Domingo 27 del Tiempo ordinario – Ciclo C

Domingo XXVII del tiempo ordinario ciclo C

1. Introducción

"Si tuvieran fe como un granito de mostaza…" Es la enseñanza que Jesús da a sus discípulos ante una petición directa que la hacen: "Auméntanos la fe".

Hoy también podemos afirmar que corren tiempos difíciles para la fe, la duda aparece en el corazón de muchos hermanos tanto a nivel religioso, político, social o económico; hay mucho desencanto, indiferencia escepticismo, el grito de muchos hermanos es el mismo de los apóstoles: "Auméntanos la fe".

La respuesta de Jesús tiene en cuenta la intención de los discípulos, ellos piden cantidad, él les pide calidad; bastaría un poquito de fe con tal que fuera auténtica. Sin embargo, la petición es justa, dado que la fe es algo que pedimos a Dios, conscientes de que es un don suyo, el don fundamental de Dios sobre el que los demás dones encuentran apoyo, lo es todo en la vida cristiana, porque nos da una luz que todo lo ilumina, porque es alegría, optimismo, fuerza de Dios que nos es dada para responder con entusiasmo a Jesús en la invitación que nos hace a seguirlo.

Pidamos a Dios una fe viva. La necesitamos mucho. Profundicemos en nuestra propia fe, hagámosla vida mediante la oración, el estudio, la lectura de la Palabra, la meditación, la participación en la vida de la Iglesia, en nuestras parroquias, grupos, movimientos; pero asumamos conscientes que una fe que no se cultiva mediante el trato profundo con Dios en la oración, acaba por morir.

Invocación al Espíritu

Espíritu Santo, visítame con tu Presencia densa y ligera, sacúdeme con tu azote semejante a una caricia, atráeme, con el imán de tu Amor, hacia la puerta estrecha por donde se entra al Reino inmenso e inefable del Amor de nuestro Padre Dios. Haz espacio en mí, para que resuene, como un eco, en el paisaje de mi cuerpo y de mi alma, la Palabra de Jesús, la única Palabra con poder de salvar. Visítame, Señor y Dador de Vida, para que pueda ser yo cauce de tu Vida en abundancia.

2. Lectura y comentario de las lecturas

2.1. Lectura del Profeta Habacuc 1,2-3; 2,2-4.

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré «Violencia», sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas? El Señor me respondió así: Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.

La cuestión que trata el profeta es: ¿por qué Dios ha escogido a un pueblo extranjero para castigar a su pueblo? ¿Por qué unos injustos son el instrumento de Dios contra el pueblo que él mismo se ha escogido? En el fondo, podríamos decir que se trata del problema del mal en las relaciones internacionales. El profeta, como hacen también Jeremías y algunos salmos, interpela a Dios, le pide explicaciones: ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? La respuesta de Dios hay que grabarla con claridad para que quede como testimonio de que no es difícil de entender. Es una palabra con un dinamismo interno, que lleva a la realización segura, sólo hay un camino: el de la fidelidad a Dios; el que "tiene el alma hinchada" acabará sucumbiendo; sólo vivirá el justo, es decir, el que confía en Dios y, por eso, se mantiene fiel a su alianza. Esta frase servirá a Pablo para hablar de la "justificación por la fe".

2.2. SALMO RESPONSORIAL
Sal 94,1-2. 6-7. 8-9

R/. Escucharemos tu voz, Señor.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
vitoreándolo al son de instrumentos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Massá en el desierto,
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»

2.3. Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 1,6-8.13-14.

Querido hermano: Aviva el fuego de la gracia de Dios que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas, y vive con fe y amor cristiano. Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en nosotros.

Estos versículos son una exhortación de Pablo a Timoteo para que luche fielmente por el evangelio. Hacen alusión al momento en el que Pablo, con el grupo de presbíteros (1 Tm 4,14), consagró a Timoteo. Este "fuego de la gracia" ("el carisma de la gracia") se emplea solamente en las pastorales aquí y en 1 Tm 4,14, otro texto en que habla de ordenación. Lo cual hace pensar que Pablo construye una exhortación a Timoteo como evangelizador. La tarea de la evangelización es de por sí tan dura que reavivar los principios fundamentales de los que dimana nuestro hacer cristiano es una tarea necesaria. Pablo recoge en los v.7-8 un conjunto de expresiones que ya había usado sobre todo en Rom 1,16;8,15. Pablo sabe muy bien que es difícil predicar la fe en un ambiente hostil. Y se pone como ejemplo del cristiano que ha comprendido esto hasta dejarse encarcelar por causa del mensaje (cf.Ef 3,1;Flm 1,9). Esta clase de testimonios es la que ha mantenido la fe cristiana a lo largo de generaciones. La lucha que mantienen los entregados a la fe sostiene la debilidad de los que aún no son capaces de sufrir por el evangelio.

En la 1 Tm ya había hecho Pablo a Timoteo parecidas recomendaciones animándole a que guardara el conjunto de la fe, el "depósito". Así Timoteo se convertiría en servidor de la Palabra (1 Tm 6,20;cf.2 Tm 1,12.14). Este es el apoyo sobre el que el creyente construye el edificio de su propia creencia: la fe. Con una visión así del mundo, no tiene inconveniente en emprender una auténtica acción evangelizadora. Esta continua exhortación a mantenerse firme en los principios profesados (cf. 1 Tm 6,20) está motivada por la impopularidad que significa guardar esa actitud contraria al momento histórico. El que quiera lanzarse por caminos similares sabe que, en su acción cristiana, contará con la persecución de los adversarios y tal vez con el silencio de los buenos. Entonces más que nunca brillará esa forma de ser según la fe.

2.3. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17,5-10.

En aquel tiempo, los Apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe. El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor, cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa?» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»

Para la reflexión dividámosla en dos momentos:

a) Vivir con una fe semejante a un grano de mostaza (vv. 5-6)

En la primera parte del evangelio, la palabra clave es "fe". Los apóstoles le piden al Señor que aumente su fe, porque sin ella es imposible ser hijos del Reino.

En Lc 17,5-6, la famosa frase de Jesús: "si tuvierais fe como un grano de mostaza…" es una frase vinculada tan sólo a la petición de los apóstoles de que aumente su fe. Pero no está ligada a ningún otro episodio. En Mt 17,20, forma parte del relato de exorcismo y curación del endemoniado epiléptico. Si leemos esta narración (Mt 17,14-20), nos daremos cuenta de que allí los discípulos no han podido hacer nada por el epiléptico, a pesar de que Jesús ya les había dado el poder de curar y expulsar demonios (Mt 10,1). Esta incapacidad suya se debe, según se desprende del contexto, a que no tienen fe. Por eso Jesús llega a dirigirles, incluso, las siguientes palabras, cargadas de dureza: "¡Generación incrédula y perversa!… ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?". Es la poca fe de los discípulos la que hace imposible que obren el bien, como Jesús. Y es en ese contexto donde Mateo introduce las palabras de Jesús: "Si tenéis fe como un grano de mostaza"… Y añade: "Nada os será imposible".

Ése es el sentido de la imagen del árbol que se arranca de raíz y se planta en el mar. Es tan sólo una metáfora de lo que puede una persona, ayudada por la fe: "nada os será imposible".

En Mt 21,21, Jesús utiliza una imagen parecida a la del árbol que se arranca por nuestra sola palabra: la de la montaña que se desplaza de su sitio y se arroja al mar. Esta imagen va unida, además, al episodio de la higuera que se seca por la palabra del Señor Jesús. De nuevo la condición para tener este señorío sobre todo lo creado es la fe. Sólo que esta vez, la fe va ligada a la oración: "todo lo que pidáis con fe en la oración, lo recibiréis". El relato de Mc 11,23 es semejante al de Mt 21,21.

Al leer todo el evangelio de Lucas con esta clave de lectura en la mirada: la fe. La fe de Jesús, la fe de la gente, la fe de los discípulos y discípulas, la incredulidad… Podremos obtener algunas conclusiones como las siguientes:

Sólo quien tiene fe es capaz de poner práctica el dinamismo re-creador y transformador del Reino. La primera creyente del evangelio de Lucas es María, a la que Isabel proclama feliz por creer (Lc 1,45). A lo largo del camino, Jesús se encuentra con hombres y mujeres cuya fe le causa admiración: el centurión (7,9); la hemorroisa (8,48); el leproso samaritano que vuelve a darle gracias (17,19), el ciego de Jericó (18,22). Desafortunadamente, no era así la fe de los discípulos: en muchas ocasiones dejan ver que su fe es tan débil que no son capaces de corresponder al don de la vocación y misión que han recibido (cf. Lc 8,25; 9,40-41). A pesar de que Lucas es más benévolo con ellos que Marcos y Mateo, no puede obviar la tradición, que nos ha transmitido una imagen no muy edificante de los primeros discípulos. De ahí que seamos testigos de algunos reproches que les dirige el Maestro: “¡Generación incrédula y perversa!” (9,41), “¡Hombres de poca fe!” (12,28). Y, de ahí, la súplica de los discípulos: “¡Auméntanos la fe!” (17,2).

b) Servir desde la gratuidad (vv. 7-10)

La palabra clave de la segunda parte del evangelio es "siervo" (en griego, doulos), que aparece tres veces, y el verbo "servir" (en griego, diakoneo). Jesús, como buen maestro, toma una imagen del ambiente de la vida rural de su tiempo, que todos podían entender: Suponed que alguno de vosotros tiene un siervo trabajando en sus campos o con sus ganados. ¿No sería insólito y absurdo que, al regresar cada día de su tarea, le prodigarais atenciones y cuidados extremos porque ha hecho su trabajo? Lo normal es que haga su trabajo, porque ya recibe su salario. Así ha de hacer un servidor del Reino: trabajar gratuitamente, sin esperar nada, porque su salario viene de Dios.

El primer Siervo del Reino fue Jesús. En Lc 22, 26-27, Jesús se presenta a sí mismo, no como Hijo de Dios con poder y gloria, sino como siervo de todos: "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" (diakoneo). Jesús es el "diácono" del Padre, el servidor del Padre y de todos nosotros. Y Él nos ha dado ejemplo para que sigamos sus huellas (1 Pe 2,21). Cuando Jesús envía a sus discípulos a predicar, les dice: "Gratis lo habéis recibido; dadlo gratis" (Mt 10, 8). El apóstol Pablo reconocía esa gratuidad total de los dones de Dios, a la que debemos corresponder con nuestra gratuidad a la hora de ponerlos al servicio de la comunidad. Nada tenemos que no hayamos recibido (1 Cor 4,7).

De estas dos partes del evangelio se desprende lo que estamos llamados a ser, como discípulos y discípulas del Señor: hombres y mujeres de fe, entregados al servicio de nuestros hermanos con amor y gratuidad, porque nuestra recompensa es Dios mismo.

c) Meditemos

¡Auméntanos la fe!

Necesitamos una buena dosis de fe para vivir en un mundo como el nuestro. Por una parte, el laicismo y el secularismo pretenden borrar la fe de su existencia social. Se puede ser creyente cristiano, pero de forma privada, sin que afecte en absoluto a nuestras opciones, decisiones y actuaciones sociopolíticas. Se puede ser cristiano "de domingo", pero eso sí: ¡que no se nos note de lunes a sábado en el trabajo! Por otra parte, diariamente nos llegan, a través de los medios, tantas noticias de muerte injusta, absurda y brutal, que resulta difícil creer que todo esto tenga un sentido, que el amor y la providencia de Dios tengan una palabra que decir en todo esto, y que la Resurrección sea más fuerte que el pecado y que la muerte. Por eso, hay que pedir al Señor todos los días: "¡Auméntanos la fe!". No para ser poderosos, obrar milagros, silenciar a nuestros perseguidores o exterminar a "los malos", sino para no avergonzarnos del Señor y de su Evangelio. En la segunda lectura de la Eucaristía de este domingo (2 Tim 1,6-8.13-14), Pablo anima a Timoteo a "no avergonzarse de dar la cara por nuestro Señor" y por Pablo, prisionero, en ese momento, por causa del Evangelio. Le anima a no tener miedo de la persecución o los sufrimientos que le puedan sobrevenir por causa de Cristo, porque el Señor no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de fortaleza y de amor.

2. Servir con gratuidad y desprendimiento

Al decir que somos “pobres siervos”, o como dicen otras traducciones “siervos inútiles”, se quiere afirmar que la fe es ante todo un don, y que nuestra capacidad de vivir la fe es también gracia. La vida de fe es siempre un don que acogemos en la medida en que amamos a Dios y a los hermanos. Reconocer la gratuidad de la fe y el amor de Dios es lo que nos hace vivir en plenitud.

Algunas preguntas que nos pueden ayudar a profundizar sobre los textos meditados: ¿Qué punto de este texto te ha gustado más o ha llamado más tu atención?

b) ¿Fe en quién? ¿En Dios? ¿En los otros? ¿En nosotros mismos?

c) Fe como un grano de mostaza: ¿Acaso tengo yo una fe así?

d) Hacer de la propia vida un servicio sin esperar recompensa: ¿soy capaz de vivir así?

3. Oración de acción de gracias

Gracias, Señor, por tu amor, por tu bondad, por tu generosidad, por tu misericordia. Gracias por quererme, por acompañarme, por guiarme, por protegerme. Gracias por el amor que me has dado y por el don de la fe. Gracias por tu bondad y gratitud. Gracias por darme la paciencia que me permite posponer la realización de mis deseos y permanecer tranquilo. Gracias por la esperanza, por la tranquilidad y la serenidad que me permiten aceptar y vivir el presente. Amén.

Domingo 26 del tiempo ordinario C

Domingo XXVI del tiempo ordinario ciclo c

Nos reunimos como Pueblo de Dios para preparar el Día del Señor, escuchando la palabra para participar en la Eucaristía dominical, Dios nos llama a examinar nuestra actitud sobre los bienes materiales y espirituales. Si el cristiano no comparte sus bienes con los necesitados, no es autentico cristiano.

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura y comentario de los textos:

El profeta denuncia las falsas seguridades de quienes de sus creencias se hacen ídolos. Así la idolatrización de las ciudades santas. Pone en evidencia la cortedad de aspiración de los que se terminan en el bienestar cercano, minado de finitud y herido de muerte inmediata. Despierta la conciencia a la pequeñez que hay en ello. Concienciar de la servidumbre es principio de salvación.

2.1. Lectura del Profeta Amós 6,1a. 4-7

Esto dice el Señor todopoderoso. Ay de los que se fían de Sión, confían en el monte de Samaria. Os acostáis en lechos de marfil, tumbados sobre las camas, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales, bebéis vinos generosos, os ungís con los mejores perfumes, y no es doléis de los desastres de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los cautivos. Se acabó la orgía de los disolutos.

Situémonos en el contexto histórico: Los éxitos del rey de Israel, JEROBOAN-II, al restablecer las antiguas fronteras del reino davídico (II Rey. 14,25 ss) alimentan el optimismo y orgullo nacional. Bien es verdad que el éxito es coyuntural: el imperio asirio y el reino sirio viven momentos políticos bajos; pero esta decadencia de las grandes potencias permite a Israel vivir momentos de euforia y de prosperidad.

En Samaría, algunos de sus habitantes se enriquecen a costa de los otros, y el lujo aparece por todas partes: se construyen "casas de sillares" (5.11); el mobiliario es de lujo: "os acostáis en lechos de marfil" (6,4) se divierten sin conocimiento (4,1;6,4-6) y sin preocupación alguna. Su fe en Samaría es ciega: su pueblo es la flor y nata del mundo próspero. No prevén ningún peligro posible, y actúan en consecuencia: "Queréis espantar el día funesto aplicando un cetro de violencia" (v.3; cfr.9,10; Is.22,12 ss).

Ahora veamos el texto: Los caps. 3-6 de Amós están formados por una serie de breves oráculos contra Israel y que desarrollan la temática del oráculo de amenaza de 2,6 ss. Empiezan todos ellos con las fórmulas: "Escuchad esta palabra…", "Ay de los que…". En Am. 6,1-7 se describe, con amplitud, la conducta de los dirigentes de Israel (vs.1-6), y acaba con un breve oráculo de condena (v.7). Con gran ironía, Amós describe en los vv. 4-6 el lujo y goces a los que se entrega esta gente despreocupada: el "arrellanarse en divanes" no sólo es un lujo inaudito en Israel sino que también indica una actitud de pereza, de "aquí me las den todas", de vivir la vida bien sin abrir los ojos a la realidad. Tocan el arpa, como David, pero con un fin muy diverso: divertirse; beben en copas que sólo estaban destinadas a uso cúltico (Ex 38. 3; Nm 4. 14). Dedicándose a los placeres de la mesa creen servir a los intereses del pueblo; sólo viven para la fiesta, "… pero no os doléis del desastre de José". El "pues ahora" del v. 7 introduce el oráculo de condena: la inminencia del juicio divino caerá como jarro de agua fría sobre las ilusiones alienantes de los samaritanos. Los que se llamaban flor y nata de los pueblos tendrán el lugar que les corresponde: "encabezarán la cuerda de los deportados" (v. 1b).

2.2. SALMO RESPONSORIAL
Sal 145,7. 8-9a. 9bc-10

R/.Alaba, alma mía, al Señor.

El hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos,
liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda,
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

San Pablo expone en la segunda lectura las virtudes que debe poseer el servidor ideal. Las pautas de conducta que señala San Pablo son aplicables a nosotros, y en estos momentos históricos tienen mucho valor e importancia.

2.3. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 6,11-16.

Hermano, siervo de Dios: Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. Y ahora, en presencia de Dios que da la vida al universo y de Cristo Jesús que dio testimonio ante Poncio Pilato: te insisto en que guardes el Mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén.

Espléndida exhortación sobre el testimonio cristiano. El v.12 alude a cómo Timoteo "hizo noble profesión ante muchos testigos".

No sabemos si se refiere a la profesión de fe bautismal o a una valiente confesión ante perseguidores, en una ocasión que nosotros desconocemos. Tanto si se trata del sacramento del bautismo como si es una persecución por el nombre de Jesús, debe ponerse en relación con la confesión del propio Jesús, que ante Poncio Pilato dio testimonio de la verdad y proclamó sin temor su realeza (v.13). El discípulo de Jesús tampoco debe tener miedo de proclamar la verdad delante de las autoridades de este mundo.

Pero hay también otro testimonio, en cierto modo más difícil, porque no es la decisión heroica de un momento, de la que todo el mundo es más o menos capaz, sino que está hecho de fidelidad indefectible en la práctica cotidiana de las virtudes, ante Dios y ante el prójimo (justicia, amor, paciencia, delicadeza) (v.11). Bautismo sacramental, martirio sangriento y martirio incruento de la fidelidad de cada día sólo son posibles a partir de la fe, que significa vivir el presente pendientes de un futuro que no palpamos, en función de la venida de Jesucristo y del Dios inmortal, a quien "ningún hombre ha visto ni puede ver" (vv. 15-16)

2.4. El Evangelio no deja para el más allá la solución de la pobreza y de la miseria, ya que al rico Epulón lo condena al castigo eterno. Efectivamente, una auténtica predicación evangélica tiene que anatematizar al rico opresor y actuar en consecuencia con este juicio negativo. Esto lógicamente introduce ya desde hoy una praxis liberadora inmediata. La fracción del pan o eucaristía exige de los cristianos un reparto de todos los bienes, una comunión con Cristo, entre sí y con todos los hombres. Sólo así se puede guardar el Mandamiento de la caridad hasta la venida del Señor.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16,19-31.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: -Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno y gritó: -Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. Pero Abrahán le contestó: -Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros. El rico insistió: -Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: -Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen. El rico contestó: -No, padre Abrahán. Pero, si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: -Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.

La parábola del rico perverso y de Lázaro no se encuentra más que en el Evangelio de Lucas. Más que los otros evangelistas, Lucas ha conocido fuentes particulares que concedían un lugar importante a los problemas de la riqueza y de la pobreza (Lc 6, 30-35; 16, 12-14; 19, 1-9; Hch 5, 1-11). Pero en el momento en que introduce la parábola del rico perverso en su Evangelio, esa parábola ha experimentado ya un tratamiento redaccional que modifica su sentido originario.

De ahí que en el relato aparezcan dos partes distintas. La primera (vv. 19-26), la única parábola del Evangelio en la que uno de los protagonistas aparece con su nombre, Lázaro ("Dios ayuda"). La segunda parte (vv. 27-31) su objeto es distinto: Lázaro no desempeña en ella más que un papel secundario y el interés se centra en torno a la suerte de los cinco hermanos del rico, buenos vividores a quienes la amenaza del Día de Yahvé no llega a convertir (cf. Mt 24, 37-39).

a) La primera parte aplica, pues, la teoría judía de la retribución por trastrueque de las situaciones a los pobres y a los ricos, lo mismo que en las bienaventuranzas (Lc 6, 20-26; cf, también Lc 12, 16-21). No se trata, por tanto, de saber si el rico era un buen o mal rico y Lázaro un buen o mal pobre. La parábola no se interesa por las condiciones morales de sus vidas, sino por el anuncio de la proximidad del Reino en un mundo sociológicamente determinado. De hecho nos encontramos en esta parte de la parábola con el clima de la comunidad primitiva de Jerusalén, constituida de pobres y bastante revanchista respecto a los ricos (Hch 4, 36-37; 5, 1-16). En ella parecen estos incapaces de optar por una vida nueva, ligados como están a la vida presente por el disfrute de todos sus bienes; los pobres están más disponibles; por eso es más accesible para ellos el Reino.

Los matices vendrán más tarde, cuando Mateo hable de pobreza "en espíritu" y no permita ya que se crea en la beatitud de sola la pobreza social y a la maldición de sola la riqueza económica. El tema escatológico del trastrueque de las situaciones constituye, por consiguiente, un género literario que hay que manejar con prudencia y en el que hay que ver un medio de anunciar la irrupción próxima de los últimos tiempos.

b) La segunda parte de la parábola nos orienta más bien hacia la perspectiva de las condiciones de la espera escatológica y corrige singularmente el concepto demasiado sociológico y demasiado materialista de la primera parte. Aquí, en efecto, no son ya la riqueza y la pobreza las que reciben un premio, sino la irreligión y el egoísmo los que oscurecen el corazón de los hombres hasta el punto de no poder leer los signos que Dios le ofrece, incluso a través de los milagros. Los hombres irreligiosos viven en un egoísmo que les cierra a priori a todas las anticipaciones de Dios; en este punto se encuentran a ras de tierra de forma que no pueden en absoluto ver el menor signo de Dios en los acontecimientos. Para ellos la muerte pone fin a la existencia (v. 28); ni siquiera les convencerá una prueba de la resurrección de los cuerpos porque han perdido el hábito de ver los signos de la supervivencia en su vida misma. La exigencia de signos no es más que un falso pretexto: el hombre no es salvado más que por la audición de la Palabra ("Moisés y los profetas") y por la vigilancia, no por las apariciones y los milagros.

Y es inútil buscar en el relato explicaciones sobre la pena del infierno, sobre el purgatorio y sobre el "estado intermedio". La parábola bebe en el arsenal de las imágenes de la época sin canonizar, necesariamente, alguna de ellas.

Tampoco hay que buscar en ella un juicio demasiado categórico sobre la pobreza o sobre la riqueza sociológicas. El punto final del relato es la condena de la actitud espiritual de egoísmo y de incredulidad y la afirmación de que el incrédulo no podrá descubrir los grandes signos de la supervivencia, como la resurrección de los muertos, si antes no ha aprendido a descubrir la presencia de los signos de Jesús en la vida.

2.5. Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención?¿Por qué?

b) Compara la situación del pobre y del rico antes y después de la muerte ¿Cuál es la situación de los dos antes de la muerte? ¿Qué cambia en la situación del pobre del rico después de la muerte?

c) ¿Qué separa al pobre y al rico antes de la muerte? ¿Qué separa al pobre y al rico después de la muerte?

d) En la conversación entre el rico y el padre Abrahán ¿qué pide el rico y qué le responde Abrahán?

e) En esta parábola, la situación cambia después de la muerte. ¿Es que Jesús nos quiere decir que durante la vida el pobre debe soportar todo para poder merecer el cielo? ¿Tú que piensas?

f) Hay personas que, como el rico de la parábola, esperan milagros para poder creer en Dios. Pero Dios pide que se crea a Moisés y a los profetas. Y yo, ¿a qué lado tiende mi corazón: hacia el milagro o hacia la palabra de Dios?

6. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Domingo 25 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Domingo XXV del tiempo ordinario ciclo c

DIOS Y EL DINERO

En los textos bíblicos de este domingo encontramos una clara enseñanza de Jesús sobre el dinero y otra del profeta Amós sobre el comercio injusto. Hoy, por lo tanto, los temas son de palpitante actualidad, pues lo económico afecta a todos. Vivimos en una sociedad de la abundancia, del consumo, del desperdicio. Cada año aumenta la producción de automóviles, de televisores y refrigeradores y suben los índices del desarrollo económico de un país. Sin embargo, también aumentan Las estadísticas del paro y decrece el poder adquisitivo de muchos. El progreso y los rascacielos están cercados por el hambre y la pobreza..

1. Oración inicial

Señor, Padre mío, hoy coloco delante de ti mi debilidad, mi vergüenza, mi lejanía; no escondo mi deshonestidad e infidelidad, porque tú todo lo conoces y lo ves, hasta el fondo, con los ojos de tu amor y de tu compasión. Te ruego, buen médico, derrama sobre mi herida el ungüento de tu Palabra, de tu voz que me habla, me llama y me amaestra. No me quites tu don, que es el Espíritu Santo: deja que sople sobre mí, como aliento de vida, de los cuatro vientos; que me cubra como lengua de fuego y que me inunde como agua de salvación; envíalo para mí de tus cielos santos, como columna de verdad, que me anuncie también para hoy, que tú eres y me esperas, me tomas de nuevo contigo, después de todo, como al primer día, cuando tú me plasmaste, me creaste y me llamaste.

2. Lectura y comentario de los textos

2.1. Lectura del Profeta Amós 8,4-7.

Escuchad esto los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: ¿cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo, y el sábado para ofrecer el grano Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Jura el Señor por la Gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones.

Amós, profeta incisivo, condena a los ricos comerciantes de su tiempo que pensaban solamente en enriquecerse a causa de los pobres, explotándolos. Qué importante y desastrosa ha sido siempre la falta de ética en el comercio, la violación de la justicia social, el fraude en vender como bueno lo malo, alcohol químico adulterado como vino de buena cosecha. La sed insaciable de dinero a costa de lo que sea, el engaño y la explotación de los más pobres no se pueden tapar nunca con una falsa religiosidad y unas limosnas en el templo. Veamos un poco el contexto histórico y el sentido de este texto:

Contexto histórico: Amós, de oficio ganadero o granjero, nace en Tecua, localidad no lejana de Jerusalén. Llamado por Dios a la vocación profética, desarrolla su ardua misión no en su reino sino en el del Norte, Israel. En Israel gobernaba por entonces JEROBOAN-II (787-747). Y tanto el reino del N. con el del S. gozaban de estabilidad política y prosperidad económica: se restauran las fronteras hasta casi igualar las del imperio davídico, se promueve el comercio internacional y, con él, florece la economía nacional. Pero la riqueza no está bien distribuida; las abismales diferencias económicas provocan intolerables injusticias; los tribunales de justicia son un puro simulacro en manos del poderoso: "…aceptáis sobornos, atropelláis a los pobres en el tribunal" (5,12). Sólo se vive por el dinero haciendo caso omiso de la solidaridad y hermandad (8,4-6). Y a esta corrompida sociedad le gusta enormemente el culto y, por eso, multiplica sus sacrificios. Culto sin moral, sacrificios sin contenido religioso. Por eso el profeta grita: "detesto y rehúso vuestras fiestas… retirad de mi presencia el barullo de los cantos…" (5,21-23), "marchad a Betel a pecar, en Guilgal pecad de firme…" (4,4). Para el profeta Amós es más importante la vida ética que el culto: "que fluya como agua el derecho y la justicia como arroyo perenne" (5,24).

El texto de este domingo: En estos versículos de la lectura litúrgica, Amós dirige un ataque furibundo contra la codicia humana, contra el afán de lucro. En este texto se puede ver una acusación (vs. 4-6) y la postura del Señor (v.7). Acusación contra la codicia de comerciantes sin escrúpulo. Para éstos la persona o cliente no cuenta en los negocios sino sólo la venta, los beneficios; el tiempo es oro y no se puede desperdiciar ni siquiera para rendir culto a Dios. El profeta habla de las fiestas de la luna nueva y del sábado durante las cuales los tratos y negocios se interrumpían en recuerdo de la liberación de Egipto y en reconocimiento de que sólo Dios era el dueño y señor de Palestina (cf. Is 1,13; Is 66,23). Pero los codiciosos no entienden este lenguaje, para ellos la fiesta es "pérdida de tiempo", solo ansían el "día de mercado". Y además de codiciosos son explotadores ya que no tienen reparo alguno en robar a sus clientes: usan medidas falsas y aumentan el precio según el mercado (cf. Lv. 19,36;Dt. 25,14ss; Pr 11,1). ¡Y pobres de los que no pueden pagar! por sumas irrisorias, como un par de sandalias, exigen de los jueces que les entreguen a los desvalidos en calidad de rehenes. Termina Amós recordándonos en el v.7 que nada pasa inadvertido al Señor: El pedirá cuentas al que no se comporte solidariamente con el hermano, especialmente con el más desfavorecido.

Reflexionemos: Mensaje duro el que, un día, Amós dirigió a sus contemporáneos. Mensaje que no ha perdido actualidad y que hoy también, en la liturgia dominical nos interpela a nosotros: ¿somos hoy mejores que en tiempos de Amós? Soñamos con poseer muchos bienes? ¡Cuantos más bienes mejor! Nadie lo pregona, pero lo vivimos….? ¡La solidaridad humana es pura enredo! Todos los días intentamos robar jugando con el sudado dinero del menos favorecido: hipotecas, compraventa de casas, anotaciones de abogados, médicos, jueces…¡Continuamos explotando, comprando al pobre y desvalido por un par de sandalias! ¿Qué fiesta de sábado o luna nueva nos atrevemos a celebrar?

2.2. SALMO RESPONSORIAL Sal 112

R/. Alabad al Señor, que ensalza al pobre

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre el cielo;

¿quién como el Señor Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo.

2.3. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2,1-8.

Te ruego, pues, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en el mando, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol -digo la verdad, no miento-, maestro de los paganos en fe y verdad. Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones.

Orar por la salvación de los hombres (1 Tm 2, 1-8) El pasaje de esta carta a Timoteo nos recomienda la oración por todos los hombres para que todos se salven. La eficacia de esta oración proviene de Jesucristo, que se entregó en rescate por todos. El Apóstol es el mensajero de ese don. La comunidad cristiana es una comunidad de oración, y san Pablo quisiera que en cualquier lugar se rezara alzando las manos al cielo con recta intención, santamente, sin ira -escribe-, es decir, no para atraer una maldición, sin malas intenciones, como podrían ser la ruina de sus enemigos o el triunfo de las ambiciones personales.

Tenemos aquí el origen o por lo menos el testimonio, de lo que hoy llamamos "Oración universal" o "de los fieles", que se hace después de la homilía o del Credo, y de cuya existencia tenemos constancia desde muy pronto en la liturgia cristiana. En el capítulo 67 de su Apología, san Justino la menciona al final de la celebración de la Palabra, que describe a Antonio el Piadoso, el año 15O. En este pasaje leemos ya una especie de lista o letanía parecida a las que encontramos a través de los siglos y a las que hoy están en práctica: "por todos los hombres, por los jefes de Estado y todos los que tienen responsabilidades". Aparece ya aquí la estructura que será clásica en la Iglesia: Oremos.., por…, a fin de que…, para que podamos conducir nuestra vida en la calma y la seguridad… Más allá de la celebración litúrgica, san Pablo nos exhorta, pues, a la oración frecuente y a preocuparnos de la salvación de todos, cuya responsabilidad llevamos junto con Cristo.

2.4. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 16,1-13.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: -¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: -¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: -¿Cuánto debes a mi amo? Este respondió: -Cien barriles de aceite. El le dijo: -Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta». Luego dijo a otro: -Y tú, ¿cuánto debes? El contestó: -Cien fanegas de trigo. Le dijo: -Aquí está tu recibo: escribe «ochenta». Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz. Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.] El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

La parábola del administrador injusto no es la canonización de un sinverguenza. En ella lo que se alaba es la habilidad gerencial de quien ha caído en desgracia y quiere asegurar su futuro; se alaba el empeño por saber afrontar una situación nueva. El cristiano debe tener esta inteligencia y habilidad para acoger la novedad del Evangelio, como gran bien por encima de los restantes bienes de su vida, para evitar equívocos, el resumen de la enseñanza de Jesús es que el problema económico no es el primer problema del hombre, pues el servicio de Dios está por encima de los otros servicios. El dinero puede ser un buen servidor pero es un mal patrón. "No se puede servir a Dios y al dinero". De ahí la alta sabiduría de saber ganar, gastar, compartir y despreciar el dinero. La parábola habla de un administrador de bienes a quien su amo ha decidido despedir. Para entenderla es necesario estar familiarizados con la situación administrativa presupuestaria.

Según práctica habitual en el antiguo Medio Oriente, un administrador podía hacer préstamos de las propiedades del dueño, por los que recibía una comisión en concepto de intereses. Esta comisión era para el administrador, no para el dueño. Esa comisión, con su correspondiente recibo o aval fiduciario, se adjuntaba al documento oficial que estimulaba la cuantía del préstamo. La práctica habitual, sin embargo, era la existencia de un único documento, en el que el deudor consignaba la totalidad de su deuda, sin especificar la cuantía estipulada por un lado y los intereses por otro. Pero lo que no debemos olvidar es que estos intereses correspondían al administrador y no al dueño; era propiedad del administrador.

Con estos presupuestos volvamos ahora a la parábola. Un amo ha decidido despedir a su administrador. ¿Qué hace el administrador? Granjearse amistades que puedan echarle una mano después del despido. ¿Cómo lo hace? Perdonando a los deudores del amo la comisión que le correspondía como administrador, parte que, en el primero de los casos contemplados, ascendía al 50% del total que el deudor tenía que pagar y, en el segundo, al 20%. Procediendo así el administrador no defrauda al amo ni falsifica documento alguno. Lo único que hace es detraer de la deuda total la cantidad correspondiente a su comisión. Es decir, el administrador renuncia a lo que era suyo. En el v.8 la parábola califica de inteligente este proceder (astuto, en la traducción litúrgica). Si en ese mismo versículo se califica de injusto al administrador, dicho calificativo no obedece al proceder descrito en la parábola, sino al proceder previo a la misma y del cual se habla en los versículos 1-2 como causante del despido.

El centro de gravedad y, por consiguiente, de atención de la parábola es la renuncia del administrador a lo que era suyo, una renuncia calificada de inteligente y, como tal, alabada expresamente por el amo del administrador. En torno a este centro de gravedad giran las consideraciones posteriores de Jesús, cuya culminación y resumen es la lapidaria frase conclusiva: "No podéis servir a Dios y al dinero". Como en precedentes ocasiones el lenguaje de Jesús es gráfico, agresivo, sin disimulos. "Ganaos amigos con el dinero injusto". Esta frase recoge lo expresado gráficamente en la parábola, en la que el administrador se ha granjeado amigos con su dinero. La expresión "dinero injusto" no se refiere a un dinero obtenido de manera poco clara o poco escrupulosa; se refiere al dinero sin más, a todo dinero, a cualquier dinero. La expresión es dura, hiriente, de las que hacen pensar. "Ganaos amigos con el dinero injusto". La frase es un estímulo: Aprecien más a Dios y a los demás que al dinero, ganen a Dios y a los demás en vez de estar locos por el dinero.

El significado del texto es en realidad muy sencillo: invita al discípulo de Jesús a vivir un estilo de vida cuyo motor y base sea Dios y no el dinero. Dios y dinero representan los motores de dos estilos de vida antitéticos, irreconciliables entre sí. Según el puesto que tenga cada uno de ellos en nuestras vidas, así será también el estilo de ellas. Para el administrador de la parábola era más importante ganarse amigos que quedarse con el dinero. En el fondo sabía que teniendo amigos tendría también dinero. En vez de lamentarnos tanto del materialismo imperante, abrámonos nosotros a Dios. Él está, vive, es real. Pero hay que ser permeables. No perdamos de vista que la perspectiva general de todos estos domingos es la de ofrecer actitudes para un caminar en cristiano.

3. Oración final

Señor, gracias por este tiempo pasado contigo, escuchando tu voz que me hablaba con amor y misericordia infinita; siento que mi vida está sana, sólo cuando permanezco contigo, en ti, cuando me dejo recoger por ti. Tú has tomado entre tus manos mi avaricia, que me vuelve seco y árido, que me encierra y me deja triste y solo; has escuchado mi avidez insaciable, que me llena de vacío y de dolor; has aceptado y tomado sobre ti mi ambigüedad e infidelidad, mi cojear, cansado e indeciso…Señor, ¡soy feliz cuando me abro a ti y te muestro todas mis heridas! Gracias por el bálsamo de tus palabras y de tus silencios Gracias por el soplo de tu Espíritu, que envía fuera el hálito del mal, del enemigo. Señor, yo he robado, lo sé, me he quedado con lo que no era mío, lo he escondido, lo he malgastado, desde hoy quiero empezar a restituir, quiero vivir mi vida como un don siempre multiplicado y compartido con los demás. Mi vida es poca cosa, pero en tus manos se convertirá en barriles de aceite, medidas de grano, consolación y alimento para mis hermanos y mis hermanas. Señor, no tengo más palabras delante de tu amor tan grande y desbordante, pero hago sólo una cosa: abro las puertas de mi corazón, y con una sonrisa, acogeré a todos aquellos que tú me envíes. (Act 28,30).

Domingo 24 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Domingo XXIV Del Tiempo Ordinario

El pasado domingo escuchábamos una palabra de Jesús "a la mucha gente que le acompañaba": era una palabra para empujar, para no detenerse, para avanzar. Hoy -continuando el camino del Señor hacia Jerusalén = la enseñanza de la Iglesia que le sigue- hallamos una palabra para los selectos, para la elite. Entonces y ahora, quienes nos creemos buenos y sabios, cumplidores y en regla, somos quienes menos entendemos el núcleo del camino de Jesucristo. En el fondo oponemos el "Dios" que nos hemos hecho a nuestra imagen y semejanza, al Dios del amor que revela nuestro Señor Jesús. Y en este punto él es absolutamente intransigente. Porque sabe que todo su Evangelio nada vale si no se entiende eso.

  1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura del libro del Éxodo (32, 7-11. 13-14)

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: «Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto.”» Y el Señor añadió a Moisés: – «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.» Entonces Moisés suplico al Señor, su Dios: – «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.”» Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

Palabra de Dios.

Las emociones humanas se convierten en parábolas de la sensibilidad divina. La ira de Dios es anunciada a aquellos que quieren hacer de él un "buen hombre". En la explosión de su ira se esconde el sorprendentemente Otro: ahí resplandece su abrasadora santidad. La Biblia habla de tales sentimientos divinos, no precisamente para limitar a Dios en el pequeño marco de la humana forma de pensar, sino con mucha frecuencia para acentuar su tremenda diversidad: Dios es el Otro. Dios se muestra apasionado porque es el Dios viviente, y como tal es persona. Aún más a menudo que de la ira de Dios, la Biblia habla de su impensable bondad, revelándosenos ésta como la "efervescencia de su corazón": un amor cercano. En la lectura escuchamos que Dios se arrepiente de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo. No podemos tomar aquí este arrepentimiento como ligereza o signo de debilidad. Dios suaviza sus intenciones a instancias de Moisés, porque éste le recuerda sus grandes actos salvíficos y sus propias promesas. Moisés se conduce movido precisamente por la grandeza del nombre de Dios y del sentimiento de bondad que crece en su corazón. Quien con más audacia ha reproducido este tema de la revelación es el profeta Oseas. Yahvé quería de verdad castigar la infidelidad del reino del norte: "Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera…". Este cambio del sentimiento es precisamente lo sobrehumano: "Pues yo soy Dios y no un hombre, santo en medio de ti y no un enemigo a la puerta". Precisamente por su misericordia ilimitada es Dios divino.

Salmo Responsorial (Sal 50)

R. Me pondré en camino adonde está mi padre.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

tú no lo desprecias. R.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1, 12-17)

Querido hermano: Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

Pablo recuerda ante el discípulo la prehistoria de su propio apostolado. En ella aparecen las persecuciones, los insultos y las blasfemias de Pablo. Es lógico que en ella Pablo se confiese pecador…, pero lo más admirable es el tiempo en que el verbo está redactado, un presente: "Yo soy el primero (pecador)" (1. 15). Pablo no se detiene aquí. No quiere darnos lecciones de humildad. Generosamente piensa en los que le seguirán a él y a Timoteo. No quiere que admiremos su comportamiento ni sus virtudes, sino la manifestación de la misericordia de Dios en él. La misericordia de Dios conmigo, nos dice Pablo, es una simple muestra de lo que hará también con vosotros (cf v.16).

Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-32)

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: – «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: – «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.” Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.” Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» También les dijo: – «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó el a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estomago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuantos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde esta mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.” Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mana y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le pregunto qué pasaba. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replico a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»

Palabra del Señor.

Las parábolas tienen dos fines:

a) Jesús defiende con ellas su postura y, sobre todo, el gesto del perdón que ofrece a los perdidos. b) Jesús muestra con ellas el auténtico rostro de Dios sobre la tierra. A través de las parábolas, Dios se ha revelado como fuerza de un amor que salva y crea. Veamos. Cualquier pastor que ha perdido una oveja coloca a las otras en sitio seguro y se arriesga a buscar la que falta. La mujer que ha extraviado una moneda no se ocupa de las otras; ilumina su morada y limpia todo hasta encontrarla. En ambos casos se suscita el mismo gozo: la alegría de encontrar de nuevo aquello que estaba ya perdido. Pues bien, dice Jesús, la forma de actuar de Dios es semejante. No le basta con los justos; no se ocupa simplemente de los buenos. Dios atiende especialmente a los que viven en peligro (15. 3-10). Este amor justifica la actitud de Jesús y de la Iglesia con respecto a los pequeños, los perdidos, pecadores y extranjeros.

Continúa el tema con la parábola del padre que perdona (Lc 15. 11-32). El hijo menor ha malgastado su vida y su fortuna lejos de casa. El padre le ha dejado porque sabe que ya es adulto y tiene libertad para trazar la ruta de su vida. Pero cuando el hijo vuelve, el padre le sale al encuentro y le abraza. No le reprocha nada, ni pregunta los motivos o razones de su vuelta. Sabe simplemente que retorna, conoce su miseria y le ofrece sin más amor y casa. Evidentemente esta imagen del padre que acoge al perdido y le ama es muy apropiada para indicar la fuerza del perdón de Dios y su manera de tratar a los necesitados y pecadores de la tierra. Sin embargo, la parábola no acaba ni culmina en ese rasgo. Una simple comparación externa nos muestra que hasta ahora no se ha superado el plano de las comparaciones anteriores. El padre no ha salido al encuentro de su hijo, no va por los caminos y ciudades a buscarlo. Por el contrario, el pastor y la mujer lo dejaron todo y se esforzaron por hallar la oveja y la moneda que perdieron. Esto mismo indica que el punto culminante de nuestra parábola no está en el amor del padre que perdona. Ese amor se presupone. Lo que importa es la relación del hijo bueno de la casa.

En nuestro caso el hijo bueno es Israel. Pues bien, a los justos de Israel les duele que el padre acoja a los perdidos y les ofrezca su banquete. Pensaban que la casa era de ellos y podían organizar a su manera las leyes de lo bueno y de lo malo. Ahora, en cambio, han descubierto que la ley del padre es diferente y se sienten postergados, contrariados y molestos. Desde aquí podemos deducir tres grandes conclusiones: a)Dios se ha revelado en las parábolas a modo de principio de un amor que busca lo perdido, que perdona y crea; Dios es padre que a todos ofrece la gracia de un perdón y la posibilidad de una existencia nueva; su alegría está precisamente en ayudar a los que están extraviados o en peligro. b)El evangelio se define a partir de esta revelación de amor. Jesús se ha presentado como la "encarnación" (o manifestación concreta) del perdón creador de Dios en medio de los hombres. c)El escándalo que produce su actitud significa en el fondo un rechazo del auténtico Dios a partir de una fijación idolátrica de lo divino convertida en soporte o garantía de unas determinadas leyes de este mundo.

Concluyamos reconociendo el inmenso amor de Dios en la expresión del apóstol Pablo: «Pero Dios tuvo compasión de mí».

Todos los textos hablan hoy de la misericordia de Dios. La misericordia es ya en la Antigua Alianza el atributo de Dios que da acceso a lo más íntimo de su corazón. En la segunda lectura Pablo se muestra como un puro producto de la misericordia divina, diciendo dos veces: «Dios tuvo compasión de mí», y esto para que «pudiera ser modelo de todos los que creerán en él»: «Se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento». Y esto por una obcecación que Dios con su potente luz transformó en una ceguera benigna, para que después «se le cayeran de los ojos una especie de escamas». Pablo, para poner de relieve la total paradoja de la misericordia de Dios, se pone en el último lugar: se designa como «el primero de los pecadores», para que aparezca en él «toda la paciencia» de Cristo, y se convierte así en objeto de demostración de la misericordia de Dios en beneficio de la Iglesia por los siglos de los siglos.

«Y busca con cuidado».

El evangelio de hoy cuenta las tres parábolas de la misericordia divina. Dios no es simplemente el Padre bueno que perdona cuando un pecador se arrepiente y vuelve a casa, sino que «busca al que se ha perdido hasta que lo encuentra». Así en la parábola de la oveja y de la dracma perdidas. En la tercera parábola el padre no espera en casa al hijo pródigo, sino que corre a su encuentro, se le echa al cuello y se pone a besarlo. Que Dios busque al que se ha perdido, no quiere decir que no sepa dónde se encuentra éste, indica simplemente que busca los caminos -si alguno de ellos es el adecuado- en los que el pecador puede encontrar el camino de vuelta. Tal es el esfuerzo de Dios, que se manifiesta en último término en el riesgo supremo de entregar a su Hijo por el mundo perdido. Cuando el Hijo desciende a la más profunda del pecador, hasta la pérdida del Padre, se está realizando el esfuerzo más penoso de Dios a la búsqueda del hombre perdido. «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5 ,8).

Apelación al corazón de Dios.

La primera lectura, en la que Moisés impide que se encienda la ira de Dios contra su pueblo y, por así decirlo, trata de hacerle cambiar de opinión, parece contradecir en principio lo dicho hasta ahora. Pero en el fondo no es así. Aunque la ira de Dios está más que justificada, Moisés apela a los sentimientos más profundos de Dios, a su fidelidad a los patriarcas y por tanto también al pueblo, lo que hace que Dios, más allá de su indignación, reconsidere su actitud en lo más íntimo de su corazón. Moisés apela a lo más divino que hay en Dios. Este corazón de Dios tampoco dejará de latir cuando tenga que experimentar que el pueblo prácticamente ha roto la alianza y tenga que enviarlo al exilio. Ningún destierro de Israel puede ser definitivo. «Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo» (2 Tm 2,13).

3. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Domingo 23 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Domingo XXIII Del Tiempo Ordinario

Las condiciones para poder ser discípulos de Jesús

Toda cristiano debe pensar con frecuencia en las exigencias que comporta ser discípulo de Jesús y seguir sus huellas. La rutina de la vida nos hace olvidadizos y desmemoriados para las condiciones del seguimiento evangélico, que han de ser entendidas siempre en un plano positivo, no como pérdida sino como ganancia.

1. Oración inicial

Shadai, Dios de la montaña, que haces de nuestra frágil vida la roca de tu morada, conduce nuestra mente a golpear la roca del desierto, para que brote el agua para nuestra sed. La pobreza de nuestro sentir nos cubra como un manto en la oscuridad de la noche y abra el corazón para acoger el eco del Silencio para que el alba envolviéndonos en la nueva luz matutina nos lleve con las cenizas consumadas por el fuego de los pastores del Absoluto que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro, el sabor de la santa memoria.

2. Lectura del libro de la Sabiduría (9, 13-18)

¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son mezquinos, y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma, y la tienda terrestre abruma la mente que medita. Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién rastreara las cosas del cielo? ¿Quien conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu desde el cielo? Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó.

Palabra de Dios.

Se compara el cuerpo humano a una tienda en donde habita el alma que medita. Y como su cuerpo, así son también de mezquinos y falibles los pensamientos del hombre. Pues el cuerpo es un lastre para su alma.

El dualismo antropológico que hace su aparición en este texto es de raigambre griega. El autor se sirve de él, ocasionalmente, para ilustrar lo que quiere decirnos: que el hombre terreno no puede elevarse por sí mismo al conocimiento de la voluntad de Dios. Por lo demás, la antropología bíblica difiere considerablemente del famoso dualismo platónico de tan funestas consecuencias en la espiritualidad cristiana. Pues en la Biblia la palabra central es "corazón". Con esta palabra se designa aquella unidad profunda de la persona humana que es anterior a cualquier distinción entre el alma y el cuerpo. El hombre siente las limitaciones de su inteligencia incluso cuando se esfuerza en el conocimiento de las cosas más cercanas y familiares, de aquellas que están al alcance de su mano. Con mayor razón siente su incapacidad cuando pretende llegar con su conocimiento a las cosas del cielo, que le son inaccesibles. De ahí que, para conocer los designios de Dios necesite que descienda sobre él el Espíritu de Dios (Cfr. 1Cor 2,10-16).

La sabiduría es un don de Dios. Evidentemente no se habla aquí de la sabiduría de los filósofos, de la sabiduría que nos hace doctos, o de la ciencia que nos "infla"; se habla de una sabiduría eminentemente práctica, de la sabiduría de la vida que conduce a la salvación integral. En este sentido, sabio es aquel que conoce la voluntad de Dios

Respondiendo a la Palabra de Dios:

En medio de ese remolino de contrastes en que se mueve el salmista, la impresión, entre tantas impresiones, que más vigorosamente resalta el salmo 89 es la de la caducidad de la realidad humana y, en general, de toda la realidad, frente a la consistencia de Dios. Todo, en el salmo, está en una mezcla confusa: las leyes biológicas junto a las iras divinas, el vacío, el silencio, el olvido. ¿Conclusión? Pareciera que íbamos a aterrizar en el pesimismo fatalista; pero no, el salmista nos conducirá de la mano hacia la sabiduría de corazón, como veremos más tarde.

3. Salmo Responsorial Sal 89

R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana
y por la tarde la siegan y se seca. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo,
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

4. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón (9b-l0. 12-17)

Querido hermano: Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envió como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad. Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo lo quiero tanto, cuanto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano. Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.

Palabra de Dios.

La carta a Filemón es la más breve de san Pablo, casi es una carta privada. Filemón es un cristiano de Colosas que reúne en su casa una iglesia doméstica. Pablo escribe desde la prisión, tradicionalmente situada en Roma, pero esta ubicación es discutida. Un hecho ha motivado la carta: Onésimo, un esclavo de Filemón, ha huido de su amo después de haber robado algo. Se ha encontrado con Pablo en la prisión y se ha convertido: "Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión". Ahora Pablo lo devuelve a Filemón, pidiéndole que no lo castigue como preveía la ley en estos casos.

-"Me hubiera gustado retenerlo junto a mí…": De forma indirecta Pablo pide que Onésimo pueda regresar con él para ayudarlo en su tarea de evangelización..

-"…para que le recobres ahora para siempre; y no como esclavo…": Pablo en esta carta no pone en cuestión la estructura social de su época, pero el juicio negativo que nosotros hacemos de la esclavitud en gran parte lo fudamentamos en el pensamiento del mismo Pablo. No vayamos a buscar en Pablo una respuesta anacrónica: tiene ante sí una institución social indiscutida, pero junto a ella ha descubierto un principio nuevo: el de la fe como creadora de una humanidad nueva en la que todas las diferencias y divisiones se han hundido. Es una realidad interior que procurará salir a la luz y transformar las relaciones humanas. Sin personas transformadas, no puede existir un mundo y una sociedad transformados.

Introducción al Evangelio: Las exigencias que nos recuerda el texto evangélico de este domingo, texto verdaderamente interpelante, se concretan en dos verbos: posponer y renunciar. La fidelidad a Cristo exige primacía, es decir, si es necesario hay que posponer incluso a la propia familia, cuando la atadura de los afectos impide la vivencia cristiana.

5. Lectura del santo evangelio según san Lucas (14, 25-33)

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: – «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

Palabra del Señor.

Este "llevar la cruz" parece hacer referencia a un momento muy concreto de la vida del condenado: el momento en que el condenado a muerte abandona la sala del tribunal para salir a la calle con la cruz ante la multitud hostil que lo abuchea. Lo más terrible no es la ejecución al final del camino, sino el hondo sentimiento de haber sido expulsado de la comunidad, de hallarse sin defensa y de ser objeto del desprecio general. De donde se deduciría que seguir a Jesús significa arriesgarse a llevar un tipo de vida que es tan difícil como el último camino del condenado a muerte. Duras pueden parecer estas palabras, pero ahí están.

Hay en los versículos de este evangelio una fórmula que aparece dos veces: ése "no puede ser discípulo mío" (vv. 27 y 33). Esta doble conclusión, este refrán podemos decir, dirige la interpretación del texto. Se nos invita a una meditación sobre las condiciones requeridas a cualquiera que desee ser discípulo de Jesús. ¿Cuáles son estas condiciones? En una primera lectura vemos ya una característica. Las condiciones exigidas a la candidatura del discípulo recaen sobre la relación de éste con las diversas y numerosas, muy numerosas realidades, que llenan su vida. Se trata del padre, de la madre, de la esposa, de los hijos, de los hermanos, de las hermanas, de la propia vida y, finalmente, de todos los bienes. La lista es abundante; nos preguntaríamos si en la vida del hombre existe algo que quede fuera de la relación establecida entre Jesús y el que se hace su discípulo. Esa relación compromete toda la vida, todo cuanto llena la existencia humana. Es un punto importante que hay que subrayar. Nada debe escapar al influjo que Jesús ejerce sobre la vida de su discípulo y que éste último va a aceptar libremente. La adhesión a Jesús lleva, pues, a un comportamiento nuevo de cara a todas las cosas. (…).

Doctrina difícil de entender y que hay que introducir lealmente en la vida. Se entiende que el autor de la primera lectura hable de la dificultad de conocer el designio de Dios, la llamada de Dios dirigida a cada uno. Este conocimiento no puede venir más que de Dios mismo, que comunica su Sabiduría y su Espíritu. Ojalá los cristianos de hoy estén atentos a esa Sabiduría, a este Espíritu, a fin de vivir en verdad la llamada de Jesús a amarle más que a todo, a seguirle llevando la propia cruz, a renunciar a todos los bienes; en una palabra, a llevar a cabo las opciones decisivas que hacen de cada uno sal para el mundo.

6. Salmo 23

Yahvé es mi pastor, nada me falta. En verdes pastos me hace reposar. Me conduce a fuentes tranquilas, allí reparo mis fuerzas. Me guía por cañadas seguras haciendo honor a su nombre. Aunque fuese por valle tenebroso, ningún mal temería, pues tú vienes conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas ante mí una mesa, a la vista de mis enemigos; perfumas mi cabeza, mi copa rebosa. Bondad y amor me acompañarán todos los días de mi vida, y habitaré en la casa de Yahvé un sinfín de días.

Domingo 22 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Domingo XXII del Tiempo Ordinario

LA VERDADERA HUMILDAD

1. Introducción

¡Qué oportuno es el evangelio de este domingo! Los hombres buscamos siempre sobresalir para ser invitados y tenidos en cuenta, nos parecemos a los fariseos del tiempo de Jesús que apetecían honras exteriores y soñaban con destacarse en el pueblo. El egoísmo puede cegarnos de soberbia e impedirnos ver a los que son más dignos. La autojustificación y la arrogancia nunca son buenas consejeras. Ante Dios no valen pretensiones ni suficiencias, sino coherencia y humildad. La invitación nos llega no por merecimientos humanos, sino por gracia. La humildad cristiana no consiste en cabezas bajas y en cuellos torcidos, sino en reconocer que debemos doblegar el corazón por el arrepentimiento, para que nuestra fe no sea pobre, nuestra esperanza coja y nuestro amor ciego.

2. Lecturas y comentario

2.1. Lectura del libro del Eclesiástico (3, 17-18. 20. 28-29)

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzaras el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes. No corras a curar la herida del cínico, pues no tiene cura, es brote de mala planta. El sabio aprecia las sentencias de los sabios, el oído atento a la sabiduría se alegrará.

En el pasaje, el autor hace una reflexión sobre dos cualidades o virtudes humanas que inciden con claridad en la vida religiosa: la humildad (3, 19-37) y la caridad (3, 30-4, 10). El mensaje es claro: la actitud del verdadero humilde es más apreciable que la de aquel que derrocha sus bienes con orgullo. La humildad es signo de una vida cristiana fuerte (cf. Rm 12, 16). Esta humildad bíblica comporta tres aspectos. En primer lugar, la humildad es una justa apreciación del valor y de la grandeza del hombre. Sólo el que es humilde puede ver como grandes a los demás. Además, la humildad en la fe introduce al creyente en lo más hondo del mensaje: en Dios mismo (v.21;cf. Mt 11,25). Finalmente, Dios recibe gloria por boca del humilde. Jesús ha mostrado un camino de este tipo cuando se ha propuesto como modelo de humildad evangélica (cf. Mt 11,29).

El autor reflexiona por antítesis sobre el orgullo para mostrar el valor de la verdadera humildad. El orgullo es el mal fundamental y se manifiesta por la obstinación del corazón (cf. Ex 7,14;8,28). En el mismo libro de los Proverbios, el cinismo es presentado a veces como una forma refinada de soberbia: una confirmación de la propia actitud despreciando los valores ajenos. Es incurable cuando se le ha dejado echar raíces y cuando se cierra al remedio. El que desprecia la vida de los demás, despreciará su propia vida y terminará despreciando al mismo Dios (cf. Sal 1,1).

El que es sabio desea una forma de ser capaz de discernir con exactitud y verdad lo que es él mismo y los demás. "Tomarse por sabio" (Prov 3,7) es lo contrario a esta actitud de humildad fundamental. No es la humildad un falso esconder la cabeza debajo del ala, sino una justa apreciación de los demás y de sí mismo, así como una apertura hacia Dios porque nos sabemos limitados de verdad, hombres que necesitamos del Dios misericordioso.

Salmo Responsorial

Sal 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11 (R cf. 11b)

R. Preparaste, oh Dios, casa para los pobres.

Los justos se alegran,

gozan en la presencia de Dios,

rebosando de alegría.

Cantad a Dios, tocad en su honor;

su nombre es el Señor. R.

Padre de huérfanos, protector de viudas,

Dios vive en su santa morada.

Dios prepara casa a los desvalidos,

libera a los cautivos y los enriquece. R.

Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa,

aliviaste la tierra extenuada;

y tu rebaño habitó en la tierra

que tu bondad, oh Dios, preparó para 1os pobres. R.

2..2. Lectura de la carta a los Hebreos (12, 18-19. 22-24a)

Hermanos: Vosotros no os habéis acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni habéis oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando. Vosotros os habéis acercado al monte de Sion, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de -la nueva alianza, Jesús.

La experiencia religiosa del Sinaí fue, en primer lugar, la experiencia de la majestad de Dios, de su trascendencia. La teofanía del Sinaí, con todo el aparato de señales visibles y pasajeros, con toda su solemnidad, infundió el temor a un pueblo que no se atrevió a subir a la montaña sagrada. Y Dios se mostró entonces como tremendo e inaccesible (Cfr. Ex. 19, 12-19; Dt. 4, 11-14; 5, 21-30). El propio Moisés, que fue el único que subió a la cumbre para recibir la Ley de Dios, fue presa del santo temor. Muy distinto es el estilo de la revelación de Dios en la Nueva Alianza. Pues cuantos han sido bautizados y pertenecen al nuevo Israel, tienen ahora acceso libre a la morada de Dios, han ascendido al monte Siòn y a la ciudad del Dios vivo. Con estas imágenes bíblicas se nos habla de la nueva y más íntima comunicación de los hombres con Dios. Por Cristo, en cuyo rostro se adivina el rostro del Padre, pues él es la imagen visible del Dios invisible, los creyente son recibidos en la gran asamblea de los ángeles y los santos e introducidos a la presencia de Dios.

2.3. Lectura del santo evangelio según san Lucas (14, 1, 7-14)

Un sábado, entro Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que 1os convidados escogían 1os primeros puestos, les propuso esta parábola: – «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en e1 puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de mas categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: “Cédele el puesto a este.” Entonces, avergonzado, irás a ocupar el Último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba.” Entonces quedaras muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. » Y dijo al que lo había invitado: – «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedaras pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Era costumbre en aquellos tiempos y lugares invitar de vez en cuando a un rabino para conversar durante la comida sobre algún punto de interés religioso. Esto ocurría principalmente los sábados. En algún sentido, esta costumbre perfectamente natural se continúa hoy en ciertos ambientes y familias que cultivan la amistad de los sacerdotes. También Jesús fue invitado a comer un día de sábado. Y aunque el anfitrión era un fariseo y uno de los principales, aceptó. Pues Jesús no era un puritano, y ya otras veces había aceptado la invitación de otros fariseos (Cfr. Lc. 7,36; 11,37). Con todo, Jesús prefería comer con publicanos y pecadores. En esta ocasión había allí otros invitados, amigos de este personaje y fariseos lo mismo que él. Y todos éstos "espiaban" a Jesús. Este detalle demuestra que no había sido invitado de corazón, sino únicamente como pretexto para ver si podían sorprenderle en algún fallo.

En un ambiente así, enrarecido, Jesús se mueve con cautela y se fija en todos los detalles. Ocasionalmente hace su crítica y ofrece su enseñanza, tan diversa a la de los fariseos, sin perder la compostura. El marco de las palabras de Jesús es lo que llamaríamos una sobremesa. Jesús ve cómo los comensales se disputan los primeros puestos. El deseo de figurar era una de los defectos típicos de los fariseos (Cfr. Lc. 11,43;20,46). Jesús afea su vanidad y su mala educación. Pero las palabras de Jesús son algo más que una lección de buenas formas o de urbanidad; nos dice Lucas, se trata de un "ejemplo" que contiene un mensaje religioso. Es en el v. 11 donde se aclara el significado del ejemplo: "Dios enaltece a los humildes y humilla a los soberbios" (Cfr. Lc. 18,14; Mt. 23, 12). Recordemos que Jesús en la Ultima Cena ocuparía el último lugar, el de los siervos, y lavaría los pies a sus discípulos; recordemos, sobre todo, que al día siguiente descendería mucho más al ser colgado en la cruz entre dos ladrones y que, por eso mismo, fue exaltado a la diestra del Padre. Evidentemente Jesús no quiere enseñarnos una astucia para ser honrados públicamente entre los hombres. Jesús nos pide una humildad de corazón, lo mismo que pide la conversión interior y no sólo exterior.

Seguidamente Jesús se dirige a quien le había invitado. También ahora se trata de un "ejemplo" y no sólo de una regla de comportamiento social. Jesús quiere decir que el amor auténtico se muestra cuando se ejerce sin esperar recompensa alguna. El que invita a los pobres no puede esperar ser invitado por ellos en otra ocasión. ¿O acaso sí? Si tenemos en cuenta que el banquete es un símbolo habitualmente empleado para hablarnos del Reino de Dios y que los pobres son aquéllos a quienes se ha prometido el reino de Dios, el segundo "ejemplo" puede adquirir una profundidad mayor. Invitar a los pobres sería tanto como sentarse a la mesa de los pobres, solidarizarse con ellos, sería amarles de tal manera que uno pudiera esperar también entrar con ellos en el Reino que les ha sido prometido.

Domingo 21 del tiempo ordinario – Ciclo C

Domingo XXI del tiempo ordinario ciclo C

La puerta estrecha y el anuncio de la conversión de los paganos

1. Introducción

La salvación es un Don pero siempre supone esfuerzo, decisión, conversión continua. El Reino que se nos promete es para los valientes, animosos y alentados. Para salvarse no basta con estar inscrito en el registro parroquial, ni haber entrado una vez a la Iglesia por medio del bautismo, sin querer entrar todos los días por la puerta estrecha de la fidelidad al mensaje evangélico y del compromiso personal.

2. Texto y comentario

2.1. Lectura del Profeta Isaías 66,18-21.

Esto dice el Señor: Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia; a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria: y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi Monte Santo de Jerusalén -dice el Señor-, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas -dice el Señor-.

Hemos llegado al final del libro de Isaías. Un final clamoroso, abierto, universalista hasta extremos insospechados. Una síntesis de los más hermosos temas isaianos: la manifestación de la gloria de Yahveh, la atracción universal y, la participación de los gentiles como sacerdotes y levitas de la nueva teocracia mesiánica. Tuvo que revelárnoslo Dios y ponerlo en práctica su Hijo para que nosotros, gentiles, pudiéramos creerlo. Israel nunca más se sentirá solo. Junto a sí tendrá a todas las naciones (v. 18) gentiles definitivamente unidas en la paz que procede de la gloria de Yahveh, de su visible manifestación a todos los hombres, de su Revelación en Jesús. A modo de reseña simbólica se citan los pueblos entonces más significativos peregrinando desde todos los ángulos de la tierra conocida hasta Jerusalén. Put y Lud en África; Tubal junto al mar Negro: Yabán en las islas jónicas y Grecia; Tarsis o Tartesos, la región del Guadalquivir, símbolo de los confines de la tierra. Como broche de oro ahí está esa tajante afirmación "de entre ellos tomaré sacerdotes y levitas". ¿Quiénes son "ellos"? ¿Los judíos de la diáspora? ¿Los gentiles? Al presente ahí queda esa duda como tema abierto..

Nosotros sabemos por la revelación posterior que el cumplimiento de esa privilegiada profecía ha tenido lugar entre todos, judíos y gentiles, pues en la Nueva Congregación de los hijos de Dios, en el Nuevo Israel, han terminado todas las diferencias de raza, color o lengua. Ya no hay impuro, aprenderá Pedro en la visión de los alimentos, porque Dios todo lo ha purificado con la sangre de su Hijo. Nosotros no sólo nos llamamos sino que somos hijos de Dios y, si hijos, herederos de la Promesa. En la Nueva Jerusalén del Espíritu todos sus hijos en la fe forman ese pueblo santo, sacerdotal, entre el cual Dios elige a sus ministros, a sus sacerdotes y levitas. Sacerdocio que ya no será como el de la carne hereditario, sino vocacional, carismático, profético. Participación del sacerdocio pleno de su Hijo.

2.2. Salmo Responsorial:

La oración no es larga por necesidad; y, si siento de veras lo que rezo, la intensidad del sentimiento puede compensar con creces la brevedad de la plegaria. Pongo en mi oración una palabra de alabanza, la presencia del grupo y el horizonte de la humanidad entera, mi fe en la misericordia de Dios y la fidelidad de su promesa de salvación… y surge la oración perfecta.

Sal 116, 1-2

R/. Id al mundo entero y predicad el Evangelio

Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

2.3. Lectura de la carta a los Hebreos 12,5-7. 11-13.

Hermanos: Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: "Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos". Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos, sino que nos duele; pero después de pasar por él, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

-La reprensión es signo de amor (Heb 12, 5-7.11-13) Esta lectura es estimulante para los cristianos que se hallan sometidos a la prueba; es preciso dejar de considerarla como una especie de persecución por parte de Dios y ver en ella, más bien, el signo de un particular amor. Cuando el Señor ama a alguien, le da buenas lecciones; corrige a todos aquellos a quienes reconoce como sus hijos. Los cristianos a los que se dirigen estos consejos ya han sufrido mucho y sirven sufriendo la prueba (Heb 10, 32-34). Este puede ser nuestro caso o el de otros seres que nos son queridos. Encontramos aquí un consuelo que no está hecho de palabras vacías. No se trata de cerrar los ojos, ni de convencerse de que las pruebas no son tan duras como se piensa: por el contrario, mirándolas de frente, tal como son, podemos llegar a dar un verdadero juicio de valor sobre ellas. Además, el autor de la carta invita a meditar los sufrimientos, que condujeron a Jesús a su gloria.

La amargura del hombre probado le lleva a encerrarse en sí mismo y a no entender nada: le parece que está condenado al absurdo de la vida. Pero se trata, por el contrario, de no olvidar la palabra de consuelo que se dirige, al que sufre, como a un hijo. Lejos de considerar la prueba como un castigo, lo cual no cuadra con la misericordia de Dios y que a veces resulta inexplicable para personas realmente entregadas en cuerpo y alma al Señor, hay que ver en ella su valor formativo para la gloria que nos espera. No hay, pues, que desanimarse, sino tomar la prueba como un instrumento de una más íntima unión con Dios, que de este modo nos manifiesta su amor. Si, en un primer momento, la corrección, la prueba, pueden entristecer, cuando se reflexiona y se percibe el fruto del sufrimiento, se produce un sentimiento de paz profundamente gozosa que penetra el alma y la vida de quien ha aceptado y ofrecido la prueba. Porque sucede siempre que el efecto de la prueba aceptada provoca una curación del alma. Y basta con leer a Isaías y los Proverbios (Is 35, 3; Prov 4, 26).

2.4. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 13,22-30.

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: -Señor, ¿serán pocos los que se salven? Jesús les dijo: -Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois.» Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.» Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

Una de las grandes preocupaciones de los primeros cristianos era la de saber si únicamente los miembros de Israel participarían en el mundo futuro. Según Lc 13,23-30, todos los hombres están llamados a la salvación. En este texto habla Jesús del camino que conduce al reino.

La pregunta sobre si son muchos o pocos los que se salvan (v 23) no tiene una respuesta directa. A menudo Jesús, ante una pregunta responde desde otra perspectiva. Este es el caso en este fragmento, con la exhortación a entrar por la puerta estrecha (24). Jesús pide el esfuerzo tenaz del hombre: el verbo «esforzarse» (luchar) expresa en griego, aquí y en otros lugares del NT, una actitud ética fundamental, una respuesta del hombre a la invitación de Dios (Lc 16,16, Jn 18,36, 1 Co 9,25). Los vv siguientes precisan en qué debe consistir la lucha o esfuerzo del creyente: obrar con rectitud y justicia (27). Es una actitud básica que tiene en Lucas, una consecuencia religiosa: ser reconocidos por el dueño de la casa, por aquel que puede abrir la puerta del banquete del reino. El evangelista identifica al dueño de la casa con Jesús en el v 26, y precisa también que invita a todos los hombres. Los convidados no son los que han conocido a Jesús externamente, los que han comido con él o han hablado de él, sino los que, con motivo de su llamada, inician un proceso de conversión, consistente en una apertura hacia él y hacia los demás. Incorporando a su mensaje el criterio profético, según el cual es necesario ser justo y bueno con el prójimo, Jesús da una pista válida para los hombres de todos los tiempos y comprensible a judíos y a paganos. Justamente por esto, gentes de todas partes, de oriente y de occidente (29), todos los que respondan a la llamada de Jesús en favor del hombre, podrán compartir finalmente la mesa del reino de Dios.

Los vv siguientes (31-33) presentan una nueva escena. Jesús, profeta, actúa cada día («hoy», "mañana"…) haciendo el bien -expulsa demonios, lleva a cabo curaciones-, pero su camino finalizará en Jerusalén, y será tanto un final como un principio. En Jerusalén culminará la obra histórica de Dios en Jesús y de allí mismo saldrá el misterio renovador del evangelio.

La asunción de la Virgen María – Solemnidad

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

Oración:

Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

1. Introducción

En esta misa conviene relacionar la primera lectura y el salmo con el evangelio. La imagen de la mujer apocalíptica es al mismo tiempo de lucha y de victoria, y la escena de la visitación es introducción al cántico del humilde glorificado, el Magnificat. Lo que estas lecturas destacan es el aspecto "pascual" de la asunción de María. La "victoria es de nuestro Dios", y María es beneficiaria de esta victoria, "porque has creído", y Dios se ha complacido en obrar en ella sus maravillas. Estrechamente unida a esta temática, escuchamos la lectura del Apóstol, que manifiesta la razón de fondo del misterio: "Cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, todos los cristianos". La presentación del misterio de María como participación plena en el misterio pascual de Cristo es, posiblemente, la más justa teológicamente, y la que da más coherencia a la celebración. Con ella enlaza perfectamente la introducción a la Eucaristía, siendo al mismo tiempo un punto de partida exhortativo sobre el sentido pascual de nuestra existencia.

2. Lectura y reflexión de los textos de la solemnidad

2.1. Lectura del libro del Apocalipsis 11,19a; 12,1-6a. 10ab.

Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios y dentro de él se vio el Arca de la Alianza. Hubo rayos y truenos y un terremoto: una tormenta formidable. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba encinta, le llegó la hora, y gritaba entre los espasmos del parto. Apareció otro portento en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. Mientras tanto la mujer escapaba al desierto. Se oyó una gran voz en el cielo: «Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías».

2.1.1. Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

La lectura del libro del Apocalipsis empieza presentado uno de los temas bíblicos de la fiesta de hoy; el arca de la alianza. Tema que aparece en la primera lectura de la misa de la vigilia, y sirve de enlace en esta primera lectura de la misa del día y volverá a aparecer como trasfondo del evangelio de la Visitación. El arca de la alianza era el "signo" de la presencia invisible de Dios en medio de su pueblo. Contenía el Decálogo, síntesis de la Palabra que Dios había dirigido a su pueblo en el Sinaí.

La visión del arca inaugura, en el libro del Apocalipsis, la sección de los tres signos, de los cuales la lectura nos presenta los dos primeros: la mujer encinta y el dragón rojo. El varón llamado a gobernar a los pueblos es símbolo de Cristo, designado, más adelante, como "la Palabra de Dios" (19,13). La mujer que personifica a la comunidad cristiana es la que gesta y da a luz al que es la Palabra definitiva del Padre. La figura femenina es la verdadera arca de la nueva alianza, "signo" de la presencia de Dios ante los pueblos, a pesar de los rechazos y de las persecuciones.

La lectura mariana de este texto eclesiológico nos lleva a María como la primera cristiana, prototipo y Madre de la Comunidad de creyentes interesada en ofrecer la Palabra de Dios, que es Cristo, a nuestro mundo secularizado.

2.2. SALMO RESPONSORIAL Sal 44,11.

R/. De pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro
.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna.

Prendado está el rey de tu belleza;
póstrate ante él, que él es tu señor.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

2.3. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15,20-26.

Hermanos: Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto; primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los cristianos; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios «haga de sus enemigos estrado de sus pies». El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque dice la Escritura: «Dios ha sometido todo bajo sus pies».

2.3.1. La resurrección de Cristo no fue un hecho aislado, sino una primicia, el primer fruto de una cosecha, que anuncia la resurrección de todos; es así el fundamento de la esperanza. La humanidad entera era solidaria del primer hombre y participaba de su destino. Ahora, con el Mesías, se ha creado una nueva solidaridad. La primera solidaridad conducía a la muerte, la segunda lleva a la vida. Ahora bien, mientras la solidaridad con Adán no era libre, sino que nacía de la naturaleza misma del hombre (Adán=hombre), la solidaridad con el Mesías se crea por la comunicación de su Espíritu (1 Cor. 12, 12-13), don de Dios a los que libremente se adhieren a su Hijo, jefe de la humanidad nueva. El Espíritu, que es la vida, dará la resurrección a los que pertenecen al Mesías (Rm. 8. 11).

El plan de Dios, actuado por el Mesías, Jesús, era comunicar al hombre su misma vida y así salvar para siempre al hombre que creó. El reino del Mesías es un reino de vida en todas sus manifestaciones; su enemigo total es la muerte, destrucción de la obra de Dios. Dios mismo irá venciendo a todos sus enemigos, sometiéndolos al Mesías; el último por vencer será la muerte, para que reine totalmente la vida, y una vida sin fin. Ese será el triunfo de Dios, el final de su obra. – Cristo es la primicia de los resucitados. Es la primera gavilla de la gran cosecha que Dios recoge de la siembra en el mundo. La primera gavilla indica que la cosecha ha empezado. Reafirma nuestra esperanza en la resurrección. María es también gavilla de las primicias. Esta comparación no tiene para nosotros la misma fuerza que tenía en tiempo de Pablo. La presentación de la primera gavilla, como primicia de la cosecha, era motivo de alegría y de bendición.

La civilización industrial no habla de gavilla, sino de "inauguración". Pero lo importante es conservar el sentido que hay en el fondo de la comparación. En Jesús la prodigiosa fiesta de su resurrección es la gavilla, la inauguración, la Asunción de María es la primera participante en la fiesta. La resurrección de Jesús y la Asunción de María significan que en Cristo resucitado, centro de la creación liberada, el proceso de restauración llega hasta la materia cósmica. La Asunción de María nos confirma que en la resurrección de Cristo la creación entera llega a su plenitud, que el cosmos y el cuerpo no es sólo el lugar material en que se juega el destino del hombre. La liberación que le espera le hará acceder a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

2.4. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1,39-56.

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres-, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

2.4.1. Los dos primeros capítulos de Lucas se orientan hacia la subida de Jesús al templo de Jerusalén (2, 4 y 42). Hay una alusión a la aparición del Arca en el santuario. Hay también un paralelismo muy significativo con la subida o traslado del Arca a Jerusalén en el A.T. El viaje de María hacia las montañas de Judá recuerda simbólicamente el traslado del Arca, 2S 6,1-23. El Arca sube a Jerusalén. La estancia en casa de Obed-Edom, como la estancia de la "Madre de mi Señor" en casa de Zacarías, representa una etapa en el curso de la subida a la ciudad santa. En ambos casos, la estancia es de tres meses y es causa de bendición.

Hay que notar el clima de alegría, Jesús sube a la casa de su padre. María lo lleva… El canto de María expresa el sentimiento de quien ha comprendido la bondad de Dios hacia los pequeños y su compasión por los pobres. Es un canto de alabanza que los pobres dirigen a Yahvé por la promesa hecha a Abraham y a su descendencia. Hay escasas referencias personales. Parece representar más bien el canto de Israel que el de María como persona particular. Es la plegaria de la Hija de Sión.

Hay que relacionarlo con Habacuc 3, 18 y con el cántico de Ana (1 S 2, 1-10). Se trata de dos maternidades profundamente insertas en la Historia de la Salvación. Las "cosas grandes", las gestas de Yahvé, son el centro de la Historia de la Salvación y hacen de las personas y de la comunidad el sujeto de las bendiciones. El arco de la Historia de la Salvación tiene dos puntos de apoyo: Abraham y María. En ambos, se realiza la obra de Dios por la fe. Creyó Abraham (Gn 15,6). Bienaventurada tú porque has creído (Lc 1, 45). Ambos han sido llamados por Dios y participan en el sacrificio de su hijo y son inicio de una humanidad.

2.4.2. La alegría de Isabel por la visita de "la madre de mi Señor" y el gozo desbordante de María por la salvación mesiánica que ella trae, forman la lectura evangélica de hoy.

1. María, llevando en sí la presencia de Dios, como nueva arca de la alianza (cf. 2 S 6), se va corriendo a la montaña de Judá para llevar -como hará la predicación apostólica y toda la Iglesia- la Buena Nueva de la salvación y a comprobar con sus propios ojos el signo que le dio el ángel (cf. Lc 1, 36). El primer fruto de esta presencia de María -y del Señor- en casa de Isabel es la donación del Espíritu a la madre del Bautista, su alegría y la bendición de María porque creyó en la realización de todo lo que el Señor le dio a conocer por medio del ángel, bendición que nos recuerda la de Jesús en Lc 11, 28: "Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la guardan". Las palabras que Isabel dirige a María, "la madre de mi Señor" (recuérdese que Señor es un título mesiánico) son también un modo de expresar el misterio de la encarnación: Dios se ha hecho hombre en el hijo de María.

2. El cántico de María, como en general todo el capítulo primero y segundo de Lucas, está lleno de imágenes y palabras del AT., aunque no se citen explícitamente. María habla en primer lugar como la verdadera hija de Sion en quien culmina la esperanza de todo el pueblo, siervo del Señor (cf. Sal 105, 6). Su alegría se debe a todo lo que hace el Señor; reconoce que todo lo que ella tiene se lo debe al Poderoso que llena de gracia a los humildes. Como Isabel, María expresa la alegría de ver cumplida la hora de la salvación, de la liberación final para Israel y toda la creación.

A partir del versículo 50 el Magnificat canta cuál ha sido y cuál va a ser el modo de actuar de Dios en la historia de la salvación: se dice de diversos modos que Dios se mantiene fiel a su promesa de amor y fidelidad ("su misericordia llega a sus fieles de generación en generación"; "acordándose de la misericordia en favor de Abrahán y su descendencia para siempre"). Y este amor fiel de Dios toma una forma muy concreta expresada en la contraposición entre los humildes a quienes enaltece y los hambrientos a quienes colma de bienes, por un lado, y los soberbios y poderosos a quienes derriba y los ricos a quienes despide vacíos, por otro: la venida de Cristo en "la humillación de su esclava" comporta este cambio de la condición humana y del orden del mundo que supone la instauración del reino de Dios, en el que sólo pueden entrar los que sientan hambre de salvación. María es la primera en cantar este orden nuevo del Reino.

El acontecimiento fundamental para tender la mirada hacia el más allá de la muerte es la Resurrección de Cristo. Es muy importante tener presente y viva esa realidad: No estamos aquí para siempre. Lo sabemos pero vivimos como si esto fuera definitivo, y eso no es bueno. Quien vive consciente de que está de camino, avanza mejor. Lo definitivo para nosotros es Dios, es Cristo.

Después de Cristo, tenemos en María el ejemplo de una persona humana que ya llegó al término. Una persona como nosotros está allá. Eso es lo que celebramos en esta solemnidad. Debemos mirar a "lo último", no con miedo, sino con esperanza. Nos dice San Pablo: " Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia". O Santa Teresa que escribió: " Muero porque no muero".

3. Oración final:

Alégrate y gózate Hija de Jerusalén
mira a tu Rey que viene a ti, humilde,
a darte tu parte en su victoria.

Eres la primera de los redimidos
porque fuiste la adelantada de la fe.

Hoy, tu Hijo, te viene a buscar, Virgen y Madre:
“Ven amada mía”,
te pondré sobre mi trono, prendado está el Rey de tu belleza.
Te quiero junto a mí para consumar mi obra salvadora,
ya tienes preparada tu “casa” donde voy a celebrar
las Bodas del Cordero:

• Templo del Espíritu Santo
• Arca de la nueva alianza
• Horno de barro, con pan a punto de mil sabores.

Mujer vestida de sol, tu das a luz al Salvador
que empuja hacia el nuevo nacimiento

Dichosa tú que has creído, porque lo que se te ha dicho
de parte del Señor, en ti ya se ha cumplido.

María Asunta, signo de esperanza y de consuelo,
de humanidad nueva y redimida, danos de tu Hijo
ser como tú llenas del Espíritu Santo,
para ser fieles a la Palabra que nos llama a ser,
también como tú, sacramentos del Reino.

Hoy, tu sí, María, tu fiat, se encuentra con el sí de Dios
a su criatura en la realización de su alianza,
en el abrazo de un solo sí.
Amén.

Domingo 19 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Décimo noveno domingo del tiempo ordinario ciclo c.

1. Oración inicial

Ven, oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles. Tú que ya has venido para hacernos fieles, ven ahora para hacernos dichosos. Tú que has venido para que, con tu ayuda, pudiésemos gloriarnos en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios, ven de nuevo para que podamos gloriarnos también de su posesión. A ti te concierne el confirmar, consolidar perfeccionar y llevar a cumplimiento. El Padre nos ha creado, el Hijo nos has redimido: cumple pues, lo que a ti te compete. Ven a introducirnos en toda la verdad, al gozo del Sumo Bien, a la visión del Padre, a la abundancia de todas las delicias, al gozo de los gozos. Amén.

2. Texto y comentario

Lectura del libro de la Sabiduría 18,6-9.

Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables. Pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y de común acuerdo se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

La tercera parte del libro de la Sabiduría (caps. 11-12 y 16-19) es una homilía o comentario didáctico muy libre a siete de las diez plagas narradas en el libro del Éxodo, en las que Dios y sus representantes se enfrentan al Faraón y a los suyos. En esta confrontación hay un opresor y un oprimido, un culpable y un inocente, y, como resultado del juicio divino, habrá un vencedor y un vencido. El autor del libro de la Sabiduría, comentando con mucha libertad los relatos del Éxodo, nos quiere hacer ver cómo el castigo del malvado viene a ser premio para el inocente: "con una misma acción castigabas a los adversarios y nos honradas llamándonos a ti" (v.8), "con lo que sus enemigos eran castigados, ellos, en el apuro, eran favorecidos" (v.11,5).

Reconocer y agasajar al Dios liberador implica necesariamente sentirse unido con todos los miembros de la comunidad "en los peligros y los bienes" (v.9). ¡Celebrar el banquete es compartir todo con todos! ¡Casi nada! Sólo así se puede ser hijo o primogénito de Dios. Sólo con esta actitud podremos llamarnos "santos" o cristianos. El reino de Dios "ya es", pero "todavía no". Un silencio sereno envuelve nuestra existencia cristiana a la espera no de un juicio histórico sino escatológico. El primero sólo es anticipo y prueba del segundo. Y este silencio sereno nos invita a modificar nuestras vidas, a ser auténticos cristianos. ¡Vigilancia, no perdamos el tiempo! Cuando nos diésemos cuenta podría ser demasiado tarde.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 32,1 y 12. 18-19. 20 y 22

R/. Dichoso el pueblo a quien Dios escogió.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos;
dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

Lectura de la carta a los Hebreos 11,1-2. 8-19.

Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe son recordados los antiguos: por fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa- mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque se fio de la promesa. Y así, de una persona, y ésa estéril, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

[Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido la tierra prometida;  pero viéndola y saludándola de lejos,  confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan,  están buscando una patria;  pues si añoraban la patria de donde habían salido,  estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor,  la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: "Isaac continuará tu descendencia". Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos. Y así recobró a Isaac como figura del futuro.]

La epístola va dirigida a unas comunidades que viven en medio de un mundo hostil. A muchos cristianos les parecía que el evangelio era una utopía poco menos que irrealizable y empezaban a desfallecer ante las persecuciones, algunos abandonaban incluso la iglesia (cfr. 10,25). Por eso el autor les exhorta a la perseverancia y a la fidelidad. Recurre, para conseguir el efecto deseado, a los ejemplos bíblicos, sobre todo al ejemplo de Abrahán. No pretende dar una definición de la fe, sino destacar aquellos rasgos fundamentales que obtuvo la fe en los grandes creyentes y que convenía recordar a los que vacilaban: la firmeza en la esperanza, que anticipa los bienes futuros, y el convencimiento de lo que aún está por ver y por venir. La fe, como respuesta a la palabra de Dios que tiene el carácter de promesa, es inseparable de la esperanza.

De ahí que la fe sea siempre un éxodo, una salida, el comienzo de un camino hacia el futuro de Dios que trae la salvación. El que cree está siempre de paso, vive como un extranjero, como un nómada. Así vivió Abrahán, incluso en la tierra que Dios le había prometido (Gn 17,8;20,1;21,23;24,37). Y lo mismo Isaac, y Jacob. Todos llevaron una vida nómada, como corresponde a los "hebreos" y es imprescindible, en un sentido profundo, a los creyentes. Esto es así porque los creyentes, más que una tierra, lo que buscan es un futuro en el que se han de cumplir las promesas y, por eso, no pueden instalarse nunca. La "tierra prometida" es el símbolo de lo ciudad futura, de la ciudad que Dios construye para los que la buscan y ponen en él toda su esperanza. Este modo de entender y de vivir la vida se expresa muy bien en la ilusión que los patriarcas pusieron en sus descendientes.

En el campo abierto por la promesa de Dios, el hombre de fe se arriesga invirtiendo toda su vida y engendrando nueva vida de su flaqueza. Abrahán y Sara engendraron a Israel cuando ya eran ancianos. Tuvieron un hijo cuando humanamente parecía imposible. Pero Abrahán no dudó en sacrificar a su hijo para cumplir la voluntad incomprensible de Dios, creyendo que aun así se cumpliría lo que Dios les había prometido, que sería padre de un pueblo numeroso (Ex/32/13). Abrahán creyó hasta el extremo, esperó contra toda esperanza humana, y pasó a ser el padre de todos los creyentes.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12,32-48.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: [No temas, pequeño rebaño: porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque dónde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.] Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre. [Pedro le preguntó: -Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos? El Señor le respondió: -¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse; llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.]

Seguimos en la perspectiva de camino. El texto comienza con la fórmula de confianza "no temas", fórmula que garantiza protección y seguridad, y con el apelativo cariñoso de "pequeño rebaño", para inmediatamente pasar a formular el motivo de la confianza y del cariño: "El Padre ha tenido a bien confiaros su reino". Manifestación capital en sí misma, por cuanto que supone la realización, al menos parcial, de la segunda petición del Padrenuestro: Venga tu reino. Manifestación, además, fundamental en el conjunto del texto, por cuanto que está a la base de todo lo que en él se dice después. Tomando como punto de partida este versículo 32, el texto se articula de la siguiente manera:

1. Versículos 33-34. Una vez más nos sale al paso la frase corta y gráfica, desconcertante y agresiva." Vended vuestros bienes y dad limosna". La frase es de las que hieren, porque golpea fuerte. "Tocados" todavía por su impacto, escuchamos después algo sobre el corazón y el tesoro. Empezamos a relacionar: tesoro, dinero, valores, atención, importancia. De repente se nos ilumina el sentido de la frase: el dinero no puede ser el móvil de uno a quien el Padre le ha confiado su reino.

2. Versículos 35-40. Las palabras de Jesús siguen resonando gráficas. "Tened ceñida la cintura". En un mundo en el que se llevan túnicas muy holgadas que llegaban hasta los pies, era inevitable ceñirse la cintura con un cinturón para realizar cualquier actividad que supusiese esfuerzo o movimiento. Tener ceñida la cintura expresaba disposición, entrega a una tarea. Algo parecido hay que decir de las lámparas encendidas, indudablemente una metáfora para designar la actitud despierta y consciente.

Siguen a continuación dos situaciones, dos ejemplos de actitud despierta y consciente: de unos criados; de un dueño de casa. En ambos casos se pone de relieve la misma exigencia: necesidad de una actitud consciente y abierta al futuro.

¿De qué futuro se trata? Nos lo dice el v. 40 y lo formula en términos de venida del Hijo del Hombre. La formulación ahonda sus raíces en la imaginería apocalíptica judía, una imaginería al servicio de la más bella y la más real de las realidades: el encuentro pleno de los hijos con su Padre.

El sentido de los vs. 35-40 aparece claro: uno a quien el Padre le ha confiado su reino vive consciente de caminar hacia el encuentro pleno con el Padre.

3. versículos 41-48. Pedro interrumpe para saber si lo anterior se refiere sólo a ellos o también a todos en general. ¿Has dicho esta parábola por nosotros o por todos? Por el contexto inmediato el nosotros no se refiere a los doce, sino a los discípulos, es decir, al seguidor de Jesús.

En su respuesta Jesús emplea el mismo procedimiento que constatábamos hace cuatro domingos a propósito del letrado que quería saber quién era su prójimo. Jesús no responde en los mismo términos de la pregunta, sino que en los vs. 42-46 comienza contando la historia del posible doble proceder, bueno y malo, de un administrador. A continuación, en los versículos 47-48, centra su atención en el proceder malo y distingue dos nuevas posibilidades, según que ese proceder malo sea consciente o inconsciente. Por último, concluye con la siguiente llamada de atención: Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confía, mucho se le pedirá. Hacia esta llamada de atención va encaminada toda la anterior historia; esta llamada es lo verdaderamente importante de la respuesta de Jesús.

Comparemos ahora esta respuesta y la pregunta. Pedro quiere saber si lo manifestado por Jesús vale sólo para sus seguidores o también para todos. Jesús le contesta que no es eso lo que debe preocuparle como seguidor suyo. Lo que de verdad debe preocuparle es que por ser seguidor suyo tiene unas exigencias y unas responsabilidades, superiores incluso a la demás gente por cuanto un seguidor de Jesús sabe que las tiene y los demás no lo saben. Esas exigencias y esas responsabilidades es lo que de verdad debe de preocupar a un seguidor de Jesús, y no si los demás las tienen o dejan de tener, o si los demás son seguidores de Jesús o no. La respuesta de Jesús, por lo tanto, corrige los demás términos, y el planteamiento de la pregunta de Pedro.

El texto no es fácil por cuanto que no deja traslucir a primera vista su articulación interna. A la hora de hablar de él hay que hacerlo partiendo de lo que es la afirmación central: El Padre ha tenido a bien confiaros su reino. El seguidor de Jesús debe vivir sabiendo que el reino del Padre es ya una realidad en él. Su vida goza del cariño, la protección y la seguridad que el Padre otorga. No tengas miedo.

A partir de esta vivencia y de esta certeza, el seguidor de Jesús da curso a un nuevo carácter, a un estilo diferente de vida. El texto de hoy apunta dos manifestaciones de este nuevo estilo de vida.

Primera: El seguidor de Jesús no está en la vida para ganar dinero. Segunda: El seguidor de Jesús es sabedor de que camina hacia el encuentro claro y pleno con el Padre. Pero ¡ojo! Se trata de actitudes simultáneas e independientes entre sí. Por lo tanto, el no estar en la vida para ganar dinero no se debe al hecho de caminar hacia el Padre. Lo primero no está subordinado a lo segundo. Si el seguidor de Jesús no está en la vida para ganar dinero, ello se debe a que está en la vida para hacer otras cosas y con otros valores. A su vez, mientras hace esas otras cosas desde otros valores, el seguidor de Jesús sabe que su vida tiene perspectiva de futuro, un futuro que arranca del presente del Padre.

El texto termina con una parte que suele estar bastante maltratada. Una parte realmente maltratada. Hay comentaristas que la interpretan en el sentido de retribución según los méritos. Creo que esta línea de interpretación no tiene para nada en cuenta la articulación del texto. El sentido de la parte final está condicionado por la pregunta de Pedro, aunque no por los términos y su planteamiento. Lo hace por medio de la historia que cuenta, la cual tiene como función el preparar la llamada de atención final, que es donde se recoge el planteamiento o modo de ver las cosas por parte de Jesús. La preocupación de si lo que Jesús dice es aplicable sólo a sus seguidores o a todos en general debe dejar paso a esta otra: como seguidor de Jesús, éste tiene que llevar adelante un estilo de vida no basado en el dinero y consciente de su apertura al Padre. Esta es la tarea del seguidor de Jesús y de ella es de lo que tiene que responder. Los demás ya responderán de la suya, sea ésta la que sea. Lo que debe preocupar al seguidor de Jesús no es el hacer extensiva a los demás su visión de las cosas, sino el vivir de las cosas.

3. Oración final

Arda en nuestros corazones, oh Padre, la misma fe que empujó a Abrahám a vivir sobre la tierra como peregrino, y no se apague nuestra lámpara, para que vigilantes en espera de tu hora seamos conducidos por ti a la patria eterna (Colecta del domingo 19 C).

Domingo 18 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Domingo XVIII del tiempo ordinario ciclo C

1. Oración

Aquí estamos delante de ti, ¡oh Espíritu Santo! Sentimos el peso de nuestras debilidades, pero estamos todos reunidos en tu nombre; ven, asístenos, ven a nuestros corazones; enséñanos tú lo que debemos hacer, muéstranos tú el camino a seguir, realiza en nosotros todo cuanto te pedimos. Tú seas sólo el que nos sugiera y guíe en nuestras decisiones, porque tú sólo con Dios Padre y con su Hijo, tienes un nombre santo y glorioso; no permitas que por nosotros sea dañada la justicia, tú que amas el orden y la paz; no nos desvíe la ignorancia; no nos vuelva parciales la humana simpatía, no seamos influenciados por cargos o personas; tennos sujetos a ti y nunca nos separaremos de la verdad; haz que reunidos en tu santo nombre, sepamos contemplar bondad y ternura juntos, de modo que hagamos todo en armonía contigo, en la esperanza de que por el fiel cumplimiento del deber se nos den los premios eternos . Amén.

Lectura del libro del Eclesiastés 1,2; 2,21-23.

Vaciedad sin sentido, dice el Predicador, vaciedad sin sentido; todo es vaciedad. Hay quien trabaja con destreza, con habilidad y acierto, y tiene que legarle su porción al que no la ha trabajado. También esto es vaciedad y gran desgracia. ¿Qué saca el hombre de todo su trabajo y de los afanes con que trabaja bajo el sol? De día dolores, penas y fatigas; de noche no descansa el corazón. También esto es vaciedad.

El libro del Eclesiastés describe extensamente lo que él llama la vanidad de las cosas y el pasaje de este día aplica este análisis al sentido del trabajo del hombre. La vanidad consiste en la distancia existente entre el ideal del hombre y las realizaciones a las que llega. El corazón del hombre experimenta un deseo de absoluto que nunca llega a satisfacer. Esto no es una consecuencia del pecado, sino simplemente la expresión de la limitación humana. Hoy se llama a la vanidad el absurdo o la ambigüedad. Tomar una decisión y no poder darle la solución mejor; buscar y no poder atrapar jamás la verdad absoluta; trabajar para el futuro y verlo en manos de los que vienen detrás quienes destruyen aquello que se les había ofrecido, ¿no es todo esto algo propio de la condición humana? La vanidad se convierte en la falta del hombre que desconoce los límites y equívocos que se imponen a su esfuerzo. La vanidad es la locura humana que no cuenta con la muerte y se encuentra, de esta manera, brutalmente ridiculizado por ella.

¿Como se puede salir de esta vanidad absurda? Cierto que no se sale de ella haciendo que se la ignora: sería esto una locura que el Eclesiastés denuncia con gran vigor. Tampoco se puede salir de ella recurriendo a un más allá: el autor se opone clarísimamente a todo mesianismo y escatologismo. Nadie puede escapar al absurdo humano. La única solución es vivirlo plenamente en toda su caducidad y su muerte misma. Solo un hombre ha vivido esta experiencia. El ha podido salir victorioso uniéndose íntimamente con su Padre y así, en la muerte misma, encontró la vida.

Salmo Responsorial Sal 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17 (R.: 1)R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo, diciendo:
«Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando?
Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 3,1-5.9-11.

Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, y la avaricia, que es una idolatría. No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Pablo presenta dos temas preferidos: la unión con Cristo y el ser prolongación de Cristo. Pablo insiste siempre en que nosotros debemos completar lo que Cristo hizo ya por nosotros. Este texto contiene todo el campo conceptual y teológico de la complementariedad. Para Pablo hay dos tipos de complementariedad tomados del AT y que no son intercambiables. El primero se expresa con la fórmula paulina «por nosotros, por todos». Quedan eliminadas todas las diferencias de clases. Esta fórmula tiene su origen en los poemas del Siervo de Yahvé. El segundo tipo se expresa con la fórmula «con él». La lectura de hoy trata preferente de este tipo. Nuestra participación en la obra de la salvación es distinta de la de Cristo. No podemos decir que lo que él es para nosotros, seamos nosotros para él. Pero se trata de llevar a plenitud la obra salvífica y en ella tenemos asignada nuestra parte. Esto presupone que toda la existencia humana entra en comunión con Cristo. Los cristianos quedan insertos en el destino de Cristo.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12,13-21.

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: -Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. El le contestó: -Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros? Y dijo a la gente: -Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Y les propuso una parábola: -Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe, y date buena vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.

Lucas no condena a los ricos por ser ricos: el dinero ni es bueno ni es malo, como la electricidad. Solamente el uso que se haga de él puede ser bueno o malo. Ahora bien: la equivocación del rico insensato está en servirse de sus riquezas como si estuviera él solo sobre la tierra. En las sesenta y cinco palabras que resumen sus declaraciones se encuentran catorce veces las palabras «yo» o «mío». Con otras palabras, el rico insensato, porque piensa que ha sido él solo por sí mismo quien adquirió las riquezas, como si no hubiera heredado nada de sus padres, como si no hubiera recibido nada a causa del trabajo de sus obreros. El es el único. El está solo además en la explotación de sus bienes, hasta el punto de que su única preocupación es invertir nuevas riquezas para aumentar la plusvalía, sin darse cuenta de que los verdaderos graneros de sus cosechas deberían ser los estómagos vacíos de sus hermanos los hombres.

Para la revisión de vida ¿Te produce satisfacción tu trabajo? ¿Encuentras sentido en lo que haces y vives? ¿Cómo vives tus afanes en el trabajo, en todo lo que realizas a lo largo del día? ¿Qué haces para despojarte del hombre viejo: el egoísmo, la envidia, la mentira… y revestirte de las actitudes de Jesús: bondad, amor, misericordia, comprensión…? ¿Cómo vas renovando en ti la imagen de tu creador día a día? ¿Te sientes apegado a tus bienes, pocos o muchos, los que tengas…? ¿Qué quieres hacer con ellos? ¿Cómo puedes hacerte rico en Dios?

Última reflexión: La solidaridad como exigencia del Reino de Dios

Cada día vamos aprendiendo a situarnos en el lugar que nos corresponde por es no está mal que el Eclesiastés nos recuerde el sabor de las cosas sencillas, el disfrute de las cosas ordinarias, que también son don de Dios. No hace falta que hagamos un esfuerzo grandísimo en salir de esta realidad temporal para encontrar a Dios. Él es compañero cercano de todo lo que vivimos. Nos lo dice la fe. La vida tiene sentido porque somos personas humanas y en nuestros genes llevamos escrita esa búsqueda de sentido, porque estamos hechos “a imagen y semejanza de Dios”, un Dios creador, que se mueve, que sale de sí, que inventa, que busca.

Escuchando a Jesús nos damos cuenta que sus palabras son magistrales: “eviten toda clase de codicia, porque aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida”. Jesús no invita al conformismo. Lo primero es la justicia, querida por Dios, predicada por Jesús: que todos tengan pan, educación, techo… fruto de la comunión, de la solidaridad, nuevo nombre de la justicia, eso es el Reino, la Nueva Humanidad. Pero puede ocurrir que cuando tengamos lo justo, lo que nos corresponde como hijos y hermanos, ambicionemos más. Esta codicia nunca nos permitirá ya descansar. Es muy difícil ya decirse a uno mismo: “Hombre, tienes muchas cosas guardadas para muchos años, descansa, come, bebe, pásalo bien…” normalmente, no hay quien pare ya el dinamismo de la codicia. Hay que estar alerta. ¿Hasta dónde llegar en la acumulación de bienes? La codicia de unos pocos o de unos muchos impide el desarrollo de los pueblos, y además es contagiosa: ¿por qué se me ocurre mirar a otros y compararme con otros para ambicionar más cada día? ¿Por qué no se me ocurre mirar a los que tienen menos y que viven peor, para moverme a compartir con ellos? “Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque suyo es el Reino de los Cielos” (Mt 5, 3) No ambicionar nada más de lo necesario, agradecer lo que ya tenemos, lo que hoy se nos regala, ése es el espíritu del pobre. No son las posesiones las que nos dan la vida. Créelo. “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). “Él es nuestra riqueza.” Lo que se ha ido acumulando a lo largo de la vida, sin disfrutarlo, sin compartirlo ¿de quién será? ¿Para quién será? Todos conocemos personas avaras, con muchas riquezas materiales que viven andrajosamente, sin capacidad de disfrutar lo que tienen ¿son felices esas personas? NO. ¿Para qué vivir pendientes del tener, y no ser capaces de ser? Pensando sabiamente, ¿qué beneficios nos reporta esa actitud y esa ambición? A la altura de los tiempos actuales, esa actitud, no sólo es «amasar riquezas para sí y no ser ricos ante Dios», sino destrucción de la vida y del planeta. Todo lo que destruye la sociedad, la justicia, es disfuncional, no sólo para la sociedad, y la convivencia, sino para el «Buen vivir», para la vida. Enriquecerse en Dios, es vivir como Jesús: vivir confiados en las manos del Padre Dios, buscar el Reino como lo más principal. «Lo demás vendrá por añadidura». Enriquecerse en Dios es amasar una única fortuna: la del amor, el favor don de la vida, el descentrarse de sí mismo en favor del amor, las buenas obras con los más pequeños y desfavorecidos (Mt 6,19).

Oración comunitaria

Líbranos Señor de toda codicia. Concédenos Señor un corazón sencillo, que no ambicione más allá de lo que necesitamos que sepa agradecer lo que ya tenemos, lo que cada día nos regalas Tú y nuestros hermanos. Confesamos que sólo Tú eres nuestro verdadero tesoro, Y en tus manos amorosas queremos vivir confiados. Que no nos cansemos de vivir así, buscando primero y ante todo el Reino. Padre, que tu Espíritu nos haga cada vez más amantes de la Vida y del Amor que la favorece.