendido lo que los sabios del mundo tuvieron dificultad para entender. Parecen anticiparse las palabras de Jesús: “<strong>Padre… has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños… tal ha sido tu beneplácito</strong>” (10,21).</p>
<p>La última actitud de los pastores es una nueva y prolongada mirada hacia Dios. El encuentro con el recién nacido en Belén, el más humilde de todos los nacidos en la tierra, remite a lo más alto en los cielos, de dónde proviene toda gloria y bendición.</p>
<p>Se ha manifestado para el mundo el proyecto salvador de Dios. No hay justificación para que haya ningún tipo de ruina en ningún lugar del planeta. Dios ama el mundo que creó y aquí está para probarlo.</p>
<p>Entre tanto, en medio del bullicio de la fiesta, María permanece ahí en su contemplación, dándole una profunda tensión espiritual a los eventos que rodean la navidad de Jesús. Como bien la retrató san Juan de la Cruz:</p>
<p style="text-align:center;"><em>“Y la Madre estaba en pasmo que el tal trueque veía: el llanto del hombre en Dios, y en el hombre la alegría; lo cual de el uno y de el otro tan ajeno ser solía” (San Juan de la Cruz)</em></p>
<p style="text-align:center;"><em>“El estado de infancia que el Hijo de Dios asumió sin considerarlo indigno de su majestad, se fue desarrollando con la edad, hasta llegar al estado del hombre perfecto y, una vez consumado el triunfo de su pasión y resurrección, pasaron todas las acciones que eran propias de su estado de aniquilamiento, que el Señor aceptó por amor a nosotros. Y, con todo, la fiesta de hoy renueva para nosotros el sagrado inicio de la vida de Jesús, nacido de la Virgen María. Y en cuanto adoramos el nacimiento de nuestro salvador, celebramos también nuestro propio inicio. Efectivamente, la generación de Cristo es el origen del pueblo cristiano: la Navidad de la cabeza es también la Navidad del Cuerpo. Aunque cada uno sea llamado por su vez y todos los hijos de la Iglesia se diferencien en la sucesión de los tiempos, con todo, la totalidad de los fieles, nacida en la fuente del bautismo, así como fue crucificada con Cristo en su Pasión, resucitada en su resurrección, colocada a su derecha del Padre en su ascensión, así también nació con Él en esta Navidad”. (San León Magno)</em></p>
<h2>Anexo 1: Pistas sobre las otras lecturas</h2>
<p>Sumario: El pueblo que caminaba en tinieblas vio el surgimiento de una luz grande, dice el profeta Isaías. Los pastores en la noche de Navidad ven esta luz. La gracia de Dios se manifiesta para la salvación de todos los hombres. En la persona de Jesús, Dios le da la paz al mundo. Dejémonos iluminar por la revelación de este misterio divino. En esta noche iluminada (primera lectura), la liturgia nos ofrece un “bouquet” de buenas noticias: fiesta y luz, paz y gozo, gloria y salvación, amor y felicidad nos son ofrecidos como regalos. Los que esta noche nos intercambiamos intentarán significarlos.</p>
<p><strong>Primera lectura: Isaías 9,1-6</strong></p>
<p>Isaías se dirige a un pueblo apesadumbrado que “<strong>camina en tinieblas</strong>”.</p>
<p>Un enemigo avanza hacia él. Entonces el profeta anuncia una esperanza: a las tinieblas les contrapone la luz, a la tristeza la alegría; los signos de la opresión desaparecerán: el yugo, el bastón, el látigo, las botas militares de los enemigos.</p>
<p>La liberación se logrará gracias a una intervención de Dios, así como en otras ocasiones: como “<strong>en el día de la victoria sobre Madián</strong>”. Esta alusión nos remite al libro de los Jueces, donde Gedeón venció al enemigo con la ayuda de Dios.</p>
<p>Luego Isaías anuncia una nueva intervención de Dios: Él le da al pueblo un nuevo rey. Será como el amanecer que disipa las tinieblas. Al ser entronizado como rey, se convertirá en hijo adoptivo de Dios. Enseguida se enumeran los calificativos del nuevo rey, que son otros tantos calificativos de Dios:</p>
<ol>
<li>Dios es un <strong>maravilloso consejero</strong>. Teniendo el poder de definir los proyectos que se realizarán, él le da consejos al rey.</li>
<li>Dios es <strong>fuerte</strong>: dispone del poder absoluto sobre el mundo y sobre la humanidad. Él le transmite esta fuerza al rey.</li>
<li>Dios es el<strong> Padre de todos los hombres</strong>, los ha creado a su imagen. Él le delega su poder paternal al rey.</li>
<li>Dios <strong>hace reinar la paz</strong>. Él invita al rey a hacer lo mismo y lo constituye “príncipe de la paz”. Pero la paz no se establecerá de forma duradera si no se apoya sobre el derecho y la justicia.</li>
</ol>
<p>Con el nacimiento de Jesús, los cristianos celebramos la llegada del nuevo rey, el Príncipe de la Paz. En el niño del pesebre, contemplamos “¡lo que hizo el amor invencible del Señor del universo!”.</p>
<p><strong>Salmo responsorial: Salmo 95</strong></p>
<p>Este Salmo real (“del rey”) canta el reinar de Dios.</p>
<p>En la primera estrofa el orante se dirige en primer lugar a la tierra para ella bendiga el nombre de Dios: “Cantad al Señor, tierra entera”. Después se dirige hacia el pueblo de Dios para que proclame a todas las naciones las maravillas de Dios: “de día en día, proclamad su salvación”.</p>
<p>El rol del pueblo de Dios es el de testimoniar entre las naciones las obras poderosas de Dios. Sin él, las naciones paganas no conocerán la salvación de Dios.</p>
<p>Viene entonces el momento sublime. El canto es amplio: abraza a todo el cosmos, asociando la tierra con el cielo, el mar con los campos. La naturaleza está en fiesta y los árboles se ponen a danzar. El “<strong>canto nuevo</strong>” celebra un acontecimiento extraordinario: la venida de Dios.</p>
<p>Este Salmo prolonga la profecía de Isaías y anuncia el mensaje angelical de la noche de la Navidad: Dios vino para gobernar al mundo con justicia. Esta venida se concreta en la venida del niño que es recostado en el pesebre.</p>
<p><strong>Segunda lectura: Tito 2,11-14</strong></p>
<p>La “<strong>gracia</strong>” es una palabra bíblica con honda significación. Evoca el favor, la condescendencia gratuita, el don generoso de Dios.</p>
<p>Esta “<strong>gracia</strong>”, que Dios le concede a todo hombre, se ha manifestado en el don que nos ha hecho en la persona de Jesús. Por su parte, Jesús, prosiguiendo el don inaugurado por el Padre, se “ha dado a sí mismo por nosotros”.</p>
<p>El perdón, que no es sino otro nombre de la gracia, tiene la capacidad de renovar el corazón, de purificarlo radicalmente y de hacernos “<strong>su pueblo</strong>”, el pueblo que Él reúne y que, como su Señor, actúa en bien de todos.</p>
<h2>Anexo 2 Para quienes animan la celebración dominical</h2>
<p>I</p>
<p>El tiempo de la Navidad comienza en la tarde del 24 de Diciembre, con la Misa de la Vigilia, y se prolonga hasta la Solemnidad del Bautismo del Señor.</p>
<p>II</p>
<p>Aunque la Misa de la Vigilia tradicionalmente es poco valorada (generalmente se le da más importancia a la « Misa de Medianoche » o «Misa de gallo »), conviene celebrarla allí donde se celebra la misa vespertina por la tare. Para el día de la Navidad se prevén tres Misas (de la Media noche, de la Aurora y del Día). Cada una tiene sus oraciones y lecturas propias. Con relación a las lecturas, la rúbrica del Leccionario permite alguna libertad de escogencia entre las propuestas. Con todo, no hay que omitir en la Misa de Media Noche el tradicional relato de la Natividad según san Lucas, ni tampoco, en la Misa principal del día.</p>
<p><a href='http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2011/12/la-bella-historia-de-la-navidad.pdf'><img class="alignleft size-full wp-image-322" title="descarga" src="http://fuenteycumbre.files.wordpress.com/2010/11/docdown.png?w=620" alt=""   /> La bella historia de la Navidad</a></p>
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		<title>Misa de la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 17:43:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
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		<description><![CDATA[Misa de la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo. En la Eucaristía -que los cristianos repetimos sobre todo el domingo, el día del Señor- se nos hace presente de un modo sacramental y se nos da como alimento el mismo Jesús que nació en Belén hace veinte siglos, y el mismo Jesús que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=678&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h1>Misa de la solemnidad de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.</h1>
<p>En la Eucaristía -que los cristianos repetimos sobre todo el domingo, el día del Señor- se nos hace presente de un modo sacramental y se nos da como alimento el mismo Jesús que nació en Belén hace veinte siglos, y el mismo Jesús que vendrá al final de los tiempos como Señor Glorioso y Juez de la historia. En cada Eucaristía entramos en comunión con Él. Cada Eucaristía es como la Navidad, la Pascua y la Venida final, condensadas para nosotros, con toda la gracia y la salvación que el Hijo de Dios ha querido traer a nuestras vidas.<span id="more-678"></span><br />
<strong>1. </strong><strong>Oración:</strong><br />
Dios, Padre Nuestro, que en Jesús nos has dado tu Palabra, hecha carne y sangre, fuerza y ternura, muerte y resurrección; te pedimos nos des la fuerza necesaria para seguir sus pasos por el camino que él nos trazó para llegar hasta ti, abrazando en nuestro caminar hacia ti a todos los hermanos y hermanas. Por Jesucristo Nuestro Señor.</p>
<h3>2. Textos y comentario</h3>
<p><strong>2.1.</strong><strong>Lectura del libro de Isaías 52,7-10</strong><br />
<strong>¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.</strong><br />
El pueblo de Israel ha experimentado en propia carne la llaga mortal del exilio. Se hace necesaria una mano amiga que ayude algo, que levante el ánimo del creyente que flaquea. Eso es lo que pretende el II Isaías. En este pasaje tenemos un himno de entronización en honor de Jerusalén: se acoge con júbilo al mensajero que trae la buena noticia de la liberación, del decreto de repatriación.<br />
La realeza de Dios es el gran mensaje de salvación que trae el mensajero (cf 40, 9-10) y que los primeros testigos, los montes, escuchan para proclamarlo a una con el mensajero. No es un mensaje orgulloso, como los de antes del exilio, sino sencillo, que promete días de ventura en el camino de la alianza.<br />
Los vigías son los segundos testigos del gran acontecimiento que lo ven de forma muy real, casi lo tocan, ya que &#8220;ven cara a cara al Señor&#8221;. El Dios que se había alejado del pueblo, que lo había &#8220;entregado&#8217; al desastre, vuelve otra vez. Su gloria aparece revoloteando de nuevo sobre el santuario (cf Ez 43, 1-5). Mensaje de alegría para un pueblo abatido y sin horizontes: ¡Dios vuelve! Mensaje para el que se siente desanimado: ¡Dios sigue entre los que creen! El tercer testigo son las ruinas de Jerusalén. La ciudad sin futuro, las ruinas asoladas, la ciudad medio desierta y el templo abatido van a tener un restaurador (cf Is 62, 6-7). El que cree en el mensaje piensa que la restauración de una sociedad en ruinas es posible. Mensaje para el creyente de hoy. Este himno de acción de gracias resonará en otras páginas del AT (cf Sal 97, responsorial), en las que el triunfo de Dios aparece como una activa esperanza. Quien escucha este himno se ve animado a una seria colaboración con el Dios que actúa en la historia y se preocupa del hombre.<br />
2.2.<strong>Salmo responsorial Sal 9 7, 1. 2-3ab. 3cd~4. 5-6 (v.: 3c)</strong><br />
<strong>Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.</strong><br />
<em>Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.</em><br />
<em>El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.</em><br />
<em>Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.</em><br />
<em>Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.</em></p>
<p>Creo en tu victoria, Señor, como si ya hubiera llegado, y lucho por ella en el campo de batalla como si aun hubiera que ganarla con tu poder y mi esfuerzo a tu lado. Esa es la paradoja de mi vida: tensión a veces, y certeza siempre. Tú has proclamado tu victoria ante el mundo entero, y yo creo en tu palabra con confianza absoluta, contra todo ataque y toda duda. Tú eres el Señor, y tuya es la victoria. Sin embargo, Señor, tu tan anunciada victoria no se deja ver todavía, y mi fe está a prueba. Ese es mi tormento.<br />
Proclamo la victoria con los labios y lucho con las manos para que venga. Celebro el triunfo y me esfuerzo por que suceda. Creo en el futuro y sudo en el presente. Me regocijo cuando pienso en el último día y me echo a temblar cuando me enfrento a la tarea del día de hoy. Sé que pertenezco a un ejército victorioso, que al final, acabará por derrotar a toda oposición y conquistar todo el mundo; pero caigo en el campo de batalla con sangre en el cuerpo y desencanto en el alma. Soy soldado herido de un ejército triunfador. Mío es el triunfo y mías las heridas. Piensa en mí, Señor, cuando anuncies tus victorias.<br />
Robustece mi fe y abre mis ojos para hacerme ver que tu victoria ya ha llegado, aunque quede velada bajo apariencias humildes que ocultan la gloria de toda realidad celestial mientras seguimos en la tierra. Tu victoria ha llegado porque tú has llegado; tú has andado los caminos del hombre y has hablado su lengua; tú has gustado su miseria y has llevado a cabo su redención; tú has hallado la muerte y has restaurado la vida. Sé todo eso, y ahora quiero hacerlo realidad en mi vida para que yo mismo viva esa fe y todos sean testigos. Hazme gustar la victoria en el alma para que pueda proclamarla con los labios.<br />
Entre tanto, gozo viendo en sueño y profecía la victoria final que te devolverá la tierra entera a ti que la creaste. Entonces todos lo verán y todos entenderán; la humanidad se unirá, y todos los hombres reconocerán tu majestad y aceptarán tu amor. Ese día es ya mío, Señor, en fe y esperanza.</p>
<p><strong>2.3. Lectura de la carta a los Hebreos 19 1-6</strong><br />
<strong>En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.<br />
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo»? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios.»</strong></p>
<p>Dios nos ha hablado por su Hijo.<br />
El autor de la carta a los Hebreos nos presenta la venida de Cristo como un momento privilegiado de la revelación divina a lo largo de la historia. Ha sido él quien ha hablado a lo largo de la historia, muchas veces y de muchas maneras, a los hombres, primero por boca de los profetas, después por la de su propio Hijo.<br />
A esta afirmación fundamental, que tan bien encaja con la celebración de la Navidad, sigue un discurso sobre la naturaleza del Hijo de Dios. Considerado en sí mismo, él es resplandor de la gloria y sello de su mismo ser. El autor utiliza el lenguaje sapiencial del helenismo judío, cuando hablaba de la Sabiduría divina concedida a los hombres (cf. Sa 7,25-26). Él es imagen, icono de Dios. Por medio de estas imágenes trata de expresar lo mismo que Jesús dice a Felipe en el evangelio de Juan: &#8220;Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre&#8221; (14,9). Él es, con el Padre, el creador y el conservador del universo; por medio del cual todo había sido hecho (cf. Jn 1,1-3).<br />
En relación con la obra de salvación que ha realizado con su misterio pascual, Cristo es aquel que ha expiado el pecado de la humanidad (cf. Rm 3,24-25; Ef 1,7; Col 1,13-14), y el que ha sido exaltado por encima de todo (cf. Fl 2,9-11), siendo hijo y heredero por encima de los ángeles (cf. Rrn 8,17; Mt 21,38).<br />
La acción salvífica de Jesús se inscribe, para el autor de la carta a los Hebreos, en la lista de acciones reveladoras de Dios en la historia. Pero no como una de tantas, sino como la principal de todas ellas. Jesús, que nos ha purificado de los pecados (referencia al misterio pascual) es icono de Dios; el hombre Jesús, sentado ahora a la derecha de los ángeles, ha heredado un nombre superior al de los mismos ángeles.</p>
<p>2.4.<strong>Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18</strong><br />
<strong>En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. </strong><br />
<strong>Juan da testimonio de él y grita diciendo: &#8211; «Este es de quien dije: &#8220;El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.&#8221;» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.</strong><br />
<strong>A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. Juan es llamado el águila entre los evangelistas, por la sublimidad de sus escritos, donde Dios nos revela los más altos misterios de lo sobrenatural. En los dos primeros versos el Aguila gira en torno a la eternidad del Hijo (Verbo) en Dios. En el principio: Antes de la creación, de toda eternidad, era ya el Verbo; y estaba con su Padre (14, 10 s.) siendo Dios como El. Es el Hijo Unigénito, igual al Padre, consubstancial al Padre, coeterno con El, omnipotente, omnisciente, infinitamente bueno, misericordioso, santo y justo como lo es el Padre, quien todo lo creó por medio de El (v. 3).<br />
5. No la recibieron: Sentido que concuerda con los vv. 9 ss.<br />
6. Apareció un hombre: Juan Bautista. Véase v. 15 y 19 ss.<br />
9. Aquí comienza el evangelista a exponer el misterio de la Encarnación, y la trágica incredulidad de Israel, que no lo conoció cuando vino para ser la luz del mundo (1, 18; 3, 13). Venía: Literalmente: estaba viniendo. Cf. 11, 27.<br />
12. Hijos de Dios: &#8220;El misericordiosísimo Dios de tal modo amó al mundo, que dio a su Hijo Unigénito (3, 16); y el Verbo del Padre Eterno, con aquel mismo único amor divino, asumió de la descendencia de Adán la naturaleza humana, pero inocente y exenta de toda mancha, para que del nuevo y celestial Adán se derivase la gracia del Espíritu Santo a todos los hijos del primer padre&#8221; (Pío XII, Encíclica sobre el Cuerpo Místico).<br />
13. Sino de Dios: Claramente se muestra que esta filiación ha de ser divina (cf. Ef. 1, 5 y nota), mediante un nuevo nacimiento (3, 3 ss.), para que no se creyesen tales por la sola descendencia carnal de Abrahán. Véase 8, 30 &#8211; 59.<br />
14. Se hizo carne: El Verbo que nace eternamente del Padre se dignó nacer, como hombre, de la Virgen María, por voluntad del Padre y obra del Espíritu Santo (Luc. 1, 35). A su primera naturaleza, divina, se añadió la segunda, humana, en la unión hipostática. Pero su Persona siguió siendo una sola: la divina y eterna Persona del Verbo (v. 1). Así se explica el v. 15. Cf. v. 3 s. Vimos su gloria: Los apóstoles vieron la gloria de Dios manifestada en las obras todas de Cristo. Juan, con Pedro y Santiago, vio a Jesús resplandeciente de gloria en el monte de la Transfiguración. Véase Mat. 16, 27 s.; 17, 1 ss.; II Pedr. 1, 16 ss.; Marc. 9, 1 ss.; Luc. 9, 20 ss.<br />
16. Es decir que toda nuestra gracia procede de la Suya, y en El somos colmados, como enseña S. Pablo (Col. 2, 9 s.). Sin El no podemos recibir absolutamente nada de la vida del Padre (15, 1 ss.). Pero con El podemos llegar a una plenitud de vida divina que corresponde a la plenitud de la divinidad que El posee. Cf. II Pedro, 1, 4.<br />
17. La gracia superior a la Ley de Moisés, se nos da gratis por los méritos de Cristo, para nuestra justificación. Tal es el asunto de la Epístola a los Gálatas.<br />
18. Por aquí vemos que todo conocimiento de Dios o sabiduría de Dios, tiene que estar fundado en las palabras reveladas por El, a quien pertenece la iniciativa de darse a conocer, y no en la pura investigación o especulación intelectual del hombre.</p>
<p><strong>3. Oración final: </strong><br />
<strong>¡Gracias, Padre, por tu Hijo!</strong><br />
Él se encarnó para decirnos que tú nos amas,<br />
que quieres que vivamos con perfil de hijos tuyos<br />
y de hermanos entre nosotros.</p>
<p><strong>¡Gracias por María</strong>, la Madre,<br />
que con su docilidad a tu Palabra<br />
fue la Madre y la discípula<br />
que hizo posible la encarnación de tu Verbo!</p>
<p>¡<strong>Gracias por los ángeles que cantaron tu gloria</strong><br />
sobre la gruta de Belén y que anunciaron<br />
a los pastores la buena Nueva del nacimiento de Jesús!<br />
Y ¡gracias, Padre, por los muchos ángeles silenciosos<br />
que hoy siguen, con sus esfuerzos<br />
por la paz y la fraternidad,<br />
anunciando al mundo que es posible ser felices!<br />
Hoy nosotros también cantamos con esperanza y alegría:</p>
<p><strong>¡GLORIA a Dios en el cielo y en la tierra PAZ!</strong><br />
Que el poder de tu Espíritu<br />
siga suscitando profetas valientes,<br />
hombres y mujeres entregados a construir<br />
una sociedad conforme a tu Proyecto de amor.<br />
¡Amén, Padre!</p>
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	</item>
		<item>
		<title>Cuarto domingo de Adviento &#8211; Ciclo B</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 22:54:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Voces de paz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Para la reflexión]]></category>
		<category><![CDATA[Adviento]]></category>
		<category><![CDATA[Ciclo B]]></category>
		<category><![CDATA[Para la preparación]]></category>

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		<description><![CDATA[Domingo IV de adviento ciclo B 1. Oración: Oh Dios, que en otros tiempos, y de muchas formas, hablaste por tus profetas en todos los pueblos y naciones, y que para nosotros, en nuestro hermano Jesús de Nazaret, hiciste brillar tu amor de un modo inefable; haz que a la luz de tu Palabra, diseminada [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=fuenteycumbre.com&amp;blog=8270919&amp;post=676&amp;subd=fuenteycumbre&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><strong>Domingo IV de adviento ciclo B</strong></p>
<p><strong>1.      Oración:</strong><br />
<strong>Oh Dios, que en otros tiempos, y de muchas formas, hablaste por tus profetas en todos los pueblos y naciones, y que para nosotros, en nuestro hermano Jesús de Nazaret, hiciste brillar tu amor de un modo inefable; haz que a la luz de tu Palabra, diseminada por todo el mundo, todas las religiones acojan el don de tu Palabra y la pongan en práctica en la fraternidad-universal que a todos nos has prometido. Tú que vives y haces vivir, amas y haces amar, por los siglos de los siglos. Amén.</strong></p>
<p><strong>Introducción:</strong></p>
<p>Llegamos ya al cuarto domingo de Adviento, próxima ya la celebración de la Navidad. Es tiempo de avivar la esperanza. El Evangelio es el de la anunciación. María es una figura suave, anónima, silenciosa… Y es significativa en el adviento. En la anunciación parece imposible que una virgen conciba sin concurso de varón. Pero ella creyó lo que le dijo el mensajero del Señor. Y creyó precisamente “porque para Dios no hay nada imposible”. A veces sólo esta fe nos permite a los cristianos creen que otro mundo es posible.<br />
<strong>2.      Lecturas y comentario:</strong><br />
<strong>2.1.Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16</strong></p>
<p><strong>Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: – «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.» Natán respondió al rey: – «Ve y haz cuanto piensas, pues el</strong> <strong>Señor está contigo.» Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor: – «Ve y dile a mi siervo David: &#8220;Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido, y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.&#8221;»</strong></p>
<p>El interés principal del relato reside en el último versículo. El resto del pasaje viene a ser como el marco histórico donde las palabras de Dios &#8211; su decisión irrevocable de favorecer a la Casa de David, reciben sentido y vida. Para la mejor inteligencia del texto, léanse también los versículos 12. 14-15; nos ayudarán a comprender mejor la tercera lectura y a relacionarla con la primera. Es, pues, de notar:</p>
<p>1) Religiosidad del rey David: En agradecimiento al Señor de los Ejérci­tos, que le ha ayudado a someter a sus enemigos, ha determinado el piadoso rey edificar a su Dios una Casa, un Templo. La Casa ha de ser amplia, construida con materiales nobles, firme, duradera, perenne; una Casa que desafíe la intemperie de los tiempos; en lo más insigne de la ciudad.</p>
<p>2) Disposición divina: Dios responde a esta buena voluntad del rey con una disposición paralela, pero muy superior. El también ha dispuesto hacer duradera, perenne, firme, para siempre la Casa de David. Ha determinado colocarla en un lugar distinguido, en lo más grande de la historia de la hu­manidad. «Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme eternamente». Así el versículo 16. Pero el v. 14 asegura a sus descendientes: «Yo seré para él padre y él será para mí hijo». De aquí parten principalmente las profecías mesiánicas. La revelación posterior irá apun­tando hacia un Rey, Hijo de Dios (salmos 2 y 110). Se perfila ya claramente la figura del Mesías, Rey descendiente de David.</p>
<p><strong>2.2. Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.</strong></p>
<p><strong>Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.</strong></p>
<p><strong>«Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: &#8220;Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.&#8221;» R.</strong></p>
<p><strong>Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. R.</strong></p>
<p>Salmo real. Un tanto complejo. La primera parte es un himno; la se­gunda, con cierto aire jubiloso, el canto-recuerdo de las disposiciones divinas sobre la casa de David; la tercera y última, una queja o lamentación. La li­turgia toma del himno su primera estrofa y la segunda y tercera de la «disposición» de Dios en favor de David. En esta liturgia no hay lugar para las quejas; todo lo contrario, Dios fiel y misericordioso merece un canto por todas las edades.</p>
<p>Dios ha prometido especial providencia a su «elegido», el «ungido» de Is­rael. Es una promesa estable como estable es el sol. Dios lo declara «hijo» y se deja llamar por él «padre». Esta maravillosa «disposición» apunta al futuro. Y el futuro nos lo revela en Cristo, Ungido hijo de Dios. Cristo es el Rey de Dios. Es la fidelidad de Dios hecha carne. Cantemos eternamente las miseri­cordias del Señor. Es bueno y guarda su alianza. Bendito sea por siempre: nos dio a Cristo, el Señor.</p>
<p><strong>2.3. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27</strong></p>
<p><strong>Hermanos: Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.</strong></p>
<p>Nos encontramos en los últimos versículos de la carta. Se trata de una pre­ciosa y sentida doxología. ¡Gloria a Dios por los siglos y los siglos! He ahí, pues, el tema: ¡Gloria a Dios! Nótese: el sujeto a quien debe darse gloria es Dios. «Dios, que es el Único Sabio. Por Cristo Jesús».</p>
<p>Según esto, el grito de admiración y de entusiasmo, que brota jubiloso de la boca de Pablo, nace de la consideración del magnífico plan de Dios «Misterio». Dios ha revelado por fin su «Misterio»; Dios ha puesto en marcha de forma sorprendente su plan de salvación; Dios ha hablado definitiva­mente, como dice la Epístola a los Hebreos, y perfectamente a su Hijo. «Misterio» éste dispuesto a ser manifestado desde todos los siglos. Dios lo ha hecho todo maravillosamente, sabiamente.</p>
<p>Piénsese en toda la historia de la salvación, diseñada a través de todo el A. T.: La creación del universo, comprendido el hombre; la elevación del hombre a la amistad con Dios; su pecado, la promesa de una redención; la vocación de Abraham; la liberación de Egipto; la predicación mesiánica de los profetas…, etc.</p>
<p>Todo ello necesitaba de una aclaración, pedía un cumplimiento. Y esto ha sucedido ahora, al presente, en la revelación realizada en Cristo. He aquí el «Misterio», Cristo. <em>Cristo revelador del Padre: </em>en Cristo Dios se muestra mi­sericordioso, bueno, compasivo, atento a nuestras necesidades: <em>Cristo Sal­vador de la humanidad: </em>en Cristo nos ofrece Dios la salvación, el favor, la gracia. <em>Cristo Principio y Fin de la Creación</em>: En Cristo cobran sentido todas las cosas; el hombre, alejado de Dios, vuelve al estado primitivo de amistad con Dios, las cosas están en paz; Cristo las ha pacificado unas con otras.</p>
<p>En Cristo se ha manifestado la Sabiduría de Dios &#8211; Cristo es nuestra Sa­biduría, dirá Pablo &#8211; de forma sorprendente. Los caminos de Dios son mara­villosos; distan mucho del pensar de los hombres. (Léanse los versículos 17- 31 del cap. 1 de la 1 Co). De ahí la sorpresa y la admiración mezclada de entu­siasmo de Pablo. ¡Dios da salvación en Cristo a los gentiles! ¡Y esto mediante la fe en Cristo muerto en la Cruz! He ahí, pues, la Sabiduría de Dios: la sal­vación en Cristo por la fe.</p>
<p><strong>2.4.Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38</strong></p>
<p><strong>En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: – «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: – «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel – «¿Cómo será eso pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: – «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: – «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel. </strong></p>
<p>Se trata del precioso pasaje de la Anunciación. Texto profundo y denso de su sencillez. No es momento este de anotar en detalle todas las particulari­dades de esta escena y de aducir todos los textos-promesa del A. T. a que se alude y se trata de responder, dándoles exacto cumplimiento, en este pasaje. Sería muy largo el camino a recorrer. He aquí lo más saliente:</p>
<p>A) Las palabras del Ángel. Para la mejor comprensión de ellas léase como fondo <em>So</em> 3, 14-17 y <em>Za:</em> 9, 9.</p>
<p>«<em>Alégrate… No temas…»: </em>Estas palabras no serían, según autores compe­tentes, expresión de un saludo de corte griego; algo así como el «Salve» de los romanos. Se trata aquí, por el contrario, de una referencia a aquellas profe­cías antiguas, donde se anuncia un gran gozo a Jerusalén en los tiempos me­siánicos. En concreto sería una referencia a <em>Sofonías</em> y <em>Zacarías</em> en los pasa­jes ya citados. Se trata entonces de una invitación a la alegría, a la alegría mesiánica. Ha llegado el momento de alegrarse con toda el alma: Dios cum­ple ahora su promesa, ahí está el Mesías.</p>
<p>Meditemos:</p>
<p>1) Dios es bondadoso. Dios es misericordioso. Dios es fiel a sus promesas de salvación. Dios es justo. ¡Dios nos ha dado la salvación.</p>
<p>2) Dios es magnífico. Dios es sorprendente en sus obras. Dios nos ha dado la salvación de una forma insólita: una Virgen Madre, un Dios Hombre, un Rey siervo, una Vida que Muere, una Muerte que nos da la Vida, un Espí­ritu que engendra, una humanidad llamada a la divinidad. No es extraño que Pablo se quede atónito ante tanta maravilla.</p>
<p>3) El papel importante de la fe. Fe que está unida a la esperanza y a la caridad.</p>
<p>4) Debemos <em>Contemplar </em>este <em>Misterio, cantando:</em> «¡Gloria a Dios por los siglos de los siglos. Amén!». Esa debe ser nuestra actitud.</p>
<p>5) ¿No es asombrosa la dignidad de María?</p>
<p>6) María modelo y Madre de la Iglesia.</p>
<p><strong>3. Oración final:</strong></p>
<p><strong>Dios misericordioso, que iluminas las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de tus Palabras: acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado, para que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y el amor que has encendido en nuestro corazón. Por Jesucristo, tu hijo y nuestro hermano, amén.</strong></p>
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