El profeta Elías vivía en una época en que Israel experimentaba una fuerte ola de sincretismo. Las prácticas agrícolas de los campesinos cananeos habían hecho una fuerte impresión en los inexpertos campesinos israelitas y las habían copiado, apostándole todo a los ritos de la fertilidad que invocaban a Baal como dueño del rayo y la lluvia. Para Elías eso implicaba una desconfianza en el señorío de Dios sobre la naturaleza. El rey Ajab y Jezabel promovían decididamente ese culto. El profeta resistía contra la opinión dominante. Se sentía abandonado en esa lucha por Dios, por eso buscó su presencia para superar su desconsuelo. El apóstol san Pedro advirtió el signo extraordinario de Jesús caminando sobre las aguas, se abalanzó hacia Él, demandando pruebas y sucumbió ante las primeras ráfagas de viento. La mano del Señor lo rescató, la lección estaba clara: su fe era aún incipiente, tendría que vivir un proceso de maduración interior muy profunda.
Etiqueta Ciclo A
Domingo 18 del Tiempo Ordinario – Ciclo A
El profeta Isaías proclama una invitación aparentemente demasiado atractiva y sencilla: se trata de comer y beber sin pagar un centavo. Las preguntas retóricas exhiben el proceder erróneo de un pueblo que desperdicia sus escasos recursos en balde. El camino propuesto por Isaías es más sencillo. La vida del ser humano no depende de sus puras fuerzas, también cuenta con la bendición y el cariño de Dios; no tiene sentido afanarse excesivamente por los bienes materiales, si se cuenta con su protección. La ilustración de esta certidumbre queda de manifiesto en el relato de la multiplicación de los panes. El Señor Jesús se acogía a la bendición del Padre, a la solidaridad de sus discípulos y alimentaba a los necesitados. Como alguien afirma: «cuando se comparte nunca falta; cuando se acapara, nunca alcanza». La solidaridad y el intercambio de bienes son dos diques que debemos poner a las riquezas para que no se tornen peligrosas.
Domingo 17 del Tiempo Ordinario – Ciclo A
La eucaristía es también un tesoro escondido. Tanto que pasa desapercibido incluso para nosotros, que venimos a misa con asiduidad. Escondido en cosas tan triviales como pan y vino está nada menos que todo el insondable amor de Dios a los hombres. Si descubrimos ese tesoro, si lo apreciamos, nos llenaremos de gozo y nuestra eucaristía resultará de verdad una fiesta. Sólo sentiremos de verdad el amor de Dios, si empezamos por demostrar amor a nuestros hermanos los más débiles. Seguir leyendo «Domingo 17 del Tiempo Ordinario – Ciclo A»
Domingo 16 del Tiempo Ordinario – Ciclo A
La parábola del trigo y la cizaña añade a todo esto una dimensión más, que queda reforzada por la primera lectura. Dios «da lugar al arrepentimiento». La cizaña no es arrancada a la primera. Dios tiene la paciencia de esperar a que crezca el trigo. Sólo al final todo quedará definido, quedará claro quién es cada uno. De momento, todo está en camino, nada es totalmente claro. Por tanto, los perfeccionistas y puritanos no son los consejeros que Dios quiere: «¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero él les respondió: No». Otro aspecto que aparece en las tres parábolas es el de la plenitud del Reino: «Entonces los justos brillarán como el sol»; «se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas»; «…y basta para que todo fermente».
Domingo 15 del Tiempo Ordinario – Ciclo A
La palabra es eficaz, en particular la palabra divina, porque logra comunicar un mensaje liberador. Esa es la virtualidad profunda de la palabra: expresar la interioridad de la persona. A través de la palabra se hace manifiesto el querer y el proyecto de Dios. En ese sentido la palabra es como la lluvia, cumple el encargo de humedecer la tierra-corazón del hombre. En esa analogía se monta el Señor Jesús al exponer la parábola del sembrador. Las actitudes y disposiciones interiores del oyente de la Palabra pueden diferir. Las respuestas son divergentes. Pero nadie puede hacerse el desentendido, alegando desconocer la oferta y el llamado de Dios. El mensaje se volvió accesible. La primera parte del proceso de comunicación quedó cumplida. La libertad humana será determinante, así unos arriesgarán todo y otros, se quedarán mirándose el ombligo. Seguir leyendo «Domingo 15 del Tiempo Ordinario – Ciclo A»
Domingo 14 del Tiempo Ordinario – Ciclo A
Las lecturas que nos ofrece hoy la liturgia, giran en torno a dos ejes fundamentales: por una parte presentarnos un Dios y un Mesías humilde y pacífico que contrasta con la imagen de Dios poderoso y colérico temido por el pueblo y por otra destacar la importancia de dar gloria a Dios, de alabarle y acudir a Él. Jesús nos muestra con su vida el camino para conocer al Padre y nos deja el Espíritu Santo para ayudarnos a vivir dando Gloria a Dios.
Solemnidad de San Pedro y San Pablo – Ciclo A
La solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, fundadores de la Iglesia de Roma es la fiesta de «la unidad y la catolicidad de la Iglesia».
1. Oración inicial:
Señor Jesús, Tú que elegiste a PEDRO, para ser cabeza visible de la Iglesia y que nos garantizaste que ella no sucumbiría ante el mal ni el hades, porque eres Tú el que la sostienes y animas, y así elegiste a Saulo, para ser PABLO para que llevara tu Evangelio San Pedro y San Pablo al mundo pagano y así te conocieran como el Señor y Salvador, como el que nos vivificas y transformas, como el que nos llenas de amor y paz, como Aquel que nos das vida y vida en abundancia, te pedimos que nos ayudes a valorar tu manera de ser y de actuar para darnos cuenta que Tú nos implicas y comprometes en tu misión para darte a conocer y así realizar tu proyecto de amor. Ayúdanos Señor, a tener la misma docilidad que tuvieron Pedro y Pablo para que hoy nosotros sigamos anunciándote y dándote a conocer viviendo con alegría nuestra fe, experimentando tu presencia viva junto a nosotros. Que así sea.
Seguir leyendo «Solemnidad de San Pedro y San Pablo – Ciclo A»
Solemnidad de Corpus Christi – Ciclo A
La fiesta del Corpus, ahora llamada más exactamente «del Cuerpo y la Sangre de Cristo», ha arraigado hondamente en el pueblo cristiano, desde que se introdujo en el siglo XIII. La Eucaristía tiene dos dimensiones: su celebración (la misa) y su prolongación, con la reserva del Pan eucarístico en el sagrario y la consiguiente veneración que le dedica la comunidad cristiana. La finalidad principal de la Eucaristía es su celebración y la comunión con el Cuerpo y Sangre de Cristo, que ha querido ser nuestro alimento para el camino de la vida. Pero desde que la comunidad cristiana empezó a guardar el Pan eucarístico, sobre todo para los enfermos y para el caso del viático -cosa que data ya desde los primeros siglos-, fue haciéndose cada vez más coherente y connatural que se rodeara el lugar de la reserva (ahora, el sagrario) de signos de fe y adoración. Es lo que subraya la fiesta de hoy, con un cierto paralelismo con la noche del Jueves Santo, en aquellas horas entrañables entre la misa vespertina y el comienzo del Viernes.
Domingo de Pentecostés – Ciclo A
Dios-Amor, está presente en cada persona porque su amor se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que hemos recibido a través de Jesús-Salvador Dios y hombre verdadero, entregado por nosotros y resucitado por el Espíritu. El Espíritu que creó el mundo, lo sostiene por su fuerza sin fatiga, y será quien conduzca al hombre a su plenitud, realizando la nueva creación universal. Pentecostés es la fiesta del Espíritu, de la unidad en cada persona (en desarrollo pleno) y en la humanidad entera redimida por el Amor.
Domingo VII de Pascua: La Ascención del Señor – Ciclo A
“No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas”
Introducción
Jesús, el Señor, resucitado, viviente, se alza hacia el cielo. Una nube le cubre. ¿Nos abandonó? ¿Va a quedar fija nuestra mirada hacia ese cielo que huye? ¿Volverá? Buen momento para calibrar la firmeza de nuestra confianza.
Aguardemos su venida, sin tiempo, sin fecha. Aguardemos, manos a la obra. Cada vez que defendemos la dignidad de un ser humano, cada vez que ponemos en pie a alguien, que no dejamos que caiga nadie en la cuneta de la vida, cada vez que compartimos el pan, cada vez que vemos en el pobre el rostro de Cristo… Cada vez, estamos diciendo que Él vuelve. ¡Ven Señor Jesús!
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
Seguir leyendo «Domingo VII de Pascua: La Ascención del Señor – Ciclo A»








