Domingo 13 del Tiempo Ordinario – Ciclo B

XIII Domingo del Tiempo Ordinario

HISTORIAS DE FE 

Este domingo el Señor nos permite reflexionar sobre el don de la fe. Los relatos bíblicos nos orientan hacia una contemplación de las acciones de Dios a favor de su pueblo, valorando el don de la vida que se nos ha entregado como expresión del amor de Dios.
Nuestra fe es imperfecta; puede que sea incorrecta, más aún, encubridora de actitudes mágicas; como la fe de algunos que se acercaban a Jesús. La palabra de Dios que leeremos nos ayudará a corregir los posibles defectos de nuestra fe, para que sea más auténtica.
Leamos los textos que corresponde al XIII domingo del tiempo ordinario, meditémoslo, e iluminemos los actos de nuestra vida en los que se exprese la verdadera fe.

Primera lectura: Sabiduría 1,13-15; 2,23-24

1,13 Dios no ha hecho la muerte, ni se complace en el exterminio de los vivos. 14 Él lo creó todo para que subsistiese, y las criaturas del mundo son saludables; no hay en ellas veneno de muerte, ni el imperio del abismo reina sobre la tierra. 15 Porque la justicia es inmortal 2,23 Dios creó al hombre para la inmortalidad, y lo hizo a imagen de su propio ser; 24 mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y tienen que sufrirla los que le pertenecen.

Lo primero que constatamos es que “Dios no goza con las ruinas de los vivientes, Él ha creado todo para la existencia. Esta admirable declaración puede ser como el signo espiritual que acompañe la lectura de la narración de este domingo de la mujer enferma de hemorragias y la resurrección de la hija de Jairo, jefe de la sinagoga de Cafarnaún.
Pero acerquémonos al texto del libro de la sabiduría:

La existencia que no tendrá fin de la que se habla en la lectura de hoy (1,14ss: la vida con Dios que se contrapone a la muerte espiritual) es algo que depende directamente de la «justicia» del hombre, es decir, de su actitud hacia la vida entendida como don de Dios: el justo, o bien el sabio, es el que se reconoce como criatura salida de las manos del Señor y necesita siempre de su ayuda, el que le «busca con corazón sincero» (1,1) y no razona de manera ambigua (cf. 1,3), buscando pretextos para hacer prevalecer su propia fuerza y su propio derecho sobre todo y sobre todos (cf. 2,10ss). Los que así piensan y actúan pertenecen al diablo (cf v 23), término con el que por vez primera en la Biblia se alude a la serpiente tentadora de Gn 3. El recurso a la imagen genesíaca proyecta el discurso sapiencial sobre el fondo de lo que fue en el origen, o bien forma parte constitutiva de la naturaleza humana, de la lucha entre la vida y la muerte que se desarrolla, en primer lugar, en el corazón de cada hombre.

Segunda lectura: 2 Corintios 8,7.9.13-15

Hermanos: 7 Puesto que sobresalís en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud y hasta en el cariño que os profesamos, sed también los primeros en esta obra de caridad. Pues ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza. 13 Y tampoco se trata de que, para alimentar a otros, vosotros paséis estrecheces, sino de que, según un principio de igualdad, 14 vuestra abundancia remedie en este momento su pobreza, para que un día su abundancia remedie vuestra pobreza. De este modo reinará la igualdad, 15 como dice la Escritura: A quien recogía mucho, no le sobraba, y al que recogía poco, no le faltaba.

Los capítulos 8 y 9 de la segunda carta a los Corintios están dedicados a desarrollar el motivo de la colecta en favor de los hermanos necesitados de la Iglesia de Jerusalén. Pablo alterna el estilo exhortativo, destinado a animar y estimular a los corintios para que lleven a cabo esta obra buena, con el demostrativo, que es el adecuado para fundamentar su petición en el ser mismo de Dios en Cristo Jesús.

De ahí que, en el interior de nuestro pasaje, resulte central la afirmación del v 9, que hace las veces de motivo cristológico sobre el que reposa toda la argumentación: el acontecer terreno de Jesús enseña a cada cristiano que la vida es fruto del despojo de sí mismo y que la resurrección se da a través de la muerte. Ahora bien, los cristianos de la Iglesia de Corinto experimentan en propia persona la gracia de vida que nace de ese amor a los hermanos que no se alimenta sólo de palabras o de buenas intenciones sino que se vuelve activo pasando a través de la renuncia a algo que pertenezca a nosotros mismos, un amor que obra a causa de la necesidad que ve en el hermano. 

Evangelio: Marcos 5,21-43

En aquel tiempo, 21 al regresar Jesús, mucha gente se aglomeró junto a él a la orilla del lago. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies 23 y le suplicaba con insistencia, diciendo: -Mi niña está agonizando; ven a poner las manos sobre ella para que se cure y viva. 24 Jesús se fue con él. Mucha gente le seguía y le estrujaba. 25 Una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años 26 y que había sufrido mucho con los médicos y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, yendo más bien a peor, 27 oyó hablar de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28Pues se decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, quedaré curada». 29 Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y sintió que estaba curada del mal. 30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se volvió en medio de la gente y preguntó: -¿Quién ha tocado mi ropa? 31 Sus discípulos le replicaron: -Ves que la gente te está estrujando ¿y preguntas quién te ha tocado? 32 Pero él miraba alrededor a ver si descubría a la que lo había hecho. 33 La mujer, entonces, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había pasado, se acercó, se postró ante él y le contó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: – Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu mal. 35 Todavía estaba hablando cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga diciendo: -Tu hija ha muerto; no sigas molestando al Maestro. 36 Pero Jesús, que oyó la noticia, dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta con que tengas fe.
37 Y sólo permitió que le acompañaran Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y, al ver el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos, 39 entró y les dijo: -¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida. 40 Pero ellos se burlaban de él. Entonces Jesús echó fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los que le acompañaban y entró donde estaba la niña. 41 La tomó de la mano y le dijo: -Talitha kum (que significa: Niña, a ti te hablo, levántate). 42 La niña se levantó al instante y echó a andar, pues tenía doce años. Ellos se quedaron atónitos. 43 Y él les insistió mucho en que nadie se enterase de aquello y les dijo que dieran de comer a la niña.

Desde hacía doce años la mujer sufría de hemorragias que, a más de hacerla sufrir físicamente, le causaban según la ley bíblica (Lv 15,25) otra grave enfermedad espiritual, la de la impureza ritual y social. Estaba, pues, prohibido cualquier contacto humano con ella. Pero, observemos, que precisamente por un contacto, aquel con el manto de Jesús, renace en ella la salud y la esperanza de una vida normal. Pero como se ve, Jesús no acepta que todo termine en un acto milagroso; quiere que de esa confianza mágica brote una fe límpida. Entonces busca a la mujer que avanza con temblor delante de Él ante sus pies, como ante un ser divino. Y a este punto precisamente se obra la curación completa. Por su fe la mujer no sólo queda curada sino también salvada. En efecto, Jesús llamándola tiernamente “hija”, le dice: “Tu fe te ha salvado, ¡Queda curada de tu enfermedad!”

Y la mujer desaparece entre la muchedumbre, quedando viva en la historia solamente para el recuerdo de la página que hoy leemos.

Más enfática es la segunda escena. Tiene como punto central la llegada de Jesús a la casa de Jairo donde parece que ha sucedido lo irreparable. Los actos que Jesús realiza en aquella habitación mortuoria, en el silencio y en soledad, después de haber alejado toda la coreografía de las plañideras, de los músicos, de los familiares afligidos, de los gritos típicos de los funerales orientales, tienen, pues, una raíz divina. Él extiende su mano y es la mano de Dios, poderosa y soberana, “Si el justo cae no queda por tierra, es porque el Señor lo tiene de la mano” (Sal 37,24). Al signo es necesaria la palabra de Jesús que en arameo le dice: Talitá kum, “¡Niña levántate!”. Esto nos recuerdan las palabras de la creación “¡Hágase la luz! Y la luz fue hecha”. Ahora, ante la muerte que es enemiga de Dios y del hombre se escuchan las palabras de Cristo devolviéndole la vida. Así en esta niña se anticipa simbólicamente el misterio de la pascua en el que la muerte es sólo un “sueño”, como dice ahora Cristo, en espera del encuentro con la eternidad de Dios.

De estas dos narraciones de milagro que resuenan en nuestras Iglesias surge un gran llamado. Éste nos lanza hacia una fe pura y total, libre de magias, confiada sólo en el Dios de la vida. De imperfecta como la de la mujer, incluso de desesperada como la de Jairo, la fe puede crecer, madurar y llegar ser total. Este es el compromiso fundamental del camino espiritual del cristiano. Un empeño que se confirma cada domingo en la celebración litúrgica, un empeño que se construye en la fidelidad  cotidiana, con esperanza de alcanzar la cima de nuestra fe.

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Elevemos nuestra plegaria al Señor
Oh Padre, reconocemos que tú has creado todo para la vida: has puesto en nosotros el germen divino de tu creación fecunda. A nosotros, los esposos, nos has concedido experimentarlo en el engendramiento de los hijos; a quienes se consagran a tu amor les has entregado la bendición para los pobres de la tierra; a los sacerdotes, el poder del cuerpo roto y de la sangre derramada de tu Hijo. Te pedimos hoy, Señor, que nos hagas una sola cosa en el amor, para que podamos alimentar en la mesa de la eucaristía todo lo que somos: nuestra mente, con el recuerdo de tu vida entregada en la cruz; nuestro corazón, dilatado por tu amor por cada hombre; nuestro cuerpo, consumido por la impaciencia de la caridad activa.
Y, transformados de este modo, día tras día, a la medida de tu Hijo sacrificado, podremos saborear la bondad infinita de la vida.

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Preparemos nuestra liturgia dominical

Se sugieren algunos cantos para la celebración dominical

Nota: Los vínculos incluidos son sólo de referencia.

Canto de entrada:Cantando la alegría (C. Gabarain): En él se expresa el sentido de la comunidad que confía en el Señor, aún en medio de las dificultades de la vida, así nuestra comunidad se encamina al encuentro de su Señor.

Presentación de ofrendas: Con amor te presento Señor(C. Erdozain): Es la presentación de la vida ante el Señor, con todo lo que la persona es, con sus éxitos y fracasos, pero que confía en el Señor.

Cantos de comunión: Si vienes conmigo (C. Gabaraín): El creyente se siente acompañado del Señor, éste deposita su confianza plenamente en él. Señor, no soy digno (J. A. Espinosa): Es la palabra sanadora, como los personajes del Evangelio que confiaron en el Señor y alcanzaron la salud, también nosotros al confiar en su palabra caminamos seguros hacia él. Creo en Jesús (C. Erdozaín): Es poner nuestra seguridad en que todo lo puede hacer el Señor si lo pedimos con fe. Como te pagaré (Sal 115): el hombre agradecido de recibir tantos beneficios por la gratuidad del amor de Dios).

Salida: Arcilla entre tus manos (Kairoi) Ser como nuestra madre, puestos en sus manos, como arcilla, para hacer su voluntad. 

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