Domingo 20 del tiempo ordinario – Ciclo A

DOMINGO VIGÉSIMO DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo A

Celebramos el Domingo Veinte del Tiempo Ordinario. Vamos a asistir a la expresión clara de la gran misericordia de Dios, que desea la salvación y la felicidad de todos. El evangelio nos va narrar la bella historia de la mujer cananea, que con su oración humilde, hace que Jesús abra su corazón a este ejemplo de fe grande. Jesús ya lo ha dicho otra vez: “Pedid y se os dará”. Que nuestra soberbia no bloquee nuestras peticiones y que confiemos en la bondad y generosidad de Dios. Y ante esa bella perspectiva iniciemos nuestra Eucaristía con alegría y esperanza.
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Domingo 19 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo decimonoveno del tiempo ordinario ciclo A.

Tal como están las cosas me parece que hay ciertos peligros que a todos, de una manera o de otra, nos amenazan. Ante todo, el miedo: la vida está cada día más difícil, el futuro no se ve claro, la gente se siente amenazada de muchas maneras. De ahí que casi todo el mundo busca seguridad y protección; pero, como eso no se encuentra en las instituciones civiles y profanas, cada día es mayor el número de personas que buscan en la religión la seguridad que no encuentran en otros sitios. Ahora bien, cuando el instinto básico que nos empuja hacia lo religioso es el deseo de seguridad, la significación de la fe nos resulta prácticamente incomprensible, porque el dinamismo característico de los creyentes no es la seguridad, sino la fidelidad.
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Domingo 18 del tiempo ordinario – Ciclo A

DOMINGO DECIMO OCTAVO DEL TIEMPO ORDINARIO ciclo A

 

Jesús, nos da pistas para que busquemos nosotros mismos la solución de los problemas que siempre han acuciado a la humanidad. No es recurrir al milagro, ni siquiera a la limosna, sino que dice a sus discípulos “denles ustedes de comer”. La solución es la solidaridad en el grupo, el compartir y trabajar juntos por aliviar los problemas que, entonces como ahora, son fruto del egoísmo y de la codicia humana.
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Domingo 18 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

DOMINGO DECIMO OCTAVO DEL TIEMPO ORDINARIO ciclo A

Jesús, nos da pistas para que busquemos nosotros mismos la solución de los problemas que siempre han acuciado a la humanidad. No es recurrir al milagro, ni siquiera a la limosna, sino que dice a sus discípulos “denles ustedes de comer”. La solución es la solidaridad en el grupo, el compartir y trabajar juntos por aliviar los problemas que, entonces como ahora, son fruto del egoísmo y de la codicia humana.
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Domingo 15 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Prayer of the Sawer, Pieter Bruegel the Elder (1566)

DOMINGO DECIMO QUINTO DEL TIEMPO ORDINARIO ciclo A

A lo largo de muchos años Dios viene sembrando su Palabra en nuestro corazón. Más ¿cuáles son sus frutos? ¿Por qué con frecuencia fracasa? Hoy vamos a reflexionar sobre estos problemas que se relacionan con nuestro inmediato crecimiento en la vida de fe. El mismo Jesús nos dará las pistas para que ahondemos en la reflexión.

 El profeta nos presenta imágenes del mundo de la agricultura y de la naturaleza para hablamos del Reino de Dios, de Dios y de nosotros. La imagen del agua, que hace surgir la vida de la tierra como la eficacia de la Palabra de Dios que cumplirá su encargo.
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Domingo 14 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

DOMINGO CATORCE DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

San Agustín, en el primer libro de las Confesiones, hace esta plegaria: «Tú me incitas a que me deleite en alabarte, porque nos has hecho para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no repose en Ti». Y en una carta afirma: «amamos el reposo, pero si no es amando a Dios no lo encontramos». Aquel obispo de Hipona, en el siglo IV, tuvo una vida apasionada que le sembró vanas inquietudes en el corazón y le hizo caer en la cuenta del ansia de una Verdad para reposar espiritualmente. Él buscaba, sentía la necesidad de conversión, pero su corazón regateaba con Dios. La experiencia de nuestro héroe de la santidad manifiesta los sentimientos de los corazones humanos de todas las épocas. Todos los hombres están en proceso de búsqueda. Todos querrían un punto que sostuviera y unificara el haz de los sentimientos y deseos. Uno se da cuenta de que hay una búsqueda de la felicidad, de la verdad y del sentido. Pero no siempre la gente acierta a encontrarlos.

Una de las invitaciones más cordiales del Evangelio: «Venid a mí…» Una invitación conmovedora. Uno adivina que las palabras de Jesús, sin duda, son el secreto de la coherencia de la propia vida. No es complicado. Es cuestión de sencillez, de dejarse arrebatar por la persona de Cristo. A fin de cuentas, ofrece reposo. Él hace que el corazón de los que se entregan, avancen serenamente por las rutas que el Espíritu tiene trazadas para cada bautizado. Y, para que no todo quede en bellas palabras, valdría la pena meditar esta semana sobre este evangelio. Convertirlo en oración personal. Hacer el propósito de confiar a Cristo las preocupaciones, las fatigas, los desencantos, las trabas de la vida… Aprender a encontrar algún momento diario de silencio para confiarse al Señor a través de la contemplación de su existencia reflejada en los evangelios.
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Domingo 9 del tiempo ordinario – Ciclo A

Domingo noveno del tiempo ordinario Ciclo A

1. Oración:

Señor, nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca; y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y la futura. Por nuestro Señor.

La palabra es medio de comunicación, es decir, medio para compartir cultivado el mundo que nos ha sido dado en estado bruto. Sin embargo, hemos mercantilizado también la palabra, despertando la codicia de todos. Y unos pocos, los fuertes, se la han apropiado, sumiendo a la mayoría en el silencio. Ya no es medio de comunicación, sino de dominación.

2. Lectura del libro del Deuteronomio 11,18.26-28.

Moisés habló al pueblo diciendo: Meteos mis palabras en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo y ponedlas de señal en vuestra frente. Mirad: hoy os pongo delante maldición y bendición: la bendición, si escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor vuestro Dios y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros que no habíais conocido.

Este pasaje se sitúa dentro del conjunto 4, 45-11, 32 que es el segundo de los discursos de Moisés, según el Dt. En este c. 11 se viene a tratar de la promesa de la tierra como motivo para el cumplimiento de la alianza. La donación de la ley está íntimamente relacionada con la promesa de la tierra (cf 4, 1.5. 14. 21. 25. 38. 40). Por eso mismo, el cumplimiento de las palabras de Dios, de lo esencial de la ley, será requisito imprescindible para poseer la herencia que Dios promete.

Posteriormente, la interpretación de este texto dio por resultado el uso de las filacterias (pequeñas bolsas que contenían el texto sagrado) para el brazo izquierdo y la frente. Contenían cuatro pasajes esenciales de la ley (entre ellos este de Dt 11, 18) y una parte del shemá (Dt 6, 4-9). En tiempo de Jesús, esta costumbre estaba todavía muy en uso. Jesús criticará la ostentación y el exceso que conducía a alargar las filacterias (cf. Mt 23, 5). De todos modos, el texto es una exhortación a ir penetrando hondamente en el misterio de la palabra, guía de la vida del que cree.

En la formulación de la alianza, la bendición y la maldición son sanciones definitivas y se han de tomar absolutamente en serio; tienen un contenido más real que en nuestras culturas occidentales. Las partes contratantes o los vasallos (en los tratados de vasallaje) las recitaban sometiéndose a ellas.

Numerosas veces se hablará de estas bendiciones y maldiciones (cf. 7, 12-15; 27-11-28, 46), ya que en ellas están concentrados todos los deseos de trascendencia del creyente israelita. Se insiste fuertemente en el carácter existencial de la celebración de la alianza. Hay que tomar una decisión concreta y definitiva. Celebrar la alianza sin consecuencias en la vida es algo desprovisto de valor (cf. 3a lectura). Esta presentación bajo la forma de “dos caminos” de actuación pertenece al fondo del AT y de la tradición del bajo judaísmo (cf. Didajé 1, 1; 1 QS 4; Mt 7, 13-14).

La serie homilética comenzada en el c. 5 con las “diez palabras” termina aquí con estas maldiciones y bendiciones, según el clásico esquema de alianza. Desviarse de “los preceptos” es como ser un pagano, como adorar a dioses extraños. Hacer de la fe una teoría vacía es vivir como un pagano.

3. SALMO RESPONSORIAL
Sal 30,2-3a. 3bc-4. 17 y 25

R/. Sé la roca de mi refugio, Señor.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo, ponme a salvo;
inclina tu oído hacia mí,
ven aprisa a librarme.

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón,
los que esperáis en el Señor.

4. Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 3,21-25. 28.

Hermanos: Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los Profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

Empezamos la lectura de la carta a los Romanos, que seguiremos a lo largo de 15 domingos después del tiempo de Pascua. Esta carta, de importante contenido teológico, es un desarrollo de la reflexión misionera del apóstol, que se centra en el descubrimiento de lo que significa que en este momento, gracias a Jesucristo, la posibilidad de la salvación llegue a todos los hombres: tanto los judíos que con la Ley se encontraban en continua transgresión, como los paganos, lanzados a un comportamiento contrario al que naturalmente podían descubrir como bueno. De este modo, pues, la carta se convierte en una exaltación del amor de Dios que conduce gratuitamente a los hombres hacia la salvación, si los hombres lo aceptan por la fe en Jesucristo. La carta empieza con una exposición negativa del tema; sin el Evangelio, la ira de Dios se manifiesta para con todos los hombres, tanto judíos como griegos, puesto que todos han pecado y viven lejos de lo que Dios quiere. Y a partir de ahí, comenzando por nuestro texto, presenta de qué modo con la venida de Jesucristo ha empezado una nueva etapa de la historia humana, puesto que esta venida es una manifestación de la justicia y fidelidad de Dios. El Evangelio, que proclama esta venida y sus efectos, es, pues, “el poder de Dios para salvar a todo el que tiene fe” (1,16).

Ahora, la justicia de Dios…” Con el adverbio “ahora” Pablo indica el comienzo de la nueva etapa, en contraste con la anterior etapa de la ira. Esta nueva etapa, la de la justicia de Dios (=bondad y salvación con que Dios libera a su pueblo, poniéndolo en la correcta relación para con él), se realiza sin que la Ley intervenga para nada, porque se ha demostrado suficientemente que era inútil para la salvación. Sin embargo, la nueva etapa está “atestiguada por la Ley y los Profetas”: el AT estaba en condición privilegiada para dar testimonio de la nueva etapa, puesto que Dios se había revelado en él preparándola; y Dios no ha renegado de esta revelación.

”Por la fe en Jesucristo”. Jesucristo es la manifestación concreta de la justicia de Dios, que sólo pueden entender los que tienen fe; y es por la fe que los hombres se apropian esta justicia así manifestada. Pablo insiste en la universalidad por encima de la Ley: Dios hace justos a todos los creyentes, “sin distinción alguna”.

Pues todos pecaron…”. Pablo sintetiza aquí su exposición del capítulo anterior: tanto los judíos con la Ley como los griegos sin ella, ninguno de ellos había podido seguir la voluntad de Dios y obtener, por tanto, por su cuenta, aquello a que estaba destinado: “la gloria de Dios”, que en el AT significaba la proximidad salvadora del Dios todopoderoso en medio de su pueblo.

”Son justificados gratuitamente…”. La misma idea de antes: la nueva época consiste en la justificación gratuita de Dios. Ello tiene lugar “mediante la redención de Jesucristo”: el término “redención”, que tiene resonancias de liberación de un esclavo, designa aquí la nueva y total liberación obrada por Jesucristo que lleva a término el sentido de la liberación de Israel en el Éxodo. Esta liberación ya ha tenido lugar en la muerte-resurrección de Jesucristo, pero se cumplirá plenamente en la parusía.

”Sacrificio de propiciación”. No se trata del aplacamiento de un Dios airado, sino de que Jesucrsito se ha convertido en el medio de dispensación de la gracia divina, como lo era en el AT el propiciatorio del ”sancta sanctorum”.

”El hombre es justificado por la fe”. Resumen y síntesis de la teología expuesta, y que desarrollará a lo largo de la carta.

Dios salva gratuitamente, y el hombre no puede presumir de nada: el hombre debe tener fe, es decir, aceptar la acción salvadora de Dios.

5. Lectura del santo Evangelio según San Mateo 7,21-27.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu ‘nombre muchos milagros? Yo entonces les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.

Nos encontramos al final del sermón de la montaña. La última indicación, pues, para saber en qué consiste la función del discípulo de Jesús en cuanto “pescador de hombres”.

Veamos lo que está antes del texto: “Entrar en el Reino de los cielos”: metáfora para designar la salvación última y definitiva (=escatológica). “Aquel día”: término acuñado por los profetas para designar el futuro escatológico de juicio. Los vs. 21-23 están en la línea de las amonestaciones o conminaciones proféticas, cuya finalidad es la provocación de un cambio radical en los oyentes.

El v. 22 refleja cierta desconfianza de las primeras generaciones cristianas frente a movimientos carismático-taumatùrgicos, no avalados por el compromiso de vida. La parábola está en la línea sapiencial oriental antigua. La sabiduría o prudencia era la educación del sentido práctico de la vida humana, en orden a su fin y a partir de unas convicciones teóricas. Lo opuesto es la ignorancia o necedad. “Casa sobre arena”: casa edificada junto al lecho de un torrente seco.

Ahora bien la advertencia o amonestación a la acción (actuación, compromiso, praxis). Frente a la ilusión de una seguridad religiosa apoyada en la profesión de una fe y aun en unos carismas extraordinarios, Jesús propugna la necesidad absoluta de cumplir la Voluntad del Padre (v. 21). Los vs. 22-23 abundan en esta necesidad desde la perspectiva del momento final del caminar humano. Aviso contra toda tentación de estaticismo, intelectual o sentimental. No basta creer en Jesús ni recibir auditivamente su mensaje; es necesario hacer ese mensaje (vs. 24-27). No basta la sintonía “lógica” (oir); es necesaria la sintonía “operativa” (hacer). Pidiendo que la palabra se oiga y se haga (v. 24). Jesús se aparta de un gnosticismo como de un pragmatismo. “La sabiduría del evangelio no admite el planteamiento de una disyuntiva entre la primacía de la palabra o la de la acción. No se pueden aislar como elementos independientes, debiendo integrarse ambos en una mejor actitud: la síntesis de la Palabra-en-acción.”

6. Dejemos que la palabra de Dios resuene en nuestro corazón:

Al final lo que cuenta no son las palabras, lo que cuenta son las obras de amor.

”Señor, ¿no profetizamos…, expulsamos demonios… e hicimos milagros en tu nombre?” (v.22). Si, “pero no os conozco; ¡apartaos de mí, malvados!” (v.23). Podemos refugiarnos en las palabras, en las teorías, en las catequesis, en los sermones; también podemos caer en la trampa de acciones maravillosas y milagrosas… (v.22). Todo con autoridad, ortodoxia y eclesialidad y sin embargo “ser unos desconocidos para Dios” (v.23); otra traducción “nunca os he conocido”. ¿Cómo pasar a Dios de los labios al corazón?, de la palabra a la acción; he ahí la clave de la figura de la casa que estamos todos construyendo a lo largo de la existencia.

Jesús nos entrega sus palabras para que las usemos realizándolas en “acciones de amor” concretas, que construyan nuestra existencia, que nos hagan “templos vivos” de su Espíritu; “palabras prácticas” que sean respuestas concretas a las necesidades de los que nos rodean.

El camino que conduce a la “sensatez” (v.24) de “hacer la voluntad de Dios (v.21) es el camino de la Palabra que pasando por el corazón nos hace templos sólidos, vivos y eficaces; casas de Dios construidas con el amor práctico y operativo a los hermanos.

Siguen “cayendo lluvias, viniendo torrentes y soplando vientos” (v.25) pero con la Palabra y los Hechos de amor seguiremos firmes sobre nuestra ROCA que es Dios. No nos refugiemos en las doctrinas, siempre expuestas a los vientos que soplan, vivamos y practiquemos la PALABRA eficaz de Dios que es nuestra ROCA firme que nos salva.

Domingo 8 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo octavo del tiempo ordinario ciclo A

1. Introducción:
Las lecturas del domingo VIII del tiempo ordinario, en particular, el evangelio, nos invitan a comprender nuestra existencia y realidad humana y terrena en la óptica de comunión con lo divino. Si verdaderamente participamos sacramentalmente de la doble existencia de Jesucristo, tal condición necesariamente ha de tener su impacto en la forma en que enfrentamos nuestras propias necesidades materiales. Llamar a Dios “Padre celestial” tiene consecuencias profundas, es esencial a la existencia del cristiano.

Uno de los elementos que caracterizan al Dios cristiano es su infinita generosidad para con sus hijos, que se expresa plenamente en la vida y misión de Jesús de Nazaret, quien con sus actitudes y comportamiento hacen presente el Reino de Dios, es decir, el amor y la solidaridad incondicional de Dios que sale al encuentro del ser humano, con el fin de darle vida en abundancia. Éste es el tema central de hoy.

1.1. Oración:

Concédenos, Señor, que el curso de los acontecimientos del mundo se desenvuelva, según tu voluntad, en la justicia y en la paz, y que tu Iglesia pueda servirte con tranquilidad y alegría. Amén.

2. Texto y comentario

2.1. Lectura del libro de Isaías 49, 14-15

Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.» ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

El texto que leemos del profeta Isaías se enmarca en la época de la deportación en Babilonia, en donde la mayoría del pueblo de Israel pierde su confianza y esperanza en Yahvé a causa de la fuerte y violenta influencia religiosa, política y social de Babilonia y por la poca capacidad de espera y resistencia del mismo pueblo desterrado; Israel se siente abandonado y olvidado por Dios, siente que las promesas de liberación nunca se cumplirán, y se resigna y doblega por entero al dominio babilónico. La tarea del profeta es entonces animar la esperanza del pueblo resignado, por medio de la Palabra, haciéndole ver que Dios no le ha abandonado, que está ahí junto a él sufriendo y luchando por la liberación, que no lo ha olvidado y que lo ama entrañablemente como una madre ama a sus hijos. Con este texto, Isaías manifiesta la ternura de Dios, su preocupación de madre por el bienestar de sus hijos, distinta a la experiencia de sufrimiento en Babilonia. Dios actúa desde la ternura, desde la misericordia con quien sufre. Ésta es la manera como Yahvé anima y salva a su pueblo.

2.2. Salmo Responsorial Sal 61, 2-3. 6-7. 8-9ab

R. Descansa sólo en Dios, alma mía.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación;
mi alcázar: no vacilaré. R.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré. R.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón. R.

2.3. Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-5

Hermanos: Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

Pablo, en esta sección de su primera carta a los corintios, responde a las críticas de quienes, después de tomar partido por un anunciador del evangelio en particular y por una manera concreta de proclamarlo, juzgan el modo de actuar del mismo Pablo, juicio que es apresurado, poco fundamentado e inmaduro. Pablo les recuerda que lo importante para él es que lo consideren servidor y administrador fiel de los misterios de Dios, pues los creyentes sólo pueden ser eso y nada más. Por lo tanto, el juicio sobre la forma de servir y administrar de las personas le corresponde únicamente a Dios. Lo importante es el servicio fiel al misterio y la correcta administración de los carismas dados por Dios a los apóstoles. Lo que verdaderamente juzga Dios es la capacidad de servicio y entrega de los anunciadores del Evangelio; lo que a Dios le importa es qué misericordiosos y justos somos con nuestros hermanos, pues en esto se distingue a un legítimo apóstol de Cristo.

2.4. Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos como crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos. »

La exhortación que Mateo pone en boca de Jesús se dirige particularmente a la gente pobre que sigue al Maestro, a la gente que siempre está en riesgo, que está preocupada por el presente y el futuro, preocupada por su subsistencia y por su vida. Jesús los invita a ponerse en las manos de Dios, quien es tierno y compasivo para con todos, que mira por las necesidades de todas sus criaturas. Con la mente y el corazón puestos en la generosidad de Dios, lo realmente importante o prioritario entonces es buscar el Reino de Dios y su justicia. Ésa debe ser la preocupación fundamental del seguidor de Jesús. Es un llamado a ser como el mismo Dios es, justo, tierno, compasivo, solidario, amante de los pobres y débiles; por eso, es tarea de todos expresar al mundo, por medio del testimonio y la fraternidad, la ternura de nuestro de Dios.

La primera lectura pone ante nosotros uno de los poquísimos textos en que la Biblia compara a Dios con una madre. El evangelio de Mateo que hoy leemos nos estaría presentando ese carácter materno de Dios a través de lo que tradicionalmente hemos llamado «la divina Providencia», una dimensión del amor de Dios a la que la tradición espiritual popular le ha dado mucha relevancia en la vida diaria. Ha sido una forma de ejercicio de la fe que nos hacía descubrir la mano materna de Dios cuidando nuestros pasos, para evitarnos problemas, para atender siempre nuestras necesidades.

La última frase del párrafo exige optar entre Dios y el dinero. Ahora las palabras de Jesús, que Mateo toma en la tradición, ilustran en qué consiste servir a Dios. Los afanes y preocupaciones de la vida cotidiana (la comida, el vestido…) pierden importancia cuando en la vida del discípulo aparece con claridad la preocupación fundamental por el reino. Entonces cambia todo, y es posible vivir en el ámbito de la confianza absoluta en el Padre, que vela por todos (Mt 5 43-48) y que conoce las necesidades de los discípulos (Mt 6 8). Él, que cuida de las aves del cielo y de los lirios del campo, cuidará con mucho más motivo de sus hijos, a condición de que ellos busquen el reino y lo que es propio de él. Esta enseñanza de Jesús es una buena traducción de la actitud frente a la vida que proponen las bienaventuranzas y el Padrenuestro. Para los cristianos de todos los tiempos, hombres de poca fe, y preocupados siempre por el día de mañana, son, al mismo tiempo, una sacudida saludable, y una buena noticia, que libera de tensiones y sufrimientos innecesarios.

Nos encontramos hoy en primer lugar con unas palabras de Jesús -una especie de parábola- sobre el servicio exclusivo a Dios. En la vida ordinaria no era totalmente extraño que un esclavo perteneciese a dos amos; pero, a la larga, esto podía terminar como dice el evangelio: queriendo a uno y despreciando al otro, puesto que, “estar al servicio”, supone una dedicación total, y la aplicación de la parábola (“No pueden servir a Dios y al dinero”) nos indica que se trata de dos amos absorbentes y con intereses contrapuestos. Estamos en la perspectiva de la predicación del Reino, que exige una entrega total a Dios.

El punto central de los versículos 25-35 es la exhortación a buscar sobre e todo el Reino de Dios: ésta debe ser la primera preocupación del cristiano, la única preocupación verdaderamente importante. En Jesucristo, que vive totalmente orientado hacia el Padre, se nos manifiesta el Reinado de Dios. La gozosa preocupación del discípulo consistirá, por lo tanto, en orientar su existencia hacia Dios: en esto consiste la justicia del Reino.

Si el discípulo vive -como vivió Jesús- orientado hacia Dios, participa también de esta fe y de esta gozosa confianza en el Padre, que se refleja en estos versículos. Las Palabra de Jesús ponen el acento en el hecho de no preocuparse, repetido como un estribillo (“no se preocupen por su vida…; ¿quién de ustedes, a fuerza de preocuparse…?; ¿por qué se preocupan…?; no se inquieten pensando…; no se preocupen por el día de mañana”).

No preocuparse por la comida, la bebida o el vestido no significa vivir en una ingenua despreocupación. Preocuparse por esto, significa comprometer toda la vida y las energías de la persona en la adquisición de los bienes materiales, y perseguir esto, como preocupación fundamental de la vida, es propio de paganos.

El discípulo está llamado a vivir como hombre de fe en Dios, de quien provienen todos los bienes, especialmente la vida (“¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?”). Y vivir con esta actitud de fe en Dios, que se preocupa incluso de los pájaros del cielo y de la hierba de los prados -sinónimo de algo pasajero- supone orientar la vida de cara al Reino y trabajar con paz en el corazón y sin preocupaciones -fruto de la fe en Dios y de la orientación de la vida hacia él- por la vida de cada día.

3.- Resuena la palabra

En un mundo, una sociedad, donde el dinero es acumulado, adorado y servido…, hemos de ser muy cautos para no dejarnos tranquilizar por las personas que nos aportan argumentos prudentes y previsores.”No podéis servir a Dios y al dinero” (v. 24). Jesús nos indica la acertada orientación: Dios, su Reino, su justicia; “buscad: ante todo el reino de Dios y lo que es propio de él” (v. 33).

En el mundo judío retener lo que no se necesitaba para sí era injusto, la justicia suponía compartir, distribuir providentemente. Jesús nos invita a vivir, buscar y servir al Reino como un absoluto en el que la justicia providente de Dios pasa por nuestras vidas, por nuestra solidaridad providente, por nuestra mirada y cercanía amorosas en los hermanos.

Vamos más allá de la comida y el vestido, dos ejemplos que nos aporta Jesús (v. 25-30). “No os inquietéis” (v. 31). En una sociedad que tiene un índice tan alto de falta de trabajo, de mendicidad, de corrupción y de injusticia, sí que estamos inquietos por estas lacras que estamos creando y arrojando sobre los pequeños y débiles de nuestro entorno. Nos inquieta, nos preocupa (v. 34) y nos quita el sueño no realizar hoy, ahora, en esta sociedad y en esta Iglesia que formamos, la JUSTICIA PROVIDENTE Y DISTRIBUTIVA que es el Reino, que es el amor providente y generoso de Dios.

Nos preocupa el mañana de tantos hombres y mujeres que sufren la “injusticia” de no tener de que comer y con que vestirse; me preocupa mi justicia lejos de la justicia providente y distributiva de Jesús. “A cada día le basta su propio afán” (v. 34). Este es nuestro afán y preocupación.

4. Para el diálogo y la experiencia

Podemos centrarnos en el versículo primero del texto: “Nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero” (v. 24).

Jesús les hace ver a sus discípulos cómo viven los que no conocen a Dios, esto es, cómo se desviven por las cosas y se olvidan de lo fundamental. Jesús centra a sus discípulos: “busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura”. No hay un desprecio o rechazo por las cosas materiales. Lo que Jesús rechaza y denuncia es la idolatría del dinero, poner los medios como fin, servir y amar al dinero. A la luz de este evangelio, podríamos preguntarnos: ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Qué cosas me inquietan o preocupan? ¿Dónde está el Reino de Dios y su justicia? ¿Qué es lo que Dios quiere y espera de nosotros? ¿Cómo hemos de entender el “servicio”?

”Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y el resto se os dará por añadidura” (Mt 6,33)

Si para Jesús el Reino de Dios ocupa siempre el primer lugar en su programa, en el nuestro, en general, suelen estar los propios intereses. Tomando la antigua concepción de las distintas formas del Reino de Dios en este mundo, pero quitándole lo que tenía de estático, se puede concretar lo que habría que esforzarse por conseguir en las diferentes dimensiones de la vida: la humanización de las relaciones y de la situación de los hombres, la democratización de la política, la socialización de la economía, la conversión de la cultura a la naturaleza, la orientación de la iglesia al Reino de Dios.

Oración: Te pedimos, Padre misericordioso, que nos fortalezcas y, nos permitas algún día participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Domingo 7 del tiempo ordinario – Ciclo A

Domingo séptimo del tiempo ordinario ciclo A

Es el amor de Dios el que nos reúne cada domingo en comunidad con los hermanos. Hoy la liturgia nos invita a ser santos porque el Señor es santo. El mensaje del amor total, a todos sin distinción, es propio de los hijos de Dios.

1. Introducción

Las lecturas de hoy nos hablan de la santidad. Es más, el evangelio termina con una invitación a ser “perfectos”. A eso estamos llamados todos los que queremos seguir las huellas de Jesús. Tenemos que ser perfectos. Pero la gran pregunta es: ¿qué significa ser perfectos? ¿En qué consiste la perfección? Pablo en la segunda lectura viene a plantear la misma cuestión pero desde otro punto de vista. En realidad Pablo nos dice que los cristianos ya somos perfectos. Por la sencilla razón de que ya somos “templo de Dios” y el Espíritu de Dios “habita en nosotros”. Lo que nos corresponde es comportarnos como debemos: no según la sabiduría de este mundo sino según la sabiduría de Dios. Acerquémonos a la lectura y reflexión de los textos bíblicos.

Lectura del libro del Levítico 19,1-2. 17-18.

Dijo el Señor a Moisés
Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.

Si Dios es santo, santo ha de ser también el pueblo que ha elegido. La fórmula «Yo, el Señor vuestro Dios, soy santo», se repite constantemente en el contexto de los capítulos 17 al 26 del Levítico. Estos capítulos constituyen una colección a la que se ha dado el nombre, por lo dicho, de «Ley de santidad». La prohibición del odio es un primer paso para el mandamiento del amor. Un segundo paso es la preocupación por los más cercanos, que excluye la indiferencia y se manifiesta en la corrección. A veces uno está obligado a corregir a los otros por su ministerio público, como es el caso de los profetas (cfr. Ez 3, 18: 33, 8), otras por su status en la familia o en la tribu.

Con la prohibición de la venganza se mitiga la «ley del talión», por lo menos dentro del ámbito del propio pueblo y de los parientes.

El «prójimo» es aquí el paisano y el correligionario. La máxima «amarás a tu prójimo como a ti mismo» puede ser una abreviacl6n de esta otra: «amarás a tu prójimo tal y como tú esperas ser amado por él»; en cuyo caso, no se iría más allá de la obligada correspondencia. Aunque en el resto del A.T. apenas se hace alusión a este mandamiento, los rabinos conocieron su valor normativo y su gran importancia.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 102,1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
y no olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados,
ni nos paga según nuestras culpas.

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos;
como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles.

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 3,16-23.

Hermanos:
¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros. Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque, la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «El caza a los sabios en su astucia.» Y también «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.

San Pablo en su amonestación a los corintios, avanza más allá de argumentos y consideraciones humanas sobre su comportamiento, exhortándoles a reconocer la gran dignidad a la que han sido elevados, pues en ellos habita el Espíritu Santo como en un templo.

La metáfora del templo ha sido ya preparada anteriormente con lo que ha dicho Pablo sobre la «edificación de Dios’ (v. 9ss).Si entonces aludía a la gran responsabilidad de los que edifican, ahora carga con esta responsabilidad a los que constituyen el mismo templo edificado, es decir, la Iglesia de Dios. Los corintios con sus divisiones («yo soy de Pablo», «yo de Apolo», v.4), ponen en peligro la solidez de una iglesia que sólo puede edificarse en Cristo y resquebrajan el templo de Dios. La ruina del templo conscientemente provocada es lo peor que puede suceder a un pueblo religioso.

La sabiduría de este mundo, la sabiduría meramente humana que tanto estiman los gnósticos, contradice al Espíritu Santo y se opone a la verdadera sabiduría de Dios. Por eso está en peligro la iglesia en Corinto, porque se dejan seducir por la sabiduría de los gnósticos. De ahí la urgencia de abandonar esa falsa sabiduría y aceptar humildemente la sabiduría que Dios revela a los sencillos para confundir a los sabios de este mundo (cfr. Mt 11,25-30).

Pablo está profundamente preocupado por la unidad de la iglesia y todo cuanto escribe aquí obedece a esta preocupación. Nadie debe envanecerse de seguir a éste o al otro maestro, todos tienen que liberarse del culto a las personalidades: «Pablo, Apolo, Cefas… son vuestros» y no vosotros de ellos, porque todos sois de Cristo.

Más aún, todo es de los creyentes. En consecuencia, nada debe ser sacralizado por ellos. Porque ellos son el verdadero templo en el que habita el Espíritu Santo, y su dignidad está por encima de todo. Ahora bien, ese templo es de Cristo y Cristo es de Dios. Sólo cuando se pone a salvo esta jerarquía interior es posible ordenar como es debido los valores y las relaciones humanas en el marco de la comunidad de Jesús. Resumiendo: el verdadero templo es la comunidad fundada en Jesucristo que es el Señor. En ese templo habita el Espíritu Santo, se da culto a Dios y Dios revela su sabiduría a los sencillos. Cualquier otro templo, cualquier otro culto, cualquiera otra sabiduría debe ser rechazada.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5,38-48.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Sabéis que está mandado: «Ojo por ojo, diente por diente.» Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.

Continúa la enumeración de ejemplos concretos, iniciado el domingo pasado, poniendo de manifiesto la dinámica de sentido y significado conferida por Jesús a la Ley de Moisés. Sabéis que se dijo… Pero yo os digo… El texto de hoy recoge dos nuevos casos, los últimos de la enumeración.

Ojo por ojo; diente por diente”. Se trata de formulaciones concretas de la ley del talión que puede leerse en Ex. 21, 24; Lv 24, 20 y Dt 19, 21. La ley del talión pertenece al derecho penal y consiste en hacer sufrir al delincuente un daño igual al que causó. Responde a situaciones socio-culturales en las que la justicia es asunto de los particulares e introduce un criterio de objetividad en el ejercicio de esa justicia. Ante el recurso legal como medio disuasorio, Jesús ofrece la alternativa superior de un desarme del corazón y del espíritu con capacidad para renunciar a todo tipo de compensación y para desarmar al contrario por medio de la sorpresa de una actitud abierta y liberal.

En primer lugar se enuncia el principio general: no hacer frente al agresor, es decir, no recurrir a la violencia. Este principio viene después explicado prácticamente a base de casos gráficos, paradójicos, chocantes. Detengámonos en dos de ellos.

Al que te pone pleito para quitarte la túnica, dale también la capa. La túnica era la prenda interior de vestir, la capa, la exterior. Alguien te lleva a juicio por la ropa interior que llevas, pues cree que se la has robado. Jesús te dice: dale también la ropa exterior. La propuesta es de las de dejar a uno atónito, pues equivale a decir que te quedes desnudo.

A quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos. Los romanos, siguiendo una práctica persa, requisaban personas y animales para la realización de servicios públicos. El caso contemplado por Jesús es el del invasor romano obligando al judío a llevar una carga por espacio de un kilómetro. La propuesta de Jesús es, de nuevo, para dejar atónitos: dobla la distancia que te exige el invasor.

“Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.

Aunque la ley a la que se refiere Jesús, y que está recogida en Lv 19-18, habla sólo de amor al prójimo, en la práctica este amor llevaba al aborrecimiento de los no judíos: los no judíos no eran prójimo.

La alternativa de Jesús propone la superación del concepto de enemigo en base a la actuación de Dios Padre, quien desconoce por completo este concepto. A esta razón añade Jesús otra de tipo amistoso-práctico: el discípulo suyo debe ser diferente de los demás, para concluir con la invitación a ser perfectos. Perfecto en el sentido de completo, abarcador. Comentario: El texto de hoy es tal vez el texto bíblico que expresa con mayor claridad que lo específico cristiano es una diferencia en razón de una referencia.

La diferencia. Ser cristiano es estar situado en el espacio que se abre más allá de la ley, más allá de lo mandado y prohibido. Sabéis que se dijo en el espacio de la ley moral, de las pautas más o menos detalladas que orientan la vida de los humanos. Es, en suma, el espacio de la conciencia, por la cual los humanos nos diferenciamos de los animales.

«Pero yo os digo» es el espacio que surge después o más allá de la ley moral y de las adquisiciones de la conciencia. En ese espacio no hay pautas orientadoras. Sólo hay fantasía y sensibilidad para descubrir modos inéditos de ser y de relacionarse. ¡Ese es el espacio cristiano! El que se halla en él no es una persona mejor que las otras es sencillamente una persona diferente. La referencia. El espacio cristiano emerge cuando se descubre a Dios como Padre. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo. Sed completos como vuestro Padre celestial es completo. El Padre es la referencia que explica la razón de ser del cristiano.

¿Qué es ser cristiano sino ir haciendo nuestro el proyecto de vida de Cristo? ¿y nuestra su mentalidad, y su escala de valores, por encima -y a veces en contra- de la mentalidad y los valores de esta sociedad en la que vivimos? Por eso, cada domingo somos invitados a mirarnos al espejo de Cristo: a escuchar y aceptar su Palabra viva, orientadora. Hoy, sobre nuestra relación con el prójimo.

Recogiendo el espíritu de las lecturas contemplamos en síntesis: La ley del amor

Ya desde el A.T., como hemos escuchado en la primera lectura, se nos urge a que amemos: a que evitemos el odio, o el silencio cuando es cómplice del amor fraterno, o la venganza, o el rencor. Se nos da ya una buena «medida» de amor: amar al prójimo como a ti mismo… Se nos dice que así imitamos a Dios y somos santos como Él. ¿Cuál es la actitud de Dios que debemos imitar? Nos lo ha hecho repetir el salmo responsorial: «el Señor es compasivo y misericordioso».

No podemos decir que honramos a Dios si luego no imitamos su manera de actuar con nosotros: lento a la ira, comprensivo, perdonador, rico en clemencia… La caridad con el hermano aparece como una consecuencia absolutamente ligada a nuestra fe en Dios. Jesús, en el evangelio, ha concretado más esta ley del amor. Ya no debe regir para los suyos la ley del talión, aunque todavía hoy sea lo más espontáneo: ojo por ojo (no me habla, pues yo no le hablo; me critica, pues yo le critico a él). Los seguidores de Jesús deben aprender la nueva ley, la ley del amor. No vengarse del mal con el mal, sino intentar vencerlo con el bien. «Poner la otra mejilla», regalarle también la túnica», «recorrer con él no sólo una milla, sino dos», son expresiones muy plásticas del nuevo estilo.

El amor es dar gratuitamente. Lo otro (saludar al que ya nos saluda, tratar bien al que ya nos trata bien o para que nos trate bien) es más bien negocio. Cristo no nos enseña sólo un estilo civilizado de convivencia, sino uno claramente superior: un estilo basado en el amor gratuito, desinteresado, cosa que no nos enseña precisamente este mundo.

Un amor bien entendido

Amar no significa siempre callar. El silencio a veces sería colaboración con el mal. A veces el amor incluye, como ya nos dice la primera lectura, la corrección fraterna: unos padres no pueden consentir los malos caminos de sus hijos, los hijos deben saber decir también una palabra oportuna a sus padres, y lo mismo en la comunidad parroquial o en la religiosa. Amar no debe significar cruzarse de brazos y renunciar a una posible acción comprometida en la lucha contra las situaciones injustas.

Pero lo que sí comporta este nuevo estilo es hacer estas cosas desde una actitud de amor, y no de rencor o de venganza. Lo de la mejilla o lo de la túnica no hay que tomarlo necesariamente al pie de la letra, sino desde su urgencia de actitud pacífica, no violenta ni vengativa. Cuando a Jesús le dieron una bofetada, en la Pasión, no puso la otra mejilla, sino que preguntó serenamente por qué le golpeaban, qué mal había hecho.

Tenemos buenos maestros de esta ley del amor

El modelo primero, que nos proponen las lecturas de hoy, es Dios mismo. «Sed santos como yo», decía la primera lectura. Y ya hemos visto qué retrato de santidad de Dios nos ofrecía el salmo: el Dios lleno de misericordia. También en el evangelio se motiva nuestra actitud fraterna con los demás mirando a Dios: «así seréis hijos de vuestro Padre»: Dios, al hacer llover o salir el sol sobre todos, nos da ejemplo de un corazón universal y no vengativo.

El que mejor nos ha podido enseñar esta doctrina es Cristo Jesús, que con su modo de actuar y sus palabras nos ha dado este mensaje de perdón y de amor. En Él es donde mejor hemos podido experimentar en verdad que Dios es amor. Es Él el que ha cumplido en plenitud la nueva ley del amor. Y no porque no luchara contra el mal, ni se callara ante las situaciones que intentaba corregir. Cristo denunció el mal. Pero perdonó. Murió pidiendo a Dios que perdonara a los que le mataban. Dios nos enseña a superar la ofensa con el amor, no con otra ofensa justiciera.

La novedad y la audacia de esta ley del amor

Una vez más aparece que el estilo de vida que nos enseña Jesús es claramente nuestro, contra corriente, difícil, audaz. No sólo nos dice que no odiemos. Nos pide más: que amemos incluso al «enemigo», aunque estemos luchando contra el mal. La gran fuerza que transformaría el mundo si los cristianos la entendiéramos en la práctica, es el amor. Cuando, antes de ir a comulgar con Cristo en la Eucaristía, nos damos el gesto de paz con los de al lado, éste es un gesto amable, pero serio: es nuestro compromiso de que entendemos el «amén» que damos a Cristo como íntimamente relacionado con el «amén» que en la vida le vamos a decir a nuestros hermanos.

Domingo 6 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo sexto del tiempo ordinario ciclo A

1. Oración
Dios nuestro, que en nuestra tradición judeocristiana nos diste antiguamente una ley revelada, escrita en tablas de piedra y refrendada con la amenaza del castigo tras la muerte. Ayúdanos a pasar a descubrir un nuevo sentido moral, no basado en el temor del castigo ni en la promesa de los premios, sino en el valor mismo de la Verdad y del Bien. Nosotros te lo pedimos inspirados en Jesús, tu Palabra para nosotros.
2. PRIMERA LECTURA
El sabio reflexiona sobre el hombre, y ve que por su libertad es dueño de su destino, responsable de su realización. El bien y el mal, la vida y la muerte, se le ofrecen como opción. Para decidir tiene una luz y una guía en los mandamientos que conducen a la vida (Dt 30,15ss). La libertad es a la vez grandeza y riesgo. Responsabiliza al hombre en su lograrse o malograrse. Ni lo uno ni lo otro acontecen en ausencia de Dios.

Lectura del libro del Eclesiástico 15,16-21.

Si quieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua, echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos.

A modo de prólogo. El origen del mal y del pecado, tanto a nivel individual como colectivo, es un problema agudo que ha roído la mente humana en todas las etapas de su historia. Y han sido los sabios, los filósofos, los que más se han preocupado por el tema. Sabio es el autor de Gn. 2-3, y sabio es Ben Sirah; pero el enfoque de uno y otro libro es muy diverso: mientras el primero se fija de forma especial en el origen del mal colectivo, Ben Sirah habla del individual.
Una advertencia: es necesario leer íntegra esta unidad literaria (Eclo 15,11-20) y no recortada como hace la liturgia.
La gran tentación humana ha consistido siempre en no querer cargar con la maldad que cometemos y echar las culpas a los demás. Adán se las carga a «esa mujer que tú me diste», y Eva, a la serpiente. El discípulo de Ben Sirah objeta: «…Mi pecado viene de Dios…», «…El me ha extraviado…» (vs. 11-12); pero el maestro responde tajante: no digas eso (vs.11-12), Dios «no mandó pecar al hombre» (v.20). El pecado humano es siempre fruto del libre albedrío, de su propia elección (v.14). El Señor es inocente, no saca ninguna utilidad engañando; más aún, odia toda maldad tanto de palabra como de obra.
Sólo el hombre, haciendo mal uso de su libertad, es responsable del mal de esta película (v.14). A través de su libertad el hombre puede realizarse o degradarse. A veces podrá escoger entre dos bienes, pero otras veces deberá elegir entre el bien, que es vida, y el mal que es muerte. Y esta libertad no está exenta de responsabilidad: Dios está siempre atento a la elección humana (vs. 18 ss).
Elegimos la muerte si nos comportamos «como seres humanos separados, aislados, egoístas, incapaces de superar la separación con la unión amorosa». En la libertad el hombre se realiza, pero debe «gozar de una libertad no arbitraria sino que ofrezca la posibilidad de ser uno mismo, y no un atado de ambiciones, sino una estructura delicadamente equilibrada que en todo momento se enfrente a la alternativa de desarrollarse o caer, vivir o morir» (E.Fromm: «¿Tener o ser?», México, 1979, pp.122 y 163).

3. SALMO RESPONSORIAL
Sal 118,1-2. 4-5. 17-18. 33-34

R/. Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor.
Dichoso el que con vida intachable
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que guardando sus preceptos
lo busca de todo corazón.
Tú promulgas tus decretos
para que se observen exactamente;
¡ojalá esté firme mi camino
para cumplir tus consignas!
Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos y contemplaré
las maravillas de tu voluntad.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de’ todo corazón.

4. SEGUNDA LECTURA
La fe cristiana no es fruto de un razonamiento científico, sino de una revelación gratuita de Dios. Sin embargo, una vez aceptada la revelación, los cristianos tienen que reflexionar mucho sobre ella, construyéndose fatigosamente su propia teología. Eso sí, una teología humilde y atenta a las preguntas de Dios y de los hombres.

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 2,6-10.

Hermanos: Hablamos, entre los perfectos una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; y el Espíritu todo lo penetra, hasta la profundidad de Dios.

«Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo…»: La predicación de Pablo se centra en la sabiduría de Dios manifestada en Cristo resucitado. Pero, para comprenderla, es necesaria la fe. Por eso Pablo se dirige a aquellos que teniendo una fe más madura pueden comprender más plenamente sus palabras. Ahora bien, este misterio de la muerte y resurrección de Cristo queda todavía lejos de una parte de la realidad, lo que llama «este mundo», sujeto a los espíritus malignos y a la espera de ser transformada por Cristo. Es evidente que los dirigentes de este mundo no han entendido todavía esta sabiduría divina: los filósofos paganos no han sabido reconocer a Dios (tema de Rm 1,19-20) y los escribas y doctores de la Ley, en el judaísmo, no han reconocido a Jesús como el Mesías esperado. La sabiduría de Dios ha permanecido «escondida» en la cruz, escándalo para los judíos y necedad para los paganos.
«… nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria…»: la condena de Jesús por los dirigentes de este mundo ha manifestado su ceguera. No sabían qué hacían. Pero todavía podemos hacer una lectura mucho más crítica de esta frase «si hubiesen conocido al que condenaban no lo habrían hecho porque su misma actuación les ha llevado a la ruina. La muerte de Jesús ha significado la destrucción del mundo de pecado y el hundimiento de los hombres de este mundo.
«Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu…»: Los bautizados, o quizá mejor, aquellos que han madurado más en la fe, son los que han conocido el misterio escondido en la cruz, gracias a la revelación de Dios por medio del Espíritu.

5. Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5,17-37.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: [No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los Cielos.] Pero quien los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los Cielos. Os lo aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado. [Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.] Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. [Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el Abismo. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al Abismo. Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.» Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer -excepto en caso de prostitución- la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.] Sabéis que se mandó a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor». Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo]. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

Continúa el sermón del monte, iniciado hace dos domingos. La designación de los discípulos como sal y luz del mundo puede ser la razón por la que Mateo ha dado cabida a las afirmaciones de Jesús sobre la Ley. Esta, en efecto, era para los judíos la sal y la luz del mundo. ¿Cuál es su puesto y razón de ser si ya no es ella la luz y la sal, sino los discípulos? No he venido a abolir, sino a dar plenitud (v. 17). Mientras existan el cielo y la tierra, la Ley no perderá punto ni coma de su valor (v. 18). En el original ambas afirmaciones están en relación de efecto y causa, y por lo mismo la segunda afirmación, enunciando la vigencia de la Ley, constituye el punto de partida. Puesto que la Ley tiene validez y vigencia perpetuas, la Ley no puede ser abolida. Los siguientes versículos 19-20 extraen la conclusión lógica: la Ley, pues, debe ser enseñada y practicada en todos sus detalles por el discípulo de Jesús, quien deberá descollar en ello más incluso que los que dentro del judaísmo han hecho de la Ley la guía y norma de conducta.
Sin embargo, la primera afirmación del v. 17 deja ya entrever que la no abolición de la Ley no significa su mantenimiento mecánico y material. Dar plenitud es completar en línea de sentido y de significado. El v. 17 enuncia que Jesús no ha venido a anular la Ley de Moisés ni las enseñanzas de los profetas, sino a darles su verdadero significado. El resto del texto recoge cuatro ejemplos concretos de esta dinámica de plenitud.
Primer ejemplo (vs. 21-26). Ley: no matar; sentido pleno en la línea de erradicación de la ira y del insulto, trastienda del asesinato. El discípulo de Jesús no puede contentarse con no matar: debe ser generador activo de concordia, no dando pie a que nadie se sienta ofendido.
Segundo ejemplo (vs. 27-30). Ley: no cometer adulterio; sentido pleno en la línea de erradicación del deseo y deleite libidinosos, trastienda del adulterio. El discípulo varón no puede contentarse con no tener relaciones sexuales con la mujer, de otro; debe saber tener limpieza de intenciones. La Ley y la plenitud están redactadas desde la perspectiva del varón, en consonancia con las condiciones socioculturales de la época.
Mateo añade unas frases gráficas sobre el ojo y la mano, que Marcos sitúa en un contexto diferente. La función de las mismas es dar seriedad y urgencia a lo que en este segundo ejemplo se dice.
Tercer ejemplo (vs. 31-32). Ley: en caso de divorcio dar a la mujer un acta de separación, que la proteja de futuras inconsecuencias del ex marido; sentido pleno en la línea de reconocimiento y valoración de la mujer.
De lo que en este ejemplo se trata no es del divorcio, que más bien se presupone, sino de la mujer, ser de segundo orden en la consideración social y jurídica de la época. En un supuesto de divorcio, el acta de separación garantizaba a la mujer un mínimo de reconocimiento y de valoración. Jesús pide avanzar en esta línea reconociendo a la mujer idéntica capacidad jurídica y moral que al varón.
Cuarto ejemplo (vs. 33-37). Ley: cumplir lo prometido bajo juramento; sentido pleno en la línea de ser personas serias y de palabra.
Las afirmaciones iniciales del texto. (vs. 17-20) están catalogadas entre las de mayor dificultad dentro del Evangelio de Mateo por su defensa de la Ley, lo que parece más bien propio de un rabino que de Jesús.
La propia matriz judía de esas afirmaciones la que avala la atribución de las mismas a Jesús, judío inmerso como el que más en la corriente de savia y de tradición de su pueblo, y que por lo mismo puede desconcertar a quienes no estamos dentro de esa corriente. No me cabe la menor duda de que Mateo ha recogido palabras genuinas de Jesús, tal cual Jesús las pronunció, con toda la evocación y sabor de lo tradicional, pero a la vez con toda la fuerza y frescor de lo novedoso.

6. Oración final
Oh Misterio del Ser y de la Vida, que desde los inicios del cosmos has acompañado e impulsado internamente su evolución maravillosa, y que ahora, en el ser humano despliegas su poder co-creativo para reinventar una adecuación nueva de la vida con el corazón del cosmos, por la gratuidad de la Conciencia, la seducción de la Belleza, el Enamoramiento de la Vida… Ayúdanos a estar atentos a esta transformación, y a acomodarnos a ella, dejando caer los miedos y los intereses en la moralización de nuestra vida. Amén.