Domingo 3 de Cuaresma – Ciclo C

Tercer domingo de cuaresma ciclo C

Déjala todavía este año… a ver si da fruto»

Oración para disponer el corazón – Invocación al Espíritu

Aquí estamos, Señor, en tu presencia. Gracias, Padre Bueno, porque siempre nos recibes sin condiciones. Aquí estamos, Jesús, ante ti, que eres el Camino, la Verdad y la Vida,y te pedimos el regalo de tu mirada, la luz que nos hace ver tu luz. Abre nuestros corazones a la escucha, ilumina los rincones oscuros de nuestra vida, ayúdanos a identificar las sombras de nuestro mundo, permítenos poder agradecer esta luz que nos viste de fiesta, renueva nuestra fe y nos convierte a tu amor.

1. Introducción: Los domingos tercero, cuarto y quinto forman la segunda parte de la Cuaresma. Cada año, esta segunda parte tiene un tono propio, marcado por los evangelios que se leen: ciclo A, la preparación del bautismo; ciclo B, el camino hacia la cruz; ciclo C, la conversión y la misericordia de Dios. Dentro del tema del ciclo de este año, que es el C, hoy el evangelio presenta, con mucha exigencia, la necesidad de conversión. Y los próximos domingos -el hijo pródigo y la adúltera- nos presentarán, desde distintas perspectivas, la misericordia de Dios y también la nuestra.

2. Lectura del libro del Éxodo 3,1-8a. 13-15.

En aquellos días, pastoreaba Moisés el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés se dijo: Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza. Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: Moisés, Moisés. Respondió él: Aquí estoy. Dijo Dios: No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Y añadió: Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios. El Señor le dijo: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel. Moisés replicó a Dios: Mira, yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntan cómo se llama este Dios, ¿qué les respondo? Dios dijo a Moisés: «Soy el que soy.» Esto dirás a los israelitas: -«Yo-soy» me envía a vosotros. Dios añadió: Esto dirás a los israelitas: el Señor Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación.

Dios ve que su pueblo es "pobre" y que está "afligido" y "humillado". Dios "ve" y "oye" y "conoce" las angustias de su pueblo. Para decirlo con otras palabras: Dios entra en la historia dolorosa de su pueblo, para intervenir en ella. Y así dice: "mi pueblo". Israel es el "pueblo de Dios", este es su nombre más hermoso.

Dios "desciende". Es fácil comprender que aun las personas que creen y saben que Dios está en todas partes, dicen que El mora "en lo alto", "en los cielos", conforme a un simbolismo que está inscrito en nuestra naturaleza. Dios viene a "sacar" a Israel de entre las manos que lo tienen apresado. Este es el programa de la liberación y el tema mismo del Éxodo. Pero la declaración va más allá; el Éxodo debe ir seguido de la entrada en Palestina, hacia la cual hay que "subir", porque es un país montañoso: un "país bueno y ancho", mientras que Egipto, a pesar de ser fértil, no ha sido bueno a causa de la servidumbre y también de la falta de espacio. Un "país que fluye lecho y miel", símbolo de la tierra prometida.

El hombre no nace libre. Nace con el instinto de las cadenas, con un deseo loco de presión, con la querencia irresistible de tener un amo. El hombre puede llegar a ser libre. Pero cuánto trabajo para infundirse este gusto por la libertad, se ha dicho que la esclavitud, más que un estado, es una mentalidad. Algunas personas no son libres y no lo serán nunca, no porque no puedan serlo, sino porque no sienten este deseo.

Se necesitan más de 40 años de escuela obligatoria en el desierto para hacer que los israelitas abandonen la mentalidad de la esclavitud -cuántas lágrimas, lamentaciones, cuántas nostalgias durante aquellos años- y lograr que adquieran la mentalidad de pueblo libre. La bajada auténtica de Dios fue la Encarnación; "no hizo alarde de ser como Dios".

3. SALMO RESPONSORIAL
Sal 102,1-2. 3-4. 6-7. 8 y 11

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles.

"El Señor es compasivo y misericordioso…"En forma de comparación, va ensalzando esa bondad infinita del Señor, incomprensible: bondad y ternura que llega hasta el cielo, como de un padre hacia sus hijos. Bondad hecha de comprensión al conocer la fragilidad de nuestra naturaleza: somos de barro, y Dios lo sabe; por esto se compadece de nosotros y nos perdona.

Podemos recordar la enumeración del salmo 35 sobre los atributos de Dios: "Señor, tu misericordia llega al cielo, / tu fidelidad hasta las nubes; / tu justicia, hasta las altas cordilleras, / tus sentencias son como el océano inmenso". Ya en la perspectiva del hombre del Antiguo Testamento, la bondad de Yahvé sobresalía entre todos los atributos divinos.

De Jesús se dice que “amó hasta el fin”, es decir, hasta las últimas consecuencias (Jn 13,1). La compasión es su principal característica ante el sufrimiento o el clamor de la gente (Mt 9,13). Jesús también perdonó los pecados, curó a enfermos, resucitó a muertos, sació a hambrientos, hizo justicia y defendió a todos los oprimidos. Además, reveló a todo el mundo que la característica principal de Dios es su paternidad. Nos enseñó a decir a Dios Padre-Abbá.. Las parábolas de la misericordia (Lc 15) ilustran perfectamente quién es el Dios de Jesucristo y Padre de toda humanidad.

Jesús bendijo al Padre (Mt 11,25) y mostró cómo también es compasivo y misericordioso con los malvados e injustos (Mt 5,43.48).

4. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 10, 1-6. 10-12.

Hermanos: No quiero que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron nuestros padres. No protestéis como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado! no caiga.

"Nuestros padres… fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar": Todos los cristianos, tanto los que proceden del judaísmo como de los gentiles, son hijos de Abrahán, por su incorporación a Cristo, descendencia de Abrahán. El paso a través del mar Rojo lleva la referencia hacia el bautismo: el paso por el agua como liberación de la esclavitud y del pecado.

"Todos comieron el mismo alimento espiritual": Unos nuevos hechos del Éxodo ilustran la Eucaristía: el maná y el agua que brota de la roca en el desierto. La expresión "espiritual" se ha interpretado de varias maneras: como sinónimo de simbólico; o por su origen milagroso; pero la mejor lectura es referirlo a Cristo resucitado. La Eucaristía es una comida y una bebida que hacen participar al hombre de la situación gloriosa de Cristo. Notemos cómo Pablo añade una leyenda rabínica sobre la roca que seguía al pueblo en el desierto: la roca se convierte en un símbolo de Cristo.

"Todo esto les sucedía como un ejemplo": Pese a las maravillas que Dios realizó en favor de su pueblo, algunos cayeron en la idolatría o murmuraron y murieron castigados en el desierto. Conviene que los cristianos lean el AT como una advertencia también para ellos, ya que están insertos en la misma historia de la salvación.

5. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 13,1-9.

En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y la echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Según progresamos en nuestro viaje espiritual en este tercer domingo de Cuaresma, ahondamos en el carácter penitencial de esta etapa litúrgica, ayudados por el evangelio de Lucas. De hecho, el evangelio de hoy se centra en la invitación a la penitencia y conversión de corazón, en la confianza de que nuestro Dios es siempre un Dios paciente, deseoso de nuestra salvación y no de nuestra destrucción.

Se inicia con “noticias sensacionales” que llegan a los oídos de Jesús por la gente que le rodea. Son noticias horribles, como que Pilato mezcla la sangre de algunos galileos con la de sus sacrificios, o trágicas, como el derrumbamiento de la torre de Siloé, provocando la muerte de dieciocho personas.

Al oír tales noticias Jesús expresa su parecer ante sus oyentes con un reto: ¿deberían ser considerados simplemente estos “signos de los tiempos” como un requerimiento para juzgar a las víctimas de esta tragedia o deberían tomarlos como una llamada a examinar sus vidas?

Como un gran Maestro, aprovecha la oportunidad para traer a colación la llamada de Dios al arrepentimiento, a la conversión de corazón. Y lo hace centrándose sobre la cuestión del tiempo y la premura del arrepentimiento empleando la parábola del propietario de la higuera que quiere recolectar sus frutos.

La breve parábola presenta la “tensión” entre el propietario y un personaje intermediario que intercede para dar al árbol su “última oportunidad” de producir fruto, en oposición a la voluntad del propietario, que quiere cortarlo. Pero lo más interesante es la presentación de un personaje paciente y compasivo, el jardinero, que se compromete a hacer todo lo posible para que la higuera fructifique; un personaje que hace pensar en Dios mismo, en la persona de su Hijo Jesús, siempre dispuesto a llamar a las personas al arrepentimiento y a cambiar su corazón.

Meditamos

La vida es un don. En concreto, es el tiempo y espacio donde una persona está invitada a crecer en todas las dimensiones posibles. Somos llamados a la vida (nacimiento) y a engendrar vida (madurez, productividad). La imagen de “dar fruto” en el evangelio de hoy es el modo metafórico de alcanzar la madurez en la propia vida y, por tanto, engendrar vida en todos los niveles de relación: con uno mismo, con Dios, con otros, con toda la realidad creada.

Pero parte de la realidad de la vida es también que nosotros pecamos, cometemos errores, no somos fieles a lo que realmente somos: hijos de Dios por la gracia y fuerza de nuestro bautismo. No damos frutos de paz, justicia y caridad. El Señor conoce esto muy bien, que es la razón de su ofrecimiento de una segunda oportunidad, de una tercera y de las, al parecer, infinitas oportunidades nuestras de reconocer nuestros errores y volvernos hacia él.

La invitación a arrepentirse es una invitación a ser transformados. No se trata simplemente de “reparar mis errores pasados” sino de asumir la responsabilidad de las propias acciones, de reconocer haber cometido algo que no conviene al que es un hijo de Dios. El arrepentimiento es también un acto de confianza en Dios, capaz de hacer de todo algo nuevo. Puede hacerlo porque ¡Él es siempre Nuevo! Dios no tiene pasado, sólo origen: miremos la lectura primera donde se presenta a Moisés como “Yo soy el que soy.”

La buena noticia que se nos da hoy es que: Todo puede volverse a retomar, todo puede ser rescatado, todo puede ser recreado. El regreso a la fuente de nuestro ser, a la fuente de las cosas es la conversión. La conversión es la vuelta a la primera mañana de la creación cuando la luz brilló desde la oscuridad.

6. Oramos

Dios santo y lleno de misericordia, Tú nunca abandonas a tus hijos y les descubres tu nombre. Rompe la dureza de nuestro corazón y mente para que aprendamos cómo acoger tus enseñanzas con la sencillez de los niños y dar frutos de conversión continua y verdadera. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

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