La fiesta del Corpus, ahora llamada más exactamente «del Cuerpo y la Sangre de Cristo», ha arraigado hondamente en el pueblo cristiano, desde que se introdujo en el siglo XIII. La Eucaristía tiene dos dimensiones: su celebración (la misa) y su prolongación, con la reserva del Pan eucarístico en el sagrario y la consiguiente veneración que le dedica la comunidad cristiana. La finalidad principal de la Eucaristía es su celebración y la comunión con el Cuerpo y Sangre de Cristo, que ha querido ser nuestro alimento para el camino de la vida. Pero desde que la comunidad cristiana empezó a guardar el Pan eucarístico, sobre todo para los enfermos y para el caso del viático -cosa que data ya desde los primeros siglos-, fue haciéndose cada vez más coherente y connatural que se rodeara el lugar de la reserva (ahora, el sagrario) de signos de fe y adoración. Es lo que subraya la fiesta de hoy, con un cierto paralelismo con la noche del Jueves Santo, en aquellas horas entrañables entre la misa vespertina y el comienzo del Viernes.
Categoría Celebración Dominical
Domingo de la Santísima Trinidad
El tema de estas lecturas, muy en consonancia con la Fiesta, es lo que los Padres Griegos llamaban la Sincatábasis, es decir, la Condescendencia de Dios. El hecho es que el Dios Transcendente, el Dios Temible, el Dios Poderoso; el Dios que con su voz creara el mundo, lo adornara de infinita variedad de plantas, flores y frutos, lo llenara de seres vivos: unos que surcaran las aguas, otros que rasgaran los aires, otros que se moviesen sobre la ancha faz de la tierra; el Dios que hace temblar la creación con su voz potente; ese Dios ha tenido la gran Condescendencia de manifestarse al hombre, de alargarle piadoso la mano y de entablar con él una amistad tan estrecha y duradera que resultara una mutua posesión eterna.
Domingo de Pentecostés – Ciclo A
Dios-Amor, está presente en cada persona porque su amor se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que hemos recibido a través de Jesús-Salvador Dios y hombre verdadero, entregado por nosotros y resucitado por el Espíritu. El Espíritu que creó el mundo, lo sostiene por su fuerza sin fatiga, y será quien conduzca al hombre a su plenitud, realizando la nueva creación universal. Pentecostés es la fiesta del Espíritu, de la unidad en cada persona (en desarrollo pleno) y en la humanidad entera redimida por el Amor.
Domingo VII de Pascua: La Ascención del Señor – Ciclo A
“No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas”
Introducción
Jesús, el Señor, resucitado, viviente, se alza hacia el cielo. Una nube le cubre. ¿Nos abandonó? ¿Va a quedar fija nuestra mirada hacia ese cielo que huye? ¿Volverá? Buen momento para calibrar la firmeza de nuestra confianza.
Aguardemos su venida, sin tiempo, sin fecha. Aguardemos, manos a la obra. Cada vez que defendemos la dignidad de un ser humano, cada vez que ponemos en pie a alguien, que no dejamos que caiga nadie en la cuneta de la vida, cada vez que compartimos el pan, cada vez que vemos en el pobre el rostro de Cristo… Cada vez, estamos diciendo que Él vuelve. ¡Ven Señor Jesús!
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
Seguir leyendo «Domingo VII de Pascua: La Ascención del Señor – Ciclo A»
VI Domingo de Pascua – Ciclo A
La gran promesa que nos hizo Cristo fue el envío del Espíritu Santo, tercera persona de la Santísima Trinidad, don del Padre a los que por la fe y el amor se entregan a Cristo. Es también el Espíritu de Verdad, fuente de vida y de santidad para toda la Iglesia.
- Oración inicial
¡Oh Padre!, ya Cristo tu Hijo está orando por nosotros, pero tú concédenos que nuestro corazón se abra a Ti en la plegaria profunda, intensa, verdadera, luminosa, dentro de las pautas de esta tu Palabra, que, para nosotros, es vida. Mándanos el Consolador, el Espíritu de la verdad, para que no sólo more junto a nosotros, sino que entre dentro de nosotros y se quede por siempre en nosotros. Él es el fuego de amor que te une a Jesús, es el beso que incesantemente os intercambiáis; haz que también nosotros, a través de tu Palabra, podamos entrar en este amor y vivir de él. Tocad nuestro espíritu, nuestra mente, y todo nuestro ser, para que podamos acoger los mandamientos, escondidos en estos pocos versículos, conservarlos, o sea, vivirlos en plenitud y en verdad, delante de ti y de nuestros hermanos. Amén.
Domingo 5 de Pascua – Ciclo A
El evangelio de hoy nos presentará un Jesús que se autocalifica como camino, verdad y vida, y nos invita a seguir esa senda que es él mismo. La eucaristía celebrada entre hermanos es la realización más clara y concreta de ese ser camino, verdad y vida que Jesús es, y, al mismo tiempo, de aceptar esa realidad de Jesús por parte nuestra. Que nosotros nos reunamos para celebrar la memoria de la cena de Jesús con sus amigos el Jueves Santo significa que queremos seguir el camino-Jesús.
1. Oración
VEN ESPIRITU SANTO, LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO DE TU AMOR.
Envía tu Espíritu y serán creados.
Y RENOVARÁS LA FAZ DE LA TIERRA.
Oremos: Oh Dios, te suplicamos nos asista la virtud del Espíritu Santo para que limpie nuestros corazones y nos defienda de toda adversidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Seguir leyendo «Domingo 5 de Pascua – Ciclo A»
IV Domingo de Pascua – Ciclo A
En el evangelio se acumulan las imágenes para describir qué es Cristo para nosotros: la piedra angular, el camino (ambas, el domingo que viene), el Templo, el Pastor. El que el mismo Cristo se presente hoy como la puerta tiene una intención muy concreta. Puerta significa entrada, acogida, mediación, acceso. «El que entre por mí se salvará… encontrará pastos». Cristo se revela como el enviado del Padre, el verdadero Maestro, la invitación a entrar, la bienvenida a la casa de Dios, a su Reino.
1. Oración:
Señor Jesús, Tú el Buen Pastor que das la vida por tus ovejas, que las cuidas y estás con ellas, a quienes conoces y quienes te conocen, derrama tus gracias en nosotros, para que al reflexionar tu palabra, te conozcamos siempre más, y así busquemos imitarte y seguirte, como también pedir, que sean muchos los que escuchen tu invitación para ser como Tú. Señor, ayúdanos a darnos cuenta de tu cercanía y tu relación con nosotros, para que esto nos sensibilice a pedir por las vocaciones sacerdotales, para que sigas llenándonos de tu amor y de tus gracias por medio de ellos. Amén.
Domingo III de Pascua – Ciclo A
Nuestro reencuentro con Cristo resucitado debe dar sentido evangélico a toda nuestra vida. En la medida en que seamos conscientes de nuestra unión responsable con Cristo, el Señor, estaremos en actitud de ser testigos de su obra redentora en medio de los hombres, con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestra vida.
1. Oración
Te glorificamos, Padre santo,
porque estás siempre con nosotros en el camino de la vida;
sobre todo cuando Cristo, tu Hijo, nos congrega
para el banquete pascual de su amor.
Como hizo en otro tiempo con los discípulos de Emaús,
él nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan.
Domingo II de Pascua – Ciclo A
Toda la liturgia de estos domingos está bajo el influjo de la Pascua. Pero la Iglesia se preocupa para que la Pascua sea algo más que una palabra, de ahí que constantemente nos presente el ejemplo de la primera comunidad cristiana que hizo de la Pascua un programa concreto de vida. Con la Pascua nace la comunidad y el espíritu de la Pascua la desarrolla lanzándola a la gran obra de la evangelización universal. Por todo esto, durante este tiempo vamos a mirar cómo se desarrolla la vida de esta comunidad que es la nuestra: ¿Vive según el espíritu primaveral de la Pascua? ¿Vive o vegeta? Que nadie se extrañe si constantemente el Espíritu Santo se hace presente en los textos bíblicos, pues Pascua y Espíritu Santo conforman la nueva realidad que da origen a esto que llamamos cristianismo. Pascua es la primavera permanente de la comunidad cristiana: no dejemos marchitar sus flores…
1. Oración
Señor Jesús, Tú que habiendo dado la vida en la cruz, después que te dejaron en el sepulcro, no te quedaste en él, sino que RESUCITASTE, y así te diste a conocer a tus discípulos, apareciéndote en medio de ellos, diciéndoles: …la paz esté con ustedes… y ahí les dejaste la misión de ser ellos y así nosotros los continuadores de tu misión, para eso les diste y nos sigues dando tu Espíritu Santo, para que sea quien impulse y anime la misión. Te pedimos Señor, que nos ayudes a comprender y valorar, lo que implica creer en ti, como el RESUCITADO, como aquel que venció la muerte y está vivo, por eso, te pedimos, que nuevamente nos des tu Espíritu para que así, consigamos creer en ti, y vivir por ti, aún sin haberte visto, simplemente, porque creemos en tu Palabra, creemos que Tú estás vivo y que estás a nuestro lado. Que así sea.
La resurrección del Señor – Ciclo A
LA RESURRECCION DEL SEÑOR CICLO A
La celebración del misterio pascual está en el centro de la fe y de la vida de la Iglesia. La resurrección de Cristo no es solo su victoria sobre el pecado y la muerte. Es la manifestación de la divina economía de la Trinidad: el amor infinito y omnipotente del Padre, la divinidad del Hijo, el poder vivificante del Espíritu Santo.
Toda la historia de la salvación tiene su centro y su culmen en la Resurrección de Jesús. Hacia ella tiende la creación entera, las maravillas realizadas por Dios en el Antiguo Testamento, y de modo especial la Pascua de Israel, profecía de la Pascua de Cristo, de su paso de la muerte a la vida.
Hacia la resurrección del tercer día, tantas veces anunciada como coronación de su pasión por parte de Jesús, va precipitándose toda su vida, sus palabras, sus milagros, sus enseñanzas. Hasta los últimos momentos, cuando Cristo de muestra con sus palabras y con sus gestos que está para pasar de este mundo al Padre. En efecto, El del Padre ha venido y al Padre va, y por ello su vida es una Pascua, un paso; pero en este éxodo, más glorioso que el paso del Mar Rojo, Jesús arrastra su propia humanidad, asumida de la Virgen Madre, haciéndola pasar por el misterio de la pasión y de la muerte, para que quede para siempre sellada por el amor sacrificial en su carne que lleva marcados los estigmas de su pasión gloriosa.
1. Oración
Señor crucificado, Tú que estuviste clavado en la cruz y que ahí derramaste tu sangre por nosotros, y que habiendo entregado tu espíritu te bajaron de la cruz y te colocaron en un sepulcro, sellando la entrada con una piedra. Cuando van a buscarte, Y pretenden encontrarse con un muerto, para completarte los ritos fúnebres, Tú no estás, ¿dónde estás crucificado, que dejaste la tumba vacía? ¿dónde te has ido, que solo dejaste rastros de tu muerte pero de ti no tenemos noticia? ¿Dónde estás crucificado, que piensan que han robado tu cuerpo?, ¿dónde te has ido, que te buscan y no te encuentran? No te encuentran, porque te buscan entre los muertos, piensan que la muerte te venció, que sigues sometido a la oscuridad de un sepulcro, pero Tú has dejado tus señas, la muerte ya no tiene dominio sobre ti, has dejado las vendas para que supieran que el que estuvo atado por la muerte, sometido al destino de todos, has resucitado, has dejado la muerte, y ahora estás vivo, has vencido la muerte y estás Resucitado.
Danos Señor, la gracia que les faltó a María Magdalena y a Pedro para interpretar los hechos, y así que como Juan, también nosotros, podamos creer en ti, y creyendo en ti, tengamos la seguridad la certeza y la convicción de que estás RESUCITADO, y que estás a nuestro lado, siendo Tú nuestro Dios y Señor, en quien esperamos y de quien tenemos vida, porque has vencido la muerte y estas Resucitado. Que así sea.








