La asunción de la Virgen María – Solemnidad

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN

Oración:

Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

1. Introducción

En esta misa conviene relacionar la primera lectura y el salmo con el evangelio. La imagen de la mujer apocalíptica es al mismo tiempo de lucha y de victoria, y la escena de la visitación es introducción al cántico del humilde glorificado, el Magnificat. Lo que estas lecturas destacan es el aspecto "pascual" de la asunción de María. La "victoria es de nuestro Dios", y María es beneficiaria de esta victoria, "porque has creído", y Dios se ha complacido en obrar en ella sus maravillas. Estrechamente unida a esta temática, escuchamos la lectura del Apóstol, que manifiesta la razón de fondo del misterio: "Cada uno en su puesto: primero Cristo como primicia; después, todos los cristianos". La presentación del misterio de María como participación plena en el misterio pascual de Cristo es, posiblemente, la más justa teológicamente, y la que da más coherencia a la celebración. Con ella enlaza perfectamente la introducción a la Eucaristía, siendo al mismo tiempo un punto de partida exhortativo sobre el sentido pascual de nuestra existencia.

2. Lectura y reflexión de los textos de la solemnidad

2.1. Lectura del libro del Apocalipsis 11,19a; 12,1-6a. 10ab.

Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios y dentro de él se vio el Arca de la Alianza. Hubo rayos y truenos y un terremoto: una tormenta formidable. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba encinta, le llegó la hora, y gritaba entre los espasmos del parto. Apareció otro portento en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. Mientras tanto la mujer escapaba al desierto. Se oyó una gran voz en el cielo: «Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios, y el mando de su Mesías».

2.1.1. Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

La lectura del libro del Apocalipsis empieza presentado uno de los temas bíblicos de la fiesta de hoy; el arca de la alianza. Tema que aparece en la primera lectura de la misa de la vigilia, y sirve de enlace en esta primera lectura de la misa del día y volverá a aparecer como trasfondo del evangelio de la Visitación. El arca de la alianza era el "signo" de la presencia invisible de Dios en medio de su pueblo. Contenía el Decálogo, síntesis de la Palabra que Dios había dirigido a su pueblo en el Sinaí.

La visión del arca inaugura, en el libro del Apocalipsis, la sección de los tres signos, de los cuales la lectura nos presenta los dos primeros: la mujer encinta y el dragón rojo. El varón llamado a gobernar a los pueblos es símbolo de Cristo, designado, más adelante, como "la Palabra de Dios" (19,13). La mujer que personifica a la comunidad cristiana es la que gesta y da a luz al que es la Palabra definitiva del Padre. La figura femenina es la verdadera arca de la nueva alianza, "signo" de la presencia de Dios ante los pueblos, a pesar de los rechazos y de las persecuciones.

La lectura mariana de este texto eclesiológico nos lleva a María como la primera cristiana, prototipo y Madre de la Comunidad de creyentes interesada en ofrecer la Palabra de Dios, que es Cristo, a nuestro mundo secularizado.

2.2. SALMO RESPONSORIAL Sal 44,11.

R/. De pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro
.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna.

Prendado está el rey de tu belleza;
póstrate ante él, que él es tu señor.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

2.3. Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15,20-26.

Hermanos: Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto; primero Cristo como primicia; después, cuando él vuelva, todos los cristianos; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios «haga de sus enemigos estrado de sus pies». El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque dice la Escritura: «Dios ha sometido todo bajo sus pies».

2.3.1. La resurrección de Cristo no fue un hecho aislado, sino una primicia, el primer fruto de una cosecha, que anuncia la resurrección de todos; es así el fundamento de la esperanza. La humanidad entera era solidaria del primer hombre y participaba de su destino. Ahora, con el Mesías, se ha creado una nueva solidaridad. La primera solidaridad conducía a la muerte, la segunda lleva a la vida. Ahora bien, mientras la solidaridad con Adán no era libre, sino que nacía de la naturaleza misma del hombre (Adán=hombre), la solidaridad con el Mesías se crea por la comunicación de su Espíritu (1 Cor. 12, 12-13), don de Dios a los que libremente se adhieren a su Hijo, jefe de la humanidad nueva. El Espíritu, que es la vida, dará la resurrección a los que pertenecen al Mesías (Rm. 8. 11).

El plan de Dios, actuado por el Mesías, Jesús, era comunicar al hombre su misma vida y así salvar para siempre al hombre que creó. El reino del Mesías es un reino de vida en todas sus manifestaciones; su enemigo total es la muerte, destrucción de la obra de Dios. Dios mismo irá venciendo a todos sus enemigos, sometiéndolos al Mesías; el último por vencer será la muerte, para que reine totalmente la vida, y una vida sin fin. Ese será el triunfo de Dios, el final de su obra. – Cristo es la primicia de los resucitados. Es la primera gavilla de la gran cosecha que Dios recoge de la siembra en el mundo. La primera gavilla indica que la cosecha ha empezado. Reafirma nuestra esperanza en la resurrección. María es también gavilla de las primicias. Esta comparación no tiene para nosotros la misma fuerza que tenía en tiempo de Pablo. La presentación de la primera gavilla, como primicia de la cosecha, era motivo de alegría y de bendición.

La civilización industrial no habla de gavilla, sino de "inauguración". Pero lo importante es conservar el sentido que hay en el fondo de la comparación. En Jesús la prodigiosa fiesta de su resurrección es la gavilla, la inauguración, la Asunción de María es la primera participante en la fiesta. La resurrección de Jesús y la Asunción de María significan que en Cristo resucitado, centro de la creación liberada, el proceso de restauración llega hasta la materia cósmica. La Asunción de María nos confirma que en la resurrección de Cristo la creación entera llega a su plenitud, que el cosmos y el cuerpo no es sólo el lugar material en que se juega el destino del hombre. La liberación que le espera le hará acceder a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

2.4. Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1,39-56.

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres-, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

2.4.1. Los dos primeros capítulos de Lucas se orientan hacia la subida de Jesús al templo de Jerusalén (2, 4 y 42). Hay una alusión a la aparición del Arca en el santuario. Hay también un paralelismo muy significativo con la subida o traslado del Arca a Jerusalén en el A.T. El viaje de María hacia las montañas de Judá recuerda simbólicamente el traslado del Arca, 2S 6,1-23. El Arca sube a Jerusalén. La estancia en casa de Obed-Edom, como la estancia de la "Madre de mi Señor" en casa de Zacarías, representa una etapa en el curso de la subida a la ciudad santa. En ambos casos, la estancia es de tres meses y es causa de bendición.

Hay que notar el clima de alegría, Jesús sube a la casa de su padre. María lo lleva… El canto de María expresa el sentimiento de quien ha comprendido la bondad de Dios hacia los pequeños y su compasión por los pobres. Es un canto de alabanza que los pobres dirigen a Yahvé por la promesa hecha a Abraham y a su descendencia. Hay escasas referencias personales. Parece representar más bien el canto de Israel que el de María como persona particular. Es la plegaria de la Hija de Sión.

Hay que relacionarlo con Habacuc 3, 18 y con el cántico de Ana (1 S 2, 1-10). Se trata de dos maternidades profundamente insertas en la Historia de la Salvación. Las "cosas grandes", las gestas de Yahvé, son el centro de la Historia de la Salvación y hacen de las personas y de la comunidad el sujeto de las bendiciones. El arco de la Historia de la Salvación tiene dos puntos de apoyo: Abraham y María. En ambos, se realiza la obra de Dios por la fe. Creyó Abraham (Gn 15,6). Bienaventurada tú porque has creído (Lc 1, 45). Ambos han sido llamados por Dios y participan en el sacrificio de su hijo y son inicio de una humanidad.

2.4.2. La alegría de Isabel por la visita de "la madre de mi Señor" y el gozo desbordante de María por la salvación mesiánica que ella trae, forman la lectura evangélica de hoy.

1. María, llevando en sí la presencia de Dios, como nueva arca de la alianza (cf. 2 S 6), se va corriendo a la montaña de Judá para llevar -como hará la predicación apostólica y toda la Iglesia- la Buena Nueva de la salvación y a comprobar con sus propios ojos el signo que le dio el ángel (cf. Lc 1, 36). El primer fruto de esta presencia de María -y del Señor- en casa de Isabel es la donación del Espíritu a la madre del Bautista, su alegría y la bendición de María porque creyó en la realización de todo lo que el Señor le dio a conocer por medio del ángel, bendición que nos recuerda la de Jesús en Lc 11, 28: "Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la guardan". Las palabras que Isabel dirige a María, "la madre de mi Señor" (recuérdese que Señor es un título mesiánico) son también un modo de expresar el misterio de la encarnación: Dios se ha hecho hombre en el hijo de María.

2. El cántico de María, como en general todo el capítulo primero y segundo de Lucas, está lleno de imágenes y palabras del AT., aunque no se citen explícitamente. María habla en primer lugar como la verdadera hija de Sion en quien culmina la esperanza de todo el pueblo, siervo del Señor (cf. Sal 105, 6). Su alegría se debe a todo lo que hace el Señor; reconoce que todo lo que ella tiene se lo debe al Poderoso que llena de gracia a los humildes. Como Isabel, María expresa la alegría de ver cumplida la hora de la salvación, de la liberación final para Israel y toda la creación.

A partir del versículo 50 el Magnificat canta cuál ha sido y cuál va a ser el modo de actuar de Dios en la historia de la salvación: se dice de diversos modos que Dios se mantiene fiel a su promesa de amor y fidelidad ("su misericordia llega a sus fieles de generación en generación"; "acordándose de la misericordia en favor de Abrahán y su descendencia para siempre"). Y este amor fiel de Dios toma una forma muy concreta expresada en la contraposición entre los humildes a quienes enaltece y los hambrientos a quienes colma de bienes, por un lado, y los soberbios y poderosos a quienes derriba y los ricos a quienes despide vacíos, por otro: la venida de Cristo en "la humillación de su esclava" comporta este cambio de la condición humana y del orden del mundo que supone la instauración del reino de Dios, en el que sólo pueden entrar los que sientan hambre de salvación. María es la primera en cantar este orden nuevo del Reino.

El acontecimiento fundamental para tender la mirada hacia el más allá de la muerte es la Resurrección de Cristo. Es muy importante tener presente y viva esa realidad: No estamos aquí para siempre. Lo sabemos pero vivimos como si esto fuera definitivo, y eso no es bueno. Quien vive consciente de que está de camino, avanza mejor. Lo definitivo para nosotros es Dios, es Cristo.

Después de Cristo, tenemos en María el ejemplo de una persona humana que ya llegó al término. Una persona como nosotros está allá. Eso es lo que celebramos en esta solemnidad. Debemos mirar a "lo último", no con miedo, sino con esperanza. Nos dice San Pablo: " Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia". O Santa Teresa que escribió: " Muero porque no muero".

3. Oración final:

Alégrate y gózate Hija de Jerusalén
mira a tu Rey que viene a ti, humilde,
a darte tu parte en su victoria.

Eres la primera de los redimidos
porque fuiste la adelantada de la fe.

Hoy, tu Hijo, te viene a buscar, Virgen y Madre:
“Ven amada mía”,
te pondré sobre mi trono, prendado está el Rey de tu belleza.
Te quiero junto a mí para consumar mi obra salvadora,
ya tienes preparada tu “casa” donde voy a celebrar
las Bodas del Cordero:

• Templo del Espíritu Santo
• Arca de la nueva alianza
• Horno de barro, con pan a punto de mil sabores.

Mujer vestida de sol, tu das a luz al Salvador
que empuja hacia el nuevo nacimiento

Dichosa tú que has creído, porque lo que se te ha dicho
de parte del Señor, en ti ya se ha cumplido.

María Asunta, signo de esperanza y de consuelo,
de humanidad nueva y redimida, danos de tu Hijo
ser como tú llenas del Espíritu Santo,
para ser fieles a la Palabra que nos llama a ser,
también como tú, sacramentos del Reino.

Hoy, tu sí, María, tu fiat, se encuentra con el sí de Dios
a su criatura en la realización de su alianza,
en el abrazo de un solo sí.
Amén.

Corpus Christi – Ciclo C

SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO


Lectura del libro del Génesis 14, 18-20

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abrán, diciendo: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos. Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.

Salmo responsorial

R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

Oráculo del Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.» R.

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos. R.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora. » R.

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.» R.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26
Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 11b-17

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.» Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos replicaron:

«No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

ACERCARNOS AL TEXTO

Después de escuchar lo que los Doce le cuentan al regreso de la misión, Jesús «se los lleva y se retira con ellos en dirección a un pueblo llamado Betsaida» (v. 10). Su intención es clara: de un lado, los quiere aislar del fervor nacionalista exagerado que habían suscitado en las aldeas judías con su predicación (por eso se los lleva hacia Betsaida, fuera del territorio propiamente judío); por otro, quiere hablar en privado con ellos sobre el reinado de Dios y su misión, a fin de corregir visiones y expectativas equivocadas. Es muy instructivo comparar la vuelta de los Doce con el regreso de los setenta y dos (10, 17ss). Los setenta y dos volvieron muy contentos, hecho que dará pie a Jesús para puntualizar cuál es la verdadera alegría y que desatará en él, en aquel preciso momento, la mayor explosión de júbilo que constatan los evangelios (10, 20-22). Sin embargo aquí, en la vuelta de los Doce, no hay alegría. Al parecer, lo que le contaron no debió de agradar mucho a Jesús. Por eso se retira con ellos para corregirles.

Pero ante la presencia de la gente que lo sigue ha de cambiar de planes. La necesidad de las personas marginadas es para Jesús el criterio inmediato y práctico de lo que puede o no puede hacer. Él acoge a la gente, les habla del Reino de Dios y cura a los que lo necesitaban. Se trata de un signo del Reino que es un reino de vida. Los Doce, convencidos de que Jesús los ha escogido aparte como grupo de selecto, protestan por la presencia del gentío de seguidores. Quieren desentenderse de esas multitudes que no van de acuerdo a sus planes y que para ellos son un estorbo. Por eso, se acercan a Jesús para decirle que los despida. Jesús no comparte su deseo ni su exclusivismo. Tiene otra cosa en mente. A ellos les toca darles de comer, eso forma parte de su tarea de anuncio del Reino. Les contesta:«Dadles vosotros de comer». La negativa se reviste de sentido común: hablan de lo poco que tienen y de la necesidad de comprar. Sus categorías son las de la sociedad injusta que el Reino interpela. Continúan «contando» y «alimentándose» con los valores a los que Jesús les había invitado a renunciar cuando los envió en misión: «No lleven ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero» (9, 3).

Ahora les descubre y pone de manifiesto que la lógica y distintivo del Reino va por otro camino: EN EL COMPARTIR lo que se tiene, ahí está la solución. Compartir es un gesto que no tiene límites, cuando se comparte hay de sobra para todos; el amor es siempre abundante. Jesús toma la iniciativa y comparte lo que tienen; los discípulos son intermediarios. La multitud come a gusto, los hambrientos son saciados. El alimento es otro signo de la presencia del Reino, porque de él depende la vida. Pese a la carencia pretextada por los discípulos, sobran doce canastos. La cifra es simbólica: hay alimento para todo el pueblo (las doce tribus).

La multiplicación de los panes y peces es el único milagro común a los cuatro evangelistas. Entre todos lo narran seis veces (Mc 6, 30-44; 8, 1-10; Mt 14, 13-21; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-14). Es un relato lleno de simbolismo eucarístico. Las expresiones «tomó el pan», «alzó la mirada»,«lo bendijo», «lo partió», «se lo dio», aparecen en el mismo orden aquí que en los relatos de la institución de la Eucaristía.

REFLEXIONES PARA NUESTRA VIDA DE CREYENTES

En esta narración quedan claramente resaltados, como expresión de lo que es el Reino, el DON DE DIOS y el COMPARTIR HUMANO. Dios quiere que todos vivan y puedan alimentarse hasta saciarse. Pero esa voluntad se hace efectiva únicamente a través de nuestro compartir. Por eso, la Eucaristía, celebración y expresión de lo que debe ser el nuevo pueblo de Dios o la comunidad cristiana, no es auténtica y se contradice a sí misma si, quienes participamos en ella, no somos solidarios; si quienes decimos ser seguidores de Jesús no compartimos lo que tenemos.

En un mundo donde el hambre, la injusticia y la xenofobia son realidades flagrantes, y donde el ansia de acumular bienes es el anhelo al que dedicamos las mejores horas de los mejores años de nuestra vida, hemos de afirmar que la celebración de la Eucaristía tiene dimensión social y política y pide una nueva sociedad, un nuevo orden internacional. Si no, no es signo mesiánico ni celebración que inaugura el Reino. Sólo si es celebración del compartir la Eucaristía puede considerarse memorial de Jesús.

El relato evangélico de los panes es aleccionador. Los discípulos, estimando que no hay suficiente para todos, piensan que el problema del hambre se resolverá haciendo que la muchedumbre «compre» comida. A este «comprar», regido por las leyes económicas, Jesús opone el «dar» generoso y gratuito: «Dadles vosotros de comer». Luego, coge todas las provisiones que hay en el grupo y pronuncia las palabras de acción de gracias. De esta manera, el pan se desvincula de sus poseedores para considerarlo don de Dios y repartirlo generosamente entre todos los que tienen hambre. Cuando nos liberamos del egoísmo humano, sobra para cubrir la necesidad de todos. Ésta es la enseñanza profunda del relato evangélico.

No podemos inhibirnos o desentendernos del hambre que hay en el mundo diciendo que sólo tenemos para nosotros. Compartir hace crecer nuestras posibilidades. Así anunciamos el Reino. El COMPARTIR es el rasgo característico del Reino, del nuevo Israel, de la comunidad cristiana, de la Iglesia. ¡Es la forma de que los bienes mesiánicos lleguen a todo el pueblo!

COMPROMISO DE VIDA

Nos encontramos ante un mensaje que pone en tela de juicio muchos de nuestros comportamientos, formas de ver y de entender la vida. Es necesario afrontarlo.

¿Cuál es mi actitud HABITUAL de vida: acumular y guardar, o sé compartir generosamente lo que tengo y que, a veces, malgasto?

Si la celebración de la Eucaristía y el COMPARTIR están muy relacionadas, según el texto evangélico de hoy: ¿qué gesto o gestos de compartir voy a llevar a cabo durante esta semana para vivir lo que el Corpus Christi me exige?

Utilizaré cada día de esta semana la oración, “El milagro de compartir”, para así poder hacer mío su mensaje y contenido.

COMENTARIO

Gn 14, 18-20: Melquisedec ofreció pan y vinoSal 109, 1-4: Tu eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

1 Co 11, 23-26: Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Lc 9, 11-17: Comieron todos y se saciaron.

  • Primera lectura, Melquisedec ofrece el pan y el vino como elementos para un sacrificio incruento agradable a Dios.
  • signo anunciador del sacramento eucarístico.

Segunda lectura, Testimonio de San Pablo sobre la institución de la Eucarística en la última cena, anticipo de la muerte de Jesús.

  • Es una “Tradición que procede del Señor”. Por Pablo la transmite como revelación divina.
  • "Tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo":
  • Categóricamente afirma la “presencia real” y sustancial de Cristo (para la que se requiere una (transustanciación”)
  • Eucaristía significa "acción de gracias". Parte la Eucaristía pero El no se divide. Jesús está Presente en cada fragmento. "mi cuerpo" es singular.

«que se entrega por vosotros», en una “alianza nueva” sellada con su sangre.

  • La Ultima Cena anticipa el calvario: Su entrega a su Padre por su muerte y resurrección.
  • Por amor. Hacernos partícipes de su Pascua.

“Haced esto en memoria mía”

  • "Haced esto": Jesús ordenó celebrarla
  • Memorial de su “sacrificio”. Jesús es sacerdote, víctima y Altar.
  • Eucaristía es un verdadero sacrificio porque representa –hace presente– el sacrificio de la cruz. Aplica su fruto.
  • Estar con nosotros.

¿Hasta cuando?: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva».

  • volverá (Segunda Venida) PERO esta con nosotros en la Eucaristía.
  • Ultimo versículo de Mateo: 28,20 "enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."
  • "proclamáis la muerte del Señor":
  • Pablo no se avergüenza de la muerte de Cristo en la cruz porque sabe que nos ganó la redención.
  • I Corintios 1:23-24 "nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para
  • los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de
  • los hombres."

La Santísima Trinidad – Ciclo C

Solemnidad de la santísima Trinidad

Gloria al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo

1. Oración:

Oh eterno Padre, postrados a tus pies en humilde adoración nos consagramos enteramente a la gloria de tu Hijo Jesucristo, Verbo encarnado, Tu lo has constituido Rey de nuestras almas, sométele, pues, nuestro corazón y nuestra alma, toda fibra de nuestro ser está sometida a sus ordenes y a sus inspiraciones. Haz que unidos a El, seamos llevados en tu seno y consumados en la unidad de tu amor. Oh Jesús, has que nuestra vida, en unión a la tuya, esté toda consagrada a la gloria de tu Eterno Padre y al bien de las almas. Sé Tú nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación, nuestra redención y nuestro todo, Santifícanos en la Verdad. Oh Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, establécete en nuestro corazón como un horno de amor y haz que nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestras acciones, suba a lo alto como llamas ardientes, hasta el seno del Padre. Haz que toda nuestra vida sea un. Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Oh María Madre de Jesús, Madre del Divino amor. Fórmanos según el corazón de tu Divino Hijo Amén.

2. Introducción:

Habiendo concluido el tiempo de Pascual, celebramos la Fiesta de la Santísima Trinidad, así celebramos el más grande misterio de nuestra fe.

3. Lectura del libro de los Proverbios 8,22-31.

Esto dice la Sabiduría de Dios: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra. Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas. Todavía no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada. No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe. Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del Abismo; cuando sujetaba el cielo en la altura, y fijaba las fuentes abismales. Cuando ponía un límite al mar: y las aguas no traspasaban sus mandatos; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra, gozaba con los hijos de los hombres.

El Antiguo Testamento desconocía el misterio de la Trinidad. Por eso jamás habla de él. Sin embargo, hace muchas referencias al Espíritu, entendido como una fuerza de Dios, como un poder o un impulso de Dios con el que obra en el mundo y en la historia de los hombres, especialmente en su pueblo.

El monoteísmo absoluto del A. T. no podía hacer la menor referencia a un hijo de Dios. Será el Nuevo Testamento quien va a darnos la maravillosa doctrina del Hijo eterno de Dios hecho hombre para salvar al mundo.

Pero hoy, en el libro de los Proverbios, libro sapiencial con un gran material antiguo (anterior al Exilio), se nos habla de la sabiduría de Dios. Esta sabiduría se presenta personalizada, como la primera de las criaturas de Dios, muy unida a Dios y a su actuación, como un discípulo, que constituía la delicia de Dios, y su propia alegría consistía en estar entre los hombres.

El autor de este capítulo pensaba en la sabiduría de Dios dada a conocer a Israel y formando parte de su propia mentalidad y sabiduría. Pero será otro autor, del Nuevo Testamento, San Juan, quien se inspire en este texto para la redacción del prólogo de su evangelio, en el que nos hablará de la preexistencia del Logos, de su intervención en la creación, de su unión con Dios, de su venida entre los hombres. La visión del Nuevo Testamento perfecciona e interpreta al Antiguo. Cristo será llamado por Pablo "sabiduría de Dios" (1 Cor 1, 24). Este texto de Proverbios no es más que un embrión de verdad que se manifestará totalmente en la revelación del Nuevo Testamento.


4. SALMO RESPONSORIAL

Sal 8,4-5. 6-7. 8-9

R/Señor, dueño nuestro,
qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.

Todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

5. Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 5,1-5.

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Este es un típico texto trinitario paulino y en él podemos ver algunas de las características más importantes de la presentación de la Trinidad que Pablo suele hacer en su catequesis. Aparecen, desde luego, los Tres de la Trinidad ("Dios" es el Padre en la terminología Paulina) y aparecen obrando la salvación. Este es el rasgo sobresaliente de la predicación trinitaria de san Pablo: no hablar tanto de la Trinidad en sí misma, ontológicamente considerada, sino de su función salvífica. Habla de ella tanto cuanto sea preciso para explicar el misterio de la salvación humana, sin grandes preocupaciones teóricas: en cambio procura conectar la vivencia cristiana (justificación, esperanza, otras actitudes cristianas básicas tal como aparecen en el texto de hoy) con la Trinidad. Se trata, pues, de un Dios cercano a los hombres, hombres creyentes.

En su catequesis trinitaria Pablo ahonda hasta la fuente del misterio salvífico desde la realidad del hombre salvado. Parece conveniente comenzar por esta realidad para ir profundizando y presentar al Padre como origen y destino de la humanidad, lo que se lleva a cabo por la acción de Cristo, aplicado a los individuos y a la comunidad por el Espíritu. Naturalmente la atribución de cada función a una persona es relativa. Pero nos orienta a cómo poder hablar de Dios Trino en contextos ya creyentes.

6. Lectura del santo Evangelio según San Juan 16,12-15.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora: cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.

El texto. Está entresacado de la conversación de Jesús con sus discípulos poco antes de partir para con el Padre. El primer versículo pone expresamente de manifiesto el carácter inconcluso de la revelación de Jesús durante el período de su vida terrestre: hay muchas cosas con las que los discípulos de entonces no podían cargar. Las palabras miran hacia el futuro de la comunidad creyente, un futuro que se prevé difícil, como lo sugiere el propio verbo empleado ("cargar"), tras el que late la imagen del acarreo de cargas pesadas. Puesto que la perspectiva es el futuro de la comunidad creyente, resulta inútil cavilar sobre qué es lo que Jesús no podía decir todavía a sus discípulos. La frase se refiere a situaciones comunitarias posteriores, obviamente imprevistas en el presente de los discípulos con Jesús.

Lo verdaderamente importante y decisivo es la presencia del Espíritu en el futuro de la comunidad, una presencia que le abrirá a ésta la posibilidad de entender su situación existencial a la luz de las palabras de Jesús.

Al Espíritu se le designa como "Espíritu de la verdad". Función suya, entre otras formuladas en otros textos, es guiar a la comunidad creyente hacia la totalidad de la verdad. La verdad de la que aquí se habla es la revelación que promete la vida y que ha traído Jesús. Se trata de la penetración profunda en el contenido de la revelación y simultáneamente de su aplicación al comportamiento de la comunidad en medio del mundo. En comparación con otras funciones que se le asignan al Espíritu en el cuarto evangelio, ésta es la que cobra mayor relieve en la experiencia cristiana.

El Espíritu no oscurece la posición reveladora de Jesús. La función de guía del Espíritu está en conexión con Jesús, al igual que Jesús lo está con el Padre. La comunicación de lo que está por venir no debe entenderse como algo completamente nuevo más allá de la revelación de Jesús, algo así como la manifestación de sucesos futuros. "Hablar de lo oído y comunicar lo que está por venir" son, en realidad, expresiones mutuamente complementarias. El Espíritu no anuncia nada nuevo, sino que abre el mensaje mismo de Jesús a las nuevas y cambiantes situaciones de la comunidad, de forma que ese mensaje vaya adquiriendo su sentido siempre actual. La guía del Espíritu saca a la luz del día a día cambiante las insospechadas e insondables virtualidades de la revelación del Padre traída por Jesús. Lo que está por venir no son sucesos futuros, sino la actualización de la definitiva revelación que Jesús hizo del Padre, revelación que en este texto y en el resto del cuarto evangelio recibe el nombre de "la verdad".

La liturgia del día nos invita a centrar nuestra atención en Dios. ¿Cómo hacerlo? Acercándonos a Jesús empezamos descubriendo en él una personalidad humana extraordinaria: su actitud, sus palabras, sus gestos, sus acciones así lo confirman. Jesús despierta simpatía y confianza aun sin haberle visto. Pero poco a poco este descubrimiento inicial se nos queda corto. La persona de Jesús, en efecto, nos abre horizontes y honduras que trascienden lo humano. A través de Jesús y en Jesús Alguien demuestra una total y absoluta realidad, no obstante su invisibilidad. Alguien está ahí y es. No sabiendo cómo llamarle, le llamamos Dios. Jesús no le llama: está en El y vive con El, en cercanía y familiaridad humanamente inexplicables.

Llega un momento en que el trato con Jesús y el conocimiento de él nos llevan a la certeza total de Dios, aunque no acertemos a explicar su realidad. Lo que sí es cierto es que, a través de Jesús, Dios adquiere unos perfiles bien delimitados, que explican y dan respuesta a nuestras más hondas aspiraciones. Gracias a Jesús estamos absolutamente seguros de que nosotros no llegamos a Dios a partir de nosotros mismos, sino que nosotros adquirimos explicación a partir de Dios y que, por eso, nuestra vida tiene sentido.

Oración a la Santísima Trinidad

Autor: Beata Sor Isabel de la Trinidad

¡Oh Dios mío, Trinidad adorable, ayúdame a olvidarme por entero para establecerme en ti!

¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Siento mi impotencia y te pido que me revistas de ti mismo, que identifiques mi alma con todos lo movimientos de tu alma; que me sustituyas, para que mi vida no sea más que una irradiación de tu propia vida. Ven a mí como adorador, como reparador y como salvador… ¡Oh fuego consumidor, Espíritu de amor! Ven a mí, para que se haga en mi alma una como encarnación del Verbo; que yo sea para él una humanidad sobreañadida en la que él renueve todo su misterio. Y tú, ¡oh Padre!, inclínate sobre tu criatura; no veas en ella más que a tu amado en el que has puesto todas tus complacencias. ¡Oh mis tres, mi todo, mi dicha, soledad infinita, inmensidad en que me pierdo! Me entrego a vos como una presa; sepultaos en mi para que yo me sepulte en vos, en espera de ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas Amén.

El Bautismo del Señor

BAUTISMO DEL SEÑOR

Introducción

La fiesta del Bautismo del Señor enlaza con la Epifanía por su condición de celebración de la primera manifestación pública de Jesús, al comienzo de su ministerio. Hemos pasado, en la celebración de los misterios, de la infancia a la edad adulta de Jesús. La antífona de entrada (Mt 3,16-17) expresa bien el contenido celebrativo de esta solemnidad: «Apenas se bautizó el Señor, se abrió el cielo, y el Espíritu se posó sobre él. Y se oyó la voz del Padre que decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto». Hay varios signos epifánicos: el abrirse el cielo, cerrado para la humanidad por su pecado, el posarse sobre Jesús el Espíritu en un gesto que recuerda la primera creación, ungiéndole como Mesías, y la voz del Padre manifestando que aquel hombre, aparentemente pecador, es su Hijo predilecto (prefacio). Esto mismo expresa la oración colecta: «Dios todopoderoso y eterno, que en el Bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo»… El Bautismo de Jesús es la revelación solemne, la epifanía esplendorosa de quién es aquel que lucha para que Juan le bautice.

Con esta fiesta se cierra el ciclo navideño de las manifestaciones de Dios en la carne, para dar paso al tiempo ordinario.

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La Epifanía del Señor

Solemnidad de la Epifanía – Domingo entre el 2 y el 6 de Enero

La oración principal de la fiesta, oración atribuida a san Gregorio Magno, sugiere este último enfoque. Es una oración que enlaza tres ideas: la vocación de las naciones, la estrella como símbolo de fe y el premio de la fe, que es la visión de Dios cara a cara. Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Esta oración representa nuestra propia vida como un peregrinar, como una peregrinación de fe. Nosotros somos los magos. La fe es la estrella que nos guía. Belén es nuestra meta.
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Santa María Madre de Dios

Solemnidad de santa María madre de Dios – Octava de Navidad

El Año nuevo nos evoca el paso del tiempo, al que estamos sometidos y que nos arrastra irremediablemente; es un año de gracia, nos recuerda el misterio de la encarnación y la historicidad de nuestra fe. Que el año nuevo se celebre en el interior de las fiestas de Navidad es para los cristianos una invitación a vivir a lo largo de todo este lapso de 365 días que hoy comienza en compañía del Señor Jesús, en quien se nos manifiesta la benignidad de Dios.
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La Sagrada Familia

Domingo después de Navidad – La Sagrada Familia

Navidad es un tiempo hogareño, familiar. Y esto tiene una importancia religiosa y psicológica: necesitamos volver a los orígenes, a las raíces, a la familia de cuando en cuando. En el plano espiritual hacemos esto en nuestras celebraciones litúrgicas, renovando nuestros «orígenes sagrados» cuando celebramos el nacimiento de nuestro Señor. La cueva, el pesebre…, allí comenzó todo. Pero el hogar fue el entorno en el que aprendimos la fe por primera vez. Para los judíos de otros tiempos era una obligación sagrada la de volver al hogar y a la familia. Toda la noción del Año Jubilar da testimonio de esto: «Cada uno de vosotros recobrará su propiedad, cada uno de vosotros se reintegrará a su clan» (Lev 25,10). De esta manera, la navidad es una especie de celebración de familia en el plano humano y en el espiritual.

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25 de Diciembre – Navidad

Navidad. La Palabra acampó entre nosotros

1. Invocación al Espíritu

Espíritu Santo, Tú que eres el gran “precursor” de Jesús, tú que descendiste sobre María para cubrirla con el poder del Padre, ven, introdúcenos en la contemplación del misterio del nacimiento de Jesús. Ilumina nuestra mente, santifica y purifica nuestros corazones para que la Palabra ”acampe” hoy en nuestra vida, se haga carne en ella, y desde aquí, por tu acción, se irradie sobre el mundo.
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