Jesucristo Rey del Universo – Ciclo B

Domingo XXXIV del tiempo ordinario:

1. Oración:

Oh Cristo Jesús, te reconozco por Rey universal. Todo cuanto existe ha sido creado por ti. Ejerce sobre mí todos tus derechos. Renuevo mis promesas del bautismo, renunciando a Satanás, a sus seducciones y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de tu Iglesia. Jesucristo, te ofrezco mis pobres acciones para obtener que todos los corazones reconozcan y vivan tu mensaje de paz, de justicia y de amor. Amén.
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Domingo 33 del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Domingo XXXIII del tiempo ordinario:

“Veréis venir al Hijo del Hombre”

1. Introducción

Este domingo es una invitación a una buena noticia: nos espera la plena realización de todas las esperanzas de paz, alegría, amor, verdad y justicia. Al final del tiempo, la realización y consumación de la esperanza. Asidos en una palabra que es garantía de futuro: «no pasará esta generación antes de que todo se cumpla». Es misión del cristiano hacer presente este futuro en cada generación. Asumir con ojos de distancia y de futuro la responsabilidad del quehacer de cada día. No tiene que resultarnos extraño que en cada acción –por pequeña que ésta sea- resuene un cierto sabor de futuro. La fe y la esperanza nos aseguran que Dios da futuro al presente.
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Domingo 32 del Tiempo Ordinario – Ciclo B

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

1. Introducción:
La fe-confianza, la abnegación y la entrega de muchas personas nos interroga:¿qué puede mover a un hombre a dar su vida a Dios? solamente parece existir una respuesta: sentirse profundamente querido por Dios. La viuda que hoy se nos presenta en el evangelio, no podía dar gracias a Dios por los bienes materiales de que disfrutaba, pero, a pesar de ello, algo en su interior le hacía sentirse querida y deudora. Ella pertenece al grupo de gentes anónimas que guardan en ellas la esencia de la humanidad y la irradian, aunque muchos las juzguen como personas inútiles e innecesarias. Son, sin embargo, la energía del mundo. En ellas se encarna Dios.

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