La Epifanía del Señor

Solemnidad de la Epifanía – Domingo entre el 2 y el 6 de Enero

La oración principal de la fiesta, oración atribuida a san Gregorio Magno, sugiere este último enfoque. Es una oración que enlaza tres ideas: la vocación de las naciones, la estrella como símbolo de fe y el premio de la fe, que es la visión de Dios cara a cara. Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Esta oración representa nuestra propia vida como un peregrinar, como una peregrinación de fe. Nosotros somos los magos. La fe es la estrella que nos guía. Belén es nuestra meta.

1. Lectura del Profeta Isaías 60,1-6.

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti!

Mira: las tinieblas cubren la tierra,
la oscuridad, los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor,
su gloria aparecerá sobre ti;
y caminarán los pueblos a tu luz;
los reyes al resplandor de tu aurora.

Levanta la vista en torno, mira:
todos ésos se han reunido, vienen a ti:
tus hijos llegan de lejos,
a tus hijas las traen en brazos.

Entonces lo verás, radiante de alegría;
tu corazón se asombrará, se ensanchará,
cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar,
y te traigan las riquezas de los pueblos.

Te inundará una multitud de camellos,
los dromedarios de Madián y de Efá.

Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro
y proclamando las alabanzas del Señor.

Contexto: “¡Levántate!” (v.1) es el grito que se da para despertar al que está dormido así como también para infundir coraje al que está desesperado. El segundo imperativo: “¡brilla!”=revístete de esplendor es la invitación a mostrar un rostro risueño porque la tristeza y desesperación han cesado. Con la vuelta del destierro la situación no había cambiado. Is.II habló de un nuevo éxodo, de un morar de Dios en Jerusalén cuyo dominio se extendería no sólo sobre la Ciudad Santa sino sobre todos los pueblos. Ante la promesa de esta epifanía divina, los primeros repatriados del destierro soportan las enormes dificultades pero los años pasan y la promesa no se cumple (Is 52.). Siguen cometiéndose las mismas injusticias (v.18), la pobreza reina por todas partes (v.17), Jerusalén se halla aún sin murallas (v.10), los pueblos extranjeros no sólo no acuden a la ciudad sino que incluso la desprecian (vv.14s). Los israelitas comienzan a dudar de la fidelidad de Dios y de las palabras de los profetas.

En esta situación de desesperación, Is.III proclama este mensaje de salvación a la ciudad de Jerusalén. Es la respuesta de esperanza al lamento del pueblo: “…está lejos de nosotros el derecho… esperamos la luz y vienen las tinieblas, claridad y caminamos a oscuras…” (59.9; cf. 56.9-57.13). El poeta anuncia un futuro de bendiciones que se cumplirá porque Dios mismo es el que habla (v.22).

Texto: vv. 1-3: se habla de una manifestación o epifanía salvadora del Señor. El poeta está tan seguro de ese futuro que usa los tiempos en pasado, como si ya se hubiese realizado. Hay un contraste entre la luz y las tinieblas (=presencia y ausencia de Dios). La luz, tan ansiada, ya está amaneciendo sobre la Ciudad Santa, en contraste con las tinieblas que se extienden sobre las otras naciones. Este amanecer no guarda relación alguna con la salida del sol sino que hace más bien referencia a la gran epifanía o manifestación de Dios (58.8); el sol y la luna de la primera creación serán sustituidos por la luz eterna del Señor que irradiará un brillo cegador (60.19). Donde está Dios está la luz y está la vida; si Jerusalén desea vivir deberá estar unido a su Dios. Y ante esta epifanía del Señor también los otros pueblos se ponen en movimiento saliendo de la oscuridad.

vv. 4-7: Una nueva época se instaura en la ciudad: no sólo vuelven los desterrados sino también los otros pueblos, atraídos por la luz del Señor se dirigen a Jerusalén. Es la antítesis de la dispersión del año 586. El edicto de repatriación de Ciro sólo hizo volver a algunos, pero la epifanía de Dios, a todos, incluso a los más lejanos que traen los dones más preciados de Oriente. Cuando todo esto acaezca ya no será necesario dar ánimos a Jerusalén. Ella lo verá con sus propios ojos y su rostro se volverá risueño.

Reflexiones: La epifanía que describe Is.III no es tan concreta como la de su predecesor. El cambio tendrá lugar cuando Dios quiera, y por eso debemos estar siempre en una continua espera esperanzadora. La palabra de Dios se ha empezado a cumplir ya con la Epifanía de Jesús. Él es la luz del mundo, y luz verdadera (Jn 1, 4.8); el que le sigue no camina en tinieblas (Jn 8,12). Pero todavía estamos a la espera de una nueva creación epifánica (Ap 21.) La nueva Jerusalén, la Iglesia, debe ser morada epifánica del Señor. Ella no es la luz sino el instrumento que hace posible esta luz. Nuestra humanidad se abate en las tinieblas… La Iglesia, con sus orientaciones, ¿es vehículo de la luz? ¿Confluyen hacia ella todos los pueblos del s.XXI con sus variadas riquezas: diversidad de opiniones, opciones…? Tal vez sea necesario gritarle de nuevo: “¡levántate y brilla!”, ¡despierta y vístete de esplendor! ¡cambia tu rostro huraño, amenazante, encerrado en ti mismo por la alegría, la esperanza, la apertura…!

2. SALMO RESPONSORIAL
Sal 71,2. 7-8. 10-11. 12-13

R/. Se postrarán ante ti, Señor,
todos los reyes de la tierra.

Dios mío confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes:
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributos;
que los reyes de Sábá y de Arabia
le ofrezcan sus dones,
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Porque él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

El salmo 71, marcadamente mesiánico, con la riqueza y la fuerza evocativa de sus imágenes proclama el reino universal de justicia y de prosperidad, de paz y abundancia de liberación y rehabilitación del rey-mesías, el esperado de Israel. De esta filigrana se destaca la figura ideal del descendiente de David, el verdadero ungido de Dios, dibujado con prerrogativas grandiosas; en efecto, él realizará cosas maravillosas y manifestará su gloria, que es la gloria misma de Dios. La lectura litúrgica ve aquí el sentido pleno de la bendición perenne realizada en Jesucristo.

3. Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 3,2-3a. 5-6

Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Esta lectura nos habla del carácter de “revelación” que asume el plan de Dios. El “misterio” que se ha dado a conocer a Pablo es el plan salvífico que estaba escondido desde la eternidad en Dios. Su revelación es una decisión libre de Dios, fruto del amor que tiene al hombre. Es la salvación que se realiza en Cristo y por Cristo.

Pablo afirma que en el tiempo presente se da una más profunda penetración del misterio de Dios. El proceso de penetración del plan de salvación con frecuencia sigue un camino lleno de dificultades como lo demuestra la misión apostólica de Pablo. La Iglesia está siempre en camino hacia este conocimiento y ha de saber intuir los signos de Dios. En Pablo la visión del misterio de Cristo se ha ido profundizando en el curso de las experiencias misioneras. Ha sufrido en su carne el problema de la unidad de la Iglesia.

La Iglesia tiene hoy una sensibilidad peculiar en el tema de las relaciones con las otras religiones porque su misión es manifestar al mundo la salvación de Dios. En tiempo de Pablo los griegos dividían a los hombres en griegos y bárbaros, y los judíos, en judíos y gentiles. También en nuestros ambientes hay la inclinación a dividir la humanidad en dos partes según el gusto de cada uno. No usamos la misma terminología que los griegos y judíos, pero vivimos la misma realidad. Hoy la Iglesia no está comprometida por la tensión entre judíos y gentiles, pero hay otras tensiones y divisiones. No podemos olvidar que la revelación del plan salvífico de Dios continúa siendo el centro y el punto de referencia de la vida de la Iglesia.

4. Lectura del santo Evangelio según San Mateo 2,1-12.

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:—¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: —En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.» Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:—Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Esta narración evangélica, que se presenta con frecuencia como el relato de los magos, es una narración midráshica que quiere exponer la historia de la salvación a partir de unos ejemplos típicos. Balaam, que “venía de los montes de oriente” había predicho a Judá una estrella (Nm 24, 17). Esta formulación profética, escrita en tiempos de David, para indicar la estrella que debía aparecer, se convirtió en un “tópico” mesiánico. Un pagano había predicho a los paganos una luz y un Señor que había de aparecer en el seno de Israel.

La estrella de David se convirtió, en el libro de Isaías, en luz para los paganos. Así el nacionalismo estrecho del reino de David se transformó en universalismo salvífico. Basta recordar los textos relativos al Siervo de Yahvé que lo definen como luz de las gentes (Is 42, 6-7; 49, 6.9.12). Mateo toma el relato de la estrella y -a la luz de la resurrección- ve en él el cumplimiento de la predicción de Balaam.

El contraste entre los judíos de la capital y Herodes, por una parte, y los magos por otra, es violento y claramente intencionado. El evangelista muestra con este relato que el rechazo de Jesús por parte de los judíos ha sido constante. No aceptan el mensaje y Jesús deberá pasar el reino a otros. Pero esto no se realiza sin tensiones. Se requiere la disponibilidad de la fe y la atención a los signos de los tiempos. Mientras los paganos “adoran al Niño”, los representantes del pueblo intentan matarlo. Desde el principio Jesús ha sido piedra de escándalo.

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