Domingo 27 del Tiempo ordinario – Ciclo C

Domingo XXVII del tiempo ordinario ciclo C

1. Introducción

"Si tuvieran fe como un granito de mostaza…" Es la enseñanza que Jesús da a sus discípulos ante una petición directa que la hacen: "Auméntanos la fe".

Hoy también podemos afirmar que corren tiempos difíciles para la fe, la duda aparece en el corazón de muchos hermanos tanto a nivel religioso, político, social o económico; hay mucho desencanto, indiferencia escepticismo, el grito de muchos hermanos es el mismo de los apóstoles: "Auméntanos la fe".

La respuesta de Jesús tiene en cuenta la intención de los discípulos, ellos piden cantidad, él les pide calidad; bastaría un poquito de fe con tal que fuera auténtica. Sin embargo, la petición es justa, dado que la fe es algo que pedimos a Dios, conscientes de que es un don suyo, el don fundamental de Dios sobre el que los demás dones encuentran apoyo, lo es todo en la vida cristiana, porque nos da una luz que todo lo ilumina, porque es alegría, optimismo, fuerza de Dios que nos es dada para responder con entusiasmo a Jesús en la invitación que nos hace a seguirlo.

Pidamos a Dios una fe viva. La necesitamos mucho. Profundicemos en nuestra propia fe, hagámosla vida mediante la oración, el estudio, la lectura de la Palabra, la meditación, la participación en la vida de la Iglesia, en nuestras parroquias, grupos, movimientos; pero asumamos conscientes que una fe que no se cultiva mediante el trato profundo con Dios en la oración, acaba por morir.

Invocación al Espíritu

Espíritu Santo, visítame con tu Presencia densa y ligera, sacúdeme con tu azote semejante a una caricia, atráeme, con el imán de tu Amor, hacia la puerta estrecha por donde se entra al Reino inmenso e inefable del Amor de nuestro Padre Dios. Haz espacio en mí, para que resuene, como un eco, en el paisaje de mi cuerpo y de mi alma, la Palabra de Jesús, la única Palabra con poder de salvar. Visítame, Señor y Dador de Vida, para que pueda ser yo cauce de tu Vida en abundancia.

2. Lectura y comentario de las lecturas

2.1. Lectura del Profeta Habacuc 1,2-3; 2,2-4.

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré «Violencia», sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas? El Señor me respondió así: Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.

La cuestión que trata el profeta es: ¿por qué Dios ha escogido a un pueblo extranjero para castigar a su pueblo? ¿Por qué unos injustos son el instrumento de Dios contra el pueblo que él mismo se ha escogido? En el fondo, podríamos decir que se trata del problema del mal en las relaciones internacionales. El profeta, como hacen también Jeremías y algunos salmos, interpela a Dios, le pide explicaciones: ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? La respuesta de Dios hay que grabarla con claridad para que quede como testimonio de que no es difícil de entender. Es una palabra con un dinamismo interno, que lleva a la realización segura, sólo hay un camino: el de la fidelidad a Dios; el que "tiene el alma hinchada" acabará sucumbiendo; sólo vivirá el justo, es decir, el que confía en Dios y, por eso, se mantiene fiel a su alianza. Esta frase servirá a Pablo para hablar de la "justificación por la fe".

2.2. SALMO RESPONSORIAL
Sal 94,1-2. 6-7. 8-9

R/. Escucharemos tu voz, Señor.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
vitoreándolo al son de instrumentos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Massá en el desierto,
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»

2.3. Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 1,6-8.13-14.

Querido hermano: Aviva el fuego de la gracia de Dios que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas, y vive con fe y amor cristiano. Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en nosotros.

Estos versículos son una exhortación de Pablo a Timoteo para que luche fielmente por el evangelio. Hacen alusión al momento en el que Pablo, con el grupo de presbíteros (1 Tm 4,14), consagró a Timoteo. Este "fuego de la gracia" ("el carisma de la gracia") se emplea solamente en las pastorales aquí y en 1 Tm 4,14, otro texto en que habla de ordenación. Lo cual hace pensar que Pablo construye una exhortación a Timoteo como evangelizador. La tarea de la evangelización es de por sí tan dura que reavivar los principios fundamentales de los que dimana nuestro hacer cristiano es una tarea necesaria. Pablo recoge en los v.7-8 un conjunto de expresiones que ya había usado sobre todo en Rom 1,16;8,15. Pablo sabe muy bien que es difícil predicar la fe en un ambiente hostil. Y se pone como ejemplo del cristiano que ha comprendido esto hasta dejarse encarcelar por causa del mensaje (cf.Ef 3,1;Flm 1,9). Esta clase de testimonios es la que ha mantenido la fe cristiana a lo largo de generaciones. La lucha que mantienen los entregados a la fe sostiene la debilidad de los que aún no son capaces de sufrir por el evangelio.

En la 1 Tm ya había hecho Pablo a Timoteo parecidas recomendaciones animándole a que guardara el conjunto de la fe, el "depósito". Así Timoteo se convertiría en servidor de la Palabra (1 Tm 6,20;cf.2 Tm 1,12.14). Este es el apoyo sobre el que el creyente construye el edificio de su propia creencia: la fe. Con una visión así del mundo, no tiene inconveniente en emprender una auténtica acción evangelizadora. Esta continua exhortación a mantenerse firme en los principios profesados (cf. 1 Tm 6,20) está motivada por la impopularidad que significa guardar esa actitud contraria al momento histórico. El que quiera lanzarse por caminos similares sabe que, en su acción cristiana, contará con la persecución de los adversarios y tal vez con el silencio de los buenos. Entonces más que nunca brillará esa forma de ser según la fe.

2.3. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17,5-10.

En aquel tiempo, los Apóstoles dijeron al Señor: Auméntanos la fe. El Señor contestó: Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor, cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa?» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»

Para la reflexión dividámosla en dos momentos:

a) Vivir con una fe semejante a un grano de mostaza (vv. 5-6)

En la primera parte del evangelio, la palabra clave es "fe". Los apóstoles le piden al Señor que aumente su fe, porque sin ella es imposible ser hijos del Reino.

En Lc 17,5-6, la famosa frase de Jesús: "si tuvierais fe como un grano de mostaza…" es una frase vinculada tan sólo a la petición de los apóstoles de que aumente su fe. Pero no está ligada a ningún otro episodio. En Mt 17,20, forma parte del relato de exorcismo y curación del endemoniado epiléptico. Si leemos esta narración (Mt 17,14-20), nos daremos cuenta de que allí los discípulos no han podido hacer nada por el epiléptico, a pesar de que Jesús ya les había dado el poder de curar y expulsar demonios (Mt 10,1). Esta incapacidad suya se debe, según se desprende del contexto, a que no tienen fe. Por eso Jesús llega a dirigirles, incluso, las siguientes palabras, cargadas de dureza: "¡Generación incrédula y perversa!… ¿Hasta cuándo os tendré que soportar?". Es la poca fe de los discípulos la que hace imposible que obren el bien, como Jesús. Y es en ese contexto donde Mateo introduce las palabras de Jesús: "Si tenéis fe como un grano de mostaza"… Y añade: "Nada os será imposible".

Ése es el sentido de la imagen del árbol que se arranca de raíz y se planta en el mar. Es tan sólo una metáfora de lo que puede una persona, ayudada por la fe: "nada os será imposible".

En Mt 21,21, Jesús utiliza una imagen parecida a la del árbol que se arranca por nuestra sola palabra: la de la montaña que se desplaza de su sitio y se arroja al mar. Esta imagen va unida, además, al episodio de la higuera que se seca por la palabra del Señor Jesús. De nuevo la condición para tener este señorío sobre todo lo creado es la fe. Sólo que esta vez, la fe va ligada a la oración: "todo lo que pidáis con fe en la oración, lo recibiréis". El relato de Mc 11,23 es semejante al de Mt 21,21.

Al leer todo el evangelio de Lucas con esta clave de lectura en la mirada: la fe. La fe de Jesús, la fe de la gente, la fe de los discípulos y discípulas, la incredulidad… Podremos obtener algunas conclusiones como las siguientes:

Sólo quien tiene fe es capaz de poner práctica el dinamismo re-creador y transformador del Reino. La primera creyente del evangelio de Lucas es María, a la que Isabel proclama feliz por creer (Lc 1,45). A lo largo del camino, Jesús se encuentra con hombres y mujeres cuya fe le causa admiración: el centurión (7,9); la hemorroisa (8,48); el leproso samaritano que vuelve a darle gracias (17,19), el ciego de Jericó (18,22). Desafortunadamente, no era así la fe de los discípulos: en muchas ocasiones dejan ver que su fe es tan débil que no son capaces de corresponder al don de la vocación y misión que han recibido (cf. Lc 8,25; 9,40-41). A pesar de que Lucas es más benévolo con ellos que Marcos y Mateo, no puede obviar la tradición, que nos ha transmitido una imagen no muy edificante de los primeros discípulos. De ahí que seamos testigos de algunos reproches que les dirige el Maestro: “¡Generación incrédula y perversa!” (9,41), “¡Hombres de poca fe!” (12,28). Y, de ahí, la súplica de los discípulos: “¡Auméntanos la fe!” (17,2).

b) Servir desde la gratuidad (vv. 7-10)

La palabra clave de la segunda parte del evangelio es "siervo" (en griego, doulos), que aparece tres veces, y el verbo "servir" (en griego, diakoneo). Jesús, como buen maestro, toma una imagen del ambiente de la vida rural de su tiempo, que todos podían entender: Suponed que alguno de vosotros tiene un siervo trabajando en sus campos o con sus ganados. ¿No sería insólito y absurdo que, al regresar cada día de su tarea, le prodigarais atenciones y cuidados extremos porque ha hecho su trabajo? Lo normal es que haga su trabajo, porque ya recibe su salario. Así ha de hacer un servidor del Reino: trabajar gratuitamente, sin esperar nada, porque su salario viene de Dios.

El primer Siervo del Reino fue Jesús. En Lc 22, 26-27, Jesús se presenta a sí mismo, no como Hijo de Dios con poder y gloria, sino como siervo de todos: "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve" (diakoneo). Jesús es el "diácono" del Padre, el servidor del Padre y de todos nosotros. Y Él nos ha dado ejemplo para que sigamos sus huellas (1 Pe 2,21). Cuando Jesús envía a sus discípulos a predicar, les dice: "Gratis lo habéis recibido; dadlo gratis" (Mt 10, 8). El apóstol Pablo reconocía esa gratuidad total de los dones de Dios, a la que debemos corresponder con nuestra gratuidad a la hora de ponerlos al servicio de la comunidad. Nada tenemos que no hayamos recibido (1 Cor 4,7).

De estas dos partes del evangelio se desprende lo que estamos llamados a ser, como discípulos y discípulas del Señor: hombres y mujeres de fe, entregados al servicio de nuestros hermanos con amor y gratuidad, porque nuestra recompensa es Dios mismo.

c) Meditemos

¡Auméntanos la fe!

Necesitamos una buena dosis de fe para vivir en un mundo como el nuestro. Por una parte, el laicismo y el secularismo pretenden borrar la fe de su existencia social. Se puede ser creyente cristiano, pero de forma privada, sin que afecte en absoluto a nuestras opciones, decisiones y actuaciones sociopolíticas. Se puede ser cristiano "de domingo", pero eso sí: ¡que no se nos note de lunes a sábado en el trabajo! Por otra parte, diariamente nos llegan, a través de los medios, tantas noticias de muerte injusta, absurda y brutal, que resulta difícil creer que todo esto tenga un sentido, que el amor y la providencia de Dios tengan una palabra que decir en todo esto, y que la Resurrección sea más fuerte que el pecado y que la muerte. Por eso, hay que pedir al Señor todos los días: "¡Auméntanos la fe!". No para ser poderosos, obrar milagros, silenciar a nuestros perseguidores o exterminar a "los malos", sino para no avergonzarnos del Señor y de su Evangelio. En la segunda lectura de la Eucaristía de este domingo (2 Tim 1,6-8.13-14), Pablo anima a Timoteo a "no avergonzarse de dar la cara por nuestro Señor" y por Pablo, prisionero, en ese momento, por causa del Evangelio. Le anima a no tener miedo de la persecución o los sufrimientos que le puedan sobrevenir por causa de Cristo, porque el Señor no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de fortaleza y de amor.

2. Servir con gratuidad y desprendimiento

Al decir que somos “pobres siervos”, o como dicen otras traducciones “siervos inútiles”, se quiere afirmar que la fe es ante todo un don, y que nuestra capacidad de vivir la fe es también gracia. La vida de fe es siempre un don que acogemos en la medida en que amamos a Dios y a los hermanos. Reconocer la gratuidad de la fe y el amor de Dios es lo que nos hace vivir en plenitud.

Algunas preguntas que nos pueden ayudar a profundizar sobre los textos meditados: ¿Qué punto de este texto te ha gustado más o ha llamado más tu atención?

b) ¿Fe en quién? ¿En Dios? ¿En los otros? ¿En nosotros mismos?

c) Fe como un grano de mostaza: ¿Acaso tengo yo una fe así?

d) Hacer de la propia vida un servicio sin esperar recompensa: ¿soy capaz de vivir así?

3. Oración de acción de gracias

Gracias, Señor, por tu amor, por tu bondad, por tu generosidad, por tu misericordia. Gracias por quererme, por acompañarme, por guiarme, por protegerme. Gracias por el amor que me has dado y por el don de la fe. Gracias por tu bondad y gratitud. Gracias por darme la paciencia que me permite posponer la realización de mis deseos y permanecer tranquilo. Gracias por la esperanza, por la tranquilidad y la serenidad que me permiten aceptar y vivir el presente. Amén.

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