La Natividad del Señor

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Navidad. La Palabra acampó entre nosotros

1. Invocación al Espíritu

Espíritu Santo, Tú que eres el gran “precursor” de Jesús, tú que descendiste sobre María para cubrirla con el poder del Padre, ven, introdúcenos en la contemplación del misterio del nacimiento de Jesús. Ilumina nuestra mente, santifica y purifica nuestros corazones para que la Palabra ”acampe” hoy en nuestra vida, se haga carne en ella, y desde aquí, por tu acción, se irradie sobre el mundo. Seguir leyendo «La Natividad del Señor»

Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo A

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María y José son la primera pequeña Iglesia, que da a luz al primer hijo del Reino de los cielos. Por eso, en este cuarto domingo de Adviento, cuando casi tocamos ya la Navidad, la liturgia hace que volvamos hacia ellos los ojos, para entender su misterio y protagonismo. Seguir leyendo «Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo A»

Tercer Domingo de Adviento – Ciclo A

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El domingo Gaudete

1. Introducción

En este domingo se subraya sobre todo el aspecto de gozosa expectación que tiene el adviento. Para definir el motivo del gozo, uno piensa en aquella frase de san Agustín: “No me buscarías si no me hubieras encontrado ya”. Es decir, no esperaríamos con alegría la venida del Señor si no le tuviéramos ya con nosotros.

Por eso, el evangelio del tercer domingo es, cada año, una proclamación de la presencia del Mesías entre los hombres. Este año, de un modo más directo, es el mismo Jesús quien se autoanuncia.

En los textos de este domingo se expresan los motivos de esta gozosa espera, manifestándose en los bienes que trae para los necesitados. Sobre todo el gozoso encuentro con el Señor. Veamos las lecturas y acompañémonos de su comentario. Seguir leyendo «Tercer Domingo de Adviento – Ciclo A»

Segundo Domingo de Adviento – Ciclo A

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1. Introducción:

En el domingo pasado la palabra de Dios nos iluminó sobre la última venida de Cristo, con un mensaje esperanzador, el estar atentos a los signos de su venida. Ahora en el segundo domingo nos ofrece una presentación del rostro de Dios, ¿cómo encontrarle en la comunidad? Solo será posible descubrirle en los rasgos de la bondad y la misericordia.

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Primer Domingo de Adviento – Ciclo A

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El Adviento es de los tiempos más bellos y significativos que tiene la liturgia, para disponernos a celebrar el misterio del amor de nuestro Dios, que: “…tanto nos amó, que nos envió a su propio HIJO…” (Jn 3,16). De ahí, que estas cuatro semanas son semanas de sensibilización, de interiorización, de sinceramiento y reconocimiento de lo que Dios fue haciendo en nosotros durante este año que está concluyendo y así al colocarnos delante de  Dios que tanto nos ama, ver cuál ha sido nuestra respuesta, y a partir de ahí, disponernos a celebrar la Navidad, con una nueva mística, con el corazón lleno de gratitud, alabando y bendiciendo a  Dios que es nuestro Padre, por habernos dado el don de conocerlo y así experimentar su presencia viva en nosotros.

En sí el ADVIENTO, es tiempo de preparación y espera, un tiempo de mirar nuestro corazón y ser sinceros con uno mismo, para darnos cuenta dónde estamos parados, cómo hemos vivido, qué fue lo que nos ayudó a acercarnos más al Señor y qué fue lo que nos separó o alejó de Él. Por lo tanto, son cuatro semanas donde a pesar del ruido y la música de fin de año, se nos invita a parar para valorar y darnos cuenta de las gracias y favores que hemos recibido. A su vez buscar que cada vez más el Señor sea el centro y la razón de nuestra vida, Aquel por quien y para quien vivimos. Es en este sentido, donde la lectura de Mateo, es una exhortación incisiva, “a estar preparados”(Mt 24,42), “…estar vigilantes…”(Mt 24,44), ante la certeza del que el Señor volverá y que lo hará de la manera más imprevista posible, como sucedió en el diluvio(Mt 24,38-39).

1. Oración inicial

Mirando a María, la mujer del Adviento, la que llevaba al HIJO de Dios en sus entrañas, pidámosle que nos ayude a vivir estos días de Adviento, poniendo nuestro corazón en las manos de su HIJO, para que Él también nazca en nosotros.

Santísima Virgen María, Tú que le dijiste SÍ al Señor, aceptando colaborar y participar en su obra redentora, siendo la Madre Virgen del HIJO de Dios, ayúdanos en estos días de Adviento, a que como tú, dejemos que el Señor actúe y se manifieste en nosotros, llenándonos de su amor, para que estando preparados, disponiendo nuestro corazón, la Navidad del HIJO de Dios, sea también nuestra Navidad, dándole a Él nuestro corazón, nuestra vida y todo lo que somos.

Pide por nosotros, Señora, para que en estos días de Adviento, le abramos el corazón a tu HIJO y así al agradecer lo que hizo en nosotros, vivamos más plenamente su Palabra y demos testimonio de nuestra fe. Amén.

 

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Ciclo A – Tiempo de Adviento

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La expresión conciliar de que “EL MISTERIO DEL HOMBRE SOLO SE ESCLARECE EN EL MISTERIO DEL VERBO ENCARNADO” (GS n. 22), es posible celebrarlo a lo largo de todo el año litúrgico. Pues con la llegada del Hijo de Dios hecho hombre descubrimos el modelo de todo hombre, Cristo que se asemeja a nosotros (en su nacimiento) y, a lo largo de su vida histórica el llamado a ser como él, semejanza que estamos por alcanzar (en la resurrección de los muertos)..

El tiempo de Adviento presenta un doble aspecto: por una parte, es el tiempo de preparación a la solemnidad de la Navidad, en la cual se conmemora la primera “venida” del Hijo de Dios y, por otra, con este recuerdo se dirige nuestra atención hacia la expectación de la “segunda venida” de Cristo al final de los tiempos. Por esta doble razón se presenta el Adviento como el tiempo de la alegre esperanza. Nuestra vida cristiana adquiere sentido a partir de estos dos momentos históricos: la Encarnación de Cristo que nos diviniza y la Parusía que lleva esta obra a su total cumplimiento. El cristiano vigila, y espera siempre la venida del Señor.

La historia de la liturgia de Adviento manifiesta que la asamblea cristiana, al reunirse en este tiempo santo, celebra la venida de Jesús en Belén, la presencia del Señor en su Iglesia, particularmente en las acciones litúrgicas, y la venida definitiva del Rey de la gloria al final de los tiempos. Este hecho de la venida del Señor debe despertar en el cristiano una actitud personal de fe y vigilancia, de hambre o pobreza espiritual y de misión o presencia en el mundo, para que se realice el encuentro personal que constituye el objeto de la pastoral de este tiempo. En el tiempo del adviento se hace necesario vivir con actitudes concretas, veamos algunas:

Actitud de fe y vigilancia: Por la fe no solamente admitimos un cierto número de verdades o proposiciones contenidas en el Credo, sino que llegamos a la percepción y conocimiento de la presencia misteriosa del Señor en los sacramentos, en su Palabra, en la asamblea cristiana y en el testimonio de cada uno de los bautizados. Sensibilizar nuestra fe equivale a descubrir al Señor presente entre nosotros.

La vigilancia no debe entenderse solamente como defensa del mal que nos acecha, sino como expectación confiada y gozosa de Dios que nos salva y libera de ese mal. La vigilancia es una atención concentrada hacia el paso del Señor por nuestras cosas.

Actitud de hambre o pobreza espiritual.-El Adviento es también tiempo de conversión. Porque ¿cómo podemos buscar al Señor si no reconocemos que tenemos necesidad de Él? Nadie deseará ser liberado si no se siente oprimido. Pobreza espiritual es aquella actitud de sentirse necesitado de Aquél que es más fuerte que nosotros. Es la disposición para acoger todas y cada una de sus iniciativas.

Actitud misionera o presencia en el mundo.-“En realidad el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (GS núm. 22). El hombre de hoy busca ansiosamente su razón de existir. La multiplicación de las relaciones mutuas por el progreso técnico no llevan al hombre a la perfección del coloquio fraterno. Cada vez se siente más necesitado de la comunidad que se establece entre las personas. Humanismo y progreso técnico tientan al hombre para emanciparse de Dios y de una Iglesia que no está verdaderamente presente en el mundo. En el misterio de la encarnación el hombre descubre su verdadera imagen y su pertenencia a un mundo nuevo que ha comenzado a edificarse en el presente, Cristo viene para todos los hombres.

Domingo 34 del Tiempo Ordinario – Jesucristo Rey del universo – Ciclo A

34 DOM TO

OVEJAS Y MACHOS CABRÍOS

La narración que nos comparte el profeta Ezequiel es retomada directamente por el Señor Jesús en el Evangelio de san Mateo. Ezequiel exhibe una situación decadente, donde los fuertes (machos cabríos en la lógica de la narración) tratan a su antojo a los débiles (ovejas flacas). La imagen apunta a las relaciones abusivas y asimétricas que establecemos y padecemos en las instituciones humanas, centradas en el predominio de la fuerza sobre la razón, y del poder sobre el diálogo. En la historia prevalece de forma descarada o diplomática «la ley de la selva»; los verdugos pisotean a sus víctimas sin que prevalezcan la justicia y el derecho. Quienes no se adhieren a ese desorden, son presentados en el Evangelio de san Mateo como las personas compasivas que alimentaron al hambriento, vistieron al desnudo y visitaron al forastero. No consiguieron revertir la dinámica de la violencia institucionalizada, pero al menos, curaron las heridas de las personas que la padecían.

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Domingo 33 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

33 DOM TO

La protagonista de la etopeya del libro de los Proverbios es una mujer que cumple gustosamente con los diferentes proyectos que dan sentido a su vida: madre, creyente, ciudadana, esposa, profesionista. Vive con intensidad las diferentes dimensiones de su vida. La Carta a los tesalonicenses y el Evangelio de san Mateo se ocupan de formular unas cuantas exhortaciones importantes relativas al final de los tiempos. Para el apóstol san Pablo no es oportuno ocuparse de hacer cálculos para pronosticar la fecha del fin, porque ese conocimiento es inalcanzable; lo que tiene sentido es vivir con la máxima entrega, dedicándose a realizar los compromisos derivados de la propia vocación. El cristiano no se evade de los desafíos históricos, porque vive de la esperanza y ésta lo empuja a buscar la finalización positiva de la historia humana. No vivimos en medio del caos, al contrario, el Padre nos ha encargado pastorear la naturaleza, solidarizarnos con nuestra comunidad, viviendo en libertad.

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Domingo 32 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo 32 TO

Dedicación de la Basílica de Letrán.

El profeta Ezequiel nos comparte una visión prometedora. La casa de oración se convertirá en la fuente de vida que irrigará colinas y desiertos, propagando el verdor, las frutas y alimentos por doquier. El pasaje se ubica en el contexto del regreso del destierro, es la afirmación clara de que Dios fuente de bendición volverá acompañar a su pueblo. Sin embargo, esa bendición no estará exenta de responsabilidades. Tal como lo señalan tanto el Evangelio de Juan como la Carta a los corintios, es necesario reportar frutos. El Señor Jesús visita el templo de Jerusalén y descubre la degradación presente en la abundancia de rituales, carentes de actitudes éticas. El gesto profético simboliza la destrucción de ese desorden. Ese montón de piedras no cumple su función, no sirve para vincular a los creyentes entre sí y con Dios. Habrá que construir un templo espiritual, edificado con fidelidad y justicia, con misericordia y amor fraterno. De ese templo habla san Pablo en su Carta.

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Domingo 31 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

31 DOM TO

Antífona de Entrada

Así como Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él. Y así como en Adán todos mueren, así en Cristo todos volverán a la vida.

  1. Oración Colecta

Oremos: Escucha, Señor, benignamente nuestras súplicas, y concédenos que al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo de entre los muertos, se afiance también nuestra esperanza en la resurrección de tus hijos difuntos. Por nuestro Señor Jesucristo… Amén.

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