Domingo 14 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Décimo cuarto domingo del tiempo ordinario Ciclo C

  1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Introducción:

Los textos de este domingo están en la clave del camino de Jesús hacia Jerusalén para cumplir su misión mesiánica. El camino de Jesús es el camino de los cristianos. Por eso él, que era el Enviado de Dios, envía a setenta y dos discípulos. Este número tiene su importancia, pues debe ser interpretado como explícita significación de universalidad. Según el modo de pensar de los antiguos setenta y dos eran los pueblos que habitaban la tierra. El envío de Jesús es universal, el anuncio de su Reino es para todos, su salvación alcanza a la humanidad entera. Todo cristiano es enviado al mundo para predicar el Evangelio no solo con palabras, sino con los gestos y las actitudes que dan credibilidad: la pobreza, el desinterés, la renuncia, que más que virtudes son signos de la disponibilidad hacia el don de la salvación que Dios ofrece a todos y que debemos traspasar a los demás. Leamos y meditemos con los textos dominicales.

3. Textos y reflexión

a) Lectura del Profeta Isaías 66,10-14a.

Festejad a Jerusalén, gozad con ella,

todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto: mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.

Porque así dice el Señor:

Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.

Llevarán en brazos a sus criaturas

y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo; (en Jerusalén seréis consolados).

Al verlo se alegrará vuestro corazón

y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos.

El profeta, y el poeta, levanta el corazón del pueblo apelando a la Jerusalén futura, a la que compara a una madre de "pechos abundantes" que da de mamar a sus hijos, los sacia y los consuela (cf. 57, 18; 61,2). Porque a esa ciudad dichosa afluirán las riquezas de todas las naciones (cf. 60, 5; 61,6).

Los hijos e hijas de Jerusalén, las criaturas hoy dispersas y alejadas en el exilio, serán traídos en brazos y devueltos cariñosamente a su madre por los mismos pueblos que ahora los retienen (cf. 49, 22s; 60,4). Y en todo esto experimentarán el favor de Dios, que es en definitiva el que consuela de verdad a su pueblo.

Volverá la alegría al corazón de los justos, y los que habían quedado en los huesos verán que su carne florece como un campo de primavera, después del invierno. La era de la salvación, el día en que se manifieste el Señor a los que le sirven, será el tiempo de la abundancia de todos los bienes: justicia, gozo, consuelo, paz… (cf. Sal 84, 11; Is 9-11; Rom 14,17; Gal 5, 22). Siendo la palabra de Dios una gran promesa, la esperanza ha madrugado más que ninguna otra de las virtudes y sigue siendo la fuerza que impulsa la historia de nuestra salvación.

b) SALMO RESPONSORIAL
Sal 65,1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20

R/. Aclamad al Señor, tierra entera.

Aclamad al Señor, tierra entera,

tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria; decid a Dios: «Qué temibles son tus obras.»

Que se postre ante ti la tierra entera,

que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres.

Transformó el mar en tierra firme,

a pie atravesaron el río. Alegrémonos con Dios, que con su poder gobierna eternamente. Fieles de Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su favor.

c) Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 6,14-18.

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre Israel. En adelante, que nadie me venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo está con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Entre los gálatas había quien se enorgullecía del hecho de estar circuncidado y seguramente también habría el que se enorgullecía de lo contrario. Pablo pone la gloria en el único lugar donde la puede poner el cristiano: en la cruz de Jesucristo. Aquello que para los adversarios era una vergüenza, para Pablo es motivo de orgullo: su gloria no estriba en lo que él hace o deja de hacer, sino en el gesto amoroso de Jesús.

En la cruz de Jesucristo se han acabado el mundo y el hombre viejos. Por eso lo único que vale es el mundo y el hombre nuevos que han surgido de ella. Ni el circuncidado es justo ante Dios por el hecho de haber sido circuncidado, ni el incircunciso es justo porque no ha pasado por la circuncisión: la obra de Dios, que ha mostrado su amor inmenso por la humanidad a través de la muerte y la resurrección de Jesús, es lo único que vale.

Los que mantienen este criterio reciben la paz y la misericordia de Dios. Pablo hace una llamada indirecta a todos los que no ponían su gloria en la cruz de Jesucristo. El Israel de Dios es la Iglesia, en oposición al "Israel de la carne". Pablo termina la carta dando por resuelta toda discusión y recordando que él es apóstol de Jesús, ya que lleva sus marcas en el cuerpo: él es un servidor de Cristo, y por eso les habla de esta manera. La salutación final es una llamada a la fraternidad. Sólo en esta carta, dirigida a una comunidad que vive enfrentamientos, Pablo acaba refiriéndose a toda la comunidad llamándoles "hermanos": todos son hermanos, él es hermano de todos.

La misión de la Iglesia tiene como rasgos peculiares la urgencia y la dedicación exclusiva al anuncio del Reino. Leamos y meditemos cómo Jesús envía a sus discípulos para anunciar el Evangelio del Reino y las recomendaciones que les da.

d) Lectura del santo Evangelio según San Lucas 10,1-12. 17-20.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: -La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios.» [Cuando
entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta
el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo
sacudimos sobre vosotros.» «De todos modos, sabed que está cerca el
Reino de Dios.» Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo. Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: -Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. El les contestó: -Veía
a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para
pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no
os hará daño alguno.
Sin
embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad
alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.]

Siguiendo a Gn 10, en el que se habla de setenta y dos naciones paganas que hay en el orbe, Lc prefigura la misión que comenzó después de pentecostés (24, 47; Hech 1, 8) con el envío de los setenta y dos discípulos. Además se les envía "de dos en dos" con una doble finalidad: 1) para protegerse mejor de los bandidos que se movían por los caminos; 2) para cumplir Dt 17, 6 y 19, 15, donde se dice que dos testigos hacen un testimonio válido. Implícitamente se viene a decir que el anuncio de la llegada del reino es cierto. Aquí está programada la tarea de todo creyente cristiano: decir con palabra y con la vida que el reino de Dios está formándose ya.

Estas exigencias de la misión no hablan de un cierto ascetismo, sino más bien de la disponibilidad necesaria para una predicación rápida y eficaz del reino: hay que presentarse ante los hombres con el mismo desasimiento que ante Dios. Incluso no hay que detenerse a "saludar" a nadie; fórmula que parece indicar que los mensajeros no deben buscar el cobijo de las caravanas de viajeros para sus viajes apostólicos. Deben rechazar también esta forma de seguridad. El mensajero tiene que poner su confianza exclusivamente en aquel que le envía.

Al entrar en una casa, el mensajero trae la paz: poder que abraza a toda familia que le recibe. En el fondo, esta "paz" se convierte en una expresión mesiánica: la paz del reino final. Es decir, Jesús mismo es la paz que los discípulos van predicando (cf. Jn 14, 27). Esta paz es solamente eficaz para el que la recibe (v.6). De aquí que "hacer la paz" (Mt 5,9) viene a convertirse en la tarea del creyente.

Jesús quiere sin duda que sus misioneros no anden de un lugar a otro en busca de algo cada vez más confortable, sino que consagren todo su tiempo y energías a la misión "se ha aproximado hasta vosotros el reino de Dios". Es la primera vez que Lc habla del "aproximarse" del reino (cf. Mt 3,2). Esta proclamación es algo muy importante y viene a decir: el colmo de nuestras esperanzas está a punto de cumplirse. Esto es lo que hay que decir, aun a costa de una negativa (vv. 11. 12). Para realizar una tarea de tal calibre, es preciso haber conectado experimentalmente con aquel que envía. Lo contrario es exponerse al fracaso.

4. Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es punto de este texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención?

b) ¿Cuáles son, una por una, las cosas que Jesús ordena hacer y cuáles ordena evitar?

c) ¿Qué quiere aclarar Jesús con cada una de estas recomendaciones tan diferentes de la cultura de hoy?

d) ¿Cómo realizar hoy lo que el Señor pide: “no llevéis alforja”, “no vayáis de casa en casa”, “no saludad a ninguno por el camino”, “sacudir el polvo de las sandalias”?

e) ¿Por qué todas estas formas de comportarse recomendados por el Señor son una señal de la venida del Reino de Dios?

5. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Un comentario sobre “Domingo 14 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

  1. Por favor necesito los guiones y/o reflexiones de cada domingo como por ejemplo el próximo 4 de agosto, ya que integro un grupo de liturgia en Maldonado Punta del Este Uruguay Sud América (Parrouia de la Virgen de los treinta y tres)
    Muchas Gracias y que Dios los Bendiga y bendiga a este pecador.-
    Gracias por los comentarios.-

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