30 Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

30 DOM TO

EL MANDAMIENTO PRINCIPAL

La pregunta capciosa que los fariseos dirigen a Jesús no es una cuestión trivial. En la sociedad judía de aquel tiempo, existía una infinidad de mandamientos y de interpretaciones que terminaban por abrumar la conciencia de las personas. ¿Cómo hacer para cumplir con tantos preceptos, sin desatender ninguno? El riesgo mayor era que se podían descuidar los mandatos fundamentales y obsesionarse por los accesorios. De ejemplos y casos de esta confusión tenemos noticia en los Evangelios. De ahí que la respuesta del Señor Jesús siempre seguirá siendo nuestro referente fundamental: tan importante es el amor a Dios como el amor al prójimo. El libro del Éxodo concreta de forma precisa el alcance del amor al prójimo al legislar a favor de los emigrantes, las viudas, los forasteros y los huérfanos.

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29 Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

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Estamos hoy ante una de las frases más citadas del evangelio, y a la vez muchas veces interpretada con un sentido oportunista, según el interés de cada uno. Lo que sí es cierto que marca el comienzo de una corriente histórica de pensamiento social, un primitivo cristianismo que comenzó a establecer diferencias entre la moral y el derecho, entre el fuero interno (la conciencia) y la conducta externa (la ley). Ambos campos, en realidad, dialogan continuamente. En el evangelio se nos da una respuesta en la que cada elemento tiene su papel.

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Domingo 28 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

28 Dom TO

Primera lectura: Isaías 25,6-10a

6 El Señor todopoderoso preparará en este monte para todos los pueblos un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera, manjares exquisitos, vinos refinados. 7 Y en este monte destruirá la mortaja que cubre todos los pueblos, el sudario que tapa a todas las naciones. 8 Destruirá la muerte para siempre, secará las lágrimas de todos los rostros y borrará de la tierra el oprobio de su pueblo – lo ha dicho el Señor -. 9 Aquel día dirán; Éste es nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación, éste es el Señor en quien confiábamos; alegrémonos y hagamos fiesta, pues él nos ha salvado. 10 Se ha posado en este monte la mano del Señor.

El texto de Isaías nos presenta el banquete mesiánico que el Señor de los ejércitos preparará en lo alto de un monte, en Jerusalén. Se trata de un festín espléndido, con manjares que satisfacen el apetito y sacian el hambre, dispuesto por el Señor para todos los pueblos, incluso para aquellos que todavía no han podido contemplar el rostro del Señor porque lo tenía cubierto.

En otro lugar del libro de Isaías figura: Aquel día habrá una calzada de Egipto a Asiria: los asirios entrarán en Egipto y los egipcios en Asiria, y egipcios y asirios adorarán juntos al Señor: Aquel día, Israel, junto con Egipto y Asiria, será bendito en medio de la tierra, porque el Señor todopoderoso los bendice diciendo: «Bendito sea mi pueblo, Egipto; y Asiria, obra de mis manos; e Israel, mi heredad»» (Is 19,23-25). El Señor, destruyendo la muerte, la última enemiga, enjugará las lágrimas del rostro de todos los pueblos.

Israel, su pueblo y su heredad, podrá expresar su gozo y su alegría porque su afligida y atormentada esperanza ha conseguido lo prometido. El señor ha sido fiel a su palabra, a pesar de la larga espera. Sin embargo, Moab, pertinaz en su soberbia, no participará del banquete (cf la Segunda parte del v. 10, omitido en la lectura litúrgica).

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Domingo 26 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

26 Dom TO

CUANDO EL MALVADO SE CONVIERTE

El profeta Ezequiel representa un cambio sustancial en la comprensión de la justicia divina, puesto que afirma el principio de la responsabilidad personal. Cada persona se hace responsable de sus propias decisiones. En adelante, el proceder del Señor enfatizará la compasión y la misericordia sobre el castigo. El Dios de la vida se alegra cuando sus hijos reorientan sus opciones y reajustan sus relaciones con Él y con sus hermanos. De esa manera cosecharán vida en abundancia. La parábola de los dos hijos que nos refiere el Evangelio de san Mateo ilustra ese planteamiento. Para Dios no hay prisas ni plazos terminantes. Alarga las oportunidades, regala su perdón y acoge con alegría al hijo desobediente que depone su rebeldía. En el terreno de los hechos, eso fue lo que hizo el Señor Jesús al acoger a los descreídos y a las prostitutas. Esa compasión abierta despertó los recelos y el rechazo de la «gente decente» que cuestionó su proceder.

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Domingo 25 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

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LOS CAMINOS DE DIOS

La conexión entre la primera lectura y el Evangelio es evidente. El profeta Isaías recurre a una imagen ilustrativa, que compara la diferencia entre el proceder de Dios y el proceder de los humanos, apelando a la brecha existente entre el cielo y la tierra. Lo que para nuestros criterios humanos resulta ilógico para Dios no lo es, porque no se atiene al patrón de los méritos para sancionar nuestra conducta. La parábola del Evangelio de San Mateo, ilustra la inversión radical de planos que Jesús inaugura: los primeros son últimos y los últimos primeros. Dios nos conoce y sabe que los humanos hemos establecido normas e instituciones que segregan y excluyen a los más débiles y sabe que ese proceder es inequitativo. Los preferidos de Dios son los más vulnerables, puesto que requieren de apoyo especial. Jesús sorprende con su parábola a sus oyentes y sorprende con la bondadosa compasión que acoge a los que padecían rechazo de parte de los «buenos».

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Domingo 24 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo 24 TO

Jesús Ben Sira no desconocía la virulencia de la venganza, ni tampoco la desfachatez de quienes recibiendo el perdón de parte de Dios, se obstinaban en negarlo a sus hermanos. Ese doble discurso es cuestionado de forma radical. No se puede usar dos reglas para medir una misma conducta. La incongruencia de tal proceder está ampliamente retratada en la parábola del Evangelio. El Señor Jesús contrapone a dos deudores que debían deudas bastante dispares; mientras que uno debía millones, el otro unos cientos de pesos. El proceder insensato del que estaba sumido en deudas resulta más detestable, porque habiendo experimentado con anticipación la cancelación de su deuda, no lo recordó unos instantes después. El descaro está retratado de forma contundente. De ahí que el Señor nos invite a perdonar las ofensas con la misma prontitud que acogemos el perdón de parte del Padre. Recordar nuestra experiencia de pecadores perdonados, nos ayuda a mantenernos compasivos con los demás.

ANTÍFONA DE ENTRADA (Cfr. Si 36, 18)

Concede, Señor, la paz a los que esperan en ti, y cumple así las palabras de tus profetas; escucha las plegarias de tu siervo, y de tu pueblo Israel.

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Domingo 23 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo 23 TO

PRIMERA LECTURA

Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Así dice el Señor:  «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.»

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Domingo 22 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo 22 TO

“EL QUE PIERDA SU VIDA POR MÍ, LA ENCONTRARÁ”

  1. Introducción:

La promesa que hace Jeremías no es algo trivial: vivir sin esclavitudes ni yugos interiores o exteriores no es cuestión sencilla. Dios nos está interpelando de diferentes maneras para redescubrir nuestra vocación a la libertad. Los israelitas del tiempo de Jeremías habían endiosado la ayuda militar egipcia, el culto a los dioses de la fertilidad de los cananeos y el culto ritual sin ningún compromiso ético. Todas esas conductas terminaban por esclavizar al hombre. El futuro descrito por el profeta, estaría libre de todas esas esclavitudes. Ese cambio no puede ser impuesto a la fuerza. Cada persona tiene que irlo asumiendo de forma libre, aunque implique renuncias dolorosas. El Evangelio nos dice que el apego más difícil de superar es a la propia vida. Por esa razón Pedro intentó disuadir a Jesús de entregar su vida. El Señor lo reprendió y animó a sus discípulos a desprenderse de la vida para recuperarla plena de manos del Padre.

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Domingo 21 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo 21 del TO

LA LLAVE PARA ABRIR Y CERRAR

  1. Introducción:

Las dos narraciones recurren a una misma imagen para referirse al ministerio de autoridad ejercida en representación de Dios. Un mayordomo es destituido y otro es establecido en el palacio real de Judá. La responsabilidad de gobernar no es un beneficio ni tampoco una especie de premio de lotería por tiempo limitado, es una responsabilidad que genera rendición de cuentas. Pedro tendrá que pastorear a la comunidad de los discípulos, estableciendo un discernimiento colegiado en medio de sus hermanos para desentrañar la voluntad de Dios. La llave que ha recibido es la autoridad para representar a Jesús en la búsqueda de las señales del querer divino, en las diferentes circunstancias. Ese servicio de acompañamiento tendrá que ser cumplido desde la autoridad discreta, a la manera del mismo Señor Jesús, que no vino a ser servido sino a servir.

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Domingo 20 del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Domingo 20 TO

El hilo conductor entre las tres lecturas es la cuestión de la admisión de los extranjeros al pueblo de Dios. El libro de Isaías insiste en que toda persona que se done de corazón a Dios, podrá participar de su alianza y será admitido en la Casa de Oración. Ya no habrá exclusión contra los que se acerquen con corazón limpio, sean de la nación que sean. Sin embargo, esa promesa se fue concretando con altibajos y retrocesos. El pasaje evangélico nos muestra que el mismo Señor Jesús y toda su generación, seguía experimentando dificultades para acoger a sus vecinos de Fenicia. La reflexión decisiva y firme del apóstol san Pablo, abrió de par en par las puertas a los paganos en la Iglesia. El antiguo perseguidor de cristianos redefinió su identidad: ya no era un fariseo liberal, sino un apóstol de Jesucristo al servicio de los paganos, dispuesto a defender ante los espíritus escrupulosos: la libertad del Espíritu y la salvación gratuitamente alcanzada por la fe en Jesucristo.

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