Tercer domingo de Cuaresma – Ciclo A

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La sed es el signo de que estamos caminando en el desierto. La sed es el signo de que la vida está por delante, más allá de la frontera. Cuaresma es el tiempo en que el hombre descubre su sed, esa sed profunda de vivir, de amar, de crecer, de ser feliz, de crecer como hombre. ¿De qué tenemos sed nosotros? La Palabra de Dios de este domingo, tercero de Cuaresma, nos invita a plantearnos hasta el fondo esta cuestión. También Jesús tuvo sed y hambre, y los sació con el cumplimiento de la voluntad del Padre. Y comprendió nuestra sed, y se ofreció a sí mismo como fuente de agua viva. Hoy Jesús va a dialogar con nosotros, va a preguntarnos por el agua que tomamos y si realmente esa agua calma nuestra sed. Nos obligará a mirarnos dentro de nosotros mismos para que no busquemos fuera de la fuente de la vida. Hoy nos dice, como le dijo a la samaritana: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú me pedirías el agua de la vida.»

1. Oración:

Señor Jesús, de la misma manera como Tú te acercaste a la Samaritana y buscaste que ella se encontrara consigo misma y así contigo así también te pedimos que nos ayudes a mirar nuestro corazón y ver cómo estamos viviendo nuestra fe en ti, para ser conscientes de nuestra situación y nuestra realidad, para que Tú puedas ayudarnos a vivir como Tú quieres y esperas de nosotros.

Por eso Señor, te pedimos que nos ayudes a encontrarnos a nosotros mismos dejando que Tú nos transformes interiormente, como lo hiciste con la Samaritana. Que así sea.

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