Domingo 33 del Tiempo Ordinario – Ciclo C

Domingo XXXIII del tiempo ordinario ciclo C

1. Introducción

Las lecturas que hoy escucharemos son una enérgica llamada a no vivir adormecidos. Dios nos ama, pero también nos exige fidelidad a su amor hasta las últimas consecuencias. Y debemos ser conscientes de que esta fidelidad puede acarrearnos problemas e incluso persecuciones.

Las lecturas de este domingo nos invitan a confiar, a no tener miedo, a descubrir en cada encrucijada de nuestra vida y en cada una de sus luchas, las huellas del Dios Bueno y a vivir dando testimonio de Él y de su presencia misericordiosa en este tiempo. Él nos contagia eternidad, la misma que nos regaló su Hijo en la Pascua.

2. Lectura del Profeta Malaquías 4,1-2a.

Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir -dice el Señor de los ejércitos-, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia, que lleva la salud en las alas.

Malaquías es un profeta que escribió en el s. V a.C. En la gran decepción que siguió al retorno de Babilonia, el profeta, junto con otros, levanta su voz para mostrar que Dios no sólo no ha abandonado a su pueblo, sino que él en persona vendrá en el "día de Yahvé" para hacer justicia. La expresión "día de Yahvé" no es original de Malaquías, y fue utilizada por otros profetas con expresiones más o menos semejantes, subrayando la justicia y la recompensa de Dios, que haría desaparecer a los malvados como paja en el fuego, y premiaría a los buenos con bendiciones y felicidad. Así, el día de Yahvé era considerado como una intervención de Dios en la historia. Rodeado siempre de metáforas (fuego, paja, tinieblas, luz, sol) quería enseñar la certeza de una fe en un Dios que ama y no abandona a sus fieles, que un día, "su día", va a intervenir en la historia de los hombres y va a hacer una justicia ejemplar. De este modo se fortalecía la fe y la confianza en un Dios que no abandona a su pueblo y que en su justicia sabe dar a cada uno lo que le corresponde.

3. SALMO RESPONSORIAL
Sal 97,5-6, 7_8, 9

R/. El Señor llega para regir la tierra con justicia.

Tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines ,y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan,
aplaudan los ríos, aclamen los montes,
al Señor que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia,
y los pueblos con rectitud.

4. Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses 3,7-12.

Hermanos: Ya sabéis cómo tenéis que imitar mi ejemplo: No viví entre vosotros sin trabajar, nadie me dio de balde el pan que comí, sino que trabajé y me cansé día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviera derecho para hacerlo, pero quise daros un ejemplo que imitar. Cuando viví con vosotros os lo dije: el que no trabaja, que no coma. Porque me he enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a ésos les digo y les recomiendo, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.

Acaba la Carta a los Tesalonicenses, la segunda. En ella, Pablo -muy probable autor de este escrito- llama la atención sobre un hecho curioso. Parece que algunos tesalonicenses, debido a la espera de la parusía inminente, a la vista de que el mundo iba a durar poco, tal como pensaban, descuidaban las ocupaciones humanas normales, sobre todo el trabajo y vivían a costa de los demás.

En este párrafo Pablo les dice que esta actitud no está justificada. No refuta el convencimiento de los tesalonicenses, aunque parece también que en esta época el propio Pablo ya no pensaba que el Señor Jesús iba a venir rápidamente. De todas formas, ya ha dicho algo de ello en el capítulo anterior de la carta. Lo principal es decir que hay que trabajar. Se pone él mismo de ejemplo y dice luego algo de tanto sentido común como el que no trabaja que no coma (v. 10).

En términos más generales se puede decir que el cristianismo, con toda su carga real de espiritualidad, no debe ser obstáculo para una actividad humana productiva. Lo cual no siempre se ha entendido así, particularmente entre países donde la mayoría son católiccos. Los que se ocupan del Espíritu y de sus cosas, no se preocupan de producir lo necesario para vivir. Y viven a costa de los demás, de los más "imperfectos", que sí trabajan y producen. Hay en este terreno no pocos engaños y autoengaños que todos conocemos. Vivir recibiendo de los otros porque uno está muy ocupado en algo más elevado que el vulgar quehacer cotidiano puede ser auténtico y aceptable. Pero también encubre otras actitudes tan poco de recibo como las de los tesalonicenses, aunque por otros motivos. La teología del trabajo, la construcción del Reino con el quehacer humano normal, es algo que también ha de entrar en nuestras consideraciones.

5. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21,5-19.

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: -Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido. Ellos le preguntaron: -Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? El contestó: -Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida. Luego les dijo: -Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

El texto se sitúa en el templo y van a ser precisamente unos comentarios anónimos sobre la belleza y riquezas del templo los que van a motivar el tajante comentario de Jesús sobre su destrucción en un futuro que no precisa (vs. 5-6). Es el detonante para la pregunta sobre el cuándo preciso y las señales premonitorias de esa destrucción (v. 7). Lo que sigue pone de manifiesto que Jesús no entra en la dinámica de la pregunta. A lo largo de los domingos de este año hemos tenido ocasión de constatar cómo en sus respuestas el Jesús de Lucas corrige con frecuencia los planteamientos de sus interlocutores. Hoy nos hallamos ante un nuevo caso. Jesús comienza haciendo unas recomendaciones: "Cuidado con que nadie os engañe" a propósito del cuándo o de las señales; "no vayáis tras ellos; no tengáis pánico". Cierra estas recomendaciones una afirmación rotunda: "El final no vendrá en seguida". En otras palabras: Jesús desautoriza toda especulación sobre el cuándo y las señales. Más aún: guerras y desórdenes no son señal alguna de fin de mundo. Los que hablan en este sentido son simples embaucadores. Guerras y desórdenes son, desgraciada y lamentablemente, una necesidad. ¡Es impresionante el realismo de Jesús! Lo mismo pasa con los terremotos, epidemias y fenómenos cósmicos. Nada de esto es señal de fin de mundo. Esto supuesto a partir del v. 12 y ya hasta el final, Jesús aborda lo que sí tiene importancia según él. Y aquí sí que prevé un tiempo no lejano: "Antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán… por causa de mi nombre". Aunque no lo diga explícitamente, Lucas presupone que son los discípulos los interlocutores-destinatarios de las palabras de Jesús. De nuevo el acoso, la acusación, la comparecencia ante los tribunales. Las mismas situaciones con que nos encontrábamos hace cuatro domingos. Y aún prevé otra: la muerte. ¡La muerte a manos de quien menos se podía esperar! El odio total por causa del estilo de vida de Jesús, que no es otro sino el compromiso con los valores del Reino. Este es el cuadro que Jesús pinta ante los suyos, el futuro que les espera. Este es el futuro que interesa y no el de las especulaciones sobre el fin del mundo. Y de cara a ese futuro dos nuevas recomendaciones: espontaneidad y tesón. El versículo final tiene dos posibles acepciones; con vuestra perseverancia ganaréis vuestra vida o ganad vuestra vida con vuestra perseverancia.

Lo que hace cuatro domingos era sólo un presupuesto, hoy es un dato explícito: Lucas no espera un final inminente de esta historia nuestra. Perspectiva de futuro y perspectiva final no se mezclan ni se confunden, como puede ser el caso, por ejemplo, en Marcos. La destrucción del templo no es el final; las guerras y cataclismos no son el final. Son otra cosa, pertenecen a otra dinámica, misteriosa, realística, pero no premonitoria de fin de mundo. Son agoreros embaucadores. "No vayáis tras ellos". Lo que hay que hacer a cambio es asumir esta historia en toda su crudeza.

Apostar en ella desde los valores del Reino y caminar. Sin discursos retóricos de autodefensa. Con la espontaneidad y el frescor del espíritu de Jesús. Dando cabida a su lenguaje, a su sabiduría, a lo imprevisible divino, en la sencilla e imponderable certeza de que, a pesar de perder la vida en el empeño, ésta se gana. Porque todo es gracia con el Dios de Jesús.

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